Capítulo 15 Cruzando el Rubicón- Parte 2- Alea iacta est ("La suerte está echada")
Alfred: ¿Está claro?
Los tres nuevos acompañantes de la mesa de Alfred estaban todos con caras que variaban de la emoción a la melancolía.
Max: Tendremos que apresurar las reparaciones de los tanques, pero necesitamos obtener las piezas de repuesto antes para poder lograr algo así.
Looney: Las piezas llegan pasado mañana, me aseguré de hacer el pedido antes del encuentro. Pero no es lo mismo con las municiones y el combustible, esas no llegan hasta dentro de dos semanas, pero si el consejo estudiantil cumple su promesa podremos conseguir que nos manufacturen algunas municiones HEAT los demás clubes, tenemos los permisos de la asociación de Senshado y los tutores de los respectivos clubes.
Eli: Sin tanques y equipo tendremos que trabajar tácticas en tablero y estudiar grabaciones de juegos anteriores de Saunders y . No mi tipo de entrenamiento preferido, pero es algo.
Alfred: Entonces, ¿aceptamos el desafío de Saunder y ?
Looney: Por mi bien, pero que al menos nos den algo de tiempo para respirar.
Max: Yo quiero hacerlo, pero es un encuentro dos contra dos, aún necesitamos un aliado.
Eli: Supongo que podemos pensar acerca de eso después de esta noche.
Alfred: Bien, le diremos al resto del equipo en la próxima reunión del club. Por ahora que se quede entre nosotros, que ellos descansen.
Looney: Con eso definido, ¿no creen que tendremos que conseguir un par de tanques nuevos? Saunder y no resaltan por sus vehículos ligeros. Tal vez Big Boss nos tenga algo.
Max: Ya te dije que no llames así a mi tío.
Looney: ¿Entonces Snake?
Max: …
Looney: Snake se queda.
Max: Me pondré en contacto con él y veré si tiene algo nuevo.
Alfred: Mira si puedes conseguir algo rápido, necesitamos tanques que puedan flanquear más eficientemente.
Eli: Y algo pesado, el Panther es bueno, pero necesitamos una punta de lanza más confiable.
Looney: Y si logras conseguirte un Firefly, te estaría eternamente agradecido.
Max: Si, si, ya veremos que hay.
Alfred: Muy bien, es todo por ahora. Yo tengo que ir a comentar nuestra decisión.
Levantándose de su asiento, Alfred, comenzó a buscar cualquier indicación de Kay o Daarjeling. Una tetera en siendo llevada por una chica de Anzio fue una muy buena pista.
Poniéndose en marcha se despidió de sus compañeros, los cuales no tardaron en regresar a lo que hacían antes de enterarse que ahora eran un interesante y nuevo rival para todas las escuelas.
Por su parte Alfred siguió de cerca a la mesera hasta llegar a una mesa un tanto apartada del lugar donde la mayoría estaban reunidos, su deducción resulto ser correcta cuando observo a la comandante de aceptar la tetera con un agradecimiento, pero su suerte no acababa ahí, pues junto a la chica estaba Kay, comandante de Saunders, con una botella de Coca-Cola en su mano mientras hacía gestos y sus labios se movían sin parar.
Acercándose sin ser notado, Alfred logro ponerse tras ambas y les dijo.
Alfred: Buenas noches, chicas. Les importa si me siento.
La pequeña historia de Kay llegó a un abrupto final ante la solicitud, pero no tardo en sonreir y responder al su nuevo acompañante.
Kay: ¡Of course you can!
Tras mover una silla y acomodarse en ella, Alfred se unió a las dos chicas.
Alfred: Espero no interrumpir nada.
Kay: Para nada, solo le contaba a Daarjeling como repartimos libertad y munición antitanque de alto calibre cuando nos enfrentamos a Pravda en un encuentro de practica que tuvimos hace unos días.
Alfred: Oh. No escuché de esa batalla.
Kay: ¡Por supuesto que no lo hiciste! Fue un enfrentamiento secreto. Solo los dos equipos y los jueces.
