Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.
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Ella y su oscuridad.
X. Catalizador
El viento travieso hacia revolotear su largo cabello en un juego rudo. A su lado, Hanabi también contemplaba la tumba en silencio, solo que concentrada hacía una oración con las palmas juntas. Hinata sonrió de medio lado bajo su máscara de gato. Le gustaba observar que su pequeña hermana todavía conservaba su inocencia. Como si con solo rezar un alma fuera directamente al cielo. ¿Qué de especial tenía el cielo? Ni siquiera existía. Pero mientras Hanabi le preguntara, ella siempre respondería "sí, Hanabi-sama, sí creo en el cielo".
—Fue una buena persona. —Opinó la castaña. El viento era frío y Hanabi tosió un poco, Hinata hizo nota mental para que la próxima vez arropara mejor a su líder. A la chica gato el viento no le jugaba sus pasadas porque traía un peinado exótico y recogido, con muchos pasadores y arreglos plateados que no dejaban un solo cabello suelto o fuera de su lugar. Hanabi hace más de medio año se había acostumbrado a usar atuendos tradicionales y apretados que la distinguían como cabeza del clan Hyuga, la hacían ver más mayor y respetable, y a la menor le gustaba —. Intentó ayudar al abuelito, ¿recuerdas?
Hinata asintió sin decir nada, dejando el ramo de flores frente a la piedra donde se escribió "Aquí yace Sakura Haruno, amada esposa e hija". Las Hyuga fueron las únicas que se habían ausentado en el funeral de Haruno puesto que Hinata no estuvo muy bien de los nervios, pero escucharon por parte de Ibiki que los padres de la joven ninja estaban destrozados.
—Gracias, Sakura. —Hinata puso una mano sobre la piedra fría donde estaba escrito el kanji de "Sakura" —. Gracias por salvarme. Lamento no haber podido regresarte el favor. —Lo recordaba ahora. Cuando la invasión de Pain en Konoha, cuando Hinata dio su vida por Naruto sin importar nada para pelear contra el Akatsuki y quedó en mal estado, quien la curó fue Sakura Haruno. La inamovible Sakura, ahora lo recordaba con cariño —. Sé que yo no fui la culpable, pero dentro de mí siempre habrá un sentimiento de culpa. Ahora sé lo peligrosas que pueden ser las palabras, Sakura.
—Buenos días, Hokage-sama. —Saludó Hanabi. Hinata sintió que su espalda se endurecía sin atreverse a voltear para atrás. Podía sentir el calor emanar de Naruto hasta chocar contra su propia piel pálida. Eso era una cualidad de Naruto, el ser como un sol reconfortante. Pero ella no quería ese calor nunca más.
—Buenos días, Hanabi-chan, señorita. —Llegó hasta colocarse al lado de ellas. Su voz seguía ronca y sus ojos azules. El cabello corto y ese uniforme de Hokage que lo hacía ver tan maduro y guapo, como un príncipe azul, lástima que Hinata ya no creyera en fantasías. Al parecer no había reconocido a Hinata de primera instancia, de hecho nadie hubiera podido hacerlo. Llevaba el cabello amarrado en una coleta baja, un uniforme de ANBU un poco ceñido y la característica máscara pintada con el rostro de un animal, en este caso de un gato rojo. Hinata se sintió un poco más tranquila de que no la reconociera.
—Esperamos no molestarlo, ya nos íbamos. —Acotó Hanabi con respeto al saber de la intolerancia de Hinata para con Naruto.
—Claro que no me molestan. Pueden quedarse un rato más si quieren, para no estar solo. —No era hiperactivo como antes, había crecido, había madurado. No tenían al lado a un chiquillo revoltoso, Hinata entonces se dio cuenta de que Naruto ya no era el mismo. Era un hombre que había visto sangre, sacrificios y muerte, y que había decidido vivir con ello de la manera más pacífica posible —. Sakura-chan ya está con Sasuke, creo que eso de alguna manera me hace las cosas más llevaderas. Si lo pienso así no me pongo tan triste. —Llevó sus brazos por detrás de la nuca y respiró hondo.
"Estará con Sasuke, ¿seguro? ¿Pero qué Sakura no se suicidó?", quiso preguntar Neko, pero no quiso ser inoportuna e imprudente. De seguro Hanabi-sama la reprendería. Sentía cierto rencor hacia Naruto, que pudo hacer feliz a cualquiera de las dos; a Hinata o Sakura, pero al final no pudo hacer feliz a ninguna.
—Lamentamos su pérdida. —dijo la voz áspera de Hinata. El rubio se sorprendió al escuchar ese tono amargo pero dulce en la muchacha.
—Sí, lo lamentamos, Hokage-sama. —Secundó Hanabi con un tono más sensible y afligido, como disculpándose por su hermana.
—¿Hinata-chan? ¿Eres tú? —Volteó con los ojos sumamente abiertos ante su impresión.
—Neko, Hokage-sama. —Corrigió con la vista al frente, no quería voltear a verlo.
—Nos retiramos, Hokage-sama. Estoy cansada. —Hanabi cabildeó para sacar a su hermana del aprieto. Naruto balbuceó algo de que se quedaran un poco más pero Hanabi insistió al tiempo en que intentaba alcanzar a Neko, quien se había adelantado unos pasos —. En algún momento tendrás qué enfrentarlo, hermana. —Le dijo cuando ya iban a mitad del panteón, bastante lejos de Naruto.
—Prefiero que no sea hoy.
—Necesitas cerrar el capítulo con él.
—No hay nada qué cerrar, Hanabi-sama. Él cerró la historia cuando se casó con Sakura-san.
—¿Todavía le guardas algo de cariño?
Hinata se serenó para pensarlo un momento, después respondió solemnemente.
—No, Hanabi-sama. —Estaba segura. Hanabi le creyó.
—Te pasaste tantos años viéndolo, y al cabo de medio año lo olvidaste.
—En medio año han pasado muchas cosas. —Era verdad. Las muertes de Hiashi y Hayato. El crimen de Hirohito, Hiroyuki, la traición de Ko y su suicidio, ahora el de Sakura, la decisión de Neko para ser ANBU, sus difíciles entrenamientos.
—Eso es verdad. Pero hermana, el clan está estable ahora. Hisae y Hashimoto me han dado su lealtad. No creo que haya alguna rebelión en un futuro.
—Eso usted no puede confirmarlo. Por eso necesito la inmunidad, para protegerla.
—Sí, pero a este paso y con esos entrenamientos vas a ser más moretones que persona. —Se quejó.
Salieron del cementerio en silencio y continuaron caminando a paso tranquilo por la aldea. Pasaron por una calle donde exhibían calabazas anaranjadas a muy buen precio, donde adornaban el lugar con un espantapájaros de buen tamaño. Neko se quedó mirando el curioso arreglo, se preguntó cómo estaría Kakashi en esos momentos.
Había un viento travieso que no las había dejado en paz desde temprano. Al principio era fresco pero luego de una hora se había vuelto helado. Hinata deseaba tener algún suéter con el qué proteger a Hanabi, pero la castaña insistió en que estaba bien. Seguían caminando con paso normal en dirección a los territorios Hyuga cuando de pronto Hanabi gritó.
—¡Hermana, mira! —Corrió, su reacción improvista hizo que los sentidos de Hinata se alertaran en su modo máximo, e inconscientemente llevó su mano hacia el ninjato que traía en la espalda —. ¡Pobrecillos! —Arrinconados entre unos botes de basura había dos gatitos pequeños que estaban apretujados contra sí mismos, el viento les daba fuerte en sus caritas. Uno era de color blanco, el otro negro.
