Las luces del amanecer se entrelazan con las cortinas. No tardé ni unos segundos en levantarme con un respingo de la cama. El sudor, la ansiedad, el miedo... producido de ese sueño profundo y mórbido.
—Buenos días... Amo.
Esa voz... Es Sylvie que está parada en la puerta, con su mirada vacía. Cualquiera se asustaría de verla posada ahí, y peor aún después de tener un mal sueño. Mi mente comprueba e inclusive demuestra lo idiotizado que estaba por el sueño, que no recordaba la presencia de Sylvie en mi hogar.
—D-Dios santo...
—A-Amo, no es por entrometerme en cosas que no me incumben, pero... ¿acaso tiene pesadillas? —su voz demuestra algo de preocupación.
Tal vez me escuchó... A veces me preocupo de qué tan expresivo soy mientras duermo. Es tan obvio el porqué de mis pesadillas... Oh, Sylvie, han pasado dos años desde la última pesadilla que tuve.
—Sí...
—Sabe, Amo, yo cuando tengo pesadillas, pienso...
—No te preocupes por mí, Sylvie. Sólo ve a la sala y espera a que baje.
Hoy acabo de sentir un brillo de esperanza... Sylvie no se ha insultado a sí misma. Esto es... ¿hermoso? Ella se quedó pensando... parece que quiere decir algo, pero únicamente se queda callada. Se termina retirando de mi habitación. Por mi parte, me estiro con la poca energía que tengo y acomodo las cobijas y mantas de mi cama. Salgo de mi habitación para dirigirme al baño. Cuando estoy ahí, tomo la jarra llena de agua y la vierto en el lavabo. Me limpio mi cara, intentando quitarme las legañas y el sudor seco. Al terminar, recojo algo de ceniza y me lo unto en los dientes. Escupo con agua la ceniza restante y observo mis dientes en el espejo... Perfecto, quedaron limpios.
Al terminar, salgo del baño y me dirijo a la sala... Y como le había ordenado, Sylvie está en la sala. Nuevamente sentada en el suelo... No me gusta para nada esto, PARA NADA.
—Sylvie, necesito pedirte algo.
Ella gira lentamente su cabeza hacia donde estoy. Parece un poco preocupada por algo que le pueda decir.
—Hay un sillón y un sofá, si no lo sabes... Puedes sentarte en alguno de ellos.
—Amo, esos asientos son de usted. Y-yo no debo...
Levanto mi mano a la altura de mi pecho, en señal de que pare.
—Sylvie... Agh, escúchame. Me preocupa que estés ensuciándote. Y peor aún... me siento como una persona irrespetuosa. Estás en tu derecho de sentarte en donde te dé la gana, sí; pero eso no implica que debas estar ahí en el suelo.
Había olvidado lo repugnante que eran las palabras y acciones de Sylvie... ¡Dios santo!
—Amo... —se me queda mirando—. E-está bien.
Ella se levanta y camina lentamente hacia el sofá. Puedo observar que está algo preocupada cuando se sienta.
—Haré el desayuno. ¿Te gusta el jugo de naranja, Sylvie?
No sé ni para qué pregunto. Al final dirá lo mismo... Ya no puedo hacer más, ¿no? Digo, aunque pueda...
—S-sí, Amo...
... ¡¿Eh?! N-no sé ni qué responderle... Sólo asiento y me retiro hacia la cocina.
Esto... No sé, estoy conmocionado. Es algo... ¡¿Por qué rayos me alegro?! Dicen que hay que disfrutar de los pequeños detalles, pero esto no es algo como para eso. M-mejor tomo los huevos e inicio a preparar un omelette para comer. Tal vez tenga algo de jamón y queso.
—Esto es... —dice Sylvie, con un brillo esperanzador en sus ojos.
—Sí, disfrútalo, Sylvie.
—G-gracias, Amo.
