Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.

Notas de Lu: Siento que todos me esperan con tridentes y antorchas y que alguien de ustedes lidera una turba furiosa contra mi inocente persona, jaja. Ya de verdad, perdónenme por dejar el fic por tanto tiempo. La verdad es que el trabajo que tenía (y sí, tenía) me gustaba mucho y a la vez ocupaba casi todo mi tiempo y mi creatividad, pero pues en lo que consigo un trabajo me estoy poniendo a escribir todo lo que tenía pendiente. Y ya sé que sueno como disco rayado pero créanme que voy a terminar todos los fics que tenga empezados porque tengo qué terminarlos para subir otros nuevos que tengo. Muchas gracias por seguir el fic y a esta autora chiflada, jaja, de verdad las y los quiero muchísimo. Y bien, nos leemos en las notas finales donde comento el capítulo de lo lindo. Btw, si necesitan una ayuda con el fic, un resumen o algo así, o tienen dudas de algo que ya no recuerden me lo pueden preguntar por MP o por Facebook.

.

.

.


Ella y su oscuridad

XII. Oscuridad I


La luna brillaba en lo alto del cielo, acompañada de unas densas nubes que afortunadamente daban el paso de la luz nocturna. Una pequeña gatita negra se restregaba cariñosamente entre las pantorrillas de su dueña, quien estaba sentada en el pasto frío del cementerio. Era de noche y había un frescor relajante en el ambiente. Neko; enfundada en su uniforme de ANBU, contemplaba los kanjis con que habían escrito el epitafio de la tumba que tenía enfrente.

Sakura Haruno.

"¿Es por que no pudiste salvarlo, doctora?"

—¿Y qué si mis palabras fueron el último paso para que ella se fuera? ¿Y qué si fui yo quien le dio el último empujón? —pensó en voz alta mirando la plateada bola destellante. Eclipse maulló un poco y luego saltó al regazo de su dueña, quien no le hizo caso pero la dejó acurrucarse.

Estaba por cumplir un año en el entrenamiento ANBU y mañana a primera hora le darían el honor de por fin otorgarle el grado ninja que ella había exigido desde un principio. Se preguntaba si aun el grado de ANBU le ayudaría hoy en día porque principalmente el clan Hyuga estaba tranquilo desde la pasada rebelión de la segunda rama. Ella sabía aun así que no podía confiarse. Al tener inmunidad por ser ANBU podría proteger más a Hanabi. Sin embargo, su hermana había empezado el entrenamiento del juken con Hashimoto y estaba resultando productivo.

Sakura se suicidó. Sakura se fue. Para siempre.

—¿Y si yo también me voy? —Observó con atención aquella tumba e imaginó que decía su nombre, que decía "Neko". ¿Quién vendría a su entierro? ¿Habría alguien más además de Hanabi? Se había alejado de sus amigos, de su equipo. Kurenai y los chicos nunca más regresaron a buscarla a la mansión y realmente no los culpaba por ello.

Hanabi tenía a Ibiki quien la protegería por siempre con su vida. Tenía a sus fieles Hashimoto y Hisae quienes la resguardaban hasta del viento. Hanabi a su vez tenía la responsabilidad de cuidar de lo que quedaba del clan Hyuga. Pero, justo ahora ¿cuál era el propósito de Neko? ¿Neko? ¿Cuál era su nombre? A veces lo olvidaba momentáneamente.

—Hinata. —Se dijo sintiéndose tonta. Era extraño llamarse así mientras tenía puesta la máscara de gato. Se dejó caer en el pasto de repente y Eclipse maulló inconforme pero no se despegó de ella —. ¿Qué es lo que soy ahora? ¿En qué me he convertido? ¿Por qué me siento tan… vacía? No, imperturbable. Como si supiera qué hacer en todo momento. Como si ya no fuera Hinata, sino otra persona. —platicaba con la nada, después de todo no había muchas personas a quienes confiase sus pensamientos. Ninguna en realidad. Hanabi se preocuparía, Ibiki le diría que no se estaba enfocando en su entrenamiento y Kakashi… bueno, Kakashi era pisar terreno minado.

Tenía que darse prisa, ya era de noche y si no regresaba a tiempo Hanabi se empezaría a preocupar. Últimamente a la líder del clan se le veía cansada, un poco somnolienta, como si no pudiera dormir bien. Hinata no quería preocuparla de más así que empezó a trasladarse por sobre los techos de las casas de la aldea. Hacía frío pero su uniforme práctico le protegía bien, además tenía su máscara de gato que le cubría perfectamente la cara. Ahora que lo pensaba, hace mucho que no veía su rostro en un espejo, no se ponía atención, solo se levantaba para colocarse la ropa y se cepillaba el cabello sin verse mientras caminaba para ponerse las botas y ya estaba, una vez lista iba a la habitación de Hanabi para ver qué necesitaba y luego de ahí retornaba a sus fatídicos entrenamientos con Ibiki. No recordaba la última vez que se vio en un espejo.

Se adentró al complejo Hyuga y por ahí en un pasillo poco iluminado transitaban un par de sirvientas que al verla le dieron una reverencia rápida y nerviosas se hicieron a un lado, bajando la cabeza sin atreverse a mirarla. A la sombra del clan Hyuga aquello le pareció raro, ahora que lo pensaba nunca había reparado en la distancia que tomaba la rama secundaria para con ella, a excepción de Hashimoto y su madre, claro está.

—Con su permiso, Hanabi-sama. —Finalmente llegó al cuarto de su hermana, quien ya estaba recostada en el tatami con un par de velas encendidas. Hinata la observó, se notaba débil pero estaba despierta. La pelinegra se lanzó a un lado de su hermana con preocupación —, ¿Estás bien? —inquirió alarmada.

—Relájate, solo tengo algo de fiebre. Creo que me afectó el cambio de clima. Siempre te afectaba, ¿recuerdas? Creo que ahora los papeles han cambiado, hermana. —sonrió frágil pero con ojos fuertes. Hinata se calentó un poco las manos solo para ponerlas a temperatura ambiente y tocó la frente de su ama. No tenía la fiebre tan alta pero como quiera debía tratarse con el debido cuidado.

—Traeré agua caliente y medicinas, ¿está bien? —Hanabi no respondió, solo se quedó con los ojos cerrados, como adormilada.

Fue a la cocina y ahí había tres sirvientas aparentemente cenando que al verla se levantaron ipsofacto para dejarle pasar. Hinata pudo haber agregado cosas como "Está bien, sigan cenando", "No hay problema", pero de alguna forma; en el fondo de su alma, le agradaba que le tuvieran respeto, que le tuvieran… miedo. Sí, ese era el sentimiento que provocaba en más de la mitad del clan Hyuga; miedo. ¿Cómo no? Si ella misma había terminado con una sublevación del clan, con los líderes de la traición. ¿Cómo no temerle a la persona que sin ayuda asesinó al señor más importante de la rama secundaria y a su hija?

Las tres criadas al ver que Hinata ocupaba la cocina, prefirieron tomar sus platos y ponerlos en el lavadero, una de ellas con voz bajita anunció que regresarían después para limpiar la cocina. Hinata; enfundada en su siempre fiel máscara de gato inexpresivo, solo asintió sin verlas.

.

.

.


Kakashi observó por la ventana. Había posibilidad de tornado en Konoha, la lluvia fuerte casi no dejaba ver y provocaba un aire helado en el ambiente. Invitaba a mantenerse alerta, pero también a comprar algo de pan y chocolate caliente. Había ruido en su cocina. No había podido evitar que la chica entrara, después de todo aun quedaba lejos de su casa y ella le pidió refugio, no pudo decirle alguna negativa, pues ante todo era un caballero.

—Aquí tienes, espero que te guste dulce. — Kakashi aceptó la taza de café humeante. La muchacha de pelo rojo se quedó en espera de que él bebiera para ver qué tan bien le había salido. El Hatake un tanto aburrido bebió y dijo que estaba bueno, a lo que Karin sonrió emocionada, acomodándose las gafas —. Tus perros son lindos. — Él sabía que ella mentía, de hecho varios de los ninken se la pasaron gruñendole mientras ella estaba en la cocina, pero no dijo nada. Kakashi no sabía por qué, tal vez no quería ser molesta o intentaba tener amigos. Era cierto que desde que se convirtió en prisionera de guerra en Konoha no había mucha gente que quisiera pasar el tiempo con ella, o con otros prisioneros con su mismo estatus.

—Sí, lo son. Gracias.

Karin observó el lugar. No estaba sucio, aunque tampoco muy ordenado.

—¿Quieres que haga algo? No sé, como limpiar, o lavar tu ropa.

—No tienes que hacer nada de eso, Karin. No tengo problema con que estés aquí hasta que pase la tormenta.

—Sí, lo siento. Es la costumbre, creo.

Algunos aldeanos se aprovechaban de ella pidiéndole que los ayudara en cosas pesadas, Karin por vergüenza y por no alterar el orden público accedía, aunque a veces, cuando de plano se pasaban, ella les gritaba y se peleaba con ellos. Todas y cada una de esas veces fue llevada a la cárcel para implantarle castigos. Kakashi sabía que la vida de la pelirroja no era nada fácil y a veces intentaba protegerla, defendiéndola o brindándole su apoyo, como ahora.

—Ha venido una chica aquí. — dijo Karin empequeñeciendo los ojos, frunciendo el ceño levemente.

—¿Cómo lo sabes? —Enarcó una ceja.

—Huele a chica, como a jabón de flores, algo así. —Se encogió de hombros —. ¿Tienes… algo con una chica? —El tono de ella hizo que Kakashi volteara con atención, notándola.

—No… no es eso. Desearía tener algo con ella pero… ella no quiere verme.

—¿Por qué no?

—Porque no le intereso. Al menos no lo suficiente.

—¿Qué no le interesas? ¿Está loca? ¡Eres Kakashi Hatake!

El peliplata sonrió de medio lado ante la ocurrencia de la Uzumaki. Le había parecido tierno su comentario, como el de una niña pequeña.

—Ya ves, no siempre obtienes lo que quieres.

—Bueno, si a ella no le interesas, ¿quieres… salir conmigo? ¡Obviamente no como novios ni nada de eso! No quiero a nadie, pero sí quiero un amigo. ¿Sabes? Todavía me faltan algunos años para cumplir mi sentencia y hasta que llegue ese momento tengo que estar todo el tiempo en Konoha. Y nadie me habla. —Bajó la mirada a su taza de café, concentrada, ida —. Déjame ser tu amiga y te ayudo con la chica que te gusta, ¿qué te parece?

Kakashi no quería su ayuda, pero tampoco quería dejarla sola.

—Está bien, Karin, es un trato. —Le ofreció su mano, Karin aceptó gustosa con una sonrisa marca Uzumaki. Era tan brillante en ese día de lluvia gris. Kakashi deseaba que fuera así de fácil tener una conversación con Hinata, pero entre los dos ya todo era tan difícil, como un campo minado. Cualquier lugar que pisaba volaba en pedazos.

.

.

.


Era una mañana agradable, estaba nublado pero al menos ya no estaba lloviendo como la noche anterior. Era invierno y había pocas aves en los árboles. Ese día preciso los rayos del sol estaban apenas dejándose ver entre las nubes, lo que indicaba que sería un día cálido, bueno para lavar la ropa, ir al supermercado para abastecerse o incluso visitar alguno de los huertos que había en los bosques, ir al río para practicar la pesca o simplemente dormir un rato a la luz del sol. Hinata miraba todo el movimiento de los habitantes por la ventana alta mientras se sorprendía al ver su propio reflejo en el vidrio.

