En la mañana del día de la representación

Chitaru y Hitsugi acababan de despertarse. Un rayo de luz se colaba entre las cortinas para acabar dando de lleno en la cama donde ambas se encontraban. Hitsugi, que fue la primera en abrir los ojos, llevó sus manos hacia el rostro de la otra chica para acabar atrayéndolo hacia el suyo y besarla. Chitaru decidió abrir los ojos en ese momento, a sabiendas de que se encontraría con los de Hitsugi, mientras esta se alejaba un poco de ella. Le mostró su mejor sonrisa, una de las cosas de las que Hitsugi se había enamorado, y le robó un beso, al igual que la chica de pelo celeste había hecho con anterioridad. Ambas sonrieron.

- Buenos días - dijo Chitaru con un tono suave.

- Buenos días - le respondió Hitsugi abrazándola.

Ambas notaron el roce de su piel con la piel de la otra. Fue entonces cuando recordaron que estaban desnudas, habían caído rendidas tras una ardiente noche en la que se demostraron su amor. Se habían enamorado con muchísima facilidad. Apenas al poco de conocerse, se hicieron inseparables hasta que se dieron cuenta de que habían caído en los brazos de Cupido.

- Esta noche ha sido fantástica - rompió el silencio la chica más pequeña -. No sabía que eras tan buena en esto - dijo con no demasiada inocencia.

- A decir verdad, es la primera vez que se lo hago a alguien… Supongo que el que estés enamorada de mí ha hecho que disfrutases más - le dijo con un tono muy pícaro.

Las mejillas de Hitsugi se tornaron del color del cabello de su amante. Nerviosa, salió de la cama y se vistió, alegando que debían darse prisa si no querían perderse el desayuno.

Después de la primera comida del día, tuvieron el último ensayo general de la obra en el que se pretendía dejar todo visto para sentencia en poco tiempo. Sin embargo, tardaron más de lo esperado y cuando quisieron darse cuenta, era la hora de almorzar. Resultó extraño, pero acabaron comiendo todas juntas. De forma general, la conversación fue fluida y amena. Incluso Tokaku, aunque en parte obligada por Haru, participó en la charla.

Tras aquel inesperado pero agradable almuerzo, subieron a las habitaciones a descansar y relajarse hasta la hora de la representación. Chitaru y Hitsugi se encontraban en su habitación, en el sofá viendo una película. Hitsugi se dejaba caer en el cuerpo de la pelirroja que, a su vez, se permitía rodear el cuerpo de Hitsugi suavemente con sus brazos, abrazándola. Ambas estaban muy inmersas en la película. Les llamó mucho una de las frases. "George, me he enamorado de ti… casi sin conocernos y, eso, es lo que nos lleva a nuestro final". Les pareció bonita a la vez que cruel; digna de una tragicomedia griega.

Se acercaba la hora de la representación y las chicas de la clase negra fueron bajando al gimnasio para prepararse. Chitaru y Hitsugi llegaron un poco tarde, cuando las demás ya estaban listas. Entraron al almacén en el que se habían cambiado las demás.

Desde una tablet, conectada a unas cámaras que Nio había puesto para la ocasión, las chicas de la clase presenciaron la escena, en la que Hitsugi confesaba primero indirectamente y luego de forma más contundente que ella era la asesina a la que Chitaru buscaba por venganza.


- Chitaru.

Me acerqué a la persona que me llamaba. Mi pequeña Hitsugi dejaba entrever un atisbo de preocupación en su rostro, casi imperceptible. Me dijo que quería ayudarme con la persona a la que buscaba pero, sujetando sus pequeñas manos, le pedí que se mantuviera al margen, que no quería meterla en mis problemas. Me insistió diciendo que era la única persona que podría ayudarme en el tema, depositando luego un beso en mis manos.

- Chitaru, me he enamorado de ti… - dijo imitando un tono que me sonaba de algo.

Me sonaba de algo, de algo reciente, de la película que habíamos estado viendo hacía apenas unas horas. Me quedé en shock al comprenderlo, momento que aprovechó para besarme.

- Chitaru, hay algo de lo que quiero hablarte…

Me confesó entonces que ella era Angel Trumpet, tal y como Tokaku había llegado a sospechar e incluso me había sugerido. Me pidió perdón por sus actos, pero yo… ¿yo era capaz de perdonarla? No, en aquel momento no. Estaba demasiado confusa. Aturdida. Decepcionada. Dolida. Con un enorme vacío en el pecho, un vacío que no estaba siendo capaz de soportar. Ante mi silencio, me ofreció dos objetos que resultaron ser puñales, como los que usaríamos en la obra. En la funda de uno de ellos ponía LOVE. En la funda del otro, JUSTICE. Dijo que el primero era falso, que lo usara si conseguía perdonarla, y el segundo era de verdad, debía usarlo si no era capaz de ello.