Alfred: Ya veo.
Daarjeling: Pravda y Saunder tienen una rivalidad eterna, pero todos sus combates siempre se libran en secreto.
Kay: Pero no le digas a nadie de eso, ¿ok?
Alfred: Ok.
Kay: Excelente, ahora, me imagino que estas aquí porque nos traes noticias.
Alfred: Si, ya hablé con mi equipo y todos estuvieron de acuerdo.
Kay: ¡Excellent!
Daarjeling: Perfecto.
Alfred: Pero les pedimos que nos den por lo menos dos semanas y media para prepararnos, debemos reparar los tanques además que la munición y la gasolina se demoran un poco.
Daarjeling: No te preocupes por ello, lo planearemos para el otro mes, ¿te parece?
Alfred: Me parece perfecto.
Daarjeling: Existe un antiguo dicho que va así, "El que va solo llega más rápido, el que va acompañado llega más lejos", significa que el potencial de un equipo es siempre mayor al individual si se logra coordinar adecuadamente. Me pregunto si ya has pensado a quien pedirás ayuda para este enfrentamiento.
Alfred: Si, pero eso es un secreto. Una sorpresa para ese día.
Kay: ¡Ya veo, Alfred! Very clever, very clever. No quieres que nos preparemos para tu aliado, ¿eh?
Alfred: ¡Sí! ¡Claramente es eso! - "Mejor que crean eso, no es como si yo lo tuviera claro tampoco." Se dijo así mismo.
Daarjeling: Aun así, daremos lo mejor, estamos curiosas por ver qué cosas nuevas traen los hombres al Senshado.
Alfred: Si, también yo.
Daarjeling: ¿Perdón?
Alfred: No nada. Es solo que nunca puedes estar seguro de tu equipo, me imagino que ustedes como capitanas lo saben.
Daarjeling: Ciertamente, "Ningún plan sobrevive al contacto con el enemigo" es un viejo refrán militar, y muchas veces ni siquiera a tu propio equipo.
Alfred: Pero entonces, ¿cuál es punto de hacer un plan si sabes que no va a funcionar?
Kay: Porque así siempre sabrás en que dirección ir.
Daarjeling: Un plan se hace siempre pensando a largo plazo. Es una estrategia, las tácticas ya son labor de cada tripulación.
Alfred: ¿Y si las tácticas de un equipo interfieren con las de otro?
Kay: ¡Por eso entenas como equipo! Si todos se conocen la coordinación surge poco a poco.
Daarjeling: Mira por ejemplo a ese chico de ahí.
El dedo de Daarjeling señalaba hacía Gesta, que estaba de pie cerca de la mesa donde estaba Toki, el muchacho llevaba dos vasos llenos de jugo en sus manos.
Daarjeling: Hace rato que tiene esas bebidas, pero no ha podido acercarse, pero todos sus compañeros han pasado cerca de él, alguno diciéndolo algo, otros solo asintiendo con su cabeza.
Alfred: ¿Cuál es el punto?
Daarjeling: Por lo que he visto es un chico tímido, ¿no?
Alfred: Un poco, sí.
Daarjeling: Y nunca le ha dicho a nadie acerca de sus sentimientos por la chica de las coletas.
Alfred: No que yo sepa.
Kay: Pero todo el equipo lo sabe y lo apoya.
Daarjeling: Las bebidas las consiguió él, pero no los pitillos o la flor que tiene en su mano.
Efectivamente, Gesta llevaba sus bebidas con un pitillo cada una, además de una flor en uno de sus bolsillos. Poco a poco se fue acercando a la chica que estaba disfrutando de una dulce Panna cotta preparada por Anzio.
Saludando a Toki, Gesta le ofreció la bebida, ella la recibió con una sonrisa en sus labios mientras que Gesta permaneció en pie, sus mejillas como soles, tanto en calor como color. Tras beber un poco Toki miro a Gesta con ojos cuestionantes, levantándose de su puesto, Toki agarro a Gesta de la mano y lo impulso hacía una silla junto a ella. Una vez tenía al chico sentado, regreso a su puesto.
