"¿Ahora que debería hacer?", sólo puedo ver a Sylvie sentada en el suelo. Ella está tranquila, callada... asustada. Observo su mirada; está sin ningún tipo de emoción, casi tranquila. No puedo evitar ver su fisionomía. Tiene un corto y delgado cuerpo, padeciendo desnutrición; y me da repulsión verla con esos trapos. Lo único que resalta de ella de una forma positiva es su cabello, al parecer es plateado... Tal vez está perdiendo melanina, y por ello su cabello está tornándose de este color. Es algo inusual y me es casi una falacia, pero es la única explicación posible que tengo. Y sus ojos... azules, creo que un azul royal según he leído.
—...
El silencio que emana la sala es frustrante. Me es incómodo, pues la presencia de Sylvie es quien la origina... Me estoy lamentando por tenerla aquí...
—¿Algo está mal?
Sus ojos se encuentran con los míos mientras la observaba. Sylvie finalmente se da cuenta que la he estado mirando todo este rato, o puede ser que ya lo sabía, pero tal vez decidió hablar hasta este momento.
—Nada.
Mi tono es cortante, Sylvie rápidamente regresa su vista a la nada, evitando mi rostro —quisiera oírme para saber cómo me escuché—.
—... Oye, Sylvie.
—¿S-sí, Amo? —su respuesta cortada, tal vez asustada, me hace tener más pena... y repugnancia.
—Necesito...
No sé qué decirle... Espera... ¡eso es!
—¿Puedo hacerte una exploración física?
¿Por qué harías eso? No tiene sen-... Oh, claro. Si la voy a llevar a un orfanato, significa que debo traer alguna documentación o algo para que así sea aceptada rápidamente. Es una forma eficiente de deshacerme de ella lo más pronto posible y puede que evite sospechas.
—¿Disculpe?
—Exploración física, ¿acaso no sabes qué es eso?
—N-no, en realidad no sé qué es eso. Jamás en mi vida lo he oído.
—Agh... —está chica... Dios santo—. Una exploración física es cuando un doctor, como yo, te pregunta y observa para saber cómo estás.
—¿Es usted un doctor?
¿Eh? ¿Acaso no escuchó lo que dijo el tipo que la traía? O es sumamente olvidadiza... o tal vez intentó ser cortés al no escuchar nuestra platica.
—... Sí, soy un doctor. Y ya que estás aquí, necesito hacer esto para ver cómo estás. Por eso te pregunto si deseas que te haga uno.
—... N-no necesita preguntarme, Amo. Yo haré todo lo que usted me pida.
Está niña es como un ratón. Creo que hasta no le importaría si yo la golpeo o algo así- ¿Qué mierda estoy pensando?
—Mira... —me levanto del sillón— Sígueme, ¿está bien?
Ella se levanta y camina hacia mí. Cuando llega a estar a mi lado, puedo observar una clara estimulación de miedo... No le tengo confianza, ¿eh? No me importa. Me dirijo por la puerta que conecta a la clínica, y Sylvie me sigue obedientemente. Cuando estoy ahí, abro la puerta y tomo la bata del gancho. Me la pongo y camino hacia la mesa de trabajo donde abro un tintero, tomo el plumín y un pequeño cuaderno de apuntes. Me siento y le ordeno a Sylvie que se siente en la silla del otro lado de la mesa. Abro la libreta, después sumerjo el plumín en la tinta y lo mantengo cerca de la hoja donde estaré apuntando.
—... ¿Amo?
—Mira, yo te haré unas preguntas, y tú me responderás, ¿está bien?
—Está bien...
Iniciare... esto.
—¿Cuál es tu nombre completo?
—Sylvie...
—¿"Sylvie" qué? ¿Acaso no tienes un apellido o tu cabecita no lo recuerda?
—N-no, Amo.
¿Acaso estoy siendo tan grosero? Necesito calmarme, la estoy poniendo nerviosa. Soy un doctor, debo comportarme con profesionalismo.
—¿Qué edad tienes?
—... No sé.
—¿Por qué exactamente no lo recuerdas?
—N-no sé cuándo nací.
—¿Y tú cuantos te calculas?
Ella se toma su tiempo para responder.
—Creo... que unos 14. Pues en otoño, por alguna razón, siento que... crezco.
Su voz casi infantil y su físico harían que cualquiera pensará que tenía esa edad. Pero si te pones a razonar, ella puede que tenga alguna enfermedad o alteración biológica... Pero puede que sus años como esclava, la falta de alimentación y, lo que parece, maltratos, han hecho que su cuerpo no se haya desarrollado lo suficiente. Por el momento, anotaré la edad que le estimo... 15.
