Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto.

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Ella y su oscuridad

XIII. Oscuridad II


Hisae tomó el cesto de los girasoles secos y enormes, empezando por deshojarlos para quitarles las semillas que fue colocando en un plato grande. Hanabi la contemplaba con pacifismo, una mirada seria y algo vacía, con las piernas cruzadas y la cabeza recostada sobre sus brazos contra la mesa. Su largo cabello no estaba arreglado con sus peinados orientales vistosos y complicados como antes, no había querido que Hisae la peinara después del juicio de su hermana mayor. Ahora mantenía su largo cabello café suelto, con un mechón sobre la cara.

—También haré manzanitas cubiertas de caramelo y mangos asados, ah, y las castañas que le regaló el señor feudal cuando vino. Las voy a cocer y puedo hacer dulces con los malvaviscos. Les puedo poner fresas, si quiere. —Le ofrecía Hisae con voz tranquila y maternal, llevaba hablándole así todo el día pero en ninguna de esas ocasiones Hanabi contestó aunque fuera un poco. Estaba ida del mundo, cansada.

Hashimoto se estaba haciendo responsable de los deberes cotidianos como aprobar las misiones de los Hyugas activos que eran ninjas, organizar las reuniones diplomáticas que se tenían con otras aldeas, asistir a los informes semanales de los clanes ante el Hokage y demás diligencias formales. Se le veía poco por la mansión debido al trabajo, teniendo que dejar a Hisae como encargada de lo que Hanabi necesitara.

—Hanabi-sama, con su permiso —Una sirvienta se asomó por la puerta abierta sin atreverse a entrar —. La busca Ibiki-san.

—Dile que salí. —dijo con voz aburrida, sin verla, acostando la cabeza sobre la mesa.

—Yo no te veo afuera. —Una voz grave y fuerte se escuchó tras la jovencita.

—Ibiki-san, por favor espere a mi ama en el recibidor. —Se escandalizó la sirvienta al ver que el hombre entraba sin más.

—Déjalo, Hizu, siempre hace lo que quiere. —Se quejó la castaña y de pronto el hombre la levantó de un salto tomándola de un brazo —. ¡¿Qué rayos te pasa?!

—Vamos a hablar. —Sin su voluntad Ibiki la arrastró dentro hacia otro cuarto. Hisae tiró lo que estaba haciendo y corrió detrás de Ibiki. El hombre soltó a la muchacha levantando las manos en señal de ser inocente y Hisae volteó hacia su dueña.

Hanabi frunció el ceño tanto como lo hacía en un pasado y enojada le dijo a Hisae que se retirara. La mujer grande no quería, pero tampoco podía desobedecer así que cedió.

—No tengo tiempo, Ibiki-san. ¿Qué quiere?

—¿No tienes tiempo? —Empequeñeció los ojos con total incredulidad —. Si mandas al pobre de Hashimoto para que te represente en todos los eventos. Te la pasas todo el día deambulando por tu mansión…

—Sí, bueno, fui diezmada, ¿recuerda? Mi mamá, Neji, mi padre, mi abuelo, mi hermana. No es ni un poco fácil de sobrellevar.

—El clan Hyuga se está cayendo, es lo único de lo que se habla en la aldea.

—Es solo otro clan que perece. —Se sentó en una silla cercana, mirando la imagen de la ventana. Se podía alcanzar a ver el estanque de ranas y nenúfares donde en tiempos mejores pasaba los atardeceres platicando con su hermana e Ibiki. Pero esos días ya eran lejanos. Tanto que dolían incluso.

—No es solo otro clan. Es el único clan con dojutsu. Y no puedes permitir que muera.

—Es solo un clan, Ibiki-san. —Puso los ojos en blanco.

—A tu hermana no le gustaría…

—¡Mi hermana está muerta! —gritó molesta —. Igual que madre, igual que padre, que Neji, que el abuelo, que el tío Hizashi. Todo aquél que se sacrifica por el clan, que se desvive por los Hyuga, ¡se muere! Este clan está maldito, ¿cree que no lo sé? Lo dicen por todas partes. Que estamos malditos. Que somos los nuevos Uchiha. Que tarde o temprano todos vamos a desaparecer. —Se levantó rápido y pateó una mesa que sostenía unas velas y varios portarretratos, tirando todo al suelo. Hanabi era impulsiva, fue por eso que se le dio el puesto de líder, porque no temía tomar decisiones, pero justo ahora su brújula y el escudo que la protegería de sus decisiones como líder, no estaba. No estaba el escudo. No estaba la brújula.

