Cogí rápidamente mi móvil, que sobrevivía por los pelos. Mi intención era enviarle un mensaje pero ella misma se anticipó. "Haru, ¿estás bien?¿Dónde estás?" Mis ojos se humedecieron al inundarme la felicidad de saber que Tokaku seguía preocupándose por mí. El mensaje llevaba bastante tiempo enviado. Le respondí lo más rápido posible. "Estoy bien, en el pasillo de la enfermería del edificio de primaria. He recibido dos avisos y me he escondido aquí". Estaba tan concentrada en el móvil que no me percaté de la presencia de otra persona en el pasillo en el que me encontraba.
- Buenas noches querida Haru.
Una sonrisa cínica se formó en su rostro adornado con algunos mechones de cabello plateado.
- ¿Has recibido mi aviso? Seguro que sí. Y dime… ¿algunas palabras antes de morir?
No la dejé terminar de hablar antes de salir a correr como si fuera una gacela. Me perseguía dando unos horribles golpes con una especie de martillo enorme. Recibí entonces otro mensaje. De Tokaku. "He entrado en el edificio y me he encontrado con Isuke. Tardaré un poco más, no te muevas de allí". Me iba a resultar un poco difícil quedarme en la enfermería. Mi primera tarea era dar esquinazo a Banba. No me fue demasiado complicado mantenerla a una distancia considerable. El edificio tenía forma de "L", que era una pequeña ayuda y además me permitió ver a Tokaku. Estaba un par de pisos más abajo, peleando con Isuke. Estaba metida de lleno en el combate, seguramente no me vio.
Para mi alivio, Haru no tardó en responder. "Banba me persigue, he huido de la enfermería, pero intentaré volver. Es en el sexto piso". No me tranquilizó demasiado el mensaje, pero al menos sabía que estaba bien, de momento. Quise responderle pero Isuke no me daba tregua y tenía que dedicarme a la contienda si no quería acabar mal. Entre ataque y ataque se jactaba de que no podría matarla, porque no iba directamente con esa intención. Ambas luchábamos con cuchillos. Mi técnica era algo mejor pero sus ataques eran más agresivos. Consiguió rozarme el brazo y hacerme un pequeño corte. Le respondí con una patada en la mano, mandando a volar una de sus armas. Pero su sonrisa me demostró que me tenía bajo control. Sin que me lo esperase, me acorraló contra la ventana. Aprovechó su altura para alzarme en el aire y con su antebrazo presionaba mi garganta, empujándome contra el cristal. Me comenzaban a faltar las fuerzas y mis manos dejaron caer mis cuchillos. Apenas transcurrieron unos segundos más, noté como dejó de hacer presión y se alejó un poco. Sin darme tiempo a reaccionar, mis ojos vislumbraron como otra persona, que portaba algo así como un martillo enorme, lo estampaba contra mi torso con todas sus fuerzas. Me estampó contra la cristalera, que acabó en pedacitos. Ahora no había nada que me impidiese caer al vacío.
Tokaku salió despedida por la ventana. La seguí con la mirada hasta que los árboles se interpusieron. No la vi llegar al suelo. Pero no iba a estar bien. Se me ocurrió bajar a ver como se encontraba, pero a mitad de camino sabía que me encontraría con dos personas no deseadas. Me moví a lo largo de los pasillos con la cara casi pegada a los cristales, buscándola. Pero la oscuridad me impedía encontrarla. Ni siquiera el resplandor de los relámpagos me permitía ver el suelo. Abatida me senté mientras mis ojos comenzaban a convertirse en mares. En mi cabeza me maldecía continuamente. Por mi culpa Tokaku…
Haru lloraba sola, desconsolada, lo que creía la pérdida de su amiga. Sabía que era una persona fuerte, pero una caída desde un tercer piso podría ser fatal. Tras unos minutos de lucha interna, en los que se decía que debía superar aquello, se levantó y salió del aula en el que se había escondido, dispuesta a bajar y encontrar a la peli azul. Estuviese donde estuviese. Tal y como Tokaku la encontraba a ella cuando estaba en peligro. Lentamente, se acercó a las escaleras, cuidándose las espaldas como podía. Bajó un piso. Sin encontrar a nadie. Tardaba la vida, pero merecía la pena el tiempo invertido en no hacer ni un solo decibelio de ruido y en asegurarse de que estaba sola. Continuó su camino y bajó otro piso. Y otro. Y otro. Estaba en el segundo, cuando el desastre se produjo.
