Capítulo I
Se ajustó la chaqueta, abrochándose el botón del centro y recolocandose el pañuelo que le abrigaba el cuello. Había vuelto. No quería pensarlo demasiado, es más, en menos de cuarenta y ocho horas volvería a estar subido a un avión de vuelta a París. Era lo mejor. Bueno, no estaba seguro de que fuera lo mejor, pero no quería pensarlo. Y aquella ciudad implicaba pensar en ella, en aquel caos que por un estúpido error derrumbo su vida por completo. Viviendo en una falsa burbuja de realidad era feliz, aunque fuera los sentimientos más falsos que jamás en su vida había sentido, era su respiración dentro de aquella depresión, triste y desoladora. Las ojeras de su cara eran la evidencia y mejor no hablar de su aspecto, tanto física como mentalmente. Era caos en el más puro sentido de humanidad dentro de él. No obstante, jamás imagino que perder el corazón fuera tan doloroso, en el sentido metafórico. Miro el reloj de su muñeca, pasaban diez minutos de la hora acordaba. Pronto darían las nueve de la noche. Esperando en la terminal del aeropuerto Inazuma con aquel frio invernal que helaba Enero. Aunque casi rozaban Febrero y no sabía que mes era más frío para ellos.
ꟷ ¡Axel!
El grito de su nombre le hizo girarse. Una joven, adulta y esbelta, pelinegra corría hacia él. Llevaba el pelo suelto, cubierto por un gorro de lana, el abrigo blanco que la cubría solo dejaba ver parte de los vaqueros que llevaba y sus botas negras. Lo único distinguible de su rostro eran sus ojos azules, el resto quedaba cubierto por una bufanda de colores claros. Sin duda, se notaba el frío. Llegó frente a él y bajándose la bufanda con la mano, jadeo buscando el aire que le había quitado la carrera.
ꟷ Lo siento. Me falló la niñera y no he podido venir hasta que Henry volviera del trabajoꟷ se excusó.
El rubio sonrió levemente, sin decir nada. Se acercó a ella y la abrazo con fuerza, la había echado de menos. Llevaba ocho meses fuera de Inazuma, bueno, ocho meses más bien desconectado de todo lo que hasta un día fue su vida. Realmente iba a hacer tres años fuera de Japón. Desde el momento que todo se desmoronó como un castillo arrasado por las olas. Su ciudad, sus amigos, su familia, ella… Falsas fronteras que crearon aquella burbuja a su alrededor tras los varios de kilómetros que separaban París de allí. Se sentía solo y ahora, tener a una de sus mejores amigas entre sus brazos le hizo latir un poco de vida. No falsa, sino real. En medio del caos, siempre había un fino rayo de luz en momentos inesperados. Selene se sorprendió y con una sonrisa respondió fuerte al abrazo.
ꟷ Te he echado de menos, Seleneꟷ comento, separándose para mirarle a los ojos.
ꟷ Y yo también. Más ahora que llamas menos que antes y no pienso perdonarte que me abandones asíꟷ comento divertida, mientras echaban a andar por el aeropuerto, dirección al parking.
Axel tiro de su pequeña maleta, siguiéndola. Tan cierto era el frío que arrecia fuera como que estaba nevando. A través de los ventanales oscuros del aeropuerto no lo había visto, pero al salir en busca del coche de la pelinegra, se habían percatado. Selene era la única con la que mantenía algún contacto desde que todo ocurrió, por eso cuando no le quedó más remedio que venir a resolver unos asuntos de su trabajo que no podía realizar a distancia, le pidió el favor de alojarse en su casa, en lugar de pillar un hotel o avisar a su familia. Fácilmente podría hacer eso, pero prefirió verla a ella y disfrutarla en aquellas escasas horas que estaría en Inazuma. A fin de cuentas, no iba a negar que echaba de menos su compañía, consejos que desde aquel entonces habían derivado en sermones, cariño y alegría que trasmitía. Llegaron al coche y tras guardar la maleta atrás, subieron, donde no dudo en arrancarlo para que la calefacción lo calentará. Se deshizo del chaquetón para conducir mejor, mientras Axel se abrochaba el cinturón, sorprendiéndose al mirarla sin aquellas capas de ropa.
