Capitulo X

Kagome

Camino rápidamente mirando el reloj en mi muñeca. Llego quince minutos más tarde de la hora que había previsto quedar con Kouga. El tiempo se me había ido revisando la nueva documentación que no fui consciente del tiempo que había pasado. No puedo creer que cuando alguien por fin muestra serio interés hacia mí, tenga que echarlo a perder. Tal vez sería mucho mejor para Kouga que mirará hacia otro lado y buscará alguna otra compañera que mostrará más interés en él. Pero aun así camino con la esperanza de encontrarlo todavía.

Cuando cruzo hacia la puerta principal, puedo verlo parado esperándome. Me apresuro a llegar a su lado, cuando el me ve levanta una mano para saludarme.

― Disculpa que te haya hecho esperar .

― No hay cuidado, yo también acabo de llegar ― Niega, con una sonrisa en el rostro. Por dios, debería de patentar esa sonrisa. ― ¿Vamos? ― dice ofreciéndome su brazo para apoyarme, lo miro sorprendida, pero a pesar de ello logro tomarlo con naturalidad.

― Vamos ― le respondo.

Caminamos fuera del edificio un par de calles, las cuales se encuentran llenas. Los automóviles se encuentran avanzando lentamente, por lo que no es de extrañarse escuchar uno que otro claxon.

― En una cuadra más hay un pequeño restaurante. ― dice Kouga señalando hacia delante ― No es muy elegante, pero la comida es deliciosa.

Asiento y en cuestión de minutos nos encontramos frente de un local el cual podría pasar desapercibido si se pasaba por fuera. Por dentro el lugar es bastante pequeño pero acogedor, tomamos una mesa disponible. No es el mejor lugar del local, pero está bien. Un mesero bastante joven se acerca a darnos la carta. Kouga me recomienda pedir el menú del día, por lo que pedimos dos de el mismo.

― Espero te guste ― me dice después del que el mesero se hubiera ido con nuestro pedido.

― Me gusta ― digo observando el lugar, tiene un estilo rustico, pero agradable. ― No sabía que había un lugar como este tan cerca.

― Lo sé. La primera vez que pase por aquí no me parecía la entrada de un restaurante si no la de una casa. Después me enteré de que en realidad lo es. ― dijo mientras miraba con notable admiración el lugar ― Es un restaurante familiar, el mesero es el hijo de los dueños. Sus padres se encuentran en la cocina, por lo que el lugar y la comida es como estar en casa.

― ¿Cómo lo sabes? ― le pregunto curiosa.

― Llevo un tiempo viendo a comer aquí ― se encogió de hombros, mientras me dirige una sonrisa.

Su sonrisa, como su rostro es tan hermoso, que tengo que distraerme y mirar a otro lado para no ponerme nerviosa.

― ¿Qué es eso? ― le digo, señalando una placa dorada que ocupa un cuarto del espacio en la pared. En ella está escrito algo, pero no logro distinguir el idioma en el que está escrito.

El voltea a ver lo que estoy observando. Lo mira y sonríe de costado.

― Es un proverbio árabe "Nada está perdido, cuando se tiene el valor de comenzar de nuevo". ― lo miro sorprendida, así que se con una sonrisa añade― No se leer árabe, así que lo tuve que investigar.

Sonrió y me quedo un momento analizando aquellas palabras y decidido en volver con frecuencia a este lugar. El mesero regreso con nuestros platillos, comemos haciendo un par de comentarios con respecto a la ciudad. Me entero de que es de un pequeño pueblo a las afuera de la ciudad, hijo único y sus padres se separaron desde que era un niño. Y que actualmente vive con un par de amigos que ayudan a pagar el alquiler. Me preguntar acerca de mí, le digo que mi padre murió un año después de que naciera mi hermano menor. Que vivo sola y mi madre viene de visita cada vez que puede.

― ¿Y cómo te sientes viviendo en un departamento sola? ― me pregunta.

Me atraganto como la comida, por lo que tengo darle un par de trago a mi bebida. No pienso decirle que, desde hace unos dos días, tengo un huésped no invitado en mi departamento el cual además es el cliente de uno de los casos que me encuentro defendiendo.

― No es tan malo como parece ― digo restándole importancia ― En verdad me gusta tener mi propio espacio.

No añado que con lo poco organizada que soy fuera de la oficina, no podría vivir con alguien. Por lo cual el trato que hice con Sesshoumaru de que él se encargará de mantener limpia la casa, me será de ayuda por el tiempo que duré.

