Cuando llegaron a la biblioteca, tal y como esperaba Tokaku, la chica rubia se había marchado. De hecho, no quedaba absolutamente nadie, ni la bibliotecaria. Le habló a Haru de aquella chica, con la esperanza de que la conociese pero, tras descartar a Nio llegaron a la conclusión de que ninguna de las dos la conocía de nada. Mientras Tokaku colocaba en una de las estanterías un par de libros que habían estado usando, Haru encontró un nuevo sobre negro entre sus cosas. Nuevamente estaba claro que ella era el destinatario. Lo abrió. Había un pequeño trozo de papel en el que habían escrito bastante. Aquellas líneas eran una oración. Alguien oraba para anunciar que atentaría contra su vida. Haru cerró el sobre y lo guardó. Su vida volvía a correr un peligro real. No sabía si debía decírselo a Tokaku. No quería tenerla demasiado en alerta porque ella no fuese capaz de defenderse a sí misma. Pero decidió que se lo diría. Al contrario que un par de noches antes, esta vez quería demostrarle que confiaba en ella. No quería volver a fallarle. Si Tokaku le había dicho que la protegería y estaba poniendo en riesgo su vida también, tenía derecho a saber cuándo alguien la acechaba más de cerca. Mientras Tokaku volvía, Haru terminó de recoger y se puso a buscar un libro que quería consultar más tarde. Lo encontró con suma facilidad. Lo agarró y cuando lo estaba sacando de la estantería escuchó un suave tintineo metálico.

- ¡Ichinose! ¡No! - gritó Tokaku mientras se abalanzaba sobre ella a la misma vez que escuchaba una explosión.

Cuando quise abrir los ojos, me encontré una escena alarmante. Estaba tirada en el suelo, con Tokaku sobre mi tapándome los oídos y abriéndome la boca. Las estanterías a nuestro alrededor, o lo que quedaban de ellas, habían caído al suelo. La biblioteca había comenzado a arder descontroladamente y aunque el sistema contra incendios se activó, no parecía afectarle mucho a aquel fuego. Noté como Tokaku hacía el esfuerzo de levantarse, pero el equilibrio le jugaba malas pasadas y no lo conseguía, cayendo nuevamente sobre mí. De sus oídos discurría un pequeño hilo de sangre, que denotaba que sus tímpanos habían sido dañados por la amplitud de la explosión.

- ¡Tokaku! ¡Tokaku! ¿Estás bien?

Pero parecía no escucharme. Sus ojos se encontraban idos, señal de que estaba mareada. Iba a intentar levantarse cuando oí un disparo. Agarré a Tokaku y, con todas mis fuerzas, la atraje hacia mí. Al parecer fue un gran error. La había escuchado quejarse y apoyar la frente en el suelo justo a mi lado, podía escuchar su respiración; jadeaba. Miré su hombro. La bala había impactado de lleno. Me sentí fatal. Me puse aún más nerviosa.

- ¡Tokaku! Lo siento. ¡Tokaku, lo siento mucho! - le grité mientras unas lágrimas de culpa invadían mi rostro.

Se separó un poco de mí y consiguió levantarse. Con el brazo contrario, se agarraba el hombro herido mientras miraba hacia un lado y a otro buscando al agresor. Me dijo que me levantase y me fuese corriendo a la habitación. Pero no pude hacerlo. No podía dejarla allí luchando por mi vida. Me levanté y cogí nuestras cosas. Evitando el fuego intenté seguirla pero el humo era demasiado denso y la perdí. Me encontré en la salida y decidí esperarla ahí. Quería haber entrado a buscarla pero sabía que se enfadaría conmigo si lo hacía. Apenas cinco minutos después la vi salir. Pero lo que vi me hizo sentir… ¿celos?

