Capitulo IV

Sesshoumaru

Camine de tras de aquella mujer por el estacionamiento hasta llegar a un elevador. Si estuviera en otras circunstancias hubiera declinado su oferta, rechazando su ayuda. Pero en estos momentos sentía mi cuerpo tan adolorido, que el tener que dormir en alguna rígida banca se me apetecía igual que un golpe en las bolas.

Debía de admitir que había sido un ingenuo al enfrentarme solo al grupo de Bankotsu. La venganza me había cegado por completo, presentándome ante ellos sin ningún plan. Tenía suerte que no les diera tiempo o no se les ocurriera sacar una navaja, ya que ahora el dolor de mi ojo y costilla serían irrelevantes consecuencias.

Cuando las puertas del elevador se abrieron caminamos por un pasillo recorriendo un par de puertas antes de detenernos en una. Ella abrió su bolso buscando algo con una mano, vi cómo se inclinaba hasta casi meter su cabeza dentro sin encontrar lo que estaba buscando. Se irguió y paso su mano en los bolsillos de su blusa y a pesar de no tener bolsillos en su falda, la recorrió con su mano de todos modos. Se detuvo al mirar la mano que sostenía su bolsa y soltó un pequeño suspiro al mirar que también sostenía su llavero. Si no me encontrara con el cuerpo tan lastimado no me habría importado soltar una fuerte carcajada. ¿Así que esta era la abogada por la que mis padres se sentían orgulloso por haber contratado para defender mi caso?

¿Cómo era que se llamaba? ¿Sakura?¿Karime?¿Sagome? ¡Kagome! Si aquel era su nombre.

Cuando al fin la hazaña de abrir la puerta se encontró realizada. Una cara de alivio se instaló en su rostro al momento de quitarse aquellos zapatos con tacones. Era una costumbre japonesa el dejar el calzado en la puerta de entrada de las casas. Sin embargo, mis padres no habían seguido aquel habito. Mi madre moriría si alguien la viera sin sus preciadas zapatillas. Me incliné para sacarme mis zapatos, pero solo moverme un poco hizo que apareciera un fuerte dolor en el lado izquierdo del torso, sin poder evitarlo un juramento salió en mi boca por el dolor que sentí.

Ella me miro con los ojos abiertos, desvié la vista de su cara molesto conmigo mismo por demostrar debilidad. Aguantando el dolor deje mis zapatos en la entrada, mientras que la seguía al centro del lugar. No era un lugar muy grande sino suficiente para una familia pequeña, la sala estaba unida al comedor y una barra dividía la cocina del resto del lugar. Por primera vez me pregunte si había hecho lo correcto, seguramente a su esposo o novio no le gustaría llegar a casa y ver a un tipo mal herido en su hogar.

― ¿Tienes hambre? ― pregunto y sin esperar que respondiera se dirigió a la cocina.

La seguí quedándome de tras de ella cuando abrió la puerta del frigorífico, el cual se encontraba prácticamente vacío. Rebusco dentro de él, encontrándose con sobras de comida china y una charola de lo que parecía un par de rebanadas de pizza. Alzo los recipientes sin siquiera voltear a mirarme.

―La pizza está bien. ― respondí.

Dejo en su sitio la comida china y se dirigió al otro lado de la cocina para meter la pizza dentro del microondas. Mientras esperaba que dejara de dar vueltas cruzo sus brazos bajo de su pecho haciendo que su busto se levantará. Dejando una vista demasiado atractiva que admirar. Está bien, lo admito. Soy un hombre y por más mal que me encontraba aquel detalle no podía pasar desapercibido. Y sin poder evitarlo mi sangre se fue a una zona baja de mi cuerpo.

