Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.
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Ella y su oscuridad.
IV. Metamorfosis
Era un buen día en la aldea de Konoha. No hacía ni frío ni calor, el sol no resultaba tan quemante. Los genins del equipo 8 estaban pasando un día en el bosque. Kiba y Akamaru saltaban entre las ramas de los arboles como unos locos, perfeccionando la marca dinámica de Akamaru. Shino veía detenidamente un insecto en el tronco de un árbol, era hermoso, se había decidido a tomarlo cuando un chorro amarillo proveniente de Akamaru, cayó sobre el insecto, espantándolo. Por suerte aquello no había salpicado a Shino.
―¿Es esta la forma de pasear a un perro? No, no lo creo. —murmuró Shino con su voz tenue, disimuladamente molesto. Mientras tanto, Hinata veía aquel paisaje verde con alegría, era hermoso. Eran de los pocos días que sus compañeros la invitaban a pasear por el bosque para que no se quedara encerrada en la mansión Hyūga.
―Debe ser lindo tener algo bueno y que lo ames, como ustedes tres. —opinó Hinata de espaldas a Shino, mirando juguetear a Kiba y Akamaru.
―Algún día encontraras tus fortalezas, Hinata. —Le prometió Shino, animándola.
―Sí. Quizá así sea. —dijo ella con esperanza.
―Oye, dilo ya. Hay algo que quieres decirme.
―Oh… ah… bueno…
Pero Hinata nunca dijo nada sobre lo que le afligía, prefería no preocupar a nadie, prefería no molestar. ¿Quién diría que, tal vez, si aquel día le hubiera contestado a Shino, si hubiera confiado en él, las cosas pudieran haber tomado probablemente otro rumbo? El destino era curioso, la más minúscula decisión podía cambiar el rumbo de un importante futuro. Una vez alguien dijo "las coincidencias no existen, solo lo inevitable".
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Actualmente.
Fue un error rememorar eso justo en ese segundo. Hinata cayó al suelo estrellándose de costado, con el aliento exhausto y los pulmones desechos que imploraban calma y aire, ni siquiera fue capaz de poner las manos para defenderse. Sus ojos cansados y titilantes se iban por sí solos hacia atrás queriendo perder la conciencia. Hiperventilaba furiosamente, víctima del cansancio extremo. Habían estado entrenando katas, ataques, bloqueos, llaves y movimientos de muerte rápida toda la mañana y parte del medio día. Pudo haber tenido más energía de haber almorzado pero la comida no le llamaba la atención después de la interactiva clase de anatomía sangrienta que sostuvo con Ibiki-sensei el día anterior. Los lunes siempre serían clases de fisiología que conllevaban las palabras "corte" y "sutura". Odiaría los lunes por siempre. Los martes serían días de entrenar hasta morir, y no literalmente.
―Levántate, Neko. ¡Levántate! ―gritó Ibiki. El mote de Neko había sido elegido por el mismo Ibiki. El quitarle el nombre a un shinobi le hacía tener más determinación e individualismo, además neko aportaba elegancia, serenidad, silencio y frialdad, elementos que Hinata poseía en mayor o menor medida. La frialdad estaba todavía en entrenamiento pero al menos la máscara blanca de gato aportaba esa característica. Sin rostro, sin sentimientos.
―N… No p… uedo… más… ―Tan solo decir esos monosílabos hizo que Hinata sintiera que el infierno se desataba desde sus costillas adoloridas y su labio abierto.
―Sí puedes, puedes dar más de ti, es tu mente la que no te permite seguir. ―Fue hasta ella y se puso en cuclillas, tomándole el rostro con sus manos grandes y frías para que lo mirara a la cara. Hinata se encontró con un rostro moreno, estricto y con cicatrices visibles, ojos pequeños pero inflexibles y una voz sacada del averno ―, ordénale que puedes, ordénale que obedezca, por Hanabi, por tu padre, por tu clan, ¡por ti! ¡Díselo, Neko!
Hinata lanzó un gemido de frustración queriendo llorar de dolor y con el cuerpo temblando se puso boca abajo para poder levantarse.
