Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.

Gracias a Ninde Elhenair que me ayudó con una retroalimentación del fic en general y algunas opiniones :D

Me disculpo muchísimo por el retraso del fic. La verdad me pasaron muchas cosas como trabajo, no inspiración, sin tiempo y cosas de la vida. De hecho tenía pensado terminar el fic para antes del 2018, pero tuve mucho trabajo. Ahora vengo con la actualización después de más de medio año, qué vergüenza, probablemente no obtenga ningún review pero eso está bien, porque yo también dejo de leer fics que actualizan tarde. De todas formas quiero terminar este fic por mí y mi gusto por escribir, aunque solo quede una lectora comentando, también terminaré esto por esa lectora. Espero que les pueda gustar el resultado. Ando super mega oxidada en esto del fanfiction así que espero que me puedan tener algo de paciencia, jaja.

Por cierto, ¡feliz 2018! Que todos sus propósitos se cumplan, pero más importante, espero que tengan un muy divertido 2018 :)

Sin más, los dejo con el capítulo.

.

.


Ella y su oscuridad

IX. Transmutación.

El final de la transformación.


Estaba cansado y con fastidio, necesitaba dormir de inmediato. La última semana se la había pasado dentro del embrollo del clan ojo blanco y aquello parecía haberle robado las energías, eso aunado a tener que ver el rostro del capitán Morino con quien últimamente no se llevaba nada bien, en realidad nunca se llevaron mal en un pasado, pero tampoco eran amigos. Una pequeña parte de Kakashi le molestaba el tipo alto metido las 24 horas en territorio Hyuga.

"Creo que debo dejar este asunto en paz" pensó el ninja mientras daba un sonoro bostezo. Prefirió regresar a su pacífico departamento y dormir un buen rato. Ni siquiera se duchó, solo se dejó caer en el sofá que usaba para cuando llegaba muy cansado, ese sofá amigo tenía manchas de sangre seca por todas partes. No supo en qué momento se quedó dormido.

"Hinata sonreía tiernamente… pero su rostro lleno de inocencia se oscurecía de repente y de un momento a otro aparecía en su bello rostro una máscara de fondo blanco con pinceladas rojas que dibujaban la cara de un gato triste. Ella se acercaba y él aparecía en escena, un Kakashi vestido como jōnin, excepto por su chaleco verde. Neko-dark lo abrazaba de repente. Un segundo… ¿Neko-dark?

Neko-red, Kakashi-sensei, Neko-red. Le hablaba la voz ultra dulce de la antigua Hinata . Mi precioso Kakashi-sensei… tan precioso que me dan ganas de matarlo… decía sonriendo mientras la parte baja de la máscara desaparecía dejando ver unos labios carnosos de color rojo por donde resbalaba sangre espesa, se acercaba a él y le daba un beso apretado contra la máscara negra . Neko…

La sangre caía elegantemente por la barbilla bajando a gotas gruesas hacia el pecho desnudo, después toda la imagen era cubierta por una especie de líquido viscoso color negro, tan negro como la noche. Las manos de la chica no tenían dedos normales, sino largas y afiladas uñas negras gatunas que tamborileaban contra sus piernas con elegancia. Sobre su cabeza aparecían unas orejitas de gato color negro. Todo el cuerpo de la Neko estaba enfundado en una tela de encaje negro, su cabello largo y echado hacia adelante lograba tapar algunas partes íntimas, cuando Kakashi deslizó su mirada hacia abajo para ver… "

Kakashi despertó de golpe de aquel sueño tan extraño que había tenido. Respiraba agitado y un sudor frío recorría su cuerpo provocándole un escalofrío que calaba hasta los huesos. Se sentó en la cama con una rodilla flexionada y en ésta apoyando un codo, intentando tranquilizarse. Escudriñó su habitación, como si le pareciera extraña de momento y volteó para todos lados. Estaba solo. Ella no estaba. Alzó una mano pasando sus dedos por entre su cabello húmedo.

—¿Qué pasa, Kakashi? —Susurró a sí mismo con el ceño fruncido —. ¿Por qué sueñas con ella? —Parecía reprenderse.

En aquél momento lo único que quería era comprobar que las hermanas Hyuga estuvieran bien, que Hinata siguiera siendo Hinata, asegurarse que no estaba convirtiéndose en un Obito o un Sasuke, observar que la oscuridad todavía no la engullía como un polluelo indefenso. Se preguntó por qué aquella obsesión de cuidarla había nacido en él, como si ella fuera una niña pequeña.

Tenía una extraña necesidad de verla y saber más de ella. No podía evitarlo.

A la mañana siguiente se topó con algo inusual en la puerta de su estoico departamento. Había un pergamino donde el consejo de Konoha solicitaba su presencia para una reunión matutina, a la cual por cierto ya iba una hora tarde. El peligris rechistó con fastidio y se puso en marcha, pensando en alguna excusa buena qué darle a los viejos por haber llegado tarde. Aquella mañana el sol amarillo calentaba reconfortantemente, tanto que Kakashi todavía se dio el tiempo de comprarse una bebida energética por aquello de tener que aguantar algun informe o posibles características de una misión importante. Cuando llegó al lugar señalado se sorprendió de ver a Koharu Utatane y Mitokado Homura discutiendo fervientemente con Naruto, quien lucía molesto como un niño.

—¡Llegas tarde, Kakashi-sensei! —De inmediato el rubio reparó en la humanidad peliplateada y éste saludó nerviosamente a los presentes.

—Hola, buenos días. Lamento el retraso, olvidé pagar el alquiler de mi departamento y mi casera me dejó encerrado.

—¿Y qué no pudiste salir por alguna ventana? —Koharu elevó una ceja.

—Es que en las ventanas había gatos negros y son de mala suerte.

—Déjate de excusas ridículas y siéntate, Kakashi-flojo. —Sentenció Homura ceñudo. El Hatake decidió obedecerlo sin decir algo más.

—Los viejos dicen que Hinata-chan está solicitando un ascenso a ANBU, que Ibiki-sensei y tú le dieron sus recomendaciones, ¿es verdad eso, Kakashi-sensei? —El Uzumaki lo miraba fijamente con los ojos preocupados.

—Sí, es todo verdad.

—¡¿Y por qué no me lo dijo antes?! ¡¿Hinata ANBU?! ¡Totalmente reprobable! —Naruto se levantó dando un manotazo en la mesa, colocándose al lado de la silla de su maestro —. ¿Por qué dejaría a Hinata-chan convertirse en semejante grado ninja?

—Ella lo necesita para proteger a su hermana. —explicó Kakashi sin perder la calma.

—¿Protegerla de qué?

—Eso es lo que intentábamos explicarle, Hokage-sama. —Intervino Homura acomodándose los lentes —. El clan Hyūga se volvió inestable cuando las figuras masculinas del souke murieron, me refiero a Hayato y Hiashi.

—¿Qué tiene? Hanabi-chan ahora es la líder del clan.

—Los demás miembros del clan no parecen muy convencidos de ser gobernados por una niña. —declaro el Hatake.

—Pareces bastante experto en el tema Hyūga, Kakashi. —Observó la anciana con interés. Kakashi solo se encogió de hombros, ignorándola.

—Tengo informes de que pudo haber una pequeña rebelión del bouke pero fue detenida por las muertes de tres miembros de la rama secundaria —decía el viejo canoso —, muertes a causa de alguien. —Volteó a ver al Rokudaime.

—¿Quién? —Naruto parecía bastante desinformado.

—Hinata. —Simplificó Kakashi.

El rubio se hizo hacia atrás como negando aquello, miró los rostros de los presentes y entonces supo que la reunión era seria. Se dejó caer en su asiento y entonces decidió escuchar a sus mayores.

—¿Asesinó a los tres? —preguntó el Hokage. Los ancianos asintieron una vez. Aquellos ojos azules parecieron volverse opacos. No podía creerlo, debía haber un error ahí porque la Hinata-chan tierna y linda no sería capaz de asesinar a personas de su familia. "Ser una kunoichi nunca se le ha dado bien", su esposa Sakura le había dicho algo parecido hace un mes más o menos.

—No. A dos miembros, el tercero se suicidó. —Kakashi habló, explicando —. Si me permiten agregar, no he desayunado, así que quisiera saber para qué me mandaron llamar.

—Ya que pareces muy informado, Kakashi —dijo Homura Mitokado —, dinos según tu opinión si crees que Hinata Hyuga podría representar algún tipo de problema para Konoha. Asesinó a miembros de su clan y estoy seguro de que provocó el suicidio del otro joven muerto.

—Ella solo quiere proteger a su hermana.

—¿Y por ello busca inmunidad siendo ANBU? ¿Es eso lo que ella quiere?

—Oigan, oigan —Kakashi elevó las manos en señal de que se detuvieran —, les recuerdo que las personas que murieron intentaron envenenar a Hanabi-sama.

—Tú lo has dicho, "intentaron", más no lo lograron. Al parecer Hinata exageró un poco las cosas, ¿no lo crees?

—Estamos hablando de la líder del clan del Byakugan —Kakashi perdió un poco la paciencia y elevó la voz — y de la única familia directa que le queda a Hinata. Estoy seguro de que si en lugar de Hanabi fuera Shikamaru Nara, Ino Yamanaka o incluso la misma Hinata; prodigios y herederos de sus clanes, no estarían renegando, pero no, se trata de una niña para ustedes y por eso no les importa mucho.