Alfred: Tu punto es que, si un equipo se conoce lo suficiente, el plan no es necesario.
Daarjeling: Para nada, Alfred.
Kay: El punto es que, si un equipo se conoce lo suficiente, todos trabajaron en coordinación por alcanzar ese plan, y adaptaran sus tácticas para lograrlo.
Daarjeling: Todo suman su propio grano de arena. Algunos con movimientos sutiles, otros con un gran número de explosiones. Pero granos de arena, al fin y al cabo.
Alfred: Ya veo.
Regresando una vez más su mirada hacía la mesa que ahora compartían Toki y Gesta, pudo ver como la chica le daba un trozo de su postre a Gesta mientras sonreía. Por su parte el color del comandante del Panzer III había bajado de rojo solar a una pequeña coloración en su blanco rostro.
Alfred: Muchas gracias por los consejos.
Daarjeling: Siempre un placer, Alfred. Te enviaremos una notificación cuando todo lo necesario para el encuentro esté listo.
Tras decir adiós a las dos chicas y escuchar como Kay resumía su historia, Alfred oyó un sonido que no había esperado. El rugido de su estómago recordándole que no había comido nada, pues esperaba un evento especial.
Alfred: Es hora de aceptar los granos de arena que todos me han querido aportar.
…
Anchovy: ¿¡Cómo van esos postres, Gio!?
Gio: ¡Casi listos, Duce! ¡Solo necesitan el glaceado!
Anchovy: ¡Pepperoni!
Pepperoni: ¡Si, Duce!
Anchovy: ¡Ve y rellena la selección de bebidas!
Pepperoni: ¡Enseguida, Duce!
La zona donde se preparaban las comidas estaba menos densamente habitada que cuando Alfred llegó a la fiesta, pero las chicas que aún seguían ahí trabajaban a una velocidad arrolladora. Aparentemente, estaban terminando unas bandejas de postres y recipientes con distintos tipos de jugos.
"Ser anfitrión de fiesta debe ser un infierno," Se dijo Alfred asimismo al ver a las chicas cocinar.
Buscando una mesa cercana, Alfred se sentó y se decidió a esperar que Anchovy estuviera libre, dejando su plato de comida, ya frio, en la mesa, al parecer no sirvió de nada cubrirlo con otro plato; rellenando su vaso con jugo se dedicó a observar a los invitados.
Gesta y Toki ya no estaban sentados en una mesa, ahora estaban bailando, o eso se supone que harían. Eran como ver agua y aceite. Los movimientos de Toki eran descontrolados, solo hacía lo que su cuerpo quería mientras intentaba seguir el ritmo, por otro lado, Gesta parecía una escoba, sus movimientos robóticos y ajenos a todo tiempo musical. Pero ambos tenían sonrisas en sus rostros.
Looney estaba reunido con sus amigos y varias chicas, todo mientras contaba una historia que al parecer implicaba a sus amigos pues lo señalaba demasiado.
Looney: ¡…Y me vendieron por una lata de gaseosa!
El grito de Looney llegó hasta Alfred, que solo pudo reírse de la situación, ya conocía la historia de la lata de gaseosa, parecía un espectáculo que los cuatro amigos tenían ensayado y practicado desde hace mucho tiempo, pero en realidad todo fue un mal entendido que nunca nadie aclaro.
Anko y Eli estaban sentados hablando, nada en especial ocurría entre ellos, excepto el hecho de que Anko tenía su mano sobre la mano de Eli. La muchacha no se había percatado pues su mirada estaba centrada en el baile de Toki y Gesta, aun así, eso no explicaba porque sus mejillas estaban rojas mientras conversaba con Anko. Girando su cabeza rápidamente, Eli miro a los ojos a Anko para decirle algo, el chico reacciono alejando su mano de la de Eli y respondiendo mientras se convertía en un faro rojo en medio de la noche. Por su parte, la mano de Eli se convirtió en un puño.
