Capítulo VI

Kagome

Cierro la llave de la ducha, después de media hora de haber disfrutado del agua caliente. Siento mi cuerpo más relajado. La noche anterior había tenido que arrastrar el enorme cuerpo de Sesshoumaru hasta la cama. Aún estaba sorprendida de que lo hubiera logrado. Había hecho demasiado esfuerzo y mi cuerpo se sentía adolorido. Sin contar que había pasado la noche durmiendo en aquel incomodo sofá, que me hizo amanecer con el cuello retorcido.

La noche anterior me había llevado un gran susto al ver como caía al piso retorciéndose de dolor, hasta el punto de perder el conocimiento. Me sentía culpable por haberlo golpeado exactamente donde le habían hecho daño. Aunque si no hubiera sido por ello, en estos momentos podría estar en la calle. Y la idea de que se plantara o que aquella pandilla lo encontrara para enfrentarlo, me hacían revolver el estómago. Esta vez podría no correr con la misma suerte.

Me dirijo al espejo del baño el cual se encuentra empañado por el vapor y con una mano lo limpio para poder reflejarme en él. Al salir de la habitación donde lo había instalado, le puse seguro a la puerta de mi habitación y salí al balcón mientras que en mi celular buscaba el número de uno de los Señores Taisho. Se que Sesshoumaru me pidió que no lo hiciera, pero era mi obligación hacerlo. Traté de comunicarme con su madre primero, pero no respondió a ninguna de las llamadas que hice. Así que su padre fue la segunda opción, respondió a la tercera llamada. Después de presentarme me dijo que en ese momento no tenía tiempo para escucharme, y cualquier cosa que se me ofreciera podía esperar. Y antes de poder decir algo corto la llamada. Sin darme tiempo de explicar la razón por la que marcaba. Creo que puedo entender un poco de lo que llevo a mi Seshoumaru a salir de aquel entorno tan hostil. Ni siquiera les interesaba a sus padres donde se encontraba.

Suspiro, prometiéndome volver a comunicarme con ello en algún momento de la mañana.

Enrollo una toalla en mi cuerpo y voy al armario para tomar un traje de chaqueta gris y una blusa blanca. Y en unos minutos más estoy lista para ir al trabajo. Dejo mi cabello suelto mientras salgo de mi habitación miro el reloj en mi muñeca. A pesar de todo estaba en buen tiempo para llegar a la oficina. Trato de que mis tacones no hagan demasiado ruido en el piso y antes de salir abro con sumo cuidado la puerta donde se encuentra mi cliente, lo veo con la cabeza en la almohada mientras su pecho baja y sube en suaves movimientos, claramente aún sigue durmiendo.

La noche anterior le había retirado la camisa manchada con sangre y poder vendarle el torso. Cuando lo hice, pude sentir como un calor me invadió por completo. ¡Por todos los dioses! Aquel chico tenía un cuerpo de un dios griego digno de admiración. Tenía unos hombros anchos y un torso con músculos marcado contratando con aquella piel tan pálida que tenía. Tuve que controlar mi corazón cuando coloque la venda alrededor de aquel torso, hubiera sentido mucha vergüenza se hubiera muerto en el proceso encima de él. Aunque ahora pensándolo no parecía una mala idea.

Cerré la puerta con más fuerza de la que necesitaba, haciendo que retumbara. ¡Dios! Tenía que irme de ahí urgentemente. Escribí una nota y la puse en la mesa para el momento que se despertara. Aunque no estaba segura de si pudiera levantarse. Sabía que tenía que llevarlo a algún hospital para saber cuál era su condición, pero no puedo llevarlo en ese momento y faltar al trabajo. Después de todos esos años de una puntualidad y asistencia extraordinarios, el tomarme la mañana libre para llevar a mi cliente al médico después de que se enfrentó a una pelea. La cual hasta ahora ni siquiera conozco las verdaderas razones de ella, podía esperar a más tarde. Vale, puedo parecer inflexible, pero no puedo cambiar mi día y mis responsabilidades solo por aquel chiquillo engreído.