- Tiempo sin vernos, mi querida Haru.
Aquella voz le daba escalofríos. Se giró muy despacio, queriendo no encontrarse con la dueña de esa voz. Pero no pudo evitarlo. Cuando la vio, su corazón se encogió por el miedo. La chica le extendió un sobre negro. Ahora tenía tres personas intentando matarla de forma simultánea. Abrió el sobre. "Takechi Otoya. Segundo intento. Voy a acabar contigo Haru. Con cariño, la futura ganadora de la clase negra". ¿Con cariño? Menudo intento de broma. Comenzó a retroceder. Takechi no le perdía de vista pero tampoco se acercaba demasiado, produciendo así en Haru una impresión de falsa seguridad.
- ¿Dónde te has dejado hoy a tu demonio de la guarda? Quería hacerte un poco de todo justo en sus narices pero si no está… Esto no será ni la mitad de divertido.
Agarró con fuerza las tijeras que llevaba, preparándose para dar el golpe maestro. Con una enorme agilidad, se colocó a escasos centímetros y con apenas un giro de muñeca rasgó toda la blusa y el sujetador de Haru, dejándolos inservibles. Haru cayó al suelo sujetando la ropa como podía para no quedar desnuda. Pero no duró mucho. Takechi se abalanzó sobre ella. Con una mano sujetó las dos de Haru sobre su cabeza y, con la otra, retiró las prendas que un segundo atrás había cortado. Acercó su rostro al de Haru buscando dos cosas. Un suave beso en los labios que la encendiese. Lo consiguió con facilidad a pesar de la resistencia de la chica que estaba debajo de ella. Y encontrar el miedo en sus ojos. Que la encendió aún más.
- Mi pequeña Haru… eres tan apetecible con estas cicatrices - dijo mientras acariciaba su pecho.
- ¡Déjame en paz! ¡Suéltame! - lloriqueaba Haru.
- Vamos… esto te va a gustar mucho, al menos el principio… - anunció Takechi bajando a morder su cuello -. Pero me pone muy caliente que te resistas - susurró al oído de Haru antes de seguir dejando marcas en su piel.
- ¡NO! ¡NO! ¡Por favor! ¡Tokaku!
Pensando que su pesadilla acabaría antes si se dejaba hacer, dejó de resistirse y de llorar, haciendo lo contrario de lo que Otoya deseaba. Dio más resultado del que esperaba. Se detuvo poniendo una mueca de desaprobación. Cogió de nuevo una de las tijeras y clavó con rudeza la punta en el brazo de Haru, que gritó de dolor.
- ¡Te he dicho que te resistas! - ordenó ahondando lentamente en la herida, produciéndole así un enorme dolor que no podría ocultar y que excitaba a Otoya.
- ¡No! ¡Suéltame! ¡Déjame! Tokaku… por favor… ayúdame.
Takechi disfrutaba de aquella escena más de lo que había imaginado. Dejó las tijeras y agarró el rostro de Haru para plantarle otro beso. Esta vez no se quedó a gusto con tan solo probar sus labios. Intentó invadir su boca. Le costó trabajo pero lo acabó consiguiendo entre los quejidos de la otra chica. Tuvo que separarse porque Haru se defendió mordiéndole como pudo la lengua. Enfadada, le soltó el rostro y le propinó un puñetazo con tanta fuerza que le rompió el labio. Sonrió viendo como la sangre brotaba del labio inferior de Haru. Satisfecha con lo que llevaba de su trabajo, prosiguió con el mismo. Agarró ahora el pecho desnudo de la indefensa chica y dejó con una suavidad nada propia de ella algunos besos en el camino entre su cuello y aquellos pequeños montículos que ansiaba probar. Un disparo al aire la interrumpió.
- No me parece justo que nosotras nos carguemos a Tokaku y seas tú la que juegue con nuestra presa.
Isuke y Banba hicieron acto de presencia, no muy contentas con la intrusión de Takechi en el plan que tenían. La peli morada se levantó dejando que Haru retrocediese, aunque no sería mucho, a un par de metros tenía la pared que daba fin al pasillo.
- ¿Os habéis cargado a Tokaku? Eso sí que es una hazaña. Pero… si no me equivoco… sólo se lleva la recompensa una persona.
- Ciertamente. Primero tenemos que quitarte de en medio y luego, Isuke y yo, resolveremos nuestras diferencias.
Dicho esto, se enzarzaron en una lucha cuya ganadora tendría el honor de matar a Haru.