―¡Hazlo, hazlo, hazlo! ―La presionó con voz dura ―. ¡HAZLO! ¡¿Quieres ser fuerte o quieres seguir siendo pisoteada?! ¿Quieres proteger o que tengas que ser protegida? ¡NO PUEDES FALLAR! ¡FALLAR NO ES OPCIÓN, ESTÚPIDO GATO!
Hinata se levantó y siguió peleando aunque torpemente, pero sin remedio cayó al suelo de nuevo al trastabillar. Ibiki estaba pensando en qué iba a decirle para animarla a que se levantara pero no fue necesario. La joven de la máscara apoyó una rodilla en el suelo y la otra la flexionó, levantándose elásticamente, como un gato elegante.
―¡Byakugan! ―Se gritó a sí misma con la voz desaforada y rasposa, lanzándose al ataque contra Ibiki a pesar de su actual estado.
"Ya lo estás comprendiendo, gato" sonrió Ibiki de medio lado y se preparó para el ataque.
Mientras intentaba asestar algunos golpes Hinata observaba a su maestro. Ibiki Morino, 33 años, Tokubetsu Jōnin, Líder de la Fuerza de Interrogación y Tortura de Konoha. Peleó contra un camino de Pain. Vagamente lo recordaba como sensor de la parte teórica de su primer examen de ascenso a chūnin, cuando dejó que le copiaran el examen… no, no, Hinata sacudió su cabeza para dejar atrás los recuerdos y concentrarse en su tarea. Apretó los dientes con fuerza al encontrar una apertura, un pequeño hueco que Ibiki había dejado, el hombre era demasiado alto como para defender sus pies. Hinata decidió arriesgarse y se agachó con la mano extendida, dándole directamente a la rodilla, Ibiki retrocedió de inmediato y la observó fijamente. El hombre se tocó la pierna sin perder el contacto visual. Le había dado. Realmente le había asestado un jūken pero ni bien pudo festejar cuando en un movimiento rápido sintió que el infierno se desataba nuevamente, esta vez desde su boca. Hinata cayó al suelo, trastabilló para levantarse pero rápidamente puso un espacio entre su maestro y ella.
"Muy bien, estúpido gatito, muy bien, la rodilla me duele como si trajera agujas clavadas", pensó Ibiki en su fuero interno. Era extraño ver a esa débil niña luchando por cambiar, por volverse más fuerte. Hiashi en vida una vez le dijo que Hinata necesitaba un objetivo formal, ahora realmente le creía. Ser la sombra del clan Hyūga le estaba brindando una meta qué alcanzar, aunque ahora estuviera muy lejos de ella, él como su maestro le ayudaría a alcanzarla en algún momento.
-o-
Finalmente empezaban a aparecer misiones para los ninjas de Konoha, misiones reales y no encomiendas de ayuda hacia las otras naciones. No todo podría estar en paz por mucho tiempo. La misión para el equipo 8 era rastrear a un fugitivo de Konoha que era un peligroso violador, sin embargo, cuál fue la sorpresa que en el pergamino no venía el nombre de su compañera Hinata. Naruto en ese momento aprovechó la reunión en la torre Hokage para decirles a los miembros restantes del equipo Kurenai que hace poco tiempo atrás le había llegado una carta del clan Hyūga donde decía que Hinata estaba dada de baja como kunoichi. ¿El resultado? Kiba enfureció de golpe y se lanzó hacia los territorios Hyūga. Shino y Kurenai lo siguieron de inmediato, disculpándose con Naruto.
—¡Déjame entrar! ―gritó Kiba con desesperación mientras entre Shino y Kurenai intentaban contenerlo.
—¡Kiba, por favor cálmate! ―pidió Kurenai con preocupación, intentando mantenerse tranquila para que sus lágrimas no salieran a flote y que provocaran más ira en el chico-perro. Mientras tanto, Akamaru permanecía triste al lado de Kurenai, quien ya antes le había pedido que no se comportara como Kiba o complicaría más las cosas.
—Ya te he dicho que Hinata-sama no puede salir. ―repitió con serenidad el miembro del clan Hyūga que los estaba atendiendo sin darles el más mínimo acceso a la mansión, de hecho, había salido a la calle para atenderlos allí mismo.
—¡Pero ya han pasado muchos días sin que veamos a Hinata! ¡Suéltenme! ¡Voy a entrar!
