Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.

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Ella y su oscuridad.

VII. Gato negro


Una fuerte ráfaga de viento despeinó los frágiles cabellos de Hanabi Hyūga. La adolescente fijó sus ojos en el pozo hondo de aproximadamente tres metros, la tierra estaba algo seca y los encargados recién habían terminado el trabajo. A su derecha estaba firme e inamovible Ibiki Morino; ceño adusto y mirada severa, a su izquierda seguía el fiel y servicial Ko. Siempre flanqueada por esos dos hombres en todo momento. Ella no tenía miedo de su alrededor, sabía que estaba formidablemente protegida, Hinata se había encargado de que así fuera.

Hinata.

Si tan solo estuviera ahí con ella. Su hermana mayor. La que aceptó la misión de oscurecerse y vivir bajo la sombra, siempre protegiendo a la líder del clan. Y pensar que por muchos años incluso ella misma la despreció por ser "débil", igual que Hiashi, igual que Hayato, igual que todo el clan. No supo en qué momento de repente Hinata se convirtió en su puerto seguro, en el mástil firme del cual aferrarse. Jamás pensó que su hermana fuera tan bestialmente fuerte. Hiashi; su progenitor muerto, siempre lo dijo, "Hinata es fuerte mientras tenga que proteger a alguien".

Su padre. Su abuelo. Muertos.

La muerte estaba bailando entre los territorios Hyūga. De ser posible no quería que nadie más muriese. Intentaba ser fuerte pero ella también tenía un punto débil. Quedarse sola. Sentirse sola. Observó que el ataúd negro de su abuelo paterno era bajado con delicadeza hacia el pozo mortal donde quedaría sepultado para siempre, quiso llorar pero se mordió el labio inferior con fuerza y apretó los puños. No. No iba a llorar. No frente a su clan reunido, no frente a sus súbditos. No podía mostrar debilidad y carajos que no lo haría. Por Hiashi, por Hayato, por Hinata, por su orgullo, porque era la absoluta líder del clan Hyūga.

El abuelo se hundió tres metros bajo tierra. Se instalaba ahí para siempre. Enseguida el monje budista empezó a realizar una oración y todos los presentes en señal de respeto juntaron las manos y cerraron los ojos. Hanabi estaba por imitarlos cuando le llamó la atención una mirada fija en ella proveniente de una chica más o menos de la edad de Hinata. Cabello negro, piel clara, ojos calculadores; Hiroyuki Hyūga. No recordó exactamente si eran familiares directos o no, pero la expresión desafiante de la chica le hizo elevar una ceja con duda. Hanabi también tenía una mirada desafiante pero en esos precisos momentos no pudo mostrarla, lo único que hizo fue girar la vista solo para encontrarse con otro par de ojos mirándola severamente; Hirohito, un hombre alto y fornido de cabello oscuro que lucía al frente por medio de una trenza. Hanabi quiso orar por su abuelo pero ese par le provocaron molestia y frunció el ceño. Fue la mano grande de Ibiki sobre su hombro lo que la hizo volver en sí y cerrar los ojos para seguir al monje en sus plegarias.

Fue precisamente Ibiki Morino quien siguió con el juego de miradas frías y calculadoras, no había quién le ganara al hombre y fue testigo de cómo el hombre de trenza larga y lo que parecía ser su hija imitaban el rito funerario de los demás. El Tokubetsu Jōnin tomó nota mental de los dos, grabándolos en su memoria fotográfica. A veces las grandes rebeliones empezaban con un simple gesto y era vital el ser buen observador para prever futuros inconvenientes.

Los rezos terminaron de un momento a otro y un centenar de ojos lilas se abrieron para atestiguar las palas llenas de tierra que caía sobre el féretro de Hayato Hyūga. De pronto aquél hueco hondo se vio totalmente tapado. La gran mayoría empezó a dispersarse, regresando sobre sus pasos, pero Hanabi y sus guardianes se quedaron al filo de la tumba. De entre el gentío apareció Kurenai Yuhi, Kiba y Shino, con un semblante respetuoso.

―Lo siento mucho, Hanabi-sama ―pronunció la mujer de ojos rojos visiblemente preocupada al no haber visto a su alumna Hinata en el funeral ―, estamos agradecidos de que nos dejase presenciar el entierro de Hayato-sama.

―Kurenai-sensei quiere preguntar por qué Hinata no está aquí. ―explicó Kiba bastante incómodo, aunque deseoso de saber dónde estaba su mejor amiga. Kurenai lo regañó con los ojos pero él no se sintió menos apenado.

―Mi hermana está en misión. No pudo asistir.

―¿Misión? ―inquirió Kurenai ―, pero si hace como medio mes se le dio de baja en el sistema shinobi.

La pequeña dirigente del clan bajó la mirada al suelo, como no queriendo explicar de más pero luego sintió culpa y decidió seguir con la conversación.