—Es verdad, Hanabi no es tan prodigiosa como Hinata —Aceptó Koharu —, pero eso no quita el hecho de que Hinata asesinó a esas personas sin el derecho de un juicio formal. Actuó bajo sus propias reglas sin considerar las de Konoha. Y ciertamente me preocupa que su enfoque sea Hanabi y no la aldea. ¿Qué pasará si en algún momento faltase Hanabi?

—¿Y por qué demonios habría de faltar Hanabi? —Kakashi frunció el ceño —. Para eso se está preparando Hinata, ¿qué no?

—Queremos que desistas tu recomendación de Hinata para ANBU. —Determinó Homura, prendiendo la mecha de la bomba.

—¡¿Qué?! —Ahora fue Kakashi quien aporreó la mesa y se levantó sorprendido. Naruto veía todo con ojos atentos y aprensivos.

—No tomó en cuenta a Konoha, suficiente razón para no promoverla como ANBU. —Koharu estaba molestándose y habló siseando.

—Koharu tiene razón, Kakashi, y lo sabes. Tú fuiste uno de los ANBU's más prodigiosos y sabes que el Escuadrón Especial de Asesinato sirve a los intereses de la aldea y del Hokage.

El lugar se quedó en silencio mientras Kakashi veía fijamente a los ancianos con cara adusta. No podía creerlo, la rechazaban por querer proteger a su propia hermana. Pero era comprensible de cierta manera. Era un error darle inmunidad a un shinobi que prefirió sus reglas personales antes que las de Konoha.

—Como Hokage —Naruto se armó de valor para hablar ante los mayores —, creo que Hinata-chan debería seguir. Si ella quiere ser ANBU entonces que lo sea. La conozco y jamás actuaría en contra de los intereses de la aldea. Es mi amiga, ella solo quiere proteger lo que ama.

—Naruto aun eres muy joven para comprender. —Sentenció Koharu con una mirada que no daba tregua.

—Yo como Hokage digo que Hinata-chan continúe. —El rubio se puso de terco.

—Y nosotros como Consejo de Konoha denegamos esa orden.

—Y yo como sensor de Hinata-chan digo que ya aprobó el ascenso a ANBU. —Dictaminó Kakashi, callándolos a todos por un largo momento.

—¡Estaba en pre-examen! —Defendió Homura.

—¿Y quien demonios cree eso del pre-examen? —dijo con desinterés, sentándose de nuevo —. Examen, pre-examen, ¿cuál es la diferencia? La chica me quitó los cascabeles y le quitó los ojos a un tipo para un capitán ANBU, lo conté como examen en realidad.

—¡No te hagas el gracioso, Kakashi! ¡Esto es un asunto serio! —gritó la anciana.

—Además ella cuenta con la recomendación de Ibiki Morino, líder el Escuadrón de Tortura. Lo siento pero ella ya es ANBU.

—¿Por qué la defiendes? —Koharu ya tenía una venita saltante en la frente debido a su enojo —. ¿Cuál es tu interés en esa chica? —Kakashi se quedó viéndola sin contestar nada —. Ay, Kakashi, ¡por favor!, te creía un hombre inteligente…

—No he dicho nada. —El Hatake puso los ojos en blanco.

—Soy mujer y conozco esa mirada. —Sentenció la viejita.

—No entendí, ¿qué me perdí? —inquirió Naruto desesperado por entender algo, aunque fuera poco.

—No aceptaremos el ascenso de Hinata Hyūga como ANBU. —Determinó la anciana tajantemente, levantándose de su asiento —. Estoy harta de estos chiquillos que se creen adultos. No me esperaba este grado de desobediencia, ni de ti; Kakashi, ni de Ibiki.

—¿Quiere decir que ya hablaron con Ibiki?

—Y él se mostró un poco más sensato que tú, solo un poco. De verdad, ¿qué les ha hecho el clan Hyuga? Parecen sus más fieles defensores.

—Son unas niñas, no tienen a nadie que las defienda. —dijo Kakashi.

—Tienen un clan entero que las defienda, pero ellas no lo saben. —La anciana dio media vuelta y caminó arguyendo que ya estaba cansada. Homura se quedó en su lugar, firme y serio.

—Hokage-sama —El cabello de Homura ya era grisáceo —, no le cuesta nada esperar aunque sea medio año para ascender a Hinata Hyuga. No le cuesta nada. Por favor hágalo por Koharu, ella solo está preocupada. Mientras, la señorita Hyuga podría dedicar un tiempo a entrenar las artes ANBU, Ibiki y Kakashi le pueden enseñar. Ella necesita aprender más, véalo como una opción para que decida si en verdad quiere ser un ANBU o no.

El rubio pensó por un momento sin ver a ninguno de los dos presentes, quería tomar una decisión suya sin que Homura o Kakashi lo convencieran de algo. Hinata no era una persona mala ni peligrosa, él lo sabía, aun así le había sorprendido que la peliazul hubiera matado personas de su mismo clan, culpables o no los había asesinado a sangre fría, eso no era algo que representara el carácter dulce y tierno que conoció de Hinata. Lanzó un suspiro de cansancio y miró a los hombres restantes de la reunión.

—Muy bien. Homura-san, aplazaremos el ascenso de Hinata-chan como ANBU —El viejo agradeció con un solemne asentimiento de cabeza —, tendrá medio año para pensar si ella de verdad quiere convertirse en ese tipo de ninja de élite, mientras tanto quiero que su entrenador sea Kakashi-sensei, porque confío en él. —Volteó a ver a su maestro —. Su objetivo será determinar si realmente es necesario que Hinata-chan ascienda de nivel mediante una táctica: convénzala de que no necesita ser ANBU. Si de verdad quiere convertirse en un ninja de elite, entonces no desistirá de su propósito bajo ningún influjo. ¿Queda entendido?

—Sí, Hokage-sama. —respondió Kakashi con voz de soldado, aceptando la misión.

—Y Kakashi-sensei, quiero informes semanales de las actividades de Hinata-chan, sus actividades de entrenamiento, no personales.

—Así lo haré, Naruto. Gracias por confiar en mí.


-o-


Después de esa noche el gato descansaría, el gato se escondería, el gato iba dormir mucho, mucho tiempo. Ser un gato no era algo sencillo. Ibiki-taicho siempre le dijo que mientras se mantuviera enfocada no habría problemas.

—La traición es algo que no puedo perdonar. —Acotó el reflejo de una persona esbelta que poseía la cara de un gato con pinceladas rojas. Tal vez no era solo una cara, tal vez era una máscara, pero la verdad es que ya no había mucha diferencia —. Está bien, hice lo que tenía qué hacer. El clan es inestable como lo dijo Hayato-sama, el gato tiene que proteger a la niña, como dijo Hiashi-sama. —Ya eran las tres de la madrugada y Neko seguía repitiendo sus palabras frente al espejo de su habitación.

Hiashi. Hayato.

Hirohito. Hiroyuki. Ko.

Cinco muertes en el clan en tan poco tiempo.

—La traición es algo que no puedo perdonar. Está bien, hice lo que tenía qué hacer. El clan es inestable como lo dijo Hayato-sama, el gato tiene que proteger a la niña, como lo dijo Hiashi-sama. —No importaba cuantas veces lo dijera, nunca sería suficiente. Podía sentir la sangre a través de su cuerpo. La sangre de Hirohito, Hiroyuki y Ko. Sin concentrarse podía rememorar los gritos de la chica diciéndole que era injusto, que ella todavía tenía muchas cosas por hacer.

"Bueno, la vida no es justa", pensó Hinata, sorprendiéndose de su frialdad. "Todos luchamos por lo que amamos".

Del otro lado de la habitación Hanabi tenía insomnio pero fingía dormir para no preocupar a su hermana.

El equipo de la División de Inteligencia determinó la complicidad de Hirohito, Hiroyuki y Ko para derrocar de manera deshonesta el liderazgo de la joven Hanabi Hyuga, por lo que no se les permitió a éstos tres miembros de la segunda rama ser enterrados en el cementerio de los territorios Hyuga. La esposa y madre; Hisae, se mostró desconsolada al no poder enterrar a sus muertos como era debido, imploró a Hanabi llorando, pero la líder disculpándose todavía no dio su brazo a torcer. Un crimen era un crimen, y tenía qué pagarse. Los cuerpos de Hirohito y Hiroyuki no pisarían territorio del ojo blanco. Los demás miembros del bouke pensaban que de esa manera las almas de los difuntos nunca descansarían, pues se verían perdidas para siempre.

—Hisae no está bien. —La voz dulce pero altiva resonó en la habitación oscura una tarde. La mujer llorosa volteó, encontrándose con la imagen de la nueva adquisición de Hanabi-sama como guardia —. Y Hisae está herida. Las personas son peligrosas cuando están heridas.

—Hinat… Hinata-sama. —Tembló su labio inferior, pues no sabía cómo llamarla. Lo único que atinaba hacer era sostenerle la mirada dócilmente. Hisae siempre fue amable con todos, pero la muerte de su esposo e hija la habían devastado, heredándole un rostro triste.

—Neko necesita saber si Hisae no representa un problema para Hanabi-sama, de lo contrario Neko tendrá que silenciarla. —El tono no era frío, pero tampoco parecía tener matices. La mujer se consternó un poco al escucharla hablar en tercera persona, como si la chica frente a ella no fuera más que un transmisor sin sentimientos.

—¿Neko? —Parpadeó un par de veces, curiosa.

