Capitulo VII
Kagome
Cuando comencé con la carrera de Derecho, siempre me había preguntado ¿Qué era lo que llevaba a una persona a convertirse en un criminal? Cuando era niña creía que los criminales eran como los villanos de los cuentos infantiles. Como la madrastra de Blanca Nieves. Personas que llevaban en su sangre algún gen malvado. Pero ahora sabía que existían un sinfín de razones que podían llevar a una persona "normal" cometer un delito.
He defendido a criminales acusados de asesinatos, que las circunstancias los llevan a cometer aquel imperdonable pecado. Hacía poco tiempo lleve el caso donde una joven mujer que asesino a su exnovio con un cuchillo después de que él le propinaría una de tantas golpizas que le había dado por años.
Había llegado a su apartamento encontrándose con la puerta abierta. Cuando llevaban más de dos meses separados y ella creyó que había logrado deshacerse de él. Su exnovio logro entrar a la fuerza a su nuevo departamento y se lo encontró bebiendo frente a la televisión, cuando había tratado de enfrentarlo le había lanzado una botella en la cabeza mientras que se levantaba dirigiéndole los puños hacía ella.
Los recuerdos de aquella noche eran borrosos para ella, dado a la conmoción del momento. Aunque todas las pruebas la acusaban a ella, como la única involucrada por aquel asesinato.
Investigué el caso por meses, recopilando información. Las evidencias encontradas en su departamento, los exámenes médicos y psicológicos que se le habían aplicado. Apelé frente al juez en distintas ocasiones demostrando que había actuado de manera impulsiva, con signos del maltrato que fue víctima por años. Pero el sujeto no tenía ningún antecedente de violencia a su cargo, ninguna sola detención o antecedente criminal. Y por desgracia en todas las ocasiones anteriores en las que había sido golpeada ni una sola vez levanto alguna denuncia hacia él. Me sentí como un fracaso como abogada al solo lograr disminuir notoriamente el tiempo que ella pasaría en prisión.
En todo ese tiempo había aprendido que no todos los criminales eran personas malas. Si no que personas que toman malas decisiones cuando son sometidas a situaciones inusuales.
Unos golpes en la puerta me hicieron salirme de mis pensamientos, levanto encontrándome con Sango en la puerta. Señala el reloj en su muñeca, diciéndome que llego la hora del almuerzo.
―No tengo tiempo, Sango ― le digo volviendo la vista a la laptop frente de mí.
Hace un gesto con las manos alzadas, exasperada. No seria la primera vez que me salto al almuerzo para enfocarme más tiempo en algún caso.
― ¡Vamos Kagome! Prometiste contarme todos los detalles de anoche ― hace un gesto con los labios y se que no podre deshacerme de ella.
Cierro la pantalla después de un suspiro. Bien, si lo que quiere es saber lo que paso en aquella primera cita con Kouga no llevara mucho tiempo. Siento por la decepción que se llevará al saber que no había pasado nada extraordinario en ella.
Nos dirigimos al comedor de la compañía, después de convencer a Sango de no salir a algún restaurant fuera, el cual me impida regresar rápido a trabajar. Caminamos con nuestras bandejas llenas buscando una mesa vacía. Siento como el codo de Sango hace impacto en una de mis costillas, me quejo y estoy a punto de regresarle el golpe cuando al voltear veo como con la cabeza señala a una esquina del lugar. Mi vista se dirige hacia donde quiere que vea. Ahí está en una de las mesas de las esquinas, Kouga con un tenedor en una mano mientras que con la otra sostiene un libro el cual mira fijamente. Ruedo los ojos cuando Sango se dirige hacia él obligándome a seguirla.
―Hola ― saluda Sango haciendo que él levante la vista la mira primero y después detiene su mirada en mí donde se detiene por más tiempo. ― ¿Te molesta si te acompañamos? ― pregunta poniendo su bandeja en la mesa.
―No, claro que no. Adelante ― dice mientras mueve su bandeja con manos nerviosas, para darnos espacio para poner las nuestras.
Sango se sienta a un lado y yo me ocupo la silla frente a Kouga. El me mira fija mientras me sonríe. Tengo que admitir que tiene una hermosa sonrisa, estoy segura de que puedo ver todos sus perfectos dientes en ella. Siento como Sango me da un punta pie por debajo de la mesa. Volteo para verla con los ojos entornados, y me hace un gesto señalando con los ojos a Kouga para que yo también le devuelva la sonrisa. Odio cuando hace aquello, pero muy a pesar del golpe me obligo a sonreír.
Mientras comemos Sango hacer conversación sobre lo cerca que esta la primavera y lo hermosas que estarán las vista en la ciudad. Cada cierto momento Kouga me observa directamente mientras da unos tragos a su bebida.