Max y Dan se hallaban hablando con las chicas de Oarai que habían venido a ver el encuentro, todas estaban atentas a la historia contaban ambos chicos, en especial una pelirroja que parecía colocar cada gramo de su alma y conciencia en Max.
Karl, Gogo y Drac estaban jugando dardos con las chicas de Anzio, al parecer habían colocado un pequeño espacio con unos juegos aleatorios. Drac y Gogo parecían estar en un duro enfrentamiento, o al menos Gogo lo estaba, Drac solo lanzaba los dardos atinando con increíble precisión, pero sin ningún interés en competir, opuesto a Gogo que se estaba ahogando en frustración por estar siendo puesto a prueba por Drac.
Por su lado Karl parecía tomarse su tiempo antes de tirar, su pose y forma de lanzar eran exactamente iguales en cada intento, parecía que buscaba la forma más perfecta para asegurar un buen tiro, incluso el lugar donde sus pies se colocaban era siempre el mismo. Además, parecía que dibuja parábolas con sus manos antes de lanzar.
Finalmente, Ace y Sarek estaban solo en una mesa…mirando en la dirección de Alfred con unas sonrisas muy peculiares en sus rostros, a la vez que parecían intentar decir algo al comandante de SF.
Alfred: Barras.
En un intento de leer labios, Alfred centro toda su atención en sus mejores amigos y lo que le querían decir.
Alfred: Asas…no…paras…agh…astas…atrás.
El sonido de alguien limpiando su garganta distrajo a Alfred del juego de charadas que tenía con sus compañeros, girando 180° se encontró cara a cara con la visión más esplendorosa y terrorífica que podía imaginar.
Anchovy: ¿Qué te puedo servir, Alfred?
Alfred pudo sentir como toda su mente se silenció antes de estallar como un concierto de rock en el silencio antes del coro. Si hubiera estado tocando una guitarra seguramente habría desafinado. Entre más pensaba que decir, más se daba cuenta que jamás preparo un discurso, chiste, presentación, poema o canción para este momento.
Así que ahí estaba Alfred, ante la mirada llena de confianza de Anchovy, la cual tenía ahora una ceja levantada.
Alfred: Sabías que fue primero el huevo que la gallina. A pesar de toda la discusión que existe la respuesta es muy clara. La evolución sugiere que los pequeños cambios en el ADN durante la concepción dan el nacimiento a nuevas especies. Por eso fue primero el huevo que la gallina, porque el huevo lo puso una proto-gallina.
Anchovy: Muy interesante. Me supongo que con esa frase te presentas a todas las chicas, ¿no?
Alfred: Si…no…la verdad es que no sé que decir así que dije lo primero que se me ocurrió.
Anchovy: ¿Y eso fue si fue primero el huevo o la gallina?
Alfred: ¡Fue algo que me conto un amigo! Sabes que, olvídalo. Mejor dime si estas ocupada todavía.
Anchovy: La ultima bandeja de postres estará lista dentro de poco. Con eso podrás probar la última parte de una cena de Anzio, y no es algo que te quieras perder.
Alfred: Oh. Ya estoy saboreándolo.
Recostándose sobre la mesa y acercándose al Alfred, Anchovy sonrió como un gato que puede hacerse invisible. El chico sintió como caía en un agujero sin fin al ver esa expresión.
Anchovy: Dime Alfred, ¿qué te pareció la comida?
Su corazón latía a una velocidad arrolladora, Alfred se quedaba sin palabras; no, las palabras ya se habían ido. Tomando su vaso de jugo, bebió todo el contenido restante si respirar, la verdad es que no servía de mucho, pero al menos le daría tiempo para pensar.
"Muy bien, una respuesta rápida, ¿cómo estuvo la comida?" Solo en ese momento Alfred se percató de algo, no había probado nada de lo que le habían servido.
"Mejor dicho, ¿mentir o no mentir?"
Anchovy: Alfred, ¿qué tantas tomas de ese vaso?
El vaso estaba vacío desde hace unos momentos; rápido como el rayo, Alfred deposito el contenedor lleno de aire en la mesa y miro a Anchovy a los ojos mientras reunía toda la fuerza de voluntad que podía.