—El nuevo escudo de Hanabi-sama. —Parecía presentarse, pues dio una leve reverencia en forma de saludo. Hisae recordó a la pequeña niña tímida y miedosa por todo, recordó cuando Hiroyuki le estiraba el cabello y Hisae corría a regañar a su hija. Todo el bouke hablaba de lo inútil que era la primogénita de Hiashi, la niña del caso perdido a la que prefirieron mandar de ninja en vez de prepararla en las artes Hyuga. De esa niña… no parecía quedar mucho. Hisae la miró como si escudriñara algo indescifrable, una especie de enigma místico.

—Solo dime algo, Neko-chan. —Habló delicada y suave, implorándole verdad con los ojos blancos —, ¿realmente mi esposo y mi hija trataron de matar a Hanabi-sama?

—Sí, señora.

—¿Los mató Konoha?

—No, señora.

—¿Los mataste tú?

—Se mataron ellos mismos en el momento en que planearon asesinar a Hanabi-sama. —No había dudas ni tartamudeos.

—Fuiste tú. —Aceptó con sabiduría, sonriendo levemente de medio lado, una sonrisa rota y depresiva.

—¿Hisae es una persona herida y peligrosa?

—Herida sí, peligrosa no.

—¿Neko debería preocuparse de usted? —Giró la cabeza hacia un lado, como un pajarillo con curiosidad ingenua, aquel movimiento entre la oscuridad se vio un poco macabro considerando la máscara de gato.

Hisae pareció pensárselo un momento, como si responder una mentira pudiera quitarle la vida.

—No lo sé. —Confesó lamentable, llorando. Realmente no sabía. Un día podría levantarse bien, al siguiente podría despertar con sed de venganza. Ella no podía predecirse.

La silueta curvilínea se movió ligeramente, extrayendo el ninjato que guardaba tras su espalda debido a su uniforme de ANBU en entrenamiento.

—Yo haré que no represente ningún peligro. —Apareció una voz varonil y decidida detrás del gato, haciendo que la chica gatuna retrocediera. Se trataba de un joven alto y de cabello color miel, ojos blancos bellísimos y valientes.

—Hashimoto. —Observó la madre enarcando una ceja.

—Siempre fui y seré fiel a la rama principal. —declaró con los ojos claros —. Mi padre y mi hermana se equivocaron, pero yo no.

—Se lo prometo, Neko-sama —intercedió Hisae de inmediato —, Hashimoto siempre ha velado por la familia principal, él no es ningún peligro, si tiene dudas sobre…

—Tranquila. —Puso una mano frente a Hisae, deteniendo sus palabras —. Tú ayudaste a Ibiki-taicho, ¿cierto? —Recordó Neko mirándolo con más atención.

—Sí, lo acompañé a dejar a Hanabi-sama al hospital. Monté guardia por un rato hasta que llegó personal del Hokage. Neko-sama, ¿cierto? —El gato asintió rápido —, permita que mi madre viva, me encargaré de que no represente ningún problema para la rama principal. Yo seré por siempre fiel a Hanabi-sama y sus intereses, porque yo; Hashimoto Hyuga, conozco mi lugar y no me desagrada ser el guardián servil del souke. —Y de verdad que no le desagradaba. Nunca intentó nada contra Hanabi o Hinata alguna vez en su vida —. Yo no sabía de la traición de mi familia hacia Hanabi, de haberlo sabido yo hubiera alertado a Hanabi-sama de inmediato. Para mí la traición es un acto reprobable que no tiene perdón. Nací bouke, moriré siendo bouke y no me da vergüenza, no me causa ningún sentimiento negativo o de sublevación.

—Neko no puede permitir que una amenaza viva bajo el techo de Hanabi-sama, así que haremos esto. —Volteó para ver a Hisae —. Si tú le fallas a Hanabi-sama, Hashimoto-kun morirá. Y en cambio si tú —Regresó hacia el joven —, Hashimoto, fallas a Hanabi-sama, tu madre y tú van a ser tragados por el gato. ¿Entienden eso?

—Lo entendemos. —exclamó Hisae, sentándose de rodillas y luego se inclinó hacia adelante pegando su frente contra el suelo frío —. Lo entendemos, Neko-sama.

Al lado de su madre, Hashimoto también inclinó su frente hacia la primogénita servil.

—Necesitan algo que les recuerde lo bien que entendieron. —Su maestro Ibiki fue quien le enseñó que para recordar una cosa, ésta debía marcarse. ¿Por qué ella dejó de tartamudear? Por las tantas veces que él le obligaba a cortarse la lengua cada vez que lo hacía. La peliazul enmascarada extrajo un kunai y le pidió la mano a Hashimoto. El muchacho le extendió el brazo y se dejó hacer una marca de sangre en la palma de la mano. Hisae temerosa del dolor también obedeció, dejando que el filo penetrase su piel madura y que la sangre corriera —. Soy fiel a Hanabi-sama, díganlo.

—Soy fiel a Hanabi-sama. —Repitieron al unísono, mirándola fijamente.

—Cualquier cosa, opinión, chisme, acción sospechosa en el clan deberán comunicármela. Desde hoy ustedes son mis ojos y oídos, ¿verdad que sí?

—Sí, Neko-sama.

La joven delgada asintió firmemente una vez.

—Bien, así sea. —susurró dando media vuelta, saliendo del lugar. Por el camino le sorprendió ver a su pequeña hermana vestida con un kimono de flores de cerezo cayendo —. ¿Qué hace merodeando usted sola? —Pareció regañarla suavemente, consternada.

—No me trates como una extraña hablándome de usted. —Frunció el ceño —. Tus amigos están armando un tremendo alboroto en la puerta principal, dicen que no van a irse hasta que puedan verte. Yo sinceramente ya no sé qué inventarles. Sobre todo tu molesta maestra Kurenai parece que dirigirá una revuelta. Haz algo porque ya me está doliendo la cabeza con esos chicos. —Un poco molesta pasó de Hinata para dirigirse al estanque de las ranas donde últimamente meditaba lo más posible. Pocos segundos después apareció el enorme hombre de gabardina negra yendo detrás de la pequeña líder, apenas dirigiéndole un casto saludo a Hinata quien sonrió de medio lado a escondidas al ser testigo de la lealtad que el capitán Morino les profesaba a las hermanas Hyuga. Quien diría que el propio Hiashi les conseguiría sin querer a tan valioso aliado.

La joven dio un respiro de alivio y entonces retomó su caminar cambiando de dirección rumbo a la entrada de la mansión. Poco antes de que llegara podían escucharse los gritos del escandaloso Kiba, los ladridos de Akamaru y las fuertes amenazas de la Yuhi. Se detuvo un momento, a la verdad, no sabía qué decirles. Nunca les avisó que se retiraba del equipo, nunca los vio en el entierro de su padre o abuelo, no recibió sus visitas nunca. ¿Cuándo fue la última vez que los vio en persona? Probablemente hace dos meses si las cuentas no le fallaban.

"Vaya, el tiempo pasa muy rápido", pensó un momento. Fue en ese instante que la puerta de la entrada tronó, causando una explosión de astillas de madera. Kiba había hecho uno de sus famosos ataques sorpresa dejando noqueados a algunos miembros de la rama secundaria. Entre el polvo se pudo distinguir a un serio Shino y una preocupada Kurenai. En ese segundo preciso las miradas del antiguo equipo 8 se encontraron al mismo tiempo.

—¿Quieres ganarte una multa por violentar propiedad privada? —inquirió esa extraña chica vestida con uniforme ANBU y máscara, tenía una cinta atada a su brazo con un kanji donde se leía "En entrenamiento". Los aludidos se quedaron viéndola ofuscados, menos Akamaru que feliz movió la cola y corrió entusiasmado hacia ella, parándose en dos patas que hasta la hizo tambalear un poco. Lo acarició con ambos brazos y dejó que su lengua áspera le lamiera la máscara.

—¿Akamaru? —Kiba enarcó una ceja.

—Creo que es Hinata. —dijo Shino a su muy estilo.

—¿Estás seguro? —Kurenai pareció perder el aliento.

—Les debo una disculpa. —contestó Neko. Era la misma voz de Hinata, era tranquila pero menos dulce que antes.

—¡No puede ser! ¡Es Hinata! —Kiba gritoneó como siempre, bastante sorprendido del cambio de su amiga. Hinata vestía como una auténtica ANBU femenina. De no ser por su voz jamás la hubiera reconocido. Su cuerpo estaba más esbelto, curvilíneo, como si llevara una rutina de ejercicio máximo todos los días, estaba más alta, o tal vez eran las botas con medio tacón, su cabello negó azulado estaba más largo, casi rozándole la mitad de las piernas.

—¡Hinata! —Kurenai sentía que le daría un paro cardíaco de la impresión. Quería preguntar muchas cosas, qué había pasado, qué hacía con esas ropas, pero no pudo siquiera formular alguna palabra aparte del nombre de su alumna, lo único que hizo fue abrir la boca anonadada y caminar lo más estable que pudo para llegar hasta la chica, puso sus manos sobre sus hombros y la miró por las rendijas de la máscara, que no tenían mucho espacio. No pudo ver los ojos blancos de Hinata, no pudo ver nada detrás de esa máscara. La profesora de ojos rojos intentó quitarle la máscara a un lado, pero Hinata le detuvo la mano con rapidez y se alejó un paso. Kurenai frunció el ceño, confundida.

—No puedo quitarme esto. —Señaló su rostro con el dedo índice.

—¿Por qué no? —Se preocupó la mujer —. ¡Cielo santo, te hicieron algo! —Se horrorizó de solo pensarlo —. ¿Hanabi te puso el sello del pájaro enjaulado? ¡Dímelo, Hinata!

—Hanabi-sama no es mi enemiga, ni la de ustedes. —dijo con calma.

