Capitulo V
Sesshoumaru
Me muevo lentamente con mis ojos cerrado, pero un dolor a mi costado me hace abrirlos. Miro la habitación en la que estoy sin conocerla, lentamente me siento sobre la cama la cual es demasiado suave, haciendo que se mueva conmigo. Miro mi cuerpo dándome cuenta de que no llevo camisa. Si no que mi torso está cubierto con un vendaje blanco. Por un momento no recuerdo en donde estoy, miro a mi alrededor. Hay una ventana la cual esta con las cortinas cerradas. Por los pliegues deja filtrar un rayo de luz, avisando que es de mañana. Mi vista se detiene a un rincón de la habitación, donde esta mi abogada recostada en un sofá con una cobija sobre ella.
Entonces recuerdo todo lo sucedido. Trato de levantarme, convencido de que debo de salir de aquel lugar, pero cuando hago el intento de ponerme de pie un mareo hace que me vuelva a sentar en la cama.
― ¡Maldición! ― mascullo ente dientes más alto de lo que pretendía.
Volteo para mirar a aquella mujer con la esperanza de no haberla despertado, sus ojos cafés se encuentran mirándome fijamente. Desvió su vista de la mía, y trato una vez mas de levantarme, pero al dar el primer paso de nuevo un mareo me hace tambalear. Siento unas manos que me sostienen, y me guían a sentarme de nuevo en la cama. No deseo hacerlo, pero mi cuerpo se encontraba demasiado débil para protestar así que regreso a donde estaba.
―Sera mejor que descanses un rato más. ― dice mientras me pone unas almohadas tras de mi para poderme recostar.
― Así que ¿De repente te volverás amable? ― le espetó con un tono irónico.
Su rostro se ensombrece mirándome con lo que podría definir como arrepentimiento. Mi vendaje se había aflojado por lo que ella lo mira, por un momento levanta una mano dirigiéndola hacia a mí. Pero yo la aparto con un manotazo y lo ajusto yo mismo. Ella se irgue sobre mí; con un semblante serio, y sin decir nada sale de la habitación.
Quiero levantarme y huir mientras ella no está, pero mi cuerpo hace todo lo contrario quedándose de nuevo dormido. Puedo escuchar a lo lejos el sonido de sartenes cucharas y cuando algo se cae al suelo puedo escuchar como la voz de aquella mujer lanza una maldición. Minutos más tarde, cuando me despierto ella se dirige a mí con un plato en sus manos. Con mis brazos lentamente me trato de erguir de la cama.
―Te hice un poco de sopa.
Acerca el plato hacia a mí y lo tomo, doy el primer sobo con la cuchara. Pero de repente lo escupo al sentir lo salado que esta. Aquello era una porquería. Mientras toso ella me ve con los ojos entornados.
―Si que eres un mal educado. Todavía que me tomo la molestia de hacerte algo para comer y así me lo agradeces. ― dice malhumorada poniendo sus manos al lado de sus caderas.
―¿Estas loca o qué? ― le espeto gritando ―Tu sopa está demasiado salada.
Sus ojos se agrandan y estira un dedo para sumergirlo dentro del plato y se lo lleva a la boca para probarlo. Su cara se desfigura al percibir el salado líquido. Sonrió por dentro. Bien, probo un poco de su propia medicina.
―Lo siento ― se disculpa, mientras toma el plato en sus manos ―Nunca se me ha dado bien la cocina.
Ni quien lo diga, aunque después de aquello mi garganta me duele más que mi torso. Por lo que puede ser que su sopa salada fue de ayuda.
―Si, no importa ― digo restando importancia.
Recuesto mi espalda en el respaldo de la cama. Ella aparta el plato y lo coloca sobre un taburete. Se aleja y de una esquina arrastra una silla para ponerla al lado de la cama. Se sienta en ella mientras me mira fijamente a los ojos con un semblante serio.
―Bien. Podemos alargar esto o llegar al punto de todo rápido. ― dice después de un sonoro suspiro. ― ¿Quieres hablar de ello? ― cruza sus brazos bajo de su pecho otra vez.