Alfred: Veras, la comida… la comida…tu sabes…
La ya interrumpida línea de pensamiento de Alfred conoció su fin cuando vio a Anchovy levantando el plato que cubría la comida que él no había tocado. "Fue bueno mientras duro…supongo." Alfred había visto cosas así antes en televisión, y nunca terminaban bien; ya estaba listo para recibir la ira de Anchovy, pero, para su sorpresa la chica no estaba furiosa, solo lo miro a los ojos y le dijo.
Anchovy: Supongo que las pastas con salsa de anchoas no son para todo el mundo.
Un escalofrío recorrió el cuerpo del capitán de San Francisco, ella tenía esa sonrisa presumida y llena de confianza que mostraba siempre, y sus ojos aún mostraban el fuego que lo hipnotizó cuando la vio por primera vez en el encuentro, pero todo se sentía incorrecto. Fue esa sensación la que finalmente sello los labios de Alfred.
El silencio atrapo a ambos comandantes en una jaula de la cual no podían escapar, Alfred no sabía que decir, esperaba ira o una risa, no tristeza por parte de Anchovy, "¿Tan valiosa era esa receta para ella?" Mientras miraba a la chica y sentía como su mente se perdía en un vacío negro, un golpe en la parte trasera de su cabeza lo regreso al mundo de los conscientes.
Girándose rápidamente pudo ver un zapato en el suelo, un zapato desamarrado y solo. Fijándose una vez más en Anchovy pudo ver una mirada de sorpresa en sus ojos, al parecer también había visto como alguien le había lanzado un zapato a Alfred.
Buscando por el asaltante, Alfred recorrió los pies de las personas que estaban en una distancia aceptable para hacer el lanzamiento, hasta que finalmente vio a alguien en un solo pie, pues no quería ensuciar su media.
Cuando subió su mirada para encarar a quien lo había atacado se encontró con la mirada de Ace; entonces vio como su impaciente compañero sacudía sus manos de arriba abajo. Las incomprensibles señas de Ace fueron traducidas por Sarek, quien movía sus manos de su cuello hasta su boca, diciéndole que hablara.
Tomando el zapato en sus manos y lanzándolo de regreso a su dueño, Alfred dio un respiro lentamente un par de veces antes de encarar a Anchovy de nuevo. Tomó el plato que ella tenía en su mano y cubrió las pastas frías que le había servido una vez más.
Alfred: La verdad no sabría decirte a que sabe la comida, porque me decidí a esperar para poder comer contigo; pero me tarde tanto en reunir el valor para hablarte que terminó enfriándose.
Una vez más sus ojos se cruzaron; ya la tristeza había desaparecido, remplazada por asombro y sorpresa; cuando fue claro para Alfred que Anchovy no iba a dar una respuesta se decidió a continuar.
Alfred: Anchovy, ¿quisieras compartir la comida conmigo?
Tras unos segundos, en los cuales Anchovy mantuvo su rostro con la misma expresión de asombro, respondió a Alfred.
Anchovy: Yo ya comí. Lo hice mientras cocinaba para el resto.
El recuerdo que volvió a Alfred fue claro como el agua del mar, hace unas semanas lo había llamado al frente del salón a responder una simple pregunta de matemáticas, (a+b)2=; Alfred nunca fue un maestro de la matemática, se las arreglaba porque dedica parte de su tiempo a estudiar, pero cuando escribió a2+b2 se dio cuenta que tal vez la clase de matemáticas no era el mejor lugar para planear maniobras para el Senshado. Ahora se sentía igual que aquella vez, como un idiota.
De repente tenía mucha sed, sin tan solo no se hubiera tomado todo su jugo. "¿Qué tengo que hacer para conseguir un poco de jugo de uva para adultos?"
Mientras que Alfred estaba perdido en el pasado, Anchovy pudo notar que algo no andaba bien con el muchacho, así que lo golpeo un par de veces en los cachetes para capturar su atención una vez más.
Anchovy: Pero compartiré el postre contigo, ¡así que tienes que alegrarte!