Unas manos rudas y grandes rodearon su cintura, apretándola con un nudo rápido y certero. Hinata se quejó un poco, frunciendo el ceño. Con algo de molestia se acomodó el kimono negro, intentando cerrarlo por arriba para que no se viera el inicio de sus pechos pero era imposible, ¿quién demonios le había mandado a hacer la ropa? Seguro que Kakashi había tenido que ver en esto.

—Deja de quejarte, yo no tengo la culpa. —Ibiki rezongó y encima le colocó un haori blanco con detalles del símbolo de Konoha.

—¿Por qué no me pueden hacer firmar algún pergamino y ya? —Se miró al espejo intentando eliminar el escote accidental.

—Tú no decides la ceremonia, y quítate la máscara, no puedes entrar al salón con el rostro tapado.

Dentro del recinto de madera fina y brillante descansaba en el centro el concejo de ancianos y el Hokage; esperando, a su lado estaba la líder del clan Hyuga acompañada de sus guardianes; Hashimoto y Hisae, y también se encontraba Kakashi. Había un jarrón de al menos un metro que estaba relleno de varitas aromáticas -que dispersaba ese humo místico por todo el lugar-, estatuas de dioses y farolillos blancos que aportaban una luz semipiterna. Todos los presentes estaban en silencio, el único ruido era el de Koharu quien se abanicaba ligeramente, nadie sabía por qué si estaban en pleno invierno.

La puerta corrediza se abrió un poco y por ella entró un hombre alto y fornido vestido con una gabardina negra. Éste hizo una reverencia de respeto y luego fue a colocarse a un lado de Kakashi.

—Yo le escogí el kimono. —Le susurró el peliplateado a su acompañante quien le regresó una cara de fastidio.

—Ella sabía que fuiste tú. No tienes respeto por nadie.

—Ella es la que no me tiene respeto.

—Kakashi, silencio, ¿no tienes respeto por nada o qué? —Koharu alzó la voz para regañarlo e Ibiki le dirigió una mirada al Hatake y elevó una ceja. Kakashi se encogió de hombros como si no le importara pero guardó silencio.

Las manecillas del enorme reloj en la pared marcaron la hora exacta y entonces todos voltearon hacia las puertas corredizas.

—Puede pasar la estudiante.

La puerta se abrió un poco y por ella se introdujo una mano enguantada de negro que empujó hasta poder entrar. Cerró tras de sí, dio una reverencia de rodillas al piso, con la frente pegada al suelo y se quedó ahí. Su cabello estaba muy largo, no lo había recortado ni un poco durante meses, le llegaba casi hasta las rodillas y el fleco tapaba la mitad de su cara, apenas dejando algunas rendijas por donde se asomaban un par de ojos blancos. Se notaba una quijada fina y blanca, con una cicatriz recta en sus labios producto de algún kunai que no pudo esquivar bien en un pasado.

—Puedes acercarte delante de nosotros. —Accedió Homura.

La fémina se levantó con cuidado. No fue sino hasta que elevó la mirada que notó cómo le molestaba la luz en sus ojos, se había acostumbrado demasiado a traer la máscara de gato blanco que ahora tenía que fruncir un poco el ceño y entrecerrar los ojos con dolor. Con pasos firmes avanzó al frente de Koharu, Homura y el Hokage, poniéndose de rodillas pero con la espalda recta, esperando instrucciones.

—Desde ahora hija tu nombre clave es Ōkami. —Koharu la miró desde su asiento notando ese ligero deje de molestia en el rostro de la pelinegra. Ya le había confirmado a Ibiki que el nombre clave de su pupila sería Neko o algún origen felino porque siempre se escogía los nombres de los ANBU en tanto se identificasen con algún animal. De alguna manera Ibiki vio aquél nombre clave como una declaración de que no le dejaría las cosas fáciles. Ōkami, lobo. Era un animal completamente diferente a los felinos, eran enemigos antiguos. Kakashi también lució un poco desconcertado con el nombre pero no lo dejó entrever tanto, igual que Ibiki. No tenían qué intercambiar miradas para saber que pensaban lo mismo.

—Gracias, mi señora.

—Ōkami. —dijo Homura.

—Gracias, mi señor.

Naruto la observó con una mirada de disculpa pero Hinata… o bueno, Lobo no le regresó alguna mirada emocional. Su cabello tapaba casi todo su rostro pero se podía ver a leguas su cara inexpresiva.

—Ōkami. —dijo el Hokage con voz segura y amable.

—Gracias… mi lord. —Sus ojos blancos parecían vacíos, como… muertos.

Naruto lo conocía. Hinata tenía oscuridad en sus ojos. Ya la había visto en Sasuke, en Nagato, incluso en Madara y Obito. Podía reconocerla perfectamente.

—Por favor que pase el tatuador. —Ordenó Koharu. Uno de los ayudantes vestidos de blanco se fue por una puerta diferente y regresó con un joven vestido de negro que traía un extraño aparato en sus manos.

—Por favor descúbrete. —Okami, su nombre nuevo, se bajó la manga del brazo izquierdo y comenzaron a picarle con aquella máquina rara que nunca había visto. Soportó el dolor sin ver nada más que el rostro anciano de Koharu. Esa señora había llamado la atención de la sombra del clan Hyuga. Le parecía una persona interesante. Estaba claro que ella no le agradaba a la anciana, pero ¿por qué? ¿Simplemente porque desconfiaba de ella?

A los pocos minutos de dolor el tatuaje quedó terminado, dejándole la piel ardiendo. No quiso ver y solo se tapó el brazo con el kimono negro.

—Por favor, invoca tu uniforme. —Pidió Homura.

Hinata dio un respiro de alivio. Por fin se desharía de esa cosa que tanto le irritaba. Hizo unos sellos y luego salió una explosión de vapor que al disiparse la dejó ver enfundada en su uniforme de ANBU, esta vez completo, con sus protectores de plata, la banda ninja en su cuello reluciente, sus botas altas, el chaleco reforzado en acero impenetrable y el ninjato; una espada corta que se enfundaba tras su espalda.

Koharu se levantó y su ayudante le puso en manos lo que parecía ser una tela negra y una máscara. Al recibirla la anciana bajó hasta la estudiante.

—Te hago entrega de tu capa y de tu máscara ANBU. —Le extendió aquello y Hinata se sorprendió por la máscara. No era un lobo. Esa máscara ya la había visto antes en antiguas clases de Sociales en la academia ninja. Iruka les había dado libros de texto y en la lección de "Desertores de Konoha" estaba la imagen de un ninja renegado. No se le veía la cara, solo la máscara que tenía y era de ANBU, se trataba de un gato con un triangulo rojo invertido al inicio de la frente. Decía en la descripción de la ilustración que se trataba de Uchiha Itachi.

Hinata levantó la mirada con rapidez hacia Koharu, quien no le dio explicaciones y solo regresó a su lugar.

¿Qué clase de broma era esta?

¿Le daban el nombre de Lobo y una máscara de gato? Una máscara igual a la de un ninja desertor.

"Me queda claro que no le agrado en lo absoluto", pensó ella poniéndose la máscara y la capa, "La pregunta es, ¿por qué?".

—Felicidades, eres un ANBU ahora. —Mencionó Naruto sonriente cuando se puso de pie —. Es tu responsabilidad velar por los intereses de la nación del fuego, cuidar Konoha con tu vida, apoyar a tus camaradas y no dejarte vencer por nada. Los ANBU siempre llevan cierto grado de oscuridad dentro de sí mismos, es tu responsabilidad conservarte con tu esencia, ser tu misma después de terminar una misión porque además de ninjas también somos personas. Sonreímos, lloramos, nos preocupamos, tenemos miedo, angustia, emociones. Cuida de ti misma y cuida a Konoha, por favor.

—Así lo haré, lord Hokage. —Con sumo respeto (y esta vez real) dio una reverencia pegando su frente contra el suelo en señal de respeto máximo. Se puso en pie y con posición de firmes —. Cuidaré de Konoha, de mis amigos, de mis compañeros, de mi familia y de mí.

Los presentes se miraron entre sí esperando el toque final.

—Un escalón al que no es fácil llegar. —Agregó Koharu levantándose para irse —Por favor ten cuidado, todos se caen de las escaleras alguna vez. Vayan a sus casas, la ceremonia terminó. —Dio su anuncio y salió de ahí acompañada de Homura y el Hokage.

Hanabi se levantó enseguida corriendo hacia su hermana.

—Felicidades, lo lograste. Eres un ANBU. Estoy muy orgullosa de ti, hermana. —Se lanzó hacia Hinata abrazándola cándidamente.

—Lo hago por usted, Hanabi-sama. Para servirle mejor —La separó de sí y se acercó a su rostro —, quiero protegerte lo más que pueda.

—Lo haces bien, tranquila. Ahora tenemos qué celebrar este acontecimiento, ¿bien? Y como no estás de servicio tienes prohibido usar esa fea máscara. En la noche habrá una cena especial e invité a algunos de nuestros amigos.

—Hanabi-sama…

—Nada, no le reclames a tu ama, ¿de acuerdo? —Le sonrió dulcemente —. Hashimoto, Hisae, regresemos a casa.

—Como ordene, Hanabi-sama. —Hisae le colocó un abrigo grueso y una gorra mientras que Hashi le ponía unas botas de piel sintética para el frío. Hinata observó aquello con un extraño sentimiento de calidez en su pecho, esas personas de verdad querían a su hermana.

—Felicidades, gato. —La voz de su maestro la sobresaltó por un momento y volteó a verlo.

—Bueno, no soy un gato precisamente, ¿verdad?

—Lobo, gato, perro, cerdo. Es lo mismo para mí. Yo te bauticé como Neko y así te quedarás. No pierdas tu identidad por un protocolo.

—Si lo escuchara Koharu-sama ya nos hubiera colgado del monumento Hokage.

Ibiki elevó una comisura de sus labios en una sonrisa sarcástica y asintió, caminando hacia una de las puertas de salida. Kakashi venía ahora hacia ella y Hinata no sabía como escapar de él sin ser grosera, además Hanabi continuaba poniéndose su ropa de frío y platicando animadamente con sus sirvientes sobre la pequeña fiesta de la noche que no se daba cuenta de la tensión que había en el recinto provocada por Kakashi y su hermana.

—Yo… sé que en estos momentos no estamos en buenos términos —declaró rascándose la cabeza por detrás y con la mano libre metida en el bolsillo del pantalón —, pero te quería decir: Felicidades.

—Gracias —Asintió —, por tu entrenamiento, gracias.

—Sí bueno, no hemos entrenado nada en este último mes, ¿verdad? He estado ocupado, por eso le he pedido a Ibiki que supla mis días.

—Sí, lo entiendo. —Volvió a asentir y miraba por un lado, incapaz de observar a Kakashi y él parecía hacer lo mismo. Había una condenada rigidez emocional entre ellos que no los dejaba ni mirarse —. Uhm, Hanabi-sama va hacer una cena para celebrar mi… rango ANBU. Si quieres, es decir, si puedes ir estás invitado. —No se le ocurría qué más decir y lo único que rondaba por su cabeza era esa indeseada fiesta y de alguna manera se le salió invitarlo cuando en realidad no quería verlo ahí ni por error.

—Sí, lo sé, Hanabi-sama me mandó invitación hace unos días, una vez que confirmaron que sí te ibas a graduar.

—Oh, ya estás invitado. —Se sorprendió.

—Sí, la cosa aquí es saber si tú quieres que yo asista.

Por dentro de la máscara Hinata se mordió el labio, nerviosa.

—Sí.

Kakashi dio un asentimiento.

—Bien. Supongo entonces que nos vemos en la noche.

—Seguro.

—¿Hermana, nos vamos? —Hanabi ya estaba en la puerta con sus sirvientes.

