Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.
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—Es un loto, Hanabi-sama. —Había dicho Hashimoto una mañana fresca. Se trataba de una flor muy bonita de color blanco que había dejado en un jarrón mediano de vidrio con la mitad de agua. Aunque bella, la flor estaba sola y se estaba marchitando. Se le cayó un pétalo de forma lenta y Hanabi lo observó caer con delicadeza. Elevó la mirada melancólica hacia el librero donde tenía una foto de su hermana mayor. Era de cuando todavía eran pequeñas y Hiashi las hacía enfrentarse la una con la otra.
"Hermana", pensó. El par de gatitas jugueteaba con una bola de estambre. Eclipse maullaba todas las noches, inconsolable, mientras que Luna intentaba tranquilizarla acurrucándose a su lado. Nada funcionaba. Eclipse siempre lloraría por las noches hasta que regresara su dueña.
Ibiki llamó a la puerta y le avisó que estaría de guardia fuera de su habitación, que si necesitaba algo se lo dijese. Hanabi asintió sin verlo o hablarle. Eran esos momentos cuando Hanabi se ponía seria y no había modo de sacarla de sus pensamientos como líder del clan. El Morino la dejó sola, comprendiéndola.
—Esperemos que funcione. —Recitó Hanabi observando el loto.
Se había caído un pétalo más.
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Ella y su oscuridad.
XI. Luz.
Al amanecer reanudaron su camino saltando ágilmente entre las ramas de los árboles. Nadie que no fuera ninja sabría jamás la sensación de libertad que daba el transportarse de ese modo. Cuando llegaron a la posición indicada -después de un par de días- se toparon con una cueva sospechosa en el camino. Hinata, sin quitarse la máscara roja, activó su byakugan y corroboró que ahí había cuatro chakras; uno de una niña, y los otros restantes de hombres maduros.
Los ignotos del caso que les fue asignado; como había escuchado Kakashi en una serie policial de ninjas, debían ser al menos tres sujetos. Empezaban asaltando a altas horas de la noche y después asesinaban, luego de eso pasaban a un nivel más sanguinario, secuestraban personas; de la edad y sexo que fueran, y abusaban sexualmente de sus víctimas hasta matarlas.
Kakashi y Hinata ya habían pasado por un pequeño poblado donde había muchos carteles por todas partes con la fotografía de una joven desaparecida. Finalmente después de unas horas habían logrado llegar a Kusagakure; la Aldea de la Hierba, donde se sospechaba era la siguiente en la lista de los victimarios.
―Es bastante obvio que debe ser nuestra chica. Coloquémonos sobre la cueva. ―indicó Kakashi. Parados sobre una superficie encima de la entrada de la cueva, Kakashi hizo un jutsu de fuego para incendiar el pasto que había ahí. Tres hombres salieron de inmediato para apagar el incendio. Uno gordo y calvo salió a ponerse en resguardo, el otro era musculoso y comenzó a juntar tierra húmeda para aventar al fuego, el último; flaco y de ojos saltones, parecía asustado haciendo todo mal.
―Iré yo. ―dijo Kakashi bajando de un salto rápido hacia los sujetos, iniciando una pelea de golpes. Eran cuatro contra uno, aun así se veía la superioridad de Kakashi, sin embargo, en un descuido uno de los sujetos le dio en la espalda haciendo que Kakashi cayera al suelo con un dolor punzante debido a esa herida en su espalda que nunca se cuidó.
Hinata, como una ráfaga de viento; rápida y cortante, llegó hasta donde estaban los hombres. Se acercó a uno de ellos y éste se rio de ella.
―¿Tú vas a atacarme, linda señorita? ―El ninja le dedicó una mirada lasciva que Kakashi quiso borrar con un buen derechazo, pero antes de que aquella idea terminara de formularse en su cabeza, Hinata había sacado un kunai rápidamente y le había cortado la garganta al tipo de un tajo sin siquiera titubear. La sangre del cuello chorreó, salpicando a su propio dueño, dejando al hombre sorprendido ante su muerte, quien cayó al suelo con los ojos abiertos a su máxima expresión, pues él no esperaba morir tan rápido. Estaba asustado mientras se atragantaba con su propia sangre.
Kakashi se quedó casi en trauma al ver lo fríamente que Hinata había hundido el kunai sin ninguna duda. Tan confiada en sí misma como si aquello fuera cosa de todos los días, algo natural, algo artístico.
El hombre que aún estaba vivo observó la muerte de su compañero e intentó huir, pero Hinata fue lo suficientemente rápida para asestarle un golpe juuken en la espalda, exactamente en lo alto de la espina dorsal, lo cual lo hizo caer al suelo, aterrorizado, pues extrañamente no podía moverse lo más mínimo. Hinata le había dado un golpe en un punto tan vital que le había cortado el funcionamiento de su cuerpo por entero.
—¡No puedo moverme, Jin! ¡Ayúdame! Agh… —Intentó pedir ayuda pero de a poco se le fue el habla, quedándose en el suelo llorando de desesperación al ver como no podía moverse en lo absoluto. El hombre musculoso, el único que quedaba en pie, elevó una mano e hizo un jutsu que le permitió disolverse en un remolino de hojas. Kakashi estaba tan concentrado en las acciones de Hinata que no pudo detenerlo.
La kunoichi con máscara de gatito triste, lentamente, se acercó al hombrecito flaco y se arrodilló a su lado con toda la calma del mundo, como para hacer que el malhechor se pusiera más nervioso. ¿Le cortaría la garganta como a su compañero? ¿O qué tortura era la que iba a implementar con él? ¿Cuál?
Hinata le tomó el brazo y se lo estiró, sujetando con fuerza el kunai ensangrentado que traía en la mano.
―Por f…vor no me… hagas dañ… ―Imploró el hombre con la voz temblorosa que se le iba de repente segundos antes de que Hinata hundiera el kunai en el interior del antebrazo y le rajara la carne hasta terminar en el dedo medio de la mano. La herida dejó expuesto el hueso blanco y la carne del hombre que gritaba aterrorizado, la sangre brotó como un riachuelo al haber sido cortadas tantas venas y vasos capilares. El hombre solo era capaz de gritar con horror al ver el interior de su propio brazo expuesto ante sus ojos.
―Mi maestro dijo que debo perdonarte por ser malo y que tú debes perdonarme por hacer mi trabajo. ―susurró Hinata mientras lo veía desangrarse… mientras lo veía morir asustado. Lo vio morir hasta el final, hasta que se quedó tan quieto como una roca, hasta su última exhalación.
Después de un minuto, el hombre murió al fin y Hinata se levantó del suelo para encontrarse con que Kakashi la veía con ojos incrédulos y sumamente sorprendidos. "Le gusta verlos morir" pensó Kakashi con terror sin poder dejar de observarla.
―¿Te encuentras bien? ―preguntó ella, regresándolo a la realidad con su voz monótona.
―No tenías que matarlos de esa forma. ―advirtió él con cierto enojo.
―¿Está bien tu espalda? ―dijo Hinata, eludiendo lo que le había dicho el ninja.
―Hinata, esa forma en que los mataste fue escalofriante. ―abordó Kakashi con voz severa, sin perder el tema.
―Sí. ―aceptó sin sentimiento alguno, caminando hasta Kakashi aún con el kunai manchado de sangre en su mano ―. Soy una kunoichi, ¿lo olvidas? ―La chica de la máscara roja pasó por un lado de Kakashi y le vio la espalda, estaba manchada de sangre, lo que significaba que la herida se había abierto ―. Tu herida se abrió, la voy a cerrar. ―anunció.
