Capítulo I
Kagome Higurashi caminaba por el pasillo con rapidez haciendo que sus tacones hicieran eco en todo el lugar. Sus caderas se movían al sonido de sus pasos. Mientras ella caminaba podía sentir como más de una mirada se posaba sobre ella. Su sola presencia resplandecía respeto y admiración. A pesar de tener solo veinte siete años estaba por convertiste en una de las mejores abogadas de Japón, en lo largo de su corta carrera había ganado casos que la mayoría ni siquiera aceptaría en llevar. Un caso más sencillo pero que había estado en las primeras portadas de las revistas de farándula había sido el divorcio de los señores Taisho. El proceso habían sido un sinfín de acuerdos y contratos para dividir los bienes estipulado.
Llego hasta una gran puerta de cristal rodeada por un sinfín de periodistas con cámaras y grabadoras, cuando voltearon a verla todo ellos corrieron hacia ella. Haciendo un gran ruido al hablar todos a la misma vez.
― ¡Abogada Higurashi, que nos puede decir del caso! ― ¿Es cierto que el joven Taisho fue culpable de aquel salvaje ataque? ―
Escucho decir a los periodistas tratando de obtener alguna información, pero Kagome camino entre ellos ignorándolos por completo mientras se adentraba al edificio donde sabían que no podían entrar ya que era propiedad privada. Se dirigió a la sala de reuniones donde la esperaba la familia Taisho, los cuales habían tenido que entrar por la parte trasera del edificio para evitar a la multitud que había afuera.
Hacía apenas un par de noches en el que le habían asignado el caso. El joven Sesshoumaru Taisho de solo diecinueve años, había sido acusado de golpear salvajemente a un hombre en plena calle, el cual en esos momentos se encontraba internado en el hospital con múltiples heridas y con un traumatismo craneoencefálico. El cargo era grave ya que el herido podía tener secuelas permanentes, así que si no actuaban rápido y preparaba su defensa su cliente podía ir a la cárcel por un buen tiempo.
Al leer el caso había pensado en rechazarlo, el tener que defender a un niñato consentido de padres millonarios no le había hecho demasiada gracia. Pero después de que su jefe le dijera que la familia Taisho había pedido que fuera ella específicamente quien llevará el caso, le había sido imposible declinarlo.
Se detuvo en la puerta dando un fuerte suspiro, apretó con una mano el maletín que estaba cargando y golpeo dos veces antes de entrar. La señora Taisho estaba sentada a un costado de la mesa revisando su maquillaje la cual vestía muy elegante como siempre. El señor Taisho estaba parado a unos pasos de su ex esposa con el ceño fruncido mirando hacia el otro lado de la mesa. Kagome miro hacia la dirección donde la vista del Inu Taisho estaba fija, el asiento estaba al revés por lo que solo podía ver la cabeza del individuo ahí sentado y como la silla se movía de un lado al otro. Kagome deseo rodar los ojos por esa actitud infantil de aquel niñato, aquel era solo el comienzo de lo que tendría que afrontar al llevar el caso de un mimado y malcriado niño rico.
―Buen días― saludo de forma cortes.
El señor y señora Taisho no dijeron nada, si embargo la miraron fijamente. Ella saco su maletín para colocar en la mesa los documentos que le habían sido proporcionados. En donde estaba la demanda que le había sido levantada y los cargos por los que le acusaban.
― ¿Cuánto me va a costar para que retiren esos cargos? ― pregunto el señor Taisho con notable irritación.
Kagome negó con la cabeza sin despegar los ojos en la documentación que había revisado toda la noche. No iba a ser tan fácil como el señor Taisho creía.
―Según la demanda se exige los gastos médicos y de rehabilitación., y piden la sentencia máxima establecida por la ley por los daños físicos recibidos y secuelas permanentes que permanescan.
―Deben de tener un precio ― hablo por primera vez la señora Taisho ―Todo en esta vida tiene un precio. No podemos dejar que nuestro único hijo y heredero tenga un antecedente delictivo. No, definitivamente no es una opción.
Kagome dio un leve suspiro, desgraciadamente la ley estaba en contra de los deseos de la familia Taisho. Ellos podía no entenderla pero para eso estaba ella para sacar la mejor parte de todo aquello. Este caso iba a ser un gran trabajo.
―Entonces quiero saber cuánto antes como acontecieron los hechos.
Los señores Taishos se voltearon a ver a la persona que les había estado dando la espalda todo ese tiempo, ajeno a lo que en esa sala estaba pasando.
―Sesshoumaru ― lo llamo su padre con voz autoritaria, pero sin recibir ningún tipo de repuesta por él.
El señor Taisho lo miro con los ojos entornados haciendo que su mal humor aumentara.
― ¡Sesshoumaru, déjate de estupideces y afronta tus problemas! ― dijo su padre molesto.
La silla dio la vuelta rápidamente dejando ver a un joven de cabello platino y ojos ámbares, con unos hombros anchos brazos marcados y una fuerte mandíbula. Kagome tuvo que desviar la vista de él, se había imaginado encontrarse con un jovencito, pero Sesshoumaru era todo menos un niño. Era realmente atractivo; a pesar de que era muy parecido a su padre su mirada era mucho más dura, sus ojos se encontraban sobre Kagome con un aire de grandeza y arrogancia. La cual al sentir aquella intolerante mirada decidió responderle entornando los ojos dejándole ver que no se dejaría intimidar. Kagome sintió como su sangre se le fue a la cabeza cuando aquel joven recorrió su cuerpo con una forma despectiva.
― ¿Y bien? ― hablo el señor Taisho librando aquel incomodo momento.
Sesshoumaru aparto la vista con pesar, recostándose en la silla girándola levemente.
―El caso es que, si no me hubieran separado de aquel idiota, ahora estuviera con presentando cargos de homicidio― respondió después de un largo suspiro, mirando fijamente al techo.
Los insultos de su padre no se hicieron esperar mientras que su madre lloraba inconsolablemente diciendo la vergüenza que haría pasar a la familia al meterlos en aquel lio. Pero dijeran lo que dijeran Sesshoumaru no respondió a ninguna sola pregunta más, estaba cansado de escuchar que había arruinado su vida y el prestigio de los Taishos. No se arrepentía de haber golpeado a aquel parasito, él se había metido con algo muy preciado y estaba seguro que lo volvería a repetir y esta vez no solo dejarlo con la cabeza rota.
¡Hola minna! Muchas gracias por a quienes se molestaron en dejar un mensajito en el prólogo de esta historia. Había tenido esta idea por mucho tiempo en la mente y ahora pretendo llevarla a cabo. Espero les guste la temática de la historia, un amor con una diferencia de edad y con diferentes ideales.
