- Te cuelas todas las noches en mi cama, ¿y hoy me pides permiso para hacerlo?
El tono de sorpresa fingida de Tokaku era más que evidente. El nerviosismo creció en Haru, que pensaba que al entrar y salir de la cama mientras su compañera estaba dormida, no se habría dado cuenta de sus movimientos nocturnos. La peli azul notó el estado de Haru. La agarró por la cintura, y dio la vuelta a la situación. Ahora era ella quien miraba desde arriba.
- ¿De verdad? ¿Pensabas que no me daría cuenta?
La mente de Haru debatía la respuesta que debía dar. En parte se sintió como una acosadora, se pasaba el día mirando a Tokaku, pensando en ella, colándose en su cama… Mientras su mente trabajaba, no se percató de que la peli azul levantaba su blusa, dejando al descubierto su vientre, zona que decidió acariciar muy suavemente con la mano. Tardó unos segundos en darse cuenta del contacto entre la piel de ambas y, entonces, la temperatura de su cuerpo comenzó a incrementarse. Los ojos de Haru se abrían como platos a la vez que Tokaku acortaba la distancia entre ambos rostros. Miró sus labios que se acercaban lentamente deseando que hiciesen contacto con los suyos propios. Los deseaba. Deseaba aquellos labios. Casi con locura. Pero, Tokaku… ¿la besaría tal y cómo ella quería? Cambió el destino de sus ojos para encontrarse con unos azules. Magníficos. Preciosos. Bellísimos. La cautivaban. Pero en ellos, no podía entrever qué pasaba por la mente de su dueña. Brillaban mostrando concentración. Pero, brillaban. Por primera vez, brillaban. No sabía el significado de aquel brillo. Lo único que sabía era que hacían más bonitos aquellos iris del color del mar. Tokaku desvió la trayectoria que llevaban inicialmente y acabó con sus labios rozando la oreja de Haru, para hablarle con la mayor suavidad posible al oído.
- ¿Lo notas?
- ¿El qué? - en aquel momento notaba demasiadas cosas.
- Tu cuerpo. Está muy caliente. Desprendes mucho calor cada vez que nos acercamos un poco. Es imposible no notar esta temperatura cuando te pegas a mí.
Sin dejarla responder, Tokaku pasó la mano libre por detrás de Haru, a la altura de la cintura de nuevo. Con un pequeño movimiento, quedaron como en el momento inicial: Haru tenía el rostro en el pecho de Tokaku. Con eso, Tokaku dio por contestada la pregunta de la chica que descansaba sobre ella aunque esta no lo notó en un primer momento.
- Esto… ¿es que sí?
Tokaku asintió. Haru emocionada, se sentó en la parte superior del vientre de Tokaku, agarró su rostro y la atrajo hacia sí. Depositó un sonoro beso en su frente que dejó a la peli azul un poco sorprendida. Después, le regaló una sonrisa, esa sonrisa que conseguía atrapar a Tokaku.
- Pues, voy a ponerme el pijama en un momento, ¿vale? - dijo guiñándole un ojo -. Gracias, gracias - repetía mientras dejaba más besos en Tokaku.
Observé a Haru apartarse de mí después de estar besuqueando mi frente. Me encantaban aquellas sonrisas que me ofrecía. Me resultaba tan agradable. Mis ojos se quedaron fijos en ella mientras me daba la espalda para cambiarse. Se quitó la blusa. Se quitó la falda. Cicatrices. Repartidas por todo su cuerpo. Las odiaba. Odiaba verlas en el cuerpo de una persona como ella, tan amable, tan risueña… Me quedé mirándola. Debió de ser demasiado tiempo porque me tiró la camiseta del pijama a la cara llamándome pervertida. Lo había escuchado varias veces esa tarde. Con la camiseta de Haru aún en mi cara y sin intención de cogerla y devolvérsela, vino a mi mente el momento en el que estuve a punto de besarla. Hacía apenas un par de minutos y yo, me acababa de dar cuenta de lo que había intentado hacer en una primera instancia.