—No los toques —Hinata detuvo las manos de Hanabi rápidamente —, pueden tener enfermedades.
—Estás loca, tienen frío. —Hanabi empujó a su hermana y tomó al gatito blanco entre sus ropas, cobijándolo —. Tú trae al negrito, es una orden. —Hinata se quedó estupefacta. Era la primera vez en mucho tiempo que Hanabi le "ordenaba" algo, la primera vez que sin mucho pensar hacía prevalecer su poder sobre ella. Hanabi no pareció darse cuenta del asombro que causó en su hermana porque siguió caminando entretenida con el gatito. Hinata miró al otro minino con cierto recelo y lo agarró de tajo, solo llevándolo en una mano como si fuera un objeto.
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Los entrenamientos con Ibiki se habían detenido por varios días en los que Hinata no estuvo del todo estable. Llevaba dos días sin visitar el dojo familiar Hyuga donde usualmente entrenaba con el interrogador de Konoha, así que aquella tarde del lunes se dirigió al lugar de entrenamiento aun a sabiendas que había faltado el fin de semana, pero estaba segura que Ibiki estaría ahí. Descorrió la puerta y vio a lo lejos una espalda ancha, el hombre estaba de pie sin darle la cara frente a una mesa donde había varias armas ninja. Hinata se quitó las botas ninja, quedándose solo con las calcetas, entonces entró al lugar. Apenas iba decir algo cuando la voz grave de Morino se le adelantó.
—Lohiciste pésimo. —Ibiki seguía volteado de espaldas, aun así Hinata podía percibir lo temible que podía ser.
—¿Taicho? —dijo con confusión, aunque probablemente entendía las palabras de Ibiki. Había faltado sábado y domingo al entrenamiento con él, incluso había estado llorando por la muerte de Sakura. No recordaba mucho porque había tenido una fuerte crisis emocional, pero entre sus vagos recuerdos veía a Ibiki observándola con esa mirada gélida que lo caracterizaba, la miraba y después se iba sin decirle nada, como decepcionado.
—En ANBU no hay lugar para las emociones —Ibiki estaba afilando un kunai con una piedra, concentrado y sin voltear a ver otra cosa —, y si las tienes, las ocultas. Y no te quitas la maldita máscara. —De repente dejó caer las herramientas y volteó hacia atrás, poniéndose frente a su alumna. Su mano grande apresó la quijada de Hinata por encima de la máscara, estaba colérico y se notaba a leguas a pesar de su tono pacífico de hablar —. No estás enfocada.
—Estoy enfocada. —Mentía, e Ibiki lo sabía. Apretó más fuerte la quijada de la muchacha.
—¿Ya hiciste lo que te pedí? —preguntó entre dientes, casi gruñendo. Hinata no se oponía en el agarre, solo podía resistir. Si despegaba sus brazos de sus costados Ibiki lo interpretaría como una desobediencia, ya le faltaba un maestro, no quería perderlo a él también. Además Ibiki era leal a Hanabi, no podía darse el lujo de perderlo.
—Voy a hacerlo. —contestó lo más calmada que pudo.
—¿Ya hiciste lo que te pedí? —Sin relajar su agarre la acercó hacia él para quedar cerca a milímetros.
—No. —Hinata contestó casi a regañadientes.
Los ojos fijos de Ibiki la taladraban incluso debajo de la máscara, la cual estaba rompiéndose por la presión. La observaba de forma castigadora, reprendiéndola. Hinata sabía que su reencuentro con Ibiki-taicho no iba ser fácil. El Morino la hizo hacia la izquierda, pero solo para tomar impulso porque luego, sin previo aviso, la aventó hacia la derecha haciéndola caer al suelo con un golpe seco. Fue tan de improvisto que Hinata no pudo meter las manos, cayó de lado dolorosamente. Su hombro había pegado contra la dura madera haciendo un ruido alarmante.
—Tú solo quieres jugar a ser ANBU. —El hombre a paso veloz se dirigió a la salida con grandes zancadas.
—Espere, ¡ibiki-taicho, no! —Reaccionó en pánico, levantándose en seguida y tomó el brazo del hombre para detenerlo —. ¡Voy hacer lo que me pidió! ¡Lo prometo, solo necesito un par de días más! Y lo de Sakura-san, lo siento, no quería estar en ese estado. Por favor, lo siento. Por favor no me abandone. —Su voz era nerviosa pero sin tartamudear, y de vez en cuando se ponía débil. Respiraba entrecortadamente, como si se hubiera fatigado —. No lo voy a decepcionar nunca más. Por favor, por favor, una oportunidad más, se lo suplico. —La máscara estaba rota por la parte de la quijada, el pedazo se había caído de pronto, dejando ver los labios secos y rosas de la joven.
Se quedaron viéndose por largos segundos en los que Ibiki meditó si realmente su trabajo ahí valía la pena. Podría dejar a las hermanas a merced del clan, podía hacerlo si quisiera, él no era amigo de Hiashi, no les debía nada a los Hyuga. Aun así era muy extraño. No podía dejar a las jóvenes por sí solas. No en un clan tan importante como el clan del ojo blanco. No supo en qué momento le habían empezado a importar las vidas de Hinata y Hanabi.
—Tienes una oportunidad, solo una. —La apuntó con el dedo índice directo a los ojos, siseando con molestia y dirigiéndole una de sus más escalofriantes miradas —. Yo no vine a perder mi tiempo contigo ni tu hermana. Si la jodes me largo, estúpido gato.
—Gracias, Ibiki-taicho, gracias, no lo voy a defraudar, se lo prometo. —Puso las manos juntas y agachó la cabeza en señal de agradecimiento y respeto.
—No prometas cosas que no puedas cumplir. Solo enfócate, gato.
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Mentiría si dijera que lloró. La verdad es que no lo hizo. Estaba acostumbrado a perder personas, pero eso no significaba que no doliera. Asistió con gran trabajo al funeral donde escuchó a los padres de su alumna destrozarse al llorar, Naruto también lloraba en silencio. Ino Yamanaka no resistió mucho al llanto. En realidad casi todos los conocidos 11 de Konoha asistieron al funeral, menos uno. Ni siquiera notó que Hinata había faltado, hasta días después.
Llevaba tres días sin salir de su departamento, comía poco y dormía mucho, si tenía insomnio agarraba unas pastillas y se las tomaba sin agua. Primero Sasuke, ahora Sakura. Kakashi se preguntó qué estaba haciendo mal. Era un maestro terrible. Debía guiarlos y solo los había hecho perderse. Seguro que había algo mal con él. Era su destino maldito, perder personas.
Fue a la cocina y observó una botella de licor, ni siquiera la tomó, sería una falta de respeto para Sakura. Lo único que le faltaba al equipo 7 era un maestro borracho. Ahora solo quedaban Naruto y él. Su alumno no había ido a visitarlo ningún día, ni viceversa. Era como si les diera pena y vergüenza verse a la cara.
"Mientras estén juntos, yo seguiré sonriendo".
—Seguro que ya no sonríes, ¿verdad Sasuke? —musitó mirando el techo de su cuarto.