―No. ―Kakashi se alejó de ella, apartándola con la mano ―. Déjalo así, ve a ver si la joven de la cueva está bien y si responde al nombre de Ai Yamada.
Hinata asintió ligeramente y se encaminó hacia la entrada de la cueva.
Kakashi necesitaba un respiro, un momento a solas para pensar en lo que había pasado. Observó los cadáveres de los hombres tirados en el pasto, uno semi-decapitado y el otro con el brazo cortado inundado de sangre. ¿Qué forma de matar a las personas era esa? ¿En qué clase de arte sanguinario la había adiestrado Ibiki? Kakashi sabía de kunoichis sanguinarias, pero la cosa cambiaba radicalmente si la que había hecho eso antes era una joven virginal. Jamás en la vida le había pasado por la cabeza ver a Hinata hacer tales acciones sin una pizca de vacilación. Realmente nunca se puso a pensar en qué clase de entrenamiento llevaba Hinata con Ibiki.
La Hyuga volvió unos minutos después cargando en sus brazos a una joven flacucha que había sido maltratada. La depositó en el suelo, cerca de Kakashi, y luego se arrodilló junto a ella.
—Por las condiciones en que la encontré puedo asegurar que ha sido ultrajada varias veces. —Lamentó con un tono respetuoso y bajo.
Kakashi sintió pena por la muchacha.
—¿Buscamos al que resta? —inquirió Hinata poniéndose a las órdenes de su capitán. Kakashi negó con la cabeza.
—Está bien. Yo lo dejé que escapara, será mi responsabilidad. Ahora Hinata, cállate. ―Le ordenó Kakashi ―. No quiero oír tu voz hasta que te lo pida. ―Y de verdad no quería oírla, el solo escucharla le provocaba un escalofrío en la espalda. ¿Realmente estaba a tiempo para salvarla?
Hinata no comprendió la lógica de esa orden pero aun así obedientemente asintió y no dijo nada más, pues Kakashi era el líder del equipo.
Al regresar a la joven con el jefe de la pequeña aldea recibieron algo de dinero junto a un pergamino de agradecimiento y el doctor del pueblo los atendió para cerrar nuevamente la herida del Hatake. Entonces Kakashi y Hinata emprendieron el camino de regreso a Konohagakure dando por terminada la misión. Una misión demasiado sencilla, pensaba Kakashi en lo que le había dicho Naruto antes de partir, sabía que había algo más detrás de todo esto.
Mientras Hinata caminaba con paso firme; bien derecha y con la máscara fija viendo hacia el frente, Kakashi caminaba distraídamente, a veces mirando de reojo a Hinata, no fuera que de la nada a aquella loca se le ocurriera atentar contra su vida. Aún recordaba la frialdad con que había asesinado a aquellos tipos. La sangre roja salpicando y emergiendo era un recuerdo constante en la mente de Kakashi, quien de repente cerraba el ojo con fuerza para intentar disipar los recuerdos.
Hasta ese momento, Hinata no había vuelto a hablar para nada, pues Kakashi aún no se lo permitía y también a él se le había olvidado aquella orden por un tiempo, hasta que la recordó.
—Hinata-chan… ―habló Kakashi después de mucho tiempo ―. O Hinata… ¿Cómo debería llamarte ahora? ―El ninja quería estar seguro de que el Hinata-chan no le molestara a la chica…
—Puedes llamarme como quieras. ―respondió sin voltear a verlo.
—Vale. Hinata-chan ―Se decidió Kakashi por un sufijo más familiar ―, confírmame, ¿has estado entrenando todo este año y medio en la mansión Hyūga con Ibiki, verdad? ¿Qué te enseñó exactamente?
—Esa información está clasificada por el clan Hyūga. ―respondió con voz de autómata.
—Así que esto es lo que estuviste haciendo este largo tiempo con Ibiki. Estabas entrenándote en el arte de matar. ―El ninja trataba de buscar alguna grieta por dónde meterse para obtener información de ella, pero las respuestas de Hinata eran escuetas ―. Por lo que vi… tú pareces no tener miedo, ¿me equivoco?
—No. ―Le dio la razón.
—Detente. ―Ordenó Kakashi haciendo un alto. Inmediatamente Hinata también se detuvo, pero sin verlo, solo mirando al frente, esperando la siguiente orden como un autómata. El jōnin se colocó frente a ella, inclinando levemente la cabeza para mirarla. Luego, Kakashi elevó una mano al cuello de Hinata, primero, sus dedos la acariciaron levemente, ella no pareció sentir nada ni demostrar nada. La antigua Hinata se habría desmayado ante aquel tacto. Entonces, Kakashi elevó otra mano con la intención de quitarle la máscara roja de gatito triste, pero apenas rozó la máscara y Hinata dio dos pasos atrás inmediatamente ―. No te dije que te movieras. ―reclamó Kakashi.
—Sus órdenes pierden autoridad cuando empiezan las del clan Hyūga. Tengo estrictamente prohibido quitarme la máscara, o que me la quiten.
El jōnin la observó con los ojos entornados. Su máscara roja de gato triste, su fisionomía, su largo cabello azul oscuro meciéndose libremente con el viento… había un aura peligrosa alrededor de Hinata, un aura oscura, densa. Por alguna razón, Kakashi empezó a sentirse responsable de ella, no de cuidarla, sino de cuidar que ella no le hiciera daño a nadie.
Medio minuto después, el peliplata reanudó el camino pensando en que iba a redactar un buen y detallista reporte como nunca antes había hecho uno en su vida. Había algo peligroso y oscuro que no había visto antes en esa chica y él iba a descubrirlo, o se dejaba de llamar Hatake Kakashi.
—Bien, aquí nos despedimos por ahora. —Anunció el peliplateado, deteniéndose. Hinata volteó a verlo con rapidez, como si la tomara por sorpresa aquello —. Como te dije, fue mi culpa que el tercer sujeto se escapara, es mi deber recuperarlo.
—También soy parte del equipo. —Defendió Hinata, no queriendo dejar la misión.
—Ya has terminado tu parte y tu superior te está dando una orden. Vete. —Fue claro. Después de eso Kakashi dio media vuelta y de un salto se elevó hasta las ramas altas de los árboles, perdiéndose entre la maleza.
Hinata se quedó viéndolo un poco molesta por que la tuvieran que dejar, pero al final tenía que seguir las reglas del capitán. De mala gana y un tanto preocupada, siguió su camino de regreso a Konohagakure.
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El día había llegado a su fin. Lentamente el sol se escondía en el horizonte y Neko; a través de su máscara, observó el tono naranja nostálgico que pintaba la aldea de la Hoja. Los guardias de la puerta la dejaron pasar cuando ella firmó en la bitácora diaria. Le preguntaron por Kakashi y ésta mencionó que él se había quedado a terminar un encargo. No dijo mucho porque bien Ibiki-sensei le enseñó que entre menos hablara era mejor. No se revelaban sentimientos, ni secretos, ni detalles de más.
Tenía hambre así que tan solo llegar a la mansión Hyuga fue a la cocina. Las señoras que preparaban la cena la miraron con sumo respeto y se hicieron a un lado cuando la esbelta chica caminaba por ahí, tomando una manzana y un platito con fideos. Se llevó las cosas para comer en su habitación. El pasillo estaba tranquilo. Era extraño no ver a nadie por ahí. Le invadió una molesta sensación de ansiedad y de inmediato dejó caer los alimentos, corriendo a la habitación de Hanabi. Descorrió la puerta con estruendo y sus ojos observaron que el cuarto estaba vacío. El corazón del gato comenzó a palpitar desesperado. De inmediato comenzó a moverse.