—Kiba. ―Se escuchó una voz delicada proviniendo de adentro de la mansión.
—¡Hinata! ―Los ojos de Kiba se iluminaron y dejó de forcejear, se detuvo completamente, pero se desilusionó cuando comprobó que la que salió de la mansión era Hanabi ―. Ha… Hanabi.
Iba vestida de un largo y tradicional kimono azul con diseños enredados color dorado. Su cabello iba en una gruesa trenza de lado. Se veía hermosa y un poco más grande de lo que era.
—Hanabi-sama. ―Lo corrigió el miembro del clan con ojos despectivos.
—Se preguntarán qué ha pasado con Hinata. ―Les dijo Hanabi con un porte firme y serio, digno de pertenecer a la líder del clan Hyūga.
—Sí, hace como dos semanas que no la hemos visto, incluso recientemente nos hemos enterado de que ni siquiera es ninja. ―Abordó Kurenai con preocupación ―. Apenas ayer recibimos nuestra primera misión de equipo y nos vienen diciendo que Hinata ya no es parte de nosotros. ¿Qué es lo que está sucediendo, Hanabi-sama? Según el Hokage, tú informaste de la baja de Hinata hace unas semanas, ¿por qué no se nos avisó antes? Sé que no tenías porqué avisarnos, pero… al menos un recado habría bastado. ―La voz de Kurenai empezaba a escucharse dolida y a quebrarse ―. Hinata es muy importante para nosotros, más que mi alumna, ella es como… como…
—Es como tu hija, lo sé, Kurenai-sensei. Disculpa si no les avisé antes, pero como tú ya has dicho, yo no tenía ninguna obligación de notificarles. La decisión ya fue tomada. Hinata tiene que servir al clan por el momento.
—¡Al menos déjanos verla, arpía! ―reclamó Kiba. Nuevamente Shino y Kurenai tuvieron que sujetarlo con fuerza ―. ¡Al menos déjala salir! ¡Hinata no es tu prisionera, no es tu sirvienta! ¡No merece lo que le estás haciendo, la estás privando de su libertad!
—Espera. ―habló Kurenai ―. Hanabi-sama, ¿dijiste que Hinata tenía que servir al clan al menos… al menos "por el momento"?
—Eso dije. ―confirmó Hanabi.
Enseguida Kiba dejó de moverse y miró a la líder del clan con suma confusión.
—No estoy comprendiendo. ―exclamó Shino.
—Hinata debe servir al clan algunos años, después volverá a ser reincorporada como kunoichi, pero antes, como ya lo dije, tiene que cumplir algo.
—¿Qué es ese algo? ―preguntó Kiba.
—Son asuntos secretos del clan.
—Pero Hinata estará bien, ¿cierto? ―Kurenai tenía que saber que ella estaría bien.
Hanabi tardó en contestar a eso. Observó los ojos rojos de Kurenai, estaba preocupada e inquieta.
—Sí… lo estará. ―asintió Hanabi sosteniendo la mirada de la mujer, como dando su palabra.
"No, no lo sé, Kurenai-sensei… depende de qué perspectiva lo vea… creo que desde su punto de vista, Nee-chan no estará bien" pensó la líder para sus adentros.
-o-
El amplio recinto tradicional olía a madera y aceite de lavanda. Había varillas de incienso adornando algunos rincones y en la mesa bajita estaba servida una cena moderada que consistía en arroz, sopa de soja y té. Dos jóvenes niñas aparecían a los flancos de la mesa mientras que un anciano se colocaba al frente. Los tres degustaban sus alimentos en silencio y solo el sonido de los palillos contra el plato de arroz era lo que se escuchaba, además de los sorbos hacia el té y la sopa que Ko había servido amablemente. El joven castaño que siempre fue el guardián de Hinata observó a su ex protegida con aire melancólico, desde hace semanas que Hayato Hyūga; el abuelo, no le permitía estar cerca de las hermanas por ser un miembro de la segunda rama, lo había relevado de sus funciones como guardián alegando que muy pronto Hinata podría defenderse sola y que además contaba con un instructor que fungía también como su guardián momentáneamente. Ko estaba triste por no poder acercarse demasiado a Hinata, pero tampoco es como si pudiera hacer algo, a la joven se le veía muy poco por los pasillos de la mansión principal y de todo el territorio Hyūga, era como si de repente la tierra se la tragara y siempre que llegaba a verla estaba acompañada de su abuelo Hayato o de ese misterioso hombre llamado Ibiki. Hinata lo veía de reojo a veces, en otras ocasiones pasaba completamente de él. Y la máscara de gato que la obligaban a usar era lo que más le preocupaba, no sabía el porqué de esa máscara pero no debía ser nada bueno. La familia secundaria no tenía idea de eso y Ko por respeto a Hinata-sama no dijo nada de su cambio de actitud.
