Disclaimer: Los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto.

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Ella y su oscuridad

II. Ultimo día


Entre mausoleos viejos y lluvia fría, con un cadáver famélico dentro de una caja de madera a punto de ser lanzada tres metros bajo tierra, ahí estaba el resto del diezmado equipo 7. Apenas iban a sepultar como era debido a su amigo tragado por la oscuridad que alcanzó a redimirse en su último aliento. Era el entierro de Sasuke Uchiha.

Naruto no había querido sepultarlo sin que antes Sakura hubiese despertado en el hospital. Tenían que hacer eso los tres juntos; Naruto, Sakura y Kakashi. La lluvia torrencial estaba furiosa, los truenos retumbaban como cañones aquella tarde. Parecía que él vivía en el clima de ese día. Sasuke.

Los miembros del equipo eran los únicos presentes. No habían querido que nadie más que ellos asistieran y los demás respetaron esa decisión. Kakashi observó a sus dos alumnos, el Uzumaki lucía vendajes en un brazo a la mitad y en el cuello, Sakura tenía un campestrillo y unas muletas. Kakashi era el más entero de los tres y se sentía mal por ello.

"Al final no pudimos salvarte, Sasuke. Al final yo no pude hacer nada. Me pregunto si al igual que tú… yo tampoco alcanzaré a salvarme" pensó Kakashi con pesar mientras echaban el ataúd al pozo. Siempre supo que Sasuke y él eran muy parecidos, de alguna manera esperaba que al igual que Kakashi, Sasuke también saliera de su propia oscuridad, aunque fuera un poco. No lo hizo. "No quiero tu mismo destino, Sasuke. No quiero morir solo". Sabía que Naruto y Sakura estaban ahí, pero no se comparaba a que hubiera algún padre, madre, hermano, alguna esposa o un hijo llorándole a un muerto. Con fuerza los dos hombres empezaron a echar tierra que poco a poco se volvía lodo hasta cubrir todo el féretro.

Naruto estaba visiblemente deprimido, serio e inmóvil, parecía un cuerpo sin alma, sus ojeras moradas se acunaban debajo de sus ojos sin luz. Miraba el montón de tierra debajo de la cual estaba su amigo mientras se preguntaba si de alguna manera este final pudo haber sido diferente. Hubiera preferido morir antes que verlo partir, hubiera sido justo que después de tanto sufrimiento en sus vidas fueran los dos quienes vivieran después de la cuarta guerra ninja, pero no. Después de la disolución del Tsukuyomi infinito Sasuke cayó al suelo vomitando sangre abundantemente y Sakura no pudo estabilizarlo. Fue un duro golpe para todos, sobre todo para la ninja médico.

"¿Tendré que vivir con esto todos los días?", se dijo Sakura en su fuero interno mientras intentaba por todos los medios mantenerse serena por una vez en su vida. Las últimas palabras de Sasuke eran las que más habían afectado al resto del equipo 7. Palabras que los habían marcado de por vida, que ahora pesaban en la espalda de cada uno como toneladas.

"Sakura, perdóname, Naruto y tú siempre intentaron salvarme. Yo quisiera que estuvieran juntos… por siempre… mientras estén juntos… yo seguiré sonriendo… Kakashi-sensei… gracias por cuidar de mis amigos… deseo que puedas encontrar a alguien que te ame. Solo quiero que los tres sean felices. Mientras estén juntos, yo seguiré sonriendo. El mundo shinobi… resguárdenlo".

Naruto luchó por mantenerse fuerte, pero fue imposible. La garganta le dolía mucho y sus lágrimas no se pudieron contener por más tiempo. Delicadas gotas de agua salada comenzaron a bajar con rapidez por las mejillas pero no le importó, después de todo la lluvia caía por su cara y era como si no estuviera llorando.

Mientras tanto, Sakura se tapaba la boca con ambas manos para no soltar ni un gemido, estaba llorando en silencio y no quería agregar más dolor empezando a gimotear, ya de por sí Naruto parecía muy mal. Kakashi se mantenía serio detrás de sus alumnos, intentaba buscar algunas palabras pero simplemente su cerebro estaba disecado. De todas formas, aunque encontrara algo qué decir, no significaría nada para ellos. Lo único que pudo hacer fue acercarse más y pasarles un brazo por los hombros en un abrazo triste.

Sasuke se había ido. Estaba muerto. Pero había dejado una gran responsabilidad entre Naruto y Sakura. O eso creían ellos.

