Disclaimer: Ningún personaje de la serie Naruto me pertenece, sino a Kishimoto. Solo he utilizado dichos personajes para el fin de entretenimiento.

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IMPOSIBLE

Capitulo 4: Konoha

Los senderos más insospechados atraían con su curiosidad la mayor cantidad de miradas, a pesar de que todos sabíamos que si cruzábamos, nunca más veríamos nuevamente el sol.

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El camino de grava se hizo cada vez más y mas largo mediante veía que su caminata pasaba las horas que ella pensó demorar; estaba cansada y a la vez nerviosa, para que lo iba a negar. Sus manos temblaban incontrolables, y sus pies, pesados por las emociones que la dominaban, se negaban a avanzar otro tramo más. Rin se enrollo a sí misma en un abrazo cuando se dio cuenta que no solo sus manos y pies se sentían hinchados y temblorosos por los nervios. Todo su cuerpo tiritaba por la emoción, sus manos apretaron sus brazos respectivamente mientras respiraban una y otra vez para calmarse a sí misma.

Rin tenía la mala manía de que; antes de que sucediera algo importante, ya sea una misión o algo parecido, a ella siempre le recorría la adrenalina correspondiente por todo su cuerpo, lo cual causaba que esta tuviera un irrefrenable temblor por cada uno de sus miembros. Sus pies se ponían pesados, sus manos sudaban y tiritaban, su cadera hacia un tic ligero hacia la izquierda y su cuello la obligaba a moverse temblorosa impidiéndose una correcta visión.

—¡Cálmate!

El hecho de saber que se encontraba regularmente cerca de Konoha, tan cerca de besar aquel suelo que una vez fue su hogar, y que de ahora en adelante seria el suyo otra vez hasta morir nuevamente. Pensar que tras las puertas de madera y acero del portón principal de Konoha estaba esa bella ciudad de amables personas, con la calidez clásica que te trae caminar por la avenida principal, los parques relucientes de roció en las mañanas, el joven Teuchi de Ichiraku Ramen que seguramente ya sería un hombre, la señora Nodoka que le vendía los mas deliciosos dangos y no olvidemos a la persona más importante que quería ver… Kakashi.

Aquel sujeto tan frio y distante, y a la vez tan amable y comprensivo. El ninja más capacitado que alguna vez Rin haya visto; cuando Rin se hallaba en sus brazos sabía que no tenía nada de que temer. Kakashi era su mejor amigo.

Sus temblores empezaron a menguar, agradeció internamente que sus pensamientos hayan tomado otro tipo de rumbo y evitar pensar que se sentía tan emocionada en volver… oh no… ahí iba de nuevo.

Me imagino que debes saber que significan aquellos dos kunais en el árbol de la derecha, es la bienvenida a los ninjas que regresan a su hogar y una advertencia para los forasteros Tobi dio un suspiro evitando en todo momento ver aquellas pálidas mejillas—, por más que quisiera guiarte un poco más, me es imposible acercarme de esta manera. Así que… Rin… fue un placer pasar este tiempo contigo pero tengo que marcharme.

A lo mejor nos volvemos a encontrar suspiró Rin al notar que el enmascarado le empezaba a dar la espalda.

—… —Tobi sabía que era imposible, sobre todo por el plan que él ya había tramado y necesitaba seguir para conseguir lo que deseabano lo creo pero… me hubiera gustado muchísimo, adiós Rin.

La muchacha no supo que fue lo que causo que recordara aquella despedida, aquel momento en que el enmascarado tuvo que dar la vuelta y regresar por donde vino sin voltear una sola vez para verla. Ni siquiera una vez.

Rin aun podía recordar con claridad como sus cabellos negros se ondeaban junto a su capa-túnica estampada que usaba, y en mitad del bosque finalmente se perdió; de eso, hace alrededor de una hora que había pasado.

Por el momento ella debía concentrarse en volver a su aldea; rio sin ganas, una aldea que no la recordaría de nada puesto que ahora mismo ella no era nadie. Solo un puñado de personas podría reconocerla, entre ellas su mejor amigo Kakashi. Suspiro. Esto iba a ser realmente difícil. No tenía idea de cómo él reaccionaria ante su presencia.