Se planteó auto-auxiliarse. Debía salir de su departamento, hacer algo. Podría ir al clan Hyuga y entretenerse con Hinata, algo de entrenamiento duro despejaría su mente, y uno que otro coqueteo también. Incluso podría pedirle a Hanabi dormir en la mansión, seguro que aceptaba, pero… no tenía ganas de levantarse. La pérdida de su voluntad y fuerzas se debía a la falta de alimentos sanos. ¿Quién hubiera dicho que ahora el que comía ramen era él? Tanto que regañó a Naruto de niño por solo comer fideos instantáneos.
—Te fallé, Rin. Te fallé, Obito. Te fallé, sensei. Te fallé, Sasuke. Te fallé, Sakura. Y seguramente voy a fallarte Naruto. Voy a fallarte, Hinata.
Pero había alguien a quién le había fallado antes que a todos ellos.
—Te fallé, papá.
Dios, le había fallado a tantas personas.
Se llevó las manos a la cabeza, sus dedos se metieron entre su cabello plateado. Acostado de lado y con las rodillas flexionadas, estaba hecho un ovillo cuando de pronto escuchó el viento adentrándose por su ventana, abriéndola. Giró sus ojos y observó que un pequeño gatito bebé entró hasta saltar en su cama. Los brillantes ojos negros del felino eran tiernos. El animalito caminó elegante hasta posicionarse frente a Kakashi, mirándolo con curiosidad. Su pelaje era negro y suave, todo él era la noche más oscura.
—Hinata-chan, ¿qué haces aquí? —Le dijo al gatito. En seguida una figura espigada entró por la ventana hasta colocarse a los pies de la cama de Kakashi —. Are, creí que tú… —Miró al gatito y luego a Hinata.
—Su nombre es Eclipse. Hanabi-sama me la dio como obsequio.
—Te "la" dio. Así que es una gatita traviesa como tú.
Hinata; tranquila, no dijo nada, en su lugar volteó a ver el lugar que estaba bastante descuidado. Vasos de té y platos con contenidos a medio comer, envoltorios de ramen y papas fritas. Luego regresó a ver a Kakashi, quien jugueteaba con Eclipse.
—No me has entrenado por tres días. —dijo. Igual que Ibiki, ella no venía a perder su tiempo con Kakashi. Quería que la entrenara.
—Lo sé. No me he sentido muy bien, ¿sabes? —Se movió para quedar boca arriba y la pequeña gatita se subió a su pecho para seguir jugando.
—¿Qué necesitas? ¿Comida? ¿Qué arregle este lugar? ¿Píldoras de soldado?
—Necesito morir. —Acotó. Hinata se quedó en silencio, contemplándolo con atención —. Primero muere el maestro y después los alumnos. Así debe ser. Pero yo lo he hecho mal.
—No es tu culpa. Los alumnos toman sus propias decisiones. —Ella se deslindó del equipo 8, de las órdenes de Kurenai-sensei, todo por ser la sombra del clan Hyuga.
—Debí guiarlos y los mandé al matadero. No volveré a ser maestro jamás.
La respiración de Hinata se detuvo por un momento, asustada.
—Pero eres mi maestro ahora. Necesito que me entrenes para ser ANBU. —Intentó esconder el tono de pánico en su voz, aunque no lo logró del todo.
—Eres mi última alumna. Si quieres que siga entrenándote quiero que me des algo a cambio.
—¿Qué? —Los ojos de Kakashi habían adquirido un extraño brillo. Hinata pensó que si le pedía dormir con él mataría dos pájaros de un tiro; conseguiría que la siguiera entrenando y completaría la encomienda de Ibiki-taicho.
—Quiero que me mates.
¿Qué?
—Aguarda, ¡¿qué?! —dijo descolocada, dando un paso atrás.
—Eso es lo que te pido a cambio de seguirte entrenando. Escucha, yo no tengo familia, no pude ayudar a mucha gente, dejé que mis camaradas murieran, dejé que mi propio padre muriera. Yo no quiero seguir viviendo con eso por mucho tiempo. Quiero una muerte honorable, porque ante todo soy ninja de Konoha, varios chicos me ven como un héroe y no es mi intención darles un mal ejemplo. —Se quedó mirándola casi un minuto. Hinata no decía nada y Eclipse se había quedado quieta.
—Si eso es lo que tú quieres, está bien, lo haré.
—Gracias. —dijo rápido —. Te veo mañana a las 4 de la madrugada en el campo de entrenamiento numero 44. Lleva una buena espada y a esta niña. —Eclipse movió la colita y maulló dulcemente. Hinata se quedó pensativa. La combinación de espada y Eclipse no le gustaba mucho.
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Las nubes blancas y esponjosas se deslizaban lentamente por el cielo azul. Un azul que hasta ahora los más ilustres pintores no habían podido reproducir en sus obras. Kakashi siempre pensaba en cosas absurdas cuando se tiraba en el pasto y se quedaba viendo el cielo. ¿Habría otro mundo diferente al ninja allá a lo lejos, más allá de las estrellas? Sobre su pecho jugueteaba la gatita negra y Hinata le sacaba filo a su ninjato con ayuda de una piedra. A lo lejos se escuchaba el rumor del agua, el río pasaba a menos de cinco metros de ellos.
—Si mis perros me vieran en este momento seguro que se molestan al verme jugar con un gatito.
—No estamos entrenando. —Puntualizó la joven vestida con su uniforme ANBU, chaleco plateado incluido, coderas bien lustrosas y su siempre máscara de gato en su lugar.
—No. Estamos descansando. —explicó con parsimonia eterna. Luego bostezó.
Kakashi era increíble, sarcásticamente. La había citado a las 4 de la madrugada. Llegó hasta las 7:30 de la mañana y se habían pasado dos horas más visualizando la mañana correr. Neko-chan lanzó un suspiro de frustración e intentó ver el lado bueno de la situación.
—Bien, ya que estamos "descansando", ¿podrías ayudarme con algo? —Se le ocurrió.
—Sí. ¿Y desde cuando me tuteas, por cierto? No dejes de hacerlo, corazón, me agrada.
—Necesito que me ayudes con la regla numero 17 del reglamento ANBU.
—Regla número 17, regla número 17. —Tamborileó sus dedos sobre sus labios, pensando. De pronto se petrificó tantito y luego volteó a ver a Hinata con ojos cuadrados, se sentó en seguida, con la espalda recta —. ¿Esa regla? ¿Quieres que te ayude con esa regla? ¿En qué forma? ¿Quieres que te consiga un "sujeto"?
Detrás de su máscara Hinata puso los ojos en blanco, si eso era más posible. Kakashi a veces pecaba de vivillo y a veces de muy lento.
—Quiero que tú seas el "sujeto".
—¿Eh? ¿Yo? —Se señaló a sí mismo para ser más específico.
—¿Puedes ayudarme?
—Sí que puedo. Cuenta conmigo y nada más conmigo.
—¿Dónde puede ser? —Miraba al frente, no quería ver al peliplateado.
—Aquí y ahora. —Kakashi se levantó.
—¿Aquí? ¿En el bosque? Pero solo hay césped y tierra, podríamos pescar una infección. —declaró no muy convencida. Kakashi se levantó y se puso a horcajadas donde Hinata estaba sentada —. Y además, necesitas eso que usan los hombres.
—¿El qué?
—Ya sabes. —Volteó a otro lado, incapaz de verlo.
—Dímelo tú. —Kakashi se giraba para mirar la cara de Neko.
—Lo que usan para protección.
—Di la palabra.