ꟷ Wauhꟷ aquella expresión fue lo único que se le escapo, seguida de una risilla nerviosa.
El fino jersey de lana que conjuntaba con sus vaqueros, cubría una barriga de unos seis meses de gestación. No le había dado aquella noticia, y eso era raro. Cuando se enteró de su primer embarazo fue el primero en saberlo, bueno, después de su esposo, claro. Pero aquel, sin duda, había sido una sorpresa.
ꟷ Sí, yo también dije eso cuando me enteréꟷ rioꟷ Esta es la consecuencia de no llamarmeꟷ le recriminó. Claro que en broma, como hasta ahora.
ꟷ ¡Venga ya! Debes de estar de… ¿cinco, seis meses? No hace tanto que no te llamó. Si hablamos hace un mes, antes de pedirte el favor la semana pasada.
ꟷ Seis, concretamenteꟷ rio confirmando su pregunta, mientras arrancaba el coche y salían del aeropuertoꟷ Y lo sé, pero se me olvido comentártelo. Había asuntos más importantes de los que hablarꟷ el rubio desvió la mirada a la ventana, borrando casi al momento la leve sonrisa de sus labios. Por el rabillo del ojo observo aquel acto y prefirió centrarse en la carreteraꟷ Me enteré a los dos meses, ya sabes, no se me notaba y apenas tenía síntomas. No pensábamos tener más después de Haru pero… en fin, ya ves.
La Ciudad Inazuma estaba cubierta por una blanca capa de nieve, mientras camino a la casa de Selene, nevaba sobre el coche donde iban. Era precioso, una estampa digna de un invierno en Inazuma. Infinidad de veces había paseado por aquellas calles, había patinado en las pistas de hielo del centro comercial, incluso jugado con la nieve acabando en el suelo conmovido por los besos y las risas del momento. Nunca la olvidaría. Nada de su auténtica vida, olvidaría nunca. No podía culpar a su amiga por aquello. Allí todo había continuado. Se había casado, tenía un hijo precioso e imaginaba que todos sus amigos estarían igual a esas alturas o en situaciones en las que te ponía la vida adulta una vez dejas atrás la secundaria y el fútbol. Aunque a Mark lo vio en la televisión durante algún que otro partido juvenil que dirigía. No podía culpar a Selene, al igual que no podía culpar a nadie de sus errores.
ꟷ Gracias por acogerme, es un favor que prometo pagarte algún díaꟷ comento tras un largo silencio, mirándolaꟷ Espero que vengas por París y…
ꟷ No tienes que agradecerme nada, idiotaꟷ le cortó, mirándole por el rabillo del ojo.
El coche entro en el garaje del bloque de pisos donde vivía. Sabía la opinión clara y rotunda de su amiga, desde el primer momento. Sabía que era absurdo pedirle que fuera a París desde lo ocurrido. Pero no perdía nada por intentarlo. Tampoco tenía nada que perder ya. El coche se detuvo en su zona y bajaron, sin decir nada. El edificio era enorme, unas diez plantas. Subieron al ascensor deteniéndose en la octava. Hacía tiempo que no entraba a su casa, Selene abrió la puerta, entrando los dos. Un piso acogedor, familiar y decorado muy al gusto de su amiga.
ꟷ Ya estoy en casaꟷ grito, dejando las llaves sobre el aparador.
ꟷ Shhh. Acabo de conseguir que se duerma, al fin.
Henry House, un adulto corpulento de castaños cabellos por los hombros, salió del salón, recibiendo a los recién llegados con aquella exclamación alterada. Selene pidió perdón en un susurro cómico mientras colgaba el abrigo con la bufanda y acercándose a él le dio un corto beso en los labios, perdiéndose por la entrada del salón seguidamente. El castaño saludo a Axel con un apretón de manos amistoso y cordial. Se conocían bien desde que mantenía relación con su amiga, casándose posteriormente. Le indicó la habitación de la derecha nada más entrar, junto al salón, donde se encontraba el dormitorio de invitados y podía instalarse, dejando la maleta. Una habitación con una cama individual, un armario básico y un pequeño escritorio. Se notaba que era un cuarto que solo usaban para las visitas. Dejo la maleta junto a la cama y se quitó el abrigo, mirándose por un momento en espejo que había junto a la puerta del cuarto. Sus ojos negros no dejaban de distinguir tristeza, cansancio y pena, era lamentable. Ni de aparentar una falsa felicidad era capaz.