- He entregado mis dos sobres, uno a cada una - anunció.

- ¿Pero realmente tienes pensado atacarlas? - pregunté preocupada, sabiendo que Sumireko no debía ser presa fácil y que en el caso de Haru, tendría que enfrentarse a Tokaku.

- No lo sé… pero me da igual no conseguirlo y me da igual la recompensa que ofrecen porque lo que realmente quiero no pueden dármelo. Tu corazón solo puedes dármelo tú - en cualquier otro momento, sus palabras me habrían conmovido y me habrían llevado a tenerla entre mis brazos; pero en aquel momento, sus palabras solo dolían.

Tras eso, volvió a besarme. Esta vez, más apasionadamente, pues, podía ser la última vez que lo hiciera. Se marchó entonces, dejándome meditar con tranquilidad mis acciones próximas, de las que dependía su vida.


- ¡Vaya, qué cruel Kirigaya! - exclamó Nio mientras reía con sorna.

- Llegué a sospechar de ella pero no terminaba de imaginarlo- comentó Tokaku a su lado.

- Pues no sé qué le ve Kirigaya a Namatame - saltó Isuke -. A mí no me va nada el look de príncipe, prefiero a la clase obrera - dijo entre risillas.

- ¿Sabes que Sagae es muy pobre? - preguntó Nio a Tokaku, dando a entender que ambas se traían algo entre manos.

Tokaku pasó olímpicamente del comentario de la chica rubia y se dirigió al lateral del escenario, donde estaban ya las demás preparadas. Comenzó la representación. Todo marchaba bien. Ningún incidente. Lo único llamativo fue, quizás, que Sumireko intentaba coquetearle a su compañera de habitación, lo que dejó un poco asqueada a Isuke ya que ella en ese momento no podía hacerlo con su compañera.

El personaje al que Haru interpretaba acababa de morir. Salió de escena para encontrarse con Hitsugi, que esperaba pacientemente su turno de aparecer nuevamente. Haru, que había recibido un sobre negro de su parte, se mantuvo alejada de ella. No tenía a Tokaku cerca de ella y eso, en cierta medida, la dejaba intranquila a pesar del perfil bajo que mantenía la pequeña asesina.

- No hace falta que te alejes tanto, no tengo planeado actuar.

Haru se relajó un poco y destensó su cuerpo, pero aún así no se acercó a la otra chica.

- ¿Sabes? He visto que tu relación con Azuma es muy parecida a la mía con Chitaru.

La mirada de Haru delataba que estaba intrigada, ¿qué podía saber ella?

- Pero… vosotras dos sois amantes, ¿cierto? Tokaku y yo no somos nada - dijo Haru intentando ocultar su decepción.

- Cierto. Aún así es parecida. Podrías ver la reacción de Chitaru para guiarte y saber qué hacer con Azuma - dijo amablemente, con una sonrisa en el rostro, mientras se marchaba para entrar de nuevo en escena -. Aunque la mayor diferencia radica en que yo no manipulo a mi pareja - sentenció.

Haru se quedó muda. Comenzó a divagar por sus pensamientos. En silencio. Ella no manipulaba a nadie. No manipulaba a Tokaku, se repitió. Sintió una presencia que la sacó de su mundo. Se trataba de la persona en la que estaba pensando en ese momento. Tokaku. Se mostraba molesta. Quizás se dejaba ver molesta porque solo estaban ellas dos, si hubiera alguien más, con toda seguridad no mostraría nada. Había escuchado la conversación. Seguro.

- ¿Me manipulas? - preguntó desde la distancia.

- Claro que no…

Ahora, los ojos de Haru delataban seguridad, estaba convencida de lo que decía. Parecía que Tokaku había dado por válida aquella respuesta.

- Y… ¿qué es eso de que no somos nada? - preguntó acercándose a Haru, a quién la pregunta pilló desprevenida.

- ¿S-somos algo? - el nerviosismo era notable en la voz de Haru.

Tokaku había llegado hasta donde estaba Haru sin volver a pronunciar ninguna palabra, con la mirada fija en ella y aún visiblemente molesta.

- Me dijiste que éramos amigas, ¿era mentira?