—Sí. Nos vemos. —Volteó con Kakashi y luego corrió hacia su ama, yéndose de ahí.

.

.

.


Hanabi se había retrasado un poco en lo que iba al baño dentro de la torre Hokage. Les pidió a sus sirvientes que la esperaran al final del pasillo mientras que esperaban a que Hinata e Ibiki hicieran algo de papeleo regular sobre el reciente nivel ANBU. La joven de largo cabello castaño estaba lavándose las manos frente al espejo largo que tenía tres lavamanos. Escuchó que la puerta del baño se abría y por ella entró Koharu, quien la vio a través del espejo.

—Sé que la fecha de muerte de Hayato no es la correcta. Él murió antes. Yo releí los informes médicos de Sakura Haruno.

Hanabi sintió que una serpiente helada subía por su espalda y se le enrollaba en el cuello. Volteó su cara hacia atrás para mirar a Koharu por el rabillo del ojo.

—¿Qué es lo que quiere, señora?

—Tú tienes un arma de alto poder. Tienes un corazón roto que se enfrió. Una kunoichi excepcional.

—Lo diré de nuevo, ¿qué es lo que quiere?

—Quiero a Hinata. Quiero los servicios de Okami.

—Es la sombra del clan Hyuga.

—Es una ANBU al servicio de Konoha. Sí, tiene la inmunidad que quería para protegerte, pero también se encadenó a Konoha.

Hanabi dio media vuelta para ponerse frente a la anciana.

—Quiero saber qué tiene en contra de mi clan y quiero saberlo ahora. —respondió con diplomacia aunque por dentro quisiera estrangular a la vieja. Una de las reglas al ser líder de un clan es que se tenía a un grupo de personas viéndote como ejemplo y no podía darse el lujo de ganarse al consejo como enemigo, al menos no con comportamientos inapropiados.

—¿Qué yo tengo algo contra ustedes? —Se rio, se burló.

—¿No es así? —inquirió con una voz amable, haciendo ojos de buena.

—No. —respondió enojada —. ¿Especulas que sí?

—No. —dijo sonriendo sarcástica, retirándose.

—No hemos terminado de hablar.

—Le pido que me disculpe, Koharu-sama, pero tengo una reunión importante con mi clan, después podemos hacer una reunión "formal" —resaltó la palabra — para hablar de los temas que le interesen.

—Una reunión formal implicaría al Hokage, Homura y yo. Y siento que sería una desventaja que seamos tantas personas que sepan lo de Hayato. Que lo conservaron muerto por tantos días.

—Por Kami-sama, a mí me gustan las cosas formales —Se fingió ofendida poniendo una mano sobre su pecho —. Y la verdadera desventaja sería precisamente hablar a solas con usted.

—Hinata es peligrosa.

Hanabi empequeñeció los ojos, y elevó una ceja.

—No se preocupe, Koharu-sama. Mi hermana es mi responsabilidad, yo me ocuparé. Con su permiso.

—Tu liderazgo dista mucho de ser impecable. —Hanabi se detuvo sin voltearla a ver —. ¿Líder tu? ¿Ocuparte de tu clan? Si es lo que menos has hecho desde que tomaste el puesto como cabeza del clan Hyuga. Sublevación de la segunda rama, asesinato entre miembros por rebelión, cárcel por lo mínimo a quince miembros varones jóvenes, homicidio de dos personas importantes del bouke, muertos ocultos por días, tu sombra del clan desatada asesinando, faltándole al respeto al Hokage y desobedeciendo sus órdenes, y sabe dios si se habrá metido con sus maestros, mientras la líder del clan solo cierra los ojos y toma té. Sí, me queda claro que eres la peor líder de un clan después de Fugaku Uchiha, y sabes qué pasó con los Uchiha, Fugaku los llevó a la extinción, lo mismo que tú haces con el clan Hyuga. Hirohito Hyuga debió ser el líder desde un principio, alguien maduro y con familia. —Hanabi no volteaba así que Koharu le dio la vuelta para ponerse frente a ella y la encontró con los ojos vidriosos a punto de estallar en lágrimas —. Solo lo echaste a perder, niña tonta. Eso de traer de vuelta a la sombra del clan Hyuga era un error. Se lo dije a Hiashi y se lo repetí a Hayato, pero los dos siempre fueron reacios a que alguien de la segunda rama obtuviera el liderazgo. Querían a toda costa y a cualquier precio que sus herederas gobernaran el clan, y para que una fuera líder y la otra no quedara en el bouke prefirieron volverla una kage.

Las lágrimas resbalaron por el rostro redondo de Hanabi y frunció el ceño aun así pero no de furia, estaba confundida.

—Ellos solo querían protegernos. —Defendió.

—Me das ternura, Hanabi, en serio. No saben nada de su familia. Hiashi era un dictador igual que Hayato, eran fascistas.

—¡Ya escuché suficiente! —gritó harta y caminó con paso veloz hacia la salida del pasillo. Por ahí venían entrando Hashimoto y Hisae que enseguida corrieron hacia su ama para ver qué le sucedía, pero Hanabi en un arrebato de furia los aventó para que la dejaran en paz, dando pasos furicos. Los sirvientes no por ello la dejaron sola. Fueron tras ella. Hashimoto volteó hacia atrás mientras iba hacia Hanabi, su cabello color miel ondeó al aire, sus ojos lilas afilados observaron a Koharu con una frialdad hermética que a la vieja le recordó la misma mirada del fallecido Neji. Esos ojos solo tenían un mensaje.

"Ten cuidado".

.

.

.


Hinata se miró al espejo bastante incómoda. Usaba un pantalón negro de tela que le ajustaba bien, unos botines negros de tacón de goma y grueso, una blusa blanca bastante simple de manga larga y el cabello suelto. Tenía puesta la máscara que le entregaron. Hanabi fue clara, no la quería con la máscara en la fiesta. Hinata apenas en ese momento se dio cuenta de lo dependiente que se había vuelto de aquel artefacto que ocultaba su rostro. El solo hecho de ir por ahí con la cara descubierta le disgustaba demasiado, se sentía expuesta, frágil. Se quitó la máscara y se observó. Sus pómulos seguían resaltados y rosas, sus cejas depiladas y largas, sus ojos blancos con una leve nota de lila, sus labios gruesos; más el inferior, lucían una cicatriz casi antes de llegar a la comisura izquierda, aquella marca rojiza atravesaba ambos labios y bajaba un centímetro para la barbilla. Un descuido que tuvo en un entrenamiento con Ibiki.

Escuchó las risas de alguien llegando. Puso atención y conoció la voz de Kiba y un ladrido de Akamaru. Fue a la puerta de su habitación y la descorrió un poco, asomándose, a lo lejos, casi como a veinte puertas estaba el equipo 8 saludando a Hanabi quien muy sonriente les indicó que pasaran al recinto. Nadie notó que los espiaba hasta que de repente se vio atrapada por la mirada seria de Shino. El chico volteó descubriéndola, la observó un par de segundos y luego siguió a sus compañeros. Hinata entró rápido, cerrando la puerta. Poco después escuchó las voces de Shikamaru, Ino, Chouji, llegando alegres con Naruto y Sai.

Lanzó un gemido de fastidio y se acostó en el tatami, cobijándose con la manta. Realmente no quería salir. No quería ver a nadie. Solo quería estar tranquila. Pasar otro día normal. Pero no, su hermana estaba necia a que Hinata socializara.

Se puso la máscara de gato y salió. Era hora de enfrentar los hechos.

—¿A dónde vas? —Una voz conocida la asaltó en la penumbra. La peliazul volteó. Era Kakashi y en sus manos portaba lo que parecía un obsequio.

—Voy a la fiesta.

—¿Qué la fiesta no es adentro? —Señaló con obviedad —. No quieres estar ahí, ¿cierto?

—No deberías ser tan bueno conmigo.

—¿Y por qué no? —preguntó interesado.

—Tengo qué irme.

—¿Vas a dejar a tu hermana sola?

—Casi todos los 11 de Konoha están con ella ahora, y también Hashimoto y Hisae. Está en el lugar más seguro. No tardaré.

—¿Regresaras para la fiesta?

Hinata siguió caminando, sin responderle. Tomó impulso y saltó la barda de la mansión, alejándose. Estaba caminando por unos callejones oscuros cuando de pronto escuchó que unos gatos peleaban en una esquina. Volteó para atrás y rápidamente lanzó un kunai. El gato grande y de color gris se fue corriendo, pero el gatillo negro se quedó ahí, mirándola.

—Eclipse —Observó a su gatita —. Me seguiste. Ven, solo no hagas ruido. —Le hizo un ademán con la cabeza de que la siguiera y la pequeña bola negra corrió hacia su dueña. Caminaron cerca de veinte minutos con pasos tranquilos, yendo por pasadizos y calles escondidas, huyendo de las personas y la luz hasta llegar por detrás de una casa de alto bastante bien arreglada, poseía grandes árboles frutales y sakuras —. Es aquí.

No era un secreto que los miembros del concejo de Konoha poseían grandes mansiones. Era de conocimiento general donde es que vivían. A Hinata le interesó conocer la vivienda de Utatane Koharu. Aquél día no pudo evitarlo cuando la anciana le entregó el nombre de Lobo y la máscara de Gato. Se había ganado el oscuro interés de Hinata. Se había ganado la curiosidad del gato.

Solo había una luz encendida en toda la casa y era de la planta alta. Hinata se quedó viéndola con ojos hipnotizados y luego agregó:

—Ayúdame.

Eclipse pareció entenderlo porque saltó por encima de la cerca e hizo un destrozo provocando que los guardias pusieran atención en la traviesa gatita. Neko ocultó su chakra lo más que pudo y de un salto subió por un nogal frondoso siendo ocultada por las ramas gruesas y torcidas. Subió hasta colocarse en el balcón y se escondió abajo para que no la vieran. Para su suerte la puerta de vidrio estaba abierta y por ahí pudo ver a Koharu en bata recién bañada. La anciana se estaba viendo al espejo poniéndose un montón de cremas de colores.

—Ay, qué día. Cuanto trabajo —Se quejaba mientras se embadurnaba sus merjunjes —. De verdad espero que no seas un Itachi, de verdad lo espero. Desgraciado Orochimaru. Debimos matarlo en cuanto tuvimos oportunidad. Perdonado, simplemente perdonado. ¿Cómo es posible? En tiempos de Tobirama eso no hubiera sucedido. Perdonar a criminales de guerra. Ah, pero no me ganaron en cuanto al castigo de Karin, eso no, nadie le gana a Utatane Koharu. No señor, no, no. —Terminó sus cremas y luego se sentó en la cama mullida y con edredones amarillos. En la mesita de noche había una crema más y comenzó a untarla en sus pies arrugados y llenos de hongos. Parecería desagradable pero Hinata no hizo alguna cara de asco, sino que permaneció estoica.

—Ya sal de ahí, niña, no soy estúpida.

La chica gato se sorprendió totalmente ante aquello. ¿Cómo rayos se había dado cuenta? Tal vez era una prueba, Hinata se quedó en su lugar sin moverse.

—Sí, te hablo a ti, Hyuga. No creas que puedes invadir mis territorios sin que me de cuenta. Entra y dime qué es lo que quieres.

La joven se irguió y sin pena entró a la habitación de la anciana, dejándose ver.

—Quiero saber por qué soy Lobo si debí ser Gato.

—¿Querías ser ANBU a toda costa y ahora te molesta un simple nombre?

—Si es algo personal quisiera saberlo, señora. —Habló con sumo respeto.

—No, no. No es algo personal. Solo es miedo de lo que te puedas convertir.