―Gracias, Ko. Puedes retirarte. ―El viejo Hayato lleno de arrugas y voz rasposa lo miró fijamente con unos ojos desconfiados. Ko respetuosamente hizo una reverencia y salió cerrando la puerta tras de sí delicadamente.
―Abuelo. ―Hanabi con voz dudosa se atrevió a romper el sepulcral silencio nocturno ―. ¿Hay alguna posibilidad de cancelar el entrenamiento de Hinata-oneesan?
Hinata, llena de vendas y con el labio roto la miró con cierta molestia desde su lugar, Hanabi no le prestó atención. El viejo de largo cabello gris y adusto ceño dejó de comer sus alimentos, mirando a ambas señoritas.
―Sé que quieres proteger a tu hermana, Hanabi, pero una promesa es una promesa. El último decreto de Hiashi debe ser cumplido. Es un camino difícil para ambas, pero es algo que debe hacerse. Escuchen atentamente porque será la única vez que lo diga. ―El viejo tomó un sorbo de té para aclararse la voz y las hermanas Hyūga lo vieron atentamente con cierta curiosidad. Su abuelo casi nunca les dirigía la palabra ni cenaba con ellas, pero desde la muerte de Hiashi siempre asistía a las tres comidas diarias con sus nietas como nunca antes ―. Cuando yo me muera, el bouke estará inestable. Se quedarán solas, serán los únicos miembros vivos del souke, dos niñas prácticamente. Por ser una familia tradicional lo más seguro es que querrán un líder maduro y sobre todo que sea hombre.
Las hermanas sintieron cierto frío ante las palabras de su abuelo. Los únicos miembros de la familia principal serían ellas.
―¿Cuándo mueras nosotras vamos a correr peligro? ―preguntó Hanabi preocupada.
―Sí. Por eso Hinata debe hacerse fuerte para proteger a Hanabi. ―Observó a su nieta mayor firmemente y luego a la menor ―. Esa es la verdadera razón de la decisión de Hiashi.
Serían solamente las dos jóvenes hermanas contra toda la familia de la rama secundaria. Su padre no era estricto, solo era inteligente. Sabía exactamente qué hacer con cada una. Siempre las conoció, era su progenitor. Hanabi tenía el carácter pero no la fuerza, la desarrollaría con el tiempo, era habilidosa. Hinata no tenía el carácter pero sí la fuerza, solo tenía que darle un objetivo para sacar su potencial. El objetivo fue ser la sombra de Hanabi y sabía que aceptaría ese papel con gusto.
Las hermanas se miraron enseguida.
No faltaba mucho tiempo para que el abuelo se fuera, padecía del corazón igual que Hiashi.
El miedo se reflejó en los ojos de cada una y lo compartieron entre miradas. Hanabi volvió a comer en silencio mientras sentía que la frustración se cernía sobre ella. Hinata no apartó la vista de su pequeña hermana, la vio linda y delicada. En sus ojos lilas empezó a nacer una ligera determinación. "Está bien, si padre así lo quiso, yo también lo quiero", pensó Hinata, "voy a protegerte, hermana, voy a protegerte con mi vida, mi pequeña, nadie te hará daño".
Su hermana menor era la única familia que le quedaba. Por Hanabi amaría los lunes, los martes y los días de todas las semanas de su entrenamiento. Los amaría por siempre.
Hinata desvió la mirada y encontró al abuelo observándola, como preguntándole algo seriamente. La peliazul solo asintió firme y con rapidez, como aceptando su destino, como prometiéndole al viejo que todo estaría bien.
