Me desperté. Estaba sola en la habitación, en la cama de Tokaku. Miré el reloj, eran las diez de la mañana. A esa hora debería estar en clase y no en la cama de mi compañera. Me encontraba un poco adormilada. Levanté la vista. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal de arriba abajo. Takechi estaba justo delante de mí. Me sonreía de una forma un tanto sádica mientras acercaba su mano a mi rostro. Parpadeé un segundo y desapareció.

- Haru…

Mi corazón se llenó de gozo. Esa voz… era de Tokaku, que estaba sentada a mi lado. Sus ojos me miraban con ternura, algo que no le había visto hacer nunca. No podía parar de mirar sus labios, entreabiertos, que tenían pinta de manjar y, en mi mente, me invitaban a probarlos continuamente. Me tiré sobre ella, quedando ella tumbada en la cama y yo sobre su cuerpo. Nuevamente estaba anhelando su calor, un calor que esta vez no era capaz de sentir a pesar de que la abrazaba con fuerza. La escuché gritar. El eco de aquel grito de dolor se coló en mi oídos mientras un sentimiento de preocupación me invadía.

- Buenas noches querida Haru.

Me alejé un poco de Tokaku y me giré. Vi como Isuke se marchaba de la habitación sonriente después de haber dicho aquellas palabras y como Kouko aparecía llorando de rodillas en medio de la estancia. Volví a mirar a Tokaku. Sus brazos estaban llenos de cortes de los que discurría lentamente su sangre. Su camiseta se empezaba a tornar roja a la altura del hombro. Presioné la herida para intentar detener el sangrado. Parecía que funcionaba pero cuando quise darme cuenta la mayor parte de la cama estaba roja y el epicentro de toda aquella sangre no era el otro que la espalda de Tokaku. Empecé a llorar, sentada sobre su vientre, sin saber qué hacer mientras se desangraba justo delante de mí. Me incliné hacia ella y agarré suavemente su rostro con mis manos.

- Tokaku, por favor, mírame… Tokaku…

Me escuchó. Abrió sus ojos lo más que pudo y me miró. Sus ojos me pedían perdón. No supe interpretar por qué se disculpaba, ella no era culpable de nada. En todo caso, la culpa sería mía ya que yo soy el objetivo. No reaccioné. Tan solo me angustiaba al ver cómo su vida se desvanecía justo delante de mí. Cerró los ojos. Aún respiraba aunque con bastante esfuerzo. Reunió toda la fuerza que tenía en aquel momento para incorporarse, haciéndome resbalar y quedar sentada sobre sus piernas.

- Haru - su rostro aún estaba entre mis manos -. Tranquila - acaricié sus mejillas con mis pulgares -, no voy a morir - se me escapaban las lágrimas -. Haru, te amo…

Redujo la distancia entre nuestros labios lentamente dispuesta a besarme y yo a dejarme besar. Pero sus labios nunca llegaron a los míos por mucho que lo deseara.


- Tokaku -susurró Haru somnolienta - ¡NO! -gritó incorporándose bruscamente en su cama, empapada en un sudor frío.

Miró a la cama de Tokaku, estaba vacía. Echó un vistazo rápido al reloj, las cuatro de la mañana. ¿Dónde podía estar Tokaku a esa hora y herida? Tiró las mantas al suelo y salió de la cama en un abrir y cerrar de ojos. Distinguió algo de luz proveniente del cuarto de baño y, abriendo la puerta torpemente por el nerviosismo, entró como un huracán. Tokaku estaba allí, intentando quitarse la camiseta. Cuando quiso darse cuenta, Haru estaba abrazada a su compañera nuevamente. Pero, esta vez, a diferencia de en el sueño que acababa de tener, el cuerpo de Tokaku si que transmitía calor.

- ¡Mierda! Ichinose, ¡aparta!

Había hecho demasiada presión sobre sus heridas sin darse cuenta, movida por la alegría de ver que todo lo que había visto no era más que un sueño y que Tokaku estaba bien.

- ¡Perdón! - dijo rompiendo el abrazo - He… acabo de tener un sueño horrible…

- ¿Tan horrible ha sido? - preguntó Tokaku al notar la mirada vacía de Haru.

- Sí…

Tras meditarlo unos segundos y consultarlo varias veces consigo misma, Tokaku extendió los brazos en la dirección de Haru. Le permitía ese abrazo que tanto quería si tenía cuidado con sus heridas. Haru la entendió con suma facilidad. Se acercó y lentamente, con cuidado, rodeó el cuello de Tokaku con sus brazos y apoyó su rostro en el hombro que no estaba herido.

