Sin prisa por llegar, me dirigía mi encuentro con Sumireko. Los nervios jugaban conmigo después de lo que le hice a Tokaku. Pero no podía llevarla conmigo, iba en contra de las reglas. El enfrentamiento debía ser entre nosotras, lo que reducía prácticamente a cero mis opciones. Llegué al lugar indicado, donde la misma Sumireko me recibió expresando su alegría por la ausencia de Tokaku y su sorpresa por haber sido yo capaz de usar la botella de agua mezclada con un potente somnífero que me había enviado. Me condujo hasta una gran estancia, un gran salón con una mesa en la que con facilidad podrían sentarse treinta personas a comer.
- Sé que estás deseosa de llegar a la parte en la que te mato y acabo con tu sufrir pero… antes debemos tomar el té, es la hora perfecta y, además, tengo mucha curiosidad por saber cómo has sobrevivido hasta aquí. Pensé que ni si quiera podrías durar una semana.
La dejé hablar sola mientras organizaba mi mente y buscaba algún punto débil en ella. Nada fácil. A la vez que de fondo la oía contar cosas que no me interesaban mucho, mis ojos se paseaban por el lugar y asentía con la cabeza de vez en cuando, aunque seguramente ella sabría que la estaba ignorando. Unos minutos después de sentarnos, un mayordomo nos sirvió el té. La miré, esperando que ella lo bebiese antes. Se percató de mi desconfianza.
- Tranquila, no mato con veneno como Angel Trumpet. Se podría decir que soy un poco más de acción - me dijo con una sonrisa. Una sonrisa vacía.
Pasamos unos minutos en silencio, hasta que volvió a entrar el mayordomo. Esta vez traía unos pasteles que tenían una pinta deliciosa. Sin darme cuenta del posible peligro, cogí uno. Para mi suerte, no tendría consecuencias. Era como Sumireko afirmaba, comida y bebida normal.
- ¿Cuántas chicas te han atacado hasta ahora? - me preguntó.
- Creo que todas menos Tokaku y Namatame.
- ¿Y Kirigaya?
- Bueno, Hitsugi me envió un sobre negro pero al final no pudo hacer nada… - me entristecí al recordar el desenlace entre Hitsugi y Chitaru; después de todo, tampoco había vuelto a saber nada de ellas tras la obra de teatro.
- Vaya… no funcionó del todo… - se acomodó en la silla antes de proseguir - Como imaginarás, los ataques fueron instigados por mí. Al fin y al cabo, ¡qué mejor momento para demostrarle a Meichi quién tiene el mejor poder de la abeja reina! En general fue fácil, pero estas dos… bueno… estaban demasiado ocupadas por las noches.
Noté como se me subían los colores. El sexo no era un tema tabú para mí, pero tampoco me gustaba hablar con cualquiera de ello.
- No debería darte vergüenza, ya tienes experiencia en…
- ¡No he hecho nada con Tokaku! - grité roja, interrumpiéndola.
- No era eso a lo que me refería, todo el clan sabe de la predilección de Meichi por ti. Pero bueno, si no te has acostado con ella, ¿cómo te es tan fiel? No debería haber desarrollado más que una triste simpatía.
- Yo… no lo sé. Antes de saber cómo la iba a enfrentar me encontré con que no era mi enemiga.
- Y con que te habías enamorado de ella.
- Eso ta-también…
- Sigo sin comprenderlo. Te gusta, tienes el poder para hacerla tuya, ¿y me dices que no lo has utilizado aunque se han producido resultados propios de haberlo usado?
Asentí con seguridad. Ella seguía incrédula. Ambas sabíamos que no había razón para mentir. Pero ambas sabíamos también que la combinación de sucesos que se había producido era demasiado extraña. De hecho, ella estaba convencida de que había usado el poder con Tokaku.
- No tiene que darte pudor admitir que te has acostado con Tokaku.
- ¡Es que no puedo admitir algo que no he hecho!