Manejo hasta la oficina y cuando entro siento una punzada de culpabilidad. Al imaginarme a Sesshoumaru mal herido sobre la cama siendo tan arrogante para tragarse el dolor y no aparentar debilidad. Y yo ni siquiera le deje algún medicamento que le ayudara a disminuir el dolor. Cuando entro a la oficina un montón de cabezas se voltean a mirarme, algunas de ellas me miran con los ojos entornados. Odiándome por ser más jóvenes que ellos y rebasarlo tan rápido. Ni siquiera quiero repetir las palabras y rumores que se dicen en la oficina sobre mí. Aunque resumiendo todas ellas su idea de que me ascendieran tan rápido era por haberme acostado con todos los jefes. Si supieran que esa idea era más que absurda. Se negaban a creer que con un montón de esfuerzos y noches sin dormir me habían llevado hasta el punto donde estoy. Una mirada conocida me mira fijamente iluminándose al momento que alza una mano para llamar mi atención.

―Kagome ― me llama Sango sin levantarse de su asiento.

Me dirijo hacia ella. Es mi mejor amiga desde el instituto, habíamos comenzado a trabajar juntas en la agencia como simples becarias, estoy tan agradecida de tenerla todos los días cerca en aquel territorio tan hostil.

―Hola, buen día ― digo mientras me recargo apenas en su escritorio.

Ella me mira alzando una ceja y con una gran sonrisa en su rostro, mientras sacude la cabeza sin borrar aquella sonrisa.

―Basta de formalidades. ― dice mientras se inclina hacia delante con una voz emocionada ― Quiero que me des todos los detalles de lo que sucedido en tu cita de anoche.

Lanzo un suspiro. Sabía que me preguntaría sobre ello solamente llegando. Ella era quien me había convencido en primer lugar en tener aquella cita con Kouga.

―No estuvo mal ― le respondo mientras cruzo los brazos frente a mí.

Miro como mi pecho se levanta cuando hago aquel gesto y por un momento recuerdo la noche anterior cuando sorprendí a Sesshoumaru mirándome fijamente ahí. Así que inmediatamente desdoblo mis brazos. Debo de dejar de hacerlo. Sango me mira con un gesto burlo.

― ¿Qué no estuvo malo? ¡Cielo Kagome! Kouga está mucho mejor que solo un "no tan mal". ¡Es un papacito! Tienes que admitir que esta para comérselo entero.

Ruedo los ojos mientras lanzo un fuerte suspiro de resignación. Bien, tenía que aceptar que era realmente atractivo, con aquel cabello y ojos oscuros.

―La cena estuvo bastante bien― le digo mientras que poner los ojos en blanco, sabiendo que no quiere escuchar como estuvo la cena o que platillos pedimos. ―Fue muy caballeroso al cubrirme con su saco cuando al salir estaba lloviendo, además de que me invito el sábado a un salir a ver un partido de Beisbol.

Su mirada se ilumino al saber que me había invitado a una segunda cita. Se llevo una mano al rostro abriendo la boca dejando salir una fuerte exclamación, haciendo que más unos compañeros nos volteara a ver.

― ¡Shuuu cállate! ― le pongo una mano en la boca para hacerla callar.

Estoy consciente de que, si estuviéramos solas, aquello no la detendría de dar salto mientras que no dejara de gritar como una loca. Así que muerde su labio inferior mientras reprime una tonta risita.

― ¡Oh Sango eres…! ― la miro con los ojos entornados, mientras que no puedo dejar de sonreír.

― ¡Vale! ¡vale! Tratare de no agobiarte hasta la hora del almuerzo. ― me dice alzando ambas manos mientras que se acomoda en su asiento. ―Hasta entonces quiero saber cada uno de los detalles más acalorados y planear juntas como vas a ir vestida a "nuestra" siguiente cita.

Desde el día que Kouga me había invitado a cenar, no paraba de referirse en plural. La idea de las citas era bastante nueva. Ya que mi última cita había sido hacia casi un año, la cual había acabado en fracaso después de solo un mes de salir y Sango no había ido a ninguna cita desde que se hizo novia de Miroku en la universidad.

Me dirijo a mi oficina, y me concentro tanto en mi trabajo que pierdo la noción del tiempo. Me encuentro armando evidencias en un nuevo caso donde mi clienta una mujer de treinta años acusa a su ex marido de violación. Él se defiende de que la relación fue consentida y que solo lo está acusando por rencor. Así que reúno todas las evidencias para poder defenderla ante la corte. Tenemos bastante información donde lo incriminan de la acusación.

