Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.

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Ella y su oscuridad.

VIII. Gato rojo


Había un silencio sepulcral dentro del recinto. Ese lugar siempre había sido así pero aquella madrugada era simplemente increíble la mudez con que se habían puesto de acuerdo incluso los grillos siempre cantores y hasta las cigarras. Dentro de la mansión Hyūga, el ninja descalzo caminó con pasos lentos, poniendo primero la parte trasera del pie y luego lo de adelante, haciendo el mínimo ruido posible. Sabía dónde pisar para que la madera del suelo no crujiera. Con sigilo deslizó la puerta corrediza de la habitación de Hanabi, todo estaba tan perfectamente ordenado que casi le dio risa por lo ridículo, habían sido tan idiotas como para limpiar todo, como si nada hubiera pasado. Pero no, no mientras tuviera esos poderosos ojos lilas que podían verlo todo. Ibiki le había enseñado bien a darse cuenta de los detalles. Pasó por un lado del espejo de cuerpo completo y se reflejó en él la figura curvilínea de una mujer bien erguida y de cuello largo, con la cara cubierta y el cabello recogido en una coleta alta para evitar estorbar. Con serenidad se desconoció por un momento y luego de tres segundos se aceptó, siguiendo con su trabajo.

"Ko salió junto con Ibiki-san", le comentó Hirohito quien la recibió en el recinto Hyūga. Su maestro Ibiki ya le había comentado anteriormente en el hospital que Ko se había quedado en la mansión para resguardar el cuarto de Hanabi, para preservar las pistas del atacante. En cuanto el hombre de cabello castaño le dijo que Ko había salido junto a Ibiki, ella supo que le mentían. La engañaban en su propia cara. No sabía si el hombre era estúpido o si se estaba burlando de ella. Hinata apretó la mandíbula con coraje pero dejó sus puños relajados para no demostrar ninguna emoción.

La habitación de Hanabi estaba limpia.

―Hanabi-sama se intoxicó con unas frutas. ¿Dónde están las cocineras? ―Pidió la chica de piel clara. Hirohito ni siquiera se inmutó.

―Están en sus habitaciones. ―respondió enseguida ―. Ibiki-san ya habló con ellas.

Era verdad. Ibiki Morino ya había estado en la mansión desde hace algunas horas. Hinata se debió haber quedado en el cuarto de Hanabi para cuidarla pero su instinto de gato rojo no la dejó en paz, necesitaba saber quién era el ente que intentó arrebatarle lo único y más valioso que le quedaba en la vida; su hermana menor. Kakashi intentó tranquilizarla varias veces pero a medida que no llegaba información de Ibiki, Hinata se desesperó y dejó un clon y a Kakashi cuidando de su Hanabi-sama.

―¿Y dónde está mi sensei? ―inquirió Hinata.

―En la antigua habitación de Hayato-sama.

―¿En la antigua habitación de Hayato-sama? ―Hinata giró su cabeza con rapidez hacia Hirohito, hablando con un tono molesto y ácido ―. ¡Es! La habitación de Hayato-sama. ¡Es! ¡Todavía lo es!

―Sí, Hin… sí… hum… sí, señora. ―Pareció apurado por reconsiderar su falta de tacto y de repente no supo cómo llamarla. Era bien sabido que su nombre ya no era "Hinata-sama".

―Neko. ―Lo ayudó la peliazul ―. Mi nombre ahora es Neko.

―Hai, Neko-sama. ―Y en modo de disculpa le dio una reverencia.

La joven del cabello largo dio media vuelta y continuó con su camino a lo largo del pasillo de madera. Sus pasos silentes eran rápidos y decididos, sabían a dónde ir. Ibiki Morino estaba sentado con la espalda recargada contra la pared de caoba. Parecía pensativo y mientras tanto miraba atento el jardín botánico que tenían los Hyūga. Hinata pasó frente a él y de un movimiento rápido se sentó a su lado, con las rodillas flexionadas hacia sus costillas.

―Me apuesto a que la habitación está limpia ahora. ―dijo Ibiki con su voz grave. A Hinata le gustaba la voz de su maestro, era severa pero firme, se sentía segura cuando lo escuchaba hablar, sentía que él tenía todo bajo control y a disposición de Hanabi y por consiguiente de la misma Hinata.

―Está limpia. Pero usted llegó antes, ¿no? ¿Qué encontró?

―¿No te dije que te quedaras cuidando a tu hermana?

―Kakashi-sensei está con ella, y mi cuerpo real también. Esto solo es un clon. Además, usted no llegaba usted con la información.

―Es porque he estado analizando las cosas. Cuando entré a la habitación de Hanabi y la vi contorsionándose por el veneno pude ver perfectamente que había una charola con frutas. Recuerdo perfectamente que había fresas. Cuando regresé ya no estaba nada de eso, ni siquiera Ko.

―Es verdad. ¿Dónde está él?

―No tengo idea ―Negó con la cabeza ―, pero tranquila… ―Elevó su mano y la dejó caer suavemente sobre la cabecilla de Hinata ―, estoy seguro de que él está bien. Sería demasiado obvio si algo le pasara.

―¿Entonces cuál es su dictamen?

―Tengo el nombre del atacante de Hanabi. ―Aseguró de inmediato y sin ningún atisbo de duda, como que era Ibiki Morino, el mejor interrogador que tenía la aldea y el líder de la Fuerza de Interrogación y Tortura de Konoha.

Hinata se giró para quedar con una rodilla tocando el piso y la otra flexionada frente a frente con Ibiki, mirándolo fijamente a través de las rendijas de su máscara de gato. Sus ojos lilas parecían tener un brillo segador y determinado.

―Dígame un nombre, dígalo, Ibiki-taicho.

La mano de Ibiki viajó hasta una parte del mentón de ella que la máscara blanca dejaba al descubierto, acariciándole esa parte de la piel con su áspero dedo pulgar.

―¿Vas a matar al culpable?

―Sí. ―Su voz se escuchó segura por fuera, aunque por dentro Hinata titubeó. ¿Realmente mataría a quien atentó contra la vida de su hermana? Pensó unos segundos, ¿y si Hanabi hubiese muerto con el veneno? ¡Por supuesto que lo mataría, a todo aquél que se viera implicado!

Ibiki lanzó un suspiro lleno de cansancio y frustración. Se levantó enseguida rebasando la estatura de Hinata rápidamente al tiempo en que la tomaba del brazo para que ella también se irguiera.

―Escucha, si te doy el nombre de esa persona vas a causar un gran desequilibrio en ti misma. Pero de otro modo, si no matas a esa persona tu hermana correrá un peligro constante dentro de la mansión. Si quieres erradicar al atacante de Hanabi-sama entonces debes empezar por el tallo y terminar con la raíz.

―Dígame el nombre. ―Le exigió.


-o-


Sus ojos verdes lo observaron detenidamente mientras él dormía plácidamente. No supo en qué momento comenzó a internarse dentro de sí misma un vacío profundo que se hacía cada día más grande hasta envolverla. Ese vacío tenía nombre y se llamaba Sasuke.

―¿Sakura-chan? Luces cansada. ―El rubio de repente se había despertado somnoliento, tallándose los ojos. Estiró la mano para alcanzarla pero en ese instante Sakura se levantó de la cama, caminando fuera de la habitación.

Naruto no sabía que a partir de ese día nunca más podría alcanzarla.