—¡Hanabi-sama! ¡Ibiki-sensei! —gritó, yendo a la habitación donde a veces dormía el Morino. Igualmente encontró todo vacío. Se tranquilizó un poco, si Ibiki no estaba entonces era casi probable que él estuviera con Hanabi. Aun así no se sintió del todo en paz —. ¡Hashimoto! —Llamó preocupada.
—¿Neko-sama? —Hisae apareció de repente en el pasillo.
—¿Hanabi-sama? —Le preguntó a Hisae, mirándola acusadora, tomándola fuertemente de los hombros —. ¡¿Dónde está?!
—Está en el hospital de Konoha… —contestó aguantando el dolor del agarre.
—¡¿Qué?! —gritó descontrolada, apretando más a la mujer por los hombros, imprimiéndole tanta fuerza que la señora lanzó un quejido de dolor —. ¡Explícame por qué Hanabi-sama está en el hospital! ¡¿Qué tiene?! ¿Qué pasó, Hisae? ¡Responde!
—Hanabi-sama está fuera de peligro… solo está cuidando de… Ibiki-san…
—¿Qué? —Hinata soltó a Hisae y el pánico en la cara de Hinata no desaparecía —. ¿Por qué? ¿Qué le pasó? ¿Está bien? —preguntó asustada.
—Al parecer fue una fuerte infección estomacal.
—¿Cómo que una infección estomacal? —La miró con tanta incredulidad que Hisae dio un paso atrás, temerosa de que pudiese hacerle algo —. ¡Esto no puede estar pasando una vez más, Hisae! —La voz de Hinata se volvió arisca y nuevamente agarró a la mujer por los hombros, con fuerza.
—No es un envenenamiento, Neko-sama. —Explicó la mujer de inmediato.
—Voy para allá. —Dio media vuelta.
Su apetito había pasado a segundo plano. Corrió fuera de la mansión y una vez a campo abierto saltó entre los techos de las casas para llegar más rápido al hospital. Tan pronto entró ni siquiera se detuvo en recepción para preguntar por el cuarto del paciente, solo caminó como si supiera a donde ir. Es como si pudiera sentir a Hanabi y a Ibiki dentro de ella, que la estiraban y le decían por donde caminar. A pasos agigantados abrió la puerta con dramatismo y vio a un gran roble tumbado en una cama y a una pequeña doncella cuidándolo.
—¿Quieres que nos saquen del hospital? Podrías entrar con algo más de decencia. —Le reclamó Hanabi visiblemente molesta.
Apenada, Hinata cerró la puerta muy despacio y caminó hacia el enfermo. Ibiki estaba dormido. Era sumamente raro verlo en bata de hospital con una frazada blanca tapándolo, además de una cara bastante febril. Se veía cansado y enfermo.
—Tiene una infección estomacal. —dijo Hanabi colocándole una compresa fría en la frente perlada de sudor —. Ya está mejor. Solo tiene las secuelas de la fiebre de anoche.
—Lo has estado cuidando. —Observó Hinata con interés.
—Claro. Ustedes me cuidan a mí, y yo a ustedes. —sonrió de medio lado, aun sentada en la silla. Frunció el ceño —. Oye, ¿y Kakashi-san?
—Oh, él se quedó a terminar una parte de la misión. Volverá.
—Ya veo. —Asintió una vez y volvió su vista hacia Ibiki.
—¿Cree que alguien quiso dañar a Ibiki-sensei? —inquirió Hinata a su hermana.
—Hinata, deja de pensar que todos son tus enemigos. Se trata de un virus que anda por la aldea, eso es todo. —respondió con tanta obviedad que Hinata se sintió tonta y ridícula.
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Un precioso ramo de flores rosas descansó en el espacio donde yacía Sakura. Mebuki se había levantado temprano para hacer aquello sin que su esposo se diera cuenta. No quería preocuparlo. Era ahí donde Mebuki podía llorar en silencio, a veces un poco más fuerte. Siempre se sentiría culpable. De alguna manera u otra pudo haber ayudado a su hija, pero estaba tan metida en sus propias cosas, en la vida de casa, en su esposo, en los típicos problemas financieros. Se preguntaba todas las noches cuál fue el momento en que su hija comenzó a sentirse mal. Se culpó siempre por no haberse dado cuenta, por no ayudarla. Se culparía por siempre.
—Mebuki-san. —Saludó una voz respetuosamente. La señora volteó atrás, reconociendo a Naruto. No traía consigo el uniforme de Hokage, sino una ropa sencilla. Lucía serio y algo cabizbajo.
—Hokage-sama. —Correspondió al saludo levantándose del suelo, limpiando las lágrimas con el dorso de la mano. Era una mujer fuerte y no le gustaba que la vieran llorar.
—No tiene que decirme Hokage. Somos… familia.
—¿Lo somos? —preguntó con duda, pero Naruto resintió aquello con dolor —. Lo somos. —afirmó Mebuki al darse cuenta de la reacción del joven Hokage.
—No he podido dormir muy bien. —Confesó.
—Yo tampoco, Naruto. Kizashi tampoco. No puedo entenderlo. No comprendo en qué momento mi Sakura cambió. Siempre determiné que el enamoramiento hacia Sasuke Uchiha era cosa de niños, y se convirtió en una obsesión cuando ella creció. Y aun así yo no hice nada por ella. Siempre pensando que estaría bien. Sakura nunca estuvo bien. Yo era su madre. Debí saberlo. Debí verlo. —habló como ida del mundo, contemplando la tumba de su hija, leyendo el epitafio con una mirada perdida.
—Aun es su madre. —rectificó Naruto —. Y yo soy el esposo de Sakura. Ella vivía conmigo, yo soy quien debió verlo desde un principio. Yo sabía que… que ella estaba mal. —Sus ojos comenzaron a ponerse acuosos y su garganta estaba cerrándose dolorosamente.
—Muchos sabíamos que estaba mal, pero la dejamos pasar, la dejamos seguir. Nadie la detuvo. —Comenzó a llorar sin poder evitarlo, pero lo hacía en silencio, resignada —. No volveré a ser madre nunca más.
—Yo no volveré a tener otra esposa. —Bajó la mirada y observó su anillo de casado, acariciándolo.
—Sé que la amaste, Naruto. La amaste más que a ti mismo por mucho tiempo, pero no está bien que te castigues, hijo. Eres joven y está bien si quieres volver a tener a una chica a tu lado. Estoy segura que a Sakura le gustaría verte feliz. Kakashi y tú se lo merecen, como últimos miembros del equipo 7. Sean felices, por Sasuke y Sakura.
"Sakura, perdóname, Naruto y tú siempre intentaron salvarme. Yo quisiera que estuvieran juntos… por siempre… mientras estén juntos… yo seguiré sonriendo… Kakashi-sensei… gracias por cuidar de mis amigos… deseo que puedas encontrar a alguien que te ame. Solo quiero que los tres sean felices. Mientras estén juntos, yo seguiré sonriendo. El mundo shinobi… resguárdenlo". Las últimas palabras de Sasuke Uchiha. Una promesa que Naruto no pudo cumplir. Le falló a Sakura al traer de regreso a Sasuke, cosa que nunca cumplió. Le falló a Sasuke al ver por la felicidad de Sakura, y la dejó morir sola.
—¿Cómo puedo seguir siendo Hokage si veo cómo mis seres queridos mueren? —Una lágrima resbaló por su mejilla. Mebuki lo observó de reojo.
