La mañana de clases transcurrió con tranquilidad. El profesor no mencionó absolutamente nada sobre el verdadero objetivo de la clase y, además se le veía muy entusiasta y emocionado con lo de ser profesor. Tokaku estaba segura de que el hombre no tenía ni idea del asunto.

Tokaku había estado toda la tarde en la habitación literalmente haciendo nada. Haru había salido al poco de llegar de almorzar, no sabía el motivo, pero realmente no le importaba. Sabía que su compañera de cuarto era uno de los objetivos pero, había decidido no intentar nada por el momento. Estaba tumbada en la cama cuando recibió un nuevo mensaje de Kaiba.

"Información jugosa para mi 'queridísma alumna'. En uno de los cajones de la mesa de escritorio que te corresponda en la habitación hay un sobre. Dicho sobre contiene una tarjeta en la que debes anunciar al objetivo que vas a atentar contra su vida. Es decir, rellenas la tarjeta y entregas el sobre. Tienes 48 horas para llevar a cabo tu cometido. Si fallas el intento de asesinato serás expulsada de la clase negra, pero no de la academia. Deberás terminar el año escolar allí pero no podrás participar en los asesinatos. Si tienes éxito, se te facilitará un segundo sobre para que lo utilices con el otro objetivo."

Tokaku se levantó de la cama y se acercó a la mesa para comprobar la existencia del sobre que Kaiba había mencionado en su mensaje. Sin embargo, en ese momento escuchó la puerta abriéndose y decidió no abrir el cajón.

- ¡Hola Tokaku! - saludó Haru cerrando la puerta tras de sí mientras cargaba con una cantidad indecente de bolsas - ¿Podrías ayudarme?

Tokaku asintió con la cabeza y cogió varias bolsas para llevarlas a la cama de Haru.

- He ido de compras con Haruki y con Isuke. Se me ha ido bastante de las manos al final - contaba Haru a una compañera de cuarto nada interesada en lo que hubiese hecho ese día -. Ah, creo que no conoces a Isuke. Es la compañera de cuarto de Haruki, se sienta a mi lado en clase, la chica alta muy presumida y de pelo rosa.

La peliazul recordaba haber visto alguien así en clase. La había catalogado como alguien con la que no quería interactuar mucho. Tenía claro que era una asesina. A su alrededor, apestaba el olor a sed de sangre. Tokaku se había percatado de que, aunque el olor era muy intenso, solo lo había podido notar al pasar cerca de ella. Su sentido del olfato estaba fallándole y no sabía el motivo.

- También he traído algo para ti - la voz de Haru la sacó de sus pensamientos.

Tokaku miró a su compañera. Estaba ligeramente sonrojada e intentaba ocultarlo agachando un poco la cabeza mientras extendía sus brazos ofrenciéndole algo envuelto en papel de regalo.

- … gracias - dijo Tokaku sorprendida -. No hacía falta, pero gracias.

- Es en compensación por haberte molestado esta mañana. Espero que te guste.

Cuando Tokaku cogió y abrió el regalo, se formó una enorme sonrisa en la cara de Haru. Era una corbata casi idéntica a la que llevaba. Tokaku volvió a agradecerle el gesto y Haru le pidió que la utilizase mañana y que le dejase a ella ponérsela. Aceptó llevarla, pero se la pondría ella misma. En ese momento, se escuchó por todo el edificio un grito de agonía y dolor.

- ¡Expera! - gritó Haru asustada agarrando la muñeca de Tokaku, que se disponía a averiguar la procedencia de aquel grito - No te vayas, por favor, no quiero quedarme sola.

- No tardo nada, es solo un momento - se excusó Tokaku, sin entender por qué lo había hecho.

Se escuchó otro grito, esta vez más fuerte que el anterior. Haru, debido al miedo, abrazó a Tokaku y comenzó a sollozar mientras pedía nuevamente que no la dejase sola en la habitación.

- No voy a quedarme aquí - se resignó la peliazul.

- Va-vale… Iré contigo.

Salieron al pasillo y se dirigieron a las escaleras pues el grito parecía provenir desde arriba. Haru seguía a su compañera sin soltar la blusa de esta. Cuando habían subido un par de pisos, se volvió a escuchar un grito. Denotaba mucho dolor y casi que dolía escucharlo. Tokaku dijo que provenía de la planta en la que estaban y tomaron uno de los pasillos. Con precaución, e intentando que Haru no lo notase, Tokaku puso a punto un par de cuchillos que llevaba para ser utilizados en el caso de ser atacadas o cualquier cosa por el estilo.

- ¿Y si volvemos ya la habitación? - preguntó Haru invadida por el miedo.

- Ichinose deja ya de temblar. Y suéltame la blusa, me la vas a dar de sí.

Haru hizo lo que la peliazul le pidió. Bueno, la mitad. No podía dejar de temblar mientras caminaban por aquel pasillo. Conforme avanzaban Tokaku comenzó a oír dos voces. No distinguía que estaban diciendo pero podía afirmar que allí había dos personas. Se detuvieron en frente de la puerta de la última habitación. De allí provenían las voces. Escucharon un nuevo y último débil grito de una chica agonizando mientras resonaba otro que denotaba una gran cantidad de placer.

- Vám-vámonos de aquí Tokaku - pidió nuevamente Haru volviendo a agarrar la blusa de la otra chica susurrando-. Solo están teniendo… s-s…

- ¿Sexo?

Haru se sonrojó muchísimo y asintió con la cabeza, dando a entender que era lo que quería haber dicho.

- No es solo eso. Esta habitación rezuma sed de sangre, tiene que haber algo más ahí dentro.

- Espera, espera, ¿y si yo tengo razón y les interrumpimos? No estaría bien - a pesar de decir aquellas palabras era Haru a la que menos convencían.

- Voy a entrar. Si te da miedo entrar, quédate aquí y ya está. Y suéltame de nuevo.

Tokaku abrió la puerta sin ninguna dificultad. No habían echado la llave y bastaba con girar el picaporte. Las luces estaban encendidas y el silencio de la habitación resultaba un tanto perturbador. Con sigilo Tokaku inspeccionaba el lugar, seguida por Haru que no hacía más que temblar. Parecía que no había nadie. Hasta que llegaron a la estancia donde estaban las camas. Allí hallaron una escena horripilante. Una chica desnuda sobre la cama. Había sido violada, totalmente mutilada y tenía varias tijeras clavadas por todo el cuerpo. Estaba irreconocible. Casi no parecía un ser humano. Las piernas de Haru flaquearon al ver el cadáver y cayó de rodillas al suelo. Llorando como si no hubiera un mañana dando salida a sus sentimientos, una mezcla de impotencia, miedo y fatiga que le producía ver aquello. Tokaku sintió repugnancia por la escena. El asesino parecía haber escapado por la ventana, desde la que se podía saltar a las escaleras de emergencias. Antes de que Tokaku pudiese investigar nada, llegaron dos hombres que les pidieron "amablemente" que se fueran. Haru no paraba de llorar y no tenía fuerzas ni para levantarse, así que Tokaku tuvo que cargarla en su espalda hasta la habitación.