―No es ninja en estos momentos, simplemente está presentando un examen para evaluar sus aptitudes y que así se le pueda considerar para convertirse en otro nivel de kunoichi.

―¿Otro nivel? ―Shino enarcó una ceja, interesado.

―Disculpen pero ha sido un día muy cansado para Hanabi-sama ―interrumpió Ko ágilmente ―, ella tiene qué dormir un poco. Si no es molestia pueden hablar con ella en otro momento, espero que puedan entender.

―Por supuesto, lo sentimos mucho ―Asintió la Yuhi. Hanabi se dio la vuelta y fue seguida por el par de guardianes a su espalda ―, pero no olvide, Hanabi-sama, que nos debe información de Hinata. Si no puedo encontrarla por medio de usted, usaré mis propios medios. ―musitó con el habla cortante de una mujer ninja. Hanabi volteó la cabeza, mirándola sin expresión alguna.

―¿Es eso una amenaza, Kurenai-sensei?

Los ojos rojo sangre la acecharon furtivamente, volviéndose ariscos y retadores, casi peligrosos.

―Es absoluta y totalmente una amenaza. ―prometió.

―Es suficiente, Kurenai ―interrumpió Ibiki con su voz gruesa e imponente, mirada apática incluida ―, estás amenazando a la líder del clan Hyūga.

―¿Y tú desde cuando te has vuelto tan cercano a los Hyūga, Ibiki? ―reclamó con el ceño fruncido, dirigiéndole una mirada asesina.

―Es suficiente. ―Vociferó el hombre alto girando el cuerpo para dar un paso hacia la mujer, sin embargo, la mano mediana de Hanabi lo detuvo del brazo.

―Estoy cansada, Ibiki-san ―Hanabi miraba el suelo, parecía como si le hubieran pasado veinte desgracias en solo unos segundos, de repente se veía como una niña desgastada y rota, frágil ―, solo quiero ir a casa. ―pidió con voz casi silenciosa.

Ibiki la contempló y después asintió con la cabeza, dejando el asunto hasta ahí para continuar con el camino en dirección a la mansión Hyūga. El equipo 8 se quedó ahí; en una espera sufrible ante la impotencia de no saber dónde estaba Hinata y qué estaba pasando con ella. Solo miraron cómo Hanabi fue acompañada hacia su mansión con Ibiki y Ko flanqueándola.

Kiba gruñó por lo bajo, demostrando sus colmillos blancos. Los ojos rojos de Kurenai brillaban con el tenue sol de la mañana. En cambio Shino se mantenía tranquilo.

"De alguna u otra manera conseguiré saber sobre Hinata, Hanabi-sama", pensó la maestra jōnin.


-o-


Hinata no comprendía cuál era el caso de estar saltando y saltando ramas de árboles endemoniadamente hasta el cansancio, llevaban cerca de dos horas y estaba comenzando a cansarse, pues sabía de antemano que su condición física no era tan perfecta como la de Kakashi. El tipo parecía como si solo hubiera dado un par de pasos, por otro lado Hinata sentía que pronto iba a vomitar el corazón por la boca de tan rápido que latía. Su respiración ya se oía vergonzosamente cansada y por su piel se extendía un sudor asqueroso. Ella, en sus imaginaciones repentinas, pensaba que de un momento a otro Kakashi voltearía hacia ella para iniciar una feroz batalla, le lanzaría alguna bomba o la llevaría a alguna trampa. No sabía qué diantres tenía planeado ese ninja pero fuera lo fuera quería saberlo ya, ¡ya! ¡Que la pateara, le clavara un kunai, una espada! ¡Lo que fuese pero ya! ¡Estaba muriendo lentamente de angustia! Si tenía que pasar algo, que pasara dentro de cinco minutos o su cabeza iba a explotar. El simple hecho de estar mirando la espalda de Kakashi le estresaba.

―A veces los ANBU's son llamados para realizar misiones en beneficio del hospital de Konoha. ―Pronunció Kakashi mientras aminoraba el ritmo hasta casi detenerse ―. Siempre se necesitan sujetos de prueba para nuevas medicinas u órganos qué trasplantar a quien lo necesite. ―Detuvo su marcha completamente sin voltear a verla, Hinata casi tropezó al parar en seco a un lado de él pero intentó disimularlo. Lo observó seriamente a través de los agujeros que tenía la máscara ―. Tengo entendido que Ibiki te enseñó a extraer órganos del cuerpo humano, ¿cierto? ―Hinata asintió solo una vez ―. Bien, la misión es la siguiente: Uno de los más importantes generales ANBU necesita un trasplante de ojos, se está quedando ciego. Necesito que consigas esos ojos. Puedes buscar en el libro bingo algunos candidatos pero sería muy tardado. Tienes 3 horas para elegir a quién dejarás ciego; un vagabundo, un ladrón de poca monta, un borracho… yo qué sé. ―Se encogió de hombros en señal de que no le importaba mucho el asunto ―. No me interesa. Nuestro punto de reunión es en el hospital de Konoha, por la puerta de atrás, ahí encontrarás indicaciones de qué hacer y a donde llevar los ojos. Muy bien, Neko-chan, tu misión inicia en 3, 2… 1.