"¿Las personas se cortan la piel cuando están tristes, doctora? ¿Es por Sasuke?"

Desde ese día las palabras de Hinata se habían grabado en piedra dentro de su cerebro. Se repetían constantemente aunque no lo quisiera.

"¿Es por Sasuke?"

Se observó en el espejo circular que había en la sala. Su rostro estaba pálido y su cabello estaba sin peinar. El pequeño diamante verde en su frente realzaba sus ojos, pero el verde de éstos era opaco. ¿Acaso había empezado a enflacar? Su mentón estaba más marcado y también sus pómulos, pero no de una apariencia saludable. ¿Había cenado la noche anterior?

"¿Es porque tú eres doctora y no pudiste salvarlo?"

El espejo se estrelló en mil pedazos ante el fuerte impacto de Sakura, llevándose consigo parte de la pared de madera.

―Sasuke, perdóname… ―Cayó de rodillas al suelo sin oponer resistencia ―, no puedo seguir con esto… ―Su voz se iba y venía cuando quería, su garganta dolía como si la estuvieran rajando, era ese nudo doloroso que se provocaba cuando se intentaba tragar los sentimientos para que nadie los viera. Sakura estaba llena de sentimientos negativos. Cerró los ojos con fuerza y lloró en silencio.

Naruto se asustó al verla tirada en el suelo hecha un ovillo. Enseguida la levantó pero Sakura lo retiró de un manotazo, gritándole que la dejara en paz, que no la molestara. Esa mañana Sakura se la pasó encerrada en la habitación de huéspedes, por alguna razón no podía entrar a la habitación que días antes estaba compartiendo con Naruto. El rubio estaba preocupado y no sabía qué hacer, sin embargo, las responsabilidades como Rokudaime exigían su presencia y no tuvo más remedio que dejar sola a su prometida para ir a atender sus deberes con la aldea.

―No puedo cumplir tu promesa… ―Sollozó en soledad, con las ventanas tapadas por las cortinas, sin ningún tipo de luz calentándola, solo era ella y su insoportable presencia ―, no pude salvarte… y en el proceso no pude salvarme. Lo siento, ¡lo siento! ―Quería dejar de llorar pero cuanto más lo intentaba, más lloraba. Le daba coraje. No quería ser una débil, no quería estar enamorada, no quería estar así de inestable.

Lentamente… el cerezo se marchitaba.


-o-


Kakashi no podía creer lo mucho que se parecían Hinata y Hanabi. Ambas tenían la piel pálida, como si el sol nunca se hubiese atrevido a tocarlas. Poseían una piel de apariencia tersa, como si hubieran sido muñecas de porcelana fría y perfecta, sus largos cabello eran sedosos aunque de diferentes colores. Hinata era azul, Hanabi castaña. La habitación olía a lirios y de repente él estornudó. Observó cómo el clon de Hinata lo vio con cierto recelo a través de la máscara, la joven se cruzó de brazos en dirección a él.

―¿Qué? Solo estornudé, ni que fuera a contagiar a tu hermana. ―Se defendió enseguida ―. Además también traigo mi máscara, como tú.

―Yo no dije nada.

―Pero me miraste feo.

―La vista es natural. ―Alegó y se volteó de nuevo hacia la ventana del cuarto, como no queriendo caer en el jueguito del Hatake.

―Seguramente Ibiki ya tiene al causante de todo esto. Debiste haberlo esperado un poco más.

Hinata lanzó un sonoro suspiro de cansancio y sus hombros rectos se aplanaron hacia abajo en señal de abatimiento. Se pegó a la pared, dejándose caer lentamente hasta sentarse en el suelo. Su cabeza descansaba en su hombro con delicadeza.

―Estoy cansada. ―confesó. Realmente lo estaba. Llevaban 13 horas sin dormir y aparte ella no había querido comer nada.

―Te dije que cenaras ayer. ―La reprendió como a una niña pequeña que era desobediente ―. A pesar de que tu hermana está en el hospital eso no quiere decir que tú te vayas a descuidar. Debes estar fuerte si quieres proteger a los tuyos.

―Herm… ―Se escuchó un murmullo leve y finito. Hinata se levantó rápidamente, como si el suelo le quemara los glúteos y avanzó hacia la cama de Hanabi. Kakashi; sentado en la orilla y a un lado de la convaleciente, se giró para poner atención, viendo a la pequeña jovencita entreabrir los ojos.

―Hanabi, aquí estoy. ―dijo de inmediato, tomándole una mano entre las suyas. De repente le dieron ganas de llorar, por felicidad de ver a su hermana con los ojos abiertos, y de nostalgia y tristeza al ver la fragilidad en el rostro de la pequeña Hanabi. Ya no era tan pequeña, era verdad, pero para Hinata siempre sería "su pequeña" ―. Lo siento tanto, lo lamento, perdóname…

―T-Tonta… ―sonrió débilmente, intentando enfocar bien a Hinata ―, estoy bien. Un poco d-de acción no hace m-mal. ―Lucía adolorida del estómago, y ojerosa. Hinata quiso abrazarla pero se autogobernó ―. ¿Qué demonios me pasó?

―Solo… una infección en el estómago. ―Hinata le acarició la frente suavemente.

―Hinata… no soy una tonta. ―La menor empequeñeció los ojos en torno a su hermana ―. Exijo saber la verdad. Soy tu líder.

―Fue envenenamiento, Hanabi-sama. ―La peliazul decidió hablar con la verdad.

―¿Y tienen idea de quién me hizo esto?

―Todavía no pero Ibiki-taicho ya está en eso, además… yo también. Envié un clon a la mansión Hyūga para ver qué pasaba.

Hanabi estaba por decir algo más hasta que se percató de la presencia de un peligris que la miraba con cierto interés. Ella parpadeó un par de veces, confundida, y luego frunció el ceño.

―¿Kakashi-san?

―Hum, solo Kakashi. ¿Sabías que el Rokudaime nos asignó a Hinata y a mí para investigar tu caso de envenenamiento? Y justo ahora no estamos haciendo un buen trabajo. ―Se quejó mirando a Hinata con los ojos empequeñecidos y acusadores.

―Usted dijo que podía esperar. ―Se defendió Hinata.

―No pensé que esperaríamos tanto.

―¿Cuál es la prisa?

―Cada minuto que pasamos aquí deberíamos estarlo pasando en la mansión. Lo correcto hubiera sido que Ibiki se quedara aquí y de esa manera tú y yo estaríamos investigando lo que se nos encargó. Pero no, como siempre, Ibiki es tu sensei y confías más en él.

―¿Esto es un reclamo? ―Su voz se elevó un poco.

―Tal vez lo sea.

―Está siendo grosero en frente de Hanabi-sama, ¿lo sabía?

Hanabi estaba anonadada. ¿Su hermana y Kakashi-san estaban peleando? ¿Enserio… peleando?

―Esto… ―Hanabi carraspeó y fue entonces que la discusión cesó. Ambos voltearon a verla ―. Si les parece, ¿podrían preguntar si ya me pueden dar de alta para que ustedes tengan su misión y que así la humanidad pueda seguir su curso? ―musitó con sarcasmo y algo de diversión.

―Claro, yo pregunto. ―El peliplateado levantó la mano y luego salió de la habitación en busca de alguna enfermera.

―Te llevas bien con Kakashi-san. ―opinó la castaña con una sonrisa amable, mirando a su hermana.

