"¿De verdad había quedado encerrada allí con mi perseguidora?"
Era la pregunta que rondaba por la mente de Haru. Acababa de escuchar de nuevo disparos y eso no la ayudaba para nada en su constante intento de tranquilizarse, de aceptar que no podría depender de Tokaku esta vez. Lo primero que hizo fue alejarse del borde de la piscina y esconderse entre los arbustos que rodeaban el perímetro del edificio por el interior del mismo. Le parecía lo más sensato. Esconderse. Y esperar. Disparos, unos tras otros, resonaban constantemente por el lugar. Al parecer, la estrategia de Suzu era ponerla nerviosa hasta que cometiese un error, el error de salir de su escondite. La calma de Haru escaseaba, se reducía a cero por momentos. Las pequeñas explosiones de pólvora que se producían en el interior del arma de fuego correspondiente se dejaban escuchar más cerca. Había más de un arma. ¿Llevaba Suzu dos armas? Era posible. Pero entonces, ¿por qué dispararía continuamente al aire con ambas?
"Tokaku"
Su nombre se repetía en mi mente sin descanso. Como si estuviera invocándola y fuese a aparecer allí en cualquier momento para salvarme. Era posible que ya estuviese allí. O eso era lo que quería pensar. Los disparos que estaba escuchando parecían ser una contestación unos de otros. Un tiroteo. Si estaba ocurriendo un tiroteo era porque Tokaku había conseguido entrar en el lugar y estaba atacando a Suzu. Era el razonamiento que mi mente quería dar por válido. Pero… pero no la había escuchado, ni siquiera había intentado llamarme. Aunque, si hubiera intentando llamarme, nuestras voces revelarían nuestras posiciones y eso le vendría genial a Suzu. Era la peor estrategia que nadie habría pensado. Intenté centrarme en averiguar la procedencia de los disparos, para confirmar si se trataba de dos personas y a qué distancia de mí estaban. Sin embargo, el eco que se producía en el edificio hizo que me resultase imposible. Debía salir de mi escondite. No podría quedarme ahí para siempre, pero era demasiado arriesgado. Bien podía encontrarme con mi salvación, bien podía encontrarme con mi muerte. Y lo segundo era mucho más probable.
Pasaron un par de minutos hasta que cesaron los disparos y el silencio sepulcral se adueñó del lugar. Yo seguía sin salir, ni siquiera me había movido un centímetro. Solo estaba esperando. ¿Pero esperando a qué? ¿A Tokaku? Si de verdad hubiera conseguido entrar ya habría hecho acto de presencia. De alguna manera u otra me habría dejado saber que estaba allí. Luego solo podía estar esperando a que Suzu me encontrase. Por mi mente, comenzaron a pasar opciones de las acciones que podía llevar a cabo. Desafortunadamente para mí, la más complicada era la única con la que salvaría mi vida: enfrentarme directamente a mi perseguidora y arrebatarle el arma. Era complicado imaginar que pasara, no quería saber cuán complicado sería en la realidad. No podía darme por vencida, no podía morir aún. Tenía mil cosas de las que hablar con Tokaku, mil cosas que contarle… a fin de cuentas necesitaba una larga charla con ella.
Decidida, comencé a moverme lenta y cuidadosamente hasta conseguir una vista de la mayor parte del terreno. Obviamente, tuve el suficiente cuidado de que no se me viese a mí. Para mi sorpresa y preocupación, no vi a nadie. El lugar parecía desierto. Aunque sabía que no lo estaba. Continué mi camino entre los arbustos, buscando un lugar que me permitiera tener otro ángulo de visión diferente. Mientras estaba en ello, el eco de un sonido metálico diferente al del cierre de las puertas llegó a mis oídos. No sabía qué podía ser e incluso me desconcertó más que todo aquel silencio. Comprobé nuevamente que no había nadie y con cautela, muy lentamente, salí del escondite. Quizás tuviese una oportunidad si llegaba a los vestuarios y podía usar el móvil. Caminé con sumo cuidado hasta llegar a mi destino. La puerta estaba cerrada y con lentitud comencé a girar el picaporte. No quería hacer ruido que pudiera delatarme. Al abrir la puerta, me encontré de lleno con la muerte.