"¿Entonces cuál era el punto de traerme corriendo por dos horas?" pensó fastidiada y con un hambre voraz.

―¿Puedo hacer una pregunta? ―inquirió. No iba a quedarse con la duda.

―No. Recibes órdenes. Tú solo escuchas y te callas.

Bien, si era para cansarla lo había logrado, Hinata sentía que se le volaba la cabeza. Sus labios se sentían resecos y su estómago le anunciaba que no tardaría en gruñir como león enfurecido. Ante todo no mostró ningún indicio de estar hiperventilando, se aguantó como un orgulloso miembro del Clan Hyūga y fue recuperando el aliento de a poco.

―No sé si tenga que volvértelo a decir pero… tu misión ya empezó. ―musitó con sarcasmo y cierto grado de hastío.

Hinata sintió por primera vez en su vida que quería golpear a alguien. ¿Es que no se daba cuenta de que…? Bah, a la mierda. Con Kakashi no tenía caso la lógica. Se dio media vuelta y comenzó a andar lo más rápido que pudo, trotando de vuelta hacia Konoha. Tenía exactamente tres horas para sacar los ojos de alguien, eso considerando que eran dos horas de camino hacia la aldea, lo que le daba solo una hora para la tarea en específico. Bien, alguna vez Kurenai le dijo una frase, algo así como ver a través de la decepción. No sabía de dónde sacó su maestra esa especie de poesía ninja pero era claro que a Hinata le había gustado tanto que la recordó por varios años. De camino hacia Konoha podría encontrarse con algún tipo al que pudiera sacarle los ojos…

Por Kami-sama. ¿Realmente iba a sacar los ojos de una persona? Sus cejas se aplanaron hacia abajo en una expresión de angustia.

¡Hanabi!

Tenía qué enfocarse, repetirse hasta el cansancio cuál era su único y real objetivo. Obtener el nivel de ANBU y proteger a su hermana. Ser la sombra del líder del clan Hyūga. Hanabi, Hanabi, Hanabi. Si ponía el rostro ovalado de su pequeña en su mente podría mantenerse fríamente en dirección a su meta. Ojos. Ojos.

La sola idea le revolvía el estómago pero hizo de tripas corazón y aguantó las ganas de vomitar, corriendo tan rápido como una ráfaga de viento. Frunció el ceño levemente, concentrándose en su tarea de saltar por entre las ramas de los árboles ágilmente.

En otro lado del bosque, caminando despreocupadamente por el suelo y con las manos dentro de los bolsillos se encontraba un pensativo Kakashi Hatake. Era un día muy extraño para él. Primeramente había corroborado que efectivamente Hinata Hyūga era la misteriosa chica gato que alguna vez irrumpió en su departamento con algún propósito. ¿Cuál? No lo sabía y no creía del todo que ella fuese a decírselo de buenas a primeras. Lo dejaría para más después. Ahora ya no estaba satisfecho con saber la doble vida de Hinata sino que también quería saber sus motivos, comprenderla. ¿Por qué demonios? Él no lo sabía muy bien. Era como si quisiese proteger a esa niña de la oscuridad. Como si se viera reflejado en ella, cuando en algún momento la oscuridad lo invadió a él. Sabía lo que se sentía, la soledad a la que se arrojaba cuando un ninja se acostumbraba a matar, la impotencia que abrazaba el cuerpo al no poder parar de matar. No quería que ella sintiese eso.

Había sido bastante jodido como para deseárselo a una persona. Incluso a su peor enemigo.

Analizó. Los grandes dirigentes del clan Hyūga estaban muertos y era Hanabi quien comandaba el liderazgo de la familia. ¿Quién quedaba en la rama principal? Lo pensó unos segundos mientras caminaba, deduciendo que solo eran Hinata, Hanabi y el viejo enfermo del corazón. Hinata no recibió la herencia que por primogénita le pertenecía, en cambio fue Hanabi quien se quedó con la corona, por así decirlo.

―Así que intentas proteger a tu hermanita, neko-chan. ―musitó con semblante reflexivo.

Si quería proteger a Hanabi, ¿para qué volverse ANBU entonces?

―Una forma de protección absoluta. Ella quiere aprender una forma de protección absoluta. ―Suspiró cansadamente ―. No cabe duda que eres una gatita muy complicada… ―Negó levemente con la cabeza y después se puso en marcha para supervisar las acciones de su candidata a ANBU.