—Háblame claro, niña. —respondió con coraje, siseando, a punto de llorar por la frustración —. Te desapareces como si nada, sin decirnos, como si fuéramos unos completos extraños para ti. Nos dicen luego que te dieron de baja como ninja, luego que Hanabi toma el liderazgo después de la muerte de tu padre, ¡vaya!, ni siquiera hemos podido darte el pésame correctamente. No puede ser posible que ahora eres un ANBU en entrenamiento. ¡Dios santo, Hinata, que Dios me perdone pero en este momento quiero darte una fuerte bofetada! —declaró frunciendo el ceño y mostrando su enojo, sus ojos parecían brillar más de lo normal, un rojo sangre peligroso, dolido y poderoso. Incluso Kiba se mostró asustado por las palabras de su maestra. Akamaru se había escondido tras su dueño, y Shino se mantenía estático como siempre.

El gato estaba sin habla. De no ser por la máscara habrían visto su cara asustada y sorprendida. Jamás Kurenai le había hablado así. Apretó los puños al escuchar la risa de Hanabi a lo lejos, en el estanque de ranas. Se mordió el labio inferior para darse dolor y enfoque.

—Acepto mi error, Kurenai-sensei. —Asintió una vez pero su voz no parecía lamentar nada.

—¿Desde cuando quieres ser ANBU? ¿Y qué hace Ibiki en el clan Hyuga? Si es que podemos saberlo. —La mujer empequeñeció los ojos fríamente. Que los chicos no se engañaran, Kurenai era una jonin, la mejor kunoichi en genjutsu, era un ninja de elite y a veces cuando se lo proponía daba miedo.

—Ibiki-taicho me está entrenando. —No sabía si podía darle aquella información a su maestra, pero sus palabras habían salido sin antes pensarlo, ahora ya no había vuelta atrás.

—Imposible, no lo entiendo. —Kurenai negó con la cabeza y caminó hacia sus muchachos todavía parte del equipo 8 —. No sé qué haces, Hinata, y por lo visto no quieres contarlo. Está bien. Cosas de clanes. —Se encogió de hombros —. Pensé que nos apreciabas.

—Los aprecio. —contestó a la defensiva, que no hubiera dudas, eran sus camaradas y siempre les sería leal.

—No, no parece. Si nos apreciaras confiarías en nosotros, pero decidiste no hacerlo y abandonar el equipo. No me parece malo que quieras desligarte, pero al menos una despedida habría bastado para cerrar el ciclo.

—Kurenai-sensei. —Susurró con voz lenta y suave, como viento triste.

La Yuhi observó a lo lejos, Ibiki supervisaba fieramente a la joven Hanabi, después cambió su mirada a Hinata y por último regresó a Ibiki.

—Me dueles, Hinata. —No pudo evitar que una lágrima traicionera bajara por su rostro, pero se mantuvo firme y fría —. Solo me resta decir que cuando necesites algo, ya sabes donde vivo. —Dio media vuelta y regresó sobre sus pasos, por donde vino.

—Vaya, qué tenso se puso todo esto. —Kiba se rascó la nuca, un poco nervioso —. No te enojes con ella, es solo que ya sabes, las mujeres son algo liosas, y bueno, creo que tú tienes la culpa, Hinata. Eres como su hija.

—Lamentamos la muerte de tu padre, Hinata. —Habló Shino, bastante lineal.

—Sí, lo lamentamos. —dijo Inuzuka.

La enmascarada asintió con respeto.

—No quiero irme sin antes preguntártelo, ¿estás bien? —Tenía la suerte de tener a ese loco castaño como amigo, y al chico insecto también.

—Deberían enojarse conmigo. —Hinata bajó la cabeza al suelo, sintiéndose una mala persona.

—Sí, deberíamos. Lo estamos, en realidad. —Incluso Kiba se sorprendió cuando Shino expresó su sentir —. ¿En verdad estás bien? ¿Te han hecho daño?

—Nadie me ha hecho daño. Estoy bien. Todo este tiempo he estado bien. Ahora cuido de mi hermana lo mejor que puedo.

—Entiendo eso pero, ¿por qué quieres ser ANBU? —Kiba de verdad no lo entendía.

—Porque Hanabi-sama necesita un ANBU que la proteja. —Sus amigos no sabían del envenenamiento de Hanabi, era normal, serían cosas que se quedarían únicamente en el clan, algunos cuantos del hospital y los altos mandos de la aldea —. Chicos, yo no puedo ser parte del equipo 8, no más. Perdón por no decirlo antes. —Comenzó a ponerse de rodillas pero con desapruebo Shino la retuvo por los codos y la obligó a levantarse.

—No se hinca ante los amigos, Hinata. Deberías saberlo. —Su voz era más grave y hasta regañona.

—Yo he sido cruel con ustedes, con Kurenai-sensei.

—Sí, y que lo hagas no es algo tuyo, ¿por qué lo hiciste? ¿por qué este cambio? —El Inuzuka preguntó.

—Creo que esta es nuestra despedida.

—Dinos por qué Hinata. —Exigió Kiba tomándola de los hombros y mirándola directo.

—No puedo decirlo…

—¡DINOS POR QUÉ! —Kiba había soportado demasiado de su mejor amiga. El aliento a menta y el coraje se estampó en el rostro de Hinata, traspasando la máscara. Debajo, el gato estiró las comisuras de sus labios hasta abajo sin poder controlar sus expresiones, sus ojos ardían fieros. Lo sabía. Era un sentimiento y no lo quería. No lo quería porque eso significaría retroceder en su camino.

No iba retroceder en su camino.

Aventó al muchacho para deslindarse de su agarre y a pasos agigantados se retiró del lugar, con la vista humedecida y nublada, sin enfoque, ni siquiera quiso mirar a Hanabi jugando con las ranas y a Ibiki cuidándola. No pudo voltear atrás donde dejaba a sus amigos, molestos, enojados, dolidos y desesperados por una explicación.

Sus pies se movieron más rápido empezando a correr para encontrar su habitación, cerró la puerta con fuerza, haciéndola repicar. Llevó sus manos a la cabeza ante la terrible jaqueca que la invadía mientras sentía esa maldita lluvia que juró secar.

—¡No, no necesito esto! —Recordaba el rostro muerto de Hirohito ensangrentado, los ojos para el general ANBU, que risa con la cara asustada de Hiroyuki, ¿por qué la risa?, Sakura no pudo salvar a Sasuke y había que mencionárselo en su cara, fue el gato no Hinata, Ibiki cortándole la lengua por tartamudear, las clases de anatomía y sangre, tenía la luz, se sacrificó por su Hokage sin pensarlo en la invasión de la aldea por Pain hace años, y a él no le importó su vida, no le importó nada, era patética, su padre muerto, su abuelo muerto, estúpidas afecciones cardiacas, no le sirvió la luz, Hanabi pudo morir por unas fresas rojas como la sangre, Kakashi persiguiéndola mientras ella se convertía en gato, la luz no servía, solo la cegaba, Hanabi dándole una patada violenta en la quijada mientras Hiashi se decepcionaba de su primogénita, Ko muriendo lentamente y jurándole, Hisae no era un problema, la luz terminó por cegarla y dejó solo un recuerdo.

Un recuerdo.

La cabeza de Hinata se estrelló contra la pared de madera, haciendo un pequeño ruido, fue el golpe lo que la hizo regresar en sí. Sus ojos parpadearon varias veces, como una mariposa batiendo sus alas.

—¿Sigues ahí?

—¿K… Kakashi-sensei? —A través de la máscara, sus ojos estaban abiertos a su máxima expresión. El hombre tenía sus manos sobre sus antebrazos y al parecer la hizo chocar contra la pared a propósito. De inmediato sintió la inercia de sacar un kunai y cortarse la lengua.

—Te estuve hablando pero parecías como traumada. No habrás hecho algo malo sin mí, ¿verdad? —Guiñó el ojo mientras bajaba una de sus manos suavemente por el brazo femenino. Hinata lo empujó con ambas manos para liberarse de su prisión, sentándose en la cama para tranquilizarse.

—No. —respondió despectiva —. ¿Cómo entró aquí?

—Tenía que darte un anuncio.

—Eso no responde mi pregunta.

—Al parecer el consejo de ancianos está algo molesto con que vas a convertirte en ANBU y quiere que aplacemos la graduación por un tiempo. —decía, curioseando por la habitación, levantando algunas fotografías viejas para verlas mejor.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó alarmada.

—Creo que deberías enfocarte en algunos estudios teóricos. —Con atención observó el atrapa sueños que estaba colgando sobre la cama del gato.

—No está respondiendo ninguna de mis preguntas.

—¿Enserio? —La miró asustado y luego volvió a curiosear.

—¿Qué haré mientras tanto?

—Entrenar. —Se encogió de hombros.

Hinata hizo silencio.

—Tendré que decírselo a Ibiki-taicho.

—Entrenar conmigo. —Explicó poniendo los ojos en blanco.

—Pero usted no es mi maestro.

—Pero soy tu sensor.

—No es lo mismo.

—¿Qué no me llamas "Kakashi-sensei"? —Imitó la voz seria de Hinata, aunque parodiándola con diversión.

El tipo era desesperante, eso Hinata lo tenía claro.

—De todas maneras tengo qué decirle a Ibiki-taicho.

—Confías mucho en él, ¿no? —Hinata se encogió de hombros en señal de que le daba igual —. ¿Por qué confías tanto en él?

—Oto-san… Hiashi-sama confió en Ibiki-taicho, así que yo también.

Kakashi lanzó un suspiro de cansancio.