―No sé qué estás queriendo decir. ―Se cruzó de brazos, volteando a otra parte.

―Sí lo sabes.

―¡No, Hanabi! ―Se molestó ―. Y no hagas esas insinuaciones. Mi único objetivo y propósito eres tú, y nadie más. Alguien trató de matarte, de matarnos, y va a pagarlo. Ya murieron nuestros padres y el abuelo, no voy a permitir ni una muerte más en nuestro clan.

―Cálmate, qué amargada estás. ―Se sorprendió del tono tan alto con que su hermana mayor le había hablado.

―Solo no digas incoherencias ―dijo más bajito ―, intento concentrarme en nosotras. Quiero encontrar al que te puso en esa cama y quiero encontrarlo ahora. Mi clon ya debió haber llegado hace mucho. ―Se quejó.


-o-


Ibiki había sido claro. Nadie podía abandonar la mansión Hyūga y si alguien lo hacía había ordenes de seguirlo a donde fuera. El escuadrón ANBU se desplegó por toda el área cubriendo perfectamente el perímetro de los territorios Hyūga. El Morino supervisaba la misión de vigilancia personalmente, se había ofrecido como líder y organizó interrogatorios a todos y cada uno de los miembros del clan, incluso a todos los niños y ancianos.

La habitación era oscura. Lo único que había era una silla de madera en el centro. Ibiki se colocaba en frente y ya su sola escalofriante altura hacía el 50% del trabajo. Sus ropas oscuras lucían impolutas y su hitai-ate bien atado, además sus ojos reflejaban toda la seriedad posible y eran buscadores agresivos de la verdad. Estaba por entrevistar a una chica en particular que había llamado su atención, la observó anteriormente en el funeral de Hayato-sama cuando su padre y ella no cerraban los ojos a manera de respeto para el finado. Ese simple gesto de rebeldía había bastado para despertar las sospechas en alguien como Ibiki.

El Tokubetsu Jonin estaba por iniciar su interrogatorio cuando se percató por la ventana abierta de los tres caminantes que iban ingresando a suelo Hyūga. Inmediatamente pausó sus actividades, dio órdenes a sus subordinados que dejaran en calidad de detenida sospechosa a Hiroyuki; quien no tardó en quejarse. Se plantó firmemente contra los tres recién llegados, mirándolos despectivamente.

―¡Ibiki-taicho! ―sonrió Hanabi; vestida con ropas blancas y una frazada rosa sobre sus hombros. Le alegraba ver una cara familiar y confiable como la de Ibiki.

―No es una buena idea. ―musitó tajantemente. A los flancos de Hanabi-sama caminaban Kakashi con su uniforme nuevo de jōnin y la chica gato; con sus ropas de ANBU.

―Prefiero tenerla cerca de mí y a la vez encontrar al culpable. ―Defendió Hinata ―. Además, ¿qué pasó? ¿Por qué no ha traído la información?

―Antes que nada estaba verificando que mis suposiciones sean ciertas. En segundo lugar surgió un imprevisto.

―¿Qué imprevisto? ¿Dónde está mi clon? ―Lo buscó con la mirada.

―Ko no aparece y tu clon está en su búsqueda.

―¡¿Qué?! ―gritaron las dos hermanas por igual. La noticia era inesperada y fría. Su dulce y amable guardián Ko perdido.

―¿Cuándo fue la última vez que se vio a Ko? ―preguntó Kakashi.

―Fue cuando llevé a Hanabi-sama al hospital, él se quedó resguardando la escena del crimen. Cuando regresé Ko ya no estaba.

―Oh, no, pobre Ko. Espero que no le haya pasado nada malo. ―Se preocupó la castaña abrazando a su hermana por un lado. Mientras tanto Kakashi le dirigió una mirada hostil al ninja alto, no era para menos. Las posibilidades apuntaban a él, un ninja que era ajeno al clan y que para colmo tiene acceso a toda la mansión, incluso a las habitaciones principales como las de las hermanas Hyūga. Ibiki pareció entender el mensaje pero lo pasó por alto, no tenía tiempo para deshacerse en explicaciones.

Acordaron lo siguiente. Ibiki y su equipo de interrogación seguirían con sus actividades, Kakashi crearía otro clon, el verdadero Kakashi estaría protegiendo a Hanabi en su habitación mientras el clon y la verdadera Hinata empezarían con su misión dada por el Rokudaime: encontrar al culpable del envenenamiento de la líder del clan Hyūga. Decidieron empezar por lugares comunes como los salones de té, las habitaciones y patios; intentando encontrar alguna pista que les dijese dónde estaba el guardián. El aposento de Ko era pequeño y pulcramente ordenado, era tan impersonal que no pudieron obtener nada. Siguieron por lugares no tan transitados. Los lugares de entrenamiento y también los almacenes, incluso en los sótanos donde se guardaban códices importantes o reliquias de la familia.

―No confío en tu maestro, Hinata. ―Anunció Kakashi en voz baja mientras recorrían el almacén oscuro con linternas.

―Déjese de cosas, Ibiki-taicho me ha demostrado su lealtad en muchas ocasiones. Yo confío en él.

―Soy un ninja de elite y además fui ANBU. Yo sé lo que te digo. Él es muy misterioso, ¿no te parece extraño que siempre está en el lugar donde pasan las cosas?

Hinata lo pensó por un segundo pero luego negó con la cabeza, avanzando entre la oscuridad.

―Imposible, Ibiki-taicho jamás me traicionaría. Al igual que usted. ―exclamó mirándolo directamente. Kakashi no dijo nada más. Continuaron buscando por los próximos treinta minutos pero no encontraron nada interesante así que salieron.

Peinaron todo el territorio Hyūga pero no hubo ningún indicio del buen Ko. Hinata empezaba a sentir que la máscara le picaba demasiado debido al inminente calor, pensó en quitársela por un momento pero sus nuevos valores como neko eran más fuertes. Estaba comenzando a desesperarse y eso no era bueno, sus piernas querían temblar al igual que sus dedos, tenía miedo de tartamudear, tenía miedo de no encontrar a Ko, era como si la vieja Hinata de repente quisiera salir a flote y apoderarse de su cuerpo. Neko se mordió el labio fuertemente y le dolió la lengua, recordó el entrenamiento con Ibiki y fue como si un interruptor se hubiera encendido. Su recompostura tardó medio segundo. Si se concentraba en su objetivo todo era más fácil.

Hanabi Hyūga.

Su líder, su ama, su vida.

―¿Cree que… alguien le ha hecho daño a Ko? ―Se atrevió a preguntarle en voz alta lo que había querido saber desde hace mucho.

Kakashi volteó hacia ella sorprendido por su pregunta. Ella no tenía rostro pero podía leer perfectamente la preocupación de la joven a través de su dulce pero fría voz. Sonrió de medio lado bajo su máscara negra y luego colocó su mano sobre la cabeza de la gatita.

―No te preocupes, Neko-chan. Estoy seguro que Ko estará bien. ―Le aseguró pese a pensar lo contrario. Para Kakashi esto se trataba de una auténtica sublevación o un inicio de eso, alguna clase de crimen que no pudo matar al objetivo pero sí al peligro inminente ―. Yo creo que Ko sabe quién fue el culpable y por eso no lo podemos encontrar.