Al verlo tan cerca y en esa posición tan ridícula, Hinata le dio un golpe en el hombro y lo hizo caer de lado, entonces ella se levantó.
—Solo quiero que sea rápido, sin cosas triviales, solo ve al punto y ya.
—Pero es que no puedo "ir al punto y ya". Se necesita una preparación tanto para mí como para ti, para estar listos. —Se puso frente a ella y colocó sus dos manos en la cadera de Hinata. Acercó su rostro e intentó quitarle la máscara de gato.
—Esta máscara no se quita. —Le detuvo la mano con firmeza.
—Hinata, no puedo hacer lo que me pides al pie de la letra, no es algo que solo tarde un minuto, ¿sabes?
—Ya te dije. Que sea rápido, sin detenernos en nimiedades, no quiero tus besos, solo ir al objetivo.
—Es que no lo entiendes, ¡¿nunca te dieron clases de biología, verdad?! —dijo con desespero.
—Claro que sí.
—Pero nunca les enseñan los detalles. Por eso los adolescentes están como están.
Hinata apretó los labios.
—Será otro día. —Determinó, yéndose a por Eclipse.
—No, no, ahora no te escaqueas. —La jaló del brazo —. Está bien, a ver cómo le hago pero de que te cumplo te cumplo.
Hinata miró por un lado de Kakashi.
—¡Eclipse! —gritó. Kakashi volteó y vio a Eclipse en el río ahogándose. Usó un shunshin no jutsu para llegar a la orilla del río y pescó a la gatita. Hinata corrió y tomó a Eclipse entre sus manos.
—Bueno, ella a lo suyo y nosotros a lo nuestro. —Kakashi tiró de Eclipse y la dejó caer al suelo, la ágil felina cayó en 4 patas y siguió curioseando los alrededores.
—Dije que será otro día —. Hinata pasó de él y tomó al gatillo, luego siguió caminando.
—No ha terminado el entrenamiento. —Amenazó.
—No puede terminar algo que nunca inició.
Kakashi no quería que se fuera. Necesitaba retenerla.
—¿Podemos hablar de Sakura? —dijo de repente. Aquello era bajo.
Hinata se detuvo como si la hubieran apagado. No podía negarse a alguien que quisiera hablar de Sakura. Sentía que se lo debía a la recién finada. Con algo de reticencia Hinata giró para regresar a Kakashi. Se quedaron uno frente al otro sin decir nada por varios segundos.
—No he podido llorar su muerte. No sé por qué. He intentado decírtelo desde que llegaste. No pude llorar en el funeral, ni en mi departamento. Era mi alumna, la vi crecer desde niña. Intenté recordar los días de genin de los chicos, ni aun así pude llorar. A veces creo que soy una mala persona.
Hinata se quitó el guante derecho y con la mano desnuda tomó la de Kakashi.
—No eres una mala persona. El dolor y la tristeza no siempre salen en forma de lágrimas. Es solo que estás acostumbrado a perder personas. No eres malo, solo eres fuerte. Es como cuando de niño te caes y te raspas la rodilla. Lloras porque estás asustado, nunca habías visto sangre ni te habías lastimado, pero luego creces y te lastimas otra vez, pero ya no lloras porque eres grande y eres fuerte, ahora puedes con el dolor. Es lo mismo… Kakashi.
Kakashi se dejó caer de rodillas sin dejar de verla. Sus ojos negros ahora estaban cansados, se mostraban tal cual eran, sin la máscara de mentiras. Dos pares de ojos negros que albergaban oscuridad.
—No eres malo. —Se deshizo del agarre de Kakashi y puso su mano sobre la mejilla del ninja con suavidad, mirándolo desde arriba.
—Gracias. Yo… quería escuchar que no soy malo.
Hinata asintió.
—Sayonara, Kakashi-sensei. —Aquella voz era la auténtica de Hinata. Se dio media vuelta y se alejó con Eclipse en su regazo. Desapareció en un remolino de viento con hojas danzantes.
El peligris se quedó pensativo. ¿Ahora por qué le decía adiós como hace medio año? No quería su adiós.
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Aquella tarde regresó a la mansión con la espalda cansada. Había entrenado por sí misma un par de horas para despejar su mente y pensar en cómo le iba decir las cosas a Ibiki-taicho. Sabía que su maestro estaría con Hanabi. Cuando llegó al dojo observó que Hanabi estaba reunida con Ibiki. Ambos parecían platicar de algo serio pero se callaron en cuanto vieron a Hinata entrar. Estaban al lado de una mesa alta donde había una fila de kunaiks y shurikens, Ibiki había estado enseñándole a Hanabi-sama cómo se afilaba un arma.
—Hola, hermana. ¿Te fue bien con Kakashi-sensei? —Hanabi la observó con detenimiento. Hinata se le quedó viendo un momento y luego solo asintió.
—Hanabi-sama, ¿me daría algunos minutos con Ibiki-taicho? Tengo que hablar con él.
—Claro. —dijo extrañada de que Hinata quisiera prescindir de su presencia pero dejó el kunai en su lugar y salió del dojo.
Hinata se alejó un poco del hombre afilador y se sentó en el suelo sobre sus rodillas, mirando al frente y con la espalda recta. Respiró hondo antes de hablar. Había ensayado lo que iba decir para no irse por las ramas.
—Ibiki-taicho, tengo algo que decir. Me he dado cuenta de dos cosas importantes. —Miraba fijamente algún punto imaginario en la pared. Ibiki la observó con interés —. La primera es que Kakashi-sensei ya no puede entrenarme más. Me involucré emocionalmente con él y dejé que él pensara que somos camaradas. No puede ser más mi maestro. No lo quiero. No sé si quiera asignarme a otro instructor, o qué piense el concejo de Konoha, también podría usted mismo ser mi único maestro. La segunda cosa es que no me importa nada con quién perder mi virginidad. Lo haré. —Tomó un respiro largo —. Con usted. No quiero perder mi tiempo. Sé que usted irá al objetivo, sin emociones. Escuche, ya entendí. Mi vida ya no me pertenece, no quiero que me pertenezca. Solo soy un gato.
Ibiki se quedó en silencio. Luego se arrodilló frente a su alumna.
—Felicidades. —Hinata se sorprendió de oírlo pero no dijo nada ni volteó a verlo, solo siguió su atención en su mirada periférica para mantenerse serena —. Estás enfocada. —La muchacha parpadeó un par de veces, sintiéndose rara de recibir un halago de su maestro —. Hablaré con el concejo de tu decisión. Y de la regla 17, de eso ya hablaremos mañana.
Hinata salió del dojo rumbo a la habitación de Hanabi. Ibiki caminó bajo el techo de afuera donde se podía contemplar el atardecer rosado, entonces apareció un hombre peligris al lado de Ibiki.
—Ya la escuchaste.
—Sí, debes estar feliz, bastardo. Vas a ser su primera vez.
—Eso no. —Frunció el ceño pero no perdió su buen humor —. Lo comprendió. El ser ANBU. Su vida ya no le pertenece, sino a Hanabi. —Una media sonrisa satisfactoria se dibujó en su rostro adusto.
—Así que la dejarás entrar a la oscuridad.
—Ella forja su propio camino.
—No la dejaré entrar a la oscuridad.
—Y yo no te permitiré interferir en sus decisiones.