"Mientras estén juntos… yo seguiré sonriendo…"

Y por Sasuke que estarían juntos para siempre. Para que él siguiera sonriendo donde quiera que estuviera.


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Hinata estaba sentada al lado de su hermana en una gran mesa rectangular donde los miembros más importantes del clan Hyūga estaban discutiendo unos asuntos trascendentales para el futuro. La peliazul parecía abstraída entreteniéndose en admirar una orquídea que fungía de adorno en el centro de la mesa.

—No creo que eso sea lo más conveniente, padre. ―Alegó Hanabi, trayendo a Hinata a la realidad.

Había estado vagando entre sus recuerdos desde que comenzó esa junta. Aun así había captado lo que su padre quería hacer y al igual que Hanabi no podría estar de acuerdo con ello, pero si era por el bien del clan ella lo haría, no había objeción. Lo haría.

—Hanabi, tu hermana necesita volverse más fuerte y si no puede lograrlo por el camino del bien, tendrá que lograrlo de otra manera.

—¡Pues es una manera muy retorcida y oscura, y no lo acepto! ―gritó Hanabi enfurecida.

—Hanabi-chan… ―pronunció Hinata nerviosamente.

—Deja que yo ocupe el lugar de Hinata, ese lugar me queda mejor a mí. ―pidió Hanabi.

—No puedo, tú eres la que toma las decisiones sin temor, Hinata no. Y no se diga más, las dos tienen que obedecer lo que yo dicte. ―Finalizó Hiashi levantándose con ayuda de un miembro del clan y después se retiró de allí.

—¡No puedo aceptar esa imposición de nuestro padre, Hinata! ―masculló la joven castaña.

—Hanabi-chan, él solo está preocupado por nosotras. Dejemos que él nos diga lo que tenemos que hacer, es para el bien del clan.

—¿Pero y tú? ¡Tú eres la que vas a sufrir, hermana!

—No importa. ―Le dedicó una sonrisa mientras se levantaba ―. Estaré bien. ―Se giró para salir del recinto dejando a Hanabi inconforme.

Aquella reunión del clan le había dejado la mente hecha un revoltijo de malos pensamientos y miedo, así que Hinata había salido a dar un paseo por la aldea para despejar su mente e intentar tranquilizarse. Caminaba por las calles reconstruidas de Konoha cuando recordó que ya había pasado cerca de una semana desde que había tenido aquél encuentro incómodo con Naruto y Kakashi en el hospital. Por suerte la enfermera en jefe no le había dado a cuidar ninguna de las habitaciones 14 y 15, solo se dedicó a hacer curaciones para Shikamaru, Chouji, Sai y TenTen.

Shikamaru era callado y nunca la molestaba, le daba las gracias siempre. Por su parte Chouji era más platicador, hablaban de cosas triviales como el clima, la reconstrucción de la aldea, algunas recetas de comida y esas cosas. Con Sai era divertido porque mientras le suministraba los medicamentos vía intravenosa y le curaba con chakra una de sus pantorrillas, él la dibujaba en pequeños trozos de papel y luego se los regalaba. Con TenTen era con quien menos se sentía nerviosa, hablaban de Konoha, a veces de Neji, otras veces de la guerra.

Finalmente todo eso había acabado hace algunos días cuando los pacientes empezaron a disminuir y su ayuda ya no fue necesaria porque el personal del hospital ya podía darse abasto suficiente. Ahora tenía el tiempo libre y a la vez recortado. Su deber como Hyūga estaba cada vez más cerca y no podría hacer nada contra el destino.

¿Su primo-hermano Neji estaba en lo cierto? ¿Acaso su destino como Hinata Hyūga ya estaba marcado desde que nació?


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Tosió fuertemente mientras que su garganta le ardía demasiado. Un miembro del bouke le acercó una vasija blanca donde Hiashi escupió sangre. Finalmente el ataque de tos había terminado, permitiéndole que pudiera recostarse un poco para descansar. Su hija Hanabi se mantenía de pie frente a la cama, observándolo con interés. Su padre estaba pálido y con grandes ojeras debajo de sus ojos. No parecía el Hiashi inalterable que veía todos los días.

—Mi enfermedad avanza, Hanabi. ―Le dijo con la voz seca y cansada ―. Y mi preocupación por el clan también.

—Sigo pensando que hay otras maneras, padre.

—No. —Alegó terminantemente, mirándola a los ojos —. Hanabi, debes prometerme que cumplirás mi decreto. No quiero irme de este mundo sin que antes el clan esté seguro en tus manos, Hanabi, y que tú estés segura en las manos de Hinata. Ambas como hermanas deben protegerse la una a la otra.