Me desperté. Mareada. Dolorida. Apenas podía abrir los ojos sin que el mundo me diese vueltas. Hacía mucho tiempo que no me encontraba así de débil. Apoyándome en el tronco de un árbol cercano conseguí levantarme. Me dejé caer en él. Intentaba recuperar mis fuerzas pero era complicado. Busqué mi móvil en el bolsillo. Recordaba vagamente el último mensaje de Haru, al que no había podido responder. Lo encontré. También había sobrevivido a la caída. Le contesté que había tenido un problema y que era posible que no llegase en un tiempo; le pregunté de nuevo que dónde estaba. Pasé al menos un cuarto de hora allí, sin recibir respuesta. Quería moverme de allí e ir a por ella. Pero por mucha prisa que quisiera darme mi cuerpo no respondía como yo quería. Pasó quién sabe cuánto tiempo más hasta que conseguí sentir mis extremidades y que obedecieran mis órdenes. Con paso de tortuga me dispuse de nuevo a entrar en el edificio. En el segundo piso se encendieron las luces de uno de los pasillos y quise pensar que allí encontraría a Haru. Subir las escaleras se me hizo un mundo, pero no fue comparable a lo que llegué a ver allí.
Cuando Tokaku llegó al lugar en el que se encontraban las otras cuatro chicas se quedó anonada al ver la lucha sin cuartel que se traían tres de ellas. Esperó unos minutos a que comenzaran a cansarse y a que ella misma siguiera recuperándose de la caída. En una jugada inteligente, Isuke, que era la que más cerca se encontraba de Haru, se lanzó hacia ella con la intención de adelantarse. Tokaku se vio forzada a intervenir. Desde la lejanía disparó un par de veces a Isuke sin acertar pero haciendo que abortase su ofensiva. Las tres asesinas buscaron el origen de las balas, quedando sorprendidas con el resultado.
- ¿No decíais que os la habíais cargado? - se burló Otoya.
Fue al escuchar aquello cuando Haru abrió los ojos. Y la encontró. Allí. Viva. Aún quedaban entre ellas tres personas, pero la sentía más cerca que nunca.
- Tú también pensarías que la has matado si la tiras de un tercer piso - se quejó Isuke -. No entiendo cómo ha podido sobrevivir a eso y tener narices para presentarse aquí como si nada.
- Azuma no es normal, Azuma es el demonio - dijo Otoya emocionada, ahora podría volver a su plan inicial.
Isuke se retiró de donde estaba Haru, evitando así que Tokaku la apuntase directamente y desviase su atención, fijándose en las otras dos. La peli azul se había quedado sin balas, necesitaba recargar. Para su suerte, solo lo sabía ella, así que se mantuvo con el arma en alza. Hasta que Banba se lanzó a por ella. Tokaku no pudo disparar pero evitó el golpe con facilidad y respondió con una patada en el estómago que la hizo retroceder. Takechi, aprovechando el descuido de Banba al atacar sin cubrirse la espalda, se acercó a ella sin que la notase y cuando el golpe de Tokaku la hizo retroceder salió de su sombra para quitarle la vida clavando sus tijeras en la garganta de la chica de pelo plateado. Haru ahogó un grito ante la incredulidad tanto de Tokaku como de Isuke. El cuerpo inerte de Banba se desplomó en el suelo a la vez que Otoya se regodeaba de lo que consideraba un logro.
- Al fin esto se pone serio…
Isuke arremetió contra Takechi, esperando pillarla con la guardia baja, pero la chica reaccionó mejor de lo que esperaba y respondió con un fuerte golpe en el rostro de Isuke. Takechi tenía unos reflejos muy buenos, a tal punto que ya estaba de nuevo al tanto de todo. Isuke se convirtió en espectadora de la lucha entre Takechi y Tokaku, recuperándose del golpe y esperando a tener una contrincante menos. Le impresionó la forma en la que la peli azul se movía, casi recuperada, a pesar de que estaba segura de que debía dolerle hasta el alma.
Takechi lanzaba ataques de forma constante que Tokaku paraba sin problemas. De hecho, en apenas unos minutos, Tokaku dejó K.O. a su contrincante tras un par de golpes en la nuca. Con rapidez, se lanzó a encarar a Isuke, en una contienda que sería más larga y complicada.