—Si lo conozco bien, cosa que a veces dudo, se sorprenderá ligeramente y luego empezará a interrogarme. Sí, creo que eso pasará.

Rin no pudo notar cuando de pronto alrededor de cuatro presencias se posicionaron justo frente a ella. La banda que los cuatro traían los declaraba como ninjas de la aldea de Konoha, eso no sorprendió a Rin, es decir, sabía que en cualquier momento iba a encontrárselos, solo que no pensó que sería tan pronto.

Sin mala intención, metió la mano en su mochila mientras veía como la kunoichi que aparentaba ser la mayor apuntaba un kunai en su dirección, la mujer traía el cabello negro totalmente suelto y unos ojos rojos raudos que Rin estaba segura haber visto en algún lugar.

—¿Quién eres? Debes saber que estas muy cerca de ingresar a nuestra aldea, y por lo que puedo ver no llevas puesta ninguna banda así que—

Kurenai no pudo seguir hablando cuando la encapuchada saco de su mochila una banda de Konoha que inmediatamente ato a su cuello, demostrándole sin mala intención o sorna que ella también era parte de su aldea. Kurenai volteo a ver a Kiba quien se mantenía alerta y en posición de ataque, por su parte Akamaru olía el ambiente con curiosidad, ladro una sola vez dándole a entender a los cuatro presentes que conocían muy bien al perro, que la muchacha no aparentaba una amenaza. Eso los relajó a todos, Akamaru era muy bueno para captar las intenciones de las personas, olía las mentiras a kilómetros.

—Disculpa —empezó Kurenai mientras guardaba su kunai en la bolsa de la espalda—, he de admitir que en estos momentos, como comprenderás, estamos algo hostiles con los forasteros. ¿Vienes de una misión?

—Sí, de hecho me dirijo para Konoha, ¿ustedes también van para allá, verdad?

—Si —asintió Kurenai mientras daba la vuelta seguida de sus ex alumnos, dado que ellos ahora eran chunnin Kurenai ya no era su maestra ni mentora. Ahora todos ellos eran compañeros.

—A lo mejor, podría regresar con ustedes…

—No creo que haya algún problema, dado que vamos al mismo lugar —sonrió la kunoichi de cabellos negros dándole una tierna mirada a la desconocida–.

Rin, por su parte, por fin pudo reconocer a la ninjas de ojos rojos como la sangre, era su compañera de academia Kurenai. Si bien Rin nunca había tenido un acercamiento muy directo con ella, podía recordarla por esos crudos ojos que asustaban a muchos de sus compañeros. No mentiría al decir que una vez Kurenai se sentó a su lado, un día que Obito no llego a clase como de costumbre. La ninja de cabellos negros le había pedido amablemente que le cediera el asiento puesto que el suyo se había ensuciado.

Rin volteo a ver el asiento usual de Kurenai y suspiro, Ibiki había volteado un vaso completo de jugo sobre la carpeta y asiento, y hasta que llegara alguien de limpieza para ordenar ese desastre ella no podría sentarse ahí. Sin dudarlo, Rin se lo cedió, quitando las cosas que había puesto ahí para guardárselo a Obito.

Rin, no había querido en realidad pero tuvo mucha curiosidad, así que justo cuando le dijo que si ante la petición de la muchacha, la miro directamente a los ojos. Eran tan profundos, tan oscuros y tan… solitarios. En ellos vio sangre, sangre manchada por los de los muertos. Se quedo quieta ante ella mientras Kurenai le clavaba la mirada como mil agujas.

Fue solo 10 segundos pero Rin tuvo pesadillas con esos ojos por alrededor de una semana, y por supuesto evitaba mirarla a la cara en cualquier momento en que estuviera con ella. Solo había una persona que pasaba todo el tiempo con la kunoichi de ojos color sangre, y ese era su compañero Asuma.