—Somos sus maestros, debemos salvarla. Ibiki ya lo he pasado, ella se va enfermar de soledad el día que le falte Hanabi. Pasó con mi compañero Obito, con Sasuke, pudo pasar conmigo, de alguna forma pasó conmigo. No estoy… completo. Y nunca lo estaré. Estoy roto por siempre.
—Hanabi nunca le va faltar. Por eso ella se está entrenando.
—Sakura dijo antes de morir… Sakura… —Se quedó callado un momento. Ibiki lo miró de reojo con una ceja enarcada —, Hayato y Hiashi murieron por una enfermedad del corazón. Esas cosas se heredan. Son genéticas. Alguna de las hermanas podría… enfermar.
Ibiki parpadeó varias veces con sorpresa, sobrepasado por la nueva información.
—¿Pero qué dices, Kakashi?
Si lo pensaba bien tenía lógica, pero el caso es que nunca se había detenido a pensar en eso. ¿Y si Kakashi tenía razón?
—¿Vas a parar a Hinata? —El Hatake todavía tenía esperanza de hacer recapacitar a Ibiki.
—No. Ella decide su camino, y yo la ayudo a lograrlo. —Comenzó a caminar rumbo a un pasillo —. Soy su maestro y apoyaré a mi alumna, a diferencia de ti.
Se fue dejando a Kakashi solo. ¿Qué era lo correcto? ¿Ayudarle a seguir sus objetivos o encarrilarla por el camino del bien a pesar de que ella no lo quisiera? Definitivamente sería la última alumna que tendría bajo su cargo. De repente empezaba a sentirse cansado y viejo.
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La chica gato tronó sonoramente su cuello por un lado para destensarse. Habían pasado toda la mañana dialogando con el concejo de Konoha sobre un cambio de instructor para Neko, pero los ancianos estaban reacios a cambiar su decisión.
—Reniego tu petición, Ibiki. —Koharu se mostró firme y clara, un tanto terca también —. Se acordó que los maestros de Hinata Hyuga serían Kakashi y tú. No voy a cambiar una decisión que me costó mucho trabajo tomar.
—Él no le está enseñando bien.
—Kakashi me ha entregado otro tipo de reportes.
Hinata frunció el ceño. Así que Kakashi había estado entregando informes de sus progresos al concejo de ancianos. De alguna manera era lógico, pero eso no evitó que se sintiera traicionada y burlada.
—Detalla el gran progreso que ha tenido Hinata. —Acotó Homura acomodándose los lentes —. Dice ser prodigiosa con el byakugan, un perfecto ninja de rastreo y captura, su rendimiento ha mejorado un 70%. Kakashi está haciendo bien su trabajo.
—Se está metiendo con su alumna emocionalmente. —declaró el Morino.
—No le veo el problema. Es su alumna, ¿no? ¿Acaso tú no haces lo mismo con Hinata? —Rebatió Koharu.
—No. —respondió tajante, mirando a los ancianos con el frío de un iceberg.
—Tal vez debamos dejar solo a Kakashi con la preparación de Hinata.
—No… —Se alarmó la enmascarada y bajo la mesa sujetó el brazo de Ibiki. Los ancianos vieron aquella reacción negativa por parte de Hinata.
—¿Acaso tienes preferencia por tus maestros, Hinata? —inquirió la anciana.
—No, Koharu-sama. —Negó.
—Este asunto de querer ser ANBU me tiene cansada. —La mujer mayor habló con fastidio y se masajeó una sien —. Quiero preguntártelo directamente, Hinata. ¿Qué pretendes queriendo ascender a ANBU?
—Quiero proteger a Hanabi-sama.
—Solo quiero que aceptes que quieres la inmunidad que ofrece el ser ANBU.
Hinata no estaba segura de qué contestar, solo miró a la anciana fijamente sin despegar la mirada. Sabía que en cuanto perdiera contacto visual la anciana desconfiaría de ella para siempre.
—Mi único propósito es proteger a Hanabi-sama.
—Eso puedes hacerlo incluso siendo jonin.
Hinata no quería ser jonin. Debía llevar la conversación por otro rumbo o los ancianos la atosigarían para que aceptara llegar solo al rango jonin.
—Quiero también proteger mi aldea. Ser más de lo que mi padre pensó que llegaría a ser.
—¡Mientes en mi propia cara! —Se encolerizó Koharu, sorprendida. Por lo bajo Ibiki le hizo una señal a Hinata de que no hablara más.
—Cálmate, Koharu, o va darte un ataque. —Homura le palmeó la espalda.
Ibiki y Hinata salieron de la oficina sin muy buenos resultados, caminando por los pasillos de la torre Hokage rumbo a la salida.
—¿Qué voy hacer si para cuando termine no me quieren dar el grado ANBU? —preguntó alarmada.
—Tranquila. Es bajo para mí decirlo pero todavía tienes el favor del Hokage, ¿no es así?
Hinata se tranquilizó un poco. Su maestro tenía razón.
El resto de la tarde la pasó haciendo tareas cotidianas en su casa. Se quitó el pesado uniforme ANBU y solo se puso un pantalón y blusa de color negro, sin quitarse la máscara claro está. Más cómoda preparó onigiris y sopa para su hermana. Hanabi le agradeció el gesto, pues hacía mucho tiempo que Hinata no cocinaba. Comieron juntas, platicando de cosas triviales, como que la boda de la hija del señor feudal al final se había llevado a cabo y Hanabi lamentó no haber podido ir. Más tarde la líder estuvo en la biblioteca estudiando unos textos y Hisae les llevó té a las dos hermanas. Luego tuvieron una comida familiar donde se reunió todo el clan alrededor de una mesa enorme. En la sobremesa los miembros fueron anunciando sus reportes de actividades, sus necesidades y Hanabi les permitió también incluir opiniones acerca del clan, aunque ninguno se atrevió a hablar de ello. Luego de eso acompañó a Hanabi-sama para su entrenamiento con el puño suave con ayuda de Hashimoto. El apuesto joven de cabello color miel y ojos lila era un maestro diligente, había aprendido a pelear por sí mismo aunque su taijutsu no sobrepasaba mucho el de Hanabi.
Cuando dieron las cuatro de la tarde Hanabi tomó su siesta y Hinata la contempló detenidamente. "La amo, podría verla así para siempre", pensó. No supo en qué momento ella también se quedó dormida. Al despertar hicieron más cosas juntas, Hinata preparó la cena para las dos y luego de un rato charlaron un poco antes de que Hanabi se quedara dormida. El gato se quedó acostada en el tatami mirando el techo oscuro, las manos juntas sobre su regazo, tratando de no pensar mucho. Solo tenía qué enfocarse y dejar que Neko tomara el control. Cuando pensaba que era un gato las cosas eran mucho más fáciles.
Dieron las diez. La noche estaba helada pero Hinata se quitó la cobija y se calzó las botas. Llevaba una blusa negra holgada que le llegaba hasta las rodillas. Caminó tratando de no hacer mucho ruido y a los pocos pasos llegó al dojo. Entró en silencio, cerrando la puerta.
"Solo sé un gato, solo sé un gato" pensaba. Caminó sintiendo frío en las rodillas y llegó hasta su maestro. La máscara estaba en su lugar porque en verdad no quería ser Hinata esa noche. Ibiki tenía un tatami en el suelo de aspecto acolchado, justo en el centro de la habitación. "Esta noche pasará rápido, pasará rápido", se dio valentía para continuar con sus pasos.