Quería devolverle de alguna forma que hubiese intentado jugar conmigo esa tarde. Pero, no me había imaginado que por mi subconsciente pasaría aquella idea. Si realmente quisiera, ¿habría sido capaz de probar los labios de Haru?
¡Maldición! ¿Por qué me estaba preguntando aquello?
A pesar de que le daba la espalda, noté la mirada de Tokaku fija en mí. La miré de reojo un par de veces. No era una mirada intimidante. Ni fría. Eran las dos cualidades que mejor definían los ojos de Tokaku cuando nos conocimos. Ahora, sus ojos se posaban en mí con cierta calidez. Bueno, me consideraba su amiga, algo de aprecio sí que me tendría. Deseo. Ojalá me deseara, como yo no paraba de desearla a ella. Quizás… quizás Nio tuviese razón. Quizás moría por hacer a Tokaku mía.
Le hice algunos pequeños gestos pero, estaba tan embobada que ni los notó. Le tiré mi camiseta a la cara, gritándole que era una pervertida. Aún así, no reaccionó. Me acerqué y me senté en el lado de la cama a la vez que retiraba mi prenda de la cara de Tokaku. Había cerrado los ojos. Tenía una expresión tranquila. Noté, al fin, que estaba cansada. Yo también lo estaba. Me terminé de vestir y me tumbé a su lado.
- ¿Apago ya la luz? - preguntó.
- Sí.
- Espero que hoy no desprendas tanta calor - dijo con un pequeño tono de burla mientras estiraba el brazo para llegar al interruptor de la luz.
Ambas queríamos que no ocurriese. Pero ambas sabíamos que, al mínimos contacto, ocurriría. Tras apagar la luz, se acomodó a mi lado.
- Buenas noches - dije.
- Buenas noches - me contestó, creo, que por cortesía.
No pude evitarlo. Volví a invadir una mejilla de Tokaku con la mano, para acaparar la otra con mis labios. No dijo nada. Quería pensar que era porque no le disgustaba, al igual que el beso que le di durante la obra. Incluso, me atreví a pensar que le agradaban. Aunque quizás era demasiado atrevimiento. Ese día, le había dado dos besos a Tokaku y el hecho de que no se opusiera, que me dejase hacerlo, me hacía feliz. Con eso mente, caí rendida en brazos de Morfeo.
Me desperté sobre Tokaku. No supe cómo pero durante la noche había pasado de estar a su lado a subirme sobre ella. Pensé que estaría despierta pues, esta vez hasta yo había notado que mi cuerpo parecía un radiador. Sin embargo su pecho subía y bajaba de forma relajada bajo mi rostro. En aquel momento, quería que me estuviese abrazando. Alcé mi mano para posar mis dedos en sus labios. Paseé mis yemas por el lugar. Con mucho cuidado de no perturbar el sueño de la chica que me gustaba fui levantándome lentamente hasta acabar sentada sobre ella. Otra vez. No me cansaba de que quedásemos así a pesar de que solo hubiesen sido un par de veces. Apoyé mis manos en sus hombros y me incliné sobre ella. Esta vez sí. Esta vez iba a besarla. Iba a hacer lo que tanto deseaba. Iba a devorar sus labios. Iba a hacerlos míos. Estaba a escasos milímetros. Nuestras respiraciones se mezclaban. Pero… no podía hacerlo. Me había invadido la culpa. No podía besarla mientras dormía. Acabé soltando un suave beso en la punta de la nariz de Tokaku. Me quedé así unos instantes para seguir luego hasta su mejilla sin apartar mis labios de su piel. Tan suave… su piel me resultaba tan suave. Continué mi camino hacía su oreja. Mientras respiraba en su oído no sentí como las manos de Tokaku agarraban mis caderas.