—Sabes cuál es mi respuesta. Hinata es tu primogénita, ella es la heredera, yo no. Padre, yo debo ser la sombra del clan Hyūga, no Hinata. —Intentaba hacerlo entrar en razón, pero Hiashi era imposible.

—Es por el bien de tu hermana, de otra forma, jamás crecerá. Vivirá enamorada por siempre de ese Uzumaki, tartamudeando por siempre, siendo gentil con sus enemigos, jamás será una kunoichi por sí misma y no puedo irme de este mundo sin antes saber que Hinata se preparará.

—Tú no quieres a tus hijas, padre. ―reclamó con el ceño fruncido y salió del cuarto de su progenitor apresuradamente sin escuchar lo que le estaba diciendo.

Tenía que haber alguna forma de evitarlo. Tenía qué.


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—… esa es mi decisión. ―Terminó de hablar Tsunade.

Naruto entreabrió la boca, estaba sorprendido totalmente. No pensó que el puesto para Hokage sería suyo así tan de repente. Sus ojos azules lucían perdidos y apretó con fuerza los puños por detrás de la espalda. Estaba conmocionado pero ¿feliz? No realmente. Aun así la noticia le había agradado, pero había un hueco en su estómago que no le dejaba sonreír demasiado.

—¿Está segura de esto? ―inquirió Kakashi no muy convencido.

—Acepté este puesto porque no había otra persona capaz que accediera a ser Hokage. ―Decía Tsunade ―. Ya cuidé de Konoha, sin embargo, ahora hay una persona más fuerte que puede proteger la aldea con mucho más poder que yo. Ese es Naruto.

El rubio sonrió forzadamente ante su mención honorífica. Su sueño estaba a la vuelta de la esquina, solo tenía que pasar menos de una semana y finalmente sería el Hokage de Konoha. Había esperado todos esos años por esa gran oportunidad, ser un Kage finalmente, que todos los ciudadanos de Konoha lo respetaran y dejaran de menospreciarlo, de creerlo una maldición, una peste viviente. La oportunidad estaba ahí, solo tenía que tomarla.

—Estoy de acuerdo con que Naruto brindará mucho poder y protección a la aldea pero… ¿cómo se lo explico? ―Kakashi se rascó la nuca por un momento, pensando ―. Él a veces es muy impulsivo, por no decir algo tonto.

Naruto no dijo nada, solo se quedó callado esperando órdenes. En otro momento habría reclamado y hecho berrinches de que él no era impulsivo ni tonto.

—Sé que Naruto hará un buen trabajo, pero por si las dudas, quiero asegurarme de que tú lo supervises los primeros meses. ―arguyó la rubia.

—¿Y qué hay si me niego? —Elevó una ceja socarrona.

—Entonces, querido, te recomendaré como el próximo Hokage. ―sonrió ampliamente, enarcando una ceja.

Kakashi volteó de reojo hacia Naruto, no parecía que el rubio quisiese intervenir para defender su próximo puesto pero realmente Kakashi tampoco tenía deseos de ser Hokage.

—Bien, lo voy a ayudar. ―declaró con aburrimiento.

—Gracias, Kakashi-sensei, oba-chan ―sonrió de medio lado, casi ligeramente, como nulo ―. Tengo que ir a contárselo a Sakura, verán lo feliz que se pone, ¡nos vemos! ―gritó Naruto esforzándose por parecer emocionado y sin más desapareció en una nube de vapor.

—Estará bien, solo necesita tiempo. ―sentenció la todavía Godaime.

Kakashi salió de la torre Hokage con las manos metidas en los bolsillos y caminando lentamente, algo encorvado, como solía hacerlo. Estaba pensando en cómo podría escaparse de su puesto como supervisor del nuevo Hokage cuando observó que Hinata venía transitando por la misma calle que él. Parecía ir muy concentrada en lo que fuera que estuviera pensando, pues iba con la mirada perdida y el paso lento. Caminó frente a él y ni siquiera volteó a verlo. Kakashi observó la espalda de ella, su largo cabello color berenjena.

Hinata Hyūga, la chica enamorada de su alumno rubio. No tenía ganas de hablar con nadie que lo conociera realmente, así que apresuró el paso para alcanzar a la jovencita.


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Mientras caminaba Hinata se iba dando pequeños trabajos ayudando a algunas personas necesitadas. Pero aun así no había tantas tareas para ella. Lo que quedaba era levantar muros de la aldea y los jōnin jamás la dejarían ayudar por ser la princesa Hyūga, las calles estaban siendo limpiadas por los civiles y los genins, todos parecían darse abasto y no la necesitaban más.