Su vista se posó en mí y sus mejillas por un momento se avergonzaron cuando se dio cuenta de la dirección que tenía mi mirada. Bajo sus bazos pareciendo molesta, al mismo tiempo que abrió la boca para decir algo. Pero al instante el microondas se detuvo sonando un pitido, interrumpiendo lo que iba a decir. Abrió la puerta sacando el recipiente, camino pasándome de largo para dejar la pizza en la mesa. Con la cabeza hizo un ademan para que me sentara en una de las sillas del comedor. Me senté lentamente tratando lo menos posible de lastimas más mi cuerpo. La pizza no se veía apetitosa, pero después de llevar un tiempo comiendo en la calle. Comprando alimentos con lo que recolectaba de vender algunos cuadros o dibujos en el parque. No debía de ser exigente.

Le di una mordida a una rebanada, sintiendo mi labio adolorido. Deje escapar un gruñido molesto. Ella se sentó frente de mí, mirándome con los ojos entornados mientras comía. Bien, me dejaba claro que no era del todo bienvenido.

―Gracias por la comida ― dije después de terminar de comer el ultimo bocado.

Aunque la pizza había estado tan tiesa que no dudaba que tal vez terminara en el hospital, no teniendo esto nada que ver con los golpes que había recibido. Ella me miraba fijamente a lo que hice lo mismo y rápidamente se convirtió en una batalla de quien cedía. Ella suspiro ruidosamente bajando sus hombros y poniendo sus manos sobre la mesa.

― ¿Y bien? ― inquirió ―me podrías decir ¿Que hacías en la calle agarrándote a golpes con unos bandidos?

Bien, por lo menos agradecía que se refiriera que yo también los golpee. Ya que solo había podio lanzar un golpe antes de que me agarraran a patadas en el piso. Desvié la mirada estirando mis brazos sobre mi cabeza, sintiendo un fuerte dolor en el lado izquierdo de mi torso. Cerré los ojos esperando que el dolor se pasara y cuando al fin lo hizo. Me levante lentamente de la mesa.

― Muchas gracias por la comida. ― repetí mientras me dirigía hacia la salida ―Pero me retiro de aquí.

Tome mi mochila y sin inclinarme me coloque lo zapatos, ella se levantó de prisa mirándome con unos ojos como de platos. Cuando abría la puerta ella corrió a mi lado y con una mano rápida la empujo para cerrarla fuertemente. La mire con el ceño fruncido molesto por que estuviera con el cuerpo bloqueándome el paso. Era mucho más baja que yo, pero parecía una pequeña fiera con los ojos enfurecidos.

―Me dirás exactamente lo que pasa antes de que llame a la policía para que termines con tu libertad condicional.

Aquello fue más que una amenaza, sabia por la manera que me miraba que era una promesa que planeaba cumplir. Pero no me iba a dejar intimidar, la tome de los hombros fuertemente tratando de apartarla de la puerta para poder salir. Ella puso resistencia poniendo su cuerpo rígido para impedir apartarla. Cuando estaba punto de quitarla de en medio ella llevo un puño a mi torso golpeándome exactamente en el lugar que me habían hecho daño, sentí como si algo se rompiera dentro de mí. Caí en el piso retorciéndome de un dolor insoportable. Ella se arrodillo y su rostro que hace segundo que reflejaba furia ahora se había inundado de pánico. Sus ojos se dilataron sin saber qué hacer, llevo una mano a donde las mías se encontraban. Un quejido proveniente de mi garganta se escapó y después de unos momentos mi alrededor se oscureció invadiéndome con él.

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Hola a todos (aun espero que haya alguien por ahí ) hace tanto tiempo que no actualizaba este FF. Pero después de darle una releída me entro la nostalgia, y se me hizo injusto que esta historia no tuviera una continuación. Así que aquí estoy, tratando de continuar esta y mi otra historia. ¿Qué les pareció este capítulo? Trato de repetirme que Sesshy aquí solo tiene diecinueve años y es un casi puberto con un mal genio. Así que trato de adivinar sus pensamientos. Espero que les guste esta continuación y no me quieran agarrar a palos de como se me ocurre llevar estas dos historias al mismo tiempo.