― Espero algún día tener mi propio departamento. ― dice sin observarme, por lo que decido no hacer algún comentario.

Mirando el reloj decidimos pedir la cuenta, discutimos un poco al momento de pagarlo ya que él quería hacerlo por mí. Después de decirle que si no me dejaba pagar la mitad no volvería a aceptar salir a comer juntos, por lo que muy a su pesar acepto.

Al salir del local sostuvo la puerta para dejarme salir. Caminamos uno del lado del otro sin hablar, en un momento se detuvo de golpe. Me detuve un paso delante de él, por lo que volteé a mirar por que se había detenido. Su vista estaba clavada en el piso.

― Kagome ― dice mirándome fijamente y era la primera vez que me dirigía aquel semblante serio. ― Desde hace mucho tiempo deseaba tener el valor para poder acercarme a ti. ― dio un paso para quedar a solo unos centímetros de mi ― Me gustas y quiero llegar a conocerte más. ― sentí como mi corazón dejo de latir ― Así que, si tu no deseas lo mismo, creo que es mejor dejarlo claro desde ahora. Podemos quedar como amigos, pero preferiría saberlo para no hacerme falsas esperanzas.

Fue consciente cuando mi corazón comenzó a palpitar una vez más ya que comenzó a hacerlo de forma acelerada.

― Yo…― digo tartamudeando, respiro una dos veces antes de responder ― A mí también me gustaría, Kouga ― atino a decir.

Su sonrisa se amplió al escuchar aquello. La tensión del momento se esfumo y comenzó a hablar sobre cómo se encontraba el tablero para su equipo de beisbol preferido, y lo importante que era para ellos el marcador final del juego del sábado. Eran bastante agradable conversar con él, siempre se mostraba entusiasta con cualquier tema. Y fácilmente podía imaginarnos juntos. Si creo que mi racha de buena suerte comienza a aparecer.

Mi corazón se acelera cuando al despedirnos se inclina para darme un beso en la mejilla y seguir cada uno con su trabajo. Cuando me dirijo hacia mi oficina soy consciente de las miradas de las mujeres alrededor.

La tarde transcurre rápidamente, una vez más absorta en mis obligaciones diarias. Decido no mirar el reloj, ya que estoy segura de que Sango se ocupara de sacarme de mi concentración. Y así lo hace, levanto la vista cuando escucho abrirse la puerta.

― ¿Lista? ― me pregunta acomodando su bolso.

Asiento y me apresuro a guardar todo. Él edificio se encuentra casi vacía cuando salimos. Subimos a mi auto, ya que Miroku solía venir a buscar a Sango al trabajo.

― Ahora tendré que buscar un auto que pueda pagar ― dice con una mueca de disgusto.

Me ofrezco a llevarla mientras consigue algo con que moverse. Manejo hasta un restaurante bar que; en palabras de Sango, es un lugar divertido y placentero. Y por todas las luces de neón que contiene podría añadir resplandeciente. El lugar no esta tan mal, puedo ver alguna familia comiendo pizzas y hamburguesa, y un grupo de jóvenes bebiendo cerveza mientras ven un partido en la televisión. No sentamos en una mesa cerca de una ventana, la cual se encuentra decorada con luces verdes.

El menú se encuentra debajo de un vidrio en la mesa, la especialidad del lugar es la pizza, además de contar con una gran variedad de cervezas de barril. Cuando el mesero llega a pedir nuestra orden pedimos una pizza para compartir.

― Y un refresco de dieta por favor ― añado.

― ¡Oh, nada de eso! ― me mira con una ceja levantada. ― Tráenos dos tarros de cerveza nacional, por favor ― se dirige directamente al mesero, el cual anota nuestra orden y sin poder cambiar de opinión se retira de la mesa.

Y a pesar de que no suelo beber, cuando llega nuestro pedido doy un trago para probar la cerveza y en realidad es bastante buena. Escucho a Sango mientras que habla de Miroku, cuando las lágrimas están a punto de aparecer bebe un trago de cerveza y mientras que el tarro se llena y vacía. Las lágrimas desaparecen y sus mejillas se empiezan a sonrojar.

― Es lo mejor que pudo haberme sucedido ― dice bebiendo la mitad del líquido y sin siquiera limpiar la espuma de sus labios deja el tarro en la mesa con muy poca suavidad añade. ― Oh si creo que debí haberlo echado de casa desde hace tanto tiempo. Ahora puedo comenzar a sentirme libre.