- ¿Seguro? - su rostro y su tono se tornaron pícaros - No sería algo complicado. Con haber esperado a Tokaku un día desnuda en su cama… No tienes un cuerpo muy desarrollado pero no creo que te dijera que no a un ratito de juegos…
Mi mente se metió de lleno. Me imaginé a Tokaku llegando a la habitación, encontrándome sin ropa entre sus sábanas, sonriendo mientras se quitaba la corbata y se acercaba, besándome a la vez que buscaba mi cuerpo, encontrándolo, pasando sus manos por mi piel hasta llegar a mis pechos y ponerse a jugar con ellos…
- ¡Haru! ¡Por favor! No tengas fantasías ahora - me "riñó" burlándose de mí.
Se levantó mientras yo me había quedado en la silla, paralizada. Ahora entendí la conversación, me había estado llevando a su terreno. Se había dado cuenta de que estaba observando, analizando… y pensar era algo que no me podía dejar hacer. Cerró la puerta con llave. Una llave que haría añicos unos segundos después. Abrió un armario lleno de armas de fuego, invitándome a escoger una para lo que se avecinaba. Me acerqué al armario temblando. ¡Tenía que dejar de temblar! ¡Tenía que ser fuerte! ¡Por lo menos una vez! Tenía que terminar el trabajo que Tokaku había comenzado, el trabajo de hacerme la ganadora de la clase negra.
Me desperté con nauseas y mareos. Con solo abrir los ojos el techo me daba vueltas a la misma velocidad a la que el planeta gira sobre sí mismo. Escuché una voz. Había alguien a mi lado hablándome. No conseguí reconocerla hasta un par de minutos después, cuando comencé a encontrarme mejor. Era Miyuki. La vi manipular un par de agujas y pincharme. Se dio cuenta de que la miraba y comenzó a explicarme que estaba aplicándome algo que no llegué a entender, pero que debía contrarrestar el efecto del somnífero que había ingerido. Pasados otros diez minutos, conseguí ponerme en pie, sintiendo entumecidas algunas partes de mi cuerpo.
- ¿Cómo me has encontrado? - pregunté mientras me encaminaba a la puerta.
- La directora me llamó. No quiere que Haru muera. Al parecer tiene algo que Sumireko no, pero necesita terminar de explotarlo. Esa es nuestra mejor baza.
- Y supongo que quería que lo explotase durante la clase negra.
- Así es.
Me dejó pensativa. Antes de salir, cogí el sobre que había dejado un rato antes en la mesa del escritorio. Con paso firme pero algo lento todavía, caminábamos por los pasillos en dirección a la salida del edificio.
- ¿Sabes dónde están?
- Sí, también me lo dijo. ¿Crees que llegaremos a tiempo?
- ¿Tú vienes? - pregunté con sorpresa.
- Bueno, no soy participante de la clase negra. Pero nadie me impide que te guíe.
Me pareció razonable. No me terminaba de agradar aquella chica, pero mientras me llevase a donde estaba Haru, el resto no podía importarme menos. Aunque solo fuera de momento. No tardamos mucho tiempo en llegar al edificio en el que estaban. Me indicó el piso al que debía ir y me deseó suerte, quedándose allí. Quise coger el ascensor, pero estaba ocupado subiendo y aunque fueran bastantes pisos, las escaleras no me parecieron mala opción. Al revés, me vendrían genial para reactivarme y llegar en tensión. Cuando iba a mitad de camino, escuché una explosión. No sabía exactamente dónde se había producido. Pero venía de arriba. Dato suficiente como para saber que debía darme aún más prisa. Llegué casi ahogándome por el sprint que me había pegado subiendo escaleras. Me quedó claro que no era algo que volvería a hacer. Nunca. Me di de bruces contra una puerta enorme, que estaba cerrada a cal y canto. Con algo de paciencia y algunos trucos que había aprendido en la academia de la que provenía, abrí la puerta. Sumireko y Haru estaban allí.
Había llegado tarde al comienzo de la contienda. Haru estaba al final de la estancia; tenía en sus manos un bazooka que se había disparado hace poco en dirección a la puerta, donde se encontraba Sumireko. El resultado fue el destrozo interior de una gran parte de la sala y de la ropa de Sumireko, que apenas tenía un rasguño y que ahora dejaba ver sus prótesis metálicas vestida en su nuevo traje de poca tela. No me permití darme tiempo para dudar. Le entregué el sobre negro a Sumireko, que estaba a unos pasos de mí.