Minato. Kushina. Jiraiya. Sasuke. Sakura.
Sus personas más preciadas ya no estaban con él. Estaban muertas.
—Es lo que hace un Hokage. Seguir adelante, Naruto. Y tú tienes qué hacerlo. Por la aldea. Por Sakura. Por el recuerdo de Sakura.
—Por la aldea. —repitió como perdido en el tiempo.
Porque todavía quedaba algo qué proteger.
Shikamaru. Chouji. Kiba. Siempre fueron sus compañeros de travesuras.
Ino. Su amiga de las flores que ahora salía con Sai.
Kakashi-sensei, una figura paterna, igual que Iruka.
Hinata.
Hinata Hyuga.
"—Déjenme decirles un anuncio personal. —agregaba Sakura un poco nerviosa pero no dejando de lado su gran sonrisa brillante —. Muy pronto Sakura Haruno… ¡se convertirá en la esposa del Hokage!
Los gritos emocionados de los ninjas y civiles no se hicieron esperar. Sabían que tarde o temprano ellos iban a terminar juntos.
Hinata entornó más los ojos hacia la pareja de jóvenes mientras todos aplaudían emocionados al escuchar el anuncio de Sakura. Ella se casaría con el Hokage muy pronto. La peliazul parpadeó una vez y sus ojos se abrieron a su máxima expresión, pareció quedar en shock por unos instantes, viendo aquello sin saber exactamente qué sentir… ¿Odio? ¿Rencor? ¿Resignación?
El casamiento de ellos era algo que no se esperaba, es decir, había asistido para ver el nombramiento de Naruto, no eso. Aquello había sido como si hubieran blandido una espada en sus entrañas y la hubieran girado incontables veces. Hinata se cortó por dentro, se desangró.
Dio media vuelta, no quería estar más tiempo en ese lugar, no soportaba escuchar la estridente voz de su nuevo Hokage, no soportaba que toda la gente estuviera exaltada y feliz por las recientes noticias, no soportaba que todos los de la aldea jugaran a ser hipócritas porque, que ella recuerde, antes todos evitaban a Naruto como si fuera la peste andando.
Caminó saliendo con la cabeza en alto, firme como una roca, con los ojos mirando algún punto imaginario, a la nada, como absorta del mundo, como intentando escapar de esa realidad que no le hacía para nada bien, aceptando que se retiraba, aceptando que ella había perdido, que ella era poco menos que nada".
Él la observó ese día. La vio marchar y no hizo nada. Sabía que Hinata estaba enamorada de él. Cuando la invasión de Pain, ella misma se lo confesó al querer sacrificarse por Naruto. Ella estaba dispuesta a morir. Sakura también estuvo dispuesta a morir. Se arrepentiría por siempre de no haber sido lo suficientemente valiente como para hablar de todo eso con Hinata. Era un cobarde idiota. Pero había una diferencia.
No podía hacer más nada por Sakura. Pero Hinata estaba viva, luchando por convertirse en algo que no era, combatiendo para ser un ANBU. La pregunta era, ¿la dejaría marchar otra vez? No podía dejarla pasar simplemente, no como Sakura. No cometería el mismo error dos veces.
No se lo perdonaría otra vez.
Era el Hokage y tenía que encargarse de su aldea, de sus ninjas. No volvería a retroceder en su camino.
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Los ruidos de los pajarillos la despertaron con algo de mal humor. Le dolían un poco los hombros y el cuello, había dormido mal. Se la pasó pensando en Kakashi, en cómo le habría hecho para encontrar al tercer criminal, si tal vez tendría que haberlo rastreado con sus famosos perros, qué tanto problema le habría dado el hombre, si lo habría matado al instante. Como a las cuatro de la mañana comenzó a imaginar que el hombre tenía más compañeros y que éstos le tendían una trampa a Kakashi, que lo habían noqueado y por lo tanto estaba a merced de los criminales, pudieron haberlo dormido y ¿quién sabe?, tal vez sacarle algún órgano. El mercado negro era algo que todavía no se podía erradicar del mundo ninja. Fue de esas veces en que te encuentras pensando y pensando en una determinada persona y terminas cansada de pensar. Eso era. Estaba cansada de pensar en Kakashi.
Ese día dieron de alta a Ibiki y se le trasladó a la mansión Hyuga para que pudiera guardar reposo a pesar de que el hombre perjuraba que se encontraba bien. De todas maneras Hanabi lo obligó a mantenerse acostado mientras ella estaba a su lado entreteniéndose en cosas que no necesitaran de trasladarse de un lado a otro. Hizo macramé, cien grullas de papel, jugó cartas con Hashimoto, acariciaba a las gatitas pequeñas y leyó algunos pergaminos del clan. Entretanto, Hinata se encargó de otras cuestiones siempre con un ojo atento a Ibiki y Hanabi. Les pasó a las cocineras una lista de comidas especiales para Ibiki, fue a limpiar la habitación de su padre y de su abuelo e hizo una oración por ellos, con ayuda de Hashimoto practicó algo de taijutsu por dos horas, el joven terminó cansado y semi-muerto, teniendo que ser auxiliado por Hisae; su madre. Hinata continuó entrenando y finalmente en la tarde entró a la habitación de Ibiki y se puso a meditar. Su maestro le dijo que eso le ayudaría a forjar un carácter más calculador, frío, pensante, y que de ese modo entrenaba más su capacidad sensorial para detectar chakras.
Al caer la noche, Hinata volvió a tener insomnio. Eclipse; la gatita oscura, dormía tranquilamente a su lado, pudiendo conciliar el sueño luego del regreso de su dueña, dejando de llorar. Parte de la noche se la pasó pensando en Kakashi y eso la hacía enfadar. ¿Por qué pensaba en él? ¿Por qué tenía que soñar con él? Kakashi era un hombre fuerte y un ninja ejemplar, no tenía nada de qué preocuparse, él estaría bien, consumaría la misión con éxito.
Despertó más cansada que el día anterior. Kakashi era como una enfermedad dentro de su cabeza. Eran las seis de la madrugada y no tenía nada de sueño. A esa hora todos los miembros del clan dormían plácidamente, pues las labores iniciaban hasta las siete. La joven se quitó la máscara lentamente y salió bajo el tejado. Todavía estaba oscuro así que no había problemas. Había algo de viento muy fresco y sintió que éste le hacía cosquillas en el rostro. Era extraño sentir su cara con sus propias manos. Observó la máscara de gato, contemplándola como si fuera parte de ella, como una extensión y de repente al tenerla ahí; entre sus manos, le parecía una extraña usurpadora de identidades.
Sentía sus ojos libres y vio la luna. Estaba tan brillante que le calaba en los ojos.
Detrás de ella escuchó unos pasos silenciosos. Sabía a quién pertenecían. Una sensación de tranquilidad le invadió.
—Estás a poco de cumplir un año de entrenamiento. Creo que el tiempo pasa muy rápido.
—Tan rápido como una estrella fugaz. —Apuntó al cielo nocturno. Había una estela de luz brillante paseándose por ahí.
—Wow. —Ibiki admiró el fenómeno con gran asombro —. Nunca había tenido el tiempo de ver una estrella fugaz.
—Tuvo una vida difícil, Ibiki-sensei.
—Supongo. —Se encogió de hombros y no quitó la vista del cielo hasta que aquél extraño astro se perdió en el universo.
El hombre se sentó a un lado de ella, pero en ningún momento volteó a verla, como manteniendo el respeto de que a Hinata no le gustaba que la vieran sin su máscara de gato y eso lo notó ella, y sonrió de medio lado, tan imperceptiblemente.