—¿De qué país provienes o dónde naciste?
—Fue... Reino Unido, aquí... Según oí, en Bristol.
—Ajá... Hmm... ¿Eres alérgica a algo?
—... No sé eso, lo lamento.
Tengo su nombre, genero, edad, alergias y lugar étnico. Ahora mismo necesito valorar sus signos vitales y una somatometría.
—Sylvie —me acerco a ella— necesito revisar tu corazón.
—¿C-cómo es eso? —dice Sylvie, parece curiosa.
—Necesito acercarme a tu pecho y oír tu corazón. Está técnica se realiza para saber que tan bien estás ahí.
—Eso... ¿Usted puede hacer eso?
—Exactamente. Entonces, lo que voy a hacer es pegar mi oreja a tu pecho. No sé si te pueda incomodar, pero es la única forma de hacerlo.
Veo en los ojos de Sylvie que no le incomoda. Tal vez es peor de lo que temí... no conoce el significado de la perversión. Esto de la auscultación inmediata debe realizarse con mucho cuidado para no incomodar al paciente. Sólo con decir que una vez el esposo de una paciente casi me golpea por mencionarle esto, prueba que está técnica es muy drástica. No tengo un estetoscopio para hacer esto, por ello hago la auscultación inmediata... Pero al parecer será diferente con Sylvie...
—En serio debo hacer esto.
—... Amo, no necesita pedir permi-
—Sí, ya lo sé. Pero debo seguir el protocolo...
No se opone y me permite acercarme a su pecho. Observo su mirada, tiene los parpados cerrados y está temblando. Tal vez no esté pensando en que estoy abusando de ella, sino que la puedo lastimar.
—Bien...
Ahora que lo veo... sus pechos aún no han crecido adecuadamente, son tan... pequeños. Los siento con la parte lateral de mi cabeza. Mis orejas los tocan... Tan pequeños, suaves, blandos... Algo en mí me hace querer... tocarlos...
—¡Tshh!
¡¿Qué mierda estás pensando?! ¿Por qué pensé en eso? Yo he estado con niños y mujeres, y en ningún momento pensé de esta forma...
—Perdón por eso, recordé algo que me molestó.
—... Sí— responde Sylvie.
... Reflexionare después el "por qué hice eso". Por el momento seguiré. Agarro mi reloj de bolsillo y cuento las veces que respira Sylvie.
1... 2... 3... 4... 5... 6...
Y continua la cuenta, debo contar sus exhalaciones e inhalaciones. Con cada paciente que he tratado, nunca le menciono que también observaré su frecuencia respiratoria, pues siempre que se le dice, el paciente cambia su forma de respirar, tal vez por nervios o algo. Por ello inicio con revisar su frecuencia respiratoria y después proseguir con la cardiaca.
Continúo contando. Sylvie sigue inmóvil, con los ojos cerrados; al parecer ya se calmó pues sus respiraciones volvieron la normalidad. En teoría debería de ser 18 a 20 por minuto, y hasta el momento lleva 10.
Pasa el minuto, resultó en 30. Algo severo, pero debo asumir que las extras fueron por el miedo, así que le restaré 2.
Ahora viene la frecuencia cardiaca. Ahora sí me guiare por el reloj para saber cuándo terminará el minuto. Debo ser cuidadoso, pues necesito contar las sístoles que se realizan.
... 73, está normal, no tiene complicaciones. Me retiro de Sylvie y regreso a mi asiento. Logro observar un suspiro de alivio por parte de ella. Tomo el termómetro de la mesa y se lo hago notar a Sylvie.
—Sylvie, creo que ya sabes cómo se usa un termómetro, ¿no?
—Sí...
Lo coloco en su axila derecha. Me mantengo sentado unos cinco minutos. En ese tiempo lo único que puedo hacer es mirar hacia abajo, pues temo incomodar a Sylvie más de lo que ya está.
Retiro el termómetro... 98.6° F, normal. No pienso hacerle una exploración física completa, sólo lo más básico. Necesito su peso y estatura, así podré sacar su índice de masa corporal.
—Sylvie, necesito que me sigas.
Me levanto y me dirijo a la báscula. Le comento a Sylvie sobre lo que se tiene que hacer: pararse ahí y yo la mediré y pesare a la vez. Ella obedientemente —como es de esperarse— sube a la báscula y yo inicio con mi labor.
... Dios.
—Está bien, sígueme.
Los dos nos sentamos nuevamente en la silla. Sylvie pesa 81 libras, esto es preocupante... Y su estatura es de 4 pies y 10 pulgadas. Dividiéndolo estos tres me da un IMC de 17.0... En serio, esto ya me está causando un dolor en mi estómago. ¡Maldita sea!