- Tokaku, tengo miedo de perderte… - le susurró al oído.

Las piernas de Haru flaquearon cuando recordó como la había perdido en aquel sueño pero antes de que cayera Tokaku la sujetó por la cintura.

- No va a pasar nada. Mira, ayúdame a curarme la herida de la espalda y volvamos a la cama ¿vale?

Haru asintió. Acarició el rostro de Tokaku mientras retiraba sus brazos y volvió a asentir. Le ayudó a quitarse la camiseta, que se estaba quedando pegada a la herida y comenzaba a molestarle más de lo que debería. Aplicó un desinfectante y en cuanto la piel lo hubo absorbido, volvió a colocarse la ropa.

- Vamos, Ichinose - dijo Tokaku sujetando su mano y guiándola a la cama.

El corazón de Haru reaccionó cuando le sujetó la mano. Se estaba volviendo loco y su ritmo había aumentado frenéticamente. La mirada de Tokaku seguía mostrando indiferencia y frialdad, pero sus actos con Haru estaban cambiando. A pesar de las diferencias que habían tenido y de la situación en la que se encontraban, comenzaba a sentirse a gusto con Haru. Algo que no había sentido desde hacía mucho tiempo. Por su parte, Haru se alegraba y se emocionaba por cada gesto de su compañera.

Antes de que Tokaku pudiese decir nada, Haru se tiró en su cama y le preguntó si podían dormir juntas, siempre con esa sonrisa de oreja a oreja en la que ahora se notaba preocupación y algo de miedo. Tokaku estaba aprendiendo a percibir las emociones que Haru escondía en sus sonrisas. Aquel, le pareció un mundo muy amplio y hasta cierto punto fascinante.

- Solo si no te mueves mucho en la cama - aceptó en contra de lo que esperaba Haru.

- Estaré más quieta que una roca, ¡prometido!

Y así fue. Se tumbó al lado de Tokaku. Se fue acercando a ella durante la noche hasta acabar agarrada a su brazo y apoyando la cabeza en el hombro sano de Tokaku.

Varias horas después se encontraban haciendo el examen "sorpresa" que había anunciado Mizorogi el día anterior. En la clase solo faltaba Takechi. Al terminar las clases, Tokaku le preguntó a Nio la razón de que la chica estuviese ausente mientras Kouko, que tenía que ayudarse de muletas para andar debido a su lesión, e Isuke seguían allí. La respuesta de la rubia fue simple: cada asesina contaba con dos oportunidades, en la teoría era una oportunidad por cada objetivo, aunque no había ninguna norma que indicara que no se podía atacar dos veces a la misma persona si se había fallado la primera vez. Takechi había usado esas dos oportunidades, así que estaba fuera del juego. Ese mismo día se decidió que para el festival que se celebraría dos semanas después interpretarían una obra de teatro en la que Kirigaya y Namatame serían las protagonistas. El resto de la semana transcurrió con relativa normalidad hasta el sábado por la tarde.

Ahora que sus heridas estaban bastante mejor, Tokaku bajó a la enfermería para que le limpiaran las heridas y le explicasen la nueva forma de tratarlas, de acuerdo a la menor gravedad que ahora presentaban. Mientras Tokaku se encontraba ausente, Haru llegó a la habitación después de darse un relajante baño. Sintió una leve decepción al ver que su compañera y amiga no estaba allí, aunque sabía que no iba a estar dónde y cuándo ella lo desease. Se recriminó a sí misma el estar deseando siempre que Tokaku estuviese con ella, estaba siendo egoísta, no podía intentar monopolizar a una persona, por mucho que se estuviera enamorando de ella. Al soltar su bolsa de aseo en la cama se dio cuenta de que le habían dejado una nota.

"Nos vemos a las 22:00 horas en el escenario del gimnasio. Tokaku."

La caligrafía le resultó bastante caótica, no muy propia de Tokaku, pero al ser la nota tan escueta y directa Haru no se paró a dudar de la autoría de esta. Eran las nueve y media. Tenía tiempo de sobra para ir tranquilamente y aún le sobraría tiempo. Prefería llegar temprano a su ¿encuentro? ¿cita? ¿quedada? con la peli azul así que dirigió con rapidez al gimnasio. Una vez allí, buscó a la persona que esperaba ver, pero no la encontró por ningún lado. En su lugar se encontró con Haruki, la chica que era la compañera de habitación de Isuke.