—No estés nerviosa, no haré nada que te moleste, ¿de acuerdo? —La voz de Ibiki parecía más ronca de noche. Su maestro alto le dio la espalda y se quitó la gabardina, luego la camisa gris, quedándose solo con los pantalones. Se sentó en las cobijas para quitarse las pesadas botas. Hinata lo imitó, sentándose. Solo llevaba la blusa larga y el sostén, de ahí en más eran las únicas prendas que poseía.
No iba hacer la noche más larga así que sin que se lo pidieran se acostó en el suave tatami y dejó que Ibiki la observara entre la penumbra.
—¿Puedo conservar la blusa? —Había algo de temblor en su voz pero no tartamudeó.
—Adelante. —dijo sin importancia.
Dejó que Ibiki se colocara encima, sus pantalones ya estaban desabrochados. El corazón le latía tan fuerte y loco que comenzó a sentir vergüenza de que su maestro pudiera escucharlo. Observó el torso desnudo de Ibiki entre la oscuridad, era moreno, ancho y marcado con cicatrices. Se puso sobre ella separando su pecho por algunos centímetros, mirándola por las rendijas de la máscara, por donde la luz de la luna hacía brillar sus ojos blancos. ¿Por qué tardaba tanto? Solo la miraba serio. ¿Acaso se habría arrepentido?
—¿I… Ibiki-taicho? —Demonios. Había tartamudeado. Luego se lo pagaría al capitán Morino, ahora solo quería que todo pasara rápido. Su pecho subía y bajaba nervioso, sentía sus mejillas calientes, no sabía por qué pero de repente quería quitarse la blusa, incluso la máscara. Nunca había sido testigo de esa mirada tan penetrante que Ibiki podía tener en ella. Llevó sus manos hacia abajo para subirse la blusa, al parecer Ibiki lo entendió porque la ayudó amablemente a deshacerse de esa prenda.
—No te vayas, Hinata. —Susurró cándidamente —. No me dejes.
—¿Kakashi? —La Hyuga abrió grandes los ojos, entonces el cuerpo de Ibiki se disolvió. Era un genjutsu.
No te vayas, Hinata. No me dejes.
Sintió que los ojos le ardían, que su corazón latía nervioso y rápido, sus manos temblaban, había algo cálido en su pecho, un extraño sentimiento. Nostalgia, debilidad, agitación. "¡Deshazte de él, quítalo de encima, golpéalo, aléjate, hiérelo!", gritaba Neko enfurecida. "N-No p-puedo", Hinata quería llorar. ¿Por qué se sentía tan pequeña al lado de Kakashi? Como si quisiera ser protegida por él. Como si pudiera salvarla. Como si pudiera hacer que todo estuviera bien.
—¡Por eso no quería que fueras tú! —Le gritó con la voz llorosa y lo empujó, pero Kakashi afirmó sus brazos alrededor de ella —. ¡Déjame, suéltame! ¡Mira lo que me haces!
—Te hago ser humana. Yo soy el único que te hace sentir.
—Yo quiero ser ANBU.
—Podemos cuidar juntos de tu hermana.
—Yo no puedo confiar en nadie. —Sollozó mientras forcejeaba con él, al no obtener resultado juntó chakra en su mano y le dio una fuerte bofetada que mandó al ninja hasta el suelo, volteado de lado —. ¡Suéltame, nunca vuelvas a verme! —gritaba y lloraba, Kakashi intentó tomarla entre sus brazos pero Hinata le dio un golpe a la quijada que lo tiró al suelo, aun así se aproximó a ella nuevamente —. ¡Te dije que me dejes, déjame! —Acumuló más chakra en su puño y le dio otro golpe, aun en el suelo Hinata le dio otro golpe y otro —. ¡Déjame en paz! ¡Yo no quiero tu compañía! ¡Me haces daño! —Confesó sin dejar de golpearlo con los dos puños, la boca de Kakashi ya estaba llena de sangre pero no se defendía, solo la observaba con sus ojos tristes sin hacer nada.
—¿Por qué no me dejas estar a tu lado? Yo nunca te he hecho daño.
—Si te metes conmigo lo voy a arruinar con Ibiki-taicho. Y como pase eso yo… si Hanabi se queda sin mi protección y la de Ibiki-taicho… —Ni siquiera sabía qué decir, solo podía seguir llorando. Odiaba llorar. Los gatos no lloraban —. ¡Deja de verme así!
—¿Así como?
—¡Como si me quisieras!
—Te quiero.
—Sal de mi casa, sal de mi territorio, ¡vete de aquí, Kakashi! Te doy un minuto, como no salgas llamo a los guardias, ¡vete! —dijo por último y luego se levantó, caminando a grandes zancadas fuera del lugar.
Ahí tirado, golpeado, sangrando por la boca profusamente, fue observado por una sombra grande.
—Te dije que no interfirieras. —pronunció una voz grave.
—Veo que ya pasó el efecto del somnífero. —Kakashi habló débilmente, como si no estuviera vivo, como si en realidad estuviera muerto. Ella una vez más lo había rechazado. La sombra se acercó gravemente a Kakashi y le dio una fuerte patada en la cabeza que le hizo perder la conciencia.
Ahora todo era negro.
-o-
Hanabi escuchó los sollozos de Hinata por toda la noche. Nunca volvería a dormir en paz después de haberla escuchado, sus llantos gritaban sufrimiento, tristeza, ayuda. Respiró hondo y no dejó de hacerse la dormida, volteada de lado, pensando en qué hacer, qué podía hacer con su poder para ayudar a su hermana. ¿Por qué? Siempre se lo dijo a su padre, que la sombra del clan debía ser Hanabi, ella misma, no su amable hermana. No la linda Hinata.
Hinata tiene la fuerza y Hanabi toma las decisiones.
Algo así había dicho su abuelo antes de morir. Si Hinata necesitaba determinación, entonces Hanabi se convertiría en su determinación. El caso era cómo lograrlo, cómo poder ayudar a su hermana. ¿Cómo liberarla de su cargo como sombra del clan? ¿Cómo liberarla de ser Kage del clan Hyuga? Fue entonces que Hanabi empezó a escudriñar las palabras de Hiashi y Hayato. ¿Qué era realmente ser kage? Era como ser un líder entre las sombras. ¿Acaso…?
"¿Por qué este destino? ¿Por qué siempre lloras tú, Hinata?", se preguntó Hanabi, "Quisiera ser un paraguas para resguardarte de la lluvia, de tu lluvia interior". ¿Desde cuando llovía en Hinata?
Por la mañana las nubes cubrían el cielo tempestuosas, el día estaba de un deprimente o tranquilo color gris, dependiendo de la percepción con que se viera. Desayunó con su hermana y con Ibiki-taicho, quien lucía más serio de lo normal. El único sonido que participó fue el de los palillos contra los platos de porcelana china. Luego de eso Ibiki y Hinata se fueron para entrenar en el dojo, y Hashimoto se quedó como escolta de Hanabi.
—¿Dónde vamos? —inquirió el joven de cabello color miel cuando se percató que abandonaban los territorios Hyuga.
—Vamos a visitar a un amigo.
—Debería avisarle a Neko-sama. —Urgió Hashimoto, nada convencido de salir sin avisar, sabía que Hinata no se lo perdonaría tan fácilmente.
—Tranquilo, vamos y venimos rápido. No se dará cuenta.
—¿Qué no? Espero, por el bien de mi vida.