Aquello parecía que era un hábito que hacía inconscientemente. En verdad que ¿no se daba cuenta que con el casi transparente camisón que llevaba haciendo aquella posición dejaba que la imaginación de un hombre volara? Volteo mis ojos al otro lado de la habitación para no posarlos en ese punto en particular.
―No ― respondo a su pregunta.
En verdad que no quiero hablar con ella de lo que había sucedido. Soy consciente de que es mi abogada, quien defenderá mi caso contra Bankotsu. El cual estoy seguro de que aun esta con vida, ya que si no mi condición cambiaria de violencia a homicidio. Pero no necesito explicar exactamente lo que estaba haciendo, ya que también revelaría los hechos que me habían llevado a hacer todo aquello.
Podía sentir su mirada en mí, al igual que podía percibía su rechazo.
― Esta bien, si no quieres hablar conmigo. ― dijo levantándose mientras se daba media vuelta ―Tendré que llamar a tus padres ―se dirigió a la puerta lentamente.
La simple idea de que contactara con mis padres me hizo reflexionar sobre todo aquello. Si estuviera en otras condiciones me marcharía de inmediato, pero tal vez necesitaría un par de días antes de poder andar en la calle normalmente.
― ¡Bien, bien! ¡Te lo diré! ― grite mientras llevaba una mano a mi cabello alborotándomelo mientras sale un gruñido de mis labios.
Ella se dio la vuelta y regreso sentándose a mi lado, con un gesto de triunfo en su rostro. Si estuviéramos en otra condición podía admitiría que se me hace una mujer hermosa, pero en realidad es una bruja manipuladora.
―Esos tipos ¿tienen algo que ver con el que golpeaste? ― me pregunta sin rodeos.
Bien aquello era fácil de aceptar, no era la clásica persona que iba ahí por la calle golpeando a todo el mundo. Nunca me considere una persona agresiva, o por lo menos alguien que usará la fuerza física. Pero aquella no era una situación normal, y situaciones extraordinarias necesitaban resoluciones extraordinarias.
―Si. Son su pandilla. ―respondí al fin. Dándole por primera vez información del caso. ―El que está en el hospital es su líder. ― no pude evitar sonreí un poco al recordar cómo había terminado.
Había sido una pelea justa, solo el contra mí. Le había dicho a su grupo que no se metieran, que él quería ser que me rompiera la cara. Y resulto ser el que terminara con mas que la cara rota. Si no hubiera sido por unos policías que rondaban en ese momento ahí; deteniéndonos a todos, tal vez hubiera terminado con su miserable vida.
― ¿Y me podría decir por qué lo hiciste?
El por qué era algo que no deseaba responder. Solo de recordarlo se me hervía la sangre de las venas. Y me hacía recriminar por no haber mate de una vez a Bankotsu y todos sus amigos. No me di cuanto en el momento que mis puños se cerraron con fuerza hasta que sentí como mis uñas clavándose en mis palmas. Lleve una mano a mi rostro, mientras respiraba aceleradamente.
―Por qué se metieron con alguien importante para mí. ― respondí entre dientes, con notable enojo.
― ¿Quieres decirme que paso? ― pregunta ella esta vez con cautela.
La mire fijamente y muevo mi rostro de un lado a otro negando, ella en silencio asiente. Tal vez porque no quería decir algo que me hiciera alterar más de lo que ya me encontraba. Ella lanza un largo suspiro, antes de levantarse.
― ¿Vas a llamar a mis padres?
Ella me mira entornando los ojos.
― ¿Quieres que lo haga?
Me cuestiona y niego con la cabeza.
― ¿Tienes algún lugar donde ir?
Vuelvo a negar otra vez.
―Bien, pues creo que por el momento te quedaras aquí hasta que decida que hacer contigo.
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¡Por dios que pasa con esta que deja medio siglo sin actualizar y actualiza solo en dos días! Owww en verdad que estoy entusiasmada con este FF es una historia que me ha dado vueltas por mucho tiempo, leo y leo historia donde siempre el protagonista es varios años mayor que ella. Y siempre me imaginaba que se sentiría ver a un Sesshoumaru joven con una Kagome madura. (Aquí hay ocho años de diferencia entre ellos). Espero que disfruten leerlo tanto como yo lo hago al escribirlo. Nos leemos pronto (si dejan mensaje mucho mejor 😊). Saludos