—¿Teme que me vuelva un Uchiha Itachi? Yo ni siquiera estaría jamás al nivel de él.

Koharu la observó fijamente, como queriendo ver a través de ella.

—No eres la primera sombra del Clan Hyuga. —exclamó, volviendo a poner crema en sus pies decrépitos.

—¿Qué dice? —Se quedó confundida ante aquello, acercándose a la anciana.

—No eres la primera sombra del Clan Hyuga. Supongo que la maldición de los gemelos Hyuga nunca te fue contada. Tu abuelo; Hayato, tuvo su gemelo. Eran tiempos más hostiles y pelearon a muerte por el liderazgo del clan Hyuga. Hiashi y Hizashi también tienen su historia, Neji murió sacrificándose por ti. Una pena porque él no tenía un gemelo. Aun así la maldición lo alcanzó. Dicen que cuando un clan tiene gemelos éstos traen calamidades, por eso era bueno deshacerse de uno.

—¿Qué? ¿El hermano del abuelo murió en pelea?

—No fue por un ataque al corazón, cariño. Eso fue lo que se dijo a los aldeanos para no crear controversia. Siempre ha sido así. Pero la verdad es que los clanes puros como el Hyuga eran duros y estrictos.

—¿Quién fue la primer sombra del clan?

—Tu madre Hatsune… ella…

—¡¿Ella fue?! —Aquello logró desconcertarla totalmente, sacándola de su estado tranquilo. Hatsune, su propia madre.

—Hatsune era débil y mimada —continuó Koharu ignorando la sorpresa de Hinata —, como Hanabi. Hatani nació sin ojos blancos para el clan. Fue imperdonable cuidar de una niña sin ojos Hyuga y fue entrenada para ser la protectora de Hatsune, la obligaron a usar una máscara para ocultar su vergüenza. Fue conocida como el gato rojo, ¿sabes por qué? Sus ojos eran rojos.

—¿Hatani?

—La gemela de tu madre.

—¿Tengo una… tía? —Frunció el ceño y abrió la boca totalmente sorprendida.

—Traicionó a su familia. Se volvió loca. No pudo soportar el hecho de que Hatsune tenía todo en sus manos, un futuro, un byakugan, un esposo de renombre, ser la esposa del líder pero sobretodo no soportaba que mientras Hatsune sonreía mostrando su rostro al mundo, Hatani tenía que ocultarlo, siempre relegada a ser la sombra de su hermana. Ella quiso asesinar a Hatsune, fue detenida a tiempo y encarcelada.

—¿Ella sigue viva?

—En su encierro lamentablemente sufrió al conocer a Orochimaru. Le prometió ayudarle a despertar el byakugan y lo logró. No sé cómo. Pudo escapar de la cárcel pero se puso a los servicios de Konoha. Sandaime como un benévolo con sus hijos le dio una oportunidad. Fue… no, te he dicho demasiado.

—¿Qué fue de ella? ¡Dígame, necesito saber qué fue de Hatani!

—No eres ella, Hinata.

La joven abrió grandes los ojos, sorprendida, sus orbes temblaban llorosos.

—Sé lo que sientes. Sé que no encuentras un camino. Eso es ser ninja a un nivel personal. Ser shinobi a veces te deja vacío y no sabes cómo llevarlo. Puedes preguntarle a Kakashi, él pudo superar esa crisis.

—¡Solo dígame si ella sigue viva! —Le exigió. ¿Cómo demonios era posible que le contara todo eso pero no el final de la historia?

—No. Murió enferma antes de la cuarta guerra.

Por un momento sintió que había una persona adulta, la gemela de su madre, su tía, alguien con quien sentirse protegida, que le pudiera contestar las dudas, las inquietudes, la primera sombra, alguien que entendía los decretos de un kage de la familia Hyuga, una familia… solo por un momento. Fue una esperanza tan fugaz como el encender un cerillo que rápido apaga su fuego.

—No está viva —repitió resignada —. Pude haberla conocido.

—Hatani no era una mujer muy estable. Era peligrosa.

"Peligrosa". Era la misma palabra con que Koharu siempre describía a Hinata, y la kunoichi lo notó.

—¿Usted teme que yo hiera a Hanabi? Por eso parece como si usted estuviera siempre en mi contra.

Koharu le dedicó una mirada sigilosa.

—Sí. —dijo con sencillez.

—Koharu-sama, la historia no se va a repetir. Hanabi y yo no somos gemelas, y por sobretodo amo a Hanabi. Amo a mi hermana, es el único lazo familiar que me queda. Por ella yo he cambiado todo de mí. Por ella yo… me transformé. Para convertirme en su sombra que siempre la protegerá.

—Cuando uno es viejo y ha visto tantas guerras y tragedias, te vuelves previsor en extremo. Estoy cansada de ver que los aldeanos y ninjas sufran. Soy miembro del concejo, conocí a todos los Hokages y a sus alumnos, he visto nacer y morir clanes. No me juzgues por proteger a mis habitantes a mi manera, que a veces aunque es radical también es efectiva y es la única manera que conozco. Hinata, no quiero que el clan Hyuga pase por lo mismo que el Uchiha. No quiero que otro clan con dojutsu perezca.

—Trataré de entenderla pero no por eso estoy de acuerdo.

—Cada quién piensa diferente.

—¿Dónde están los restos de Hatani-san?

—En los territorios de la fosa común. Lo siento. No quisieron su cadáver en el cementerio Hyuga.

Hinata asintió.

—Con su permiso, tengo qué irme. Perdón por espiarla, no lo volveré a hacer jamás. ¿Tengo que esperar represalias por esto?

—No, si no haces algo indebido.

—Defina indebido.

—Solo no lastimes a Hanabi.

—De acuerdo. —Dio una reverencia y saltó por el ventanal antes de que los guardias de Koharu entraran a la habitación para ver que todo estuviera bien.

La anciana se quedó viendo la noche a través de su balcón donde las cortinas ondeaban por el viento fresco. La luna ya estaba muy alta.

.

.

.


La comida se había servido y todos vieron sumamente anonadados aquel banquete digno del clan más adinerado de Konoha. La mesa larga y rectangular estaba llena de las comidas más exóticas y deliciosas que uno pudiera imaginar. Chouji, Naruto y Kiba ya estaban babeando, pero al ver que nadie tocaba la comida decidieron esperar para que las sirvientas terminaran de poner todo.

—No deberíamos empezar sin la razón de la fiesta. —Señaló Shikamaru a los tres compañeros que miraban atentos el bacalao y la pierna de cerdo adobada.

—No deberíamos. —Se lamentó Chouji con gran tristeza.

—Por supuesto que no, es una fiesta, adelante, pueden comer ya. —Indicó Hanabi con una sonrisa amable —. Seguro que mi hermana ya no tarda en venir… es decir, lo que haya tenido que hacer no creo que le demore más de una hora. —musitó lo último con voz enojada viendo el reloj de la pared y pensando en estrangular a Hinata.

Chouji comenzó a comer, primero tímido y ya luego de probar el primer bocado desató el verdadero Akimichi que llevaba dentro de él. Lo siguió Naruto y Kiba, luego Sai e Ino, y finalmente todos empezaron a degustar el gran banquete. Todos excepto Kakashi que se mantenía en su lugar al lado de Hanabi.

—No veo a Kurenai. —exclamó el peligris.

—Se le entregó invitación pero no dio respuesta. Me imagino que estará ocupada con alguna misión o cosas del clan Sarutobi…

La respuesta de Hanabi se vio interrumpida abruptamente cuando alguien abrió la puerta corrediza con gran estruendo, sobresaltando a los presentes. Se trataba de una enmascarada de gato y la pequeña Eclipse que entró directo a la comida.

—¡Hinata! —La reprendió Hanabi visiblemente molesta. Los invitados dejaron de comer al momento y voltearon hacia la recién llegada —. ¿Qué clase de horas son estas para llegar?

—Tenemos que hablar, Hanabi-sama. —contestó lo más firme que pudo, ignorando a los acompañantes de su hermana.

—Por supuesto, pero antes ven y siéntate… —dijo con severidad.

—Es de suma importancia tratar este asunto lo más rápido posible. —Entró al recinto y caminó rumbo al pasillo que daba hacia las habitaciones.

—¡Hinata, vuelva acá! ¡Hinata! —Hanabi se levantó molesta por el desaire hacia los amigos y le pidió a Hashimoto y Hisae que no la acompañasen. Con pasos furiosos se dirigió hacia la habitación de su hermana mayor.

—¿Puedo saber qué te pasa? —Quiso saber la líder del clan con actitud bastante ofendida y molesta —. Tus Amigos han estado esperándote por más de una hora, ¡más de una hora!

—Eso no es importante, descubrí algo…

Hanabi empequeñeció los ojos y abrió la boca sin saber qué decir ante tal atrevimiento.

—¿Qué tus amigos no son importantes? —Hinata no dijo nada, se quedó callada al ver el rostro pasmado de su hermana menor, la observó fijamente y con frialdad, fue como una mirada reprobatoria de Hyuga Hiashi —. ¿Quién eres?

Aquella pregunta caló hondo en la mente de Hinata. Fue como si de repente hubieran desconectado todo de su cerebro y lo hubieran dejado en blanco.

—¿Qué hiciste con mi hermana? —inquirió Hanabi.

Hinata sintió una muy molesta opresión en el pecho, un dolor angustiante. De repente quería saber quién era ella misma, pero no había tiempo. Hanabi, solo importaba Hanabi.

—Espié a Utatane Koharu. —exclamó de golpe.

Hanabi por un momento no reaccionó hasta que su mente procesó lo que escuchó.

—¡¿Qué?! —gritó encolerizada.

—El clan nos oculta cosas. Y a ella yo no le agrado, cree que se repetirá una historia del pasado.

—¡Explícame por qué decidiste hacer eso! —exigió, cerrando la puerta corrediza a pesar de que estaban a muchas habitaciones lejos del comedor principal.

—No confío en ella, ni ella en mí. Parece que siempre está vigilándonos, viendo que hagamos algo indebido. Sé que quiere acabar conmigo y quise saber por qué.

La líder dio un gran respiro para intentar tranquilizarse y se sentó en una silla cercana, llevándose las manos a las sienes, cerrando los ojos con fuerza. Se estaba poniendo roja de la cara y el cuello. Eso siempre le pasaba a Hiashi cuando se enfadaba demasiado. Hinata observó aquello y de repente sintió que debía ponerse nerviosa -como cuando su padre estaba a punto de castigarla- pero aquella reacción no vino a ella, como si ya no pudiera ser posible ponerse nerviosa por un regaño.

—¿Ella te vio? ¿Sus guardias se dieron cuenta? —Volvió a abrir los ojos no menos iracundos.

—Los guardias no, pero ella sí. De igual manera no hubo problema, ella dijo que no presentaría cargos.

—¡Y le creíste! —La juzgó con una sonrisa sarcástica, haciendo un ademán dramático con los brazos.

—Supongo que debo dudar de su promesa.

—¿Supones? —Enarcó una ceja, asintiendo varias veces —. Eres increíble —Se rio decepcionada, volteando hacia otro lado —. Kakashi, Ibiki, Hashimoto, Hisae y yo, incluso el abuelo y mi papá, todos, TODOS nos preocupamos por ti, para que estés a salvo o mínimo vuelvas a ser un poco la Hinata de antes y tú vas por ahí sin que te importe tu vida o tu reputación y te pones a espiar a los altos mandos de Konoha. Bravo, señorita, es usted tan inteligente. —Aplaudió unas veces y luego se levantó y de un manotazo tiró un jarrón al piso que se estrelló en cientos de pedazos. Hinata dio un sobresalto, pues no se esperaba que Hanabi fuera hacer eso —. Ahora por tu culpa voy a tener al concejo sobre mí y dudarán de mi liderazgo juzgándome inexperta y joven y no sé que tantas cosas más se van a inventar.