Rezamos e iniciamos a comer. Degusto de mi comida, y Sylvie se le ve aún preocupada, pero no tanto como ayer. Además... esta escena que estoy presenciando es algo... decente, puesto que me recuerda a la escena típica de un padre (con su pijama) e hija comiendo en la mesa... Ja, ja, ja, ja, a veces mi imaginación se le va un poco la olla.
Consumiendo mi desayuno, me inicio a preguntar algo que no debería estar pensando en un momento como este... "¿Aún no estarán en quiebra los comercios o algunos vendedores en el mercado del pueblo?" Al parecer hay una deflación y problemas comerciales con el país. Sólo sé que Alemania, junto a Francia, les está dando mayormente. No sé qué haré si esto se prolonga y este pueblo termine en una ruina total... Dios, esto es horrible. No creo que volvamos a tener nuevamente la paz en el país.
Terminamos de desayunar. Cuando estoy a punto de levantar los platos, Sylvie me mira con inquietud.
—¿Pasa algo, Sylvie? —pregunto a ella, pero no sé exactamente si sea algún problema o únicamente me está viendo.
—Amo... ¿hay algo en lo que pueda ayudar?
... Ah, ya. Debe querer agradecerme por las comidas que le he hecho. No sería un problema decirle que sí o algo.
—Como esclava, no puedo esperar y ver cómo trabaja en la casa.
... Sabía que era demasiado bueno para ser cierto. Sylvie, Dios santo, esta niña... ¡Maldición! ¿Su mentalidad de esclava le estará haciendo pedirme esto? ¿Tal vez está preocupada de ser desechada si no hace nada? Maldita sea...
—...
Esto... No sé... Ya no sé qué hacer contigo, Sylvie. Intentaré darme la idea de que sólo buscas una forma de pagarme, nada más. Si te voy a hacer "trabajar", entonces que sea con las tareas domésticas SIMPLES.
—P-puedes ayudarme con los trabajos simples, Sylvie. Puedes e-empezar lavando los platos.
—Sí, entiendo. Limpiando y lavando los platos —todo esto lo dice con sus párpados juntados—. Haré mi mejor esfuerzo.
Ella se lleva cada objeto y se dirige a la cocina. Yo me quedo en la silla, aguantándome las ganas de golpear algo... No hay más remedio que respirar y exhalar... "¿Acaso deseas tener taquicardia a esta edad?" me digo. Necesito controlar esto...
Me levanto de la silla y... ¡Por Dios santo! Apenas vi el reloj: ya son las diez de la mañana. ¡Necesito vestirme rápido y ver a mi paciente!
Me dirijo, a paso veloz, al baño y procedo a desvestirme. Tomo una de las cubetas que tengo de agua y lleno la bañera casi al tope. Coloco los productos de higiene, y me meto en la- ¡Maldita sea, está fría!
—... Y-ya pasó el frío.
Inicio a limpiar cada zona de mí. Tengo algo de prisa, y la verdad que no me da el tiempo suficiente de disfrutar de mi baño.
Pasa el tiempo. No sé si ya esté lo suficientemente limpio; pero como dije, no hay tiempo. Salgo de la bañera y me seco con la toalla que siempre dejo en el baño. Me envuelvo con ella y... Agh, tendré que tirar el agua de la bañera después.
—Si tan sólo implementaran un drenaje en el pueblo... —suspiro y me retiro del baño.
—¡Uah!
—¡Ah!
Cuando salí del baño, me topé de golpe con Sylvie. Ella fue quien más sufrió de esta horrible situación, pues está tirada en el suelo junto a una toalla que, posiblemente, traía para mí. La levanto y sólo puedo decirle un sincero "Perdón, Sylvie". A lo que ella sólo responde con un ruborizado de pura vergüenza.
—A-Amo, veo que ya tenía una toalla...
—No tenías que haberte molestado en hacer esto. Lo lamento mucho.