- ¿Sabes lo que significa verdad?
- Vaya, ¿no sabes que va contra las reglas?
- No vengo de parte de Haru.
Apenas había terminado de hablar, lancé un ataque usando un cuchillo que llevaba a mano. Lo paró fácilmente con su brazo de metal. Me agarró del cuello con la otra mano. Tenía una fuerza horrible. No me estranguló porque no quiso, pues fuerza tenía para romperme todos los huesos del cuerpo de un solo golpe.
- Entonces será mucho más fácil ponerte de mi lado.
Dicho esto, me acercó a ella y me besó. No fue un beso suave y cálido como los que había compartido con Haru. Este me dejaba sin aire y parecía como si me chupase la energía. Se produjo un disparo. Grité de dolor provocando que Sumireko se asustase y se alejase de mí, lanzándome contra la pared. Mire a Haru. Había cambiado el bazooka por una pequeña pistola que sostenía con la cara descompuesta. ¿Por qué me había disparado en el hombro?
- Buena estrategia Haru… - la alabó Sumireko.
Me lancé de nuevo a por ella, recogiendo en el camino el cuchillo que había usado en el ataque anterior. Esquivó mis primeros movimientos sin ningún problema. Había lanzado el último directamente al cuello, me detuvo agarrándome la muñeca. Mientras me sonreía dándome a entender que jamás podría con ella dejé caer el arma, como si debido a la fuerza que ejercía sobre mi articulación no pudiese sostenerlo más. No era así. Lo agarré con la otra mano y en un movimiento rápido que no se esperaba se lo clave en el hombro metálico. No con toda la fuerza que quisiera, pero bastó para descolocarlo y romperlo. Las consecuencias fueron dolorosas ya que de una patada me mandó a volar de nuevo contra la pared.
- Has besado a Haru antes ¿verdad? - me preguntó a la vez que se acercaba a los armarios - No te molestes en negarlo. En tus labios queda esencia de la abeja reina, así que ha debido de ser reciente.
- ¿Qué es la esencia de la abeja reina? - pregunté.
- ¡Qué sorpresa! - hablaba mientras cogía otra prótesis del armario y la sustituía por la que había dejado inservible unos minutos atrás - ¿No le has contado a tu amante la razón por la que estás aquí? Te parecerá bonito, que arriesgue su vida por ti y tu no hayas sido capaz de contarle algo sobre un poder así de importante.
Sabía que intentaba sembrar la desconfianza entre Haru y yo, pero no pude evitar sentir curiosidad por eso de la abeja reina. Algo que Sumireko notó. Tenía tantos golpes acumulados en los últimos días que casi no podía levantarme. Tuve que hacerlo apoyándome en la pared.
- ¿Alguna vez te has sentido manipulada, Azuma?
- ¿A qué te refieres?
- ¿Has hecho algo sin tener claro por qué o sin querer realmente hacerlo?
- Pues…
No entendía a dónde quería llegar. Por mi mente pasó un momento que me resultó desconcertante. Recordé cuando, durante la obra, Kirigaya le insinuó a Haru que me estaba manipulando. Ahí empecé a atar cabos.
- ¿El poder ese de la abeja… sirve para manipular a la gente?
- ¿Quieres explicárselo tú Haru?
Asintió levemente, escondiendo el rostro.
- ¿Sabes para qué sirve si quiera la clase negra? - me preguntó Sumireko. Obviamente no tenía ni idea del verdadero objetivo. Negué con un gesto - No sé si me concierne a mí contarlo, pero ya que estamos en ello lo haré. En nuestro clan, las niñas nacen con el poder de la abeja reina que sirve, pues eso, para manipular a la gente, ya sea de forma voluntaria o no. El poder, una vez usado, se hace más fuerte cuando el usuario está en peligro, haciendo que la otra persona llegue hasta a sacrificarse por ella…
Dejé de escuchar su explicación. Me había quedado bastante claro lo que intentaba decirme. Era algo que yo no quería creer. Era algo que Haru no tenía, ¿verdad?