-o-
La luna llena estaba brillante, su esplendor parecía místico, capaz de conceder cualquier deseo. Aquél misterioso astro era observado por un par de ojos negros. Kakashi tenía insomnio otra vez, lo había despertado la misma pesadilla de siempre, era Hinata mirando hacia el sol y luego diciéndole adiós. Él la veía marchar y no la detenía.
―¿Estará muerta? ―Le preguntó a la luna, como si ésta pudiera responderle. Suspiró sin quererlo, aburrido. Sus pies descalzos se balanceaban grácilmente en la orilla de la acera. Tenía algo de frío, solo traía un pantalón negro y el torso sin nada. Su pecho estaba marcado y no principalmente por músculos sino por la gran cicatriz en forma de X enorme que le había quedado después de la cuarta guerra. Le ofrecieron restaurarle el tejido pero él dijo que sería un buen recuerdo. A veces todavía le dolía, no sabía si era porque la herida no había sanado bien o si era por recordar a Obito.
Obito y ella. ¿Qué tan parecidos eran?, se preguntó. Ambos eran unos idiotas de pequeños, Obito creyéndose el muy guay y Hinata siendo una pequeña acosadora de primera, pero en algún momento sus vidas se vieron interrumpidas por algún suceso y sus rostros gentiles se enfriaron.
Esa última vez que Kakashi vio a Hinata casi podía jurar que no era ella. Parecía perdida, como si nunca más fuese a poder encontrarse. Cerró los ojos con fuerza, reprochándose volver a recordarla. ¿Por qué? ¿Por qué no podía verla una vez más?
―Sasuke desapareció igual que tú. ―Elevó sus pensamientos en voz alta, quejándose tristemente ―, no quiero que tú también…
No se atrevió a decirlo. No quería que ella también se perdiese a sí misma y cayera en un abismo negro. Volvió a repasarlo como otras veces. Naruto no parecía muy entusiasmado con ella, incluso el mismo Kakashi le dijo que Naruto nunca preguntó por el estado de Hinata, el padre de ella; Hiashi, había muerto y Hanabi había sido nombrada líder del clan, aparte Naruto y Sakura habían anunciado su matrimonio.
―No, Hinata no sería capaz de ser como Sasuke. Ella es una chica muy dulce.
Bueno, Obito también era un chiquillo dulce y ya sabía el resultado. Kakashi se dejó caer de espaldas hacia el techo de madera.
―Debí haber muerto en la maldita guerra también. ―Se quejó cansado.
Se levantó para irse y estaba por voltearse cuando de pronto vio dos figuras caminando entre las calles oscuras. Una era grande y alta, la otra delgada y espigada. Se talló los ojos para ver mejor y comprobó desde su lugar que se trataba de Ibiki y una especie de joven kunoichi con máscara, según veía sus curvas femeninas. Kakashi se dio cuenta de que la chica de estatura promedio lucía el cabello suelto y era azul berenjena tan largo que le llegaba por la cintura.
―¿Hinata? ―musitó con la voz casi cortada y se apresuró a dar un gran salto desde la azotea hacia el suelo. Observó que la joven se ponía frente a Ibiki, le daba un saludo de soldado poniendo su mano sobre su frente y luego desapareció tras una nube de vapor ―. ¡Hinata! ―gritó con frustración, corriendo más rápido pero fue imposible, ella ya se había ido. Solo quedaba Ibiki quien lo veía con una ceja enarcada ―. ¿Esa era Hinata?
―¿Qué haces, Hatake? ―El hombre alto frunció el ceño.
―¡Te pregunto que si era Hinata! ―Lo tomó de las solapas de su gabardina negra a pesar de que el Morino notoriamente era mucho más alto que él.
―No lo era. ―Ibiki le apartó con un empujón para que lo soltara.
―¿No? ―Pareció desilusionado, dejando escapar un suspiro de cansancio ―. Pensé… yo creí que era ella. ¿Sabes? La he estado buscando por todos lados.
―¿Por qué? ―preguntó con duda.
―Yo… ―Kakashi respiraba dificultosamente y trataba de recuperar el aliento. No sabía qué contestar. ¿Por qué la buscaba? ―… solo olvidé decirle algo. Nada importante ―Se metió las manos a los bolsillos del pantalón dando media vuelta para regresar por donde vino. ¿Era tan obsesivo que ya incluso la imaginaba en chicas?