― Kagome me contó de lo emocionada que esta por asistir al partido de béisbol.
"Oh, Sango. Te voy a …." Pienso, al momento que le dirijo una mirada acusadora.
― ¿En serio? ― dice Kouga mientras que todo su rostro se ilumina con entusiasmo.
― Si ― Asiento con una sonrisa. ― Aunque es la primera vez que asistiré a un partido de béisbol. Solo conozco las reglas básicas del juego.
En realidad, no sé nada de béisbol. Pero ¿qué tal difícil puede ser?
― No te preocupes por ello. Te puedo enseñar. ― dice sonriendo de lado.
¡Oh, Por todos los cielos! No puedo describir y no creo que él sea consciente de lo atractivo que es con aquella sonrisa en su rostro.
Toma su celular y en un par de minutos tiene comprados los boletos para el partido. Está entusiasmado con ello, y yo trato de imitarlo. La idea de ver aquel partido no me es del todo emocionante. Pero todo hombre tiene un pasatiempo con el que puede expulsar algunas testosteronas masculinas. Y si por tener el privilegio de admirar aquella sonrisa de cerca tengo que ver a dos grupos de hombres pegándole a una pelota con un bate. Entonces que así sea.
Al terminar nuestros alimentos, nos levantamos para dejar las bandejas en su lugar. El juego es en tres días, por lo que Kouga se ofrece en pasar a buscarme en su auto ya que los lugares en el estacionamiento son escasos.
Y mientras se aleja caminando por uno de los pasillos, se despide de nosotras con una mano.
― Eres una chica con suerte Kagome ― dice Sango mientras me mira con una sonrisa burlona.
Esta vez soy yo la que le da un codazo, a la que ella protesta con un fuerte gemido.
― ¡Cielos, Sango! Como puedes decir eso. Tienes a Miroku. ― la reprendo.
― ¡Oye! ― Protesta ofendida ― Amo a Miroku, en verdad lo hago. Pero Kouga es la representación hecha realidad de las fantasías de cualquier mujer.
Suspiro con resignación. Bien. Conozco a más de una que han tratado de conseguir algo con Kouga. Pero ninguna ha tenido suerte. Puedo decirme afortunada de que muestre interés por mí.
― Tiene una hermosa sonrisa ― digo a lo que Sango voltea a verme fijamente.
― ¿"Hermosa sonrisa"? Kagome no te miraste esos brazos que tiene, o en sus largos dedos por dios solo de pensarlo ….
Ruedo los ojos y camino rápidamente alejándome de ella.
El día transcurre rápidamente, sin ningún tipo de suceso importante. Respondí un par de llamadas y envié varios documentos por correo electronico. Cuando di por terminado, guardé todo y tomé mi bolso antes de cerrar mi oficina. Aunque daban algunos compañeros en el lugar, pero por hoy mi trabajo estaba terminado.
Al salir del edificio me topé con Sango la cual estaba abrazada del cuello de Miroku. El cual después de besarla tomo sus cosas y las llevo por ella, la tomó de la mano mientras la dirigía a su auto abriéndole la puerta para que entrara y después subir y arrancar. Me quede hipnotizada viendo la escena. A pesar de los años que llevaban juntos, seguían queriéndose como si no pudieran vivir alejados uno del otro. Sango no sabía la suerte que tenia de tener alguien que la amara con todas las fuerzas de su ser. El compartir sentimientos, vivencias. Mientras que a mí me esperaba en casa una pizza congelada. Y sin poder evitarlo sentí envidia por ella.
Apague el auto al llegar al fin a casa. Mire el reloj en mi muñeca, eran cerca de las ocho. Abrí la puerta de mi departamento, encontrándolo en oscuridad. Dirigí mi mano a la pared para prender la luz, me deshice de las zapatillas disfrutando de la sensación de encontrarme descalza. Me dirigí a la cocina para sacar mi cena del refrigerador. Me detuve al ver mi sillón se encontraba ocupado por el cuerpo dormido de Sesshoumaru, sus ojos se encontraban cerrados, su piel era bastante blanca y tersa, cualquier mujer podía envidiar los hermosa de su piel. Mientras su cabello se encontraba revuelto dándole aquel aire de chico malo. Camine con cuidado para no despertarlo, pero al llegar a una de las sillas el dedo pequeño de mi pie golpeo con la pata.
― ¡Maldición! ― exclame con dolor, masajeándome mi pie.