- Tokaku - susurré justo antes lanzarme a morderla con suavidad.
Antes de lograr mi cometido Tokaku nos había hecho cambiar de posición. ¿Cómo podía hacer aquello con tanta facilidad? ¿Cómo podía mover mi cuerpo con tal facilidad? Inconscientemente, había rodeado su cintura con mis piernas y agarrado su camiseta a la altura de sus hombros para sostenerme.
- Dime.
Su tranquilidad contrastaba con el ritmo que en apenas décimas de segundos había alcanzado mi corazón. Me había metido en un lío. Iba a ser complicado explicar lo que había intentado hacer.
- ¿Qué te ocurría? - insistió.
Aunque los primeros rayos de sol intentaban colarse por la ventana, no podía ver su cara, pero sabía que esbozaba una sonrisa de superioridad. Se había dado cuenta, sí que había estado despierta. No conseguí articular palabra. Se acercó y me besó la frente. Justo después en la nariz. Y por último en mi mejilla. Mi temperatura corporal, en aquel momento, debía ser equiparable a la temperatura del sol. Mi cara tenía que estar tan roja como un tomate.
- ¿Qué? ¿Te da vergüenza? A mí también. Y más si hay gente.
No podía creerlo. Lo había hecho por venganza. Porque le había dado vergüenza. Empecé a reírme ante una incrédula Tokaku, que no esperaba mi reacción. Me reía tanto que se me fue la fuerza y la solté. Ella no entendía por qué y eso me hacía aún más gracia. Me estaba dando un ataque de risa. Tokaku se alejó y se levantó de la cama, miró la hora y comenzó a vestirse.
- No te entiendo. No sé por qué te hace gracia - parecía molesta. Pero no era conmigo, era porque no lo entendía.
- Perdón, perdón - dije mirándola desde la cama muriendo porque se tirase sobre mí.
Cuando terminó de cambiarse se volvió hacia mí y me lanzó una camiseta en la cara.
- Pervertida.
Estaba imitando mis acciones del día anterior, pensando que me molestaría. Que inmaduro y a la vez que adorable. No era nada propio de ella, pero me encantaba. Parecía una niña pequeña. Quería que fuese mi niña pequeña.
La semana del festival transcurrió sin que ocurriese ningún acontecimiento de relevancia para las chicas de la clase negra. El domingo por la noche convocaron a las asistentes de dicha clase, a todas menos a Haru y Sumireko. Querían hacer un repaso de la situación ahora que habían pasado un par de meses desde el comienzo de aquella aventura. Banba aún conservaba sus dos sobres, al igual que Suzu, Tokaku, Shiena y Namatame; pero Shiena estaba en el hospital por el envenenamiento y Namatame por haber intentado suicidarse, así que estaban temporalmente fuera. Aún así, como Hitsugi estaba eliminada por entregar ambos sobres, era muy posible que la pelirroja no volviese. A Sagae, Kouko, Inukai y Takechi les quedaba uno. Inukai y Kouko seguían en la clase pero Haruki estaba también en hospital y no se sabía cuándo volvería. Mientras, Takechi había desaparecido por completo.
En total, quedaban asistiendo a clase tan solo seis chicas, sin contar a la árbitra, la mitad de las que habían comenzado.
Lunes. De nuevo. El ánimo de Haru era imperturbable. Agarró el brazo de Tokaku durante todo el camino desde la habitación a la clase ante la desgana evidente de la peli azul por ir a clase. Aquel lunes en especial iba con el ánimo por las nubes pues había conseguido invadir todas las noches la cama de Tokaku, esta vez con la peli azul al tanto, y hacer que la abrazase al menos un rato hasta que se dormía. Estaba tan centrada en estar cerca de la peli azul constantemente que había comenzado a olvidarse de algo. Lo más importante mientras estuviesen en la clase negra. Los intentos de asesinato dirigidos hacia ella. Se había olvidado momentáneamente de su supervivencia.