—Te espero mañana a primera hora en el bosque de la muerte. Vamos hacer algunas… maniobras. —Hizo un gesto vago con las manos que a Hinata no le dio del todo confianza —. Cuídate hasta entonces, pequeño gato. —Le puso la mano sobre la cabeza agachándola un poco, el gatillo se removió incómoda. El Hatake pasó a retirarse como vino, silenciosamente.

Neko tronó los labios en señal de desagrado. Como si la jaqueca no fuera suficiente problema aunado al mal reencuentro con su antiguo equipo ninja que de paso había salido bastante mal.


-o-


Quitarle los cascabeles a Kakashi por segunda vez estaba resultando una tarea titánica. Lo había intentado engañar mil veces convirtiéndose en gato, pájaro, rocas, plantas e incluso flores inocentes, no importaba, Kakashi siempre la descubría y la aplastaba haciendo que su transformación explotara regresándola a su cuerpo original. Había usado el juken peleando directamente, si las sutilezas no funcionaban entonces probaría un combate cuerpo a cuerpo, el resultado fue funesto. Kakashi aun sin sharingan podía prever sus movimientos y esquivarlos o de plano atacarla. Ella podía sentir los cardenales formándose alrededor de sus brazos y costillas. El Hatake no tenía compasión alguna de que su alumna fuera una chica.

—Lo siento, no debo subestimarte ni tu a mí. —Le repetía constantemente cada vez que le daba un golpe y Hinata se excusaba tras la máscara, fingiendo indiferencia, pero Kakashi sabía su fuerza y notablemente la estaba lastimando.

—No me duele. —El gato siempre mentía.

El astro rey ya se estaba metiendo ese día. Tan solo habían parado una hora para ir a comer y regresar a las tres en punto. Cuando Hanabi vio a su hermana llegar en la noche se asustó muchísimo, pero ya tenía entendida su tarea y fue por la caja de primeros auxilios. Hinata ya tenía el cuerpo dolorido en la bañera mientras que Hanabi le suturaba algunas heridas con suma diligencia y sin miedo.

—Hubiera resultado una buena doctora, Hanabi-sama. —Admiraba a su hermana menor, no le tenía miedo ni asco a la sangre.

—Ya perdí la cuenta de las veces que te dije que me llamaras solo por mi nombre. —Sonrió de medio lado mientras negaba con la cabeza —. Eres imposible, Nee-chan. Solo ha pasado un mes desde que Kakashi-san te entrena y ya te veo destrozada. No sé cómo vas a sobrevivir medio año con ese loco.

—Sí, bueno, como si los entrenamientos con Ibiki-taicho no fueran peores.

—Entrenas con Kakashi de lunes a viernes, los fines de semana con Ibiki-taicho. Vas a morirte, créeme, y de muerta no podrás protegerme.

—No diga eso. —Frunció el ceño, un escalofrío le había recorrido la espalda de solo pensar que alguna vez su hermana pudiese faltarle. Observó los ojos blancos y puros de Hanabi, su inocencia fresca, ¿Cuántos años tenía?, no lo recordaba, no más de 16 años probablemente. Sin darse cuenta se quedó mirándola perdidamente, su única luz. Hanabi elevó una ceja al darse cuenta de la atención que recibía de su hermana —. Por ti haría cualquier cosa con tal de proteger tus ojos.

—¿Mis ojos? Madre decía que eran la ventana del alma.

—Sí, lo decía. —Volteó hacia el agua ya roja por la sangre. Debía cambiarla.

Había sobrevivido a un mes de entrenamiento con Kakashi hasta que éste dijo que descansarían una semana para ver algunas cosas teóricas. Hinata no pudo estar más de acuerdo. Todo su cuerpo estaba lleno de ungüento curativo hecho por ella misma. Aquel día era sábado y se levantó temprano para darse una ducha rápida y entrar al recinto que estaba a un lado de la habitación de Hanabi que normalmente usaban como salón de entrenamientos.

Hinata caminó cojeando, por poco se había fracturado la cadera con una patada del Hatake, así que no le apetecía que Ibiki la pusiera entrenar físicamente. Estaba por pedirle un cese al fuego, literalmente, cuando el Morino habló primero, sorprendiéndola.

—El entrenamiento de hoy será básicamente teórico.

Benditos fueran los entrenamientos teóricos. Hinata se sintió en las nubes por unos minutos.

—Siéntate. —La invitó. Estaban con las piernas cruzadas sobre el suelo uno frente al otro —. Hay algunas reglas de ANBU que todavía no te he dicho y tendrás qué cumplirlas. Ésta regla es muy antigua y puesto que casi todos los candidatos la cumplen a veces se olvida. Siento si te molesto pero, ¿eres virgen? —Ibiki no lucía para nada incomodado, menos Hinata, aunque tenía la máscara por lo que no se podía decir mucho de ella.

Por dentro Hinata se sintió espiada, requiriéndose algo tan privado como aquella información la ponía nerviosa. Era una pregunta muy íntima y quisiera o no, la tímida Hinata sumergida en la inconsciencia despertó por unos momentos.

—Ningún aspirante a ANBU puede ser virgen, ¿entiendes? Los altos mandos creen que eso puede convertirse en una desventaja a la hora de hacer algún trabajo. ¿Ya tuviste alguna experiencia con algún muchacho? —Cuando ella no respondió enseguida, Ibiki intentó preguntando de otra manera.

—No. —contestó de inmediato y preocupada, como si fuera un examen difícil. Ni siquiera con sus padres había tenido que hablar de ello, sabían la inocente hija que tenían. Hacía mucho calor dentro de la máscara. Apretó sus manos ligeramente, encajándose las uñas sin que su maestro se diera cuenta.

—Puedes elegir algún chico que te guste, o alguno de tus amigos. Incluso puedes pagar por ello o irte fuera de la aldea. Como tú prefieras. —Le sugirió casualmente, como si se tratara de elegir entre vegetales o frutas.

—¿No podría ser usted? —Ciertamente sería muy fácil. Las cosas eran fáciles y rápidas con Ibiki, siempre yendo al punto sin detenerse en nimiedades, y lo haría todo como si fuera una misión, algo instantáneo de un minuto o algo así. De cualquier forma la pregunta pareció tomar desprevenido al Morino porque se mostró estupefacto, con los ojos abiertos más de la cuenta y haciéndose para atrás.

—¿Yo? —Si tan solo hubiera tartamudeado Hinata le diría que se cortara la lengua, porque de verdad el rostro de Ibiki-taicho era un poema divertido. Era la primera vez que su alumna lo atrapaba con la guardia baja. Hinata se encogió de hombros, como diciendo "¿por qué no?" —. Las chicas son algo especiales, mejor que te consigas a alguien que de verdad te agrade, alguien más de tu edad. No quiero que tengas un mal recuerdo porque eso podría afectarte.

Hinata quiso decirle que él de verdad le agradaba, aunque entendía el punto de Ibiki.

—Bien, haz lo que tengas qué hacer, pero no demores mucho. —Comenzó a levantarse.

—Sí, Ibiki-taicho.

El hombre de gabardina negra abandonó el recinto silenciosamente. De seguro iba buscar algo qué desayunar, últimamente dormía en el cuarto de huéspedes recién acondicionado que prácticamente estaba al lado de la habitación de Hinata. La dejó ahí sola hecha una maraña negra de pensamientos. ¿Por qué tenía qué hacer eso? ¿Cuál era la desventaja de ser virgen? Ella era tan eficaz con o sin su "inocencia". Además, ¿qué era eso de inocencia? ¿Acaso cuando tenías tu primer encuentro sexual dejabas de ser inocente? Era raro, pero Hinata estaba molesta.

—Enfócate, enfócate. —Se dijo en voz alta, intentando concentrarse en su tarea.

¿Quién podría ser un buen chico para tener una primera vez rápida y práctica? Sus amigos del equipo 8 estaban completamente descartados, ellos eran como hermanos para ella. Naruto ni pensarlo, la sola idea casi provocó que se riera. ¿Shikamaru? Ah, no, estaba liado con la chica de la arena. ¿Chouji? Tampoco, estaba liado con una chica de cabello rojo. Sai estaba con Ino. Vaya, todos los chicos de su generación no eran candidatos aptos. ¿Tal vez alguien de su clan? No, imposible. ¿Hashimoto? Había prometido lealtad a Hanabi, haría cualquier cosa y…, ah, cierto, lealtad a Hanabi no a Hinata. Hashimoto quedó descartado, además ya le había asesinado al padre y a la hermana, no tendría cara para pedirle el favor.

"No quiero hacerlo", pensaba preocupada. Sentía como si con ese pensamiento retrocediese varios pasos hasta ser Hinata. Debía ser un gato, inalcanzable y despreocupado, determinado y veloz, con una elegancia y seguridad siempre presentes. "Sé un gato(*)", se dijo muchas veces.

De repente una cabellera plateada acudió a su mente, el entrometido maestro de Naruto; Kakashi Hatake. Seguro que él con lo experimentado que era, porque el tipo tenía su famita de rompecorazones, la ayudaría a que todo fuera práctico y rápido. Sin preverlo se mordió el labio inferior y entrelazó los dedos de sus manos, en un gesto nervioso.

Además, últimamente el Hatake se la vivía en los territorios Hyūga. ¿Y si le pedía el favor a él? Ante todo era un hombre hecho y derecho, seguro que la ayudaba de buena voluntad, ¿no?