―Entonces está diciendo que él corre un gran riesgo. ―Hinata se mostró un tanto tensionada y sin más se dejó caer al suelo, terminando sentada sobre la tierra. Lanzó un suspiro de cansancio ―. Fue mi culpa. No debí estar entrenando, tenía que cuidar de mi hermana y si lo hubiera hecho Ko estaría bien.

Kakashi no sabía qué decir o cómo consolarla. Ella era diferente. No dijo nada, solo se quedó callado, de pie a su lado mirando el bellísimo territorio de los Hyūga, tan bello como la frialdad de ellos, era casi inimaginable que en ese hermoso lugar hubieran ocurrido dos muertes y un casi asesinato.

―A veces las cosas pasan y no podemos evitarlo, de alguna manera lo que tiene que pasar… pasará y no puedes evitarlo. No le quites el mérito a Ibiki tampoco, él… hizo un buen trabajo.

―No lo hago. Él hizo lo que pudo, no es como que un hombre como él pueda pasar las veinticuatro horas del día metido en la habitación de una señorita. Olvidé agradecerle. ―Se sintió mal consigo misma. Lo único que pudo hacer fue abrazar sus rodillas para intentar autoconsolarse ―. Tengo miedo. A veces siento como si fuera a desaparecer.

―Tú no vas a desaparecer. ―murmuró quedamente para que solo ella lo escuchara. Hinata permaneció en su lugar, dejando que las palabras se las llevara el viento de la tarde naranja.

―¡Hinata-sama! ―Escucharon a lo lejos. Se trataba de un hombre con gabardina negra corriendo hacia ellos de manera desquiciada, parecía ser uno de los asistentes de Ibiki Morino en los interrogatorios. La joven de la máscara de gato se levantó enseguida, alarmada ―. ¡Ibiki-taicho encontró al culpable! ¡Está escapando hacia el sur! ¡Venga pronto!

La adrenalina explotó en el cuerpo de la kunoichi de cabellos negros. Rápidamente Kakashi y ella empezaron a seguir al ninja que les indicaba el camino. Se deslindaron del asistente cuando vieron al grupo de ANBU's persiguiendo a una persona a lo lejos, entonces corrieron más rápido, dando grandes saltos a través de las casitas de madera fina. Ni bien se acercaron como a cien metros cuando ya los encapuchados de negro tenían sometido a un hombre de coleta.

―¡Esperen un momento, no me traten así! ¡Bastardos sin clase!

―¡Padre! ―Sollozó una jovencita que venía corriendo hacia él. Su vestido oriental era de color blanco pero se veía bastante manchado de las orillas. Sus pies descalzos estaban sucios y su rostro estaba enjugado en lágrimas ―. ¡Por favor no lo lastimen!

―¡Lárgate de aquí, Hiroyuki! ―Rugió el hombre fornido.

―¿Quién es el culpable, Ibiki? ―preguntó Kakashi cuando observó que el alto Morino venía acercándose a la escena de manera lenta y despreocupada.

―¡Por favor déjenlo! ―La chica delgada y de piel pálida intentó quitar los agarres fuertes con los que sujetaban a su progenitor, pero era imposible, eran ANBU's fuertes y experimentados que no se dejarían tentar el corazón por una frágil niña llorona.

―¡Que te vayas con tu madre y tu hermano, Hiroyuki! ¡Obedece, malcriada! ―Los ojos de su padre estaban inyectados de ira y cólera. Los ojos viejos y con ojeras ya pronunciadas estaban rojizos, como si algo le estuviera calando en sus orbes lilas, una especie de escozor que solo provocaba la sal ―. ¡Que te largues, estúpida!

La muchacha de largo cabello se halló confundida ante los regaños fuertes de su padre. Se quedó quieta un momento y luego sus manos comenzaron a temblar, dio un paso hacia atrás y luego otro y otro más hasta que se topó con algo, volteó asustada y se encontró con una máscara de gato pintada de rojo sangre. No sabía si la pintura del animal sonreía o si solo era su imaginación. Era solo un gato pero le partió la espalda en escalofríos. Cayó de sentón, mirando a la ANBU de cabello largo.

―¿Se encuentra bien, señorita? ―Kakashi le ofreció su mano caballerosamente.

―Hiroyuki. ―Un joven de cabellos miel y ojos violetas apareció pasando a Kakashi, éste levantó a la pobre chica en brazos y la cargó delicadamente. El muchacho le hizo una pequeña reverencia con la cabeza a Hinata a pesar de su máscara, después se alejó de allí con Hiroyuki.

―¿El culpable es Hirohito? ―preguntó Hinata después de que todo quedó nuevamente en silencio. Ibiki no le contestó, solo observaba al sujeto capturado.

―Lo siento. No quería hacerlo pero…

―Que si el culpable es Hirohito. ―repitió Hinata esta vez asegurándose de plantarse frente a Ibiki para mirarlo a los ojos. El hombre no le regresó la mirada, solo se volteó, metiendo las manos en las bolsas de su pantalón.

―Él dice ser el culpable. ―Fue la única contestación luego de que se dio vuelta para salir de ahí.


-o-


El juicio de Hirohito Hyūga empezó una hora más tarde debido a la gravedad del crimen que implicaba el atentar contra uno de los líderes más importantes de los clanes pertenecientes a Konoha. Naruto estaba presente en la asamblea y junto a él estaba una ojerosa Sakura. Había una fila de Hyuga's alegando como culpable a Hirohito, pidiendo que fuese castigado con la pena máxima. En lugares clave se encontraba el consejo de Konoha conformado por Koharu Utatane y Mitokado Homura, quienes escuchaban todas las declaraciones atentamente y con el ceño fruncido.

―No intente verme la cara de tonta. ―Su voz era helada y realmente estaba molesta. Enfundada en su uniforme ANBU y su máscara de gato rojo le impidió el paso al colosal hombre llamado Ibiki Morino. Acababa de testificar y prefirió salir de la sala. No esperaba encontrarse con su alumna ―. ¿Dónde está Ko? ¿Dónde está mi clon? ¡¿Quién es el verdadero culpable?!

―¿Ya no confías en mí? ¿Quién fue? ¿Kakashi? ―Hablaba pausado y bajito. Su rostro parecía ofendido y un tanto triste, como cansado. Hinata pareció descolocada ante esas palabras. Ibiki avanzó hasta ella y elevó sus manos grandes hacia el cuello femenino pero no lo tocó, solo siguió su camino hasta tomar la máscara y levantarla lentamente. Las mejillas de porcelana estaban mojadas y estaba por descubrir sus ojos lilas cuando una mano delicada le interrumpió lo que hacía. Hinata dio un paso atrás y se bajó la máscara de golpe.

―Ya no sé en quién confiar. ―dijo sincerándose, dejando que su voz se escuchara lastimada ―. Usted está mintiéndome. No sé por qué pero lo está haciendo… ¡lo odio! ¡Y encontraré al culpable y lo mataré! ¡No me importa si es usted! ―Se dio media vuelta y desapareció tras una cortina de humo. Ibiki alargó la mano pero sus dedos se cerraron en el vacío, atrapando nada.

Mientras tanto, en la sala había terminado el juicio. Se había encontrado a Hirohito Hyūga culpable por el intento de homicidio de la líder del clan Hyūga y se le condenaba a cincuenta años de presidio. Por la ventana cubierta con papel de arroz se encontraba un gato pelirrojo que movía la colita elegantemente, expectante del traslado del hombre que se decía culpable de querer asesinar a Hanabi Hyūga.

