Capitulo VIII
Sesshoumaru
Inspecciono la cocina satisfecho de encontrarla al fin en condiciones aceptables. La forma en que la había encontrado por la mañana había sido deplorable. Sonrió al pensar en lo que diría mi padre de la gran abogada que había contratado, si viera las condiciones en las que vivía. Seco mis manos con una toalla una vez que he terminado de limpiar. La busco con la mirada, pero no la encuentro por ningún lado.
No es como si me agradara estar en ese lugar, pero el regresar con alguno de mis padres no era ninguna opción. Mi cuerpo me duele menos que antes, lo que quiere decir que no tengo ninguna fractura. Pero a pesar de ello, no me encuentro en el estado para regresar a vagar por las calles. Aunque la idea de ir a un parque a pintar algunos retratos y paisajes para poder conseguir un poco de dinero y con algo de suerte pueda alcanzarme para una habitación en un hotel barato.
Pero hacía semanas que mis pinturas comenzaron a acabarse, así que antes tendría que comprar unas nuevas. Y podía anticipar que el dinero que tenía en la cartera no sería suficiente.
Suspiro pesadamente, mientras con una mano me alboroto el cabello. Así que; sin más por el momento, mi mejor opción es quedarme en este lugar hasta tenga las fuerzas suficientes para marcharme si es que ella no decide correrme antes.
Confió en que mis padres no conozcan donde me encuentro, no es como si quisiera huir de los problemas que haya ocasionado. Es decir, estoy con mi abogada así que ella debe de saber el día que tengo que presentarme para afrontar mi caso. No negare los cargos de violencia ante Bankotsu, yo no soy ningún cobarde. Solo sé que la próxima vez que tenga la oportunidad, lo acabare con mis propias manos.
Llevo la mano hacia el bolcillo de mis jeans, saco mi celular el cual está sin batería, suspiro con resignación mientras vuelvo a guardarlo rápidamente cuando escucho unos pasos que se acercan. Ella aparece deteniéndose frente de mi mirándome fijamente y estira su mano.
―Toma ― me dice y miro fijamente a lo que me está ofreciendo con una ceja levantada ― Te ayudaran a aliviar el dolor.
Estiro la mano para tomar la caja del medicamento. Nuestras manos apenas rozaron, pero pude sentir un escalofrío recorrer mi cuerpo deteniéndose en la parte sur. Me apartó rápidamente, y me aleje sacando una pastilla del paquete para después beber agua del grifo. Odio la reacción que ella tiene en mi cuerpo. Llevo mi mano húmeda a mi frente. Ella inhala fuertemente y tengo deseos de gritarle que eso no ayuda para mejorar mi situación.
― ¿Necesitas ayuda con el vendaje? ― me pregunta.
La imagen de sus manos recorrer mi cuerpo pasa por mi mente. Eso tampoco ayuda. Debo de comenzar a aprender a controlar mis hormonas. Niego con la cabeza con una sonrisa en mis labios. Ella lanza otro suspiro con cierto mal humor. O sí, también estoy molesto.
―Aun así, creo que debería de revisarte un médico.
Dice mientras vuelvo a negar con la cabeza. No es que me quiera hacer el rudo, aunque el dolor es fuerte puedo soportarlo.
―Estoy bien ― digo secamente, tratando de dar por terminado el tema.
Ella asiente con la mirada perdida, por un momento se hace un silencio incómodo. Recorre lentamente la cocina pasando una mano por cada uno de los estantes. En silencio abre el frigorífico, el cual también he limpiado. Después de tirar algo de queso con moho, y leche caducada. Quedo solo con salsa de tomate, mostaza, aceitunas y un par de huevos. Lo observa por un momento y lo vuelve a cerrar.
―Gracias por limpiar ― dice.
―No tiene importancia― Me encojo de hombros, en una forma de restarle importancia.
Ella se voltea recargándose con la mirada pensativa, a lo que inconscientemente cruza los brazos sobre sí. Se queda así por un momento para después levantarse de un salto.
―Creo que podríamos encontrar un mutuo acuerdo que nos ayude a afrontar esta situación ― dice mientras me mira fijamente. No pronuncio ninguna palabra, aunque me pongo alerta. ― Paso la mayor parte del día en la oficina, y como puedes ver casi nunca estoy en casa. Por lo que si el tiempo que estés aquí puedes ayudar a mantener el lugar limpio. Podemos tratar de que la convivencia sea más llevadera para ambos.
Desvió la mirada y sacudo suavemente la cabeza mientras sonrió de costado. A lo que ella frunce el ceño.
―Así que ¿Quieres que la haga de tu sirvienta mientras este aquí?
― Sería de gran ayuda. Yo no puedo cocinar ni limpiar para ambos, pero si no quie…
― ¿Tendría que llevar uniforme y mandil? ― la interrumpo con un tono irónico en mi voz.
Me mira entrecerrando los ojos con un semblante serio, para después lanzar una risa. Levanto una de las cejas, creyendo que se había vuelto loca cuando su risa se hizo aún más fuerte. Es la primera vez que escucho reír. Por lo que es bueno saber que no siempre se encuentra con esa actitud tan formal.
― Esta bien ― digo aceptando hacerlo.