Por muchos golpes que le lanzase, Inukai conseguía pararme. Uno. Y otro. Y otro. Sus movimientos eran menos agresivos que en nuestro enfrentamiento anterior, buscaba mi desgaste sabiendo que en mi estado me venía bien algo rápido. Debía buscar su punto débil. Pero si no lo había encontrado ya en dos peleas que habíamos tenido ya… quizás no tuviera. De hecho, podría decirse que me había vencido en ambas. Me fijé en sus pies. Perfectamente coordinados. O quizás no. El hecho de que llevase tacones podría ponerla en desventaja. Y en eso basé el combate. Aceleré el ritmo de los golpes. Aumenté el ritmo de los pies. No aguantaría mucho pero podía crearme una oportunidad. Y así fue. Perdió un poco el equilibrio y con un ágil puñetazo en el costado la terminé de desequilibrar, haciendo que se estampara de bruces contra el suelo. Agarré sus brazos desde detrás y apreté su garganta. Se resistió hasta que comenzó a faltarle el oxígeno. Acabó perdiendo la consciencia en apenas unos treinta segundos. Me senté su lado un momento para recuperar el aliento. Al relajarme, mis niveles de adrenalina se redujeron a cero. Ahora era cuando más me dolía todo. Pero aún me quedaba Haru. Me acerqué a su lado. Su rostro había sido bañado por la lágrimas. Sus ojos, por el miedo, seguían cerrados. Miré sus labios, manchados por la sangre. Su cuerpo temblaba mientras con las manos, más que temblorosas también, tapaba torpemente su pecho.
- Haru - le susurré.
Quería tocarla, acariciar su mejilla, pero primero tenía que dejarle saber que era yo quién estaba allí para que así se tranquilizase y me dejase hacerlo. Abrió los ojos. Miró a los míos. Pero seguía con miedo. Me levanté y me alejé de ella. Le quité la camiseta a Otoya y se la ofrecí a Haru. Ni siquiera hizo el intento de cogerla.
- Haru, necesitamos salir de aquí, ¿vale?
Fue el tono de voz más suave que jamás conseguí escucharme. Pero solo sirvió para que empezase a llorar. Me quedé bloqueada, ahora no sabía qué hacer. Sin que me diese cuenta, se tiró hacia mí. Caí de culo al suelo, apoyando mis manos detrás. Haru me abrazaba con fuerza. Tenía las rodillas apoyadas, una a cada lado de mi cuerpo, mientras el suyo descansaba sobre el mío. Con bastante dificultad la cubrí con la camiseta. Le devolví el abrazo a la vez que empujaba su cuerpo con el mío, para que quedase sentada sobre mis piernas. Acaricié con suavidad su espalda, hasta que mis manos llegaron a su cintura. Deposité un par de besos en su cabeza.
- Vamos, tenemos que volver a la habitación - insistí.
- ¿No podemos quedarnos aquí? ¿Así?
- No creo que sea buena idea, teniendo a Isuke y a Otoya así y bueno… Banba… Deberíamos llamar a la directora, aunque seguramente Nio ya lo haya hecho.
Asintió, con el rostro escondido en mi hombro. Pero no hizo el mínimo esfuerzo por levantarse o moverse. Me iba a tocar llevarla en brazos. Me levanté entre tambaleos. Rodeó mi cintura con sus piernas. Y al fin, al fin me miró a los ojos. Los tenía llorosos. Pero ahora, al menos ahora no lloraba. Comencé a caminar, con lentitud y muriendo de dolor. Le pregunté por lo que había ocurrido antes de que yo llegase, sabiendo que el hecho que la ropa de Haru faltase era culpa de Otoya. Me dijo que me lo contaría luego, que ahora no era capaz.
El camino entre ambos edificios fue complicado de completar, no tanto por la lluvia torrencial sino por el viento, que acabó siendo mucho peor. Conseguimos llegar bien a la habitación. Empapadas, pero bien. Le sugería que tomase una ducha y se cambiase de ropa mientras yo hablaba con la directora de lo ocurrido. Aceptó. La llevé al cuarto de baño. Desenlazó sus piernas, pero me quedé pillada y no solté sus muslos. Buscó mis ojos, embobados en ella. En la sangre que salía de sus labios.
- ¿Pu-puedo limpiarte la sangre? - solté sin pensar.
- Claro… - me miró extrañada por la pregunta que le acababa de formular.