Podía caminar libremente por su aldea, podía ir a sentarse cerca del río y mirar los árboles moverse al compás del viento suave. Podía ir caminando por las calles y levantar la mirada y ver el cielo azul, tan infinito, y por momentos imaginarse que era otra persona en un mundo totalmente diferente.

—Hinata-chan, ¿qué haces? ―La sobresaltó una voz a su espalda.

La joven volteó para darse cuenta que se trataba de Kakashi Hatake, ese ninja que le gustaba asustarla, pensó.

—Bu-Buenas tardes, Kakashi-sensei. Veo que ya salió del hospital. ―sonrió gentilmente.

—Por suerte. Se tornaba todo muy aburrido por allí desde que te fuiste.

—Pero si tan solo fue un día el que nos vimos.

—Solo un día el que me viste ―La corrigió ―, yo te seguí viendo cómo curabas a Shikamaru, Chouji, TenTen y Sai. ―Hinata se sonrojó levemente ante la sinceridad del hombre. Era cierto que nunca lo había vuelto a ver en el hospital, pues trató en la medida de lo posible no encontrárselo de nuevo.

—¿Usted me había estado viendo?

Kakashi se encogió de hombros.

—Eres una persona muy rara y ese tipo de gente me agrada.

Algo similar le había dicho Naruto hace muchos años atrás, cuando él estaba de camino a los exámenes de ascenso a chunin. Él estaba un poco preocupado y ella le había regalado palabras de aliento. De repente quería preguntarle a Kakashi por Naruto, saber cómo se encontraba, pero no se atrevió. Kakashi había sido muy claro cuando lo atendió en el hospital. Naruto no estaba interesado en ella.

—¿S-Su herida sigue mejor?

—¿Hablas de la herida que no dejabas de ver en el hospital?

El rostro de Hinata se crispó de terror y de sonrojo.

—Lo siento, solo bromeaba. ―Se rió ligeramente ―. Me encuentro mejor, gracias por preguntar.

—S-Se me hace tarde… Kakashi-sensei. ―Se disculpó ella alejándose de sus pensamientos y de Kakashi. Empezó a reanudar su marcha sin levantar la vista para despedirse.

—Hinata-chan. ―Le habló. Ella se giró para verlo ―. Ten un buen día. ―Le deseó con una sonrisa escondida tras su máscara.

Sin embargo, Hinata no sonrió. Ella era una Hyūga, una experta en ver a través de los gestos de la gente y Kakashi no era la excepción. Era una sonrisa falsa. Lo observó con detenimiento, preguntándose qué podría traer él contra ella.

—Usted también. ―musitó con una voz precavida y para nada tartamudeante ni nerviosa.

El jōnin no dijo nada más, simplemente la dejó irse, observándola mientras se alejaba por la calle.

—Naruto jamás te va a corresponder, Hinata. ―musitó como si ella pudiera oírlo mientras la veía perderse en la lejanía ―. Es una promesa.

Nunca jamás. Porque para que Sasuke fuera feliz los tres debían estar juntos, en especial Naruto y Sakura. Hinata no tenía cabida en el equipo 7.


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Una torrencial lluvia se desató en Konoha, como lamentando lo que estaba ocurriendo. La mañana de aquél lunes, el líder del clan Hyūga; Hiashi, había muerto repentinamente. Enseguida Tsunade; que todavía para esos días era la Godaime, suspendió todas las misiones del clan Hyūga para que sus miembros pudieran llevar a cabo la ceremonia correspondiente del funeral y más tarde lo que sería el nombramiento de un nuevo líder del clan.

Al contrario de lo que todos pensaban, la primogénita no había sido nombrada líder.

La actual cabeza del orgulloso clan Hyūga era nada menos que Hanabi, la hija menor del finado. Si Neji no hubiera muerto en la guerra, seguramente él habría tomado el lugar… pero no valía la pena lamentarse más, lo único que quedaba era mirar hacia adelante con valentía. Hanabi era la nueva líder del clan Hyūga, esto había sido decretado por Hiashi antes de morir. Ninguna de las hijas había llorado por la muerte de Hiashi, ningún miembro del clan, las emociones no tenían espacio ahí.

Mientras Hanabi terminaba de dar su discurso para el clan, miraba a Hinata a lo lejos pensando en alguna manera de protegerla, sin embargo, su padre ya había dejado todo por escrito. Incluso Hinata había aceptado su destino.