—¿Entonces qué? ¿Qué todo el esfuerzo de Hinata se vaya al carajo?

—¡Sí, que se vaya! —gritó, pero su voz se oyó quebrada, volteando hacia la ventana para que Ibiki no le viera las lágrimas —. ¡Y que todos se vayan al carajo, incluso usted y este clan! ¡Todos! ¡Incluso yo!

Ibiki se quedó callado, tomando asiento en un taburete de la esquina.

—Yo debí desde un principio cancelar todo esto de la sombra del clan Hyuga. Cuando padre y el abuelo murieron yo debí actuar, yo la líder, yo Hanabi. Pero lo dejé pasar, dejé que todo esto pasara.

—Las cosas que ocurrieron solo pudieron ser de esta manera. Los "y si hubiera" son mierda. No hay atajos, nada puede cambiar los hechos. Ni siquiera regresar al pasado. Solo existe lo inevitable.

—Este clan no me quiere, ni tampoco quiso a mi hermana. Nunca quiso a mi familia, ¡Mire lo que nos hicieron!

—¡Ay, pobre niña depresiva! —gritó Ibiki ya sin poder contenerse, explotando, Hanabi se quedó boquiabierta ante la rebelación de Ibiki —, pobrecita, no la quiere su clan y toda su familia está muerta y putrefacta a tres metros bajo tierra, ¡por supuesto que veo lo que les ha hecho el clan! Pero no es solo el clan, es la aldea, es el concejo, éste maldito régimen también me dejó sin familia, no te creas ni por un segundo que eres la única infeliz de Konoha, Hanabi. —espetó colérico, con las venas del rostro resaltadas y las cicatrices punzando —. Por Kami-sama, Hanabi, despierta de tu mundo trágico y mira bien tu alrededor. ¿No te quiere tu clan? —Se acercó hasta ella quedándose a milímetros de su rostro angélico, viéndola fijamente a los ojos —. PUES-HAZ-QUE-TE-QUIERAN. Eres la líder no por votación sino por DECRETO. Tienes detrás de ti a tus padres y a Hinata. ¿Quieres que el clan se muera igual que Hinata? ¿Es todo lo que pudiste hacer? ¡¿Quedarte a llorar?!

Para entonces Hanabi ya no lloraba. Estaba escuchando atentamente las palabras del capitán Morino. Sus lágrimas seguían puestas en sus mejillas enrojecidas pero ya no salían más.

—No voy a dejar que Koharu gane. —dijo casi en tono de berrinche, frunciendo el ceño y torciendo la boca.

—¿Qué quieres hacer?

—Lo que sea que decida, ¿usted estará conmigo?

—Lo haré. Por Hinata. Por ti.

Hanabi asintió.

—Bien —Se limpió las lágrimas con la manga de su kimono —, es hora de meternos en la política de Konoha.

—¿Y el clan?

—Yo tengo mis métodos, Ibiki-san. Mi padre me enseñó bien. —Sus ojos traslucidos se afilaron de un segundo a otro.

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Hace una semana.

—La ejecución no era a esta hora. —Llegó Ibiki defendiendo, posicionándose junto a ellos.

—Se adelantó, no pude hacer nada. Homura es honorable pero él también creía que Hinata era una criminal. No pude hacer nada con dos votos a favor y uno en contra. Intenté pararlos pero hay testigos aquí demasiado importantes. Incluso está el señor feudal del País del Fuego porque no es cosa de todos los días que ejecuten un Hyuga.

—¿Vinieron como si fuera una atracción? ¿Los dejaste pasar? —Gruñó Kakashi por lo bajo, sujetando el brazo de Naruto.

—¿Qué carajos podía hacer? Si se los negaba lo tomarían como ofensa, Koharu los invitó para que yo no pudiera hacer nada.

—Protocolos, Naruto. ¿Qué te dije hace años? Les repetí esa maldita frase por años y la olvidaste justo hoy.

—Lo sé, lo sé, un ninja es peor que escoria cuando abandona a sus amigos pero… —Un fuerte dolor comenzó a invadir la cabeza del rubio, cerró los ojos con fuerza sujetándose la sien.

—Kakashi guarda la calma, todavía tenemos trabajo qué hacer aquí. Hay que terminar lo que empezamos. Si Hinata cae, Koharu va caer con ella. Lo prometimos. —dijo Ibiki.