Suzu se encontraba en el vestuario, buscando en la taquilla de Haru su móvil. Habían tenido la misma idea. Haru salió corriendo despavorida mientras Suzu, sin demasiada prisa apretaba el gatillo apuntando contra ella. Sin éxito. Fue hacia la puerta y volvió a disparar acertando esta vez en el hombro de Haru que, por la sorpresa, se tropezó con su propio pie y cayó de rodillas al suelo. Al ver como su presa caía, Suzu se acercó lentamente. Pero el buen humor no le duró mucho, solo el tiempo que tardó Haru en levantarse y salir de nuevo corriendo, esta vez algo más lento y con la mano intentando taponar la herida. Intentaba darle esquinazo constantemente pero Suzu había hecho los deberes y conocía el lugar como la palma de su mano, consiguiendo sorprenderla, yendo siempre un paso por delante. Cuando parecía que al fin la había perdido de vista, se la encontró de frente.
- Su-Suzu…
El miedo la había bloqueado. Había caído de nuevo al suelo, cuando intentaba huir por donde había llegado. Se encontraban al borde de la piscina y el suelo mojado la había hecho resbalar, cayendo sentada. Valiéndose de sus piernas, aún sentada en el suelo, se alejaba como podía.
- Por favor… Piénsatelo de nuevo… ¿De verdad vas a apretar el gatillo?
Apenas había terminado de formular la pregunta cuando se produjo otro disparo.
- Si muestras tanto miedo e intentas huir, las negociaciones terminan antes de comenzar - la voz de Suzu era clara y segura, mucho más que de costumbre.
Disparó de nuevo. Haru se percató del objetivo de esos disparos: sus muslos. Ahora no podría caminar. No podría hacer fuerza de ningún tipo con las piernas. Huir quedaba descartado. Prácticamente, vivir quedaba descartado.
Al fin la encontré. En peor situación de la que esperaba. Suzu agarraba a Haru por la camiseta al borde de la piscina, apuntando a su sien con el arma. Vi como la sangre bajaba por las piernas y por uno de los brazos de Haru. Comprendí con rapidez que esos eran los tres disparos que había escuchado hacía no más de un par de minutos. Apenas terminé de visualizar la escena mis brazos se movieron para apuntar con mi arma a Suzu pero…
Tras unos segundos de angustia, que me habían parecido horas, mientras esperaba que me disparasen escuché el sonido que tanto deseaba. No porque quisiera morir, sino porque quería dejar atrás la situación. Debía tener los nervios bastante revueltos porque no sentía dolor. Con suavidad, me dejé caer a la piscina que tenía justo detrás deseando que aquello fuese un mal sueño y que cuando abriese los ojos me encontrase abrazando a Tokaku.
Las vi caer a ambas. Había acertado mi disparo y aunque quise creer que solo había sonado uno, el hecho de que Haru también cayese al agua no me auguraba nada bueno. Me acerqué corriendo al borde. Tan solo habían pasado un par de segundos pero el agua comenzaba a teñirse de un rojo suave en la zona en la que estaban ambas. Me quité la blusa y la corbata con apenas un simple pero brusco movimiento. Dejé también el móvil y me tiré al agua. En el fondo de la piscina, mientras empezaba a quedarse sin oxígeno, Haru intentaba llevar consigo a Suzu a la superficie, a pesar de que no podía llevarse ni a sí misma. Buceé hasta ella y agarré su mano para atraerla a mí. La atraje hacia mi cuerpo y la sujeté por la cintura. Con las pocas fuerzas que aún tenía, me abrazó y me entregó en mano lo que agarraba. La blusa de Suzu, para que la sacase de allí a ella también. Obedecí su deseo. Apoyé los pies en el fondo y me impulsé con todas mis fuerzas para sacarlas de allí lo antes posible.
Una vez fuera, Haru, que estaba agarrada a mí como si fuera un koala, comenzó a vomitar agua de mi hombro mientras le daba golpecitos en la espalda. Tan solo a medio metro, Suzu, tumbada en el suelo, se dolía de mi disparo a la vez que también expulsaba el agua que había tragado. Ya no era una amenaza. Su arma había quedado en el fondo de la piscina junto al éxito de su intento. Mi aventura en el interior de los conductos de ventilación (así fue como conseguí entrar) había dado unos frutos magníficos. Haru seguía en mi mundo.
- Gracias… - jadeó Haru cerca de mi oído.
Intentó aferrarse a mi ropa, pero como había dejado mi blusa a un lado y mi piel estaba al descubierto, sentí el roce de sus uñas recorriendo mi nuca con suavidad.
- También por salvarla a ella - dijo acercando su rostro al mío.
- No tienes que darlas - respondí inclinándome un poco hacía atrás.
De repente, con un brusco movimiento, agachó la cabeza para intentar hundir su rostro en mi pecho. Aunque por mis proporciones no le fuera posible.