Cuando abrí los ojos estaba en el suelo sobre Haru. Me pitaban los oídos y sentía que algo bajaba por el los laterales de mi cara. Me dolía la cabeza y, cuando intenté levantarme esto resultó misión imposible. Estaba demasiado mareada, el mundo me daba vueltas. Haru me habló. Lo sé porque vi cómo movía los labios, no porque pudiese escucharla. Me quedé unos segundos hipnotizada mirando sus labios. No entendí por qué no había podido apartar mi vista de ellos. De repente, sentí como agarraba mi ropa y me acercaba hacia ella. Comencé a sentir dolor en el hombro. Apoyé mi cara en el suelo, al lado de Haru. No había escuchado disparos, pero sabía que lo que había impactado en mi hombro y me provocaba tal dolor era una bala. Me alejé un poco de Haru, con la intención de levantarme o al menos intentarlo otra vez. Vi a Haru hablándome otra vez, pero seguía sin escucharla. Le pedí que se fuera a la habitación. O al menos eso intuí, porque tampoco me escuchaba a mí misma. Fui en busca de la atacante. En aquel momento no supe quién podía ser, no detectaba ningún olor que no fuese pólvora y quemado. El humo me impedía ver pero, poco a poco, el resto de mis sentidos se fueron agudizando y el pitido de mis oídos fue cesando lentamente hasta desaparecer. Comencé a seguir una silueta, al parecer, sin que la persona a la que pertenecía se diese cuenta. Cuando se percató de mi presencia, debido a que apenas unos metros nos separaban, me apuntó con un arma. No me fue difícil arrebatárselo de una patada. Después de haber mandado a volar su pistola me fijé en ella. Era la representante de la clase. Se llamaba ¿Kaminaga? ¿Kouko Kaminaga?

- ¿Qué pretendes defendiendo a Ichinose? - me gritó - ¿Te han contratado como su guardaespaldas?

- No pretendo nada, lo hago porque lo he decidido así.

Yo tampoco terminaba de entender por qué lo hacía. Pero en aquel momento me daba un poco igual. Kouko sacó un arma blanca y arremetió contra mí. Tampoco fue fácil quitársela. No tenía una buena técnica de cuerpo a cuerpo y mucho menos parecía ser una asesina experimentada. En cuanto pudo salió corriendo, huyendo de mí. Corrí detrás de ella hasta que se encontró de bruces con el fuego que había provocado la explosión de la que ella misma fue la causante. En un intento de esquivarlo y dar marcha atrás algo no fue bien. La vi caer al suelo retorciéndose de dolor y agarrando su tobillo con una mano. Con la otra agarraba una cruz que llevaba a modo de colgante mientras lloraba como si no hubiese un mañana y gritaba algo así como "Irena, perdóname". Se encontraba nadando en la desesperación, supongo que pensando que yo iba a matarla, aunque no pretendí hacerlo en ningún momento. Comprendí que Kouko no estaba en la clase negra por gusto o por un trabajo cualquiera más. Seguramente buscaba obtener la recompensa para librarse de algo, para dejar de sentirse culpable por algo. Una especie de redención. Sin pensarlo dos veces, me acerqué a ella y la cogí en brazos. Sorprendida por mi acción se agarró a mi ropa como pudo.

- ¡A-Azuma! ¿Qué haces?

- Nos vamos.

Agarró mi hombro herido con fuerza mientras me gritaba que la dejase allí. Ante mi respuesta negativa, comenzó a patalear mientras aún la sostenía en mis brazos. Estaba fuera de sí. No sabía qué pasaba por su mente, pero debían de haberse encontrado muchas cosas cuya unión no era precisamente buena.

- Déjame aquí - me volvió a rogar -. Por favor Azuma, déjame aquí.

- ¿Quieres morir?

Kouko se sorprendió, no sé si fue por la pregunta o por mi tono frío. Asintió.

- ¿Por qué? ¿Para librarte de tus problemas?

Desvió la mirada, lo que era claramente una respuesta positiva.

- La muerte es la solución fácil, para cobardes. En ningún momento pensé que fueras una cobarde.

Soltó mi hombro. Deslizó su mano hasta el lateral de mi cuello manchándome con mi sangre. Escondió su rostro en el otro lateral. Susurró algo de lo que no llegué a enterarme. Siguió deslizando su mano con suavidad por mi cara hasta que llegó a mi sien. Levantó la mirada hasta encontrarse con la mía. Era una mirada que rogaba perdón, a la vez que ayuda, y que escondía mucho dolor. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal al ver sus ojos.

- Pero… no puedo hacerlo sola, sigo siendo muy débil.

No respondí. Su tono, frágil, me había dejado petrificada.

- ¿Me ayudarías Azuma? -las lágrimas volvían recorrer su rostro.

- Ahora mismo estoy algo ocupada, con Ichinose…

Bajó su mano. Volvió a agarrar mi ropa y a esconderse en mi pecho. Noté como mi camisa empezaba a humedecerse.

