Capitulo IV

Ultimo día en Inazuma, en escasas horas, tomaría un vuelo de vuelta a París. Solo debía aguantar un poco más. No debía de ser muy difícil. Era cierto que aquella noche su cabeza dio mil vueltas a todo el tema que le rodeaba, más tras la conversación con Selene. No hizo nada para investigar aquel error o luchar por lo que amaba. Solo lo acepto. Acepto las palabras de aquellos ojos cobrizos que siempre estuvieron en segundo plano durante la secundaria, aquella inocente pero escamosa sonrisa que siempre le helaba la espalda y de la que se alejaron por todo lo que su relación con Celia trajo consigo. Y sumándose a aquellos pensamientos, Mark apareció en ellos. Hacía tiempo que no sabía nada de él. De inseparables a distanciados, acabando por desaparecer el uno para el otro. No por que quisiera o lo acordarán así. Simplemente la situación derivo en aquello. ¿Qué estaría siendo de él? Era curioso que apesar de aquella bomba que tenía por pensamientos, pudiera haber dormido algo mejor aquella noche, incluso estar más tranquilo.

Estaba bien eso de apagarse un rato; no sentir nada, por nadie. Morirse un poquito y regresar un poco más entero. Más vivo.

Era como si alguien hubiera colocado un rayo invisible de fuerza y esperanza en su pecho, pese a que ni sabía por qué. Tenía ganas de volver a verla, quizás esa fuera la causa. No podría darle una explicación, pero volver a hablar con ella. Era como si ese rayo lo hubiera encendido su presencia después de ocho meses sin verla. Tanta veces imaginándola, llegando a casi olvidar su sonrisa, sus pestañas, su pelo. Se levantó pasadas las diez de la mañana de la cama. Hoy ya no tenía que resolver asuntos de papeleos, solo esperar hasta las ocho de la tarde que volaría de vuelta. Miro su móvil, de nuevo en aquella rutina casi automática. Llamadas y mensajes perdidos de París, varios correos de trabajo y la alarma para recordarse la hora del vuelo. Lo bloqueo, apagándolo. Aquel día iba a olvidarse de todo lo demás, estaba demasiado cansado para pensar. Se dirigió al baño y tras una ducha rápida y placentera salió vistiendo informal. Unos pantalones básicos, camiseta negra y su chaqueta roja favorita. Regalo de ella en uno de sus cumpleaños.

ꟷ ¡Buenos días!ꟷ le saludo alegremente Selene cuando entro al salón.

La pelinegra se encontraba sentada en la mesa principal, desayunado mientras leía. Aquel día Selene no trabajaba. Se acercó a ella, dándole un beso en la cabeza y comentando lo tribal de una mañana se dirigió a la cocina para desayunar con ella. Un café entre recuerdos y risas, una tostada entre consejos y por primera vez en todo el invierno, un leve rayo de sol que se dejaba ver entre las nubes y traspasaba las cortinas.

ꟷ Haru pasará la mañana con Byron y Henry trabaja hasta el mediodíaꟷ comento levantándose de la mesa, mientras recogíaꟷ Yo me marcho, he quedado con mi madre para pasar el díaꟷ llevo los utensilios a la cocina y salióꟷ Nos vemos luego para llevarte al aeropuerto.

ꟷ Selene, ¡espera!ꟷ la detuvo antes de cruzar la puerta, ganándose una mirada extrañada de su amigaꟷ ¿Podrías hacerme un favor?