Haru sintió como su mundo se venía abajo para subir después, a un ritmo frenético, una y otra vez. Su corazón respondía demasiado mientras su mente estaba tan aturdida por la pregunta que no era capaz de articular palabra. Tenía a Tokaku justo delante de ella. Haru puso las manos sobre los hombros de la peli azul. Escondió el rostro en su cuello mientras agarraba la camiseta de Tokaku. Estaba demasiado feliz. Aunque anhelaba llegar a ser tener algo más con Tokaku, no estaba nada mal que la peli azul la considerase al menos su amiga, significaba que tenía sentimientos de aprecio por ella. Lo cual, no estaba nada mal, teniendo en cuenta que en un principio había venido a la academia para matarla. Estuvo unos segundos escondiéndose de Tokaku, para que no pudiese ver su nerviosismo. Aunque no se había tranquilizado, decidió acercarse al oído de Tokaku para susurrarle:

- No, no era mentira.

Ambas notaron como un escalofrío recorrió la espalda de la peli azul, debido al suave contacto del aire que Haru exhalaba al hablarle tan cerca de una zona erógena. Sin embargo, no se alejó tal y como Haru pensó que haría. Le permitió el contacto en todo momento. Haru rodeó con sus brazos a la otra chica, apoyándolos en los hombros de esta.

- Por supuesto que somos amigas - dijo depositando un suave beso en la mejilla de Tokaku -. Pero, hablábamos de ser algo más…

En ese momento, se acercó Nio, para indicar que Tokaku debía volver al escenario, para morir en aquella escena. Aunque no dejó que se le notara, tenía toda la piel de gallina y no estaba precisamente tranquila. Consiguió hacer la escena bien, pero fue por mecánica, ya que en su mente no dejaba de reproducir la sensación que le produjo el contacto de los labios de Haru con su mejilla. Para cualquier otra persona quizás fuera algo simple, pero para la peli azul el contacto con otra persona era todo un mundo.

Pero ahora, debía centrarse en otra cosa. Era la escena final. El desenlace de la obra. Y, tal vez, solo tal vez, el fin de la relación entre las asesinas que la protagonizaban.


Habíamos terminado los diálogos, a Romeo solo le quedaba acabar con la vida de Julieta. Hitsugi simulaba estar inconsciente en mis brazos. Acerqué el puñal a su pecho. Cuando sintió el contacto, abrió los ojos. Al principio me miraba feliz pero cuando vio que era el real, su mirada se distorsionó.

- Hitsugi - susurré entre lágrimas -, lo siento, no puedo perdonarte, necesito acabar con Angel Trumpet. No puedo dejar que quedes impune.

Me limpió las lágrimas como pudo con las mangas de su vestido. Volvió a sonreírme, pero de forma apática, con desgana. Se acababa de resignar, acababa de aceptar que iba a matarla. Esa era mi intención, sin embargo, no era capaz de introducir el puñal en su pecho, mi mano no se movía.

- Lo comprendo Chitaru, no tienes que disculparte, todo ha sido culpa mí al fin y al cabo - su voz temblaba mientras me hablaba, ella también quería llorar -. Te ayudaré, las dos mataremos a Angel Trumpet.

Dicho esto, agarró mi mano y se clavó el puñal con todas sus fuerzas. Cuando quise darme cuenta, la sangre de Hitsugi había empapado mi mano y su ropa. Temblaba, todo mi cuerpo temblaba. Hitsugi, se me iba mi pequeña Hitsugi… Como si de un acto reflejo se tratase, saqué el puñal de su pecho para introducirlo con rabia en el mío, esperando seguir a la persona que amaba a donde quiera que fuese a ir. Apenas unos segundos después, mi conciencia comenzó a nublarse. Habían bajado el telón. Miré al lateral del escenario, donde estaban las demás, visiblemente sorprendidas. Mis ojos se fijaron en Haru. Quizás… quizás ella fuese igual que Hitsugi, quizás no fuera una persona tan inocente como aparentaba. Después de todo, cualquiera no entraba en la clase negra y menos, como un objetivo a eliminar.


Chitaru cayó sobre el cuerpo de Hitsugi. Ambas estaban inconscientes mientras comenzaban a desangrarse. Desde el lateral todas observaban la angustiosa escena, algunas más sorprendidas que otras. Nio, que miraba entre risas por la incredulidad, avisaba a la directora por teléfono de lo ocurrido para que le diera órdenes de qué hacer. Tokaku fue la primera en reaccionar, dándole poca importancia y acercándose a Haru, que estaba aterrada y decepcionada, para que se fueran de allí.