Selene salió del salón a la vez que él de aquel cuarto, con un pequeño niño de apenas dos años entre sus brazos, echado en su pecho durmiendo plácidamente. Sus cabellos castaños estaban alborotados posiblemente por los intentos de dormirlo.
ꟷ Voy a llevarlo a su cama o se despertará. Henry está haciendo té, por si te apetece un poco.
Negó con la cabeza, diciendo que estaba bien por ahora. Acaricio la cabellera del pequeño y con una sonrisa se acercó a ella para darle un cariño beso. Había vivido a aquel pequeñajo desde que nació, se notaba el tiempo que había pasado en lo crecido que estaba. Selene sonrió, mirándole con ternura. Unos ojos azules donde se podía ver la pena que sentía al no poder tener él la vida que se merecía. Comprendía lo mucho que ansiaba ayudarle a recuperar su felicidad, pero eso era algo que había perdido y solo él podía volver a recuperar.
Eran pasadas las diez de la noche cuando entre tema y tema tribal de conversación, Henry anuncio que se marchaba a dormir. Como día laboral en la semana, mañana le tocaba volver a madrugar. Se despidió de su esposa con un beso en la frente y salió del salón, dejando a los dos solos. La pelinegra recogía los platos observando a Axel sentado en el sofá frente a la tele. La cocina era estilo americana, por lo que podía ver el salón desde su posición. Se secó las manos y camino hasta su lado para sentarse en el sofá, con cierta dificultad por el peso de su barriga, sin decir nada. Solo se miraron.
Pero para que iba a mentir, estaba realmente hermosa, pensó el rubio. Con una leve, pero casi involuntaria sonrisa, colocó una de sus manos en la barriga de la pelinegra. Selene la agarro, apretándola con cariño.
ꟷ No me gusta verte asíꟷ susurró.
ꟷ Por eso evito venir y espero no volver a hacerlo. Esto es…
ꟷ Eso no ayuda, Axelꟷ le cortó, apretando más su manoꟷ Te está matando. Toda esta mentira que te has creído.
ꟷ Selene, por favor…ꟷ negó con la cabeza, desviando la mirada y zafándose de su mano.
ꟷ Podías ser tú. Esta vida es la que te mereces. La felicidad al lado de la chica que amas, una familia, tu ciudad, tus amigos… Vuelve. ¡Habla con ella, por favor! Solo eso.
ꟷ ¿Para qué?ꟷ respondió algo alterado, levantándose del sofáꟷ Sabes lo que ocurrió. No… no hay forma de arreglar eso.
ꟷ Dejando a un lado mi opinión sobre ella, que sabes que podría ayudarteꟷ se apoyó en su rodilla, irguiéndose sentada, para mirarle a los ojosꟷ Habla con Celia, solo te pido eso. Una explicación, aunque sea mentira. Si no quieres arreglar las cosas, al menos deja que ella intente seguir adelante.
Axel pestañeo al escuchar aquel nombre, hacia tanto tiempo que no lo oía en voz alta y de boca de una persona importante para él como era su amiga, que el pellizco en el pecho le hizo tragar saliva. Analizando aquellas palabras, encogió la mirada a la pelinegra, extrañado. Si algo sonaba raro en los labios de Selene, era pedir que mintiera por el bien de alguien. Pues aunque fuera piadosa, odiaba las mentiras.
ꟷ ¿Qué ocurre?ꟷ pregunto con seriedad. La pelinegra desvió la mirada la suelo con un chasquido de dientes, molesta por descubrirseꟷ No has dejado de hablarte con ella. ¡Selene…!
ꟷ Pues claro que no, Axelꟷ respondió enojada, mirándoleꟷ También es mi amigaꟷ sus ojos azules le perforaron con tristeza. Se incorporó del sofá, agarrándose la cintura y acercándose al primer cajón de la estantería junto a la televisión, extrajo una cartaꟷ Va a casarse.