Con su respuesta y una sonrisa, minutos después se quedó solo. Recogió la mesa, fregando los platos para dejarlo todo lo más recogido posible. Y una vez acabado sin tener nada más en lo que pensar, salió de casa. Iria a dar un paseo, no sabía a donde le llevarían sus pies, solo quería pasear, sin pensar. Tanto que había olvidado tomarse las pastillas. Era curioso, pero aquella alegría efímera y fugaz que le envolvía, no conseguía explicarla. Aunque el sol no lograba calentar del todo las calles como para deshacer la sensación de frío, la nieve se derretía y el día era realmente agradable. Se ajustó la bufanda al cuello para cubrirse la nariz, caminando por la plaza que formaba a su alrededor el centro comercial de la Ciudad. Una plaza en la que tantas cosas había vivido. Aquellos besos en el primer año nuevo que pasaban juntos, las risas en la pista de patinaje, los infinitos paseos para buscar regalos de reyes, cumpleaños y festejos. Los recuerdos que hacían saltar su corazón. Era increíble lo mucho que podía darte una persona y a la vez, como la vida era capaz de ponerte tantos desafíos para aprender de ella.

Sus pasos le llevaron hasta el Instituto Ágora. Quedaba muy a la periferia de Inazuma, pero no lejos del centro con un paseo agradable. Pasando por sus puertas escuchaba las risas de los estudiantes, las quejas por los exámenes y los problemas, que en aquella edad, eran demasiado tribales y sencillos. Recordándole su vida en la secundaria. A escasos metros se encontraba la escuela de Primaria que Selene le había dicho.

Camino hasta allí, asomándose al patio donde se encontraba la pista de futbol. El eterno deporte que siempre los acompañaría en sus recuerdos más hermosos. Gracias a unirse al club de futbol del Raymond, la había conocido. Sonaba un poco absurdo pues todos sus amigos y su vida, comenzó ahí. Pero era inevitable pensar así. Se paseó por los alrededores, observando a los niños, jugando durante un rato con ellos. Aprovechando que era el descanso de clases. Casi esperando encontrarla en cualquier momento.

ꟷ Siempre se te han dado bien los niños.

Una involuntaria y breve sonrisa cruzo sus labios al escuchar aquella voz. Entrego el balón a la niña con la que habla y reía en ese momento, dejando que todos se marcharan mientras gritaban el nombre de la profesora Hills que los había pillado. Se giró, mirándola directamente a los ojos, de nuevo. Aquellos ojos azules que le hacían perder la poca razón que pudiera reunir cuando estaba con ella. Tan preciosa como siempre, con aquella bufanda levemente rosa alrededor de su cuello.

ꟷ ¿A qué has venido? Imagino que habrá sido Selene quien te ha dicho donde trabajoꟷ intento sonar fría mientras se adelantaba unos pasos hacia él, un intento vano.

ꟷ Me apetecía verteꟷ no sabía cómo había podido decir aquello, pero le había salido tan de dentro, que ni se molestó en arreglarlo o justificarse.

Celia camino para adentrarse en la escuela, pasando por su lado.

ꟷ ¿Has venido a darme una explicación?ꟷ pregunto, mirándole por el rabillo del ojo, espaldas a él.

ꟷ No.

ꟷ Pues entonces marcharteꟷ respondió con decepción y tristeza.

ꟷ Celia…

Dudoso se acercó a ella, para intentar agarrarla por el brazo y hacerla girarse hacía él. Pero a milímetros de rozar sus ropas, bajo la mano. Con la mirada triste.

ꟷ Ven conmigo.

Aquellas simples palabras le volvieron a hacer sonreír levemente, de forma involuntaria. La siguió hasta el interior de la escuela, caminando a escasos metros de ella. Su perfume a fresas no había cambiado, ojala pudiera embriagarse de su pelo una vez más. El edificio era enorme. Las clases ya habían vuelto a comenzar y prácticamente todos estaban en su aulas, con los pasillos desiertos salvo los profesores que no tenían clase. Guiándole por allí, llegaron a un pequeño despacho donde en el letrero de la puerta se podía leer "Departamento de Literatura". Allí, en una sala rodeada por estanterías y libros, había una mesa de trabajo, varias sillas y un rincón con una cafetera. Le ofreció un poco, que acepto con gusto mientras se sentaba en una de las sillas. Sabía que trabajaba de profesora, aquella había sido su pasión desde niña. Después del futbol, la literatura era su gran determinación cuando este acabo. Especializándose en dicha rama.