-o-


La comida estaba sobre la charola de plata pura, perfectamente ordenada y balanceada. Un salmón cocido con ensaladilla verde y tomates pequeños de la más alta calidad, arroz blanco en un platito hondo de una porcelana traída de otro país, pepinillos con sal finamente cortados, una porción de bayas entre las que destacaban fresas, zarzamoras y mora azul, acompañado de un té verde en una taza de cerámica antigua. Siempre lo mejor para la rama principal, siempre. Hiroyuki deseó probar un poco de las jugosas moras pero entonces una mano gruesa cayó sobre la de ella en una auténtica llamada de atención.

―Esa es la cena de Hanabi-sama ―La regañó la cocinera con una molestia evidente en su rostro relleno ―, para la segunda familia todavía no está la sopa.

―Siempre esa maldita sopa de miso ―Se quejó con los brazos cruzados ―, ¿es que no tienen otra cosa?

―Los mejores alimentos se reservan para…

―¡Para la rama principal, sí, ya lo sé! ―refunfuñó arremedando la característica frase de todas las cocineras de la mansión.

―Haz algo útil, niña. Llévale esto a Hanabi-sama. Tengo mucho trabajo. ―Tomó la charola y la puso sobre las manos de Hiroyuki quien le espetó que ella no era sirvienta de nadie pero la señora gorda no le prestó atención.

La pelinegra frunció el ceño con odio. El solo hecho de rebajarse a llevar la comida para la habitación principal de Hanabi… le asqueaba. Sinceramente le asqueaba. ¿Cómo era posible que Hiroyuki Hyūga le llevara la cena a una escuincla malcriada? ¡Denigrante! Esa niña y su hermana no eran mejor que ella. Torció la boca, caminando finalmente hacia su destino. Tardó bastante tiempo en recorrer los pasillos para llegar y estaba a punto de pasar por un cuarto cuando su padre la detuvo.

―¿A dónde llevas eso, Hiroyuki? ―inquirió con una ceja enarcada.

―La cocinera me pidió que lo llevara para Han… ―La oración quedó cortada cuando comprendió esa brillante oportunidad, misma de la que al parecer Hirohito también se dio cuenta. Padre e hija intercambiaron miradas cómplices, sonriendo de medio lado.

Diez minutos después Hanabi tenía su perfecta cena servida en su mesa personal de la habitación. Hiroyuki le dirigió una rápida reverencia de mala gana y le puso la charola en el lugar correspondiente sin hablar ni decirle nada.

―Oye ―La detuvo Hanabi. Hiroyuki sintió que un hielo le resbalaba por la espalda, pues se sobresaltó y giró su cuerpo con rapidez ―, ¿cuál es tu nombre? ―inquirió con un rostro desinteresado, gesto que elevó la molestia en la joven pelinegra.

―Hiroyuki Hyūga. ―respondió casi desafiante, con una media sonrisa.

―Te equivocaste. Se dice "Hiroyuki Hyuga, Hanabi-sama". ―exclamó con ojos fríos. Por un solo segundo Hiroyuki se sintió humillada y menos, pero después observó mejor a la pequeñaja que le estaba regañando y mejor sonrió ampliamente.

―Como ordene, Hanabi… sama. ―Se tardó tres segundos en decir el sufijo. Aquello le trastocó el nervio sensible a Hanabi, que para esos momentos no estaba muy estable que digamos.

―¿Eres tan retardada como para no poder hablar como las personas normales? ¿Decir "Hanabi-sama" es tan difícil para ti? No te vi rezando en el entierro de mi abuelo. Ni a ti ni a tu padre.

Aquello dejó sin armas a la pelinegra. No sabía qué contestar.

―El ser pequeña no me hace estúpida, ¿bien? ―La chica no contestó, confundida ―, ¡¿bien?! ―gritó enojada, estirándole un mechón de cabello para que la viera a los ojos para después soltarla con desprecio.

―B-Bien, Ha-Hanabi-sama. ―Tartamudeó sin darse cuenta, y odiándose por eso. Con respeto dio una reverencia bien hecha y se marchó enseguida sin ser capaz de seguir ahí plantada por un segundo más. Frunció el ceño cuando transitaba por los pasillos solitarios, sintiendo un coraje que se almacenaba en su pecho, tan fuerte que dolía. ¿Por qué se había dejado gritar por esa pequeñaja insolente? ¡Era solo una maldita niña! ¡Hiroyuki le llevaba fácilmente cinco años! ¡Maldita sea, cómo odiaba que su líder fuera esa mocosa impertinente! Siempre desde que era una niña pequeña fue la preferida por todo el clan por encima de Hinata ―. ¡Espero que te mueras, bastarda asquerosa! ―gritó furiosa cuando logró encerrarse en su habitación personal, sintiendo que unas frías lágrimas resbalaban de sus ojos. ¡No le iba a perdonar el insulto, la humillación!