—¿Su liderazgo? No es culpa suya, Hanabi-sama…

—¡Eres mi responsabilidad! ¡Eres mi clan! ¡Eres mi hermana! Y aunque no me guste en lo absoluto, ¡eres MI guardiana, MI escolta, MI sombra, MI subordinada! —Se apuntó a sí misma con el dedo índice — ¿A quién creías que iban a culpar? —Completamente preocupada dio varias vueltas por la habitación, tratando de calmarse. Se quedaron sin hablar un par de minutos en los que Hanabi se volvió a sentar sin siquiera poder mirar a Hinata.

—No fui la primera sombra del clan. Hubo una antes que yo. Tuvimos una tía, Hanabi-sama. —Habló cuando la vio más tranquila —. Koharu-sama dice que está muerta, en la fosa común, pero no le creo. Ella se llama o se llamaba Hatani. Era… la gemela de nuestra madre. —Se detuvo un momento para ver la respuesta de Hanabi, pero la joven castaña se mantenía con la cabeza entre las manos sin voltearla a ver —. ¿Hanabi-sama? Estoy diciendo que probablemente tengamos una tía. Un familiar. Alguien que pueda apoyarnos.

Hanabi se irguió y por primera vez en mucho tiempo la miró a la cara.

— Hyuga Hatani está muerta.

—¿Qué? ¿La conoce? —dijo sorprendida.

—Aparece su historia en los pergaminos del clan. Los leí todos cuando estaba por ascender como líder.

—¿Toda su historia? ¿Absolutamente toda?

—Sí. Las gemelas, Hatsune y Hatani. Se reveló contra el clan, fue encarcelada y escapó. Murió para antes de la cuarta guerra ninja. Yo en su momento estuve igual que tú, pero… ya pasó. Nunca la conocimos. Ya está muerta. Solo somos nosotras dos así que deja el tema ya.

—¿Conociste su historia y no me dijiste nada? —Reclamó. Había pasado tanto tiempo desde que Hinata le habló de "tú" a su hermana menor. Pero nadie se dio cuenta de ese detalle, ni Hinata ni Hanabi.

—Nuestros amigos esperan en el comedor y como tu líder y ama te ordeno que te quites esa máscara y vayas a cenar con nosotros ahora. AH-O-RA. —ordenó con firmeza y se retiró de la habitación con pasos pesados.

Hinata soltó un suspiro de cansancio.

Estaba sumamente estresada. Demasiada información, Koharu, su tía muerta, Hanabi obligándola a quitarse la máscara para mostrarse frente a otros, tener que lidiar con tanta presión. Le enseñaron por más de un año que debía usar máscara de gato, estaba tan enraizada a no mostrar su rostro.

—Igual que Hatani-san.

.

.

.


Hanabi regresó al comedor con una sonrisa amable. Se sentó en su lugar con la delicadeza de una princesa mientras era observada por todos en busca de una explicación.

—Perdonen a mi hermana, ya saben, ser ANBU no es cosa fácil. Se volvió un poco preocupada, pero es todo. Ya no tarda en venir. Por favor sigamos con la cena. —Imperturbable, tomó los palillos y prosiguió con el sushi de salmón que se había servido en un platito de porcelana. Chouji y Sai continuaron comiendo con normalidad como se los indicó Hanabi. Naruto, Shikamaru e Ino medio comieron para que no se notara la tensión del lugar, pero Kakashi se le quedó viendo a la joven Hyuga.

El Hatake apenas iba a decir algo cuando unos pasos firmes pero suaves se escucharon en el corredor hasta que una joven mujer delgada abrió la puerta.

—Disculpen mi tardanza. —Mencionó con voz relajada y bajita, como si hablara más para sí misma. Se sentó a la cabeza de la mesa larga, el único lugar disponible por lo visto. A sus flancos estaban Hanabi y Shikamaru. Mantenía la mirada hacia el suelo sin detenerse a ver a alguien cuando notablemente todos los ahí presentes la contemplaban.

—Hacía tanto tiempo que no te veíamos, Hinata. —sonrió Ino desde su lugar —. Te ves diferente, estás más delgada y alta. Y te queda muy bien el cabello así de largo, creo que ya lo tienes más largo que yo.

—Sí, algún día de estos tendrá que trenzárselo. —añadió Hanabi al ver que su hermana ni siquiera se atrevía a mirar a la rubia.

—Tienes heridas. —dijo Kiba muy serio.

Sí, Hinata tenía heridas en la cara. Había una casi en la comisura de su labio, una pequeña cicatriz blanca arriba de su ceja y un hematoma ya casi invisible debajo del ojo, ya en tono amarillento. Pero lo más notorio era su cicatriz de la boca.

—De entrenamiento. —Finalmente habló, aunque no levantó la mirada. Con movimientos un poco forzados se sirvió algo de comida en un platito y comió lentamente.

—Felicidades por tu ascenso Hinata-chan —Naruto amablemente le mandó una sonrisa marca Uzumaki, como sus sonrisas de antaño —. No te lo pude decir tan abiertamente en la torre Hokage por eso del protocolo, pero estoy feliz de que alcances tus metas. Has trabajado muy duro.

—Gracias. —contestó muy bajito. No era pena ni timidez, era simplemente que se había alejado tanto de sus amigos y de sus propios sentimientos que se sentía incómoda ahora que los volvía a ver tan de frente y a todos en un mismo lugar.

—Estás muy callada y ese es mi trabajo. —alegó Shino y se levantó para abrir la puerta corrediza que dejaba ver parte del patio verde y el estanque que adornaban afuera. El frescor, el sonido del agua y el cantico de los grillos nocturnos hizo que la tensión se disipara un poco.

—Shino también es ANBU. —dijo Kiba.

—¿No deberíamos mantener ese tipo de cosas en secreto? —se preguntó Shikamaru.

—Vamos, alguna vez fuimos los 9 novatos de Konoha, somos amigos, podemos decirnos estas cosas. —sonrió la Yamanaka.

—9 novatos. —repitió Hinata sin saberlo y todos la observaron.

—Ya se fueron Sasuke y Sakura. —Recordó Naruto con un aire de nostalgia, pero era una nostalgia buena, solo alguien que recordaba a sus viejos amigos —. Y también así lo hizo Neji.

—Me pregunto quién será el siguiente.

—¡Hinata! —La reprendió Hanabi.

—Tiene razón —Se entrometió Sai —. Somos ninjas y podríamos morir en cualquier minuto, pero no por eso vamos a estar pensando en quién será el siguiente de forma constante, ¿verdad, Hinata-chan? —Hizo una de sus sonrisas de apariencia forzada. Hinata levantó la vista y lo contempló.

—Sí. —contestó y después miró a Shino —. Kurenai-sensei.

—No pudo venir. Muchas cosas qué hacer en el clan Sarutobi y con Mirai. Ya sabes.

—Felicidades por ser ANBU. —asintió en forma de felicitación. Shino imitó el gesto en señal de gracias. Ellos dos siempre habían logrado conectar más que todos debido a sus personalidades simples y calladas. A veces Kiba los regañaba porque podían hablar sin abrir la boca, entenderse —. Perdón por no hablar tanto. En realidad no sé qué cosas decir. —declaró con inexpresividad. A Naruto le recordó demasiado a Sasuke.

—Lee está de misión. —Comenzó a platicar Ino —. Por ahora Sai y yo estamos saliendo. TenTen sigue atendiendo su tienda de herramientas ninja. Chouji se está viendo con una chica de otra aldea.

—¡Oye! No digas mi vida privada. Pero sí, se llama Karui y está muy bonita. Me gusta más que la comida. —Se sonrojó, olvidándose de la carne unos momentos.

—Y eso ya es decir mucho. —añadió Shikamaru con una sonrisa.

De repente todos comenzaron a platicar de sus días recientes y de lo que había pasado. Contando anécdotas cotidianas o de misiones. Hinata los veía platicar a todos con aparente atención, aunque en realidad lo único que estaba pensando era la hora en que ya se acabara todo aquello para que pudiera ponerse su máscara de gato, tomar un vaso de leche e irse a dormir.

.

.

.


A la mañana siguiente Hanabi estaba tomando delicadamente su desayuno junto a Hashimoto y Hisae. Ellos habían vestido y peinado a su ama con un kimono rosa pastel que tenía detalles con flores de sakura y ramas, algunos pajarillos lejanos de color blanco, su larguísimo cabello estaba trenzado con unas peinetas doradas en un intrincado pero bello peinado oriental.

—Buenos días, Hanabi-sama, ¿puedo pasar? Le llegó una notificación con sello del concejo.

Hanabi lo miró inexpresiva y le dio el permiso de que pasara. Enseguida el criado le entregó el pergamino. Hashimoto le hizo el favor de romper el sello con un cuchillo. Leyó el mensaje para sí misma y luego arrugó el pergamino entre sus manos.

—¿Sucede algo malo? —se preocupó Hisae.

—Lo sabía. Están citando a Hinata por espionaje hacia el concejo. —Con un golpe estrelló el pergamino contra la mesa de madera, tratando de contener su enojo. Se llevó el pulgar hacia la boca, mordiéndose la uña, eso le ayudaba a mantenerse calmada y pensar —. No será nada fácil cabildear para sacarla de esta. Ni siquiera sé si puedo sacarla del problema. Demonios. —susurró lo último.

Siete ninjas de nivel jonin esperaban fuera de la mansión Hyuga, entre ellos se podían reconocer a Shiranui Genma y Namiashi Raido; dos shinobis excepcionales muy reconocidos en Konoha. Hinata ya estaba vestida en el recibidor, ajustándose la máscara de gato y la banda ninja en el cuello.

—Antes de que te vayas dime algo Hinata. Dime por qué razón espiaste a esa señora.

—Solo tenía curiosidad de por qué está detrás de nosotras todo el tiempo.

—Sabías que era peligroso y aun así lo hiciste.

—No lo hice con el fin de que me descubrieran si es lo que cree. —musitó seria y observó a Hashimoto y Hisae.

—La cuidaremos bien, no se preocupe, Neko-sama. —Hashimoto habló con voz decidida. Hinata realmente le creía a ese Hyuga de cabello color miel. Protegería a Hanabi bajo cualquier circunstancia y lo había probado muchas veces.

—La protegeremos, además su amigo Shino ya viene para auxiliar con las guardias. Y el señor Inuzuka mandó un perro con el mensaje de que él también iba a apoyar. —añadió Hisae.

—Pues que apoyen en la torre Hokage porque yo voy con Hinata.

—Hanabi-sama, no…

—No Hinata, a mí no me digas que "no" porque YO doy las órdenes. Hashimoto, Hisae, vámonos.

—Como ordene. —dijeron al mismo tiempo.

.

.

.


La oficina del Hokage estaba llena de papeles, Naruto rebuscaba entre los miles de pergaminos y diarios. De pronto su puerta se vio interrumpida ante el llamado insistente de alguien.

—¡Adelante! —gritó enojado. Por la puerta entraron Kakashi y Shikamaru, el primero visiblemente estresado.

—¿De verdad hizo eso? ¿No es un invento de Koharu-sama? —Kakashi caminó rápido hacia su alumno rubio en busca de la verdad.

—Los llamé en calidad de urgente. Y no, no es un invento de Koharu, fue interrogada con un jutsu de lectura de mente y se confirmó. Hinata pisó terreno minado y todo explotó. Intento ver alguna ley que la proteja o que aminorase el castigo pero no encuentro nada, ¡nada! Y no puedo sacar a Hinata porque reforzaron todas las salidas de la aldea.