ꟷ Has subido de nivel educativo, por lo que veoꟷ comento, aceptando la taza que le ofrecía, casi rozándose con sus dedos.

ꟷ Me ascendieron hace unos meses. Jefa de departamentoꟷ respondió sentándose frente a élꟷ Menos clases y más papeleo.

El silencio se hizo entre los dos, durante varios minutos. Tan solo mirándose a los ojos y bebiendo el café. Con alguna que otra frase tribal y sin sentido por parte de ambos. Sus ojos eran como espejos que gritaban mucho más de lo que podían hablar. Él quería besarla, abrazarla, pedirle un perdón que ni con la disculpa más sincera podría conseguir. Ella solo quería volver a perderse entre sus brazos, disfrutando del calor que la refugiaba cuando más lo necesitaba. Un grito en silencio por parte de dos corazones con fronteras entre ellos.

ꟷ ¿Por qué… porque no puedes darme una explicación, Axel?ꟷ dudosa y con la tristeza más pesada en sus labios, pronuncio aquella frase. Recibiendo como respuesta unos ojos que se encogieron a ella y seriedad acompañada de silencio.

ꟷ Debería irme.

Se levantó de la silla, girándose para salir de allí.

ꟷ ¿Por qué?ꟷ Celia se levantó de golpe, agarrándole del brazo, haciendo que se girara hacia ellaꟷ ¿Por qué es tan difícil lo que te pido?

Bajo su mano, lentamente hacia la suya, recorriendo despacio y sin perder detalle, el camino que iba del codo a sus dedos. Al sentir como su piel volvían a tocarse después de ocho meses, un escalofrió electrizante le recorrido la espalda, acercándose a ella. Celia acaricio sus dedos, jugando con ellos. Intentando volver a recordar cada detalle que le fuera posible. Hasta enlazarlos con los suyos, acercándose más aún a él. Con el pecho a milímetros. Levanto el rostro, al ser más bajita que él, debía inclinar su cabeza para mirarle. Con sus labios apunto de tocarse si un movimiento torpe los unía. El corazón de Axel se aceleró, pero intento mantener la respiración tranquila y acompasada. Perdido en aquellos ojos azules que le miraban sin pestañear.

ꟷ Respóndemeꟷ susurro. Una leve sonrisa, divertida, se dibujó en sus labios.

ꟷ ¿Por qué insistes tanto?

ꟷ Porque no voy a dejar de pelear por ti sin intentar todo lo que este en mi mano.

ꟷ Tenía que ser Shauw ¿eh?ꟷ exclamo impasible pero con cierta picardía divertida en la mirada, que hizo curvar sus labios al ver la reacción de ella.

Celia abrió los ojos sorprendida. Sus mejillas se tiñeron de rojo junto a su nariz, avergonzada, descubierta por aquel acto de rebeldía infantil que involuntariamente había cometido. Le soltó, alejándose de él, cruzándose de brazos mientras le daba la espalda.

ꟷ Eso no es asunto tuyoꟷ respondió indignada. Axel soltó una pequeña risa desde el fondo de su estómago. Dudando, revolviéndose el pelo con nerviosismo.

ꟷ ¡A la mierda!

La agarro del brazo, tirando de ella. Antes de que pudiera reaccionar, agarro sus mejillas entre sus manos, juntando sus labios en un beso inesperado. No iba a mentir en decir que había echado de menos aquellos labios. Movidos por la pasión de un momento torpe y de sorpresa, alargaban aquel beso, buscándose el uno al otro. Celia agarro una de sus manos que tenía sobre su mejilla, mientras la otra la coloco en su cintura. Movidos por el deseo de no dejarse escapar, sabiendo que aquello sería tan fugaz como un suspiro. Se separó de ella, apoyando su frente en la suya sin dejar de rodear con sus manos el delicado rostro de ella, jadeando levemente, con las mejillas acaloradas.