Fueron las últimas en entrar en la clase a pesar de ser bastante temprano para el comienzo de las lecciones. Haru se sentó al lado de Nio, al igual que durante el resto del curso. Cuando Tokaku pasó entre ambos asientos, la rubia la detuvo.
- Ten, esto es para ti - anunció dándole una pequeña bolsa.
- ¿Qué es? - preguntó abriendo un poco la bolsa para echarle una ojeada a la vez que por detrás, Haru, curiosa, intentaba ver el contenido.
- Cartas. De tus fans. A montones.
Todas se quedaron asombradas al oír aquellas palabras de Nio.
- Si, si, no me miréis así. Tokaku está hecha todo un Casanova. Con su actuación en la obra del festival ha seducido como a veinte o treinta chicas.
- ¿T-todas chicas? - preguntó Kouko a lo que la rubia asintió - Es un poco inmoral…
- Y eso que estás enamorada de una - dijo con sorna Isuke -. ¡Qué hipócrita!
- Pero, ¿qué hago con todas las cartas?
- ¡Tienes que leerlas! ¡Y contestar a las chicas! - exclamó Haru alterada -. No… no puedes ignorar un gesto tan bonito como que alguien te exprese su amor…
- Eso no es amor - cortó Suzu -. Es capricho. La han visto un rato en una actuación y como les ha gustado lo que veían se han encaprichado de ella.
En ese mismo instante, Mizorogi entró al aula, cortando la conversación. Esto ayudó a que nadie se percatase de cómo Haru se relajaba un poco al escuchar tales palabras. Estaba preocupada de que Tokaku llegase a conocer a alguna de las chicas que se le habían adelantado y se enamorase. Aunque, no tenía certeza de que pudiera pasar. Ni tampoco sabía si su compañera de habitación era homosexual o le gustaban las chicas de alguna forma. De hecho, hasta ese momento ni se lo había preguntado.
Se mantuvo inquieta todo el día, insistiendo a Tokaku que debía abrir aquellos escritos, queriendo zanjar el tema cuanto antes. Por fin, por la noche, la peli azul se decidió a hacer lo que Haru había estado pidiendo constantemente. La mayoría decían lo mismo o eran casi iguales. Le llamó la atención la última carta. La única con un sobre diferente. Verde. En ella, una chica que afirmaba que se conocían en persona, se presentaba esta vez, correctamente. Firmaba como Miyuki Kanazawa.
- ¿La conozco? ¿Quién es?
La curiosidad de Haru comenzaba a no tener límites. Tokaku se había sentando en su cama para leer todo aquel material mientras Haru se había posicionado a su lado para poder estar al corriente también.
- Ni idea, no me suena ese nombre.
Siguió leyendo. La tal Miyuki la citaba al día siguiente porque quería hablar de algo. En el resto del contenido del escrito, la autora se deshacía en halagos y varias cosas a la que Tokaku prácticamente no echó cuenta.
- ¡Tienes que ir a verla mañana sin falta!
Haru sabía que a Tokaku no le hacía mucha gracia el hecho de tener gente encaprichada ella y muy posiblemente mandase a la chica a tomar por saco. Quería que ocurriese cuanto antes, así podría captar la atención de la peli azul.
- Pero, mañana íbamos a ir a la piscina después de clase, ¿no?
- Bueno, no pasa nada si llegas luego. Al fin y al cabo vamos a estar toda la tarde - dijo Haru cogiendo sus manos.
Haru observó a Tokaku detenidamente. La chica de pelo azul tenía la mirada perdida. Su rostro dejaba ver que estaba molesta.
- De verdad, esto me parece una enorme tontería. Vaya pérdida de tiempo…
- ¡Exactamente!
Tokaku no entendió lo que Haru quiso decir.