Cierto, llegando al final de la clase entregaron los exámenes sorpresa de la semana pasada, sacar la mejor nota del grupo en ese examen compensaba por un pequeño error en el tablero.
Antes de poder responder, el estómago de Alfred se hizo escuchar en la mesa que compartía con Anchovy; compartiendo una pequeña risa entre ambos Duce se puso en pie y comenzó a dirigirse a la cocina.
Anchovy: ¿Qué quieres tomar con las pastas?
Alfred: Cualquier cosa que me haga olvidar que están frías.
Anchovy: No te preocupes por ellas, siempre que preparo pastas con salsa de Anchoas hago de sobra. Es mi favorita después de todo.
Mientras la veía partir por su plato de comida, Alfred pudo notar algo peculiar. "Sus caderas se balancean un poco más de lado a lado, ¿no?- ¡Detente, joder! No puedes andar por ahí mirándola…mucho…solo un poco no hace daño…Mmmmmmm…foto mental…y foto mental."
Hizo falta el golpe de una tabla para cortar verduras para regresar a Alfred al mundo real, y una mirada que haría temblar a los demonios para mantenerlo ahí. Esa chica rubia parecía más amable la última vez que Alfred la vio; su nombre era Carpaccio, sí lograba recordarlo bien de las presentaciones antes del encuentro; gracias a esa chica el torneo de dardos entre Gogo y Drac se había vuelto muy interesante.
…
Anchovy: Obviamente te gustaron las pastas, ¿cierto? Porque si no lo hicieron jamás te perdonare.
Alfred pudo escuchar la voz de Anchovy, pero el significado de sus palabras se perdió en el sabor de la comida que le habían servido, "¿Cómo algo puede ser tan delicioso? Necesito saber la receta de esto."
Despejando su mente del sabor celestial de la comida, Alfred miró a Anchovy y le pregunto.
Alfred: ¿¡Cómo hacen estas pastas!? Están deliciosas.
Para sorpresa de Alfred, Anchovy se puso en pie y lo señalo con su fuete materializado de la nada.
Anchovy: ¡Ah! Es un secreto, la salsa es invención mía.
Alfred: ¿En serio? Que lastima, yo esperaba poder comer más de esto. Parece que será cosa de una vez.
Anchovy: N-no me molestaría visitar tu escuela y cocinar un poco para ti.
La respuesta de Duce atrapó los espaguetis en el cuello de Alfred, haciendo que se ahogara; agarrando el vaso de jugo que tenía cerca se bebió todo el líquido que había, otra vez.
Cuando recupero se aliento, se decidió responder a Anchovy, pero la voz de la chica, que se había puesto en pie y lo señalaba con fuete, lo cortó.
Anchovy: ¡Que tenga que ser yo quien te invite en una cita, debería darte pena! P-pero también deberías estar feliz. ¿Qué respondes?
Alfred: Por su-
Anchovy: ¡Es claramente un sí! ¡Porque tú no te atreverías a rechazarme! Porque si lo haces jamás te perdonaré, o mejor, gritaré.
Alfred: Anchovy- Dijo mientras se ponía en pie y la tomaba por los hombros- Haría lo que fuera por probar tu cocina, y haría más por compartir tiempo contigo.
Anchovy: ¿De veras?
Alfred: Si.
Anchovy: ¿De veras? ¿De veras?
Alfred: Sin duda alguna.
Ambos comandantes se miraron a los ojos, cada uno perdiéndose en el otro. Sus rostros acercándose lentamente y sus palpitaciones elevándose a los mismos niveles que tenían en un encuentro de Senshado.
Ambos cerraron sus ojos cuando sus labios estaban a meros centímetros.
En medio del ruido de la música, Alfred y Anchovy se convirtieron en el ojo de la tormenta, un lugar paz y calma rodeado por sensaciones demasiado efímeras y rápidas para entender; envueltos en el manto de la noche y el frio de sus cuerpos desapareció o simplemente perdieron toda capacidad de percibirlo.