El ninja soltó a su alumno y asintió una vez.

Sí, todavía tenían trabajo qué hacer.

La muerte de Hinata no los iba a parar. La muerte de Hinata solo era el comienzo.

Observó de reojo el cuerpo lánguido sobre la silla.

Solo era el comienzo.

—El juicio va continuar una hora más. —Anunció Naruto a los presentes y Koharu le lanzó una mirada asesina.

—Hokage-sama, tengo que protestar. No hay nada más qué agregar, además el señor feudal tiene que irse, seguro tiene más compromisos. —abordó Koharu abanicándose continuamente como lo había estado haciendo desde que comenzó el juicio. Y era raro porque no hacía calor.

—¿Tienen algo realmente importante? —susurró Naruto.

—Tenemos bastante como para enterrarla viva. —respondió Ibiki. Naruto asintió y luego caminó hacia el señor feudal que simplemente miraba todo como si fuera una película.

—Por favor quédese, mis ninjas tienen algo importante qué decir. Si no vale la pena… le prometo que renuncio a mi cargo de Hokage. ¡Lo prometo! —Sus ojos azules no tenían la intención de fallar. Aquella determinación sorprendió al señor feudal y éste asintió a sus compatriotas y volvió a sentarse con cara de aburrimiento. Naruto les hizo un ademan a Kakashi e Ibiki de que continuaran y luego fue hasta su puesto en medio de Koharu y Homura.

—Esto es un error, Hokage-sama. —murmuró Koharu.

Naruto observó a su maestro, asintió con la cabeza. No lo iba a negar, estaba nervioso. Estaba dando entrada para que atentaran contra su propio concejo de ancianos, estaba dando permiso a que el señor feudal descubriera incongruencias en el propio mandato de Naruto, y encima se estaba jugando su sueño de ser Hokage, pero qué más daba. Hinata fue la menor de los 9 novatos, la pequeña, la niña que lo amó y que él solo le destrozó el corazón. ¿Y qué si el juicio se iba en picada? Al menos se despediría de su puesto sabiendo que había hecho algo bueno por el nombre de Hinata. Sus dedos estaban temblando, en su cabeza explotaba una terrible migraña que apenas lo dejaba concentrarse debido a todos los sucesos. Era tanto. La muerte de Sasuke, Sakura, Hinata.

—Mi nombre es Morino Ibiki. Capitán del cuerpo de Interrogación y Tortura de Konoha, Tokubetsu Jonin y maestro de la acusada; Hyuga Hinata.

—Mi nombre es Hatake Kakashi. Maestro de la acusada; Hyuga Hinata.

—Yo estuve en todas y cada una de las reuniones que mantuvo el concejo con el Hokage-sama. En ello se hablaba de la peligrosidad de tener a Hyuga Hinata cerca del clan Hyuga y su dirigente; Hanabi. Particularmente recuerdo siempre las mismas palabras de Koharu-sama respecto a mi alumna. "Es peligrosa, es peligrosa, es peligrosa".

—Realmente era peligrosa. —Intervino Koharu —. Recuerda que asesinó a miembros del clan Hyuga sin la oportunidad de un juicio digno.

—Silencio, Koharu-sama —Advirtió Naruto sin verla —. Es el turno de ellos.

La anciana resopló, teniendo qué callarse.

—No justifico las acciones de mi alumna, pero todos aquí sabemos que ser ninja no es una tarea fácil. Todos en algún momento tuvimos nuestros días oscuros. Hinata me confesó tener alucinaciones a veces —Kakashi volteó a ver a Ibiki, eso él no lo sabía —. Decía no sentirse Hinata. Que a veces no se reconocía frente al espejo. Que a ratos era Hinata y otras veces era una entidad conocida como "Neko". Siempre asocié eso con la posibilidad de que Hinata separara su mente para así darse valor y cumplir con sus objetivos. Pero no fue sino hasta hoy que entendí la razón de por qué Hinata separaba su mente. —Ibiki volteó hacia Kakashi dándole a entender que seguía él.

—Siempre fue notable para todos la manera tan fatalista con que Koharu se refería a Hinata. Siempre esperando lo peor de ella, hablando mal, predestinándola a ser una traidora hasta que finalmente Hinata se convirtió en la traidora que Koharu quería.

—Esas son calumnias. —gruñó la anciana.