Sonrió y bebo un trago de mi bebida la cual ya no se encuentra fría. Es mi segundo tarro, y después de sexta de Sango había dejado de contar. Son cerca de las once de la noche cuando al fin convenzo en Sango en salir del lugar, tuve que ayudarla a subir al auto ya que se encontraba bastante borracha para hacerlo por sí misma.

Decido que no está en condiciones para quedarse sola en su departamento, así que manejo hasta el mío. No es la primera vez que se quedaría en mi casa, siempre lo hacemos cuando queremos tener una noche solo de chicas. Cuando llegamos esta dormida, mejor dicho, desparramada en el asiento de copiloto, así que coloco su brazo sobre el hombro mientras subimos el edificio hasta llegar. Siento un fuerte alivio cuando al fin cierro la puerta de mi departamento. El lugar se encuentra oscuro solamente iluminado la luz de la lampara en la sala. Entro dejando a Sango entretenida sacándose los zapatos. Cuando me asomo un par de ojos dorados caen sobre mí.

Sesshoumaru se encuentra sentado sobre el sofá, con las piernas estiradas y con sus brazos cruzados. Tiene el cabello revuelto y los primeros botones de su camisa se encuentra abiertos.

― Oh…. hola ― le dijo, pero él no responde solo me mira fijamente. ― ¡Estabas esperándome? ― cómo es de esperarse sigue sin decir nada.

Es desesperante aquel silencio, y además me odio que me resulte atractivo. Es decir, solo es un muchacho de diecinueve años con visibles problemas de comportamiento. Tal vez las dos cervezas que me tome se encuentren haciéndome efecto.

― Bien entonces creo que iré a mi habitación ― digo y dejo las llaves colgadas cerca de la puerta.

El me mira de arriba abajo con el ceño fruncido, lo cual me hace molestarme. Y se levanta de su sitio y dando la vuelta se dirige a la cocina.

― Hice la cena.

― No hace falta ― le digo casi gritando, él se detiene y voltea a mirarme y cruza los brazos una vez más. ― Cene fuera.

El asiente, pero su vista se dirigí a mirar detrás de mí. Y puedo sentir como Sango golpea con mi espalda.

― Kagome, ¿A dónde te fuiste? ― me dice y la sujeto rápidamente impidiendo que esta caiga al suelo.

― Vamos Sango es hora de dormir ― la sostengo de la cintura ― Buenas noches ― digo y sin esperar respuesta comienzo a caminar hacia mi habitación.

Prácticamente arrojo a Sango sobre la cama, ella toma una almohada y clava su rostro en ella, la ayudo a aflojarse la ropa para dormir. Y mientras que cambio mi ropa y me preparo para dormir la escucho roncando fuertemente. Ruedo los ojos. Me acuesto junto a ella, y cuando lo hago se voltea y me da una patada dormida. Bien, aquella será una larga noche.

― ¡Kagome! ― me despierto soñolienta al escuchar aquel grito.

Me encuentro apenas despertándome cuando el fuerte sonido de la puerta al cerrarse me despierta por completo. Abro y cierro los ojos para aclarar mis ojos. Sango esta con el cuerpo sobre la puerta, respirando de forma sofocada. Vistiendo su falda de oficina con solo su sostén cubriéndole la parte superior. No es la primera vez que la veo en esas condiciones, cuando éramos compañera de universidad dormíamos solo con nuestra ropa interior. Me mira y frunce el rostro.

― ¿Qué ocurre? ― le pregunto, sentándome sobre la cama.

Camina hacia mí, levantando las manos con visible molestia.

― ¿Por qué no me dijiste que había alguien más en tu departamento?

La miro una vez más y me cuesta digerir lo que acababa de pasar. Cuando al fin los hago, abro con sorpresa los ojos.

― Oh, oh.

― Si. "Oh, oh" ― señala su sostén camina junto a mí y se deja hacer de espaldas en la cama ― No sabía que estabas buscando un compañero de apartamento.

― Bueno. En realidad, no lo es.

Estoy segura de que pude escuchar su cuello crujir cuando volteó a mirarme.

― Oh por los todos los cielos, Kagome ― dijo mirándome con un rostro lleno de horror. ― ¡No puedo creer que estés viviendo con un hombre sin habérmelo dicho antes!