—Tal vez nunca alcanzaré el rango ANBU. —Lanzó un suspiro de cansancio y a la vez de tranquilidad.
—La vida es muy extraña, ¿no crees? El tiempo es relativo. Pasa lento o rápido, pero nunca se detiene, siempre va hacia adelante. En un parpadeo ya no eres niño, en dos ya tienes que lidiar con una guerra. Y en tres parpadeos estás envejeciendo y a punto de morir.
—Usted no está envejeciendo. —Entrecerró los ojos y volteó a verlo con una sonrisilla que decía "no sea dramático". Ibiki no le contestó nada, solo se quedó en silencio —. ¿Puedo preguntarle algo, Ibiki-sensei?
—Ya lo estás haciendo, gato.
—Sí, lo siento. Es que estoy pensando demasiado en… una cosa. Y digamos que no quiero pensar en ello, pero no dejo de hacerlo. ¿Cómo evito eso? Sé que me dirá que me enfoque, pero lo he intentado y no se puede, no logro dejar de pensar en esa cosa. Es como si estuviera dentro de mi cerebro.
—Medita.
—Lo intenté.
—Entonces enfrenta a la cosa en la que piensas y olvídalo.
—El problema es que no quiero enfrentarlo. Solo quiero olvidar y ya.
—Entonces busca un maldito objeto parecido a la cosa en la que piensas y sustituye.
—Sustituir. —repitió pensando en ello. Miró a Ibiki de reojo, él seguía viendo el cielo nocturno. Empezaban a aparecer los primeros rayos del sol. Tragó saliva con dureza, sintiendo que pasaba un pedazo de alambre por la garganta, y se levantó hasta colocarse de rodillas tras la espalda de Ibiki. Pasó sus brazos por el cuello de este, pegándose a él —. ¿Podemos ir a su habitación? —preguntó respetuosa.
Ibiki tomó uno de los brazos delgados y blancos de Hinata, mirándolo, entonces bajó la vista al suelo, inexpresivo. Sabía lo que ella quería.
—Sí, claro. —respondió sin algún tono de voz particular. Se quitó el agarre de Hinata y volteó hacia atrás, con ella, y la elevó cargándola por debajo de las axilas, Hinata se abrazó a su cuello con miedo y él la sujetó por la espalda y por las piernas hacia un lado, llevándola dentro.
Hinata mantuvo los ojos cerrados en todo momento, e Ibiki sabía perfectamente que esa cosa que Hinata quería olvidar era a Kakashi, y que él; Ibiki, era solo un sustituto.
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Agitado vaivén, eso era lo que Hinata sentía al tiempo en que mantenía sus ojos cerrados y pensó de verdad quiero ser como Ibiki-sensei, pero era difícil llegar a esa clase de perfección. Le advirtió que podía doler, que podía sangrar, que no se asustara, siempre práctico y claro. Ibiki se comportó como si aquella tarea fuera algo monótono y aburrido de todos los días. Ibiki le transmitía su calma, su control, y ella estaba con una extraña sensación de estar sedada, como si tuviera una venda ligera y nebulosa sobre sus ojos.
La sensación era extraña. No era mala, pero tampoco es como que fuera buena.
"Deja ir tu mente", le recomendó Ibiki.
Hinata recordaba el dolor preciso en la costilla cuando Hanabi la golpeó con un juken. Su padre las hacía pelear entre ellas cuando eran unas niñas. Siempre haciéndolas fuertes a su muy particular manera. Por años vivió con tristeza, pensando que su padre no la quería, hasta que maduró y entendió los pensamientos de Hiashi.
De pronto abrió los ojos al sentir que su espalda se arqueaba por sí sola. Fue como un shock eléctrico que viajó por todo su cuerpo.
—¿Ibiki-sens..? —Logró articular, confundida, pero no alcanzó a terminar su oración cuando involuntariamente se le escapó una especie de gemido susurrado y oculto entre la oscuridad de la madrugada.
Había olvidado todos sus recuerdos y sus preocupaciones, había olvidado quién era y cómo se llamaba, estaba perdida pero eso no era malo. Ya no era una sensación ni buena ni mala, sino extraña. Ese ajetreo lograba sacarla de su propia mente, ahora solo podía sentir cómo respiraba cada poro de su piel.
Ya ni siquiera era una sensación extraña. Era como si brillara. Como si se convirtiera en luz.
La luz estalló en ella por varias veces hasta que los rayos de la mañana comenzaron a iluminar la habitación. Ibiki le hizo una pequeña caricia en la mejilla y le besó por última vez la boca, observándola por unos segundos, todavía encima de ella.
—Me gusta cuando te muerdes los labios. —escuchó la voz grave de Ibiki. Sin quererlo y casi por cosa de inercia, Hinata se mordió el labio inferior mientras veía sus ojos negros.
Desearía ser como él.
Él era protección y luz.
Ibiki se levantó, poniéndose los pantalones.
—Creo que tengo que ir a casa para cambiarme. Volveré para el desayuno. —Anunció el hombre cuando terminó de vestirse.
—Ibiki-sensei… —Lo detuvo antes de que saliera por la puerta. Ella se encontraba todavía cubierta por la sábana blanca —, gracias.
Pero Ibiki no dijo nada, solo se fue.
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—Han pasado tres días y Kakashi-san nada que aparece. —comentó Hanabi en el desayuno.
"Han pasado tres días y yo nada que duermo", pensó Hinata con fastidio y cansancio. Ese maldito peligris era imposible, era como un pedazo de piel pegada en su cerebro; nunca podría quitársela.
—Casi no estás comiendo, ¿te pasa algo? No me digas que estás enferma. —Hanabi y Hashimoto miraron a Hinata con preocupación; quien por cierto no había tocado ni un bocado de su comida. Ibiki también la observó desde su lugar atentamente.
—No es eso, es que he dormido muy poco. No sé a qué se deba. —declaró sin muchos ánimos.
—Yo creo que sí sabes. —dijo Hanabi con una sonrisita divertida y Hashimoto compartió el gesto.
—No tengo más hambre. —Ibiki se levantó de inmediato y salió fuera.
Hinata no le dio importancia a la escena y solo siguió picando la comida.
—Tal vez Neko-sama quiera comer a solas con Hanabi-sama y así quitarse la máscara, así que me retiraré. —El joven de buen ver también se retiró del comedor familiar, dejando solas a las hermanas.
—Extraño a Kakashi por aquí, era como un miembro más de la familia. —Hanabi se sirvió un poco más de arroz para comer —. ¿Quién sabe por qué se habrá retrasado tanto? Ayer que fui con Hokage-sama para lo del ingreso a la academia de los niños Hyuga, me dijo que Kakashi todavía no entraba a Konoha. No mencionó que fuera a mandar algún rastreador ni nada, creo que confía mucho en él. De todas formas, yo creo que deberíamos poner de nuestra parte ya que él ha ayudado mucho a la familia.
—Si necesita que me ofrezca como voluntaria para rastrear a Kakashi lo haré. —dijo de inmediato.
—Bueno, si quieres ir con Hokage-sama puedes hacerlo.
—Gracias, Hanabi-sama. —Se levantó para dar una reverencia y caminó fuera.
—¡Pero primero terminas de desayunar! —gritó Hanabi con obviedad, como si fuera una madre preocupona. Hinata con algo de pena volvió a la mesa y devoró su desayuno en menos de un minuto.
