Capitulo II

Kagome

Detuve la marcha del auto cuando el semáforo cambia su luz verde a roja, relajó los hombros sobre el volante dándome al fin cuenta de lo tensos que estaban. Me pregunto por la última vez que había salido sin preocuparme por algún caso o pendientes que debía atender, pero era realmente difícil recordarlo. Desde que me gradué de la universidad me había enfocado en llegar a ser parte del más importante buffet de abogados en Tokio. Y aun antes de ello me había enfocado en los estudios para llegar a graduarme con honores. Había pasado una larga temporada siendo residente sin remuneración en la empresa para luego ser contratada y atender casos por mi sola. Y desde ese momento no había tenido un momento de calma, a veces olvidaba que solo tenía veinte siete años y no unos cuarenta.

Di un vistazo al reloj que se encontraba en mi muñeca, eran veinte pasadas de las nueve. Me pregunto si Kouga aun estaría en el restaurante en donde habíamos quedado cenar juntos. No le reprocharía si ya se hubiera marchado. Esta era la primera vez que aceptaba una de las tantas invitaciones que me había hecho en meses, y aquí estaba yo en medio del tráfico esperando llegar al restaurante solo para ver el lugar vacío, regresar a mi departamento y descongelar comida de la nevera. Para luego ponerme a trabajar en uno de los tantos casos. A pesar de que Kouga llevaba un año más que yo en la empresa, sus casos habían sido cuestiones sencillas demandas de manutención y casos referentes a divorcios. Me había dicho que estaba feliz con su trabajo, que los casos difíciles podrían hacerlos otros, aunque esto significará poco crecimiento laboral por su parte. Estaba segura que era un buen chico, bastante atento, amable y respetuoso podría ser el novio ideal para cualquier mujer, pero yo no tenía tiempo para salir a citas y flirtear mientras tenia trabajo que realizar.

Estacione el carro cerca de un pequeño parque a pesar de la hora estaba lleno de gente, había muchos puestos vendiendo comida y artesanías en el lugar, familias paseando y grupos de parejitas tomadas de las manos o abrazados. Me dirigí al restaurante que quedaba a un costado de a aquel parque.

―Buenas tardes señorita ― se acercó un hombre vestido de blanco y negro sosteniendo una carpeta ― ¿Tiene alguna reservación?

―Estoy…― iba a responder cuando veo una mano alzándose a mi dirección y en seguida veo como Kouga se levanta de su lugar haciéndome señas para dirigirme a su mesa.

El mesero se aparta sin decirme nada y avanzó hacia él, caminando entre las mesas. Al llegar Kouga a parta una silla enfrente de su lugar para que me siente mientras él la sostiene para mí. Mientras se sienta me dirige una gran sonrisa de aquellas que iluminan su rostro bronceado, llevaba su cabello negro peinado hacia atrás con una camiseta azul acabada de planchar bajo un saco de corte moderno. Por un momento me sentí abochornada por llevar la misma ropa con la que me había visto en el trabajo horas antes, pero su semblante no decayó ni un momento parecía feliz por el simple hecho de verme ahí.

―Estaba a punto de pensar que me habías dejado plantado. ― dijo sonriendo como si hubiera dicho alguna broma.

Me sentí culpable por haberme demorado más de lo planeado arreglando documentación e investigando algunos artículos en la ley que el tiempo se había pasado tan deprisa casi sin darme cuenta.

―Yo…― comencé a hablar para tratar de disculparme por mi notoria tardanza, pero guardé silencio cuando el continuo.

― Pero no sabes cuánto me alegra que estés aquí.

Sonreí de forma forzada y el pareció satisfecho, nos llevaron la carta a la mesa escuchaba a lo lejos como Kouga hablaba de la especialidad de la casa, un filete de ternera que según a sus palabras era celestial. Cuando regreso el mesero de forma aislada ordene lo mismo de lo que fuese que él había ordenado. Mientras la velada avanzaba Kouga no había parado ningún momento en tratar de charlar y entablar platica. Hablaba sobre cómo había jugado béisbol en la universidad y como un desgarre en el hombro lo había obligado a retirarse, ahora miraba los partidos por televisión y cuando podía asistía a los estadios. Me hablo con notable entusiasmo sobre su equipo favorito y como este año estaban realmente cerca de llegar a las finales. En cambio, yo no entendía nada sobre béisbol; o de algún deporte en general, pero a pesar de que solo respondía monosílabos estos le alentaban a seguir hablando.