Dicen que solo hay una forma de escuchar el crujir de un corazón hecho pedazos, observar cómo se oscurece la mirada y se ahoga la respiración. Si aquella carta meticulosamente cerrada con un fino lazo rosa fuera un espejo, él se hubiera reflejado con la tristeza más desoladora en sus ojos. Un tsunami, un huracán, un desastre que termino de arrasarle por dentro la poca vida que le quedaba para aquel viaje de escasas horas que le hizo volver. No se molestó en coger la carta, o interesase por quien fuera que ahora besara sus labios. No le importaba, ni quería saberlo. Ya lo había perdido todo. Selene retiro la carta contra su pecho y mirándole cerró los ojos, desviando el rostro.
ꟷ No voy a negar tu sufrimiento, sabes lo mucho que te quieroꟷ comento la pelinegraꟷ Pero ella lo está pasando mucho peor. Aquel final no acabo en punto. Fue una coma, puntos suspensivos que la han dejado con la esperanza de que volverás, porque no ha dejado de quererte. Aunque intente tirar para delante. Y sabes también como yo lo que duele eso, Axelꟷ no sabía cómo respiraba, sus gestos eran demasiado automáticos como para percibirlos. Levanto la mirada, viendo la seriedad arrasadora en el rostro de Seleneꟷ No puede estar toda la vida esperando algo que según tú no tiene arreglo. ¡Habla con ella! Solo te pido eso…ꟷ camino para salir de allí, pasando a su lado, donde se detuvo para terminarꟷ Da clases en la escuela de Primaria junto al Instituto Ágora. Buenas noches.
Salió del salón, dejándole solo. Sintió como guardaba la carta de su manos en el cajón del aparador que había en el pasillo, y la puerta de su cuarto se cerró tras de sí. La luces fugases de la televisión le iluminaban el rostro, mientras con la mirada perdida en el suelo intentaba revivir en su interior. Era un idiota. Ni aun con semejante error que acabo con todo entre ellos dos, pudo dejarla ser feliz. Se sentía un verdadero idiota. Ahora más que nunca. Apretó los nudillos, las palabras de Selene eran ciertas, horriblemente ciertas. Fue una consecuencia tras otra que no dejo un final acabado, pues le costaba admitir que debía acabarlo, y no podía culpar a Selene de ayudarla. Estaba en medio de los dos. Dos amigos a los que intentaba ayudar mientras veía cómo se arrasan sin remedio. Apago todo el salón y se dirigió a su cuarto para meterse bajo las sabanas, donde con suerte, su falsa burbuja le devolvería la falsa vida que llevaba, olvidándose de todo aquello. El día había acabado peor de lo que imaginaba. Y aquella noche sabía que su cabeza no le dejaría dormir, mucho menos sus recuerdos convertidos ahora en pesadillas.
A veces dormirse con el corazón roto y las lágrimas en los ojos, es la peor de las torturas.
ꟷΩꟷ
Dos jóvenes adultos y corpulentos, salieron del restaurante Rai-Rai, abrochándose los botones de sus abrigos. Los dos se despidieron del amigo y cocinero que ahora dirigía el local, cerrando tras de sí. La costumbre de ir a comer allí no la habían perdido, algunos más que otros, pero todos acaban en aquel lugar tras un día largo de trabajo o para evadirse de los problemas a los que debían buscar una solución. Era casi como un templo sagrado para aquellos amigos, donde tantas risas, discusiones y penas vivieron. El castaño se ajustó la bufanda mientras el de azulados cabellos sacaba el móvil para mirarlo. El frío arreciaba con fuerza, y a aquellas horas de la noche que pronto rozarían la madrugada, más aún. Casi temían que en el camino a casa le fuera a caer otra fuerte nevada.
ꟷ Al final Jude no ha podido venirꟷ comento Nathan, leyendo los mensajes que le había dejado su esposa.
ꟷ Normal, no me extraña con la que tiene en casaꟷ rio Mark, al recordar la vida de su amigoꟷ Algo me dice que la próxima vez no faltaráꟷ los dos rieron por aquella ocurrencia, mientras caminaban por las calles de Inazumaꟷ ¡Ah! Sienta genial desconectar con los amigos después de trabajarꟷ se desperezó.
Nathan guardo el teléfono y sonrió, mirándole.
ꟷ Trabajas de entrenador y profesor en una escuela, Mark. No creo que estés muy estresado.