Ibiki miró a Kakashi largarse un tanto acongojado.
―Esto puede representar un problema. ―sentenció severamente metiendo las manos en su gabardina, retomando su camino.
Tenía que firmar unos papeles en la División de Inteligencia y luego regresar a donde Hinata le dijo que practicaba. No tardó más de una hora cuando se encontró con ella en el bosque, junto a un estanque. Ella estaba vestida en negro y su máscara de gato estaba bien puesta y anudada. Estaba entrenando su chakra en el agua con movimientos fluidos y gráciles. Era tan silenciosa que ni siquiera escuchaba el chapoteo del agua. Ibiki solo se sentó en la orilla apoyando su espalda contra un tronco. Pensaba en su encuentro con Kakashi. Él había llamado a Hinata desesperadamente. ¿Cuál era el motivo? Entendía que quisieran verla sus amigos, Kurenai, el chico perro, el Aburame, pero ¿Kakashi por qué?
―Hinata, ven un momento. ―Le ordenó. Hinata detuvo sus movimientos y caminó sobre el agua cuidando su chakra en los pies hasta llegar a donde su maestro estaba sentado observándola entrenar.
―¿Sí, Ibiki-taichou? ―exclamó sin un solo tartamudeo. La lengua aun no cicatrizaba y tenía que cuidarla.
―Kakashi Hatake. ¿Te suena de algo?
―Es un maestro muy reconocido en Konoha. ―Su voz se escuchaba amortiguada por la máscara de porcelana fría.
―Sí. ¿Tienes o tuviste alguna relación con él?
―No, Ibiki-sensei. ―Negó con la cabeza.
―¿Él representa algo para ti?
―No, Ibiki-taichou.
Le creyó. Eso significaba que era Kakashi quien tenía algún tipo de interés en su joven alumna. Aquello de cierta manera le molesto.
―Vuelve a tu entrenamiento.
―Sí.
¿Qué carajos se traía Kakashi con su alumna Hyūga? Ibiki hizo una nota mental de investigarlo pronto.
Si has llegado hasta aquí, ¡muchas gracias por leer! Y si dejas un review, ya sabes que te amo y te contesto por MP (y también te regalo sushi mmmh). La escena principal de los niños es del anime, realmente no recuerdo qué capítulo es. Y para reafirmarlo, el abuelo Hyūga no es muy cercano con las hermanas. Y el reencuentro está próximo, so, es que me estoy tardando porque quiero buscarles un momento apropiado. Les dije que tenía 6 capítulos ya avanzados, pues los edité y al final quedaron 3 así que este capítulo 4 cuenta como el primero que escribo totalmente. Espero que les haya gustado y ya saben, cualquier opinión, sugerencia, corrección pueden hacerla mediante un review.
Muchas gracias a las personas mágicas y bellas que me dejaron un lindo comentario:
Much
Invader Zam Rei Chan
SweHiro
Jhossietaisho
Ashabi
Inusatiga
KattytoNebel
GuestDec23: Gracias por tu comentario ;) Me alegra leer que te gusta el nuevo enfoque que le estoy dando al personaje de Hinata. Es preciso lo que quiero, que Hinata no sea una damisela en peligro y que pueda proteger a otros. Por supuesto que ella no podría cambiar únicamente por la razón de Naruto, es decir, eso participa, pero hay otras razones más importantes, digamos que lo de Naruto solo fue la punta del iceberg. En fin, cuídate mucho. ¡Abracito!
Zareh
Tobi Uchiha-chan
MikaSyo
Diana Marcela-Akemi
Lavida134
Eli chan: Muchas gracias por leer y dejarme un lindo comentario. Me da gusto que la historia te agrade y que te parezca bien redactada, son detalles que parece que no pero cuido bastante. Un mega abrazo asfixiante para ti.
Gracias también por los follows y favorites, qué bonitos, gracias. Espero que hayan pasado un hermosa navidad y les deseo lo mejor para este próximo año 2017.
29 de diciembre 2016.
Nos leemos luego, si tú quieres.