¿Cincuenta años por intentar matar a su hermana? Demasiado poco a los ojos de un gato.

Fuera verdad o no, él había tenido algo que ver con el envenenamiento de su hermana. Poco o mucho, lo pagaría. Y los años no eran suficientes. Ni sesenta, ni setenta.

―¿De verdad lo hiciste? ―Escuchó detrás de su oído. Hirohito se levantó asustado. Lo habían trasladado en calidad de "mientras" a uno de los sótanos libres que tenían los territorios Hyūga, pues se necesitaba reformar las cárceles de la División de Tortura ya que el número de reos había aumentado un poco luego de la cuarta guerra; ladrones que quisieron aprovecharse de las aldeas diezmadas. Ibiki y su equipo viajó para ordenar todo pero a orden de Naruto se dejó un escuadrón ANBU para cuidar de las hermanas Hyūga.

―¿Quién es? ―dijo confundido, mirando a todas partes. Observó la ventana pequeñita que estaba casi en el techo, ahí sentado y elegante estaba un gato rojo. No pelirrojo ni anaranjado, simplemente de pelaje rojo como la sangre, como las rosa. Hirohito pensó que ese tipo de pelaje no era posible ―. ¿Eres tú? ¿Eres… un demonio?

―Soy solamente yo. Soy Neko.

"Neko", pensó Hirohito, recordando a Hinata. Aquella mañana se había encontrado con el clon de Hinata, solo que él no lo sabía.

―Quiero saberlo, quiero saber si fuiste tú quien intentó envenenar a Hanabi-sama.

El padre amaba a sus hijos. Se puso de rodillas y sonrió tristemente.

―Sí, yo fui. Yo puse veneno en el desayuno de Hanabi-sama. Las fresas iban a matarla.

Los ojos del hombre eran tan claros y nítidos que la verdad asomaba por ellos.

―¿E Ibiki tuvo algo que ver en eso?

―¿Ibiki? ―Su cara se contorsionó ante el severo cambio de tema. Hinata se dio cuenta que realmente su maestro y la bestia enjuiciada no tenían ningún nexo. ¿Entonces por qué tanto misterio de Ibiki hacia ella? ―. No entiendo la pregunta.

―Basta con que yo la entienda. Ahora dime, Hirohito, ¿por qué querías matar a Hanabi-sama?

El hombre se quedó callado un instante y luego abrió la boca para decir algo. Volvió a sellar sus labios y le dedicó una mirada desafiante.

―¿Enserio no sabes? Hanabi solo es una niña al frente de uno de los clanes más poderosos de Konoha. ¿Acaso crees que su liderazgo nos iba a llevar por un buen camino? ¿Qué clase de cambios traería una niña joven, tonta e ingenua? ¿Cómo nos verían los demás clanes? ¡Con debilidad! ¡Una niña estúpida gobernando el clan! Sin un padre ni una madre que le sirviera de guía, sin una hermana mayor que demostrara un carácter firme. El clan necesita de alguien que sepa gobernarlo.

―¿Alguien como tú?

―Tal vez sí. Tal vez no.

―Tal vez te mate ahora. ―rugió con la voz fastidiada. ¿Matar a Hanabi solo por el pecado de ser una niña? Imperdonable. Totalmente imperdonable. Sentía tanta rabia que incluso lloraba de coraje, apretaba fuertemente los dientes y la lengua le sabía a sangre ―. No tienes remedio. Solo quiero que me digas una cosa más. ¿Quién te ayudó en tus actividades homicidas?

Hirohito sonrió de medio lado y después empezó a reírse ligeramente. Se burlaba de ella. Por supuesto que no le diría nada. Primero moriría cien veces antes de entregar a su propia familia, a su adorada hija Hiroyuki quien aquel fatídico día tuvo la enmienda de llevarle el desayuno costoso a Hanabi-sama.

―No voy a decirte nada. Tortúrame todo lo que quieras, gata inmunda, pero no obtendrás de mí ni una sola palabra más que gritos de dolor.

Su alma se sentía más libre ahora que le quitaban un gran peso de encima. Hirohito era culpable y no tenía nada que ver con Ibiki. Ya averiguaría entonces el porqué del silencio de su maestro. Ahora… no iba a dejar que esos cincuenta años transcurrieran. El delgado gato rojo pasó por entre los barrotes y saltó hasta el suelo de manera ágil.

El minino arqueó el lomo y mostró los dientes filosos, su pelo se esponjó y gruñó con voz de tinieblas, encolerizado. Sus ojos negros tenían un brillo plateado brindado por la luna que se metía por algún rincón. El hombre tragó saliva duramente y dio un paso atrás. El animal fue creciendo de tamaño hasta poco a poco convertirse en una mujer de curvas pronunciadas que escondía su rostro tras una máscara.

"Ven a mí… gato…", pensó para sus adentros y abrió los ojos directo hacia donde estaba su presa. La rata llamada Hirohito. No tendría piedad.

Lo bañaría en rojo. Lo cubriría con su oscuridad.


-o-


Hanabi despertó mucho mejor. Sentía que sus fuerzas habían vuelto aquella mañana soleada. Quería desayunar melón pero la sola idea de probar las frutas le causó terror, aun así se levantó con la finalidad de pedirle a Ibiki de favor que le fuera a comprar algo en el supermercado. No pudo completar su acción porque vio a su hermana en el suelo, su espalda estaba recargada contra la pared mientras abrazaba sus rodillas posesivamente, su cabecilla estaba oculta entre sus rodillas y su espeso cabello negro que parecía mojado. Hinata acababa de ducharse y solo poseía un ligero vestido blanco.

―¿Nee-chan? ―inquirió Hanabi ofuscada ―. ¿Te encuentras bien?

―No quería hacerlo. ―contestó la voz llorosa de la hermana mayor.

Poco después la noticia se disparó por todo el complejo Hyūga. Hirohito no pudo cumplir su sentencia. Fue hallado muerto a la mañana siguiente. Su rostro fue apuñalado 48 veces, lo que le causó la muerte.


-o-


Esa mañana Hiroyuki no se maquilló, tampoco se arregló el cabello. No se preocupó de que el traje del funeral le quedara flojo o muy apretado, dejó que su madre; Hisae, le acomodara la vestimenta mientras se quitaba las lágrimas del rostro con un pañuelo cada siete segundos al tiempo en que le decía que todo estaría bien.

¿Cómo podían las cosas estar bien?

Su padre murió por ella. Incorrecto. Su padre murió por su familia, protegiéndolos a todos. ¿Apuñalado? ¿Podía haber más falta de respeto y sadismo ahí? Hirohito Hyūga siempre fue uno de los miembros más consagrados de su clan y ahora le pagaban de ese modo. Ahora todos parecían estar de acuerdo con lo que le había pasado, porque solo era un bastardo traidor que atentó con la vida de su líder.

Que no le vinieran con hipocresías. ¿Ahora todos estaban del lado de la pequeñaja Hyūga después de que perjuraban que no era bueno tener un miembro tan joven como líder del clan? Hipócritas malnacidos, que se pudrieran en el infierno junto con el verdugo mancillador del orgullo. Sí, intentó matar a Hanabi, sí, que la culparan por eso, ¿pero por qué su padre tuvo que morir siendo recordado por aquella hazaña negativa? Ella fue quien inició todo pero él lo terminó.