Y así tan rápido como comenzó, llegó a su fin. Cuando ambos se separaron y abrieron sus ojos fueron recibidos por la sonrisa del otro, permanecieron así por lo que pudo ser una eternidad, mirándose a los ojos, perdidos en el otro.
Alfred: ¿Quisieras salir a bailar un rato?
Anchovy: No se bailar.
Alfred: Tampoco yo.
Alfred tomó a Anchovy de las manos para dirigirse a la pista de baile, pero frente a ellos encontraron un único problema, un muro de rostros y miradas que iban desde expresiones de sorpresa hasta sonrisas casi maniáticas.
Alfred: Demonios – Dijo entre dientes.
Bastardos, todos ellos. Alfred los conocía muy bien, sabía que cada miembro de su equipo era un bastardo sin gloria, la mayoría lo negaría excepto Looney y sus amigos, pero todos estaban siempre atentos para buscar algo por lo que molestar o burlarse de sus compañeros; y Alfred les había dado justo eso, en el momento que él estuviera solo con ellos no lo dejarían en paz. Al menos tenían la decencia de esperar, o tal vez solo querían tomarlo cuando estuviera desprevenido.
La peor parte de todo, al menos para Alfred, era el silencio; fuera de la música nadie había producido un sonido desde el beso que se dio con Anchovy.
Tras lograr recomponerse de la realización de que su pequeño momento había sido público, ambos comandantes intercambiaron miradas e hicieron lo que habían aprendido a hacer como comandantes. Poner cara de calma y serenidad a pesar de estar muriendo por dentro.
Alfred: ¿Qué tal si comemos el postre antes de bailar?
Anchovy: Traeré las dos porciones.
Alfred: Déjame te ayudo.
Y en un parpadeo ambos comandantes se retiraron de la vista de todos a la cocina improvisada que Anzio había instalado para la fiesta. A pesar de que los actores principales habían salido de escena, el público no volvió a la normalidad, los distintos grupos empezaron a susurrar acerca de todo lo que había ocurrido. Anko y Gesta cruzaron miradas, y cuando se dieron cuenta lo que habían hecho se giraron lo suficiente para darse la espalda; ambos rojos como tomates.
Toki se arrojó sobre Gesta abrazando su brazo.
Toki: ¿!Acaso no fue hermoso, Gesta!? El comandante y Anchovy se vieron tan lindos juntos.
Gesta tuvo que colocar toda su fuerza mental para no perder el conocimiento y tragarse el nudo que tenía en su garganta.
Gesta: Si, sí, sí. Lo fue. Fue hermoso.
Recostando su cabeza sobre el hombro de Gesta, Toki sonrió y dijo.
Toki: Me pregunto si habrá alguien para mi ahí afuera. Alguien que quiera salir conmigo a la playa para nadar, o que disfrute ver barcos militares en los museos.
Justo en ese momento Gesta perdió el control de su boca, las palabras estaban en su mente, pero se rehusaban a salir. La sensación era horrible para el estudiante de primer año, deseaba gritar todo lo que tenía retenido en su interior, cada palabra, cada sentimiento, cada idea que tenía para hacer feliz a Toki. Pero no tenía boca.
Toki: ¡Pero no hay razón para desanimarnos ahora! Debemos estar feliz por el comandante.
Toki se soltó de Gesta y estiro un poco.
Toki: Que bueno que mañana es fin de semana, no sé si podría ir a clase después de todo lo que paso hoy.
Gesta: Si.
Toki: Voy por una bebida, ¿quieres algo, Gesta?
Gesta: N-no, estoy bien.
La joven exploradora se retiró de la mesa y se dirigió al bar de bebidas, dejando a Gesta solo en la mesa que compartía con ella. Aunque su respiración era aún calma, sus puños se hallaban cerrados bajo la mesa, "Fui capaz de bailar con ella, pero no soy capaz de dar el último paso, ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!?"
En el momento que sintió que sus ojos comenzaban a aguarse, Gesta, recupero su compostura; se limpió los ojos y tomo aire varias veces. Para cuando Toki volvió a la mesa, Gesta estaba igual que la última vez que lo vio, la chica solo sonrió y se sentó a su lado una vez más, Gesta devolvió la sonrisa, pero sus puños seguían cerrados.