- No eres más que una cría Azuma - me dijo la otra chica, que había permanecido expectante.
Sus palabras, aparte de que no conseguí entenderlas, me molestaron bastante.
Me desperté inquieta recordando como intenté mover ficha en la piscina, justo con Suzu delante. Mi cara debía estar roja por la vergüenza que sentía en aquel momento. Debía ser media madrugada aunque no podía asegurarlo. Lo primero que hice fue mirar a la cama de Tokaku. No estaba allí. Incluso a sabiendas de las heridas de mis piernas quise levantarme de la cama para buscarla. Apenas saqué un poco el pie de entre las sábanas sentí como golpeaba a alguien.
- ¿Haru?
Reconocí la somnolienta voz. Tokaku estaba sentada en el suelo al lado de mi cama y mi golpe la había despertado.
- ¿Cómo estás?
- Estoy bien… me molestan bastante las heridas, pero solo eso.
Me miraba con preocupación, con culpabilidad. Me tumbé en el borde de la cama para estar más cerca de ella, que aún seguía sentada. Así mis ojos quedaban más cerca de los suyos. Enterré mi mano en su cabello. Tan suave y sedoso al tacto.
- No es culpa tuya Tokaku…
- Si hubiera estado allí, contigo, no te habría ocurrido nada - sentenció.
- Tú tienes tu vida, cuidar una es complicado, no imagino tener que estar al tanto de dos.
Pareció rendirse. Le seguí acariciando el pelo un rato, hasta que pregunté por la hora. No quedaba mucho para comenzar el día, había dormido más de lo que esperaba. Le pedí que me llevase a la ducha. Mi piel aún olía al cloro de la piscina y era un olor que no me atraía demasiado.
- ¿No puedes andar? - me preguntó con tono entre serio y de burla.
Si que podía caminar. Pero me costaba algo de trabajo y prefería solo tener que hacer el esfuerzo cuando hubiese alguien delante. Aquello se convirtió en la excusa perfecta. Hice que me llevase en brazos hasta la ducha y una vez allí me ayudase a desvestirme. Antes de que terminase, abrí el grifo y la empapé con el agua. Así conseguí que se quedase conmigo. A pesar de que estábamos a unos diez centímetros la una de la otra la distancia me parecía demasiada. Enredé mis brazos alrededor de su cuerpo. Quería sentir algo más que su ropa mojada contra mi piel. Apoyé mi barbilla en su hombro para hacer algo que me encantaba. Susurrarle al oído.
- Enjabóname.
- ¿¡Qué!? - El tono de sorpresa era más que notable.
- Decía la espalda… ¿qué estabas pensando hacer?
- ¡No, no estaba pensando en nada!
- Que pervertida eres Tokaku…
- Ichinose.
No le sentó demasiado bien. Realmente, creo que estaba aguantándome demasiado en los últimos días. Me sentí un poco mal. Posé mis labios en su mejilla a modo de disculpas. Sin responder ni emitir palabra, cogió la esponja y comenzó a enjabonar mi espalda tal y como le había pedido. Cuando terminó, me miró esperando a que me despegara de ella. Pero no lo hice. Desenlacé mis brazos y di media vuelta, apoyando mi espalda en su cuerpo, llenando su ropa de espuma, a la vez que conducía su mano libre a mi desnuda cadera.
- ¿Y el resto? - pregunté con un tono de vergüenza que no esperaba de mí.
Sentí como su cuerpo se tensaba detrás del mío y su mano temblaba bajo la mía. No sabía que podía provocar esa reacción en Tokaku pero me alegraba que así fuese. Me giré para estar de nuevo mirándonos. Ella retrocedió un par de pasos para apoyarse en la pared. Gané esos pasos hasta quedar a la misma distancia de antes. Ninguna. Su mirada era confusa, no sabía en qué pensaba o qué deseaba. Apoyé mis manos en la parte superior de su pecho, prácticamente en sus clavículas. Acerqué mi rostro al suyo. Cerré los ojos para que los suyos, confusos, no confundiesen los míos. Y fundí mis labios entre los suyos. Ella tan solo puso una mano en mi cintura. No correspondió mi beso, pero tampoco me lo negó. Me dejó disfrutar durante unos minutos de aquel manjar que tanto deseaba. Sus labios. Los besé de mil formas hasta que no me quedó aire. Porque ganas sí que me quedaban, me sentía insaciable. Me alejé un poco para encontrarme con sus ojos, pero no me dejó verlos.
- Hablaremos de esto cuando la clase negra termine - me dijo en un tono serio a la vez que confuso y molesto.