El dolor es punzante y recorre todo mi cuerpo. Escucho ruido, y sin levantar la vista sé que con el escándalo que hice acabo de despertarlo. Lo volteo a mirar, sus ojos dorados están entornados fijos en mí. No aparta la vista de mí, aun cuando se levanta lentamente del sofá. Puedo ver como su mano de dirige a un costado de su cuerpo, exactamente donde fue golpeado.
― ¿Cómo te encuentras? ― le preguntó.
El me mira sin responder, mientras camina a un lado mío dirigiéndose a la estufa. Prende la lumbre, y el olor a sopa inunda el lugar rápidamente.
― Llegas tarde. La comida se enfrió. La calentare por ti. ― dice viendo fijamente a la cacerola.
Me acerco a él, inspeccionando lo que hay en la cacerola. Hay zanahorias y papas en la sopa. Tengo que admitir que huele bien y tiene buen aspecto.
― ¿Tu hiciste esto? ― le pregunto sorprendida.
El asiente sin mirarme.
― ¿Dónde conseguiste las verduras?
― Estaban en tu refrigerador. Estaban a punto de echarse a perder.
Él se aleja para tomar dos platos hondos de uno de los cajones y un par de cucharas, para ponerlos en la mesa. Parece ser que en mi ausencia se puso a inspeccionar el lugar ya que sabe exactamente donde se encuentra cada cosa.
― No es la gran cosa, pero es lo único fresco que encontré. ― hace una mueca con los labios mientras voltea a mirarme con desdén ― Es una suerte que no estés gorda con la cantidad de comida congelada que tienes.
Entorno los ojos con ganas de golpearlo por la ofensa. Pero alguien aquí tiene que ser el adulto razonable y por edad a mí me toca ese papel. Me limito a ignorarlo, mientras espero que la sopa se caliente. Cuando esta lista, sirvo los dos platos. Y me siento en la silla de frente de él. Soplo un poco la cuchara antes de probar. Esta deliciosa. Para ser un niñito rico sabe cocinar aún mejor de lo que yo lo hago.
― Esta buena ― le digo sin mirarlo, el resopla como respuesta.
Comemos en silencio, el único sonido que se escucha es el de las cucharas al golpear los platos. No recuerdo la última vez que cocine en casa. Siempre he decidido dedicar todo el tiempo posible en el trabajo, que al llegar a casa lo último que deseo es encerrarme en la cocina. Mi madre se enojaría mucho si viera mi congelador lleno de comida empaquetada.
Él se levanta de su asiento para llevar a lavar su plato. No se irgue por completo al levantarse.
― Tengo que llevarte a que te revise un médico.
Él se detiene mirándome mientras hace una mueca y niega con la cabeza.
― No. Estoy bien.
Abre el grifo y se pone a lavar los platos. Me levanto con el mío acercándome hacia el a lo que en un solo movimiento sin girar lo arrebata de mis manos y comienza a lavarlo. Le agradezco y me alejo recargándome en la isla de la cocina, sin darme cuenta cruzo los brazos sobre mí a lo que rápidamente evito hacerlo. Es un habitó inconsciente que debo de dejar de hacerlo. No es como si con ello creyera que se podría interesar en mí. Pero era mejor evitar hacerlo frente a un adolecente con las hormonas alborotadas.
― No hablaste con a mis padres ¿verdad?
Me pregunta y es una suerte que no esté mirándome ya que mi respiración de hace más agitada. A pesar de que era mi responsabilidad hacerlo, le había prometido que no les llamaría. No había sido capaz de cumplir con ello.
―No… claro que no ― le respondo y espero que él no note mi titubeo.
El asiente con su semblante serio, mientras pone el ultimo plato en el fregadero.
Todavía no sé lo que debo de hacer con él. Ninguno de sus padres parece realmente preocupado. Lo que me dijo el señor Taisho de que si lo llevaba con el seguramente huiría, me hace temer por su bienestar. Aunque sea un niñito grosero, mi inconsciente no me dejaría dormir por las noches al imaginarlo en la calle, o siendo brutalmente asesinado por esa pandilla de matones. Su caso se está desarrollando a un ritmo normal, tal vez en un par de días tenga lista la primera fecha para la defensa de su caso. No me entusiasma la idea de tenerlo por ese tiempo haciéndome cargo el él.
¿Pero qué mal podría suceder?
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¿Hay alguien? ¿Hola? ¡Así! Hola. Espero que todavía este alguien por aquí. Sé que ha pasado un largo tiempo sin actualizar, a lo que como única escusa es que el trabajo me absorbe más tiempo de lo que desearía. No es como si me hubiera olvidado de este FF y del otro, en verdad que no quiero dejarlos sin terminar. Una gran disculpa y muchas gracias a los que se toman el tiempo de leer y de escribir sus comentarios. Son mi motivación para no dejar estas historias al olvido.