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Caminaba con paso decidido hacia la torre Hokage. En algo así como un año y medio no había hablado directamente con Naruto y aquello antes la haría sentirse nerviosa o incómoda, pero ahora se sorprendió a sí misma que no había ningún sentimiento de por medio. No estaba ansiosa o feliz por verlo, era como si fuese a hablar con una persona totalmente diferente. No había nada para él en ella. De alguna extraña manera Kakashi había tomado todo y se lo había quedado.
—Señorita, para hablar con el Hokage necesita un permiso… ¡señorita!
Hinata pasó al guardia de largo y abrió la puerta de la oficina con respeto. Dio una reverencia y se quedó ahí hasta que le dijeran que podía pasar.
—Lo siento, Lord Hokage, le dije pero… —Kotetsu parecía nervioso de no haber podido interceder.
El rubio se quedó anonadado con su visitante. Parpadeó varias veces sin poder creer que la sombra del clan Hyuga estuviera a unos metros de él. Era Hinata, ahora lo sabía. Era ella.
—Déjala. —Hizo un movimiento con la mano y Kotetsu procedió a cerrar la puerta para dejarlos solos —. Hinata-chan. —Se levantó sorprendido.
—Lamento molestarlo tan de repente, Hokage-sama. —Se irguió, poniéndose en posición de firmes —. Pero mi maestro; Kakashi Hatake, no ha regresado de la última misión que se nos asignó y quisiera saber el estatus de la misión, de no estar completa me ofrezco como voluntaria…
—Sabía que vendrías. —Sonrió de medio lado —. No tienes de qué preocuparte. Hace dos días tuve un reporte de un cuervo, decía que un chunin presenció una emboscada hacia Kakashi pero no pudo ayudarlo, solo reportó.
—¿Y donde está Kakashi?
—Eso no lo sé.
—¿No lo sabe? —Incluso se hizo para atrás ante la sorpresa que le causó esa respuesta tan tranquila de parte de Naruto —. ¿No mandó ninjas para apoyarlo?
—Kakashi-sensei es un ninja experimentado que sabe hacer frente a las situaciones que se le presenten. No necesita apoyo.
—¡Pero está diciéndome que sufrió una emboscada hace dos días! —No pudo evitar gritar ante la lógica de la situación.
—Pero es Kakashi Hatake. —contestó con un tono obvio que hizo enojar aun más a Hinata.
—Cabe la posibilidad de que él necesite apoyo, ¿no cree?
—Para serte franco, no lo creo.
Aquello fue como un golpe mental para Hinata.
—Bien… entonces… ¡solicito permiso para rastrear a…
—Permiso denegado.
—¡¿Qué?! —Empequeñeció los ojos, incrédula. Estaba intentando mantenerse respetuosa. Ahora que lo tenía en frente descubría que Naruto le desagradaba. Recordó a Sakura muerta, recordó su suicidio y que ella no pudo ser feliz con el Uzumaki. Era como si él marchitara las flores. Las lilas y los cerezos.
—Tengo todo esto controlado. Estoy seguro que Kakashi-sensei está bien. Y de no estarlo, es decisión de él.
—¡¿Cómo que es decisión de él?! ¡Explíqueme! —Con ambos puños golpeó el escritorio de Naruto. Tenía ganas de golpearlo y ver si de ese modo se le acomodaban las ideas —. ¡Le exijo que me deje rescatar a Kakashi!
—No lo entiendes, Hinata. Kakashi me pidió expresamente que para esa misión no enviara rescatistas o apoyo.
—¡¿Pero por qué?! ¿Por qué él haría eso? —No lo entendía, estaba desesperada. Sentía una gran impotencia al no poder entender y a la vez no estar haciendo nada para ayudarlo.
—Porque él no planeaba regresar.
—¿Qué?
—Los ninjas veteranos muchas veces prefieren perecer en misión para guardar honor, respeto…
—Él es un valioso jōnin de Konoha, ¡deme un escuadrón de ninjas para buscarlo y traerlo de vuelta! —Pero el rubio negó con la cabeza sin vacilación —. ¡Te volviste loco, NARUTO! —gritó furiosa y enseguida un par de guardias entraron a la oficina, corriendo hacia aquella que amenazaba al Hokage.
—¡No le hable así al lord Hokage! ¡Insensata! —Uno de los ANBU le dio un empujón que la mandó directo al piso, cayendo de bruces.
—¿Pero qué te sucede, idiota enfermo? ¡Estás hablando de tu maestro! ¡No puedes dejarlo morir! —A decir verdad, era Neko quien estaba hablando, pero la Hinata original también pensaba lo mismo. ambas estaban enojadas.
—No tienes permiso de abandonar la aldea, Hinata. Tienes que respetar su decisión.
Se quedó intranquila, decepcionada, con las palabras atoradas en la garganta. Sabía que intentar hacer razonar a Naruto era perder el tiempo, se estaba retrasando.
—Perdón, lord Hokage. No sé en qué esta pensando. Usted es el Hokage y vela por los intereses de sus ninjas. Si Kakashi quiere morir, ¿quiénes somos nosotros para evitarlo, no? ¡Suéltenme! —Forcejeó con los guardias y éstos no la soltaron de los brazos hasta sacarla de la torre Hokage.
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Corrió a toda velocidad rumbo a la mansión Hyuga. Encontró a Hanabi disfrutando de una lista vista en el estanque de ranas mientras Ibiki estaba tumbado en el césped bajo la sombra de un árbol. Parecían como una pequeña princesa y su fiel guardián. En otro momento se habría alegrado de verlos juntos.
—Kakashi sufrió una emboscada, por eso no ha regresado. —mencionó mientras corría hacia ellos, preocupada.
—¿Pero qué? —El rostro dulce de Hanabi se descompuso.
—Y no es todo, Naruto no está dispuesto a enviar refuerzos. Todo parece indicar que Kakashi tenía planeada esta misión. ¡Tengo que ir para ayudarlo! Ibiki-sensei… —volteó a verlo con aprehensión.
El rostro adusto de Ibiki asintió con firmeza.
—Sabes que cuidaré de Hanabi-sama con mi vida.
—Gracias. —Su voz le falló, escuchándose un poco rota y después dio media vuelta, sin siquiera pedir permiso a Hanabi-sama, solo corrió rumbo a la salida de Konoha, sin mochila, sin nada preparado, solo lo que llevaba puesto. Si tan solo se hubiera enterado de esto el mismo día que llegó el reporte de la emboscada, entonces Kakashi todavía tendría posibilidades de estar vivo. Ahora no estaba segura. No estaba nada segura de encontrarlo vivo pero tenía qué intentarlo. Tenía que darse prisa. Sentía unas inmensas ganas de llorar…
—Buen día, Hinata. —Saludó Kakashi.
Si tan solo lo hubiera sabido antes, desde el momento en que él dijo que haría el resto de la misión solo no debió dejarlo. Era una orden, maldita sea, pero todos sabían por palabra del colmillo blanco que aquél que abandona a un amigo es peor que escoria y ella era mucho peor que la escoria. Por el cielo, estaba empezando a llorar desesperada y con miedo y… ¿Qué?
Hinata se detuvo abruptamente, como quedándose congelada, hecha piedra. Ni siquiera pudo voltear. De repente un hombre de cabello plateado se colocó frente a ella, mirándola con cierto interés. Se cruzó de brazos al verla en un estado tan ido, entonces resopló.
—¿Qué te pasa? ¿Estás bien? Pareces algo loca.