Mi vista se dirige a un lado del escritorio donde está mi celular el cual se encuentra en ese momento vibrando. Al momento de tomarlo veo el nombre del Señor Taisho en la pantalla, me aclaro la garganta antes de contestar la llamada.

―Espero que sea algo de verdadera importancia ¿Sucedió algo con el tipo hospitalizado? ― dice al otro lado de la línea con tono cansado.

―No, Señor Taisho. El caso no ha presentado hasta el momento cambio alguno ― le digo tratando de sonar lo más tranquila posible, odiando la manera en la que se dirige ―Es sobre su hijo que quiero hablar.

―No tengo la menor idea de dónde se encuentra en estos momentos. ― Lo escucho mientras que resopla molesto. ―Se ha marchado de la casa de su madre. Pero si lo necesita, mandare a investigar donde se encuentra y en este momento...

―No hace falta que lo haga, se dónde se encuentra― lo interrumpo ―Por casualidad lo encontré en la calle mientras estaba peleando con la pandilla del joven que se encuentra hospitalizado.

El Señor Taisho deja salir una maldición, más que molesto por saber que su hijo aun con la acusación que tiene sobre él. Se encuentre metiéndose en nuevos problemas.

―En estos momentos está en mi casa, mal herido por algunos golpes que le dieron. ― continuó explicándole el grado en el que se encuentra, lo tranquilizo diciéndole que a pesar de todo encuentra bien. ― ¿Quiere que le de mi dirección para que vaya a buscarlo? ― le pregunto esperando el momento de darle mis datos para poder deshacerme de aquel muchachito mal humorado.

―Puedo ir a buscarlo y llevármelo conmigo o con su madre. Pero no creo que demore mucho tiempo con alguno de los dos. Siempre encuentra la manera de escapar.

¿Siempre? ¡Así que aquella no era la primera vez que se salía de su casa! Podía entender la idea de no querer vivir con alguno de sus padres, pero no podía vivir en la calle. No podía vivir con la idea que tenían los niños de escapar he irse a vivir a algún circo.

― ¿Entonces? ― pregunto cuando el Señor Taisho deja de hablar, esperando que me diga que es lo que está pensando hace.

―Puedo alquilarle algún departamento para que se instale. Pero estoy seguro de que seguirá metiéndose en problemas desde ahí― ruedo los ojos.

Bien, creo que como vamos en poco tiempo no tendré a quien defender.

―Así que, si no tiene inconveniente. Lo mejor es que se mantenga con alguien que pueda vigilarlo, hasta que el tema de a su acusación llegue a su fin.

Espera, espera, espera. ¿De quién "alguien" estamos hablando?

―Higurashi, ¿puedo contar con usted?

¿Qué? No, no, no. ¡Y desde luego que no! Una cosa es darle por una noche un lugar donde dormir y otra cosa es hacerme cargo de él hasta que su proceso legal termine.

―Señor Taisho. Lo siento, pero yo no me puedo hacer cargo de él. ― me niego amablemente. Pero dentro de mí, en realidad quiero gritarle.

Lo escucho hablando con otra persona además de mi a lo lejos. Y por un momento la línea está en silencio, hasta que después vuelve a tomar la llamada.

―Señorita Higurashi usted mejor que nadie conoce la situación de Sesshoumaru. Acaba de decirme que lo encontró en otra pelea. Solo estoy pidiéndole que se haga cargo de él solo por un tiempo. ― ¿Solo un tiempo? ¡Por dios su caso puede tomar meses antes de terminar ―Estoy dispuesto a pagar por las molestias que todo esto le cause! Así que confió en que pueda manejar con la situación.

―Señor Tai….― trato de decir, pero antes de terminar corta la línea ―¿Señor Taisho?

Me detengo unos segundos mirando el celular apagado, sin poder creer lo que acaba de suceder. Me llevo ambas manos a la sien, anticipando en el problema que me acababa de meter. Trate de llamarlo, un par de veces, pero su teléfono estaba apagado. Bien, aquello era perfecto.

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Hola Minna-san Quiero agradecir a Andy Taisho, Serenity usagi, mimato bombon kou, Sara, 013 y Aoi Dandelion por sus mensajes en el capitulo anterior. Enserio muchas gracias. Espero que hayan disfrutado este capítulo, tanto como yo. Prometo que no leeremos pronto. Saluditos.