ꟷ Tengo que irme, Celiaꟷ susurro, con sus ojos negros cargados de tristezaꟷ Lo siento.

Sin decir nada más, salió corriendo de allí, dejándola sola. Corrió por las calles de Inazuma, con la escasa nieve que no había conseguido derretirse aun a sus pies, llegando a la plaza del centro comercial donde se detuvo, para recobrar un poco el aliento. La había besado. Algo dentro de él había ardido buscando aquel momento. Su reacción al nombrar a Shauw, sus palabras. La rabieta de una niña en el cuerpo de una mujer luchadora. Habían cambiado tanto que le asustaba perderse un minuto más de aquella vida. Odiaba su falsa burbuja, odiaba París y odiaba todo lo que le había separado de ella.

Pero en aquel momento, odiaba mucho más haberse conformado, sin luchar por esos labios.

ꟷΩꟷ

El invierno en Europa era mucho menos frío que en Japón. Siempre admiraría eso de aquel país. Llovía más, sí. Pero era menos helado, casi podías prescindir de la bufanda o el gorro. Era cerca del mediodía cuando aterrizo en París. Se había pillado el vuelo temprano, demasiado diría él. Quería llegar cerca de la hora de comer y efectivamente así había sido. Tras coger un taxi al hotel donde se hospedaría, llego a recepción, preguntando por la habitación que había reservado. De nuevo París. No se imaginó que volvería por nada del mundo y mucho menos sin saber el motivo por el que decidió hacer eso.

ꟷ Señor Evansꟷ el botones le llamó, en un perfecto acento francés que no le costaba trabajo entenderꟷ Su habitación esta lista.

Aquel joven trabajador le llevo a ella, entregándole la llave automática para que pudiera salir y entrar siempre que lo deseará. Se despidió de él y entro, dejando la maleta en la entrada. Era una habitación hermosa. Cama grande, baño y un gran balcón con vistas a la ciudad. Era un hotel que no quedaba en el centro, de apenas cuatro estrellas, pero asequible a un bolsillo de última hora. Decir que tenía hambre, era mentir. Se había pasado el vuelo durmiendo y con el cambio de horario tampoco es que se adaptará bien. Perdiendo el apetito.

Aprovechando aquel día soleado que iluminaba la capital francesa, salió a dar un paseo. Las nubes negras que asomaban por el norte no tardarían en dejar caer una buena tormenta, así que debía aprovechar cuanto pudiera. Paseando por esas calles que tantos recuerdos le traían. Admirando lo hermosa que resultaba cada rincón de aquel lugar. Alguien que solo había conocido su ciudad y apenas había recorrido su país, no podía evitar maravillarse con cada detalle. Se acercó a la terraza de un bar, cercano al museo del Louvre, deseoso de beber algo. Sediento.

El camarero se acero para atenderle y mientras esperaba, paseaba la vista por las gentes que le rodeaban. Charlando animadamente, jóvenes riendo entre apuntes de universidad, abuelos que leían el periódico mientras tomaban su copa de vino francés. Era como una vida muy diferente a Inazuma. Otro mundo.

Un escalofrió le heló la nuca cuando reconoció la voz que en perfecto francés, se sentaba en la mesa de detrás de él. Se giró para mirarla, con los ojos atónicos y apenas aquel nombre pronunciado en un susurro.

ꟷ ¿Nelly…?

Los ojos cobrizos que le habían dado los mejores momentos de una historia de amor, le miraron de nuevo.

ꟷΩꟷ

Eran pasadas las seis de la tarde cuando llego a casa de Selene. Saludo a Henry fugazmente que se encontraba en el salón, jugando con Haru en la alfombra frente a la tele, donde se veían dibujos infantiles. Dirigiéndose a su cuarto para recoger las cosas en su maleta y todo lo demás, preparándose para marcharse. Cuando ya hubo acabado, volvió al salón, observando como el pequeño reía por las bromas de su padre, se sirvió un vaso de agua de la cocina.