―Yo… Yo… —Por un momento hasta había olvidado cómo demonios hablar —, yo creía que tu no ibas a regresar… de la misión… —Logró confesar, mirándolo detrás de su máscara. Sus palabras eran suaves y quebradizas, como si de un momento a otro fuese a lloriquear.
―¿Porque pensaste eso? —sonrió de forma burlona. Aquella diversión fue como una aguja en el corazón de Hinata.
―Estabas en tu última misión y no ibas a regresar vivo… ibas a morir.
―¿Yo? —Se señaló –. No sabía que te preocupaba. —Bromeó, riendo un poco.
―¡Pues sí! ¡Me preocupas! —Lo interrumpió dándole una bofetada.
—¡Auch! ¿Y eso por qué fue? –preguntó confundido, sobándose la mejilla. Sí que pegaba fuerte.
—Por regresar tan tarde de la misión. ¡Naruto te estaba dando por muerto! ¡Y yo también! ¡Incluso le dije que me diera un escuadrón de ninjas para buscarte y no quiso!
—¿Para qué querrías tú un escuadrón de ninjas en mi búsqueda si solo le estaba llevando una carta personal de Naruto al Kazekage?
—¿Có… cómo?
—Me tardé porque Naruto me encargó una misión extra: llevarle una carta al Kazekage.
—¿Y el ninja que te faltaba atrapar?
—Lo envié a Konoha hace unos días con un par de ANBU's. Disculpa, pensé que lo sabías.
Hinata tardó exactamente tres segundos en procesarlo. ¡Todo había sido un jueguito!
—¡Lo mataré! ―Decidió, dando media vuelta.
—¡Espera, espera! ―Kakashi lanzó una risita mientras la sujetaba de la cintura antes de que fuera por la cabeza de Naruto ―. ¿No te das cuenta? Ese chico le está haciendo de cupido, nos quiere juntar. ―susurró con voz ronca en el oído mientras descaradamente la abrazaba contra él… en demasía.
—¡Suéltame! ―Se quejó sin hacer ningún forcejeo por soltarse.
―Tú no quieres que te suelte.
―Claro que sí.
―No voy a soltarte, no esta vez, Hinata.
―No me llames así.
―Es tu nombre.
Hinata lloraba detrás de Neko, se quitó la máscara de un jalón y la aventó al suelo. Kakashi observó sus lágrimas y un pequeño sonrojo en sus mejillas. Ella se acercó y tomó el rostro de Kakashi con ambas manos, dándole un beso apretado cerrando sus ojos con fuerza para evitar seguir llorando. Sus labios tronaron sobre los de él y luego se alejó.
―¡Tonto, tenías que habérmelo dicho! ―Le reclamó. Kakashi estaba sin habla, sin poder creer que realmente Neko… no, Hinata, sin poder creer que ella estaba llorando frente a él y que lo había besado.
—Significo algo para ti. —musitó extrañado, como dándose cuenta de una gran verdad que antes estuvo tan oculta que ni un sharingan hubiera podido verla.
—¿Qué? No. —Negó con la cabeza y parpadeó varias veces, como dándose cuenta del error que había cometido —. Solo estaba preocupada. Escucha, tal vez sienta algo, pero ese "algo" me estorba. No es cosa tuya sino mía. Este sentimiento… no lo quiero. —Dio un paso atrás pero Kakashi se adelantó frente a ella para no perder el pequeño espacio.
—Te importo. —declaró Kakashi. Lo afirmó con su voz varonil y tan Hatake, mirándola fijamente con el par de ojos oscuros.
—Solo… basta, no te acerques. —Lo detuvo con las manos para que no caminara delante de ella.
—¿Que no me quieres? No puedes mentirme, no puedes mentirte a ti misma. —Sujetaba el rostro de Hinata intermitentemente porque ella se movía para quitarse, evitando mirarlo.
—Sí. Sí te quiero pero… —Finalmente lo observó —, mi hermana, Kakashi. —Sus ojos lilas estaban húmedos y ardían, Kakashi pudo vislumbrar el agua salada resbalando —. Ella siempre será más importante que tú, que yo, que todos. Es mi sangre. —Enfatizó —. Es mi familia. Es… mi Hanabi. Y necesito enfocarme en ella para protegerla.
—Podemos protegerla juntos. Te lo he dicho muchas veces, corazón.
—Necesito estar completa para ella…
—¡Hinata! —La tomó por los hombros, zarandeándola con algo de fuerza —. ¿No te das cuenta que tu hermana también sufre al verte así? ¿Crees que es bueno estar al pendiente por siempre de ella? Hanabi no es débil, y tiene personas que la quieren y la protegerían con su vida sin tener que renunciar precisamente al amor o a sus propias vidas, personas como Ibiki, como Hashimoto, Naruto, Kiba, Shino, incluso yo. La queremos y no la vamos a dejar sola, pero eso no significa que renunciemos a nosotros mismos con tal de estar al pendiente de ella las 24 horas del día. ¡Es desgastante y es enfermo! ¡Sé que quieres cuidar a tu hermana, sé que quieres cumplir con el mandato de tu padre, pero créeme, te está desgastando, te está matando!
Hinata se quedó petrificada al verlo gritar así, al tenerlo tan cerca de ella. Quería abrazarlo y al mismo tiempo alejarse de ahí corriendo. Cortó el contacto visual y bajó la vista hacia la máscara de gato que estaba tirada en el suelo. Entonces pasó de Kakashi para recoger su pertenencia y volvió a colocársela en la cara.
—¿En verdad, Hinata? ¿Solo te irás sin decir nada? —reclamó fastidiado por su actitud. Hinata solo siguió caminando —. ¡Eres egoísta! ¡Podríamos tener algo bueno los dos! ¡¿Sabes qué?! ¡Me parece perfecto que te largues! ¡Vete! ¡Vete con tu clan! ¡Enfócate en Hanabi! Eso no es vida, mi vida. —Susurró más para sí mismo, dejándola marchar. Sentía un gran escozor en los ojos, le ardían. Ya estaba harto. Él también tomó su propio camino.
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Aquella noche Hinata se la pasó llorando en el techo de su habitación. Su pequeña compañera felina estuvo a su lado, observándola con sus grandes ojos negros. Eclipse no lo entendía.
—¿Qué te pasa? —La voz de Ibiki apareció de repente tras de ella, pero Hinata no dejó de llorar ni un poquito.
—No sé quien soy. —Confesó con dolor. Estaba sentada en las tejas abrazando sus rodillas, escondiendo su rostro arruinado por las lágrimas —. Ya no sé nada de mí, Ibiki-sensei. No sé qué me pasa. Todo el tiempo… pienso en cosas que no debería, hago cosas que no debería, amo a Hanabi pero… a veces sueño que los mato a todos.
—Yo te diré qué pasa. Es tu naturaleza. No pudiste mutar.
—¿No pude cambiar? ¿Soy un experimento fallido? —Elevó su rostro para mirar a su maestro.
—Lo eres. Tal vez lo eres. Ahora tienes que lidiar con eso.
—¿Cómo lo hago? —preguntó con la inocencia de una niña de seis años que estaba devastada.
—No tengo idea. Lo siento.
En realidad no había mucho qué hacer. Ser ninja no era algo fácil. A veces se lograba moldear un gran ninja, otras veces no resultaba. Era demasiado conocimiento, experiencias y sangre fría. El hombre de gabardina negra giró sobre sus pasos y se dirigió a la habitación que usaba para descansar. Ahí dentro casi lo asustó un espectro de cabello largo. Pero no era un fantasma. Era Hanabi con insomnio.
—Hinata no tiene identidad. —Hanabi declaró mientras veía la luna brillante por la ventana.