Dicho esto salió de la ducha, del cuarto de baño e incluso, creo, que de la habitación.
Un par de hora más tarde, Haru caminaba sola por los pasillos de la academia. Después del incidente no había vuelto a saber de Tokaku, nada más que un mensaje en el que decía "Nos veremos en clase". El camino se le hizo eterno, no tanto por las molestias para andar como por ir, por primera vez en mucho tiempo, sin compañía. Al llegar a las últimas escaleras se topó con Nio, que comenzó a hablarle. No le ignoraba pero tampoco prestaba demasiada atención a sus palabras. Le parecía como escuchar llover. Hasta que mencionó algo que hizo que su interés despertase.
- He visto a Tokaku hace cinco minutos.
Viendo que había captado por fin la atención de Haru, Nio siguió hablando.
- Me pareció un poco extraño verla sin ti. Pensé que os habíais peleado o algo. Pero luego le vi la cara… y, vamos, no me lo puedes negar. ¡Habéis tenido sexo!
- ¿Qué? - Haru estaba sorprendida, pero no se sobresaltó tal y como Nio esperaba.
- Venga, cuéntame. ¿Utilizaste el afrodisíaco que te di? ¿Quién llevó la iniciativa? ¿Es tan buena en la cama como protegiéndote? - preguntaba con tono pícaro dándole un par de suaves codazos en el brazo.
- Te digo que no hemos hecho nada.
- ¿Entonces como me explicas que estéis las dos diferentes?
Nio no era la persona a la que más le apetecía contarle lo que había pasado esa mañana pero no tenía otra persona cerca, y no era mala idea desahogarse después de ver la reacción de Tokaku.
- ¡La he besado! ¿Feliz? Esta mañana la he metido en la ducha conmigo, básicamente obligada, y la he besado…
- ¿Solo un beso? No entiendo el cambio entonces.
- Creo que no se lo ha tomado demasiado bien y que le ha molestado…
- Debe ser porque no sabes dar un beso en condiciones.
- ¿Qué tendrá que ver eso? Además, sí que sé besar.
- No creo que lo hagas lo suficientemente bien, por eso la has espantado.
Nio consiguió colmar la paciencia de Haru que, enfadada agarró a la rubia de la chaqueta y la empujó hasta que su espalda tocó la pared. ¡A ver si ahora piensas lo mismo! Nio vio lo que pensaba Haru a través de su mirada de enfado. Antes de poder reaccionar, Haru se había lanzado a por sus labios al igual que hacía un rato se había lanzado a por los de Tokaku. No. No era igual. Este beso no era algo que realmente quisiese hacer. Mientras intentaba dar una lección de besos a la rubia, Haru escuchó una sucesión de pequeños golpes secos en el suelo. Unos pasos. No le importaban de quien fuera, ni si se les quedaba mirando. Sin embargo, no podía negar que tenía curiosidad por ver a la persona a la que pertenecían aquellos pasos. Miró por el rabillo del ojo. Vio como alguien entraba en una clase cercana a donde se encontraba. Una chica. Pelo corto. Azul. Blusa blanca. Con corbata. Falda azul a cuadros. Tokaku. Se alejó de Nio bruscamente, cortando el beso. Se limpió los labios mientras se le humedecían los ojos. ¿Qué había hecho? ¿Qué acababa de hacer? No podía creer que cegada por la rabia que sentía hubiera besado a Nio. Lo peor era que Tokaku las había visto. Se le había venido el mundo abajo. La fuerza de sus piernas se desvaneció, cayendo de rodillas al suelo. Nio se relamió los labios, regocijándose de la escena que ella misma había protagonizado.
- ¡Vaya! Pues creo que me equivoqué en lo del beso. Una pena, Tokaku sabrá lo que hace.
Se marchó con su sonrisa característica dejando a Haru entre lágrimas, ensimismada.
Terminó el día de clases. Sin que pudiese hablar con Tokaku. En cuanto salió el profesor e intenté acercarme a ella, pero recibió una llamada y tuvo que salir. Nuestro tutor nos había avisado de que se acercaba un tifón y que no tendríamos más clases esa semana. También debíamos volver pronto ese día a las habitaciones. Viendo que no podría hablar con mi compañera, decidí volver a los dormitorios. Al fin y al cabo, tendría que ir allí. A la misma habitación que yo. Llovía a mares. Para mi suerte, llevaba un pequeño paraguas y no hacía mucho viento. Lo abrí para encontrarme algo que no quería. Un sobre negro. No, dos sobres negros. En ninguno ponía el nombre de quién lo enviaba. Intuía que serían de Banba y de Isuke ya que Kouko se había rendido, se quedaba en la clase porque así estaba protegida, y Sumireko estaba esperando. Estaba segura de que Banba había vuelto a los dormitorios y que Isuke seguía en la clase. Tenía que encontrar un sitio intermedio en el que poder quedarme hasta… ¿Hasta qué? Si no pude con Suzu, no iba a poder con ellas dos. Entonces… ¿hasta que Tokaku viniese a ayudarme? No quise creer que estuviera de humor para ello. Recordé que entre ambos edificios se encontraba el de primaria, que posiblemente estuviese cerrado, pero sabía de sobra como colarme en él. Asegurándome que no me seguía nadie caminé hacia mi nuevo objetivo.