― ¿Qué? NO, NO NO, ¡NO! ― me levanto y camino tropezándome con algo en el piso. Me agacho a recoger la camisa de Sango y se la aviento. ― No es ningún compañero de apartamento, ni siquiera podría considerarlo como un hombre en sí. ― me mira arqueado una de sus delineadas cejas ― Es el hijo de los Taishos. El demandado que estoy defendiendo por el caso de la pelea callejera. ― añado sin necesidad ya que todos conocen la información atrás del caso más sonado del momento.

― ¿Él es Seshoumaru Taisho? ― me pregunta y asiento― Pero eso no explica el por qué se encuentra en tu departamento.

― Es una larga historia ― le digo.

― Bien ― dice mirando el reloj. ―Tienes un poco más veinte minutos para contármela.

Terminar de contarle los hechos en mucho menos tiempo, explicándole en breve los detalles que me llevaron a aceptar a aquel joven en mi departamento.

― No puedo creer que a sus padres les preocupe tan poco su bienestar. Es decir, tienen dinero de sobra.

― Creo Seshoumaru fue quien decidió no aceptar su ayuda. ― reflexiono con una mueca en el rostro, me dirijo hasta la cama y me recuesto ― ¿Dime que puedo hacer?

― No puede echarlo de casa, si decide otra vez enfrentar a aquel grupo de bandidos. Esto complicara tu trabajo, estoy segura de que no tendrás ninguna oportunidad para defenderlo. ― Afirmo, con los brazos cruzados ― Así que está atrapada, cargando con él. Aunque ― una sonrisa traviesa se cruzó por su rostro. ― El muchacho no está de tan mal ver. Digo, por lo menos puedes echarle uno que otro vistazo, si tuviera un par de años más yo… ― le aviento lo primero que encuentro a la mano para hacerla callar.

Nos alistamos para ir al trabajo, es una suerte que nuestras tallas sean iguales por lo que le puedo prestar un traje limpio. Salimos de la habitación, y nada más saliendo puedo escuchar ruidos en la cocina. Sango camina con determinación, trato de detenerla, pero ya se encuentra dirigiéndose hacia allá.

― Hola, Bueno días ― dice, con visible curiosidad en el joven que se encuentra en la mitad de mi cocina.

― Buen día ― responde este sin voltearse a mirar.

La mesa tiene dos lugares puestos, puedo ver unas verduras gratinada, huevos, un salteado de carne y pan tostado.

― Oh que bien se ve ― y sin esperar a ser invitada tomo uno de los puestos en la mesa. ― Aquí hay suficiente para un ejército.

Tengo ganas de tirar de ella y decirle que se nos hará tarde para llegar al trabajo, pero en vez de eso tomo asiento además que tenemos tiempo de sobra. Sesshoumaru abre un cajón del estante y saca un plato y una taza más y lo coloca en la mesa. Llena las tres tazas de café y colocando un plato repleto de panqueques y toma asiento a mi lado. Al hacerlo una de sus largas piernas roza con la mía, y la parto de inmediato.

― ¿Tu hiciste todo esto? ― pregunta Sango maravillada.

Él se mueve incomodo en su sitio, estira los puños de su camisa blanca y respondió con un ligero movimiento

― Parte es lo que sobro de la cena de anoche ― añadió, mientras servia su plato con los alimentos.

Comimos en relativo silencio con uno que otro comentario de Sango, tuve que callarla cuando este comento que siempre creyó que la estufa de la cocina solo era una decoración más del lugar ya que nunca me había visto usarla.

― ¡Cielos, Sango! ― le recrimine, esta solo sonrió sin muestra alguna de arrepentimiento.

― Kagome, tiene que aceptar que podrás ser la mejor en tu trabajo, pero tu vida diaria es un caos.

Tengo ganas de golpearla ella debió de notar mi cambio de humor ya que dejo de sonreír y se metió un trozo de panqueque a la boca.

― Muchas gracias por el desayuno y fue un gusto conocerte. ― dijo Sango a Sesshoumaru mientras este recogía los platos de la mesa.

Tomamos nuestra bolsa, y Sango se muerde los labios mirándolo fijamente. Creo que convivir tanto tiempo con Miroku se le había contagia tu perversidad. La empujo para que se dirigiera a la puerta.

― Entonces nos vemos en la noche. ― le digo con las llaves en las manos, sur ojos dorados me miraron fijamente.

― Si no vas a llegar a cenar será mejor que lo digas para no preparar demás ― hace una mueca de disgusto.

― Nos vemos para cenar. ― le respondo antes de salir.

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Lo prometido es deuda, así que aquí tienen otro capítulo más, espero lo hayan disfrutado. Gracias a todos por seguir esta historia. Nos leemos la próxima semana.