—Lamentablemente ella se despegó de su objetivo. Ahora está en una crisis emocional.
—Pensé realmente que con la trampa de Kakashi lograría que Hinata aceptara sus sentimientos. Pero veo que no funcionó.
—Siempre te dije que era una mala idea lo de Hokage-sama. —Pareció reclamarle —. Ahora ahí la tienes, no sabe ni qué está pasando con ella misma.
—¿Cómo logro que mi hermana deje de ser la sombra del clan Hyūga?
—Esa es una buena pregunta.
—¿Cómo lo resolvemos, Ibiki-san? —Los ojos lilas de Hanabi lo observaron directamente. Ibiki lo comprendió entonces. Hanabi había dejado de ser una niña. Ibiki lanzó un sonoro suspiro de cansancio, sintiendo que la espalda le dolía, estaba estresado.
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Nada tiene sentido. Todo pierde el color. Todo gris. Ni siquiera hay blanco o negro, algo determinante. Solo gris.
—Esa niña está inestable. Provocaron un peligro solamente. —Koharu estaba altamente molesta. Su solución era retirarle todo cargo ninja a Hinata Hyūga, pero Naruto estaba en contra de eso. Dentro de la junta privada estaba el consejo de ancianos, el Hokage, Tsunade, Shikamaru, Ibiki y Hanabi Hyūga.
—Quitarle a Hinata todos sus rangos ninja solo la enloquecerá. —Alegó Ibiki.
—Solo la estás defendiendo. ¿Hay algo más que debas decirnos, Morino? Algo sentimental. —La anciana se le quedó viendo con el ceño fruncido y los puños cerrados.
—No estamos para hablar de Ibiki, sino de Hinata. —Arremetió Tsunade sin importarle quién fuera la anciana. Simplemente desplegó su opinión con una de sus características miradas serias marca Senju.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Homura acomodándose los lentes.
—Repasemos. —Se metió Shikamaru intentando agilizar todo aquello. Odiaba ser un buen analista y que lo requirieran para ese tipo de decisiones donde sus amigos estaban involucrados —. Hinata fue retirada del régimen ninja para que pudiera entrenar por su cuenta en el clan. Ibiki-san y Kakashi-sensei la entrenaron. Uno de ellos sobrepasó el entrenamiento, no supo que Hinata quedaría inestable. Si cortan su avance será como aventarla a la locura, en ese punto le doy la razón a Ibiki-san. Ella está persiguiendo una meta; proteger a Hanabi y ser ANBU. Está frustrada de momento porque no ha avanzado, y porque no ha podido utilizar sus habilidades.
—La anterior rebelión del clan Hyuga la dejó muy afectada. —dijo Hanabi —. Temo decir que incluso paranoica.
—Denle el rango ANBU y observen qué pasa. Tal vez pueda estabilizarse al cumplir con un objetivo. —Opinó la antigua quinta Hokage.
—¡Pero qué! De ninguna manera. —Saltó Koharu en negación —. ¡Es como darle el arma para que asesine!
—¡Mi hermana no es una asesina! —gritó Hanabi perdiendo el control, sin querer había activado su Byakugan mirando fijamente a la anciana, los demás miembros se asustaron un poco ante su reacción tan abrupta.
—¿Necesitas que te recuerde que asesinó a miembros de su propio clan? —dijo Koharu —. Y tuvimos que perdonarla.
—Eran traidores del clan. —intervino Naruto tranquilo —. Hinata solo hizo lo que tenía qué hacer.
—Fue sadismo, y nadie aquí lo quiere ver. —Con la voz un poco más calmada, Koharu volvió a su posición sin querer voltear hacia Hanabi, quien a los pocos segundos deshizo el byakugan.
—Retomando —Shikamaru tosió un poco para llamar la atención —, creo que Tsunade-sama tiene razón. Hinata está estancada. Denle un rango más alto, tal vez pueda tranquilizarse por un tiempo.
—¿Por un tiempo? Eso no parece una buena idea, Shikamaru. —dijo Homura, que para ese entonces casi no hablaba.
—Quitarle sus rangos ninjas es peor idea. —El Nara tenía razón. Todos lo sabían.
—Supongamos que le damos el rango ANBU. Si eso no funciona, ¿entonces qué? ¿Cómo la paramos?
Homura levantó la mano, como tomando la palabra.
—Le hemos dado muchas oportunidades a Hinata-chan. Las personas que la aprecian han querido salvarla, pero llega un punto en que… las cosas simplemente no se pueden salvar, porque está dentro de la naturaleza de las personas, de Hinata. Si darle el rango ANBU no funciona entonces… se tendrá que ir de Konoha.
—Yo propongo algo mejor. —Añadió Koharu —. Irse de Konoha, exiliarla, eso conllevaría a una amenaza similar a Akatsuki, y más vale prevenir que lamentar. Si nombrarla ANBU no funciona, entonces se le dará muerte.
—¡De ninguna manera! —gritó Hanabi ofendida, pero la anciana siguió hablando.
—Konoha no necesita otro Sasuke Uchiha vengador, no necesita un Itachi Uchiha que sirva a sus seres queridos, no necesita un loco Orochimaru enfermo de poder. Si el tumor crece y se vuelve maligno, la única manera es cortarlo. Y todos aquí lo saben. —Se les quedó viendo desafiante.
Hanabi miró a todos en busca de ayuda, pero solo vio sus caras de convencimiento.
—Mañana se hará la ceremonia para otorgarle a Hinata el grado ANBU. —dijo Naruto —. Por favor que esté puntual, Hanabi.
Koharu y Homura se levantaron de sus asientos, abandonando el recinto. Posteriormente Shikamaru se fue, quedando solo Hanabi, Ibiki, Tsunade y Naruto.
—Tiene que haber un modo de limpiar todo esto. —dijo el Hokage y los demás lo vieron con interés.
Vean el lado bueno… Hinata ya aceptó que sí quiere a Kakashi. Seh, bueno, como quiera hay demasiado angst en el capítulo, jajaja. Lamento solemnemente la enorme tardancia para publicar, pero la verdad es que el trabajo me tiene loquita porque amo mi trabajo y además tuve una crisis existencial que me llevó a pensar que jamás volvería a Fanfiction, y tengo que aceptarlo, hubo por ahí un par de romancillos que no me dejaban pensar en otra cosa (se sonroja como Hinata).
De Ibiki bonito Morino. Yo desde un principio sabía que la primera vez de Hinata iba a ser con Ibiki, ¿por qué? Quería mediarlo ya que desde un principio les prometí que el fic sería KakaHina, y ahora que Hinata aceptó que sí lo quiere, pues dije "a Ibiki le tiene que tocar algo", porque él es como un protector de las hermanas y es genial ponerlo como su guardián, y además, Hinata le tiene un cariño muy especial al saber que él siempre está al pendiente de su Hanabi. Así que no me arrepiento de que la primera vez de Hinata haya sido con Ibiki.
Muchas gracias a las personas bonitas y sexys que me dejaron un review en el capítulo anterior, me refiero a:
hakuno asamiya
Angel Maria 15
KattytoNebel
Hinata Uchiha.H
Valerie Hyuga Senju
Ginko-chan
Mimi Tachikawa08
shiro5580
Alicia CR
Hikari-chan Uzumaki
Melania Uzumaki Uchiha
MiuRobin
GpeDeAmerica
Y también muchas gracias a las personas que me dan follow o favorite tanto en autor como en historia, ¡gracias, bebés!
5 de Mayo 2018
Nos leemos luego, si tú quieres.