Recojo la toalla del suelo y me retiro rápidamente a mi habitación. Cuando cierro la puerta, puedo oír un fuerte suspiro proveniente de Sylvie... Esta situación me quito (al menos) el malestar de la bañera. Pero eso no quita el hecho que debería agradecerle a Dios, pues el golpe no hizo que el mal nudo de la toalla se hubiera desenvuelto en ese momento... Que horrible situación pudo ser si ocurría eso.
Inicio a preparar todo: ponerme mi camisa blanca, pantalones y chaqueta negra. Al vestirme adecuadamente, me pongo mis zapatos y recojo mi reloj. Tomo algo de la cera que dejo en la mesa de noche. Me peino con el cepillo y cera para después salir a paso veloz hacia la clínica. Agarro mi cabás y guardo lo necesario junto a algunas anotaciones para el paciente. Cuando termino, me dirijo a la puerta de la clínica donde veo a Sylvie, parada ahí mismo.
—Amo, ¿va a salir?
... ¡Rayos!, se me había olvidado. ¿Qué haré con Sylvie mientras no estoy? ¿Qué cosa podría distraerla? Tal vez... Primero le explicaré.
—Voy a ir a ver un paciente. Es de suma importancia, por ello estoy vestido de esta manera.
—... Y-ya veo. No esperaba más de su vestimenta tan... formal.
¿Formal? ¿Qué vestían en el lugar donde estaba an-? Mejor ni lo pienso...
—Necesito que te quedes aquí. Puedes leer mis libros o inclusive dormir algo. Eso sí, no entres a la clínica ni SALGAS. ¿Está bien?
Se toma su tiempo para responder. Debe estar debatiéndose qué decir.
—Haré lo que usted diga, Amo. Mientras no sean cosas dolorosas, pero... Sólo no intentaré desobedecer lo que el Amo me quiera hacer.
... Quiero... tocar su cabeza...
—Sylvie... No digas eso, por favor.
Poso mi mano en su cabeza... Su cabeza tan pequeña. Su cabello plateado... tan suave... Quiero... Oh... Sylvie, ¿quieres saber cómo es tu Amo actual? Te demostraré que no soy tu anterior Amo. ¡No soy un maldito miserable como ese tipo!
Acaricio la cabeza de Sylvie. Intento hacer lo posible para hacerlo con cuidado... Ohh, se siente extraño. Es como si acariciara a un cachorrito.
—... Uhm, ¿qué está haciendo? ¿E-está acariciando mi cabeza? Está bien, pero...
Estoy agradecido de que sepas qué es acariciar. Pero no tanto por el hecho de que esto, en teoría, es una forma de mostrarte "AFECTO".
Continuo por un rato. Sylvie se ve tensa y confundida; esto es obvio. Apuesto que nadie le habrá hecho esto sin terminar en un golpe o algo peor. Sigo intentando ser algo suave y gentil, buscando una forma de demostrarle a Sylvie algo de "afecto".
—...
No tiene ninguna reacción en particular... Vamos, muéstrame algo que me diga que estoy haciéndolo bien.
—... ¿Hay algún significado en hacer esto? —pregunta Sylvie, viéndome con sus ojos vacíos.
... Ahora que lo pienso, ¿esto no es acoso?... Bah, no me importa. Lo que debería importarme es que entiendas lo que estoy tratando de trasmitirte.
—No... entiendo, realmente...
Pues entenderás hasta que dejes de tratarte como mierda, Sylvie. No para-
...
¡El paciente! Dejo a Sylvie, tomo mis llaves y corro rápidamente hacia la puerta. No podré terminar de demostrarle algo de lo que en realidad necesita, pero terminaré con esto cuando regrese a la casa.
El pueblo está tranquilo, como siempre. El frío de la noche aún se conserva en las calles, y el vago ruido del lugar me hacen sentir algo de comodidad. Lamentablemente sólo puedo apresurarme para ir directo con mi paciente.
—Debo llegar, debo llegar...
Seguía a toda prisa. No quería pararme en ningún momento. No deseo que algo o alguien me-
—¡Caballero, espere!