ꟷ Selene llegará en un momento, ha tenido que acercarse a la librería de enfrente a por no sé quéꟷ comento el castaño.

Axel asintió y tras varios minutos, su amiga entro por la puerta. Saludo con la mano a los presentes y se acercó a él.

ꟷ Lo que me pediste.

Agarro el libro que saco de la bolsa, mientras ella se acercaba a su esposo e hijo. Las aventuras de Sherlock Holmes, el libro favorito de Celia y que perdió en su primer viaje a París para ir a verle. Aquella noche fue más que una bomba de pensamientos, fue la semilla de algo, que junto a aquel encuentro en la escuela, le llevo a sacar el poco valor que disponía para continuar con aquello. No, no podía darle una explicación. Pero lo que empezó, debía acabar. Bien o mal, eso sería cosa del destino.

ꟷ ¿Nos vamos?ꟷ pregunto la pelinegra, mirándole.

Asintió. Despidiéndose del pequeño Haru con una caricia a sus cabellos castaños, que le dedico una mirada inocente con sus ojos rojos, sin duda iguales a los de Byron, se dirigió a la puerta para coger su maleta del cuarto. Escucho a Selene despedirse de ambos y se reunió con él. Como era normal en invierno, la noche caía pronto. Llegaron al aeropuerto cuando prácticamente ya no había luz natural en las calles y las farolas comenzaban a encenderse. Axel bajo primero del coche, quedándose solo por la terminal, mientras la pelinegra aparcaba.

Minutos después se reunió con él para despedirlo.

ꟷ ¿Vas a estar bien?

ꟷ Sí, estoy seguro de que ahora síꟷ le respondió con una leve sonrisa, mientras acariciaba sus cabellos, colocando uno de los mechones sueltos tras su oreja.

Sus azules ojos le miraron con cariño y se lanzó a su cuello para abrazarle. No sabía cuándo volvería a verle, alargar aquel momento de tener a su mejor amigo entre sus brazos era lo menos que podía intentar. El rubio la abrazo con fuerza. Todo iría bien. Debía hacerle entender eso. Se separaron mirándose a los ojos.

ꟷ Cuídate, ¿vale?ꟷ le pidióꟷ Y mantenme informadoꟷ rio colocando una de sus manos sobre su vientre.

Selene la agarro, riendo. Se despidieron apresuradamente ya por última vez y se alejó por la puerta que daba a las terminales para embarcar. No tardo en subir al avión, observando por la ventana como la oscura noche ya había caído, la Ciudad Inazuma se contoneaba en una silueta de luces artificiales y aquel transporte le alejaba de allí meciéndose con el viento de invierno. Por una ventana donde decía adiós a aquella visita esporádica. A pensamientos, momentos y cambios que en escasas horas le habían hecho manifestar sus emociones al todo por ciento. Llego con ganas de no volver y se marchaba con el doble de no irse. Pero tenía que volver. Había tomado una decisión arraigada al diminuto valor que había conseguido florecer en él. Ahora no para volver a su falsa burbuja, sino para explotarla e intentar cambiar algo. En Paris empezó y en París debía acabar.

Siempre París.

Continuara…


Nota de la autora: Y aquí es donde me matáis por lo mal y horrible que me ha quedado este capitulo xD Porque me da a mi que el momento Axel x Celia no lo he expresado bien, al menos el sentimiento de meter a Shauw en medio. Pero bueno, preguntadme con lo que sea. No he podido hacerlo mejor y a mi, por lo menos, me gusta el resultado ^^ lo que no se, si se llega a entender, es la cosa xD Siento ser pesada nombrando tanto París, pero.. ya tendrá explicación jajaja Junto a todo lo demás y bueno, se vienen momentos y drama Nelly x Mark. Ahí dios, espero que quede bien y no os den ganas de matarme jajaja

¡Gracias por leer!