"No voy a matarla"
Haru se despertó bastante aturdida, sin recordar lo que había ocurrido antes de caer en la inconsciencia. Aún así, aquellas palabras resonaban en su mente. "No voy a matarla". Resonaban con la voz de Tokaku. Haru sonrió al reconocer la voz. Estaba en su cama. Se sintió desnuda debajo de una manta. Se incorporó, sentándose en la cama mientras apoyaba la espalda en la pared del cabecero, y comprobó destapándose parcialmente que estaba sin nada de ropa. Sólo algunas vendan cubrían su cuerpo. Se llevó la mano al muslo. Sentía demasiado dolor en la zona. Comenzó a recordar algunas cosas sueltas. Takechi sobre ella, dispuesta a acabar con su vida después de jugar un rato con ella; la inesperada aparición de Tokaku… Tokaku parecía no estar en la habitación. Lo único que vio de ella fue su ropa, amontonada en una silla y ensangrentada. Su blusa blanca se había transformado en una de color rojo.
- ¿Cómo estás?
Miró hacia el origen de aquella voz. Se alegró enormemente de ver a Tokaku. Se fijó en que llevaba unos pantalones cortos y una camiseta de deporte, que solía usar para dormir; pero aunque buscó, no encontró ninguna herida visible en su cuerpo. La peli azul había entrado silenciosamente en la habitación para no despertarla.
- Me han dejado subir la cena del comedor porque he dicho que estabas enferma - comentó dejando en la mesa dos platos de curry -. Te lo dejo aquí por si tienes apetito.
Al no obtener respuesta nuevamente, se acercó a la cama de Haru y se sentó en el lateral.
- ¿Estás bien?
Haru se había quedado embobada en su compañera. Cuando por fin reaccionó, recordó que estaba desnuda y, más que por vergüenza, para tapar las cicatrices que formaban parte de su cuerpo; agarró la manta rápidamente hasta volver a quedar cubierta.
- No tengas vergüenza, ya te he visto desnuda antes - Tokaku recibió una mirada interrogante por parte de Haru -. Ha sido después de traerte del sitio aquel, estabas cubierta de sangre y pensé que no sería mala idea que te dieras un baño.
- ¿M-me has.. me has bañado…? Qué vergüenza - dijo sonrojándose y llevándose las manos a la cara para tapársela.
Al hacer esto, la manta resbaló dejando de nuevo su pecho al descubierto. Rápidamente, la agarró de nuevo para taparse. Sin embargo, Tokaku agarró sus manos impidiéndoselo. Haru la miró. Y ella a Haru. Ambas se sumergieron por un momento en los ojos de la otra.
- Dime una cosa. ¿Por qué tienes tantas cicatrices por todo el cuerpo?
- Yo… bueno… es que… verás, siempre… siempre he sido objetivo de asesinatos - consiguió decir después de varias pausas -. Desde que nací, han intentado acabar con mi vida. Y, aunque no lo han logrado, sí que me han arrebatado a algunos seres queridos y a mi familia…
- Yo… lo siento - dijo al ver los ojos de Haru vidriosos -. No tenías que responder si te resulta tan duro.
En aquel momento, Haru necesitaba un abrazo que, al menos, la reconfortara un poco; pero debido a su frío carácter y poca empatía, Tokaku no lo notó, solo se dedicó a mirar hacia abajo.
- Abrázame.
Tokaku levantó el rostro. Se había quedado un poco a cuadros.
- ¿Qué?
Haru no respondió con palabras. Agarró su camiseta y tiró hacia ella, haciendo que el cuerpo de Tokaku chocase con el suyo suavemente y la rodeó con sus brazos por encima de los hombros.
- Ahora tu. Abrázame también.
Tokaku no entendía muy bien lo que estaba pasando, pero el rostro de Haru le suplicaba y no era capaz de negarse. Se acomodó un poco, ya que estaba en una posición un poco forzada, y se acercó un poco a Haru. Rodeó su cintura y la dejó apoyar su rostro en el hombro. Tokaku cerró los ojos y dejó caer su rostro sobre el hombro de Haru, imitando la acción anterior de esta. Hacía mucho tiempo que no abrazaba a nadie, que no sentía calor humano de esa manera, que no le llegaba afecto de otra persona. En aquel momento le pareció que Haru tenía un aroma embriagador en ella, un aroma dulce que en cualquier momento podría cautivarla. Una sensación de calidez invadió su cuerpo y dejó que esta fluyera, pues la hacía sentir cómoda.
- Gracias - dijo Haru terminando el abrazo -. ¿Me dejas ver tu herida?
- ¿Mi herida? No tengo ninguna.
- Entonces… ¿la sangre? - preguntó señalando la "nueva" blusa roja de Tokaku.
- Es tuya. Takechi se dedicó a untártela por todo el cuerpo, como si fuera mantequilla en una tostada. Te la puse por si nos encontrábamos con alguien. Habría sido incómodo que me vieran llevando a mi compañera de cuarto desnuda e inconsciente.
Haru asintió, dando a entender que estaba de acuerdo; habría sido un momento incómodo. Le gustaría haber estado despierta cuando Tokaku la llevó a la habitación. Podría haber sentido su calor mientras la cargaba. Podría haber aprovechado para tocar su piel… tenía algo de curiosidad por el tacto de su piel… Haru agachó la vista, sonrojada. ¿¡En qué estaba pensando!?
- ¿Quieres comer? - preguntó Tokaku levantándose a por los platos de curry.
- Espera… el plato… ¿te lo ha dado la cocinera de siempre?
- Sí, ¿por qué? ¿Querías que le dijera algo?
- No… Es que… Tú me has salvado la vida y yo… yo no me he portado bien contigo - en los ojos de Haru se vislumbraba el arrepentimiento -. Yo...