Una mujer joven, vestida de camarera (color azul), botas y con un aura bastante espeluznante, se planta enfrente de mi camino. La impotencia que tengo ahora es alarmante, pero debo mantener el control.
—Perdone —digo esto, mostrando mi cabás—, pero no tengo tiempo y en serio necesito ir a un lugar.
—¡No tomará ni dos minutos lo que haré!
... ¡Maldita sea!
—Caballero —da un pequeño salto y me entrega una hoja—, tome.
Esto... es un folleto. Al parecer de una cafetería que se llama "Lancaster". Menciona que da todo tipo de comida... ¿He inclusive comida elegante?... es extraño.
—La apertura será mañana. Si gusta, podrá pasar y disfrutar de todas las comidas que ofrecemos~
Su carácter es... demasiado amigable. Pero ella parece tener arriba de los dieciocho años... ¿Acaso tendrá un trastorno de déficit de atención?
—Gracias... Veré si puedo ir.
—También tenemos una promoción que incluye un pastel gratis y...
—Escuche, señorita —declaro—, no tengo tiempo. Debo llegar con un paciente a las once. Así que, si me disculpa...
—¡¿Eh?! Pero si son las nueve de la mañana. ¿Por qué tanta prisa?
N-nue... ¡¿Nueve de la mañana?!... ¡Carajo, olvidé que hoy era el cambio de horario!
—Si gusta, puedo hablarle de...
—¡Mira!... —declino— ¿C-cuál es su nombre?
—Nephy, Nephy Winters.
—Escucha, Nephy. La verdad que ahora mismo me siento como un total imbécil, así que-
—¡Oh! No tiene por qué sentirse así. Usted no tiene la culpa, ¡la culpa es de nuestro cerebro que a veces nos falla!
La actitud de esta chica hiperactiva es... muy dulce. Aunque sigue siendo algo extraña. Suelto una pequeña risa. El odio que ahora mismo le sentía... se fue, y con gran razón. Al parecer estaba a las prisas a lo idiota.
—Sí... Bueno, ahora debería regresar a mi cas-
—O tal vez quiera oír nuestro menú para saber más de lo que podría ordenar~
—-... ¿Cuánto tardarás? —digo, colocando mi cabás en la acera.
—¡Nada más un momento!
Intento poner atención a sus comentarios sobre la cafetería... Pero la verdad, oírla decir un montón de comida no me es interesante. Espero ahí mientras termina y, cuando lo hace, fija su vista en mí.
—Espere... Ahora que lo veo, no parece algo joven como para ser un estudiante... ¿Es acaso usted un doctor?
... Guau, eso dolió...
—¡Sí!, debe serlo —exclama—. Yo sólo sé que los doctores y estudiantes llevan ese tipo de bolsas.
—Sí, soy un doctor...
—¡Guau!
Su emoción se hace notar con su grito. Y la verdad que agradezco a Dios que no hay nadie ahora mismo en esta calle, pues no soportaría las miradas dirigidas hacia mí y ella.
—Perdone por no saber de usted —explicó ella—, apenas me mudé aquí por mi hermana.
¿Saber de mí?... Ah, ya. Lo típico de un pueblo es conocer al médico, por lo que eres un desconocido si no sabes quién es.
—Ejem, disculpe, pero usted no me dijo su nombre —pregunta ella.
¿Mi nombre...? Que irrespetuoso soy.
—Franz. Franz Ewald Weinmann —respondo.
Levanto mi mano para intentar tomar la suya y así poder saludarla. Pero en lugar de eso, ella simplemente me la estrecha y la sacude con todas sus fuerzas...
Ay.
—¡Un gusto conocerlo Franz Ew-wa-ld...! Wen-Wein-ma-
—¡Sólo Franz!, por favor... —suplico.
—¡Un gusto conocerlo, Franz! —continuó, con entusiasmo y sacudiendo frenéticamente mi mano.
Ella al final la suelta. Sólo puedo tomar mi pobre mano e intentar frotarla del dolor. Esta chica/señorita... es extraña. Nada más que agregar.