—…a lo mejor ya salió del hospital, es decir nosotros nos fuimos hace tres días y si bien aún seguía en cama, a lo mejor él se fortaleció y le dieron de alta.

—Un ataque de un miembro de Akatsuki no es fácil de repeler, y mucho menos un ataque de ese sujeto. Ya te lo había explicado Kiba, su genjutsu fue capaz de rechazar el mío. Esta en un nivel totalmente diferente a un jounnin, por eso es considerado un criminal rango SS —explico Kurenai lentamente mientras se mordía la yema de su dedo gordo. Itachi Uchiha era un hueso duro de roer, pelear con él sin tener consecuencias en el proceso era simplemente impensable. Kakashi era la viva prueba de eso–.

Hinata no opino mientras volteaba ligeramente la cabeza a ver a la desconocida junto a ella. Su capucha no dejaba entrever absolutamente nada de ella, era como si la escondiera del mundo pero a la vez les decía que ella era alguien en quien de verdad fiarse. Lo cual era totalmente ilógico puesto que ella se estaba escondiendo con la capucha puesta.

Aun así Hinata sentía la irrefrenable sensación de que estando con esa desconocida estaba segura. La pregunta era… ¿Por qué…?

Rin sabía que hasta el momento todos se fiaban de ella puesto que la capa tal y como el dios lo había mencionado, hacia que los demás confiaran en ella ciegamente. Así nadie pediría que se quitara la capucha y mostrara su identidad puesto que ya confiaban. Esperaba que dicho trapo siguiera con su función hasta llegar a la Hokage, no quería ningún inconveniente por el momento.

Y mucho menos uno que involucre algún tipo de interrogatorio hacia ella y su… extraña reaparición.

—No recuerdo haberte visto por aquí —empezó Hinata mostrando su más sincera sonrisa.

—Soy una chunnin, subí de rango durante los últimos exámenes.

Eso desconcertó a Hinata.

—No recuerdo haberte visto en el último examen… yo participe en ese, fue organizado por mi compañero Shikamaru. Al final, estuvimos todos los participantes en la oficina del Hokage y… recuerdo que todos mis compañeros pasaron pero tú… tú no estabas ahí.

¡Santa mierda! ¡Debió haber dicho que era una jounnin!

—Lo lamento, tal vez no lo parezca pero tengo la edad de aquella jounnin de cabellos negros. Llevo en mi misión muchos años, tantos que perdí la cuenta de ellos. Por lo que mi examen para subir a chunnin, a mi me parece como si hubiera sido solo ayer.

Hinata sonrió con dulzura comprendiéndola y para alegría de Rin no objeto nada de lo que le dijo. ¡Se había salvado!

Ninguno de ellos se detuvo hasta llegar ante la fortaleza que era Konoha, sus portones eran tan grandes e imponentes que demostraban así de que estaban hechos los ninjas pertenecientes a sus tropas. Fuerza y fiereza.

Por su parte, los civiles corrían entre las calles, los niños jugaban con espadas de madera y las niñas se desvivían ante los ventanales admirando la muñeca de moda. Los adultos corrían las avenidas con carretas en las espaldas y muchas mujeres ofrecían a los mercaderes algo que tomar. El viento levantaba las telas que muchos vendedores usaban para cubrirse del sol, el cual azotaba con fuerza, calentando todo a su paso.

Rin admiro desde fuera, todo el jolgorio que presentaba su hogar.

Su querida Konoha.

Al pasar el portón, Kotetsu les dio una ojeada pero al notar a Kurenai entre dichos ninjas que ingresaban, sonrió tranquilo y volvió a tratar de dormir.

Rin estaba dentro…

Rin había llegado a Konoha.

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Llegar a la torre del Hokage no había sido especialmente difícil después de todo, el equipo de Kurenai se iba para la misma dirección, así que inconscientemente ellos le estaban mostrando el camino, ignorantes de que Rin ya casi lo había olvidado.