"Lo empezaste… termínalo", se dijo mientras subió la mirada al espejo. Se encontró con ella misma destrozada al tiempo en que su madre le peinaba el cabello. "Y sé quién eres… sé que tu mano lo asesinó, guardiana de la líder, fuiste tú, Hinata… ¿quién más?".

―Voy a limpiar tu nombre, padre mío, con sangre y dolor. ―Lloró frente al espejo, abriendo el cajón y sacando con furia las tijeras plateadas. Rápidamente empezó a cortar grandes mechones a su fino y largo cabello negro. Las hebras caían asesinadas sobre el suelo de madera. El filo cortante entorno al cabello era frío y firme. Pronto había otra joven frente al espejo. Tenía el cabello liso a la altura de los hombros y unas profundas ojeras, su rostro bañado en lágrimas ácidas.

El día no estaba acorde al funeral como cuando murieron Hiashi y Hayato. Las nubes eran inexistentes, el cielo azul brillaba gracias a la luz del sonriente sol. Parecía el día más hermoso del año, como si de esa forma el astro rey se burlara de Hiroyuki y su familia. No les permitieron sepultar el cuerpo en territorio Hyūga por lo que hubo que trasladarlo al cementerio local. Ahí estaban reunidos Hisae, Hashimoto, Hiroyuki, una hermana de su madre, algún par de amigos de Hirohito y además, como si la poca gente no fuera lo suficientemente insultante, estaba presente Hanabi-sama junto a Kakashi Hatake. No quería que ellos estuvieran en el sepelio de su padre, mucho menos la rata de Hanabi. La odiaba. Todo por su culpa. Ojalá se hubiera muerto. Sentía tanta furia.

Hisae estaba hecha un mar de lágrimas, Hashimoto la abrazaba y se mantenía firme. Hiroyuki lucía apartada de ellos, solo mirando a Hanabi con unos ojos destrozados y llenos de sombras. Agradeció al cielo cuando la noche cayó de repente, abrazándola entre sus tinieblas frías. Se despojó de sus ropas funerarias y se vistió con un sencillo kimono blanco para dormir. Su cabello corto indicaba un cambio radical. Ayer fue una, hoy era otra.

La venganza era un plato que se servía frío.

Tendría que tener paciencia, planear todo. La muerte de Hanabi Hyūga sería inminente. Pasaría, o dejaba de llamarse Hiroyuki Hin Hyūga. Se acomodó en su futon. Las luces estaban apagadas, la habitación estaba toda oscura. Se dijo que al menos intentaría dormir algunas horas para reponer las energías. Debía cuidarse si es que deseaba tener algo de condición, tomó una nota mental de pedirle a su hermano mayor que le enseñara algunos movimientos del clan. De ahora en adelante iba a practicar hasta el cansancio.

La puerta corrediza de su habitación se abrió y cerró en dos segundos. Hiroyuki abrió los ojos alarmada y se incorporó de inmediato. Había una sombra alta y espigada a un lado de su closet. Se trataba de una chica delgada y sin rostro.

―¿Quién carajos eres? ―Ladró Hiroyuki dando algunos pasos hacia atrás. La otra fémina de largo cabello sujeto en una coleta no dudo en caminar con pasos seguros y firmes ―. ¡¿Qué haces en mi habitación?! ¡Eres tú, verdad?! ―Pegó su espalda contra la pared de madera y la sombra llegó a ella como una ráfaga de viento, de pronto sintió un filo entrando en su estómago. Asustada Hiroyuki miró hacia abajo, temblorosa, encontrando un kunai enterrado en su abdomen. La extraña de máscara de gato retorció el cuchillo ninja causándole más dolor a su víctima ―, ¿pero qué? ¿por qué? ―Temblaba como si el frío se apoderara de ella. No comprendía nada. ¿Cómo fue que tan rápido obtuvo un kunai mortal dentro de sí misma? No podía creerlo. Apenas estaba planeando todo. Su venganza ―. No… ―musitó con un susurro débil y lloroso ―, no me quites lo único que me queda… ―Rogó dolorosamente.

―Ibiki-taicho tenía razón. Si quiero acabar con el problema tengo que hacerlo desde la raíz. ―La voz era de Hinata. No había duda. Hinata Hyūga la había asesinado.

Las lágrimas resbalaron por el rostro fino de la moribunda.

―No… me faltaban tantas cosas por ha-hacer… ―La sangre manaba cuantiosamente. Los minutos transcurrían silenciosos. Hiroyuki continuaba sin creer lo que pasaba mientras sollozaba, Hinata mantenía su mano empujando el kunai.

―Lo siento. Todos luchamos por lo que amamos. ―La voz de Neko se escuchó rota a través de la máscara. ¿Estaría llorando también?

El cuerpo inerte cayó pesadamente hacia el suelo. Los ojos vacíos y fijos. El pecho quieto, anulado de oxígeno. Ahí murió la sublevación de los Hyūga. Cualquier otro eslabón que surgiera Neko se encargaría. Sorbió por la nariz, intentando mantenerse calmada. Dio media vuelta para salir de ahí. Y que todos se enteraran a la mañana siguiente que Hiroyuki Hin Hyūga también fue cómplice del intento de homicidio de la líder del clan.


-o-


Hace seis horas.

Hanabi se quedó profundamente dormida. Era tan hermosa con su largo cabello café desparramado entre la almohada y sus hombros delgados, Hinata la contempló tranquilamente, lucía tan saludable y linda que quería inmortalizarla así en su mente. Le puso una frazada encima para cobijarla y luego cerró su habitación. Kakashi esperaba ahí afuera, sentado en el suelo con un aspecto bastante aburrido. Era extraño verlo sin que él estuviera leyendo su misterioso libro naranja. Se sorprendió de verlo ahí, pensó que lo más seguro era que después de todo ese rato se hubiera ido, pero tenían una misión juntos; encontrar al culpable.

―La misión ya terminó ―Alegó Hinata con la voz algo más pesada debido a la máscara que portaba. Su uniforme ANBU seguía pulcro y lo acomodó de los lados ―, debería irse.

Kakashi lanzó un suspiro de cansancio y aburrimiento, mirando el jardín exótico que estaba frente a sus ojos. Había arena de diferentes colores puesta en círculos vistosos que rodeaban plantas de colores extraños.

―Pensé que podíamos hacer el reporte juntos.

―Estoy segura que usted solo hará un buen trabajo. ―Intentó escaquearse del trabajo, no era por ser floja, era que estar con el ninja del cabello plata la ponía un poco nerviosa e incómoda. No estaba acostumbrada a él todavía.

―Esa máscara ―Kakashi frunció el ceño ―, ¿traerla puesta todo el tiempo no te molesta?

―Me moleste o no, tengo que traerla.

―Te pregunté si te molesta, no si debías usarla. Hinata, ¿al menos tus amigos saben de este cambio tan radical?

―No soy Hinata. Soy Neko.

Kakashi sonrió de medio lado e interesado por el rumbo de la conversación se levantó de un salto, caminando hasta Hinata. Ella dio un par de pasos atrás ante la descarada invasión de su espacio personal. Por eso la ponía tan incómoda. Él se acercaba de repente sin pedir permiso.

―¿Puede estar con Hanabi-sama un momento? Necesito ir al baño.

―Claro, yo me quedo. ―Se encogió de hombros y volvió a sentarse en esa posición de sabueso guardián.