"No lo entiendo, hermanita, ¿por qué aceptas tu destino tan fácilmente?" se preguntaba Hanabi mientras la ceremonia de su nombramiento culminaba. Hinata se mantenía alejada, con la mirada al suelo pero no triste sino pensativa.

¿Qué iba a ser de Hinata? ¿Qué significaba eso de ser la sombra del clan Hyūga?

"Es por el bien de tu hermana" le había repetido su padre constantemente, pero Hanabi jamás lograría comprenderlo. Solo quería que dejaran en paz a su hermana.


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¿Listo para tu nombramiento como el Rokudaime Hokage? ―sonrió Sakura entrando al departamento Uzumaki, intentando parecer animada ante Naruto. Inmediatamente al verlo, Sakura supo que algo pasaba ―. ¿Qué ocurre? ¿No deberías estar todo loco porque vas a ser Hokage?

En la pequeña sala del lugar había solamente una maleta llena de cosas y abalorios que eran especiales para Naruto, los llevaba consigo ahora que tomaría posesión de la mansión Hokage. Sakura pensó que necesitaría una valija más y empezó a meter la ropa que Naruto tenía doblada sobre el sofá.

—Sí, se supone pero… no sé, pensé que me sentiría diferente. Ahora mi sueño se ha cumplido pero… tú sabes.

—Sasuke estaría muy orgulloso de ti, hay que verlo de ese modo, Naruto. ―musitó Sakura poniendo sus manos en los hombros del rubio y mirándolo a los ojos ―. Hay algo más que te preocupa, ¿verdad?

—Me conoces bien, Sakura. ―exclamó tristemente ―. Hubo una muerte muy importante hoy. Venía caminando para acá cuando me encontré a Kiba y me contó la noticia. Hiashi Hyūga, el padre de Hinata, murió en la madrugada.

—Sí, lo escuché muy temprano en la radio. Fue algo muy sorpresivo. ―Se preocupó ―. ¿Quieres ir a ver a Hinata?

—No lo sé. No sé si ella quiera verme.

—¿Estás triste por ella?

—Sí, un poco… bueno, tal vez mucho. ¿Recuerdas aquella vez que Hinata me salvó? Cuando Pain… cuando ella me confesó sus sentimientos…

—Naruto. ―Lo interrumpió inmediatamente sabiendo por donde iba la conversación ―. Eso fue hace mucho tiempo. Ya lo habíamos hablado en el hospital.

—Quisiera tanto darle una respuesta…

—No puedes. ―declaró rápidamente y con cierta frialdad ―. Recuerda lo que nos dijo Sasuke, tenemos que estar juntos, además, ¿no crees que si te involucras con ella ahora que serás Hokage la pondrías en un riesgo inminente? No sé tú pero yo no quiero más muertes.

—Las naciones shinobis han cambiado.

—¿Por cuánto tiempo? —Entrecerró los ojos con desconfianza.

Naruto volteó a verla con el ceño levemente fruncido.

—Estás hablando igual que el viejo Sasuke. ―exclamó Naruto con resentimiento.

—Perdona. Lo que trato de decir es que Hinata estaría en peligro siendo tu novia. Ella es muy noble, se merece alguien que pueda estar todo el tiempo con ella. Tú no podrías hacerla feliz.

Naruto se quedó pensativo por un momento.

—Lo sé, Sakura.


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La mañana lluviosa y fría los recibió inhumanamente en las calles. El equipo 8 quería presentar sus respetos al clan Hyūga, en especial a Hinata por la muerte de su padre. Estaban frente a la puerta de la mansión pulsando continuamente el timbre, totalmente propio de Kiba.

—Deja de hacer eso, es una falta de respeto. ―Advirtió Shino.

—¡Es que no sale nadie! ―Se quejó Kiba mientras dejaba hundido el botón del timbre.

—Solo los pondrás furiosos.

—¡Es que eso es lo que quiero! ¡Llevamos aquí como quince minutos!

De repente, un miembro del clan Hyūga con una cara de fastidio salió por la puerta y los miró con cara de pocos amigos.

—¿Está Hinata? Dígale que baje, por favor. ―Pidió Kiba.

—Lo lamento mucho, joven Inuzuka, joven Aburame. La señorita Hyūga no puede bajar, tiene compromisos con el clan que debe cumplir.

—¿Cree que tarde mucho la ceremonia? ―preguntó el castaño, impacientándose.

—Sí, creo que puede tardar mucho.