—¡Es el turno de ellos! No lo repetiré de nuevo. —Naruto gritó frunciendo el ceño, esta vez viéndola a los ojos — Si los vuelve a interrumpir tendrá que abandonar la sala y no va a saber qué se dijo de usted, Koharu-sama.

—Todo esto me pareció muy premeditado. —Continuó Kakashi —. Como si la situación de Hinata hubiera sido planeada. Empezamos a pensar muy bien las cosas cuando Hanabi le dijo algo a Ibiki. Hinata efectivamente había espiado a Koharu en su residencia y había descubierto que la madre de Hinata y Hanabi en realidad tuvo una gemela…

Koharu apretó los puños y tuvo que morderse el labio inferior para no abrir la boca. Los miró a los dos con sumo odio. Odio rojo y puro.

—La gemela de Hatsune fue Hyuga Hatani; primer Sombra del clan Hyuga y ninja que nació sin Byakugan, y debido a las presiones del clan atacó a su propia hermana. De inmediato fue procesada a la cárcel donde se hizo compañera de Orochimaru.

Koharu comenzó a encajarse las uñas contra las palmas y a su alrededor se vio una pequeña explosión de chakra azul debido a la presión de su cuerpo. Pero no podía decir nada. Los presentes la veían con atención y sorpresa. Hanabi en su lugar se mantenía atenta y aprehensiva del desarrollo del juicio.

—La historia del clan termina cuando Hatani cumplió su pena y se dedicó fervientemente a la aldea hasta morir en la cuarta guerra ninja. Pero los documentos son completamente falsos. —Afirmó Kakashi. Hanabi frunció el ceño y entreabrió la boca. ¿Cómo que falsos?, eso es lo que se preguntaban todos —. Alguien alteró los registros de la aldea y del clan Hyuga. Hatani no cumplió su pena en la cárcel, ella fue usada como conejillo de indias para varios experimentos de Orochimaru en la misma cárcel, todos y cada uno de esos procedimientos fueron pedidos y autorizados por Utatane Koharu y Shimura Danzo.

El señor feudal elevó una ceja. Hanabi observó a Kakashi e Ibiki sin saber exactamente qué pensar o a donde se dirigían.

—En este diario de Orochimaru que me permito mostrar ante el jurado y el señor feudal contiene una explicación exacta de todos los experimentos a los que fue sometida Hyuga Hatani, con firmas originales de Koharu y Danzo. —Kakashi le pasó el diario principalmente al señor feudal, quien hojeó el diario con morbosidad —. Hatani obtuvo el byakugan mediante un trasplante ilegal y fue un sujeto de pruebas para un jutsu rejuvenecedor de Orochimaru.

—Orochimaru siempre fue conocido por querer seguir siendo joven para conocer todos los jutsus. —Agregó el señor feudal.

—Tiene razón, señor.

El señor feudal emitió un grito de impacto y abrió al máximo sus ojos, mirando el diario. Hanabi y Naruto lo veían con suma preocupación, ¿Qué? ¡¿qué diablos había en ese diario?! ¡¿Qué había sorprendido al señor del fuego?!

—¿Es esto posible? —Con cara de asustado el señor se dirigió a Kakashi.

—Es totalmente posible. —Sus ojos negros y llenos de tinieblas se dirigieron a Koharu. La anciana sin más de repente… derramó una lágrima. Los jurados y demás la observaron con sorpresa, ¿la gran implacable Utatane Koharu llorando?

"Kakashi tomó el diario sin atreverse a abrirlo.

Lean una parte para que puedan entender la magnitud de lo que fue Hatani… y de lo que es.

Nuevamente el Morino y el Hatake leyeron por encima del diario algunas páginas hasta que el mismo Orochimaru fue hasta ellos y con desesperación les dejó el diario abierto casi al final para que leyeran lo más importante. Kakashi siguió leyendo rápido hasta que llegó a cierta parte… frunció el ceño con extrañeza, entreabrió la boca, abrió al máximo sus ojos y se alejó del diario, dejándoselo a Ibiki que todavía no terminaba.

Vamos, Hatake Kakashi, haz tu pregunta. —exclamó Orochimaru con una risita divertida y con un deje macabro."

—Hyuga Hatani no murió en la guerra. —dijo Ibiki, tomando la palabra nuevamente — Hinata tenía otra consciencia llamada "Neko". ¿No lo ven? ¿No encuentran la similitud? Los registros Hyuga mencionan la primera sombra del clan Hyuga como Hatani, la segunda sombra del clan como Hinata. La manera en que Hinata fue cambiando su carácter.