Un poco más confiada de Kakashi decidió dejarlo a cargo unos minutos. Desde que habían vuelto del hospital no había podido siquiera asearse. Habían pasado horas buscando indicios de Ko pero no encontraron nada, era como si el muchacho se hubiera desvanecido. Entró al baño y luego de unos minutos se encontraba regresando por donde vino cuando, al doblar la esquina se topó de lleno con alguien. Abrió los ojos para darse cuenta de quién se trataba y se llevó una gran sorpresa al descubrir que era su propio clon.

―¡Tú! ¿Dónde estabas? ―Le reclamó entre feliz y enojada al verla.

―Siguiendo indicios nuevos. Lamento la tardanza. En cuanto desaparezca vas a darte cuenta de lo que en realidad pasó. Lo siento por mis acciones, tú hubieras hecho lo mismo, Hinata.

―¿De qué hablas?

―Solo destrúyeme.

El gatito no entendía nada pero sabía que en cuanto el clon se deshiciera, el cuerpo original tomaría todas las memorias y aprendizaje del clon así que de inmediato se concentró para absorber aquél chakra. El clon de Hinata se evaporó de repente.

"―¿Entonces cuál es su dictamen?

Tengo el nombre del atacante de Hanabi. ―Aseguró de inmediato y sin ningún atisbo de duda, como que era Ibiki Morino, el mejor interrogador que tenía la aldea y el líder de la Fuerza de Interrogación y Tortura de Konoha.

Hinata se giró para quedar con una rodilla tocando el piso y la otra flexionada frente a frente con Ibiki, mirándolo fijamente a través de las rendijas de su máscara de gato. Sus ojos lilas parecían tener un brillo segador y determinado.

Dígame un nombre, dígalo, Ibiki-sensei.

¿Vas a matar al culpable?

Sí.

Ibiki lanzó un suspiro lleno de cansancio y frustración. Se levantó enseguida rebasando la estatura de Hinata rápidamente al tiempo en que la tomaba del brazo para que ella también se irguiera.

Escucha, si te doy el nombre de esa persona vas a causar un gran en ti misma. Pero de otro modo, si no matas a esa persona tu hermana correrá un peligro constante dentro de la mansión. Si quieres erradicar al atacante de Hanabi-sama entonces debes empezar por el tallo y terminar con la raíz.

Dígame el nombre. ―Le exigió.

Son tres nombres. Hirohito Hyūga. Hiroyuki Hyūga. Y por último y el cómplice final; Ko Hyūga.

¿Ko? ¿Pero por qué Ko? ¡¿Qué clase de disparate cree que está diciendo, Ibiki-sensei?! Me lo esperaba de los otros dos pero… ¿Ko? ¡Imposible!

Yo tampoco quería creerlo pero las pruebas no mentían. Cuando regresé a la mansión Hyūga ya toda la escena estaba limpiada. ¿Y a quién dejé como encargado? A Ko. Cuando le pregunté quién había entrado me dijo que nadie. Enseguida supe que mentía pero no sabía sus motivos así que lo dejé pasar. Él lo notó.

¿Qué motivos tendría Ko para colaborar con Hirohito y Hiroyuki? ―Lucía abnegada.

Todavía no los descubro.

No lo puedo creer. Tengo que hablar con Ko personalmente. Yo voy a buscar esos motivos."

Para cuando el clon estaba buscando a Ko, la verdadera Hinata, Hanabi y Kakashi ya habían ingresado a los territorios Hyūga mientras Ibiki hacía los interrogatorios para mantener vigilados a Hirohito y Hiroyuki sin que sospecharan que Ibiki ya sabía de ellos. Había buscado a Ko por todos lados pero no lo encontró. Cansada decidió acomodarse en el techo de una de las casas Hyūga. Estaba acostada, con los brazos detrás de la cabeza mirando el cielo azul. De pronto percibió un chakra conocido pero no se inmutó. Observó de reojo un par de pies posándose a un lado de ella. El castaño de cabello corto se sentó a su lado.

"―Lo siento, Hinata-sama. Merezco la muerte. ―Ko lloraba. Se pasó la manga del uniforme por la nariz y luego se sentó en cuclillas. Hinata quería preguntarle por qué lloraba pero se arrepintió, de pronto sentía que el corazón le dolía. Se levantó a la mitad para mirar bien a su antiguo guardián ―. No pensé en lo que hacía. Yo solo… quería protegerla a usted. Desde que la vi convertida con esa máscara de ANBU, desde que Hayato-sama me negó seguir siendo su guardián… desde entonces yo me preocupé por usted. Lo siento. Solo quería protegerla. La he visto desde que era una niña pequeña. Para mí usted es como una hermana menor. La amo. Por favor no lo malinterprete. Hay diferentes formas de amar. No se merece la vida que tiene. Es decir, desde pequeña ha sufrido; la muerte de su madre, el rechazo de su padre Hiashi y de su hermana Hanabi, porque sí Hinata-sama, yo me daba cuenta cada vez que Hanabi-sama se alegraba cuando las cosas no le salían bien a usted. ¡Se alegraba la infeliz! ―exclamó rechinando los dientes de puro coraje mientras seguía llorando ―. Usted es demasiado buena para todo este mundo, Hinata-sama. Nadie la merece. Ni su padre, ni su abuelo, ni Hanabi-sama, ni Naruto-san, ni este clan lleno de protocolos, ni Neji-san, nadie. Yo solo quería limpiar su camino.

¡Ko!

¡Yo solo quería limpiar su camino! Ese día en que Hirohito y Hiroyuki le dieron la comida envenenada a Hanabi-sama, yo los descubrí y ellos se asustaron. Les dije que me quedaría callado. Yo sabía que Hanabi-sama iba a morir, yo quería que ella se muriera para que usted heredara lo que por derecho era de Hinata-sama.

¿Tú sabías? ¡¿Cómo pudiste?! ¡Nos traicionaste! ―Se alejó de él con sumo asco y desprecio. De repente Ko era un ser altamente asqueroso.

¡Yo solo quería que usted fuera la de antes! ―Lloró y avanzó hacia ella con los brazos abiertos, como si le fuera a dar un abrazo ―, ¡me dolía verla convertida en esto! ¡me dolía no haberla podido proteger!

¡Aléjate, monstruo!

Ko se quedó quieto, anonadado por lo que había escuchado de los labios de ella. Le había llamado Monstruo".

Ahora el clon le confirmaba quienes eran los verdaderos responsables. Incluso le había dado un golpe al corazón a comprobar a la persona que había servido de silenciador. Quien pudo evitar toda esta tragedia. Pero no lo hizo. No lo hiciste Ko. Fuiste egoísta.

Por dentro el gato lloraba lágrimas de sangre. Cayó de rodillas, destrozada. El mismo Ko se había confabulado con los otros dos para el asesinato de su hermanita menor. ¡Ko! Su guardián, su casi hermano, su cuidador, quien la protegió desde que era niña. Se abrazó a sí misma con fuerza, intentando juntar los pedazos de su alma para reconstruirse y que de ella brotara el gato sangriento que necesitaba para realizar sus trabajos. Escuchó unos pasos detrás de ella y de pronto alguien colocó sus manos bajo sus axilas para levantarla de un jalón y ponerla en pie. Al darse vuelta se encontró con Ko.