- Haruki, que sorpresa verte aquí - dijo Haru un poco sorprendida y con cierto grado de preocupación.

Haruki se acercó a Haru para entregarle algo. Un sobre. Negro.

- ¿Sí? ¿Por qué? ¿Esperabas encontrarte con tu amante? - preguntó entre risas la chica de cabello rojo.

- ¡Claro que no! - negó rápidamente Haru mientras observaba el sobre entre sus manos - Es solo que no me esperaba verte a estas horas por aquí. Aunque… también es cierto que iba a reunirme con otra persona.

- ¿Esperabas a una chica… de pelo azul llamada Tokaku? -le susurró al oído.

A Haru se le erizó la piel. En aquel momento, más que en ningún otro, deseaba haberla encontrado a ella y no a Haruki.

- No tienes que abrirlo - comentó Haruki -. El aviso se hace efectivo una vez el sobre llega a tus manos. Tranquila, solo voy a librarte de tus ataduras.

Justo después comenzó a sentir una especie de hilo metálico que se iba cerrando en torno a su cuello, hasta que la presión era la suficiente como para estar ahorcándola. Pero aquella sensación se desvaneció con rapidez.


Llegué al gimnasio más rápido de lo que pensaba después de ver la nota en la cama de Haru. Estaba segura de que había caído otra vez en la trampa de alguien. ¿Para qué iba yo a citarla en otro sitio si vivimos solas en la misma habitación? Entre con cautela y de forma sigilosa. Había luna llena así que no me fue difícil ver por dónde iba. A lo lejos distinguí dos siluetas. Una, claramente, pertenecía a Ichinose y la otra, al ser alguien alta y atlética, supuse que podía ser Sagae. Me acerqué un poco y comprobé que así era, se trataba de ella. De repente, Ichinose se llevó las manos al cuello, como si estuvieran ahorcándola y Sagae tiraba de algo. Pero no había ninguna cuerda ni nada parecido. Algo brilló reflejando la luz de la luna. Lancé un cuchillo hacia donde había visto la luz y corrí hasta situarme entre ellas. Efectivamente, había conseguido cortar algo puesto que había liberado a Ichinose, que de rodillas tosía e intentaba recuperar la respiración. La luna estaba esa noche de mi lado.

- No te esperaba tan pronto Azuma…

- ¿Estás bien Ichinose? - le pregunté ignorando un poco a Sagae.


No esperaba respuesta verbal pues Haru tenía que recuperar el aliento primero. Aún así Haru, que estaba de rodillas en el suelo junto a ella, agarró su falda y dio un tirón suave para dar una respuesta afirmativa. Tokaku, al notar aquel gesto, esbozó una muy leve sonrisa, que no duró mucho. Haruki se arremetió contra ella con bastante fuerza. Tokaku consiguió para algunos golpes, pero se llevó más de los que pudo evitar. Esta vez, su contrincante se especializaba en el cuerpo a cuerpo, sería una lucha más complicada. Entre una sucesión de golpes, Tokaku vio una abertura que si la aprovechaba, podía darle el control de la contienda. Pero perdió la oportunidad, recibiendo una fuerte patada en el estómago que la mandó a volar contra una montaña de cajas apiladas.

- ¡Tokaku! - gritó Haru desde el otro lado del escenario.

- Relájate - respondió Haruki -. Ese golpe no ha sido nada para tu amante.

En ese momento, Tokaku salió de entre las cajas, sin ninguna herida nueva, pero con el cuerpo un poco dolorido por la cantidad de golpes que estaba recibiendo. Por suerte, excepto el último, ninguno había sido de gran importancia.

- No soy su amante - negó la peli azul mientras se disponía a buscar de nuevo esa abertura.

Haru se sintió apenada. Era cierto que no eran amantes, tan solo compañeras de habitación y amigas; pero habría preferido que no lo negase tan rotundamente, así no estaría tan segura de que Tokaku no compartía los sentimientos que ella comenzaba a tener por su compañera.

- Claro que no, solo haces de guardaespaldas por gusto, ¿cierto? - ironizó Haruki.

- No tengo que darte explicaciones de lo que decido hacer.