Mientras tanto, Hanabi sentía que su pecho ardía al tiempo en que apretaba sus puños con fuerza. Hacía mucho tiempo que no se comportaba con esa soberbia que la caracterizó en sus años más jóvenes e infantes. Ella misma se sorprendió al haber tratado así a Hiroyuki pero ciertamente le había molestado que no hubiese rezado por su abuelo y que encima se quisiera hacer la graciosita desafiante de la primera rama. Su padre Hiashi y su abuelo Hayato habían muerto para legarle el liderazgo del clan como para que se tomaran a la ligera el llamarla o no "Hanabi-sama", incluso su propia hermana mayor se había sacrificado para protegerla desde las sombras. Con un demonio que no dejaría que pisotearan los esfuerzos de sus personas más preciadas.

Si tenía que liderar con mano firme pues entonces lo haría. Diablos que sí.

Observó la charola de comida e intentó tranquilizarse comiendo un poco de las frutillas que estaban servidas, comenzando por unas fresas de un color rojo sangre. Observó el cielo por la ventana. ¿Dónde estaría Hinata en esos momentos? ¿Estaría bien? ¿Qué tal lo estaría llevando? Realmente iba a convertirse en una ANBU capaz de resguardar a la líder del clan Hyūga. Realmente iba a oscurecerse.

La sexta fresa le supo un poco mal y no fue sino hasta entonces en que Hanabi reparó en que le dolía el estómago. Bastante extraño, se dijo. Se tocó el abdomen con una mano y de pronto cerró los ojos con fuerza, un inminente dolor la invadió al grado de que cayó de rodillas al suelo, sujetándose la parte de en medio con fuerza. Lanzó un grito agudo de dolor mientras dejaba que su costado chocara contra el suelo. Su boca se abrió totalmente emitiendo alaridos de dolor, comenzando a asustarse de que el infierno se desatara desde su estómago.

―¡Hermana! ―Inconscientemente llamó a Hinata. Sentía que se escurría lava por su cuerpo ―, ¡Ko! ¡Ibiki-taicho! ¡Ibiki-taicho! ¡AYÚDENME! ―Sobre el suelo pataleó sintiendo que la frustración la recorría mientras continuaba gritando. Empezó a llorar de dolor sin poder evitarlo. Cuando Ibiki irrumpió en la habitación la encontró en tal estado como si la hubiera mordido alguna cobra venenosa.

―¡KO! ―gritó el shinobi al momento en que tomaba a Hanabi en brazos a pesar de que la adolescente gritoneaba y forcejeaba fieramente sin poder controlarse, salió por el pasillo encontrándose con un joven de largo cabello miel y ojos lilas.

―¿Qué le pasa? ―preguntó asustado del estado actual de Hanabi-sama.

―¡Hanabi-sama! ―Llegó Ko detrás del otro miembro del clan ―, ¡¿qué sucedió?!

―¡No tengo idea, voy a llevarla al hospital! ¡Cuida la habitación de Hanabi, no dejes que ningún maldito entre, quiero la habitación completamente limpia!

―¡Sí, Ibiki-san!

―¡Voy con usted! ―agregó el otro joven, siguiéndolo.

―¿Quién demonios eres?

―Mi nombre es… ―decía mientras corría ―, Hashimoto Hyūga.

Ibiki lo reconoció como el hijo mayor de Hirohito Hyūga, ese hombre que observó desafiante a Hanabi y a él justo en el funeral. El hombre ninja solo atinó a apretar el paso, intentando ser tan veloz como un rayo para conseguir ayudar a la jovencita que se desmoronaba de dolor en sus brazos.


-o-


La noche negra se deslizó silenciosamente por la aldea de la Hoja, cerniéndose también alrededor de la cintura de Hinata quien de un salto llegó hasta el suelo seco. De un impulso corrió rápidamente dejando sus brazos ir libres detrás de sus costados, como usualmente corrían los ninjas para ganar velocidad. El tiempo se resbalaba entre su cabello como el agua de lluvia, los minutos contaban como una oportunidad más y ella solo sabía que tenía que avanzar más pronto, temiendo el momento en que entrara a su aldea y tuviera que buscar a un mendigo y convertirse en su verdugo.

Sus pies firmes saltaron por encima de la muralla, teniendo que mostrar una credencial que la acreditaba como "ANBU en entrenamiento". La dejaron pasar sin muchos problemas cuando leyeron que sus maestros eran Kakashi Hatake e Ibiki Morino. Atravesó entre las sombras los callejones solitarios como un auténtico gatito negro de ojos grandes. Sus patas felinas caminaban con elegancia, cuidando pisar en un absoluto silencio, mirando para todos lados. Realmente estaba escogiendo una víctima. Tenía frío pero no podía decidir si era por miedo o porque realmente el viento estaba helado.