Haru estaba desolada. A los ojos de Tokaku, aquello le había afectado demasiado. Quizás porque aquellas dos chicas se amaban, quizás porque se hubiera hecho amiga de ellas también en esos días previos a la función. No sabía la razón, y tampoco sabía cómo calmarla o hacer que se evadiese del tema.

- ¿Quieres que vayamos a bañarnos a las aguas termales? - sugirió al ver en un folleto sobre la mesa en el que hablaban de las prestaciones del edifico de dormitorios.

Haru la miró. Su rostro arrastraba tristeza. Pedía a gritos silenciosos que Tokaku la abrazara, que la reconfortara en sus brazos. Pero la peli azul no terminaba de entender aquella mirada. Aún así, se sentó en la cama, al lado de Haru. Y le acarició suavemente el pelo.

- Bajemos y así te despejas un poco, ¿vale?

El tono suave de Tokaku dejó patidifusa a Haru, que no se lo esperaba para nada, y que entendía el enorme esfuerzo de la chica por intentar animarla. Haru asintió y se levantó enérgicamente. Agarró la mano de Tokaku y volviendo a sonreír, aunque sin ganas, la llevó casi a rastras a las aguas termales.

El lugar, como era de esperarse, estaba completamente vacío. Haru se desvistió y se metió en el agua con rapidez, para poder ver a Tokaku quitarse la ropa tranquilamente. Se sorprendió a sí misma al descubrir sus propios pensamientos. "Es para saber si aún tiene heridas", se dijo a sabiendas de que las únicas heridas que podía tener a esas alturas era en la mano. Se ensimismó tanto en su debate moral que no se percató de que Tokaku se había sentado en el borde de aquella piscina de agua caliente.

- ¿No te bañas conmigo? - preguntó Haru al ver que la peli azul no se había quitado la ropa y apenas había introducido los pies en el agua.

- No, realmente, no se me apetece - respondió Tokaku llevándose la mano al pelo y desviando la mirada de la chica que se había situado justo delante suya desnuda.

- Eres una pervertida Tokaku.

- ¿Qué?

La mencionada, que se había quedado a cuadros, dirigió sus ojos a los de Ichinose.

- Solo querías verme desnuda - afirmó con picardía.

- ¡Qué! - exclamó Tokaku poniéndose nerviosa -. Cl-claro que n…

El corazón de Tokaku se detuvo en aquel preciso instante. Haru había apoyado sus manos en los muslos de la peli azul y había sacado la mitad de su cuerpo del agua, inclinándose sobre Tokaku. Sus rostros se habían quedado a un par de centímetros. Tokaku, más nerviosa aún que antes y sintiendo como el calor comenzaba a recorrer su cuerpo, apartó sus ojos de la seria y penetrante mirada de Haru. El agua bajaba por su cuerpo. Comenzaba en su pelo. Caía a sus hombros. Se deslizaba por su pecho. Acariciaba sus caderas, altura a la cual terminaba el recorrido. Haru notó como unos ojos azules recorrían su cuerpo de un lado a otro con cierta incomodidad, repasando por momentos sus cicatrices, mientras ella terminaba de salir del agua y se acomodaba en las piernas de Tokaku, envolviendo su cuello con los brazos.

- Ya te he visto antes desnuda Ichinose - dijo tras haber recuperado inexplicablemente su tranquilidad habitual -. No es nada nuevo - añadió mientras agarraba las manos de Haru para alejarla.

Pero, a pesar de haber dicho que no, Tokaku sabía que sí era algo nuevo. Era la primera vez que el nerviosismo a gran escala se apoderaba de su cuerpo mientras veía el de Haru. Incluso el calor y la sensación de querer quedarse así la habían invadido. A sus ojos, Haru estaba jugando con ella. No le parecía algo que hicieses con cualquiera, eso de subirte sin ropa y empapada encima de otra persona. Y, ¿estaba dejando que Haru jugase con ella de tal forma? ¿Podía realmente Haru jugar así?

- Yo sí que quería verte a ti desnuda - confesó con un suave susurrar en el oído de Tokaku.

- ¿Qué? ¿P-ara qué?

- Para ver cómo van tus heridas.

- Pero, Ichinose, sabes que ya no tengo ninguna.

- Demuéstramelo - la retó Haru.

¿Desde cuándo Haru podía tener tal picardía? Esa era la pregunta que no dejaba de dar vueltas por la mente de Tokaku.