—Bueno, en ese caso, ¿podemos pasar a darle nuestras condolencias rápido? No quiero que se vaya a sentir mal porque no vinimos personalmente…

—Creo que no me expliqué bien, joven Inuzuka. ―Carraspeó ―. La señorita Hyūga no puede salir porque tiene asuntos del clan muy IMPORTANTES que atender.

—Ah… ―Kiba lo miró con el ceño levemente fruncido ―. Ya entendí, señor específico. Solo intentaba ver a mi amiga, ¿está bien?

—Tranquilízate Kiba, será mejor que nos vayamos ―Recomendó Shino mientras lo halaba del brazo.

—¡Dígale a Hinata que mañana vendremos a verla! ―gritó Kiba desde lo lejos.

El miembro del clan cerró la puerta con delicadeza y volvió dentro de la mansión. En el recibidor, donde había una banca de madera elegante, estaba sentada Hanabi vestida con un negro kimono largo y con cintas azules, mientras que el cabello lo llevaba alzado en un complicado peinado antiguo.

—Oh, Hanabi-sama, ¿qué hace aquí? ―exclamó el hombre haciendo una leve reverencia en señal de sumo respeto.

—Eran los compañeros de mi hermana, ¿cierto? ―inquirió la joven con un deje de tristeza en sus ojos.

—Hai.

Hanabi le pidió al hombre que se retirara a hacer sus quehaceres, quedándose ella sola en el recibidor solitario. Alzó la vista y observó en la pared un cuadro que retrataba a su padre en una pose estricta y firme. Lo miró por un momento y después bajó la mirada al suelo con tristeza y preocupación.

—Nee-chan… ―murmuró para sí misma ―. Tengo miedo del futuro…

―No deberías temer. ―Escuchó un susurro helado detrás de ella. Hanabi dio un respingo y volteó hacia atrás. Era Hinata ―. No mientras estemos juntas. Nos tenemos la una a la otra y eso es lo que debe importar, ¿verdad?

―Me asustaste. No camines así de sigilosa.

―Lo siento.

―Escuché que mañana es el nombramiento del nuevo Hokage. ¿Por qué no vas y saludas a Naruto de parte del clan Hyūga?

―No, debo estar aquí.

―Es una orden de tu líder, Hinata.

La peliazul vio a su hermana con seriedad, la menor mantuvo su rostro inexpresivo pero luego sonrió de medio lado en señal de hermandad.

―Ve, distráete un poco. Después de todo… mañana será tu último día.

―Sí.


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Último día.

La temporada de lluvia había terminado aquella semana. El sol radiante iluminaba Konoha y no podía ser mejor, parecía que el clima siempre iba acorde con los acontecimientos de la aldea, pues cuando fue el funeral del último Uchiha los cielos lloraban, y ahora que habían pasado algunos días, el horizonte estaba claro y sonriente.

Naruto estaba viendo por una ventana algo escondida a toda la gente que estaba conglomerada allá afuera, en la explanada del territorio Hokage. Lucía algo nervioso pero también había un deje de emoción en su rostro.

—¿Estás listo, Naruto? ―inquirió Sakura entrando en la habitación. La kunoichi pelirosada llevaba puesto un kimono rosa con flores de cerezo y el cabello recogido.

—Eso creo. ―dijo el rubio viéndola con una media sonrisa aunque por dentro no lucía muy convencido, sin embargo, al ver la determinación en los ojos verdes de Sakura, se dio algo de valor.

—Vamos, tenemos trabajo que hacer. ―arguyó Sakura y salió de la habitación seguida por Naruto.

La población estalló en gritos y vítores, serpentinas de colores y música cuando Naruto apareció frente al pódium con el uniforme oficial de Hokage, sonriendo ampliamente y saludando a todos. Ahora era el actual Hokage de Konohagakure; Naruto Uzumaki. El héroe de Konoha, el Jinchuuriki del Kyubi, el chico de la profecía que había traído paz al mundo ninja.

Entre la gente que celebraba y escuchaba el discurso de Naruto sobre los planes que tenía para reformar Konoha, se encontraba una joven de ojos pálidos. Hinata vestía su tradicional pantalón ninja, sus sandalias, su suéter lila y llevaba su cabello suelto mientras veía con atención cómo mientras Naruto hablaba con felicidad y risas, éste sostenía la mano de Sakura quien estaba pegada como lapa al lado de él.