—Hyuga Hatani no pereció en la cuarta guerra. Hyuga Hatani es Hyuga Hinata. —Kakashi miró feroz a Koharu, pero luego recordó a Hanabi y volteó con ella, le dirigió una mirada de disculpa pero tenía qué continuar.

—No entiendo. —dijo Naruto.

—Yo sí —El señor feudal se levantó de su asiento y se dirigió a los demás con el diario en mano —. Hyuga Hatani fue expuesta a un jutsu de rejuvenecimiento hasta dejarla convertida en un bebé.

—Un bebé que después fue bautizado como Hyuga Hinata y aceptado en el clan Hyuga porque ahora sí tenía un Byakugan. —dijo Ibiki —. Hinata es Hatani. Neko es en realidad Hatani. Las acciones ilegales de Hinata son de Hatani. Por eso el carácter dulce de Hinata cambió, porque Hatani comenzaba a despertar sus memorias.

—Incluso si reacomodas las letras de Hatani obtienes un nuevo nombre: Hinata. —Explicó Kakashi.

—¡Un segundo, un segundo, Kakashi! —Se levantó Homura —. ¿Cómo pueden comprobar que Hatani y Hinata son la misma persona?

—No dudo que un examen de ADN lo hará. Tienen registros de todos sus ninjas. Verifíquenlo cuando quieran, por supuesto, alguien confiable y no hombres de Koharu. —Volteó hacia el jurado, Hanabi tenía el rostro totalmente confundido —. Lo siento Hanabi. Hinata no es tu hermana, en realidad es tu tía.

—¿C-Como? Mi padre me lo hubiera dicho… mi abuelo…

—No tengo tampoco esas respuestas. —Volteó hacia el concejo y Naruto —. Por eso Koharu perseguía a Hinata todo el tiempo. Por eso decía que era peligrosa, sí, peligrosa para la misma Koharu. Por eso ante cualquier desperfecto de Hinata buscaba exiliarla o en este caso, matarla. Tenía miedo de que convertida en Kage del clan Hyuga, Hinata fuera recordando sus memorias como Hatani y la expusiera como una de las manos que autorizó la tortura, experimentación y pérdida de la identidad de una kunoichi de Konoha.

—Por eso la incriminaste en tu farsa de espionaje al concejo —Hanabi frunció el ceño y se levantó de su lugar, saltando la cera de madera hasta ponerse frente al concejo —, te vino bien que esa noche Hinata te espiara, fue perfecto, la acusaste de espionaje y alta traición a Konoha cuando la única traidora eres tú, anciana decrépita criminal. —La apuntó con el dedo y no pudo evitar derramar lágrimas, pero eran lágrimas de coraje y furia —. Hinata solo quería saber por qué le tenías tanto odio, por eso te espió. Y ahora todos lo sabemos, tu sucio secreto.

Koharu se limpió la única lágrima que había dejado libre y observó a Hanabi sin algún atisbo de arrepentimiento.

—Hice lo que tenía qué hacer por mi aldea.

—Suenas igual a Danzo. —Naruto se levantó, incapaz de estar un minuto más cerca de ella.

—Los Hyuga querían una heredera con Byakugan y es lo que les di.

—¡No, no trates de tejer tus telarañas con mi familia! ¡Se demostró lo mentirosa y ruin que puedes llegar a ser! ¡No te atrevas a manchar el nombre de mi abuelo o te rompo la cara y no me importa que esté el señor feudal! —Se abalanzó hacia la anciana con el Byakugan activado pero Hashimoto hizo un jutsu que lo trasladó al lado de Hanabi y de inmediato la sostuvo de los brazos para inmovilizarla.

—Señorita Hanabi —El señor feudal levantó la mano para hablar —, le prometo que Koharu tendrá su debido castigo y bajo mis ordenes queda detenida hasta nuevo aviso, quiero que se abra una nueva línea de investigación sobre Koharu y que también se incluya a Homura, quiero a los ninjas más inteligentes en el caso, Hokage-sama. Ese chico Nara, quiero que sea el jefe de la investigación.

—Así lo haremos, señor feudal. —Naruto asintió.

—Bien, yo creo que todos hemos sido presos de emociones muy fuertes por este día. El juicio va continuar hasta que el último rincón de oscuridad se esclarezca. Hokage, ordena a sus ninjas la detención de Koharu de inmediato. Manténgame informado del caso.