―Ko…

―¿Ha visto la información del clon, verdad? Qué vergüenza. ―No podía verla a la cara. Mantenía su mirada hacia un lado.

―¿Desde cuándo has odiado a Hanabi?

―No la odio. Solo que ella se interponía para que Hinata-sama fuera feliz.

―Hanabi jamás será un obstáculo para mi felicidad. Ella es mi felicidad.

Ko sonrió de medio lado.

―Es usted demasiado buena, Hinata-sama. A veces eso me molesta.

―No te puedo perdonar que hayas colaborado para el asesinato de mi hermana.

―Lo sé.

―Tendré que… no quiero pero… Ko…

―Calma. No tendrá qué matarme. ¿Qué clase de guardián sería si obligara a mi propia protegida a matarme? Ya he bebido una generosa cantidad de veneno, el mismo que se usó contra Hanabi-sama ―Sonrió amablemente a como lo recordaba Hinata. Esta vez los ojos claros del castaño miraron a su "dueña" con calidez ―, espero que algún día pueda perdonarme, Hinata-sama. ―Tosió un poco y después le salió una línea de sangre por la nariz. La tos se volvió más fuerte y fue incapaz de detener el vómito de sangre que desparramó por todo el suelo, con dolor se arqueó hasta caer al suelo, devolviendo grandes cantidades de sangre. Hinata lo observó desangrarse hasta la última gota.

Tenía sus ojos abiertos a su máxima expresión. Temblaba, no podía moverse. Su corazón latía con fuerza y rapidez. No podía dictaminar con precisión se estaba teniendo un infarto, un ataque de pánico o algo más. Su padre y su abuelo murieron por un fallo en el corazón, ¿sería que ella también había heredado esa condición? De repente sus piernas flaquearon y sus rodillas se estrellaron duramente contra el piso de madera. ¿Por qué no había nadie para ayudarla? ¿Por qué no pasaba alguien? Seguramente estarían en el funeral de Hirohito. Se obligó a despegar los ojos del cuerpo muerto y observó su alrededor. Era un ala del territorio que casi nadie visitaba. Ahí donde antes entrenaba con Ko cuando solo era una niña débil.

Se arrastró lejos del cuerpo aunque no podía moverse mucho, estaba paralizada.

―Hinata… ―Escuchó su nombre pronunciado por alguien más. Su mente estaba tan traumatizada que no se dio cuenta en qué momento Ibiki Morino la cargó de un tirón y la alejó de la fatídica escena. Podía sentir el cuerpo cálido de su sensei, el olor a madera y menta. La alejaba, la alejaba.

―¡No! ―gritó y pataleó para que la dejara libre. Ibiki dejó que se bajara al suelo.

―¿Qué haces? ―Frunció el ceño.

―Todavía no termino. ―Caminó torpemente entre el jardín oscuro.

―¿Cómo que todavía no terminas? Hay un cuerpo que tenemos que limpiar, desconsiderada. ¡Vuelve acá, estúpido gato!

Hinata no le obedeció, siguió caminando por si sola. Sabía a donde ir.

―Ahora el gato rojo irá a por Hiroyuki y esta misma noche todo acabará. Mataré a la raíz. No habrá más muertes. Lo prometo. Luna ―Volteó al cielo azul que mostraba la luna plateada antes de tiempo. Luna en el día ―, ayúdame a que este día y esta noche pasen rápido, por favor. ―Sollozó tristemente bajo la máscara de gatito medio sonriente.

Estaba asustada pero sabía lo que tenía qué hacer. Lo único que deseaba en ese momento era estar dormida junto a Hanabi mientras su madre les cantaba una hermosa canción de cuna. Tenía una linda voz de sirena y podía dormirlas enseguida. Hinata quería eso. Estar dormida por siempre y no despertar jamás.

Dormir para siempre y olvidarse de esa pesadilla en la que se convirtió.

Después de esa noche, el gato descansaría, el gato se escondería, el gato iba a dormir por mucho, mucho tiempo.


-o-


Muerte. A veces es provocada, a veces llamada con gritos de auxilio.

La pelirosa se miró en el espejo quebrado en mil pedazos. Había una imagen de ella quebrada en cientos de pedazos, justo como sí misma. Había tomado tantos somníferos que ya ni siquiera le hacían efecto, supuso que era debido a su resistencia.

Sasuke, Sasuke. Nunca fue una persona que se pudiera superar fácilmente.

"Sakura, perdóname, Naruto y tú siempre intentaron salvarme. Yo quisiera que estuvieran juntos… por siempre… mientras estén juntos… yo seguiré sonriendo… Kakashi-sensei, gracias por cuidar de mis amigos, deseo que puedas encontrar a alguien que te ame. Solo quiero que los tres sean felices. Mientras estén juntos yo seguiré sonriendo. El mundo shinobi… resguárdenlo".

―No puedo seguir así… no… ―Se limpiaba las lágrimas con desesperación pero daba igual qué tanto las limpiara, siempre salían más y más, manchando su cara, agriando sus labios, haciendo que ni siquiera pudiera ser capaz de ver con claridad. Debió haber hecho más. Era la ninja médico de su equipo, era su propósito. Era su único objetivo, mantener a todos con vida, curarlos. Y no pudo. Nuevamente le falló a su querido equipo 7.

"¿Las personas se cortan la piel cuando están tristes, Doctora? ¿Es por Sasuke? ¿Por qué por Sasuke? ¿Es porque tú eres doctora y no pudiste salvar el cuerpo de Sasuke-kun?

A veces las palabras pesaban más que mil golpes. Parpadeó seis veces seguidas y de pronto cayó de espaldas contra el suelo, su cabeza rebotó como tres veces. Sus ojos verdes estaban perdidos entre la inconciencia y el color blanco del techo. De alguna manera creyó que había una luz blanca de la que sobresalía una mano estirada. ¿Sasuke? Llanto. Sakura elevó su mano temblorosa hacia arriba. Ayúdame.

Ayúdame.

Ayúdame.

Ayúdame a salir de la oscuridad.


Lamento la imperdonable tardanza de subir esta actualización después de tantas lunas (¡meses, perra y desgraciada Lu!), la verdad es que no se me acomodaba la vida ni el tiempo. Pero como lo notaron desde hace un par de semanas ya ando disciplinándome en esto del fanfiction. Perdónenme, enserio lo lamento. Y con temor les digo que esto pudiera darse otra vez, ¿qué les digo? La vida laboral llama. El internet no se paga solo, jaja.

Y en cuanto al capítulo, estuve trabajando muchísimo en él así que ojalá que pueda ser un poquito de su agrado. Realmente espero no haberlos revuelto con las últimas escenas de Hinata, solo estaba intentando jugar con los tiempos. Cualquier duda, opinión y corrección es bien recibida a través de un review siempre y cuando se haga con respeto. Si se dieron cuenta, estos capítulos fueron como una especie de arco que demostraban el crecimiento y avance de Hinata hasta lo que yo quería que llegara a ser; gato blanco, gato gris, gato negro y finalmente gato rojo.

Muchas gracias a las personas bonitas y sexys que me dejaron un review:

jhossietaisho

Invader Zam Rei Chan

MikaSyo

Violetamonster

KnL

insatiga

La Gata Rusa

KattytoNebel

lavida134

Mey Arreola

Konata811

Hikari-chan Uzumaki

Hinata Uchiha.H

camika

04 Junio 2017


Nos leemos luego, si tú quieres…