- ¿Y tú? ¿Tienes de eso? - pregunté.
- Claro que tiene.
- No te he preguntado a ti - me acerqué lentamente a Haru, que a su vez se acercaba a mí -. ¿Tienes el poder ese? ¿Lo has usado conmigo?
Mi voz sonaba más rota de lo que esperaba. ¿Me estaba afectando que Haru hubiese traicionado mi confianza? Tenía que oírlo de ella. Agarré sus manos entre las mías esperando una respuesta que me resultaría como agua de mayo para calmar las brasas en mi interior.
- Yo… lo tengo… ¡Pero te prometo que no lo he usado contigo! ¡Nunca! Ni si quiera sé usarlo…
Las lágrimas recorrían sus mejillas en un ataque de… ¿de qué? ¿Realmente conocía a Haru? ¿O me había mostrado una persona diferente a la que era? Ahora no podía estar segura de nada.
- Si no tenías nada que ocultar… - comenzó Sumireko.
- ¿Por qué no me contaste nada?
Irónicamente, me había dado el impulso que necesitaba para formular aquella pregunta. Desvió la mirada a mi hombro. El mismo que ella había herido. No le recriminé ni me enfadé con ella por el disparo. Lo que me resultó extraño. Puso la mano sobre la herida y volvió a buscar mis ojos.
- Te he disparado para que asocies su esencia con el dolor y… y así no pueda controlarte.
- Sabes que después de esconderme algo así… no debería confiar en tus palabras - susurré en su oído. Agachó la cabeza, dejando caer la frente en mi clavícula.
- Lo sé y… Y lo siento mucho. Quería habértelo contado yo misma pero, pero temía que te fueras de mi lado.
- Tienes el poder para hacerme volver si hubiera sido el caso.
- No. No habría sido lo mismo…
Sumireko aprovechó mi confusión para acercarse con sigilo e intentar propinarnos un fuerte golpe a ambas. Pero a pesar de todo, me había mantenido atenta. Lancé a Haru lejos de nosotras y le ordené que se fuera de allí. Esquivé el golpe de milagro. Pero el siguiente no pude y me envió a volar de nuevo. Desde el suelo, una perspectiva diferente me dio una idea. Debía utilizar un segundo y último cuchillo que llevaba escondido. No dudé en lanzarlo, cortando la cuerda de una enorme y lujosa lámpara bajo la que se encontraba Sumireko. Por unos segundos, pensé que había conseguido inmovilizarla. Ni de lejos había sido así. Se levantó con dificultad pues había conseguido dañar otra de sus prótesis, esta vez en su pierna. Vi incrédula como levantaba en peso la enorme la lámpara y se disponía a… Un escalofrío recorrió mi espalda. No iba a lanzármela… ¿verdad?
Haru había huido hacia el piso superior al que se encontraban las otras dos chicas. Era el último antes de la azotea, donde no quería subir por ser aún más vulnerable allí. Dejó caer la espalda en la pared mientras su mente comenzaba a dar vueltas, sobre lo que había ocurrido un rato antes. Con Tokaku. Sumireko le había contado casi todo lo que ella había estado continuamente posponiendo. ¿Cómo se le ocurría hacerle aquello? Había traicionado su confianza de nuevo. Sabía que ahora Tokaku no sabría si se había puesto de su parte por voluntad propia o no. Estaba en todo su derecho de dudar de Haru. Había intentado construir algo sin abrirse a su protectora, un gran fallo por el que seguramente tendría que pagar un precio alto. Aunque si fuera ella la afectada, seguramente, cualquier precio por muy alto que fuese se le antojaría insuficiente. Escuchó un estruendo que la sacó de sus pensamientos. No sabía qué lo había provocado y, antes de darle tiempo a imaginar la causa, escuchó otro. Ambos provenían del piso de abajo sin duda. Esperaba que Tokaku hubiese encontrado la forma de noquear a Sumireko. Quedando entonces solo ellas dos en la clase. Pero… en ese caso, ¿podían ser ambas las ganadoras?