―Un g… gat…to… ―sonrió un hombre de mediana edad que observó al animal. El felino pareció llevar al hombre vagabundo hacia otra dimensión con sus ojos negros. La realidad comenzó a distorsionarse de pronto. Se sintió tan liviano como una pluma y sus rodillas se doblaron, tirándolo al suelo mientras sus ojos se ponían blancos, girando hacia atrás.

Genjutsu.

No era de extrañarse, tuvo a la mejor especialista en genjutsu como su maestra por muchos años. No podía hacer una ilusión tan perfecta como la de Kurenai pero al menos era capaz de crear algo decente. Le serviría para distraer al hombre del dolor. El gato se difuminó en una nube de vapor convirtiéndose en una señorita de curvas envueltas en un uniforme negro y una máscara. Apretó sus dedos entorno al kunai de metal, sintiendo la presión de su sangre y el temblor de sus manos. Sabía cómo hacerlo. La pregunta era si sería capaz de completar la misión.

Hanabi. Hiashi. Hayato. Ko. Kurenai. Kiba. Shino. Ibiki.

Pensó en ellos y a pesar de que su estómago estaba revuelto sin saber por qué; ya que llevaba horas sin comer, se preparó para la tarea. Lo haría limpiamente y con el mínimo dolor posible. Mordió su labio inferior, poniéndose a horcajadas sobre el hombre perdido en su genjutsu.

―Lo siento. ―pronunció quedamente.

Con la fuerza necesaria comenzó a abrir la cuenca del hombre, cortando con cuidado, extrayendo el ojo izquierdo de manera lenta y pausada, sin presionarse a terminar rápido. Cuando terminó de sacarlo, lo guardó en una bolsa especial y empezó con la extracción del derecho. Pudo sentir algo caliente resbalar por sus mejillas. ¿Lágrimas? No iba a mentir, estaba llorando. El simple hecho de privar de la vista a ese hombre inocente al que ni siquiera conocía la consternaba demasiado. Y todo por un general ANBU.

"Esta es la oscuridad", pensó Neko mientras se manchaba los guantes.

No iba a olvidarlo nunca. Cada minuto de proceso, de cortes, de suturas. Los gemidos del señor que de vez en cuando parecía sentir algo de ardor. Hinata sorbió por la nariz, ya ni siquiera se obligaba a no llorar. Tenía dos preciosos ojos en sus manos que la impulsarían a llegar a su objetivo. Convertirse en ANBU. Ahora solo tenía que entregarlos como era debido y todo estaría acabado por esa noche. Iría a casa, se daría un largo baño y después reposaría la cabeza entre las piernas de Hanabi buscando que le acariciara la cabeza como si fuera la niña miedosa de siete años. Y todo estaría bien.

Debía estar bien.

Se aventuró a saltar entre los techos de las casas para llegar más rápido a donde su examinador le dijo que terminaría su examen. Solo faltaba la última parte.

"Nuestro punto de reunión es en el hospital de Konoha, por la puerta de atrás, ahí encontrarás indicaciones de qué hacer y a donde llevar los ojos".

Eran aproximadamente las diez de la noche, según calculó por la posición de la luna plateada. Cuando llegó por detrás del hospital de Konoha se encontró un pergamino en el suelo. Hinata apenas iba a tomarlo cuando éste mismo se abrió por sí solo dejando ver un kanji que significaba "entra". Debía ser de Kakashi y sus raras formas así que obedeció. Había un pasillo semi oscuro, apenas iluminado tenuemente por un par de luces amarillentas. Todo estaba silencioso. Hinata no sabía qué hacer ahí, esperaba encontrarse con alguna otra nota. La pista apareció frente a sus pies, esta vez era el nombre de una persona.

"Takeshi Akimoto".

Cuando levantó la vista pudo observar con dificultad el letrero que decía "Cuarto frío". La jovencita tomó la manija de la puerta y se adentró, enseguida un apremiante frialdad se apoderó de su piel pálida. Tanteo el par de ojos contra su porta kunais libre y entonces los sacó, parecían en perfecto estado, la pregunta ahora era dónde colocarlos. Tenía que haber algún compartimento. De pronto escuchó la puerta principal abrirse y tuvo que aventarse al suelo para que no la descubrieran, arrastrándose bajo un estante de frascos raros. Se trataba de un par de enfermeras.

―… supuestamente fue un envenenamiento, lo bueno que Sakura-san estaba en el hospital, de no ser por ella creo que la niña no la hubiera contado.