Haru llevaba un par de horas sola en el edificio, mirando por la ventana. Llovía tantísimo que era imposible que nadie estuviese fuera. Era un buen punto a favor, al menos, de momento. El aburrimiento hacía mella en su estado de ánimo. Había terminado de leer un libro que llevaba consigo. Había dado cien mil vueltas por el edificio. Había estado jugando un rato con el móvil, hasta casi agotarle la batería. Apenas le había dejado un diez por ciento, por si pudiera llegar a necesitarlo.
Volví a la habitación pensando que Haru ya estaría allí. No fue tal y como esperaba. Me senté en la cama a esperarla. Quería disculparme con ella. No entendía para nada aquello que había sucedido por la mañana y no sabía si mi reacción fue desmedida o demasiado negativa, pero el rostro de preocupación que había mantenido toda la mañana no me parecía demasiada buena señal. Pasaban los minutos y los minutos, hasta que se convirtieron en hora y más horas. Y así pasó toda la tarde. Con cierta intranquilidad salí de la habitación y llamé a la puerta de Kouko. Sabía que Suzu seguía en el hospital, ya que había perdido demasiada sangre la tarde anterior; así que era la única a la que podría encontrar allí. Y era alguien que me debía un favor.
- ¿Tokaku?
- ¿Has visto a Haru?
Negó con la cabeza.
- No la he visto después de clase.
- Tan directa como siempre.
- ¿Sagae? - no me esperaba que ella estuviese allí y haber escuchado su voz se me hizo raro.
- ¿Te alegras de verme? Me han dado el alta esta mañana, así que por fin estoy de vuelta.
A pesar de sus palabras y de que hubiera pasado bastante tiempo desde nuestra lucha, no estaba del todo recuperada. Aún llevaba algunos vendajes y no andaba correctamente.
- Supongo que me alegro de verte - era más que nada cortesía -. Siempre y cuando no aceches de nuevo a Ichinose - me cargué el momento.
- Oh, Haru… a ella no la he visto aún. A la que sí he visto es a Otoya.
- ¿A Takechi? Estaba desaparecida, lleva sin dar señales de vida desde su ataque - intervino Kouko -. No sé qué habrá estado haciendo todo este tiempo…
- Ni yo, pero me da muy mala espina - la interrumpí dejando salir mis pensamientos en voz alta.
Llegó la noche y con ella una mayor tormenta. Los relámpagos aún no habían hecho acto de presencia, pero desde luego no era una buena noche para irse de acampada. Haru deambuló un rato más por el edificio hasta dar con la enfermería, donde decidiría pasar la noche. Era en único sitio donde había camas o podía al menos tumbarse. Acercó la cama a la ventana. No es que le gustase demasiado mirar la lluvia. Era que no tenía mejor pasatiempo. En la oscuridad de la noche, apenas unas farolas de tenue luz iluminaban el recinto. El viento zarandeaba constantemente los árboles que también recibían un estruendoso aguacero. Entre todo el caos temporal caminaba una silueta. Apenas podía distinguir que llevaba un pantalón y chaqueta de chándal. Se movía por la entrada, intentando entrar. Impasible a todo; a todo lo que le fuera externo. Imperturbable. Cayó un relámpago que iluminó todo el lugar, dejando ver los colores de la silueta. Azul. Aquella inconfundible tonalidad de Tokaku.
Pues al fin, después de un mes y pico, y tras escribir a ritmo de caracol, porque no sabía como iba a encaminar la historia (ahora tengo las ideas bastante más claras), puedo dar el capítulo por terminado.
El siguiente lo tengo prácticamente escrito (me vine arriba después de escribir el primer beso entre ambas) y supongo que en unos días lo tendréis también por aquí.
Nuevamente, daros las gracias a los que dejáis reviews, me parece algo fundamental.
Así que nada, ¡ya nos leemos!
Itage.