—¿Cuándo fue la última vez que comiste?
—... Hace dos días.
... Bien, el dolor se incrementó. Iniciare con las preguntas acerca de ella, más que nada para valorar su estado psicológico y mental.
—Tus... Háblame de tus cicatrices.
—¿Mis cicatrices? Son de hace mucho tiempo, por lo que no me duelen más.
Sus heridas obviamente no son recientes, ni siquiera pasó a mi cabeza la idea de vendarla cuando las vi por primera vez.
—¿Cómo las obtuviste?
—Las tengo desde que unos químicos corrosivos fueron vertidos en mí. Prefiero... no recordarlo...
Cierra sus parpados y se mantiene nuevamente en silencio. Como lo había pensado: sí son quemaduras, pero nunca pensé que fueran por algún corrosivo. Más o menos entiendo cuál era su papel como esclava... pero debo comprobarlo.
—Sylvie, ¿qué clase de vida has tenido hasta ahora?
—¿Cuándo estaba con mi anterior amo? Fui azotada diariamente, entre otras cosas.
Exacto, una esclava para satisfacerse. Al parecer su anterior dueño debió ser sadomasoquista... Dios, ¿cómo pudo hacerle esto a una niña? Hay tanta gente enferma... Pero no te preocupes, Sylvie. Yo te llevare a un orfanato, ahí cuidarán bien de ti y yo saldré ileso de la policía.
—Amo...
—¿Sí? —me toma de sorpresa, pensé que no preguntaría algo mientras le hacía estas preguntas.
—Y-yo no soy muy buena conversando. Lamento mi conducta irres-
—¿De qué estás hablando? No estamos conversando, Sylvie. No tienes que disculparte por algo que ni al caso.
Se queda nuevamente callada. Por mi parte, continúo anotando todo en mi libreta. Escribo en el cuaderno:
n: Sylvie —sin apellidos—
gén: Femenino
edad: 14-15
amc/a: Desconocidos
t: 98.6°F
fr: 28
fc: 73
lb: 81
ft: 4
in: 10
BMI: 17.0
Esos son los datos de Sylvie. Por mi parte me dedicare a anotar algunos extras que pueda recopilar.
Eso es todo, he terminado de anotar lo que necesito de Sylvie... Ya basta de estar llenándola de datos y cosas que ni le debe de interesar.
Anoto las ultimas cosas, como su estado mental... Estado mental... estado mental... Creo que sufre de Dapretomanía y disestesia etiópica, o eso puedo suponer. Esta chica... es un caso perdido, a mi parecer. Ella nunca volverá a pensar qué es ser libre, qué es crecer, estudiar y vivir su vida. Espero que en el orfanato puedan ayudarla más de lo que yo puedo. No deseo que vuelva a ser una esclava, tampoco deseo que esté en mi hogar... Pobre de ti, niña, te tocó un destino lamentable.
—Sylvie, puedes regresar a la sala, hemos terminado.
—Gracias por todo, amo.
Ella se va de la clínica. Yo guardo los papeles y acomodo todo en su lugar.
—Esta chica... Dios santo.
¿Qué es esto? Algo en mi... la odia. Tal vez sea el hecho de que esté en mi casa... Y también el hecho de que es una esclava... Los esclavos... Los malditos esclavos, personas que no han hecho nada a alguien, y sufren de la miseria de trabajar sin ningún sueldo, y todavía azotados... Repulsión y odio, eso es lo que siento. Y todos esos sentimientos son reflejados por Sylvie...
Cuando termino de guardar todo, cierro la puerta de la clínica y me siento de nuevo en el sillón... Y fijo mi vista en la esquina, donde está mi "biblioteca"... Es Sylvie, sentada ahí. Al parecer no tiene nada que hacer y sólo se sienta ahí.
—Tsh...
Me froto mi cabello del estrés... tanto que observo como caen mis pelos anaranjados oscuros. Tomo mi reloj de bolsillo para observar la hora, pues veo en las ventanas que ya está oscuro, como si el sol ya se hubiera puesto.
—Las seis, ¿eh?
Creo que voy a hacer la cena pronto... Tal vez una carbonara sería suficiente. Prepararé algo de la leña y la colocare en la chimenea de la estufa. ... Cierto, Sylvie. Tal vez le debería de dar algo de comer... Pan y agua serían suficientes, no creo que necesite ahora mismo una alimentaci-
—¡Dios!
—¿Uh? ¿Pasa algo amo?
Dios... Estoy mal, estoy mal, estoy mal, estoy mal...
—N-nada Sylvie, tu tranquila... ¿Te gusta el pan?