Hinata se dio cuenta que estaba bajo el lugar donde conservaban ojos, para suerte de ella. Con cuidado tomó un frasco, abriéndolo lentamente para no hacer ningún ruido. Colocó los ojos en un vaso con líquido de azulino, ahora tendría que buscar algún plumón con qué escribir el nombre del general. Se levantó sigilosamente para alejarse en búsqueda de algo con lo que escribir, encontrándolo sobre una mesa con etiquetas.

―¿Quién iba a pensar que íbamos a recibir a Hanabi-sama envenenada?

Sus manos temblaron y el vaso se le resbaló de entre los dedos al escuchar aquello. Un segundo antes de que el vaso se estrellara con todo y ojos, Hinata fue lo suficientemente rápida para estirar el brazo y hacer que el vaso cayera sobre la palma de su mano, salvaguardando su pase para el examen ANBU oficial.

Rápidamente escribió el nombre en la etiqueta y guardó el vaso en el estante, cuidando de no hacer ruido. Con pasos discretos salió de la bodega rumbo a uno de los pasillos no sin antes hacer un jutsu de transformación. Un gato negro subió por unas escaleras hasta salir por el pasillo principal y observó que había una puerta flanqueada por cinco ninjas. Hinata identificó que esa sería la habitación de su hermana. El gato entró por la puerta abierta de otra habitación, saliendo por la ventana para caminar elegantemente por la barandilla, logrando así entrar por la ventana del cuarto de Hanabi. Los ojos felinos observaron a una joven de apariencia débil tumbada en la cama, cubierta por finas sábanas blancas y con un respirador conectado a su nariz y boca, además de la aguja de un suero. El neko se transformó en una bella y curvilínea mujer joven de uniforme ANBU a excepción del chaleco blanco. Sus ropas negras brillaban contra la luz del sol que entraba traviesamente por la ventana.

―Hana… bi… ―Escudriñó la figurita que representaba su pequeña hermana. Tan solo dos días fuera y había pasado esto. Alargó su mano para tomar un mechón de cabello castaño entre sus dedos enguantados ―, ¿estás bien… bebé? ―Una lágrima salió de su ojo izquierdo siendo ocultada por la siempre inamovible máscara de gato. A través de las rendijas observó la palidez de Hanabi ―. Lo siento. Lo siento. ―Su voz estaba rota y temblorosa, de pronto parecía volverse la vocecita tierna y miedosa de la Hinata de seis años.

La puerta de la habitación se abrió, dejando entrar una figura alta y fornida. Ibiki cerró la puerta detrás de sí.

―¿Estará bien? ―inquirió Hinata.

―Claro. Ya todo está controlado ―Afirmó con voz segura para transmitirle tranquilidad a su alumna ―, llegué a tiempo al hospital y la doctora Haruno la atendió rápidamente. Está fuera de peligro.

El sonido del respirador hacía eco, igual al aparato que medía los latidos del pequeño corazón. Hinata se sentó en el suelo con la espalda recargada contra la cama, las rodillas flexionadas hasta casi tocar su pecho y las manos sobre las rodillas.

―La dejé sola. ―exclamó para sí misma.

―No ―musitó Ibiki, denegando lo que decía la joven enmascarada ―, yo la dejé sola. Me descuidé…

―No, Ibiki-sensei. Era mi deber. ―Negaba lentamente con la cabeza ―, era mi deber, era mi deber.

Ibiki no sabía qué decir.

―Dejé a Ko encargado de cuidar la habitación de Hanabi.

―¿Lo dejaste solo?

―Tuve que hacerlo. Ya mismo voy para ayudarlo.

―¿Quién fue? ―Lo detuvo Hinata, quitándose la máscara con fastidio y arrojándola contra una esquina ―. ¿Fue alguien del clan?

―Todavía no he comprobado nada. Iré con Ko para investigar, tú… solo cuídala. ―Le dio una última mirada a la joven castaña y después abandonó la habitación, dejando a las hermanas solas.


-o-


Se levantó muy temprano para empezar visitar a sus pacientes, en especial la pequeña Hyūga que había llegado la tarde anterior con un severo envenenamiento, ahora estaba bien y muy probablemente podría abandonar el hospital esa misma mañana. La pelirosa entró a la habitación casualmente para empezar su rutina diaria cuando una sombra la espantó de repente.

―Hola, señora Uzumaki. ―Saludó sin algún atisbo de emoción. Sakura sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal lentamente, por un momento pensó que la vibración fría de esa voz era igual a la de Sasuke cuando hablaba.

La doctora se giró para ver quién le había hablado y observó a una ANBU de largo cabello azul recogido en una coleta baja. Estaba sentada en el suelo, con la espalda contra la pared y las rodillas flexionadas donde recargaba sus brazos.

―¿Hinata?

La joven ANBU se limitó a recoger sus piernas y abrazarlas, como no queriendo interrumpir el espacio pequeño del cuarto de hospital.

―¿Eres tú? ―Volvió a preguntar.

―No.