- Como no estás interesada en la tal Miyuki tienes que decírselo y así no perdéis el tiempo ninguna de las dos - aclaró Haru.
Aunque la peli azul quería pasar totalmente del tema, pensó que no estaba de más hacer lo que su compañera decía.
Después de clase, me fui corriendo a los vestuarios de la piscina para cambiarme pero solo me quité los zapatos. Toda la piscina y alrededores, dentro del edificio, había sido reservado para la clase negra, con lo que no tendría problemas al encontrarme con nadie. Me acerqué a uno de los extremos del sitio, desde el cuál podía ver a Tokaku sin que ella pudiese verme a mí. Estaba esperando a la chica que la había citado. A los pocos minutos apareció una chica rubia. Tenía una figura increíble, casi que mejor que la de Isuke. La examiné de arriba a abajo varias veces. Parecía un par de centímetros más baja que Tokaku, es decir, tendría más o menos mi altura. Tenía unos brazos finísimos que parecían hechos de porcelana por su blanca piel y por lo frágil que se vislumbraban. Su pecho no era demasiado grande, pero se veía muy bonito y de acorde al tamaño de la chica. Sus piernas sí que eran bastante largas y delgadas. No pude ver bien su rostro, pero estaba segura que sus facciones irían de acuerdo a su seductor cuerpo. Aquella chica podría conquistar a cualquiera que se propusiera.
Quizás, lo peor de todo, fue que Tokaku la reconoció. Y no parecía que detestase su compañía. Rogué que la rechazase rápido. Sin embargo, la conversación se alargó más de unos simples minutos y vi que a Tokaku parecía interesarle las palabras de Miyuki.
- Deberías cambiarte, ¿no crees? - la voz de Suzu me sacó de mi tarea -. Está prohibido entrar a la piscina con ropa normal - añadió.
- Es cierto… ya, ya voy - dije encaminándome al vestuario.
- Tranquila - una sonrisa se asomó en su rostro -, vigilaré que Tokaku no se enamore de esa chica.
Me paré en seco. Mi gesto de sorpresa llamó la atención de la otra chica.
- Se te van los ojos detrás de Tokaku todo el rato, hasta Mizorogi debe saber ya que te gusta tu amiga.
Agaché la cabeza por la vergüenza. ¿Tan obvia había sido todo el rato?
- Vo-voy a cambiarme… - anuncié.
Haru se alejó del lugar con prisas, deseando haberse percatado antes de que, seguramente en ese momento, toda la academia sabía que estaba bajo los efectos de Cupido. Bueno, ya podía haberse enterado todo el mundo que estaba segura de que Tokaku ni lo habría pensado.
Suzu vio alejarse al objetivo, a una de las razones por las que estaba allí. No entendía que habría hecho la chica para merecer la muerte a tan temprana edad, tan solo quince años… Pero eso era lo de menos. No le importaba. Solo le importaba la fantástica recompensa prometida. Una vez Haru hubiese muerto, la directora cumpliría su deseo. Le daba igual Sumireko. Era el objetivo difícil y a decir verdad, después de acabar con Haru tendría más que suficiente.
Observó a Tokaku, que seguía hablando. "Debe de ser la conversación más larga que has mantenido en tu vida Azuma…" - pensó. No conocía a la interlocutora de la peli azul, ni siquiera la había visto antes. Era otro detalle, a priori insignificante, de los que le hacían ganar tiempo, manteniendo a Haru lejos de su protectora. Sí, esa tarde iba a entrar en acción. Tenía que aprovechar el lío de Tokaku con sus "fans". Era ahora o nunca.
- ¿Y cómo sé que todo lo que me has contado es cierto?
- Es complicado de demostrar, pero si aceptas, te irás dando cuenta poco a poco de que no te miento.