-o-


Ya habían pasado varios meses de entrenamiento para su hermana mayor a partir de que decidió ascender como ANBU. Hanabi se había convertido en algo así como su enfermera personal cada que llegaba con un nuevo golpe. A veces incluso ella misma llegó a regañar a Ibiki, exigiéndole aminorar las clases de defensa. Ibiki se mostró un poco complaciente, pero quien de plano no cedió fue Kakashi Hatake. Hanabi ya lo consideraba un lastre, esa molesta mosca que aparecía cuando estabas comiéndote el postre.

—Su desayuno, Hanabi-sama. —Apareció una señorita con una charola de comida.

—La inspeccioné. —decía Hashimoto siempre que acompañaba a la sirvienta para entregar comida a la líder del clan. Aquél muchacho ciertamente tenía su porte Hyuga, un aire místico, como el de su fallecido primo Neji. Tenía los ojos entre blanco y lila suave, cabello larguísimo, más que el de Hinata, y de color miel. Era un color extraño dentro del clan y eso lo hacía resaltar de entre los demás.

—Gracias. Pueden retirarse. —Hanabi dedujo que después de su intento de envenenamiento, Hisae y su hijo se volvieron más serviciales y cercanos a sus requerimientos. Algo le decía que Hinata había hablado con ellos, pero no quería preguntarle porque no estaba segura de que la respuesta le agradara. Prefería pensar que eran fieles al clan porque de verdad la querían. Ella deseaba ser respetada y amada como cabeza de los Hyuga, como alguna vez lo fue su abuelo Hayato y su padre Hiashi. Como alguna vez pudo ser Hinata.

Bajó los ojos al suelo, de repente se le había quitado el hambre. Tal vez nunca podría superar a Hinata como líder, tal vez ella como primogénita era la verdadera heredera y de ser su hermana mayor quien gobernara nunca habría pasado lo de Ko y los demás miembros. De repente comenzó a dolerle la cabeza. Últimamente le dolía cuando pensaba mucho en cosas que pudieron haber pasado.

—Tal vez yo debí ser la sombra del clan Hyuga. —susurró, incluso se lo dijo a su padre varias veces antes que él muriera, pero Hiashi se mostró firme en sus decisiones.

—¿Hanabi-sama? —Hashimoto llamó por fuera.

—Pasa. ¿Qué necesitas? —preguntó sin muchas ganas. El apuesto joven alto se arrodilló frente a ella, extendiendo sus manos para entregarle un pergamino formal y bonito —. ¿Y esto?

—Acaba de llegar. Tiene el sello de la familia feudal.

Interesada, Hanabi procedió para abrir el pergamino, leyó en silencio con una ceja enarcada y luego sonrió de medio lado.

—¿Todo bien, Hanabi-sama?

—Oye tú, fuera. —Entró un enorme hombre —. No te acerques tanto a ella.

—No es mi intención lastimar a Hanabi-sama. —Hashimoto dio una reverencia y se alejó de la jovencita.

—Esto es una invitación para la boda de la hija del señor feudal. —Informó emocionada mirando a Ibiki-taicho.

—Sí, los herederos de varios clanes han recibido la invitación también. Estuve en una plática con el Hokage y el consejo, vamos a formar escuadrones para proteger a cada heredero durante el viaje. Algunos ya salieron esta mañana como Ino Yamanaka y Shikamaru Nara, quienes no quisieron guardias. Pero usted deberá tener su propia escolta al ser líder de un clan tan importante como el Hyuga.

—Siempre quitándole la diversión a las cosas, Ibiki-taicho. —Se burló la castaña, levantándose de inmediato —. ¿Cuándo partimos? Tengo que organizarme con lo que voy a llevar. ¿Ha visto a mi hermana? Quiero que me ayude a empacar.

—Todavía no llega de su entrenamiento, pero en cuanto regrese le informaré.


-o-


—En verdad no sé por qué lo hice, pero estoy bien. —Naruto estaba terminando de vendarle un brazo a su esposa. Ella, sentada en la cama, él de rodillas sirviéndole de enfermero.

—No estás bien, Sakura.

—¡Sí estoy bien! —Le arrebató el brazo, levantándose rápidamente. Descolgó su bata de doctora del perchero, colocándola sobre sí misma.

—No vas a salir a ningún lado, te quedarás a reposar… —El rubio le impidió el paso al ponerse en la puerta de brazos abiertos.

—Tú no me mandas. —Los ojos jade se mostraron ariscos y fríos —. Nadie me da órdenes. Tengo trabajo qué hacer.

—Shizune-san te cubrirá.

—Yo no quiero que me cubra nadie. Déjame pasar.

—No.

Sakura frunció el ceño. ¿Por qué tenían que tratarla como si fuera una niña inútil? Sus padres la sobreprotegieron, Sasuke la ignoró y Naruto no la dejaba en paz. No podía obtener lo que ella quería, en realidad ni siquiera sabía lo que quería. Había perdido el rumbo desde hace mucho, pensó que debido a la muerte de Sasuke pero no, había perdido la dirección hace años. Solo sabía algo, era buena curando así que entregaría su existencia al hospital.

—Se lo prometimos a Sasuke. —Naruto aplanó las cejas hacia abajo. Sakura se sintió culpable de ser tan fría con él —. Mientras nosotros estemos juntos él sonreirá.

—¡Naruto! —gritó harta y fastidiada, llenando sus ojos de lágrimas otra vez —, ¿es que no lo entiendes? ¡Sasuke nunca sonreirá! No lo hizo en vida y no lo hará muerto. —Su voz inestable chilló. Lo había entendido ahora. Sasuke jamás iba a sonreír.

El rubio abrió los ojos a su máxima expresión, entreabriendo la boca ante tal impresión. Eran palabras duras proviniendo de Sakura. Y no lo había llamado Sasuke-kun.

—Nosotros ya ni siquiera sonreímos, me la paso llorando todo el tiempo y tú te la pasas preocupado por mí. ¿Por qué tendríamos que sacrificarnos por Sasuke?

—¡Porque él se sacrificó por nosotros! —Frunció el ceño, no importaba que fuera su esposa, no iba permitir que hablaran así de Sasuke.

—¡Nosotros también nos sacrificamos por él! ¡Le di mi corazón y lo pisoteó! ¡Pasaste años buscándolo y no regresó! ¿Cómo podríamos cumplirle esa promesa a alguien como él?

Apretó los dientes duramente al igual que sus puños, mirando a la pelirosa con coraje. ¿Cómo podía decir eso? ¡Después de todo!

—¿Qué pasó con tu amor hacia… Sasuke? —No era un secreto para él que Sakura siempre vivió enamorada del Uchiha, incluso sabía que lo amaba después de que Sasuke los abandonó, después de que muriese. Sakura siempre amaría a Sasuke.

—Yo no amo a nadie. —dijo, "ni siquiera a mi misma", pensó. Pasó de Naruto mientras por el pasillo iba cerrando los botones de su bata dispuesta a trabajar en lo que era buena. Al salir de su casa revisó rápidamente su correspondencia con algo de fastidio y apurándose para que Naruto no la siguiera con sus pláticas de superación personal.

Caminó con pasos largos mientras revisaba dos recibos de servicios, pero le sorprendió ver una invitación bonita y elegante donde invitaban al Hokage y su honorable esposa a la boda de una hija del señor feudal. De repente le dio comezón en la muñeca y se rascó sin pensarlo mucho, la acción le hizo cerrar los ojos con dolor, mirando sus cortes.

—Buenos días, Sakura. —Kakashi la sorprendió en la calle por lo que con rapidez Sakura se bajó las mangas de su blusa lo más que pudo —. ¿Estás bien? Pareces algo nerviosa.

—Oh, no es nada. —Sonrió de medio lado —. Solo algo sorprendida, mire esto.

Le mostró su invitación del señor feudal.

—Ah, vaya, una boda. Pero no creo que Naruto pueda acompañarte.

Los ojos verdes chispearon ante una idea.

—No, ¿verdad? Naruto no podría acompañarme. —Tal vez la distancia ayudaría un poco a la relación con su esposo —. Creo que tendré que ir para que el señor feudal no se moleste.

—Parece que yo también iré.

—¿También lo invitaron, Kakashi-sensei? —Abrió mucho los ojos verdes, sorprendida.

—No exactamente, iré como guardia personal de Hanabi-sama.

—Ya veo. —De repente a Sakura se le vino a la mente el señor anciano de nombre Hayato; el abuelo de las hermanas Hyuga, quien había muerto desde hace días por una afección del corazón. Cuando le reclamó a Hanabi que hubieran ocultado la muerte del señor, ésta le dijo que lo querían tanto que no podían aceptar que estaba muerto. De cualquier manera era todo muy curioso —. Si va Hanabi-sama, entonces tengo entendido que también Hinata.

—Lo más seguro, quién sabe. —Se encogió de hombros.

—Lo han visto muy cercano a la familia Hyuga.

—Sí, me lo han dicho muy seguido. —Sonrió de medio lado, rascándose la nuca con algo de nerviosismo.

—¿Todo va bien con el clan Hyuga? —inquirió la pelirosa un poco más interesada.

—Todo bien. Es una familia muy interesante… y adictiva. —dijo lo último más para sí mismo y en voz baja.

—¿Qué dijo?

—Nada. Te veo luego, Sakura. —Le revolvió el cabello como si fuera una niña pequeña y después siguió su camino. La doctora se quedó con el ceño levemente fruncido en señal de duda, su maestro tenía un extraño brillo en los ojos, un brillo juguetón e inocente, y reconocía ese esplendor en ella misma cuando recién descubrió que estaba enamorada de Sasuke Uchiha. ¿Su maestro estaba enamorado? No podía ser. Era Kakashi de quien se trataba. El insufrible de Kakashi-sensei. Excepto que llegara a su vida alguien excepcional. Alguien diferente. A su mente se vino enseguida el cabello largo y azul de una joven Hyuga —. Ay, Kakashi-sensei, no sabes en lo que te metes. —Negó con la cabeza y sin más partió hacia el hospital, alejándose cabizbaja.