―Realmente eres tú. ―musitó conmocionada ―. ANBU ―Vio el reluciente uniforme negro que le quedaba perfectamente ceñido a su curvilíneo cuerpo y con protectores plateados en sus brazos, solamente le faltaba el chaleco blanco que caracterizaba a un ANBU.

―¿Hanabi-sama está bien, verdad?

―Uh… esto… sí. ―Distraídamente revisó la tabla con hojas que traía en sus brazos para confirmarlo ―. Está muy bien, el veneno en su cuerpo fue eliminado totalmente. Está fuera de peligro. ¿Qué haces siendo ANBU? ¿Cómo lo lograste? ―Frunció el ceño en señal de confusión.

La máscara inexpresiva de gato se quedó observando a Sakura fijamente, ésta se sintió un poco incómoda ante el silencio y se alejó para revisar a su paciente en cama. Comprobó el suero, sus latidos, la presión sanguínea y de vez en cuando echaba una mirada de reojo a la señorita ANBU.

―Los chicos han preguntado mucho por ti. Sobre todo Kiba. Fue muy extraña la manera en que desapareciste éstas semanas, al principio estábamos un poco locos por verte pero con los días… ―Se detuvo abruptamente al darse cuenta de lo que estaba diciendo. Bajó la mirada al suelo con vergüenza ―, nosotros aceptamos tu misión para con tu clan. Kiba dijo que tenías una misión Hyūga, no le entendimos muy bien pero era algo así.

―¿Las personas se cortan la piel cuando están tristes, Doctora? ―inquirió súbitamente, sorprendiendo a Sakura con el repentino cambio de tema que hasta lanzó un respingo e instintivamente se cubrió las muñecas con las mangas de su bata.

―Lo notaste.

―No me has respondido, doctora. ¿Es por Sasuke? ¿Por qué por Sasuke? ―preguntó con un tono de inocencia sarcástica ―. ¿Es porque tú eres doctora y no pudiste salvar el cuerpo de Sasuke-kun?

Sakura dejó caer la tabla de papeles contra el suelo. Sus ojos verdes temblaban al sentir la mirada oscura de la máscara de gato sobre ella. Sus pies mecánicamente se empezaron a mover rápido hacia la salida del cuarto, abrió la puerta y chocó su hombro contra Kakashi.

―¿Sakura? ―El peligris observó a su alumna correr por el pasillo, elevó una ceja con curiosidad y luego entró. Se dio cuenta que la tabla que comúnmente llevaban los doctores estaba caída en el suelo así que la levantó con cuidado, observándola ―. Sakura parecía algo afectada.

―La afectada debería ser yo. ―Hinata se levantó y fue hasta la cama sentándose en la orilla ―. Es Hanabi-sama quien está internada.

Kakashi decidió no alarmarse por cosas insignificantes, tal vez su alumna solo tenía prisa o alguna emergencia médica.

―¿Hanabi-sama está bien? ―preguntó entrando de lleno a la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

―Sí, lo está. ―respondió un poco más tranquila.

―Naruto nos ha dado una misión juntos ―Empezó a explicarle al momento en que le proporcionaba un pergamino sellado ―, quiere que encontremos a quien le hizo esto a Hanabi.

"Eso me parece muy bien", pensó Hinata sin querer hablar más, leyendo concentrada.

―Y sobre el examen, por si todavía te interesa: aprobaste. La operación del general empezará en unas horas, gracias por tu trabajo. Ahora puedes presentar el examen oficial ANBU. Si es que aun quieres ―Observó que Hinata se quedaba mirando el cuerpo lánguido de su hermana ―, o podemos esperar.

―¿Podemos? ―Se extrañó de la expresión de Kakashi.

―¿No te lo ha dicho Ibiki? Voy a ser tu sensor oficial.

―Bien, entonces creo que sí podría descansar unos días. Quiero ver que ella se recupere. ―Con suavidad le acarició una mejilla apenas rozándola. Sin saberlo, Hinata le dirigió esa mirada maternal que siempre usaba para Hanabi, solo que esos ojos tiernos siempre estaban ocultos por el gato. Su nueva arma. Su nueva fuerza. Su nueva personalidad.

Neko.


Si has llegado hasta aquí, ¡muchas gracias por leer!, y si dejas un comentario, ¡te amo salvajemente! Cualquier error, corrección, opinión es bien recibida siempre y cuando se haga con respeto. Me disculpo solemnemente por la tardancia, ¿saben? Estoy trabajando por primera vez y me absorbe la vida, y las ideas. Y solo para aclarar (ya lo he explicado varias veces pero nunca está de más), no es mi intención hacer de Hinata una total OoC, simplemente ver qué hubiera pasado en determinada decisión.

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kandiliz25

Roma

inusatiga

CarmesiLight

25 Febrero 2017


Nos leemos luego, si tú quieres…