Era más que evidente que no era una gran charladora, cuando estaba en la universidad me había sido difícil relacionarme con los demás, Estaba tan enfocada en las calificaciones y en no perder la beca que me ayudaba a pagar la matricula que no recordaba una plática que no fuera referente a alguna materia. Había tenido un par de citas en el transcurso de los años, pero después de la primera cita habían huido aliviados de no tener que salir otra vez conmigo. Suspire pesadamente, era momento de enfocarme más en mi vida personal ahora que había avanzado tanto en mi vida profesional. Hice mi plato a un lado cuando me sentí satisfecha, tenía que ser sincera la ternera era mucho mejor que la comida congelada.

―Deberías de asistir a un partido, son realmente emocionantes― hablaba animada mente con un trozo de carne a un en la boca haciendo un gesto bastante cómico, haciéndome sonreír. Y como si hubiera tenido una gran idea se le ilumino el rostro en seguida ― ¡Es más! Podrías acompañarme al próximo partido, es el sábado …bueno solo si deseas ir.

Y ahí estaba un chico encantador invitándome de nuevo a salir, mientras yo me había comportado de forma mezquina y aislada.

―Sí, me gustaría ir.

Kouga asintió con una sonrisa en su rostro para después dirigir su vista a su plato mientras cortaba otro trozo de carne.

Era cerca de media noche cuando salimos a la calle, Kouga me acompaño al lugar donde había estacionado el auto. La temperatura había bajado un par de grados desde la última vez que había estado al aire libre, el parque se había vaciado notablemente, se podía apreciar algunos vendedores cerrando sus negocios. Solo quedaban un par de personas charlando en las bancas cerca de las áreas verdes. Un escalofrió recorrió mi cuerpo, el frio estaba traspasado mi ligera blusa de lino. Traté de calentar mis brazos frotándolos con mis manos, pero después de ese acto sentí como una tela caía sobre mis hombros, miré con sorpresa el saco que Kouga había llevado sobre mí, desprendiendo un olor masculino y fresco.

―Muchas gracias. ¿Pero tú no sientes frio?

―No te preocupes por mí, soy bastante resistente― dijo mostrándome con gracia uno de los músculos de su brazo mientras me giñaba sonriendo. No pude evitar sonreír ante aquel acto.

Caminamos manteniendo una charla referente a un caso resuelto que había terminado de la mejor manera para el cliente. Eran pocos los casos en los que un ladrón demandaba al dueño de la casa por golpearlo con un bate metálico, reímos por la desdicha de la infortunada víctima.

―Muchas gracias por tan agradable velada― dije al llegar, quitándome el saco para regresárselo.

Él lo tomo con una mano, alzando los hombros como restando importancia.

―No tienes por qué agradecerme. En verdad estoy feliz de haber pasado este tiempo contigo fuera de la oficina.

―Entonces, creo que nos vemos el lunes en el trabajo.

En el momento que me encontraba despidiendo él se inclinó para colocar sus labios en mi mejilla en un suave beso, el momento solo duro un instante, pero yo me había quedado inmóvil por aquel repentino cambio. Él se alejó para mirarme a la cara y sonreír.

―Hasta el lunes, Kagome― dicho esto se dio la vuelta alejándose.

Podía darle una oportunidad. A pesar de no sentirme atraída por él, no era por no ser atractivo, en verdad que Kouga lo era. Al trabajar juntos, conocía lo absorbente que era el trabajo. Según nuestros compañeros, podríamos ser la pareja perfecta ya que en teoría teníamos tantas cosas en común. Pero dentro de mí, sentía que algo faltaba.