Superioridad. Eso mostraba su rostro. Seguridad. Era lo que dejaban ver sus ojos. Pensaba que sería capaz de ponerme de su lado. Por un momento, yo también lo pensé. No podía arriesgarme, debía tomar o dejar aquella oferta con rapidez. Desvié la mirada para comprobar si Ichinose seguía observando desde la piscina. Aunque ella no lo sabía, yo también podía verla. Sin embargo, no era a Ichinose a quién vi allí. Al principio no había nadie. A los pocos segundos apareció Suzu. ¿Estaban solas las dos? Aunque Suzu había mantenido un perfil bajo todo el rato no podía relajarme en cuanto a Ichinose se trataba. Aquello, hizo saltar mis alarmas.
A pesar de que Miyuki no era una amenaza directa había estado alerta todo el rato. Pero, de repente, al no ver a Ichinose allí, bajé la guardia, centrándome en mi compañera de habitación. Compañera de habitación y… y amiga. La bajé demasiado. Y ella lo aprovechó. Cuando quise darme cuenta, se había acercado peligrosamente a mí apoyando sus brazos en mis hombros y pegando su frente a la mía. Intenté alejarme pero, a escasos milímetros de mi espalda tenía la pared, con lo que me resultó misión imposible.
- ¿Qué respondes, Azuma Tokaku?
Aquellas pupilas verdes me atravesaban. Sus… sus ojos… ¿qué tenían sus ojos?
Abrí la misma taquilla en la que antes había dejado mis zapatos. Aproveché que estaba sola para tranquilizarme. Me ponía demasiado nerviosa cuando alguien me decía que se había dado cuenta de lo que sentía por Tokaku. Me desvestí. Guardé mi falda. Mi blusa. Y mi ropa interior. Saqué mi traje de baño y noté que algo caía al suelo. Decidí que me vestiría antes de recoger el objeto. Mientras me terminaba de ajustar la prenda presté atención al objeto caído. Era un sobre negro. Sin abrirlo estaba segura de que el aviso era de Suzu. Era la única que andaba por la zona. Esperaba equivocarme y que la persona que me acechaba estuviese más lejos. Lo abrí. Y no, no me había equivocado.
Salí rápidamente del vestuario. Queriendo encontrarme a mi peli azul favorita. Temiendo que no sería así. Que no me encontraría con la persona deseada. No era la primera vez. Había sentido eso mismo durante el ataque de Haruki. Al final Tokaku apareció para salvarme de aquella trampa en la que había caído con una facilidad tremenda. Recordé como, al poco de despertar, me reñía por ser tan inocente y descuidada en la situación en la que me encontraba. Pero esta vez, no había nadie conmigo. No vi amigos ni enemigos.
Escuché un estruendo enorme que retumbó por todo el lugar, un molesto y ensordecedor ruido que no me auguraba nada bueno. Era como una gran puerta de metal cerrándose con violencia. Caí en la cuenta de que la puerta más exterior del edificio era metálica. La persona que la hubiese cerrado tenía un objetivo: dejar a cualquiera fuera de nuestra contienda. Entonces… Tokaku quedaría fuera. Tendría que enfrentarme a Suzu por mi cuenta. Escuché un nuevo ruido. Disparos de un arma de fuego. Intenté armarme de valor pero en vez de conseguirlo, me asusté. No terminaba de hacerme a la idea. ¿De verdad había quedado encerrada allí con mi perseguidora?
¡Aquí les dejo el muy tardío capítulo!
Porque para qué negarlo, tengo un bloqueo monumental hasta tal punto que he escrito cuatro versiones del cap y bueno, esta era la que menos me disgustaba.
Vamos, que no tengo ni idea de cómo voy a seguir la historia porque creo que no tengo el nivel necesario para meter todo lo que quiero sin liarla demasiado. Eso sí, no voy a abandonarla, de alguna forma u otra (más simple) va a quedar terminada (en algún momento quizás muy lejano).
Y de nuevo, mil gracias a los que dejáis reviews, que eso me motiva muchísimo.
¡Nos leemos!