—¿Cuál es el castigo por espionaje a altos mandos? —inquirió Shikamaru, rogando que no le dijeran la respuesta que ya sabía desde hace años. Alguna vez su padre se lo contó, pero ya había pasado mucho y tal vez las reglas habían cambiado.

—Pena de muerte. —respondieron Kakashi y Naruto al mismo tiempo.

—Sí, claro, por supuesto. Me encanta la suerte de los Hyugas. —Shikamaru puso los ojos en blanco.

—Se han preguntado alguna vez por qué Koharu tiene tan vigilados los movimientos de los Hyuga, porque yo sí. Y estoy pensando en investigar eso.

—Investígalo, Kakashi-sensei. Shikamaru y yo prepararemos la defensa de Hinata. El juicio inicia en menos de una hora.

—¡Hai! —Enseguida Kakashi desapareció tras una nube de vapor, dejando a los chicos solos entre miles de pergaminos llenos de leyes y castigos.

.

.

.


Debía ser media noche si consideraba la oscuridad con que se encontraba su celda y la frialdad del suelo, o tal vez aquellos túneles siempre eran así de oscuros. No había luz. No había ninguna rendija por donde se colara el sol. Estaba en lo hondo de la cárcel de la aldea, en lo más profundo y ruin. Olía a excremento de rata y a óxido. La muchacha recién llegada se encontraba recargada contra la pared, de pie, observando los barrotes gruesos que la "apresaban". Tenía un custodio, era Namiashi Raido, un gran jonin que era reconocido como uno de los ninjas más duros. Tenía una cicatriz bastante fea en el rostro severo, le recordaba un poco al capitán Morino, por las cicatrices y la mirada fría.

Estaba calmada. Hanabi le había dicho que no se preocupara, que junto al Hokage estaban preparando una defensa para ella, que saldría todo bien del juicio. Antes de entrar al territorio de celdas para criminales de mayor rango, le dio una última mirada a Hanabi y a Kakashi. Por primera vez había visto una mirada preocupada del Hatake.

—Pero tú tomas tus decisiones… ¿a que sí? —Una voz habló a su lado. Estaba recostada en la cama, descansando boca arriba, sosteniendo su mentón contra sus brazos porque sobre la almohada tenía un libro abierto sobre anatomía. Por eso Hinata estaba de pie en la celda. Los ojos lilas no voltearon a verla, se mantuvieron fijos al frente. Las demás celdas cercanas estaban vacías.

—¿En qué va terminar todo esto? —inquirió Hinata.

—Solo termina de una forma.

—Y por más que lo intente siempre vamos a ese resultado.

—Porque es nuestro destino.

—La decadencia de un clan.

—Como el Uchiha.

—El exterminio de los kekkei genkai.

—Sí.

—Me quiere a mí, ¿no Sakura? Koharu. Me quiere a mí. Desde que me convirtieron en Kage del clan Hyuga. Fue ella la que provocó la rebelión. Quería que me mataran cuando asesiné a Hirohito y su hija, y me culpó por el suicidio de Ko. Me dio la máscara de gato y el nombre de Lobo para molestarme y que me interesara en ella, para confirmarme que sí, que me quiere a mí.

—Pero el punto aquí es descubrir por qué te quiere a ti.

—Algo me dice que lo sé, pero antes tengo qué confirmar una cosa.

Namiashi Raido se asomó en la celda, aluzándola con una linterna.

—¿Estás bien? Estás hablando sola. —dijo el ninja observándola cuidadosamente. Hinata caminó rumbo a la celda y sacó las manos, tomando los barrotes por fuera, observando a su guardia.

—¿Puedo ver a Kakashi?

.

.

.


Hanabi se quedó petrificada en su asiento. No pudo moverse ni un milímetro, ni su cuerpo, ni sus ojos, ni su alma.

La defensa de Hinata fue inútil y patética cuando miembros criminales de la rebelión Hyuga fueron llamados a testificar sobre la violencia con que Hinata Hyuga operaba en el clan. Varios miembros activos del clan, la mayoría señoras, declararon la tensión que vivían en los territorios Hyuga de manera cotidiana, con miedo de que algún día la Sombra del clan los asesinara, que no se sentían cómodos en la mansión con aquella que ellos debían llamar Neko-sama, que para ellos había sido la culpable de tres muertes de la familia secundaria y que nunca jamás escucharon que se le castigara por ello, que sí que entendían que fueron asesinados por conspirar contra Hanabi-sama, pero que tenían derecho a un juicio y que Neko no era nadie para tomar justicia por su propia mano.

—Yo… no sabía que ellos le tenían miedo a Hinata. —No pudo soportarlo más y de sus ojos comenzaron a llover lágrimas sin detenerse. Hashimoto la miró impotente, enojado de no poder ser de ayuda mientras Hisae se mantenía callada al lado de su líder.

Todos los presentes del juicio comenzaron a salir después de escuchar la sentencia, solo se quedó Naruto, Shikamaru, Kakashi, Hanabi y sus sirvientes. De repente Hanabi volteó hacia atrás, buscando a alguien con la mirada.

—¿Dónde está Ibiki-san? No lo he visto en varios días.

Era cierto. Ibiki no había aparecido por ahí desde que las cosas se empezaron a pudrir. Como siempre. Igual que cuando lo del envenenamiento de Hanabi, pensó Kakashi.

—¿Kakashi-sensei, donde vas? —gritó Hanabi al verlo irse de inmediato.

No. Definitivamente no la dejaría morir. La raptaba o a ver qué pero algo tenía qué hacer. Caminaba por los pasillos largos del edificio cuando de repente una puerta al lado se abrió y una mano lo estiró dentro de un pequeño cuarto de trapeadores. Estaba oscuro y había una figura alta a escasos centímetros de él.

—¡¿Ibiki?! —se asustó Kakashi al tenerlo tan pegado —. ¿Vas a besarme o qué? —Se quejó, alejándose lo más posible. El Morino se le quedó viendo fijamente como si no tuviera dudas.

.

.

.


Dos hombres en la oscuridad caminaban juntos entre el cerrado bosque, no llevaban nada de cargamento pues no era precisamente una misión legal lo que estaban haciendo. Debido a su experiencia como shinobis fue fácil burlar la seguridad de las puertas y de paso traer un polizón con ellos.

—Pudiste haberme dicho antes y no encerrarme en el puto cuarto de los trapeadores. —Vociferó Kakashi bastante fastidiado —. De verdad me diste un susto de muerte.

—¿Qué pasó en el cuarto de los trapeadores? —preguntó Karin interesada.

—Repíteme por qué la trajiste. —Pidió Ibiki, de alguna forma esa chica lo ponía de muy mal humor.

—Es un ninja sensor y nos dirá donde encontrar a Orochimaru. —Repitió Kakashi poniendo los ojos en blanco.

—Me refiero a que tiene prohibido salir de Konoha por ser un criminal de guerra.

—Lo repito: Es un ninja sensor y nos dirá donde encontrar a Orochimaru.

—¿Me van a decir de una vez qué le van a preguntar a Orochimaru-sama? —dijo Karin.

—No. —respondieron ambos shinobis al mismo tiempo.

—Hay que darnos prisa si queremos llegar antes de la ejecución. —Los tres ninjas canalizaron chakra a sus pies, se concentraron en saltar hacia unas ramas gruesas de árboles ahora que estaban en una vegetación más apta y corrieron tan rápido como sus piernas les permitían. Era una carrera contra el tiempo y si querían tener algo con qué defender a Hyuga Hinata tenían que ser más que veloces.

El camino que debió ser de dos horas lo recorrieron en una, y eso porque Kakashi tuvo que cargar a Karin para no aminorar el ritmo. La bajó en el suelo para que ella se pudiera concentrar y luego marcó un punto al norte.

—A cinco kilómetros, es mejor que lleguemos por suelo si queremos llegar con vida al laboratorio. —les indicó la pelirroja.

Los primeros dos kilómetros corrieron lo más rápido que pudieron, pero después de ello tuvieron qué caminar para poder llegar en son de paz hacia la guarida del sannin. Tan pronto se acercaron a la montaña, un aura tensa y bífida los recibió.

—Huele a serpiente podrida. —arguyó Ibiki con repugnancia.

—Recuerden el trato. No lastimar a Orochimaru-sama. —Les recordó Karin mirándolos de reojo, cuidadosa.

Había una puerta de madera que apenas iban a tocar cuando ésta se abrió por sí sola. Entraron y los recibió un pasillo oscuro con paredes de tierra. Anduvieron hasta el fondo donde una nueva puerta se abrió, dejándolos pasar a un laboratorio blanco de primera clase, con luz artificial y piso de loza blanca reluciente. Un caballero de largo cabello estaba dándoles la espalda mientras frente a una mesa alta y negra estaba mezclando algunos líquidos de colores de unos vasos de precipitado.

—Sabía que eras tú, Karin, pero no que traerías compañía. —Habló con voz fina y elegante, luego se volvió para darles la cara. Se hallaron con una criatura refinada de apariencia muy joven y saludable, blanca como la leche pura y de sonrisa tranquila.

—Lo siento, Orochimaru-sama. No quería importunarlo pero ellos me prometieron sacarme de Konoha si les decía su ubicación, y por supuesto no les diría su paradero sin antes comprobar que no le harían daño alguno. —respondió la chica de gafas, ajustándolas.

—¿Qué puedo hacer por los ninjas de Konoha? —Elevó una mano hacia Karin y ésta la tomó, pasándose al lado del sannin —. Después de todo que me hayan traído a Karin no debe ser algo que hagan por caridad.

—No, no lo hacemos por amables, por supuesto. —dijo Kakashi, el primero en hablar —. Iremos al punto porque no tenemos mucho tiempo. Dinos todo lo que sepas de Hyuga Hatani.

La sonrisa de Orochimaru se deshizo enseguida, detalle que fue notado por Kakashi e Ibiki, pero luego de unos segundos la sonrisa renació grande y divertida.

—¿Qué quieren saber de ella?

—Dónde está o cómo murió. Y si ella o los Hyuga tienen algo que ver con el concejo de Konoha.

—Hatani me gustaba mucho como persona, pero era una incomprendida. Pudo haber sido una gran aliada, una de las enemigas más directas de Konoha pero supieron manejarla. Y sí, tiene que ver con el concejo. Tiene que ver en específico con esa vieja desagradable de Koharu.

Así que era cierto.

—Dinos todo. —Le exigió Ibiki con una expresión impasible. Realmente no le agradaba estar tan cerca de Orochimaru. Siempre le pareció un ser inhumano en el cuerpo de un humano.

—Muy bien. Prepárense para una de las historias que mas me gusta recordar. —Orochimaru se puso cómodo en una silla giratoria, cruzando una pierna, mirando a los recién llegados con suma diversión —. Ustedes saben que Konoha no es una aldea santa. Cometió muchos errores y pagaron por ello. Como los Uchiha y el peligro del golpe de estado, como la manera en que trataron a los Uzumaki y a Naruto-kun que bien pudo haberse aliado con Akatsuki ante el desprecio de los aldeanos, el cómo manejaron ANBU raíz por Shimura Danzou. Konoha está llena de oscuridad… y hace muchos años esa oscuridad llegó al clan Hyuga mediante una niña que se llamaba Hatani; la gemela de Hatsune Hyuga la difunta esposa de Hyuga Hiashi. Esa niña nació sin byakugan y fue tratada como una peste por su clan. Fue condenada a tapar su rostro por siempre. Con el paso del tiempo ella no lo resistió más y atacó a su hermana, por ello fue desterrada del clan, aunque bueno, para ellos fue la excusa perfecta para quitar a la oveja negra de la familia. Cuando cometió ese pequeño error tuvo la "suerte" —enfatizó esa palabra con un ademán y una sonrisa enorme y demente —de tener un compañero de celda que la entendió. De vez en cuando me encerraban por mis experimentos, pero esa vez que escapé ella vino conmigo y yo… le ofrecí un obsequio.