¿Por qué Naruto no le había importado ese "Yo te amo" que había pronunciado Hinata la vez que estaba dispuesta a morir a manos de Pain con tal de protegerlo? ¿Qué tenía Sakura que no tuviera ella? Sakura era gritona, se enojaba por todo y golpeaba a Naruto como si fuera su entrenamiento de todos los días, aunque tenía mucha confianza en sí misma, tal vez fuera eso. En cambio, Hinata sabía que ella misma era educada, amable y se esforzaba por ser servicial con la gente que la necesitaba, incluso en varias ocasiones se había armado de valor para ayudar a Naruto y que éste la notara.

Y sin embargo… ni una respuesta recibió. Ni un simple "no". Naruto solamente olvidó todo el sacrificio de ella. Y eso, más que un "no", había sido el infierno para Hinata. Había arriesgado su vida para nada, era una tonta, una estúpida. El amor la había cegado. Hasta hace algunos meses creyó que eso no era cierto, pero ahora estaba segura de que sí, el amor podía cegar hasta a una usuaria del Byakugan.

—Déjenme decirles un anuncio personal. ―agregaba Sakura un poco nerviosa pero no dejando de lado su gran sonrisa brillante ―. Muy pronto Sakura Haruno… ¡se convertirá en la esposa del Hokage!

Los gritos emocionados de los ninjas y civiles no se hicieron esperar. Sabían que tarde o temprano ellos iban a terminar juntos.

Hinata entornó más los ojos hacia la pareja de jóvenes mientras todos aplaudían emocionados al escuchar el anuncio de Sakura. Ella se casaría con el Hokage muy pronto. La peliazul parpadeó una vez y sus ojos se abrieron a su máxima expresión, pareció quedar en shock por unos instantes, viendo aquello sin saber exactamente qué sentir… ¿Odio? ¿Rencor? ¿Resignación?

El casamiento de ellos era algo que no se esperaba, es decir, había asistido para ver el nombramiento de Naruto, no eso. Aquello había sido como si hubieran blandido una espada en sus entrañas y la hubieran girado incontables veces. Hinata se cortó por dentro, se desangró.

Pero ella, como siempre, se guardó sus sentimientos, los encerró, era experta en eso, después de todo, ¿a quién le importaban los sentimientos de una Hyūga frustrada que había sido superada por su hermana menor y que era una vergüenza para su clan? Si tan solo Neji estuviera allí las cosas tal vez podrían ser diferentes… tal vez ella podría tener con quién hablar pero, bueno, ella nunca fue la persona favorita de la suerte.

Dio media vuelta, no quería estar más tiempo en ese lugar, no soportaba escuchar la estridente voz de su nuevo Hokage, no soportaba que toda la gente estuviera exaltada y feliz por las recientes noticias, no soportaba que todos los de la aldea jugaran a ser hipócritas porque, que ella recuerde, antes todos evitaban a Naruto como si fuera la peste andando.

Caminó saliendo con la cabeza en alto, firme como una roca, con los ojos mirando algún punto imaginario, a la nada, como absorta del mundo, como intentando escapar de esa realidad que no le hacía para nada bien, aceptando que se retiraba, aceptando que ella había perdido, que ella era poco menos que nada. Y aquello fue observado a lo lejos por un ninja de cabello plateado que la siguió con la mirada entrecerrada, dudando de lo que aquella chica iba a hacer. La observó fijamente hasta que la perdió de vista entre el gentío.

Kakashi sabía que Hinata había vivido enamorada de su rubio alumno casi toda la vida. ¿Le habría sentado mal la noticia de Naruto y Sakura? Claro que le había sentado mal, solo había que mirar bien la cara que se cargaba la chica. Pero Kakashi no hizo nada, estaba seguro que Hinata era más fuerte de lo que parecía. Tenía que serlo después de haber enfrentado tantos golpes que le había dado la vida.

Y sí, Hinata era fuerte, luchaba por proteger a los suyos… sin embargo, ahora no tenía amor, lo había entregado todos aquellos años y no le había sido devuelto, en esos momentos Hinata solo era un cascarón vacío que podía ser rellenado con el primer sentimiento que se presentara.

Y el primer sentimiento que se presentó fue de color rojo como la sangre, tan rojo como el corazón humano, tan rojo como el odio mismo.


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Cada vez que caminaba sus pasos se escuchaban vacíos, cuando miraba algo lo veía de color gris, cuando escuchaba voces no las atendía, ni siquiera si se trataba de Hanabi. Hinata parecía estar en una especie de aislamiento personal. Intentaba mantenerse firme y no llorar, ¿para qué hacerlo o por qué? Naruto estaba con Sakura y si él estaba feliz, ¿cuál era el problema? ¿No era el sueño de ella verlo feliz y aceptado por las personas?