- Seguro que aquí en la academia encuentras a alguien que pueda ayudarte - intenté consolarla imitando las palabras y el tono que habría visto en cualquier película. Quizás por eso no sonó demasiado convincente. No hubo respuesta, solo la escuché sollozar.

La saqué de allí. En la puerta de la biblioteca esperaba Haru, con un rostro que no llegué nunca a descifrar.

- To…kaku… ¿qué ha pasado?

- Ella era nuestra atacante - respondió Tokaku señalando con la mirada a una confundida Kouko.

- ¿Y la salvas a pesar de que ha intentado matarnos? - preguntó señalando su hombro y con un tono de molestia bastante notable.

Tokaku asintió. Kouko lloraba en los brazos de Tokaku, intentando desahogarse de todo lo que la atosigaba, y parecía que Haru iba a estallar en llanto también en cualquier momento. En ese instante sonó el móvil de Haru. Una llamada de la directora, que le indicó que no fuese a la enfermería, debían ir a la habitación de Kouko donde serían tratadas de las posibles heridas que tuvieran. A Tokaku le causaba respeto esa mujer, debía ser el diablo, lo sabía todo y tenía ojos al tanto de todo. Mientras caminaban, ahora que había cierto ambiente de calma, Tokaku comenzó a sentir un hormigueo en la espalda que se fue transformando poco a poco en dolor físico. Llamó a Haru, que caminaba delante suya un poco enfadada.

- Mira si tengo algo en la espalda, por favor. Me está empezando a molestar.

Haru la obedeció. Se puso detrás de ella para observar si tenía algo y se quedó anonada. Se había quemado. Toda la camisa se había quemado y la mayor parte de su espalda también. ¿Cómo no podía haber notado aquello hasta ahora?

- Te has quemado - anunciaba Haru incrédula -. Te has quemado entera. No sé cómo ha sobrevivido tu sostén - se le escapó en voz alta, pero ninguna de las dos la oyeron.

- Es increíble lo que me está doliendo esa maldita quemadura.

- Es que no es precisamente pequeña - dijo Haru en tono de reproche.

Ambas se quedaron mirándose en silencio unos segundos para después dirigirse de nuevo a la habitación. Una vez allí, les esperaba una enfermera y la compañera de Kouko, la chica llamada Suzu Shutou que, ajena a lo que había ocurrido, se veía sorprendida y aunque estaba claro que quería preguntar se mantuvo al margen todo el rato. Tokaku dejó a Kouko en la cama y mientras la enfermera examinaba su tobillo, se quitó con cuidado la camisa, órdenes de la enfermera, para luego ser tratada. Necesitó la ayuda de Haru pues la movilidad de uno de sus brazos se había visto reducida por la herida de bala. Tokaku examinó a Haru de arriba abajo varias veces para cerciorarse de que no estaba herida. Aun habiendo comprobado que no, quiso preguntar pues el rostro de Haru delataba que algo le pasaba.

- Ichinose, ¿estás herida en algún sitio?

- No… yo no… Pero mírate tu - dijo mientras acariciaba la zona alrededor de la herida de bala.

A Tokaku le agradó la sensación del tacto de Haru en su hombro, pero la acción se vio interrumpida. La enfermera había terminado con Kouko y se disponía a curarla a ella. Una vez hubo terminado, Tokaku y Haru se disponían a marcharse a su habitación pero, la voz de Kouko las retuvo.

- No sé cómo agradecerte que me hayas salvado, Azuma, a pesar de que he intentado mataros.

- ¡No hay nada que puedas hacer y que sea suficiente para agradecérselo! - gritó Haru enfadada, aún seguía celosa porque Tokaku hubiera llevado en brazos a la otra chica aunque sabía que no debía estarlo, ya que a ella la había llevado también - ¡Estás en deuda con ella de por vida!

- Ichinose, relájate -le pidió agarrándola de la ropa para evitar que se acercara más a la otra chica.

De un manotazo, Haru apartó la mano de Tokaku y se fue de la habitación enfadada. Tokaku no intentó detenerla, lo había interpretado como un berrinche de una niña chica. Era cierto que había salvado a quién había intentado matarla, pero tenía sus motivos, y sus acciones no iban a ser siempre de acuerdo a la opinión de Haru.

- Me gustaría saber una cosa Kaminaga, ¿qué te ha traído a la clase negra?