—Le diste el byakugan, ¿no es así? Y luego ella se puso al servicio de Konoha. —intervino Ibiki tratando de agilizar la conversación.

Orochimaru estalló en carcajadas.

—¿Eso dice la versión honorable de Konoha? —se burló el sannin.

—Eso dice la versión de los Hyuga. —exclamó Kakashi.

—Sí bueno, se puso al servicio de Konoha después de algunos años, sí. Pero pasó un tiempo bajo mi tutela. Después intentaron quitármela, fueron Koharu y Danzou. Hatani era una chica especial. Sin su clan que la respaldara y con un reporte del Hokage que la evidenció como desertora de la aldea, Hyuga Hatani dejó de existir… como tal. Nadie lo sabe pero… esos dos imbéciles me dejaron experimentar con ella, yo… necesitaba un sujeto de pruebas para un jutsu especial que iba implementar en mí, además querían que encontrara una manera de trasplantar un kekkei genkai como el byakugan en otra persona. Eso fue el obsequio para Hatani. Su tan esperado Byakugan.

—Entiendo, Koharu y Danzo te autorizaron para experimentar con un Hyuga.

—Sí. Ahora díganme, ¿por qué quieren saber tantas cosas de esa chica? —Orochimaru estaba curioso de ver a dos jonin intentando desenterrar el pasado.

Ibiki y Kakashi intercambiaron miradas significativas. Ibiki le dijo que no con la mirada pero Kakashi se volteó y decidió abrir la boca.

—Estamos defendiendo a una chica de las acusaciones de Utatane Koharu.

—Ah, ya entiendo. Van a sacar el pasado de Koharu, eso es jugar sucio, pero inteligente también. ¿Quién es la chica? ¿Una Hyuga, eh? —Se levantó sin esperar alguna respuesta de los ninjas y fue hasta un librero enorme que había en una esquina del laboratorio. Había una sección de libros viejos y fue hasta ella. Pasó sus dedos por encima de las pastas desgastadas hasta dar con un libro en especial y lo sacó, regresando con los ninjas quienes lo veían atentos —. Si quieren jugar sucio con Koharu necesitan este diario. Contiene los experimentos que se hicieron en Hatani y vienen firmas autorizadas de Koharu y Danzo.

Kakashi tomó el diario sin atreverse a abrirlo.

—Lean una parte para que puedan entender la magnitud de lo que fue Hatani… y de lo que es.

Nuevamente el Morino y el Hatake leyeron por encima del diario algunas páginas hasta que el mismo Orochimaru fue hasta ellos y con desesperación les dejó el diario abierto casi al final para que leyeran lo más importante. Kakashi siguió leyendo rápido hasta que llegó a cierta parte… frunció el ceño con extrañeza, entreabrió la boca, abrió al máximo sus ojos y se alejó del diario, dejándoselo a Ibiki que todavía no terminaba.

—Vamos, Hatake Kakashi, haz tu pregunta. —exclamó Orochimaru con una risita divertida y con un deje macabro.

.

.

.


Un viento fresco hizo mecer su largo cabello color berenjena, entre negro y azulado. Por alguna extraña razón ella percibía la sensación de sus pies descalzos contra el suelo como muy conocida. Neko se había ido a dormir desde que la encarcelaron y no volvió a hacer acto de presencia, Hinata estaba cómoda con ello, Neko siempre causaba problemas porque no le importaba nada. Podía con esto ella sola sin necesidad de máscaras o de nadie. Si Koharu la quería tal vez lo mejor sería que la obtuviera, con eso el concejo dejaría en paz al clan Hyuga. Hanabi había ganado guardianes confiables como Hashimoto, Hisae, Ibiki y Kakashi, además los miembros del clan se sentirían más seguros sin Neko merodeando por entre los pasillos.

"Había otra salida…", pensó. La había. Asesinar a Hirohito y Hiroyuki, presionar tanto a Ko y a Sakura, tal vez todo eso se pudo evitar si hubiera tomado otro camino. Un sendero menos oscuro. Pero ya era tarde, las decisiones estaban tomadas.

—Camina. —La empujó un ANBU y debido a su ensimismamiento Hinata se tropezó con sus propios pies hasta que cayó al suelo. Hacía frío. Era invierno aun, aunque estaba por salir aquella estación. Le habían quitado su uniforme y su banda ninja, dejándole solo una bata blanca algo holgada, las mangas eran largas y aquél ropaje le llegaba antes de las rodillas. Se levantó del piso de manera tranquila y siguió caminando por los pasillos con los guardias tras su espalda. Pronto llegó a una sala en concreto donde estaba el concejo de Konoha, el Hokage y miembros del equipo de Investigación y tortura.

Sentaron a Hinata en el centro del recinto, en una silla de madera mientras un ANBU leía los cargos imputados por los que se había ganado su castigo.

—Traición a Konoha, traición al clan Hyuga, traición a Hyuga Hanabi-sama, insubordinación hacia el Hokage, el concejo de ancianos y a su líder del clan, homicidio de los ciudadanos Hyuga Hirohito, Hyuga Hiroyuki, persuasión kunoichi para el suicidio de Hyuga Ko, primera sospechosa sobre la muerte de Hyuga Hayato, ocultamiento de cadáver del señor Hyuga Hayato…

Hinata miró a los presentes uno a uno. Encontrándose con un par de ojos azules que le miraban con pena y preocupación, aquél que le rompió el corazón. Se quedó observándolo, recordando el día en que frente a toda la aldea (incluyéndola a ella) Naruto y Sakura anunciaron su matrimonio en la ceremonia de Hokage, cuando se le partió el corazón en dos. Ese dolor le dio la fuerza para cambiar, para transmutar en un gato negro.

—Gracias. —dijo sin hablar, solo moviendo los labios, asintiendo suavemente mientras el ANBU seguía leyendo los cargos. Naruto se quedó sorprendido y estupefacto cuando entendió lo que Hinata le había dicho.

La Hyuga siguió mirando hasta llegar a Koharu quien mantenía la mirada en otro lado, evitando a Hinata. La anciana tenía una ligera capa de sudor frío bastante visible. Se notaba un poco impaciente y se abanicaba aun entendiendo que estaban con un clima bastante helado. No dejó de observar el rostro de la vieja, se quedaría mirándola hasta que ésta se dignara a regresarle la mirada, hasta que se atreviera a enfrentarse a Hinata, mientras a lo lejos se escuchaban los sollozos que Hanabi tanto se empeñaba en reprimir pero que de repente era incapaz de dejarlos libres.

Podría escapar, pudo haberse convertido en un gato y dejar un clon en la celda, escapar y proteger a Hanabi entre las sombras, pero tarde o temprano se habrían dado cuenta, las verdades siempre salían a relucir en Konoha tarde o temprano. Además si eso pasaba solo incriminarían a Hanabi, de alguna manera la meterían a ella también para acabar con ambas hermanas y Hinata no quería eso. Si moría el gato, dejarían en paz a la princesa. Y Hinata era el gato y Hanabi la princesa.

"Ciertamente estoy cansada de pelear por tanto", dijo en su mente. El camino del ninja es difícil.

—Insubordinación a las leyes de Konoha, desacato a las ordenes de Konoha, recolección de información de la villa sin orden ni supervisión de algún líder, invasión de la privacidad y espionaje de un importante miembro del concejo de ancianos de Konoha, sospechosa de posible deserción de Konoha, sospechosa de actuar contra la nación —Un poco cansado de tanto hablar el guardia hizo silencio por medio minuto y luego se aclaró la garganta —. ¿La sentenciada tiene últimas palabras qué decir?

—Sí. —respondió Hinata inexpresiva, viéndolos a todos —. Hanabi, te amaré desde la muerte y cuidaré de ti desde el cielo o el infierno, te cuidaré donde sea que esté. —dijo con firmeza, mirando el rostro lloroso pero fuerte de Hanabi —. Cuídate a ti misma, es lo único que te pediré. Hokage-sama, esta oscuridad es mía y de nadie más, nadie la causó más que yo, y… por favor cuide a Hanabi. —Aguantándose las lágrimas y apretando los labios Naruto asintió severamente —. Y Koharu —Se dirigió a ella en tono impersonal y sin algún sufijo de respeto, sorprendiendo a todos los presentes de que sus últimas palabras fueran precisamente para aquella que la condenó, su mirada ahora no era fría o inexpresiva, era oscura —, ya me voy y dejaré este mundo, dejaré de ser la Kage del Clan Hyuga como querías, no podrás vigilarme más pero yo te veré a través de mis ojos muertos y voy a conocer la verdad, porque sé que me odias —La anciana dio un respingo de susto al escuchar lo último, ni siquiera lo ponía en duda, lo afirmaba —. Ahora no tienes ningún motivo para seguir vigilando al clan Hyuga, así que no te metas con ellos nunca más porque si no vendré desde la muerte para… callarte de una vez.

—¡Qué grosera, agreguen a sus cargos el ser insolente con la autoridad…!

—Y espero que te pudras en la tumba de Hyuga Hatani.

Koharu se calló tan solo escuchar ese nombre, abriendo los ojos enardecida.

— Y soy un gato, no un lobo, por siempre yo soy Neko. Y no están aquí pero por favor transmitan mi agradecimiento a Ibiki-taicho por su entrenamiento y protección de mi hermana… y a Hatake Kakashi, a él le doy las gracias por intentar salvarme incluso de mí misma, incluso cuando yo no era Hinata. Y… por favor… díganle que… —Una lágrima resbaló por su mejilla, una sola lágrima. Hinata se mostró extrañada al comprobarse a sí misma llorando — que… que lo siento… y que lo… quiero. Esas son mis últimas palabras. —susurró lo último ya casi en silencio.

Giró su cabeza y observó que Hanabi la veía atenta al último repique de su voz.

Sintió un piquete horrible sobre su cuello y se dejó hacer por el ANBU médico que se aproximó a ella. Una inyección letal. Esos habían sido Naruto y Hanabi, cuando menos habían logrado que su muerte fuera tranquila.

Solo fue esa lágrima. Solo una. No podía permitirse más. Se quedó viendo a Hanabi porque quería que fuera lo último que sus ojos vieran. Comenzó a sentir sueño y dejó que su espalda se relajara contra la silla, decayendo un poco, su cabeza se ladeó a la izquierda.

—¡No, Naruto haz algo, no! —Comenzó a gritar Hanabi y corrió hacia el centro, pero Hashimoto y Hisae la detuvieron. El Hokage se levantó de su lugar y fue tras la castaña para estar con ella.

"Solo quiero ser libre", el llanto de Hanabi ya se oía lejano.

.

"¿Es por que no pudiste salvarlo, doctora?"

.

"—¿Y si yo también me voy? —Observó con atención aquella tumba e imaginó que decía su nombre, que decía "Neko". ¿Quién vendría a su entierro? ¿Habría alguien más además de Hanabi? Se había alejado de sus amigos, de su equipo. Kurenai y los chicos nunca más regresaron a buscarla a la mansión y realmente no los culpaba por ello".

.

"—¿Por qué no me dejas estar a tu lado? Yo nunca te he hecho daño.

Si te metes conmigo lo voy a arruinar con Ibiki-taicho. Y como pase eso yo… si Hanabi se queda sin mi protección y la de Ibiki-taicho… —Ni siquiera sabía qué decir, solo podía seguir llorando. Odiaba llorar. Los gatos no lloraban —. ¡Deja de verme así!