Hinata intentó encontrarle algún sentido a sus sentimientos, algo qué hacer con ellos, ¿qué demonios hacer con todo el amor que había preparado por tanto tiempo? ¿Cómo poder detenerlo para que no se transformara en algo oscuro? El alma dolía, el corazón lloraba. Toda ella se destrozaba a pedazos con el pasar de los segundos. Su Yin moría, su Yang reinaba.

La luz amarilla del sol llamó su atención y volteó a verlo. Estaba radiante como Naruto. Amarillo. Probablemente estaba empezando a disgustarle ese color. Se le quedó viendo al sol fijamente sin sentir dolor cuando…

—Vas a quemarte esos bellos ojos si sigues mirando el sol. ―Le advirtió Kakashi llegando.

—Probablemente no lo veré en mucho tiempo. ―respondió sin dejar de ver el astro amarillo.

—¿Por qué? ―inquirió con curiosidad colocándose al lado de ella.

—Muy pronto voy a irme... y no volveré en unos años.

¿Era él o la voz de la chica se escuchaba con un trasfondo triste y vacío? Por alguna razón el tono de ella le hizo recordar sus días de tragedias, cuando todos le abandonaron y se quedó solo. Si lo pensaba bien, ella también estaba sola, ¿no? Naruto y Sakura habían anunciado su matrimonio, Hiashi había muerto y Hanabi había sido nombrada líder del clan.

—¿A dónde vas? Si se puede saber… ―cuestionó el peliplateado.

—A mi mansión.

—Eso no es irte para no volver en unos años. ―rió ligeramente por la ocurrencia de ella.

Hinata dejó de ver el sol. Él observó cuando los ojos lila suave de Hinata se posaron en los de él. Definitivamente reconocía el vacío en los ojos de la chica Hyūga.

Sayonara, Kakashi-sensei. ―sonrió de medio lado, bastante mal sinceramente, pues lucía una sonrisa forzada. Caminó unos tres pasos y antes de que Kakashi pudiera preguntarle sobre su comportamiento, Hinata desapareció en un remolino de hojas verdes.


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Muy temprano a eso de las ocho de la mañana había llegado una carta del clan Hyūga a la torre Hokage donde había mucho trabajo con eso de dirigir la reconstrucción de la aldea y las misiones que había que cumplir.

Se asombró al ver que entre su correspondencia de aquella mañana había un pergamino escrito a puño y kanji de la misma líder del clan Hyūga; Hanabi. Miró con curiosidad aquél pergamino preguntándose qué podría contener. Rápidamente lo desenrolló para empezar a leerlo con cuidado y a medida que leía el contenido más abría los ojos, sorprendido.

Honorable Hokage:

Le mando un cordial saludo antes que nada.

Le escribo para informarle de la decisión que he tomado respecto a un miembro de mi clan en especial.

Se trata de Hinata Hyūga.

Tomé la decisión de darla de baja del sistema de kunoichis de Konoha por motivos que solo le incumben al clan. Motivos importantes y para beneficio de Hinata Hyūga, por supuesto.

Espero que tenga un buen día, Hokage-sama.

Hanabi Hyūga, líder del clan Hyūga.


¡Hola, KakaHinistas de mi corazón! Gracias por leer.

Como pudieron darse cuenta otra de mis teorías o especulaciones era que cuando la cuarta guerra terminara, Naruto se convertiría en Hokage, pues el manga ya se estaba acabando y de cajón que tenía que volverse Hokage. En cuanto al capítulo, en realidad son dos, lo que pasa es que el capítulo 2 original se me hacía muy falto de información así que decidí añadir el 3; que es cuando Hiashi muere.

Ahora sí ha llegado el momento de agradecer a las hermosas, mágicas y bellas personas que me dejaron un review, ya saben que contesto por MP y si no tienen cuenta por este medio:

MikaSyo

jenni.4364

LoveReyna

Mimi Tachikawa08

Inusatiga

Mali Folk: ¡Hello, Mali! Muchas gracias por haber leído el capítulo pasado y dejarme un comentario. Gracias por seguir la historia :D Cuídate mucho.

Tamashitsumo

Diana Marcela-Akemi

RankaxAlto

Ashabi

Alexandra Cooper96

Kandiliz25

Frany Fanny Tsuki

Chio-sempai

Angel maria 15

Gracias por su apoyo a la historia, me hace muy feliz que les guste. Cualquier duda, opinión, corrección la pueden dejar en un comentario.

17 de diciembre 2016.


Nos leemos luego… si tú quieres.