–¿Cuánto tiempo tomo tu misión? –comenzó Kurenai, quien caminaba al lado de Rin, delante de ella, conversando muy amenamente iban Kiba y Hinata, Shino intentaba incorporarse pero fracasaba miserablemente–, Hinata me comento que le dijiste que llevabas muchos años en ella. ¿Cuántos fueron?

–Alrededor de doce años, actualmente tengo veintiocho.

Kurenai se sorprendió, esa también era su edad.

–Increíble, te tomo muchísimo tiempo.

–Sí. Incluso estuve a punto de olvidar como volver a mi aldea.

Kurenai rio ligeramente ante el comentario de la encapuchada– ¿Es esa la razón por la cual pediste acompañarnos? –espeto con una mirada de complicidad.

La capucha no pudo esconder el sonrojo que se instalo en las mejillas de Rin. Lo cual causo una carcajada mayor en Kurenai, la había atrapado con las manos en la masa.

Mientras subían las escaleras se pregunto cómo sería la nueva Hokage de dicha aldea, sabía que era mujer puesto que su rostro había sido tallado en piedra en las montañas. Tal vez era una mujer dulce y amable, alguien fuerte y leal a los suyos, capaz de matar por proteger a los que quería. O tal vez era una mujer altanera a la que le gustara apostar…

Rio internamente, definitivamente era la primera opción, nadie aceptaría a una vividora como Hokage.

–Adelante –sin notarlo, el equipo de Kurenai y Rin ya habían llegado justo frente a la puerta que conectaba a la oficina de la líder de Konoha. Esta fue abierta por Shino quien iba delante de todos, seguidamente por Hinata, Kiba y Kurenai en ese orden.

Antes de terminar de pasar, la pelinegra jounnin le dio una mirada de extrañeza, Rin parecía reacia a ingresar. Con delicadeza poso una de sus manos sobre el hombro pequeño de la encapuchada.

–¿No vas a pasar?

Rin se mordió los labios.

–No. Den su informe, cuando salgan yo entro, me parece que demorare un poco más que ustedes.

Kurenai asintió en comprensión y cerró la puerta tras de ella dejándola afuera.

Rin se dejo caer por la pared mientras trataba en vano de ordenar todas sus ideas. ¿Qué era lo que se supone que le diría a la Hokage en cuanto la viera?

Que había resucitado por obra de un dios que nadie podría darle credibilidad de existir. Que le había dado una banda de Konoha para pasar sin ser descubierto y no era una ladrona. O que Obito estaba a punto de empezar una maldita guerra por ella.

¡Maldita sea! Si ella decía eso ultimo, Obito sería condenado a morir en vez de dejarlo regresar, definitivamente tenía que guardarse muchísimos detalles en cuanto ingresara por esa puerta. Con rapidez y con mucho nerviosismo busco entre sus cosas algo en donde escribir sus ideas, desesperada por encontrar algo donde anotar sin perder la ilación de sus pensamientos e ideas.

No había nada. ¡Doble maldita sea!

A este paso tendría que improvisar, y eso era lo que menos quería.

¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?

Estuvo alrededor de quince minutos con las manos en la cabeza, ordenando todo lo que diría en su cabeza, reservando y clasificando las cosas que definitivamente no podría contar y encontrando la excusa perfecta o mentira que la salvaría de que la tacharan de traidora, espía o hasta de loca.

La puerta se abrió cuando Rin por fin pudo ponerse de pie; sus piernas se habían entumecido.

Kurenai salió con una sonrisa de satisfacción en toda la cara.

–Es tu turno.

Cuando el último del grupo de Kurenai salió por esa puerta, ella ingreso y cerró tras su espalda.

–Buen día, Hokage sama. Probablemente no me conozca pero tengo algo muy importante que contarle. Algo que cambiara nuestro mundo.

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N/A: WAAAA¡! Finalmente acabo el siguiente capítulo, wao, normalmente no logro actualizar tanto una historia, tal vez para ustedes me demoro pero a comparación de otras historias, esta es la que se actualiza más rápido… me pregunto por que será. En fin, gracias por seguir aquí 3 nos leemos en el siguiente capitulo uwu