Kouko meditó por unos segundos si responder.

- Está bien. Como sabes, la ganadora de la clase negra puede pedir como recompensar lo que quiera…

Así, acabó contándole como un fallo en una de sus bombas había provocado la muerte de la persona que más quería y que más la había ayudado en aquel orfanato-convento: su mentora Irena; a partir de lo cual huyó por la culpa que sentía y porque no quería dedicarse al asesinato, provocando esto que las personas de aquella organización le persiguieran. Quería dejar el mundo del asesinato. Como recompensa, si hubiese ganado, habría pedido una vida normal. Su historia conmovió a Suzu, que escuchaba desde la estancia contigua. Tokaku le agradeció que se lo contara y se marchó a su habitación.

Una vez allí Tokaku encontró a Haru sentada en su cama, enfadada y casi a punto de estallar en llanto. Le preguntó si había recibido un sobre negro por parte de Kouko, a lo que Haru asintió.

- Lo vi mientras recogía mis apuntes… Pensaba decírtelo, pero no me dio tiempo - tras responder parecía que su enfado se había disipado.

Con aquellas palabras, Haru quería hacer ver a su compañera que confiaba en ella, que no se lo estaba ocultando. Tokaku advirtió aquella estrategia con suma rapidez.

- ¿Intentas convencerme de que confías en mí?

- ¡No! No intento convencerte, intento demostrártelo.

- ¿No acaba siendo lo mismo? - preguntó mientras se aproximaba a la cama.

- Claro que no.

La mirada de Tokaku era fría, no tanto como en días anteriores, pero mostrarse distante era sin duda lo suyo. Haru se acercó lentamente al borde la cama. Cogió su manos y se las llevo a su pecho.

- Claro que no es lo mismo Tokaku.

Levantó la mirada para encontrarse con los que a su parecer, eran los más hermosos ojos azules que hubiese podido ver nunca. Tokaku quedó levemente sorprendida. La mirada de Haru transmitía calidez la vez que una pequeña sonrisa que denotaba nerviosismo e inocencia se formaba en su rostro.

- Convencerte sería hacerte pensar la realidad que yo quiero y demostrarte es hacer que veas la realidad que estoy construyendo.

Tokaku se vio incapaz de responder a aquellas palabras que sonaban tan convincentes. Haru soltó las manos de Tokaku y la abrazó, escondiendo su rostro en el pecho de la peli azul. Tokaku soltó un leve y casi imperceptible quejido al ser abrazada pues las manos de Haru habían dado de lleno en sus heridas.

- Piénsalo. Es imposible que no deposite mi total confianza en ti. Sólo hoy me has salvado la vida dos veces, tres en total. ¿Crees que posible que no confíe en mi salvadora? ¿En la persona que arriesga su vida por la mía? - preguntó alzando la vista para volver a encontrarse con aquellos ojos azules.

- Vale, vale, lo he pillado. No hace falta que te repitas más. Vayamos a dormir ya - dijo Tokaku intentando cambiar el rumbo de la conversación.

- ¿Crees que dudaría de mi... amiga? - Haru seguía insistiendo.

Tokaku se sentía intimidada ante los ojos de Haru, nuevamente no supo qué responder. Rompió el abrazo y, en silencio, se fue a la cama.

La abracé. Desde hacía un tiempo tenía la necesidad de abrazarla constantemente. La necesidad de tenerla rodeándome con sus delgados pero fuertes brazos, de sentir su calor y de que sintiera el mío. Le solté no sé qué parrafada sentimental. Alcé mi vista. Me encontré con sus ojos azules, que expresaban una mezcla entre confusión y nerviosismo por no saber qué estaba pasando. Intentó cambiar la conversación a la vez que apartaba la mirada.

- ¿Crees que dudaría de mi… amiga? - pregunté y su mirada confusa volvió a encontrarse con la mía.

No me respondió. Tan solo se apartó y se fue a la cama, sin soltar palabra. No sé qué efectos provocó mi pregunta en ella. Tampoco supe exactamente qué significaban los que provocó en mi. ¿Por qué me había costado tanto decir la palabra "amiga"?¿A qué se debió aquella sensación de vacío en mi interior? ¿Por qué el corazón me dio un vuelco, tal vuelco que en mi interior podía sentir como se rompía en mil pedazos lentamente?