El peliazul agarro con fuerza el maletín que llevaba en la mano, cargándolo. La costumbre era ir a tomar algo cuando quedaban, nada más salir de trabajar, por lo que no había pasado por casa para dejar las cosas. Pasar más horas del día, de las que tiene, en una oficina de administración puede ser muy agotador, más cuando la rutina se convierte en costumbre. El trabajo de su amigo era un paseo. Sí, podía ser agotador, quizás como todo lo que suponía trabajar en un mundo laboral y social, pero sabía que no se podía comparar al suyo.
ꟷ Es verdad…ꟷ respondió con una sonrisa.
Levanto la vista al cielo, tan negro y desierto de estrellas como la oscuridad más siniestra. Tan solo dejando ver como las diminutas perlas de nieve, caían de él. Soltó el aire que respiraba, formando una nube de vapor saliendo de sus labios. Era en aquellos momentos, donde agradecía a su cabeza la paz que le daba. Nada de pensamientos, nada de preocupaciones, solo el invierno y sus amigos.
ꟷ Mark…
El castaño miró a Nathan con aquel susurro de preocupación con su nombre de testigo. Sabía que esquivaba el tema, se mirará por donde se mirará, el ingenio para aquellas cosas era lo poco que agradecía infinitamente de sí mismo. Se habían detenido para mirarse, justo en la bifurcación que separaba sus caminos a casa.
ꟷ Todo está bienꟷ respondió con una gran sonrisa bajo su bufanda. Echo a andar por su camino, levantando la manoꟷ Dale recuerdos a Silvia de mi parte.
Lo vio alejarse por su calle con preocupación y tras un rato, continuo su camino. Mark no tardó en llegar a su casa, tras varios minutos después de separarse de su amigo. Una casita acogedora en una de las calles relativamente céntricas de Inazuma. Paso la verja del jardín, ocasionando que parte de la nieve de encima se cayeran con el movimiento de cerrar tras de sí. Saco las llaves de su bolsillo y entró. Estaba fría y oscura, era normal. Prefería pasar el menor tiempo posible allí dentro. La soledad le llevaba a pensar y eso no le sentaba bien. Encendió la calefacción de las paredes mientras se deshacía de su abrigo y dejando las llaves en el mueble junto a la aquella foto donde los ojos cobrizos de una joven sonreía de felicidad, se dirigió al salón. Todo estaba desordenado y hecho un desastre. Ropa, basura, papeles. Se tiró en el sofá del salón frente a la tele, algo desanimado que dejo sentir en el suspiro de caída.
Fijándose en las cartas de la mesita, las agarro para leerlas, muy por encima. Llevaba días que recogía el correo sin mirarlo siquiera. Y era lo mejor. Facturas, publicidad y más facturas, solo eso. No había rastro de nada más. Tampoco tenía esperanzas o intenciones de saber algo de ella, mucho había tenido que aguantar. Pero en lo más profundo de su subconsciente, siempre esperaba algo. ¿O eran sus sentimientos? Daba lo mismo. Se dejó caer a un lado en el sofá, cubriéndose la cabeza con las manos.
Nunca entendería a las personas, nunca sería capaz de ponerle explicación a lo que sucedió. El no lloraba, ni sentía pena. De hecho definir sus sentimientos con aquel tema era lo más difícil con lo que tenía que lidiar.
Con un último suspiro, cerró los ojos dejándose llevar por el sueño y el cansancio.
Continuara…
Nota de la autora: Primer cap. Por favor, no matadme xD Avanza poco a poco pero avanza, lo prometo jajaja Aviso, soy un desastre para definir y expresar trastornos mentales (por ejemplo, para quien no sepa lo que son: depresión, ansiedad, autoestima, etc) pero, lo intento. Espero que lo entendáis porque principalmente intento reflejarlos bien en esta historia para que se pueda entender y si hay algún problema, pues preguntadme ^^ No me como a nadie, lo juro. Segundo, no indicaré edad de nuestros protas, pero como veis, son adultos. Algunos casados y con hijos. Así que no rozan los veinte pero tampoco los cuarenta, lo dejo como adultos y ya esta. La edad es irrelevante, pero bueno, por si alguien no lo entiende jajaja.
¡Espero que os haya gustado y gracias por leer!