No tardaron mucho en llegar a una zona donde había departamentos de madera de dos pisos. Subieron por unas escaleras algo viejas hasta llegar a la puerta indicada. Hashimoto se ofreció a llamar a la puerta, aun preguntándose quien era el amigo de Hanabi-sama. A eso de los diez minutos llamando insistentemente nadie abría, Hashimoto comenzaba a desesperarse acotando que Hinata los mataría a los dos si se pasaban de los quince minutos fuera. Antes de que el joven Hyuga entrara en pánico la puerta finalmente se abrió, dejando ver a un hombre ojeroso y de cabello desordenado. La cara pálida tenía una cortada sobre el pómulo el cual estaba hinchado, además había una pequeña herida en su labio inferior. Extrañamente no llevaba su máscara negra y eso pareció desconcertar un poco a Hanabi, quien tardó en saludarlo.
—Buen día, Kakashi-sensei. —dijo Hanabi con una media sonrisa, amable. El aludido se quedó sorprendido por su visita pero aun así no duró mucho, pues su rostro volvió a ser flojo y cansado.
—¿Qué haces aquí, Hanabi? —Kakashi metió las manos a las bolsas de su pijama, logrando un aspecto aun más deprimente.
—Hanabi-sama. —Lo corrigió Hashimoto con el ceño fruncido, pero Hanabi le hizo una seña de que se callara.
—Escuché que te peleaste con mi hermana. Los gritos de anoche me despertaron.
Kakashi bajó la mirada al suelo, sin saber qué decir. En realidad no quería decir nada. Hinata había sido suficientemente clara la noche anterior.
—Parece que mi hermana te interesa.
—Nah, no tanto. —Se encogió de hombros mirando hacia otro lado. La líder del clan Hyuga sonrió de medio lado mientras su byakugan se daba cuenta de la verdad del Hatake.
—Sientes algo especial por mi hermana, lo sé, lo sabes. No sé qué tan especial, pero lo suficiente como para protegerla incluso de sí misma. Y eso dice mucho.
—Lo repetiré de nuevo —La observó con una mirada peligrosa, un tanto fastidiado —, ¿qué quieres, Hanabi?
—Ya, voy al punto. ¿Puedo pasar? No quiero hablar aquí afuera.
Kakashi se hizo a un lado. El departamento era un desastre. Objetos tirados por el suelo, ropa en los sillones, bebidas, comida sin terminar. Hanabi se quedó de pie y a su lado el fiel Hashimoto. Observó el suelo sucio y luego sus bellos ojos blancos se levantaron rápido, mirando a Kakashi de frente.
—Quiero salvar a Hinata. —Afirmó sin dudas —. Y quiero que tú me ayudes.
Kakashi frunció el ceño, curioso.
—¿Y cómo se supone que yo te ayude si tu hermana prácticamente me odia?
—No te odia. —Negó con la cabeza —. Hinata es Hinata, no puede odiar a nadie por más que se esfuerce.
—No creo que los miembros asesinados del bouke piensen lo mismo.
—Dejemos que los muertos descansen, por favor. Y dejemos el sarcasmo a un lado también. —Hanabi tosió un poco; extrañada de eso, Kakashi puso atención en aquello como si estuviera frente a él una revelación —. Quiero que Hinata y tú tengan una misión juntos.
—¿El motivo?
Hanabi sonrió de medio lado, mirándolo directamente con sus bellos y astutos ojos blancos.
-o-
Kakashi estaba pasando una linda tarde recostado en la cama leyendo un viejo libro que Yamato le había regalado en su cumpleaños pasado el cual llevaba por título "Cómo conquistar a las kunoichis de ahora y no morir en el intento". Su comodidad se vio interrumpida abruptamente cuando alguien llamó a su departamento. Con suma pereza, Kakashi se levantó de la cama y fue para abrir.
—Hi… Hinata-chan, ¿q-que haces aquí? —Lo que estaba frente a él era una persona alta y de cuerpo ejercitado y curvilíneo, de ropas negras ajustadas, poseía el chaleco de ANBU color plateado claro y una máscara de aspecto nuevo con tintes de un rojo metálico como la sangre, dibujando un gato sonriente.
—Vine a matarte. ―dijo ella con suma seriedad y voz fría.
Todos los músculos del jōnin se helaron por completo, así que había llegado su hora. Al fin se encontraría con Rin, con Minato-sensei… fácilmente podría ganarle a Hinata, pero a él no le molestaba en lo absoluto ser asesinado por aquella chica fría si lo hacía con sus manos desnudas, las manos que tanto le gustaban a Kakashi.
Se sintió desmayar cuando Hinata agregó:
—Solo bromeo. ―pronunció con la misma voz seria y fría, sin ningún atisbo de humor. ¿El humor Hyuga era así de serio, oscuro y letal?
Kakashi no pudo responder ni hacer nada más que quedarse con una cara de poste pálido. Al ver que él no hacía nada más que empalidecer su cara, Hinata levantó un pergamino frente a sus ojos. Ante aquella precipitada acción Kakashi retrocedió enseguida pensando que iba a hacer otra cosa.
—¿Que es eso?
—Un pergamino ―contestó con obviedad y un tanto ofuscada ―. Contiene las instrucciones de nuestra próxima misión.
—¿Próxima misión? ¿Tú y yo? ¿O sea Kakashi y Neko-chan? ¿Estás segura?
Hinata solo asintió. Fue entonces que Kakashi se dio cuenta que la chica cargaba con una mochila de tamaño normal detrás de su espalda.
—Pasa. ―musitó Kakashi haciéndose a un lado. Hinata entró a un departamento ordenado que tenía los muebles necesarios, en fin, un departamento sencillo. A comparación de la última vez, el lugar estaba bastante limpio lo cual hizo que Hinata dudara un poco pero igual Kakashi se encontraba mejor por la muerte de Sakura. Si Kakashi estaba más tranquilo entonces ella también. Incluso se permitió no sacar al tema el último encuentro entre ellos, que dicho sea de paso había sido tenso y con un final incómodo.
La joven se sentó en la pequeña sala de dos sillones grises, cruzando una pierna y dejando el pergamino en la pequeña mesa de centro. Kakashi avanzó y tomó el pergamino, sentándose en otro sillón, empezando a leer los detalles de su nueva misión.
—Misión en pareja… blablablá, los ninjas deben investigar cuidadosamente un posible grupo rebelde que ha infringido las leyes en varias aldeas no ninjas… ¿esto puede considerarse una misión? ―Se preguntó Kakashi y siguió leyendo entre líneas ―. Ah, ya veo, los sospechosos empiezan estafando y luego cometen crímenes mayores… homicidios… y otras cosas que no quiero decir en voz alta… sí, es trabajo para un ninja ―asintió el hombre ―. Oh ―Kakashi se sorprendió al ver que había una nota de Naruto para él, Kakashi prefirió leerla sin hablar.
"Ya sé que esta misión debería ser solo para un ninja, sensei, pero Hanabi-chan me pidió que anexara a Hinata-chan para que se aclimatara de nuevo a las misiones con alguien conocido".
Al terminar de leer, Kakashi soltó un suspiro de cansancio. No había más qué hacer, tendría que tener esa misión con Hinata-gore.
—Bien, bien ―dijo el sensei ―. La misión consiste en…
—Perdón ―interrumpió Hinata ―. Hanabi-sama ya me ha informado de lo que trata la misión.