Hoy no era su día de tranquilidad. Apenas unos minutos después, observó como el suelo delante de ella se abría obra de Sumireko. Con aquellos poderosos implantes, hizo un agujero en el suelo casi del mismo diámetro de la lámpara con la que ella y Tokaku habían estado jugando.
- Ahora ya no tendremos más interrupciones - anunció satisfecha.
Ante la mueca de terror de Haru dijo que creía no haber matado a la peli azul, pero eso daba igual, porque era su vida la que llegaría al final. Haru se había intentado concienciar que a partir de ese momento tendría que aclarar las cosas con Tokaku. Pero parecía que no sería el caso. Era algo que no iba darle tiempo a hacer. Quería verla una última vez. Su cuerpo necesitaba verla de nuevo. Se levantó e hizo el ademán de correr hacia la puerta de sala pero Sumireko se interpuso. Miró el agujero en el suelo. Su única oportunidad. Recordaba que los pisos no tenían mucha altura y, con algo de cuidado, una caída de dos o tres metros no le haría demasiado daño. Era una locura pero en un momento así le resultaba hasta razonable. Se dirigió al hueco. Sumireko la agarró antes de que pudiese hacer nada.
- Espera, que te ayudo.
Y la lanzó contra el piso inferior. El golpe resonó por toda la sala. Haru estaba consciente pero era incapaz de levantarse. No se había roto nada. El dolor y la falta de esperanza por salvar su vida era lo que la lastraba. Sus ojos buscaban a Tokaku, que intentaba librarse del armatoste de lámpara que tenía encima. A pesar de tener el brazo izquierdo libre no lo utilizaba. No sabía cuál sería el grado de la lesión, pero buena pinta no tenía. Pudo ver en el cuerpo de la peli azul algunas heridas no demasiado grandes pero sí ensangrentadas. Sumireko volvió a hacer acto de presencia.
- No lo tenía pensado, pero vas a acabar presenciando la muerte de tu querida Haru.
Tokaku la miró con desprecio, sin decir palabra.
- Me temo que no va a ser así - advirtió la aludida.
Sumireko no llegó a comprender la razón de sus palabras. Ni Haru ni Tokaku podían moverse. Sin embargo, antes de acercarse a Haru para terminar el trabajo, algo explotó en su espalda. Su torso era de carne y hueso, como el de una persona normal. Es decir, por primera vez en el encuentro había recibido un daño real.
- Veo que los juguetes de Kaminaga funcionan bien, aunque era demasiado pequeño.
Durante su acercamiento anterior, Tokaku se las había ingeniado para enganchar el pequeño dispositivo. Sumireko se volvió hacia la peli azul. Apartó la lámpara, haciéndole realmente un gran favor a Tokaku, y la levantó agarrándola por la blusa. Sus ojos denotaban rabia, ahora que la había hecho recordar lo que era el dolor físico. Cegada por la ira no vio como Tokaku la atacaba con un trozo de cristal roto que había cogido de su poderoso captor y se lo incrustaba en el hombro, en la parte no metálica. Ese día, iba a volver a sentir dolor. A lo grande. Dolorida, soltó a Tokaku que aprovechó su libertad para golpearle en la cara. Los golpes en la nariz dejaban un dolor prolongado y eso le resultó de ayuda. Mientras Sumireko se había quedado en el suelo ella se acercó como pudo a uno de los armarios que aún seguían llenos de armas. Antes de poder usar la que había cogido, Sumireko la embistió, haciéndole chocar contra la pared, justo al lado de una ventana. Acto seguido, la empujó contra el cristal, produciendo pequeñas grietas. Tokaku reconoció aquella situación. Ahora, sabía enfrentarla y, ayudada por la ira de Sumireko, consiguió precipitarla por la ventana. La chica había conseguido aferrarse al borde. Pero su hombro dañado no le permitió aguantar mucho y cayó.
- ¡Tokaku! - dijo Haru levantándose a su espalda al ver que la peli azul no soltaba el arma - ¡Lo hemos conseguido! Bueno… lo has conseguido más bien…
- No hemos acabado aún.