Ahora si solté sus piernas, dejándola en el suelo, sintiendo sus manos en mis hombros, para apoyarse. Cogí la toalla y humedecí una parte. Con mi mano izquierda sujeté su barbilla y comencé a retirar la sangre, ya seca. Cuando terminé, dejé su rostro para posar mi mano en su cintura y atraerla un poco hacia mí. La besé. Mejor dicho. Lo intenté. Pero, entre los nervios que tenía y que no sabía besar, apenas rocé mis labios con los suyos. Fue ahora ella quien que agarró mi rostro. Y la que se lanzó a por mis labios. Emulando lo que había pasado esa misma mañana. Intenté corresponderla, me fue complicado dado a su efusividad y mi novatez. La notaba disfrutar de aquello. Ella notaría que también lo hacía yo. Desabrochó los dos primeros botones de mi blusa e introdujo sus manos dentro de mi ropa, recorriendo mi espalda.
Moría. Moría de deseo. Tokaku había intentado besarme. Muy torpemente. Cuando se alejó, no pude dejar que lo hiciera y atrapé sus labios entre los míos. Quise quitarle la ropa para sentir su piel, pero apenas me entretuve en quitar un par de botones y paseé mis manos por su espalda. Escuché que Tokaku emitía un leve quejido. Recordé la caída que había tenido y terminé el beso, alejándome de ella. No me explicaba cómo podía mantenerse en pie, mucho menos cómo podía haberme traído en peso todo el camino. Deseaba abrazarla. Y fundirme entre sus brazos, pero no quería ser más una carga para su dolorido cuerpo.
- Lo siento… - me disculpé.
- ¿Por qué?
No lo entendió, una vez más Tokaku no lo entendió. Le sonreí sin ganas, no porque no quisiera sonreírle sino porque, a decir verdad, estaba cansada. Mantenía sus manos en mi cintura, para acercarme a ella, lo que me encantaba. Me perdí por un momento en el océano. En sus ojos.
- ¿Te parece bien si llamas a mi tía y luego te bañas conmigo?
- ¿Qué pinta tu tía en todo esto?
Se me había olvidado que ella no sabía que la directora y yo estábamos emparentadas. Se lo expliqué. Salió a llamarla y contarle lo ocurrido. Aunque al final, se duchó después. Pero, como siempre, me dejó dormir con ella en su cama. Estaba tendida sobre su espalda, con un brazo extendido en el que apoyé la cabeza a la vez que dejaba caer una mano sobre su vientre y con la otra agarraba su ropa.
La mañana siguiente no tenían clase, debido a la muerte de una de sus compañeras. No se sabía cómo, pero se conocía el hecho. Para frenar las malas lenguas, la dirección esparció el rumor de que había sido por causas naturales. Pero nunca se dio una versión oficial, para que así cayese pronto en el olvido y se acabase convirtiendo en la típica leyenda de instituto. Aprovecharon para no levantarse temprano. Para no levantarse directamente. Tokaku porque moría de dolor aún y Haru simplemente no quería moverse de su lado. También era cierto que estar todo el día en la cama sin hacer nada la aburría de sobremanera.
- ¿No deberíamos ir a que te miren a la enfermería? Por si tienes algo roto.
- Si me hubiese roto algo dolería más. Ha sido un golpe fuerte y por eso me duele bastante, pero no creo que tenga roto nada.
Haru le insistió un par de veces pero no dio resultado, Tokaku se mantuvo en sus treces. Llegaría entonces la hora del almuerzo. Ahora el salir de la habitación era una tarea obligada por el rugir de sus estómagos. Cuando Tokaku se quitó la camiseta del pijama, Haru le impidió vestirse. No hasta que se mirase en el espejo. Su cuerpo parecía un mural morado. Tenía hematomas por todos lados y el color normal de su piel había desaparecido en algunas partes de su espalda. Después de comer la obligaría a ir a la enfermería.
Tokaku volvía a la habitación, después de pasar por la enfermería. Le habían mandado un baño de agua caliente para activar la circulación sanguínea y que los moratones despareciesen más rápido; además de una crema de aplicación posterior.
Haru había subido antes que yo a la habitación pues se había ofrecido a hacerlo para prepararme un baño de agua caliente mientras yo terminaba de escuchar las indicaciones de la médica. Cuando llegué me dijo que estaba listo y me preguntó si necesitaba algo. La noté nerviosa. No sé cuál sería la razón. Le pregunté si quería bañarse conmigo. Aceptó antes de que terminase la pregunta. El agua ardía, pero ella se había metido con toda facilidad y me miraba expectante mientras yo seguía sus pasos. Una vez entré, se acomodó en mí, quedando entre mis piernas con la espalda apoyada en mí.
- Me he encontrado a Sumireko cuando venía hacía la habitación…
No me daba buena espina lo que Haru intentaba decirme.