—Ah, entonces, supongo que hay que empezar, Hinata-chan. ―declaró con voz normal, por alguna razón ese día le estaba resultando demasiado fácil estar con ella y no pensar en la persona que lo había rechazado tajantemente hace algunos días.
—En el pergamino menciona que el último ataque fue en la Aldea Oculta de la Hierba. Deberíamos ir allí. ―sugirió Hinata mientras Kakashi estaba echando llave a la puerta de su casa.
—Estaría bien, aunque no me gusta tanto el hecho de ir a Kusagakure, pero es lo que hay. ―Se encogió de hombros en señal de conformarse y luego observó a su aprendiz olvidada —. ¿Se supone que partamos ya mismo? No he preparado nada.
—De esta manera no tardarás tanto en llegar.
—Buen punto. —Se dio cuenta admirando el truco —. Voy por mis cosas, no tardo.
Pero el maldito se tardó como una hora.
Finalmente a eso del mediodía salieron de las puertas de Konoha no sin antes dejar sus registros de partida con los guardias que en ese turno eran Kotetsu e Izumo. Ambos guardias se quedaron un poco sorprendidos cuando la muchacha ANBU firmó bajo el nombre de simplemente "Gato" con un código secreto que solo otorgaba el concejo de ancianos.
—¿Volviste a tus días ANBU, eh Kakashi? —Observó Kotetsu Hagane el atuendo del ninja. Había vestido su uniforme ANBU de antaño y parecía que le quedaba muy bien, con los músculos un poco más marcados por el paso de los años. Traía su auténtica máscara negra pero encima de la cabeza llevaba otra máscara usual en ANBU.
—No tanto, o bueno, algo así. Solo para no desentonar con la dama. —Indicó con la cabeza hacia la chica gato. Ella no le dio mucha importancia a la conversación de los hombres y dio meda vuelta para seguir con su camino. No le gustaba perder el tiempo y menos sabiendo que Hanabi no contaba con su protección. Ibiki; como un león protector, se quedaría al lado de Hanabi, pero aun así estaría preocupada por ellos durante la misión.
—Parece que te están dejando. —dijo Izumo.
—Ella nunca me dejaría. —Les guiñó un ojo y fue tras ella —. Oye, doncella, más lento, ¿no?
—Quiero acabar esta misión cuanto antes.
—Eso me queda claro pero, ¿es que no quieres disfrutar de la compañía de tu sensei?
—¿No que ya no quería entrenar a más alumnos?
—Jaque mate. —Puso los ojos en blanco. La gatita era imposible.
Por el resto del trayecto él ya no habló por temor a molestarla. Era eso. Sentía que la molestaba. En su interior, Kakashi no podía evitar pensar en Hinata. ¿Ella era la misma? No, ni de broma. Su voz lo había dicho todo. Y, ¿qué ocultaba bajo la máscara de gato? El jōnin ahora sabía lo que era que la curiosidad estuviera matando a alguien por saber lo que había debajo de una máscara. Probablemente quería ocultar alguna imperfección de su rostro, así eran las chicas.
Tal vez si Hinata fuera la misma chica tímida y servicial que conoció, pudiera haberle pedido amablemente que se quitara la máscara y ella habría accedido sin rechistar, pero él no estaba seguro de quién era exactamente Hinata en ese momento.
Al anochecer tuvieron que acampar, pues había un grupo de chakras al frente y se veían peligrosos, Kakashi prefería evitar las peleas en la medida de lo posible, pues con un movimiento en falso, la herida de su espalda podría abrirse.
Escondidos por unos arbustos que los rodeaban, encendieron una pequeña fogata para calentarse. Hinata se quitó los guantes negros que traía y acercó sus manos blancas y delicadas al fuego, en cambio, Kakashi utilizó sus manos para abrir su libro favorito, pero lo cerró al ver que la luz no le era suficiente. Él observo las manos desnudas de Hinata, blancas, con las uñas demasiado cortas, él suponía que se las mordía, pero a pesar de todo se veían suaves y tiernas. Tanto le gustaron las manos de ella que Kakashi involuntariamente se imaginó que aquellas manos intentaban quitarle la máscara negra.
Era raro, normalmente sería Hinata quien estaría nerviosa, sin saber qué hacer, jugueteando con los dedos de sus manos, pero en esta ocasión el nervioso era Kakashi, él que no sabía qué hacer. Sentía una ligera tensión en el ambiente que no afectaba a Hinata, pues ella se movía con tranquilidad, mientras él se mantenía estático. De repente, ella se recostó de lado en el césped y le dio la espalda, con la finalidad de dormir sin quitarse la máscara roja. Ni un buenas noches, ni un "¿Cuándo me toca el turno para vigilar, Kakashi-sensei?", nada.
El ninja quiso imitar a Hinata pero, al estirar la espalda, sintió un pinchazo de dolor en la espalda y gimió.
Hinata se volteó hacia él.
―¿Se encuentra bien? ―preguntó con su voz fluida pero inexpresiva.
―Ah, sí, Hinata-chan. Es solo una herida que tengo en la espalda. ―aseguró.
Hinata-chan, le decía Kakashi como si ella fuese la misma niña de siempre, como intentando que al dirigirse así a ella pudiera romper un poco la tensión que había en el aire provocada por el mutismo de la peliazul.
―De acuerdo. ―dijo ésta y volvió a su posición anterior.
Kakashi se quedó imaginando que la Hinata de antes se habría preocupado más y que entre sonrojos y tartamudeos le habría ofrecido su ayuda para revisar la herida y asegurarse de que estaba bien. Suspiró, ella no era la Hinata que conocía. Debía acostumbrarse y continuar con la misión.
No se preocupen, me daré con un látigo en la espalda por haberme tardado mucho en subir el capítulo. Es que están pasando muchas cosas en mi vida amorosa (nada bueno, ni se emocionen) y laboral (que tampoco pasa nada bueno). Nada que no pueda resolver, claro, no se preocupen.
Sobre las escenas del capítulo: Quise complacer de algún modo Lulesco a los fans KakaHina e IbiHina con aquellos momentos… jaja. Les voy a ser totalmente sincera, si yo hiciera mis Luladas con el fic, Hinata se quedaría con Ibiki, así de sencillo. ¡Pero! Numero uno, dije desde un principio que sería un KakaHina, y número dos, el fic como que no se merece meterle romance porque me parece una trama seria contando la historia de Hinata. Sin embargo todos merecemos amors y de vez en cuando me verán metiendo por ahí escenillas románticas. No muy románticas porque soy Lu después de todo, pero sí algo habrá de eso.
Cuéntenme qué les pareció el capítulo, qué quisieran ver, porque el final se acerca, chicas y chicos.
Muchas gracias a las personas preciosas e inteligentes que me comentaron el capítulo anterior, me refiero a:
Angel Maria 15
MikaSyo
Hinata Uchiha.H
GreenIllusions
Invader Zam Rei Chan
LeoriHNB
Mimi Tachikawa08
Tsukimoonbeam132
Valerie Hyuga Senju
KattytoNebel
Chio-sempai
Konata811
Tobi Uchiha-chan
hakuno asamiya
MiuRobin: Baby, muchas gracias por todos los favs que le has dado a mis fics. ¡Te adoro!
Yamile
También muchas gracias a quienes dejan el fic en favs y follows, o quienes me agregan como autor favorito. ¡Los amo muchísimo! ¡Tanto que los secuestraría y los tendría en mi casa! Pero sé que no es legal :/
Nos leemos luego… if you want.