¿Así como?

¡Como si me quisieras!

Te quiero".

.

"—Déjenme decirles un anuncio personal. —agregaba Sakura un poco nerviosa pero no dejando de lado su gran sonrisa brillante —. Muy pronto Haruno Sakura … ¡se convertirá en la esposa del Hokage!

Los gritos emocionados de los ninjas y civiles no se hicieron esperar. Sabían que tarde o temprano ellos iban a terminar juntos.

Hinata entornó más los ojos hacia la pareja de jóvenes mientras todos aplaudían emocionados al escuchar el anuncio de Sakura. Ella se casaría con el Hokage muy pronto. La peliazul parpadeó una vez y sus ojos se abrieron a su máxima expresión, pareció quedar en shock por unos instantes, viendo aquello sin saber exactamente qué sentir… ¿Odio? ¿Rencor? ¿Resignación?"

.

"Deja ir tu mente", le recomendó Ibiki.

Hinata recordaba el dolor preciso en la costilla cuando Hanabi la golpeó con un juken. Su padre las hacía pelear entre ellas cuando eran unas niñas. Siempre haciéndolas fuertes a su muy particular manera. Por años vivió con tristeza, pensando que su padre no la quería, hasta que maduró y entendió los pensamientos de Hiashi.

De pronto abrió los ojos al sentir que su espalda se arqueaba por sí sola. Fue como un shock eléctrico que viajó por todo su cuerpo.

o

Vas a quemarte esos bellos ojos si sigues mirando el sol. —Le advirtió Kakashi llegando.

Probablemente no lo veré en mucho tiempo —respondió sin dejar de ver el astro amarillo.

¿Por qué? —inquirió con curiosidad colocándose al lado de ella.

Muy pronto voy a irme… y no volveré en unos años.

¿Era él o la voz de esa chica se escuchaba con un trasfondo triste y vació? Por alguna razón el tono de ella le hizo recordar sus días de tragedias, cuando todos le abandonaron y se quedó solo. Si lo pensaba bien, ella también estaba sola ¿no? Naruto y Sakura habían anunciado su matrimonio, Hiashi había muerto y Hanabi había sido nombrada líder del clan.

¿A dónde vas? Si se puede saber… —cuestionó el peliplateado.

A mi mansión.

Eso no es irte para no volver en unos años. —rio ligeramente por la ocurrencia de ella.

Sayonara, Kakashi-sensei. —Sonrió de medio lado, bastante mal sinceramente, pues lucía una sonrisa forzada. Caminó unos tres pasos y antes de que Kakashi pudiera preguntarle sobre su comportamiento, Hinata desapareció en un remolino de hojas verdes.

o

Dio un parpadeo largo y lento. No podía evitarlo. Sus ojos se estaban cerrando sin que ella lo quisiera. Hanabi, Hanabi debía ser lo último que viera. Todavía tuvo fuerzas para sonreír de medio lado, un tanto débil, pero una sonrisa al fin de cuentas, y fue para Hanabi. Estaba recordando su examen chunin cuando peleaba contra Neji. Contra su niisan. Y Kurenai-sensei había saltado para defenderla, igual que Gai-sensei para detener a su primo, y Hayate Gekko… y también Kakashi.

Su cuerpo cayó lánguido sobre el brazo de la silla. Hubo un grito intenso en el recinto que dejó a todos con un desgastante malestar. Hanabi estaba destrozada en el suelo.

El ANBU se acercó a la joven inerte para comprobar sus signos al tocarle el cuello.

—Está muerta. —Confirmó con voz fuerte.

—Trasladen su cuerpo al anfiteatro para que la preparen. —Ordenó Homura Mitokado al ver que ni el Hokage ni Koharu daban la orden.

.

.

.


El rápido correr de unas sandalias ninjas se escuchó con estridencia por los pasillos anchos e interminables. Aquel alboroto llamó la atención de un par de guardias que transitaban por ahí e intentaron detener al incauto, pero aquél ninja relampagueante los esquivó brillantemente sin alguna dificultad y continuó su carrera hacia un salón donde iban a ejecutar la última sentencia de un pobre y tonto gato.

—¡Deténgase en nombre de Konoha! —gritaron los guardias tras él.

Pero cuando Kakashi abrió las puertas de par en par con una patada y entró sin poder detenerse hasta la mitad del lugar, casi patinó un poco y paró en seco juntando chakra en sus pies para ello. Se había detenido a justos centímetros de una silla que tenía sobre sí a una joven dormida. Reconoció el llanto de Hanabi hacia un lado y entonces cayó en la cuenta de que la muchacha inerte de la silla era Hinata.

—No… —Susurró abriendo al máximo los ojos, involuntariamente sus dedos de las manos temblaron.

—Kakashi-sensei. —Naruto había caminado hasta él. Sus ojos estaban llorosos.

Koharu estaba por salir del recinto cuando un kunai se estrelló contra la puerta corrediza, parando en seco el abandono de la señora y sus guardias, quienes de inmediato se posicionaron alrededor de ella para resguardarla.

—¿Qué crees que haces, Kakashi idiota? —Koharu enarcó una ceja viéndolo.

—El juicio no ha terminado.

—Ya terminó. No tiene caso de todas maneras. —Con la cabeza hizo un ademán hacia la chica que estaba a un lado de Kakashi.

Él no volteó a verla, era demasiado para soportar y necesitaba hacer esto, era justo, por Hinata, tenía que mantenerse cuerdo y claro por Hinata. Si veía su cuerpo una vez más no podría continuar, así que a pesar de que su cuerpo estaba a su lado, él evitó mirarla.

—Hokage-sama, tengo pruebas que inculpan a Utatane Koharu en una conspiración contra Hyuga Hanabi y más específicamente contra Hyuga Hinata; la que era Kage del Clan Hyuga.

—¡Se cerró el caso! —Enfatizó la anciana —. Hokage-sama dígaselo a Kakashi, dígale y demuestre su autoridad como Hokage.

—Tsk… —Naruto apretaba con sumo esfuerzo los dientes haciendolos rechinar y cerraba los ojos, no, era el Hokage y no iba a llorar, podía tener los ojos cristalinos pero no iba a derramar una sola lágrima. Él debía ser fuerte. Él quien cuidaba la aldea y sus ciudadanos —. ¡EL CASO SE REABRE, DATTEBAYO! —gritó enojado.

Los presentes pasaban sus ojos de Koharu hacia el Hokage y viceversa, pero si el Hokage ya lo había dicho entonces los demás no tenían voz ni voto. Empezaron a regresar a sus lugares y Koharu con alto de reticencia volvió a su lugar, al lado de Homura. Naruto dejó a Hanabi con Hashimoto y caminó furioso hacia donde estaba Kakashi.

—Llegaste tarde. —Vociferó entre dientes con la voz angustiosa.

—La ejecución no era a esta hora. —Llegó Ibiki defendiendo, posicionándose junto a ellos.

—Se adelantó, no pude hacer nada. Homura es honorable pero él también creía que Hinata era una criminal. No pude hacer nada con dos votos a favor y uno en contra. Intenté pararlos pero hay testigos aquí demasiado importantes. Incluso está el señor feudal del País del Fuego porque no es cosa de todos los días que ejecuten un Hyuga.

—¿Vinieron como si fuera una atracción? ¿Los dejaste pasar? —Gruñó Kakashi por lo bajo, sujetando el brazo de Naruto.

—¿Qué carajos podía hacer? Si se los negaba lo tomarían como ofensa, Koharu los invitó para que yo no pudiera hacer nada.

—Protocolos, Naruto. ¿Qué te dije hace años? Les repetí esa maldita frase por años y la olvidaste justo hoy.

—Lo sé, lo sé, un ninja es peor que escoria cuando abandona a sus amigos pero… —Un fuerte dolor comenzó a invadir la cabeza del rubio, cerró los ojos con fuerza sujetándose la sien.

—Kakashi guarda la calma, todavía tenemos trabajo qué hacer aquí. Hay que terminar lo que empezamos. Si Hinata cae, Koharu va caer con ella. Lo prometimos. —dijo Ibiki.

El ninja soltó a su alumno y asintió una vez.

Sí, todavía tenían trabajo qué hacer.

La muerte de Hinata no los iba a parar. La muerte de Hinata solo era el comienzo.

Observó de reojo el cuerpo lánguido sobre la silla.

Solo era el comienzo.


Neta me estresa este fic. Tiene una trama tan seria que siento que estoy escribiendo la tesis profesional. Y después de esto sé que querrán matarme pero tranquilas (oye tranquila, ¡guarda ese bate!) voy a actualizar pronto, esta vez no me voy a tardar.

Ahora sí, sobre el capítulo: En sí la historia terminaba en el capítulo anterior "Luz" con un final cerrado (en cuanto a trama) y a la vez abierto (en cuanto al romance que tanto les gusta), pero la verdad decidí alargarlo porque aun faltaban varios puntos que podía explicar con más detenimiento e incluso aplazar ciertos acontecimientos para ver un poco más a Hinata en escena, sin embargo no puedo evitar caminar hacia el final de la historia, pues en menos de cinco capítulos (o puede que menos) esta aventura ya habrá concluido. Sobre Sakura, tenía mucho planeando sacarla así como "la conciencia de Hinata", e incluso pensé que en su lugar estuviera Ko, pero no sé, me gustó más Sakura. En esta ocasión no vemos casi a Ibiki y esto es porque tengo qué empezar a encaminar el fic hacia el final y centrarme en los principales que son Kakashi y Hinata (y noooo, no estoy hablando de su relación romántica porque esto no es un shojo, jaja). Disculpen si el contenido del capítulo no está ordenado cronológicamente pero ya saben que de repente me gusta jugar con los tiempos. Llevaba 35 hojas de Word en este capítulo y no quería que quedara tan largo ni con tanta información a procesar, por eso decidí dividirlo en dos partes. Obviamente el siguiente capítulo lleva por título Oscuridad II.

Y bueno siempre les comparto mi playlist que en este caso fue Broken wings de Tomoko Tane, Hidan theme, Sweet tears del ost de Kuroshitsuji, Blue de Cowboy Bebop y Karinui del anime de Jigoku Shoujo.

Gracias por los reviews, bellas personas, me refiero a:

Konata811

hakuno asamiya: Hola, muchas gracias por tu comentario y por leer. Me alegra mucho que el fic te encante. Gracias por seguir aquí, besillos.

Amy-chan: Hola, por supuesto que estoy de acuerdo contigo en que la primera vez debe ser por amor y que por lo tanto debió pasar con Kakashi, pero esta vez no pasó aquí en la historia. Qué bueno que el capítulo a pesar de todo te agradó. ¡Muchas gracias por seguir el fic!

Hinata Uchiha.H

Angel Maria 15

Valerie Hyuga Senju

Mimi Tachikawa08

LeoriHNB

Pia Deli

Lorelai: Hola, muchas gracias, qué bueno que te guste tanto el fic. Gracias por estar aquí.

KattytoNebel

Funimis

También muchas gracias por sus follows y favs tanto de fic como de autor, ¡arigato! A los que dejan review sin cuenta les invito amablemente a que hagan una ya que me es más fácil responder reviews por MP porque de esa manera puedo escribirles más cosas. También si tienen alguna duda o corrección del fic pueden hacerla mediante un review o MP, siempre y cuando sea con respeto. Otra cosa, yo acepto de verdad que soy distraída a morir así que si no contesté algún comentario pueden decírmelo para responderlo a la brevedad, y una disculpa.

Martes 12 Febrero 2019


Nos leemos luego, si tú quieres.