Mientras que Toki y Gesta compartían su mesa en silencio, la tripulación del Cruiser debatía la materia del beso de Alfred a su manera.
Looney: Diablo, yo sé que la profesora nos dijo que nos lleváramos bien con las demás escuelas y eso, pero el Alfred se lo tomó muy en serio.
Mono: A penas y se conocieron esta mañana y ya están juntos.
Torres: Eso es amor.
Looney: Sea lo que sea, ya lo perdimos, ¿quién será el siguiente Anko, Gesta?
Danilo: A esos ya los perdimos. Es más, ya los habíamos perdido desde el primer día.
Looney: Cierto, si te descuidas te hacen el despiste y te engatusan. Te dejan, así como a Torres.
Torres: Por favor, yo las engatuso a ellas.
Looney: Muy cierto, incluso Danilo te ha seguido al lado oscuro; sigan el ejemplo del Mono, él sí sabe como es el negocio.
Danilo: ¿¡Y yo qué he hecho!?
Looney: Tu sabes muy bien lo que has hecho.
Danilo: No, no lo sé, dime.
Looney: Irrelevante. Lo importante es que perdimos al comandante, debemos asegurarnos de retomar el control del club antes de que Alfred este sumido por completo a Anchovy. Y una vez tengamos el control de club ¡Declararemos Exterminatus sobre Eli!
Sus amigos solo pudieron reírse ante el enérgico discurso de su amigo.
Torres: Eso es que quieres con ella.
Looney: ¿¡QUÉ!?
Mono: Yo también lo creo, eso es amor.
Danilo: Ciertamente.
Looney: ¿¡Quién en su sano juicio le vendería el alma al diablo!? Yo no sé ustedes, pero solo Anko puede sobrevivir con esa mujer, la sola imagen de despertar en la misma cama que ella me da escalofríos. El único afortunado aquí es Gesta, la chica que él quiere es más suave, más tranquila, más divertida y no te asesinará mientras duermes.
Mono: Eso es cierto, ella es algo inestable.
Torres: Eso no es el verdadero problema, el problema son sus capacidades sobrehumanas, ella no es un ser humano normal, eso te lo puedo asegurar.
Danilo: Al menos es Anko el que anda con ella, no nosotros. La verdad es que temó por él.
?: Anko no corre ningún peligro, deberían temer más por ustedes.
Looney: ¿Por nosotros? Si sobrevivimos al enfrentamiento de hoy sobr…- Looney guardó silencio al ver los rostros de sus compañeros, ellos le dijeron todo sin una sola palabra- ¡Demonios! Bien jugado, Eli. Bien jugado.
Para sorpresa de los cuatro muchachos, Eli se había acercado a ello sin que se percatarán y la sombra que se cernía sobre la mitad superior de su rostro no lograba ocultar la intención asesina de su mirada.
Eli: Ahora que lo recuerdo, nunca tuvimos esa conversación acerca de su pequeño juego en el enfrentamiento.
Tras escuchar esto, los cuatro tanquistas miraron al cielo juntos. Las estrellas cubrían el cielo, brillando casi tanto como la luna que iluminaba la noche. Si fueran pintores seguramente hubieran querido retratar la belleza de la vida reflejada en esa visión.
Looney: Muchachos, ahora somos libres; así que recuerden, desafiantes hasta el final.
Los cuatro asintieron una última vez antes de mirar a Eli, ella por su parte colocó una de sus manos sobre el hombro de Looney y la otra en el de Danilo, luego pronunció unas palabras más.
Eli: Muy bien, Looney, cuéntame un poco acerca de ese "Exter - Eli apretó su agarré sobre los hombros de Looney y Danilo, tal y como un cocodrilo al atrapar con su mandíbula a una gacela descuidada- minatus".
Definitivamente la noche parecía más bella – "¿Por qué no fui pintor? "- los cuatro se dijeron a sí mismos.