Tokaku pasó por al lado de Haru y siguió andando hasta llegar al sobre negro que había sido destinado a Sumireko y que la misma había tirado sin abrirlo. Volvió hasta Haru, que permanecía en silencio.
- No he escrito ningún nombre de objetivo… supongo que puedo usarlo para ti también.
La sangre de Haru se heló. Tokaku… Tokaku iba a cumplir con el objetivo de la clase negra. Ya había acabado con uno, pero ¿por qué no acabar con los dos y llevarse las dos jugosas recompensas a elegir? Sabía que eso no era lo que la motivaba. Sabía que la culpa de lo que fuera a pasar era suya. Solamente suya. Por no ser sincera. Sí, es cierto, era un tema complicado, cuanto menos delicado. Pero la otra persona no había dejado de arriesgar su vida por ella, pudiendo haberla matado el primer día a sabiendas de que eso era mil veces más fácil. Haru tragó saliva y extendió la mano para recibir el sobre.
- Entiendo…
Levantó la vista. La mirada rota de Tokaku y su mirada de decepción consigo misma se encontraron. Se quedaron mirando en silencio unos instantes, hasta que Haru volvió a hablar.
- Quiero pedirte perdón. Por todo. Por todo desde que nos hemos conocido. Pero sobre todo por no ser honesta contigo, ni conmigo, ni con mis sentimientos.
Las palabras se repitieron en las mentes de ambas.
- Yo… no… no es algo que quiera hacer…
- Lo sé - la cortó Haru.
- Tampoco quiero que pienses que me haces sentir obligada a hacerlo.
- ¿N-No? Pero, es mi culp-
- Es cierto, es tu culpa.
La afirmación pilló de improviso a Haru. Era cierta, pero la verdad a veces duele.
- También es la mía - prosiguió Tokaku -, creo recordar que ni siquiera llegué a preguntarte absolutamente nada. Simplemente, tuve fe ciega en ti. Quizás me equivocase o quizás no. Es lo que quiero comprobar. Seguramente hay otra manera…
- Esta es la más eficaz, ¿cierto?
- Así es, o al menos eso es lo que creo. Si soy capaz de disparar significará que las decisiones que he tomado no han sido influenciadas por tu poder. Si me has estado controlando, quieras ahora o no, no podré disparar.
Puede que no fuese lo más correcto o lo más ético intentar matar a una persona a la que aprecias. No, no lo era. Pero, en sus mentes, en aquel momento de tensión, en caliente, la idea no les parecía descabellada. A ninguna de las dos. Haru dejó caer el sobre.
- Y… ¿sabes qué vas a pedir de recompensa? - quería alargar su tiempo allí.
- No… no lo sé.
Aún se sostenían las miradas. Se transmitían tanto en ese estado que no querían que nada las sacase del momento. Pero debían terminar con aquello.
- ¿Puedo pedirte un último favor?
- Claro.
- Antes de dispararme, ¿me podrías dar un abrazo?
Tokaku asintió y se dispuso a abrazarla. Haru sintió con temor como los brazos de Tokaku la rodeaban. Temor de que fuese la última vez. No dejó que se alejase, el disparo sería a quemarropa. Tokaku cargó el arma. Haru tragó saliva al sentir el cañón del arma siendo apoyado contra su cuerpo, justo debajo de su pecho. Tokaku respiró pesadamente, intentando mantenerse tranquila a pesar de que su corazón iba a más de mil por hora. Haru rodeó el cuello de Tokaku, devolviéndole algo tarde el abrazo, y a su vez escondió el rostro en el cuello de la peli azul. Las dos estaban listas. No, no lo estaban. El eco del disparo fue el único sonido que inundó la sala, junto a un leve quejido de Haru que, aunque hubiese más gente allí, solo podría haber escuchado Tokaku. Haru agarró el cabello de Tokaku al sentir que le empezaba a costar respirar. Levantó la vista buscando el mar, quién se apuntaba a sí misma en la sien. Se sintió horrorizada.
- No - susurró.