- Me ha citado mañana a las cinco de la tarde, en un piso especial del edificio de la directora… Ha dicho que era para tomar el té pero… sé que era para terminar con esto.
- ¿Te ha dado sobre negro?
- No, entre nosotras no es necesario. Si tu llegases a venir conmigo mañana y la atacases, si tendrías que haberle dado uno.
- ¿Llegase? ¿No quieres que vaya contigo?
- No… - se giró. Se tiró sobre mí, abrazándome - Solo conseguirás que empeore tu estado.
- Haru, no estoy mal…
En ese momento hizo presión en mi muslo. Ahogué un quejido. Vale sí, me dolía. Pero, ¿y ella qué? Aún no habían terminado de sanar las heridas que Suzu le había provocado apenas un par de días atrás. No podíamos guiarnos por eso. Iba a ir aunque ella no quisiera.
- No conozco a Hanabusa, ¿crees que podrás con ella?
- No lo creo… Al menos sin ti… Tengo sentimientos contrariados, quiero que vengas pero no quiero que acabes peor.
- No me va a pasar nada - dije a la vez que le daba su beso en la mejilla y la rodeaba con mis brazos, para atraerla más hacia mí.
La miré a los ojos, buscando que me devolviese la mirada. Cuando lo hizo, le sonreí lo mejor que pude. No era más que una pequeña curva en mis labios. Pero creo que el significado estaba claro.
Al fin llegaba la hora en la que Haru debía enfrentarse al último obstáculo de la clase negra. Sumireko le había mandando esa mañana un vestido precioso que debía llevar para cumplir las "normas de etiqueta"; acompañado de un aviso en el que dejaba claro que Tokaku no estaba invitada y otro objeto; del que solo Haru se percató. La peli azul dejó claro que iba a acompañarla, le pareciese bien o no, quisiera Hanabusa o no.
Estaban ultimando detalles. Repasando el plan mentalmente. Tokaku preparaba el sobre negro mientras Haru terminaba de ponerse el vestido.
- Tokaku - la mencionada alzó el rostro para encontrarse con Haru a su lado, dándole la espalda -, ¿podrías abrochármelo? No llego a la cremallera.
Tokaku agarró la cremallera pero, antes de subirla, paseó sus ojos por la espalda desnuda frente a ella. Se acercó a aquella piel, primero rozándola con suavidad con la nariz para dar paso a un pequeño beso. Notó satisfecha como la piel de Haru reaccionaba con la sensación que le producía. Esperó hasta que Tokaku terminó con el favor que le había pedido para hablar.
- Tokaku…
Se dio media vuelta un tanto avergonzada, con sus mejillas sonrojadas.
- Si… si querías…
Tokaku la miraba expectante, sin saber qué era lo que quería decirle su amiga… ¿con derechos? Haru se alejó por un momento y volvió con una botella en la mano. Con la mano libre tiró de la ropa de la peli azul, guiándola hasta hacerla sentarse en el borde de la cama. No era la primera vez que Haru hacía eso y por sus gestos, Tokaku comenzaba a saber qué pretendía. La dejó sentarse en sus piernas a horcajadas a la vez que sus brazos la rodeaban y escondía el rostro en sus hombros, acercando los labios a su oído.
- Si querías excitarme con eso… lo has conseguido.
Haru había pegado su cuerpo al de la peli azul, que comenzaba a notar el calor que desprendía la chica sentada sobre ella. Haru abrió la botella e ingirió el líquido, sin tragarlo. Se dirigió a los labios de Tokaku. La besó con calma, al principio. Acabó invadiendo su boca, hasta pasarle el líquido y hacer que lo tragase.
- ¿Agua?
Tokaku creía haber identificado el contenido de la botella. Haru asintió y volvió a su oído.
- Para que calmes tu sed de mi… ¿Quieres más?
Con la cara roja, respondió que no. Haru se levantó con una sonrisa pícara y se excusó para ir momento al baño. Se miró al espejo. Ella no estaba menos roja que la peli azul. Y su corazón… irían ambos casi al mismo ritmo con seguridad. Se tomó un par de minutos para tranquilizarse, repitiéndose en su mente que todo iba a salir bien. Tokaku intentaba también tranquilizarse después de aquella jugada de Haru. Aprovechó que había dejado allí la botella para beber el agua. Respiró con calma y abrió los ojos. Más bien, lo intentó. No contaba con que no podría hacerlo al igual que no contaba con que Haru tenía otros planes para ella.