-o-


Las maletas ya estaban terminadas. Los vestidos ceremoniales guardados perfectamente, los accesorios vistosos, los artículos de limpieza personal. Reservas de comida, sacos de dormir cómodos, todo ya listo en la carruaje donde Hanabi estaría dentro y resguardada. Neko iría dentro con la matriarca del clan Hyuga, Kakashi, TenTen y Rock Lee como peleadores vigilando el terreno. Llegarían al evento un día antes para preparar todo e instalarse. Debió ser un buen día. Pero no lo fue.

A primera hora todo se canceló.

Kakashi y Rock Lee no pudieron asistir a la caravana y a falta de guardias la actividad se retrasó hasta nuevo aviso. Las nubes cubrían Konoha y una ligera llovizna nostálgica se desató suavemente.

Debió haber sido un buen día.


-o-


La habitación estaba en penumbras y la oscuridad abrazaba posesivamente la mansión Hyuga. La ventana hecha con papel de arroz estaba corrida hasta la mitad, dejando entrar la luz de la luna que era triste y melancólica. Incluso el brillo de las estrellas era opaco. La joven mujer que se encontraba en medio de la habitación poseía una máscara de gato. Era blanca con tintura roja. Su uniforme era negro, como el de un ANBU, incluso con el chaleco blanco y los protectores de plata. Estaba sentada en el suelo, con las rodillas flexionadas hacia atrás, mantenía sus manos abrazándose a sí misma tan fuerte que se estaba haciendo daño. Por debajo de su máscara escurrían las lágrimas hasta el cuello, bajando rápidamente.

"¿Las personas se cortan la piel cuando están tristes, doctora?"

"¿Las personas se cortan la piel cuando están tristes, doctora?"

"¿Las personas se cortan la piel cuando están tristes, doctora?"

Su propia voz sin sentimientos la torturaba mentalmente, repitiendo en eco lo que en días pasados le había dicho a Sakura Haruno. Podía encajarse las uñas en los brazos, sentía el ardor, sentía el vacío.

—¿Hermana? —Una luz de una vela alumbro tenuemente el lugar. El perfume de Hanabi era a flores naturales e impregnó todo el sitio. La matriarca del clan venía vestida con un alegórico kimono negro con algunos adornos en la cabeza bastante complicados que recogían su cabello largo. La castaña depositó la vela en el suelo, justo a un lado de Hinata. Se arrodilló frente a su hermana mayor, mirándola con suma preocupación, frunciendo el ceño —. ¿Qué tienes? ¿Por qué lloras?

—Yo lo… hice… —arguyó en un tono apenas entendible. Hanabi intentó quitarle la máscara pero el gato se alejó ipso facto, arrastrándose hacia atrás como si creyera que iban a lastimarla gravemente.

—¿Qué hiciste? —murmuró, mirando a Hinata con ojos consternados. No estaba bien verla así. Ella era diferente ahora, ¿por qué lloraba? No era su hermana y a la vez lo era. Fue como contemplar a la Hinata del pasado, la que se rendía fácilmente.

"¿Es por Sasuke?"

"¿Es por Sasuke?"

"¿Es por Sasuke?"

—Yo la maté. Yo la asesiné. —musitó con culpa —. Yo terminé con Sakura Haruno.

—Ngh… ¿qué? ¿de qué estás hablando, hermana? —Abrió los ojos a su máxima expresión. Aquella confesión no tenía ni pies ni cabeza.

—Yo acabé con su vida, Hanabi.

—¿Qué?

Hace una hora Hanabi había asistido al funeral de la señorita Haruno.

"¿Es porque tú eres doctora y no pudiste salvarlo?"

"¿Es porque tú eres doctora y no pudiste salvarlo?"

"¿Es porque tú eres doctora y no pudiste salvarlo?"


-o-


Aquella noche lluviosa recordó el pasado feliz, cuando el sol brillaba y Sasuke era parte del equipo 7, cuando Naruto era un niño revoltoso y la pequeña Sakura una chica enamorada. A su memoria llegó el recuerdo de cuando tuvieron una misión genin donde los chicos tenían que elegir a unos perros, y Naruto; un tonto como siempre, eligió al perro más grande y rudo que podía para impresionar a Sakura, ¿el resultado?, el perro grande pasó por todas las minas y junto a Naruto terminó con algunas quemaduras.

—Ah, será otra de esas noches. —Pareció quejarse cuando de repente despertó en medio de su departamento solitario. Cuando sucedía no había poder humano que lo hiciera dormir, así que puso sus pies en marcha para colocarse algo de ropa y salir.

Sus pasatiempos nocturnos incluían visitar bares 24 horas, pero no se sentía sediento o con ganas de estar con alguien, también podía quedarse leyendo toda la noche pero no le apetecía, ir a la piedra de los caídos era una buena opción aunque corría el riesgo de pescar un resfriado grandioso. Por último tomó una capa ninja para protegerse de la inclemencia y salió de su departamento. Caminó lento entre los techos de las casas, corriendo en algunos tramos donde las azoteas estaban inundadas. A medio camino parecía repensar si era lo más inteligente seguir el camino, pues era seguro que se enfermaría, pero algo en su interior le decía que debía continuar.

La piedra estaba lustrosa debido al agua y el pequeño montículo al lado de ella provocó que Kakashi detuviera su andar, preguntándose la verdadera forma de ellos. Al acercarse sigilosamente y con suma sorpresa se percató que aquél montículo era una persona, y que más que una persona era una chica llorando entre la lluvia. Estaba de rodillas, se abrazaba a sí misma con fuerza y el dolor parecía haberla doblegado al punto en que pegaba su frente contra el suelo húmedo y lodoso mientras lanzaba pequeños quejidos, grandes llantos para luego volver a diminutos gimoteos.

—¿Estás bien? —No podía simplemente ignorarla. La pobre estaba de pena ahí llorando sola con aquél frío. Frunció el ceño al seguir acercándose. La conocía. Pantalón negro, blusa negra, protectores plateados y chaleco blanco, y una máscara ocultando su rostro. Los delgados brazos de la joven temblaban —. Hey, eres tú.

La persona no aminoró su llanto y pasó a ignorarlo completamente.

—¿Por qué lloras?

En respuesta, la chica negó con la cabeza sin dejar de sollozar, manteniendo sus ojos cerrados con fuerza.

—Neko lo hizo o-otra v-vez… —explicó con la voz temblorosa como…

—¿Qué es lo que hizo?

—L-Lo que h-hace siempre… —Liberó uno de sus brazos y su mano izquierda viajó hacia su cabeza, apoyándose contra su sien.

—¿Qué es lo que hace siempre? —Kakashi desbotonó su capa, quitándosela al instante. Enseguida el agua fría le recorrió la espalda provocando un severo escalofrío. La capa ligeramente bajó hacia la joven, cubriéndola.

—Se lleva a las personas… yo no qu-quería que Sakura-san… Neko no quería que Sakura-san… es decir, Neko sí pero yo no, yo… no puedo explicarlo… es difícil.

—Hinata-chan.

—¡Neko! —gritó con la voz desaforada —. ¡Neeeeko!

—De acuerdo, Neko-chan. Solo respóndeme, ¿tú tocaste a Sakura?

—No.

—Si no la tocaste, ¿entonces cómo pudiste ser la culpable de su muerte? Es fácil, tú no la mataste. Sakura tenía problemas… —Decir aquello último fue demasiado difícil. Él sabía que su alumna estaba mal y aun así confió en que ella podría sobreponerse. Sakura estaba demasiado desgastada, no pudo levantarse nunca más.

—¡Mis palabras la tocaron! ¡Las palabras del gato! —gritó llorando y elevó su tórax para observar a Kakashi fijamente, sus ojos abiertos como locos, tenía el byakugan activado, las venitas resaltantes alrededor de sus orbes.

—Hinata, entiéndelo. —Se inclinó hacia ella y la levantó por los brazos, estirándola —. Sakura, aunque me duela admitirlo, tenía problemas consigo misma desde hace mucho.

—Yo le dije cosas horribles.

—Todos decimos cosas horribles, corazón. —dijo como hablándole a una niña que lloraba por una nimiedad.

Ella estaba totalmente hecha un desastre. La llevó hasta su departamento. Cuando Hinata terminó de ducharse, se puso lo que Kakashi le había dado; unos pantalones que a él le quedaban apretados y una de sus camisas negras. Hinata se sentó en una de las sillas sin respaldo de la cocina. El agua le escurría del cabello y le mojaba la camisa, pero a ella no parecía importarle, tenía la mirada ausente y Kakashi sabía que cuando tenía la mirada así era incapaz de conectarse con el mundo real, así que trajo una toalla y empezó a secarle el cabello él mismo. Después, trajo un cepillo y comenzó a desenredar el pelo largo de Hinata, él quería hacer eso sin saber realmente porqué, pero era un hecho que le gustaba estar cerca de ella.

—Tal vez ser un gato no sea lo tuyo, ¿eh, Hinata-chan?

—Ser la sombra del clan Hyuga es mi propósito, Kakashi-sensei. Es más que eso. Es proteger a Hanabi-chan, mantenerla segura, preservar el esfuerzo de Hayato-ojisan y Hiashi-otosan. —Parecía ser que la Hinata normal salía a flote de repente —. Es importante para mí, estoy resultando buena para ser la kage del clan Hyuga.