Por el rostro de Tokaku caían lágrimas suficientes para llenar un estanque.
- No lo hagas, no quiero ver morir a la persona que amo - Haru también lloraba sin control.
Aquellas palabras confundieron a Tokaku. ¿Haru la amaba? ¿Aquello nunca fue un juego?
- Sí Tokaku, te amo. Casi que desde nos conocimos. Aunque debía ser al revés, fui yo quien quedó prendada de ti.
Le robó un beso antes de que sentir que sus piernas flaqueaban. Tokaku soltó el arma para sujetarla con ambas manos y poco a poco fueron descendiendo hasta quedar de rodillas, una en frente de la otra, mirándose. Haru agarró la corbata de Tokaku y tiró hacia sí, intentando tensar la prenda.
- Bésame. Aprovecha el tiempo que nos queda y bésame.
Tokaku obedeció. La besó con suavidad, empujándola para que se tumbase en el suelo. Ella quedó arriba, apoyándose sobre los codos, sin dejar caer su peso sobre Haru. Quería abrazarla, quería tocarla. Hizo caso a su instinto y puso una mano en la cadera de Haru, comenzando a subir lentamente. Ese simple gesto hizo que Haru comenzase el camino hacia la locura. Pero se detuvo pronto, justo cuando Tokaku sintió algo viscoso manchar su mano. Sangre. Apartó la mano para llevársela al cuello y aflojar la corbata pero sin quitarla, para que Haru pudiera seguir tirando. Acto seguido, comenzó a desabotonarse la blusa y con ciertas complicaciones por la postura consiguió quitársela. La hizo una bola y taponó la herida de Haru.
- Me hubiera gustado que llegásemos a algo… - decía entre jadeos Haru.
- ¿A algo? - dejó de besarla.
- Sí. Algo más que una amistad. Algo más que unos besos. Ser tu compañera de juegos. Que tuviésemos sexo. Quizás llegar a algo serio. Quizás que me hicieses el amor.
Una oleada de calor recorrió el cuerpo de Haru. Se sonrojó notoriamente. Pero daba igual. Había dicho lo que quería decir. Y, a pesar de todo, eso la hacía feliz. Notó que el calor provenía del cuerpo de Tokaku, que la había atraído hacia el suyo. Agarró su cara con fuerza y le plantó otro beso al que la peli azul respondió gratamente. Era suya, quizás por poco tiempo, pero ambas formarían un nosotras.
El sonido de un móvil invadió la sala.
- Tokaku… - Haru intentó alejar los labios de la peli azul -… para…
- Pero… ¿no querías…?
- Cógelo - dijo refiriéndose al móvil -. Es importante, es mi tía.
Tokaku no dudó en hacerle caso y se alejó preguntando que dónde llevaba el aparato.
- Por dentro del vestido, tiene un bolsillo - no le dio tiempo terminar cuando Tokaku bruscamente le levantó el vestido hasta casi el pecho -… justo encima del último volante… - dijo mientras su vista comenzaba a nublarse.
Básicamente, abajo del todo, captó la peli azul. Había levantado todo sin necesidad. Se arrepentiría de ello luego. Quizás.
- ¿Sí?
- Enhorabuena Tokaku - la voz de Meichi mostraba cierta decepción -, eres la ganadora de la clase negra.
Los ojos de Tokaku se abrieron como platos. Los de Haru, se cerraron.
Buenas a todos!
Hace algo de tiempo que no actualizo pero por fin os dejo el penúltimo capítulo de este fic. Sep, habéis leído bien, el penúltimo. Tenga la extensión que tenga, el próximo capítulo será el último. No sé cómo lo voy a acabar, me debato entre darle un final abierto y hacer en un futuro, espero que próximo (ideas muchas pero tiempo poco XD), otro fic continuación de este o darle un final cerrado y bye bye.
También tengo ideas sueltas para otras parejas (aún sin definir, así que se admiten sugerencias, tanto si son de akuma no riddle como si no, si es una pareja que me guste pues seguramente acabe escribiendo algo); pero son eso, de momento solo ideas.
Nuevamente, espero que os guste este capítulo, ¡nos leemos!