El limpiar y cocinar podría ser una forma de pagarle por permitirme quedarme. Ella termina de reír, con la respiración todavía entrecortada debido a la risa, cuando la miro fijamente desvía la vista para otro lado. Se concentra en el reloj de la pared.
―Espero que todavía este abierto.
Dice algo para que la siga, toma su bolso y sin decir nada salimos del departamento. Caminamos un par de calles y en cuestión de minutos nos encontramos en una pequeña tienda de conveniencia. La sigo por detrás mientras camina por uno de los pasillos. Toma una lata del estante y la coloca en la canastilla metálica que sosteniente. Me acerco rápidamente, y veo como ella se tensa mirándome seriamente por mi brusca aproximación. Me inclino tomando la lata que acaba de meter, y por un momento soy capaz de sentir su dulce aroma, y me aparto con la misma rapidez con la que me acerque.
― ¿Acaso leíste todos los conservadores que contiene? ― le dijo mostrándole la etiqueta para que pueda verlo.
Ella levanta una ceja, mirándome malhumorada lanza un suspiro.
―Entonces será mejor que tu elijas ― y con un movimiento me ofreció la canastilla.
La tomo sin decir nada, empiezo a ir pasillo por pasillo. Pensando que platillos puedo hacer con los artículos que me encuentro a mi paso. No es como si fuera un gran cocinero, ya que en casa con mis padres siempre había alguien que se encargaba de preparar los alimentos. Pero ser un niño solitario dentro de aquella gran mansión, me había acercado con cierta curiosidad y en búsqueda de atención lo que la cocinera se encontraba realizando. Por lo que había aprendido a valerme por mí mismo, o por lo menos no me moría de hambre.
― ¿Eso es todo?
Me dijo mi abogada cuando había terminado de escoger. Asentí ofreciéndole la canasta. Ella la tomo revisando lo que se encontraba dentro, tomo un trozo de queso que había elegido para gratinar algunos vegetales. Y sin hacer ningún comentario se dirigió a la caja para pagar por ellos.
Camine detrás de ella mientras que no dirigíamos a su departamento. La seguía por detrás cargando las dos bolsas de la tienda. Desde ahí podía admirar su cuerpo de mujer, era mucho más desarrollado que el de las compañeras que había tenido en la escuela. Cuerpo de guitarra, podría definirlo. Sentí como mi amigo del sur comenzó a despertarse, por lo que se me hizo incomodo el caminar. Trate de desviar mi mente en otra cosa, pero sin poder evitarlo mi vista se dirigía una y otra vez a ella.
Entramos al departamento, siendo cerca de la media noche. Prendió la luz y estiro los brazos para tomar las bolsas que sostenía. Negue con la cabeza.
―Yo me ocupo de guardarlos ― le dije dirigiéndome a la cocina.
No podía dárselas ya que con ella cubría el estado en el que se encontraba mi cuerpo debido a una fuerte erección. Me dirijo al frigorífico y coloco los alimentos que requieren refrigeración.
― ¿Y bien, necesitas alguno más? ― dice detrás de mí, mientras estoy inclinado.
― ¿Tienes algún cargado para celular que puedas prestarme? ― le dijo levanto apenas un poco.
Sin decir nada se retira, cuando regresa estoy terminando de colocar cada cosa en su lugar. Pone lo que le pedí sobre la encimera frente de mí.
―Espero te sirva.
Lo tomo, y asiento sin más. Me le quedo mirando fijamente y ella hace lo mismo por unos instantes, en algún momento desvía otra vez su mirada.
―Entonces… ― dice deteniéndose para aclarar la garganta ― Si no necesitas nada más creo que me iré a dormir.
Se quedo unos segundos, pero cuando no obtuvo respuesta dio buenas noches y se retiró. Pude escuchar la puerta de su habitación cerrándose y solo después de ello, me fui al que me había dejado. Me dirigí directamente al primer enchufe que encontré y cuando el celular al fin tuvo algo de batería, se prendió. Casi al instante aparecieron seis mensajes.
Sin mirar el que era de mi padre, me dirigí a los que más me precisaban leer.
"Por favor Seshoumaru, no vayas" Leí el primero, de hace apenas dos días.
"¿Dónde estás?" "Por favor, dime" "No me hagas esto, por favor contéstame" "Solo déjame saber que estas bien, por favor" se leían en los siguientes.
Los leí una y otra vez por algunos minutos, escribí y borré algunos mensajes antes de enviar.
"Estoy bien, Rin"
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
No estoy segura y todavía se encuentra alguien por ahí, pero si hay alguien "Hola, ¿Qué tal?". Ha pasado un largo tiempo desde la ultima vez que me pase por aquí, y se que para los que se toman su tiempo para leer estas historias el tiempo en espera es demasiado. No había querido aparecer por aquí solo teniendo uno o dos capítulos para subir, así que me espere a tener un avance considerable de la historia para asegurarme que cuando apareciera el hilo no se perdiera en el tiempo de historia. Por lo que puedo decir que esta historia se encuentra casi terminada. (A no ser que se me ocurra algo que modifique lo planeado). Mis demás historias se encuentran al igual que está en proceso, esperando a tener más avances antes de sus actualizaciones. Perdido, la estaré actualizando cada semana hasta terminarla. Si leíste esto, muchas gracias por mantenerte todavía aquí. Nos leemos pronto.