—¿Aunque eso oscurezca tu corazón?

—Sí. —Observó el suelo con la mirada desolada, como un polluelo de canario que muere en pleno invierno.

—¿Hanabi lo vale? ¿El clan lo vale?

—Lo valen. Deben valerlo.

—Necesitas otras prioridades. Si quitas a Hanabi, al clan, o a los dos, ¿qué te quedará? ¿El vacío? Créeme, lo he experimentado y será un camino difícil si tu propósito como sombra se desmorona.

—Por eso haré bien mi trabajo. Por eso Neko hará su trabajo. —Se colocó la máscara de nuevo y se levantó.

—¿Entonces ese es tu sueño para el futuro? ¿Ser una patética sombra de tu hermana? ¿Y qué pasará cuando ella se case y tenga hijos?

—Cuidaré de su familia.

—¿Y tu familia, Hinata?

—Una sombra no tiene familia. Y mi nombre no es Hinata.

—Pero tú no eres una sombra, tú eres tú, una kunoichi, eres Hinata Hyuga aunque quieras evitarlo.

—Neko.

Verla así, renegando de su humanidad y sus sentimientos, queriendo convertirse en una fría piedra, hacía que a Kakashi lo invadiera un coraje inminente, una furia, porque ese preciso camino fue el que tomó Obito, Sasuke, incluso él mismo. Y ese camino nunca jamás llevaba a nada bueno.

—¡Me exasperas, Hinata Hyuga! —Le gritó casi gruñendo y con fuerza tomó su cara entre sus dos manos, acercándose a ella con fuerza, pero la jovencita colocó su palma abierta contra el rostro de Kakashi, poniendo distancia de inmediato. El Hatake no se dio por vencido y forcejeó con Hinata para quitarle la máscara.

―¡Suéltame! ―gruñó enojada y herida, y le soltó una bofetada de las buenas. Kakashi se quedó volteado, tocándose el golpe mientras que Hinata pasó por un lado de él, alejándose rápidamente ―. Lo siento… n-no me gusta que me toquen sin mi permiso. —vociferó, manoteando para alejarse del peliplata quien la dejó libre. Por un solo momento Hinata temió, tuvo miedo de él, de un ninja experimentado, por un segundo se sintió una niña frágil que podía ser dañada. Le dio la espalda, intentando no dejar ver su miedo —. Nunca más vuelva a tratarme así.

—Lo siento. De verdad no es el comportamiento de un caballero.

—No, no lo es. —dijo con la voz grave, lo más dura posible.

—Solo quiero demostrarte que… no sé, podemos ayudarnos. Yo puedo ayudarte, Hinata.

—Yo no le pedí su ayuda.

—Cuando el examen chūnin, a que nunca te preguntaste porqué te defendí, por qué bajé desde donde estaba para interceder por ti. ―Le reclamó él enfrentándola con el ceño fruncido, llegando hacia ella.

—Porque es un jōnin y no podía permitir que sucedan cosas demasiado peligrosas en un examen. ―respondió con suma lógica.

—No, no. ―Se puso de rodillas frente al gatillo y tomó las manos mientras apoyaba sus codos en sus piernas. La miraba fijamente ―. No, Hinata. Yo te vi muchas veces. Te vi ser débil, te vi llorar, te vi fracasar, te vi sola muchas veces, lo siento. Jamás hice nada. Siempre pasé de ti pensando que el destino resolvería tus problemas. Pero no fue hasta el examen chūnin en que conocí tu verdadera naturaleza, eras una niña pacífica en un mundo ensangrentado, un mundo lleno de guerras, violencia, traiciones y poder. Pensé, esa chica jamás va a matar a nadie, y cuando vi en tu primo Neji la determinación de asesinarte en ese preciso momento, supe que no quería que alguien tan puro terminara así… te quise proteger del mundo ninja, quise proteger tu inocencia, no podía permitir ignorarte otra vez, no me lo habría perdonado. Pero volví a ignorarte ese día en que nuestro Hokage anunció su compromiso hace meses, y te fuiste sola para jamás volver, al menos no como eras antes. Y ahora, aquí está frente a mí esa niña, pero ya no es inocente, ya no es pacífica, ya no es incapaz de matar sino también de torturar lentamente hasta la muerte. A veces pienso que hubieras muerto honorablemente aquél día del examen chunin, habrías muerto como tú querías morir, como tú eras originalmente, con tus tartamudeos y sonrojos y tu buena voluntad, habría muerto la verdadera Hinata. No te habrías convertido en… esto. En este ser sin sentimientos, en esta persona vacía… Pero, ¿lo sabes, no es cierto? Tengo una obsesión por ti, una casi adoración que me hace seguirte a todas partes, a querer verte todos los días. Yo podría amarte ―susurró mientras alzaba la mano y le acariciaba una mejilla con las yemas de los dedos ―. Tú podrías cambiar. Yo me haré cargo de ti, te sostendré, podría casarme contigo, podríamos ser una familia… ¿Me puedes amar? ¿Al menos me puedes querer? Hagamos un intento, por favor…

Hinata se quitó la mano de Kakashi con cuidado de no ser grosera.

—No estés delirando. —Lo tuteó fríamente.

—Estoy hablando enserio. Intento salvarte de ti misma…

—Pues llegaste tarde.

—Lo sé. E intento remediar eso. Lo lamento. Siento que todo es mi culpa.

—No cargues con culpas que no son tuyas. ―le dijo mirándolo fijamente mientras colocaba ambas manos sobre el rostro de Kakashi e inclinándose hacia él para verlo más de cerca, para hacerlo entender que estaba equivocado ―. Yo y solo yo decidí oscurecerme. Es lo que yo quería, no volveré a sufrir, es mejor así.

—Tú lo has dicho, lo que tú querías. Tal vez en el presente tú ya no quieras ser así. Estás cansada…

—¡Basta, Kakashi-sensei! ―Se levantó enseguida, alejándose de él ―. ¡Basta de hablar de mí como si me conocieras! Tú no sabes nada sobre mí, y jamás lo sabrás.

Y jamás lo sabrás…

Había dicho eso último con una leve nota de tristeza.

—Entonces cuéntame qué es lo que te hicieron en ese clan. ―Suplicó acercándose a ella, poniéndole las manos sobre sus delgados hombros ―. Cuéntame. Por favor ―Ambos se miraban a los ojos.

—Sabes… que no puedo. ―musitó Hinata con la voz apenas audible, y es que cada vez que Kakashi se acercaba tanto la voz de ella simplemente se ahogaba en su garganta.

En un intento desesperado, Kakashi se acercó más a ella, inclinando el rostro, parecía que iba a darle un beso pero Hinata lo empujó, sin embargo, Kakashi la tomó por detrás de la cintura y con fuerza la atrajo más hacia él hasta que quedaron sin espacio personal.

—Hinata… yo…

—No lo volveré a decir. ―Lo amenazó tajantemente. Ahora sí iba enserio.

—Sé mía…

Ni bien pudo terminar de hablar el pobre cuando Hinata levantó la mano derecha y le asestó un golpe juken en el brazo que usaba para retenerla por detrás. Aquél golpe cortó de lleno el conducto de chakra del brazo de Kakashi y éste lanzó un quejido gutural.

—Te lo dije.

—Tan linda como siempre, Hinata-chan. ―Se quejó sobándose el brazo ―. Vas a componerme, ¿o no? ―preguntó al ver que Hinata se dirigía a la salida del departamento.

—No. ―Se detuvo Hinata y volteó a verlo ―. Ve a un hospital.

Siguió su camino ligera, como un gato.

"La vida es frágil, un día la tienes y al siguiente no", pensaba Hinata.

Como un gato enfocado. Le habían salido uñas puntiagudas, le habían salido orejas negras, su caminar era elegante y astuto, su cuerpo delgado y fino, silenciosa.

"Se escapa entre mis dedos como arena de mar".

Finalmente se había aceptado y el proceso estaba completo. Si no podía hacer las cosas siendo Hinata, entonces que el gato tomara el control. No le importaba. Mientras Hanabi estuviera segura todo lo demás no importaba.

"No dejaré que la vida de mi pequeña Hanabi se escape como arena entre mis dedos".

El gato ascendió de las profundidades, oscureciéndolo todo. La transmutación estaba completa.


"Sé un gato(*)". En realidad es "Sé ese gato", se trata de una alusión a que los gatos no les importa nada, como lo piensa Karou del libro Daughter of smoke an bone o Hija de humo y hueso.

Sobre Sakura, su muerte tiene varios significados. Espero que no hayan odiado su personaje en el fic porque créanme que no la incluí para eso, ella es parte de la trama y lo seguirá siendo.

Quedan pendientes varias cosas. ¿Se va hacer o no el viaje a la boda? ¿Con quién cumplirá Hinata la orden ANBU? ¿Qué pasará con Naruto? ¿Hinata se convertirá en ANBU o no? ¿Hanabi vivirá para contarlo? ¿Han pasado 87 años…? Esas últimas no, xD

Muchas gracias a las personas hermosas y preciosas que me dejaron un review:

Hinata Uchiha.H

Konata811

Invader Zam Rei Chan

Violetamonster

MikaSyo

Hikari-chan Uzumaki

Hanakohime96

inusatiga

Valerie Hyuga Senju

lavida134

La Gata Rusa

LilLuz 21

angel maria 15

shiro5580

LeoriHNB

lilluz

Abril Elena

Funimis

11 Enero 2018


Nos leemos luuuego, si tú quieres.