Aunque tenía curiosidad por lo que Haru quería decirle, no quiso meter prisa, prefería que se lo contara cuando se sintiera preparada. Prefería no verla llorar de nuevo. No es que le importase mucho, pero en cierta manera la llegaba a incomodar. Cogió su plato de curry, el que más comida llevaba, como de costumbre. Se volvió a sentar en la cama de Haru mientras se disponía a deleitarse con su comida favorita.
- Espera… - volvió a pedir Haru.
- ¿Qué le has estado echando a mi comida?
Haru levantó el rostro sorprendida. No sabía que Tokaku acababa de terminar de encajar las piezas, pensó que lo había sabido durante bastante tiempo, lo que la llevó a sorprenderse más.
- ¿Me has estado drogando? ¿Algo parecido a un tranquilizante?¿Algo que inhibía mis sentidos? ¿ Por eso he estado tan adormilada? ¿Por eso mis sentidos me han estado fallando hasta tal punto de no darme cuenta de las cosas más evidentes?
No hizo falta que Haru respondiese con palabras, sus ojos delataban la verdad a cada pregunta. Aún así decidió hacerlo.
- Sí…
No le dio tiempo a decir nada más, ni siquiera a formular una disculpa, aunque no sirviera para nada. Tokaku la había agarrado del brazo y la había sacado de la cama tirándola al suelo. Cuando quiso darse cuenta, la peli azul estaba sobre ella. Sostenía ambas manos de Haru sobre su cabeza, contra el suelo, impidiéndole ejecutar ningún movimiento de las extremidades superiores. Tenía una rodilla a cada lado de su costado, también para evitar que se moviera. Sintió algo frío rozando su cuello. Un cuchillo. Estaba segura de que era un cuchillo. El miedo llamó a la puerta. La tiró. Invadió a Haru. Se apoderó de ella nuevamente.
- ¡Por favor no! Pararé con eso, pero por favor… Tokaku por favor.
No obtuvo respuesta por parte de Tokaku, cuyos ojos denotaban una gran seriedad y concentración.
- Hace un rato, dijiste que no me ibas a matar - su voz temblaba.
- Hace un rato no sabía que eras tú quién me drogaba.
Haru evitaba mirarla a los ojos. La culpa y la vergüenza de haberle hecho aquello a la persona que le acabaría salvando la vida no le dejaban.
- Lo hice para protegerme - intentó justificarse -. ¿¡Qué habrías hecho tú en mi lugar!? - le gritó asustada aún sin mirarla.
Dejó de sentir el objeto que Tokaku había acercado a su cuello. Respiró con alivio, pensando que la había convencido o que la había hecho sentir mal por caer en "su defensa".
- Mírame - ordenó Tokaku, a lo que Haru obedeció rápidamente.
Tokaku le estaba mostrando el cuchillo. Haru no podía creerlo. Era de plástico. Era un cuchillo de plástico, de esos con los que no podrías hacerle ni un rasguño al trozo de pan más blando. No servía para absolutamente nada. Su vida no había estado en peligro en ningún momento. Tokaku la había puesto a prueba, una prueba que no había superado, había fallado. Un estrepitoso fracaso. Le había demostrado que no confiaba del todo en ella, que en un momento importante no confiaría en ella a pesar de que Tokaku había puesto en peligro su vida por salvar la suya, aún cuando lo que le habían ordenado era lo contrario. Matarla. Se había revelado, de alguna manera, por ayudar a Haru. Y Haru, se lo agradecía así.
- Dime, ¿cómo sé que no se va a repetir si aún me tienes miedo? - preguntó la peli azul lanzando el cuchillo de plástico con desprecio y soltando las manos de Haru. Se apartó y se sentó al lado de Haru que, como pudo se incorporó para quedar sentada también - ¿Has visto tanto que no confías ni en los que se ponen de tu lado?
- Acabo de hacer la mayor estupidez posible. Es algo con lo que enfadarse mucho y pensé que perderías un poco los estribos…
- Yo habría hecho lo mismo - la interrumpió.
Haru la miró de forma interrogante, sin saber exactamente a qué se refería. Antes de responderle, Tokaku le acercó una camiseta. Le resultaba un poco incómodo que Haru siguiese totalmente desnuda mientras hablaban.
- Me has preguntado que qué habría hecho yo en tu lugar. Seguramente habría hecho lo mismo. Asegurar mi vida. Obviamente, me molesta que hayas jugado conmigo pero, dadas las órdenes que traía, supongo que estamos en paz.
Haru sonrió al escuchar aquellas palabras, Tokaku no estaba realmente enfadada con ella. Ahora, el miedo había dado paso a la felicidad. Su compañera iba a ayudarla, o al menos eso había querido entender . "Los que se ponen de tu lado ". No podía significar otra cosa, ¿verdad?
Después de aquella pequeña prueba ambas se sentaron a cenar dejando el plato de Tokaku a un lado, por supuesto. Ya estaba bien entrada la noche, era bastante tarde y el cansancio, tanto físico como emocional, comenzó a hacer mella. Decidieron que el día debía acabar ahí. El nuevo día que entraba ya era perteneciente al fin de semana, era sábado. Se quedaron ambos días en la habitación, solo Tokaku bajaba al comedor a por sus platos alegando que Haru estaba mala; así podría recuperarse de su herida con tranquilidad y sin que nadie notase lo que había pasado. Pasaron el fin de semana tranquilo, sin ningún aviso de asesinato para Haru. Lo único que le llegó fue un mensaje de la directora, anunciando que Otoya Takechi había sido eliminada de aquel "juego". Pero, no siempre iba a estar todo así de relajado, era una calma que auguraba una gran tormenta. El lunes sería un nuevo día.