- No creo que sea necesario - sentenció la peli azul intentando zafarse de Haru, que aún estaba sentada sobre ella.

Tokaku esperaba oír una queja pero, en vez de eso, Haru agarró con fuerza su camiseta e impulsándose en el borde saltó hacia atrás, arrastrando a Tokaku al agua con ella. Pasaron unos segundos bajo el agua, mirándose, embobadas una en la otra. Haru estaba feliz, ofreciendo esa radiante sonrisa por la que Tokaku comenzaba a sentir cierta adicción. Le daba igual que al final Haru la hubiese arrastrado consigo pues, había conseguido animarla. Estaban tan concentradas en ojos ajenos, que tardaron en darse cuenta de que no disponían de aire ilimitado. Así pues, salieron del agua. Puesto que la ropa de Tokaku estaba totalmente empapada, acabó subiendo a la habitación en toalla.

Antes de entrar en la habitación, Haru se quedó pensativa, mirando la puerta que estaba justo en frente de la suya. Meichi le había dicho por mensaje que ambas estaban vivas, en mejores o peores condiciones, y que ninguna estaba cerca de morir. Ahora estaba más tranquila. Realmente, se lo debía a Tokaku. Esa asesina que a pesar de su carácter, era demasiado amable.

- En seguida vengo - anunció Haru mientras Tokaku entraba en la habitación.

Había recibido una llamada de Nio que no había podido contestar y decidió hacerle una visita antes de dar por acabado el día. Su puerta era la última del pasillo, aunque rara vez no se encontraba en el cuarto de Meichi en vez de en el suyo. En esta ocasión sí que estaba allí. Le abrió comentando que esperaba su visita. Ambas se conocían desde hacía tiempo, pero no por ello les agradaba demasiado la otra. La invitó a pasar aunque le dijo que sería algo muy breve. Le dio un pequeño frasco con un líquido de color naranja bastante oscuro.

- ¿Qué es esto?

- Cuando os vayáis a acostar, dáselo a Tokaku. Es un afrodisíaco bastante potente. Os he visto en las aguas termales y está clarísimo que estás deseando tirártela - decía riendo -. Quizás si le das esto su apetito sexual sea tan grande que no pueda evitar lanzarse a devorarte, comenzando por aquí - puso sus dedos en los labios de Haru -, continuando por aquí… - deslizó sus yemas suavemente por el rostro, luego por el cuello y casi hasta llegar a su pecho; justo cuando Haru reaccionó y se apartó.

- ¿¡Qué estás diciendo!? - gritó atónita - ¡No veo a Tokaku de esa forma!

Era cierto que estaba completamente enamorada, pero no era su principal necesidad tener sexo con ella. La chica rubia había estallado en carcajadas.

- ¡Claro que no! - exclamó Nio con tono de burla - ¡Tendrías que ver cómo babeas sin poder quitarle los ojos de encima!

Haru quiso replicar pero cuando fue a hacerlo era demasiado tarde, Nio la había empujado fuera de la habitación y había cerrado. Al otro lado, aún se podía escuchar su risa. Haru entró en su habitación, sin recordar que llevaba aquel frasco hasta que se le resbaló y casi se le cae al suelo. Lo soltó en la mesa, con pudor y con cierta repulsión. Era algo que no pretendía usar nunca a menos que Tokaku se lo pidiera. A menos que Tokaku se lo pidiera… ¡Maldición! ¿¡En qué estaba pensando!? ¿De verdad estaba obsesionándose con que Tokaku comenzase a fijarse en ella? No, debía dejar de pensar en eso, tenía que centrarse en seguir sobreviviendo a la clase negra.

Cuando se acercó a la estancia de las camas, observó a Tokaku. Estaba sentada en la suya, en el centro, poniéndose unos calcetines.

- ¿Qué te ocurre Ichinose?

Se había quedado mirándola sin darse cuenta.

- Na-nada. Estaba en mi mundo.

Tokaku dio aquella respuesta por válida pues ni contestó ni preguntó de nuevo. Aún así, Haru siguió observándola unos segundos hasta que decidió correr desde donde se encontraba para tirarse encima de la peli azul.

- ¿Qué-qué estás haciendo Ichinose? - preguntó Tokaku sorprendida al verse tendida en la cama con Haru sobre ella, en su intento de aprisionarla con fuerza. Sin embargo, Tokaku apartó las extremidades ajenas con facilidad.

- Quiero dormir contigo Tokaku, ¿puedo? - dijo Haru dejando caer su cabeza en el pecho de Tokaku.