La verdad era que no estaba muy segura de por qué la ayudaba, pero en ese momento no podía alterar su temperamento, tal y como intentaba Haruki. El factor psicológico jugaba un papel decisivo pues Haruki la superaba en fuerza, aunque quizás no en técnica. De nuevo, ambas arremetieron contra la otra lanzando una sucesión de golpes que eran bloqueados. Por primera vez, Tokaku había conseguido evitar todos los ataques de Haruki, aunque ninguno de los suyos había impactado en su objetivo. Ambas se alejaron un poco de la otra, preparando el siguiente "asalto". Contra lo que esperaba Tokaku, su adversaria tiró de algo que activó algo así como un mecanismo cerca de Haru. Tokaku tuvo que lanzar el cuchillo que aún llevaba oculto para detener aquello y cerciorarse de que no le ocurría nada a Haru.

- ¡Qué ferocidad! Haru debe ser muy buena en la cama para que tengas tanto ímpetu - se burlaba Haruki.

- ¡No hemos hecho nada! - gritó Haru nerviosa con las mejillas del color del pelo de Haruki, aunque solo lo notó ella.

Antes de que Haruki pudiese reaccionar, Tokaku lanzó una serie de golpes que consiguieron impactar. Sin embargo, el objetivo principal era recuperar el primer cuchillo que había lanzado, que se encontraba cerca de los pies de su rival. El éxito fue rotundo y tras recuperar el arma arremetió contra Haruki sin piedad, causándole ciertos cortes superficiales en los brazos y en el torso. El balance de la contienda había cambiado drásticamente, ahora era Tokaku quien tenía el control; prácticamente habían vuelto al otro lado del escenario, donde habían iniciado, con Haru. Aunque Haruki más o menos conseguía cubrirse Tokaku no paró de atacar. Constantemente, un golpe tras otro. La otra chica era muy fuerte, debía aprovechar el momento. Cuando parecía que lo tenía todo bajo control, Haruki usó su último movimiento. Dejó que Tokaku acertase un golpe en su brazo mientras volvía a utilizar uno de esos hilos. No hubo reacción inmediata, pero Tokaku sabía que algo iba mal. Escuchaban tubos metálicos chocando unos con otros. La sonrisa de satisfacción en el rostro de Haruki por un trabajo bien hecho mientras miraba hacia arriba la delató. Los focos. Los focos sobre el escenario.

- ¡Ichinose! ¡Sal del escenario! - ordenó Tokaku.


Ichinose, como si no temiese lo suficiente por su vida, no reaccionó. Se había quedado pasmada, mirando a Haruki. Quería haber sacado a ambas de allí, pero se antojaba imposible y tuve que elegir. Claramente, la vida de Ichinose era lo primordial para mí en aquel momento. Más que elegir, dejé a Sagae de lado, a su suerte, tal como su mirada indicaba que deseaba. Corrí hasta Ichinose, que realmente se encontraba cerca, lo que fue un punto a mi favor, la arrojé fuera del escenario con toda la fuerza que mi cuerpo herido y magullado me permitió. Mire a Haruki una última vez mientras comprobaba que los focos y todo el entramado metálico se venía abajo. No. No me daba tiempo. Iba a salvar mi vida. Pero no pude. Haruki, que ahora me miraba decepcionada, había usado sus hilos para atraparme. No podía moverme. Busque a Ichinose fuera del escenario para asegurarme de que estaba bien antes de irme, dejando el trabajo que yo misma me había dado a medias. Estaba allí, doliéndose del golpe, pero por lo demás nada. Sentí tranquilidad. Luego un dolor insufrible por todo el cuerpo. Y, por último, sentí como la muerte venía a por mí.


Me había quedado embobada en Haruki, en ese rostro que no temía a la muerte, sino que la estaba retando. Estaba jugando con su vida. Sentí como Tokaku me agarraba y me empujaba con fuerza lo más lejos del escenario que pudo. El desnivel del escenario con el suelo era considerable y el golpe me dolió bastante. Justo antes de que los focos cayeran sobre el escenario, noté que Tokaku me miraba, con tranquilidad, a pesar de que estaba a punto de morir. Quise correr hasta donde ella estaba. Abrazarla. Besarla. Y pedirle perdón. No podría aceptar que Tokaku muriese protegiéndome. Pero los focos cayeron, y yo no había conseguido ni siquiera levantarme del suelo. Ni siquiera llamar a Tokaku. Decir su nombre. Pedirle que sobreviviera, que no me dejase sola. Quería haberle dicho lo importante que se estaba volviendo para mí. Quería haberle confesado que me estaba enamorando de ella a pasos agigantados, que se había vuelto fundamental en mi vida. Pero no pude. No pude…