—Claro que sí, señor. ANBU's, ya escucharon. —Llamó a los ninjas de tunicas negras que estaban presentes y éstos rodearon a la anciana.

—¡Yo puedo caminar sola! —Se quitó de los agarres de ellos y comenzó a andar —. Buenos perros de Konoha, buenos perros. —Les dijo a Kakashi e Ibiki antes de irse, pasando por un lado de ellos. El Hatake apretó los puños con fuerza y prefirió no verla o estaba seguro de que dañaría la integridad de la nada indefensa anciana.

Como lo prometió Kakashi hace algunos instantes.

La muerte de Hinata solo era el comienzo.

Solo el comienzo de toda la oscuridad.

—Ibiki —susurró Kakashi hacia él —, lo cumplimos. Si Hinata cae, Koharu va caer con ella.

—Sí, lo prometimos. —Asintió. Pero no. No se sentía como una victoria.

Demasiado tarde.

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Kakashi se miró frente al espejo. Estaba listo. Camisa negra, pantalón negro, sandalias ninja negras, frente libre y sin el hitae ate que lo identificaba como shinobi de Konoha. Hoy temprano era el entierro de Hinata y se había levantado a buena hora para estar puntual. De hecho ni siquiera pudo dormir la noche anterior pensando y pensando en ella. La última vez que la vio.

Miau.

El pequeño maullido atrajo su atención. Kakashi se sentó en la cama ya hecha y la pequeña Eclipse caminó por sus piernas. Era tan linda y a la vez misteriosa, tan parecida a su… dueña. Cargó a la gatita y la puso frente a su cara.

—Hoy tengo qué decirle adiós a Hinata-chan. —Los enormes ojos negros de la gatita le miraron sin comprender y parecía que siempre preguntaban dónde estaba Hinata-sama. Kakashi apretó los labios lo más que pudo para afirmarse y mantener ese rostro vacío y sin emociones —. Sí, Eclipse, mami ya no podrá cuidarte. Lo haré yo, ¿bien? Tranquila que los perros no van a estar aquí. Solo tú.

Salió de su departamento y caminó lentamente, las manos en los bolsillos, la mirada al suelo. Como alguna vez estuvo cuando regresó de la misión en que Obito murió. Alrededor de las calles no parecía que estuvieran de luto. El centro de Konoha estaba apenas animándose con los vendedores sacando su mercancía, poniendo las frutas y verduras a muy buen precio, había tantos colores, pero Kakashi todo lo veía gris, había tantos sonidos, pero Kakashi no escuchaba nada.

Solo el cielo parecía notarlo. Esa mañana un cúmulo de nubes aparcó sobre Konoha, dejándola en un día grisáceo y con aparentes ganas de llover a pesar de que el pronóstico semanal dictaminó que estaría soleado. Para cuando Kakashi llegó al cementerio observó que varias personas ya habían llegados, entre ellos pudo vislumbrar a Hanabi por supuesto, y a Hisae y Hashimoto siempre fieles al lado de ella, también estaba Ibiki y… el equipo 8, Kiba, Shino y Kurenai. Tan solo acercarse un poco más se dio cuenta de que Kurenai lloraba sin poder soportarlo, sin poder guardar la compostura que debía como kunoichi. Hanabi estaba con un rostro inexpresivo, al igual que los Hyuga presentes y Shino. Kiba y Naruto estaban juntos, el primero bastante devastado y el segundo solamente serio. Kakashi se mantuvo un poco alejado de la multitud, escuchando lo que el monje sintoísta decía.

Sus ojos rodaron hacia el féretro. Era de madera clara y tenía grabados de flores y círculos. Era cerrado así que no había forma de ver a la fallecida, pero estaba ahí, realmente el cuerpo muerto de Hinata estaba ahí.

"Sayonara, Kakashi-sensei". Parecía escuchar a la distancia, cuando hace mucho ella se despidió de él para nunca más volver a ser Hyuga Hinata. Ojalá alguien le hubiera advertido, en el momento en que ella escuchó la unión de Naruto y Sakura, cuando se dio cuenta del corazón roto de Hinata, fue ese instante definitivo, debió seguirla, debió decirle algo más, debió abrazarla y darle un beso, darle algo en qué pensar. Y entonces descubrió que realmente en la vida hay momentos simples pero decisivos que tienen la particularidad de desencadenar un camino lleno de bendiciones o una tormenta de maldiciones. Y se dio cuenta que tal vez él y Hanabi pudieron evitar esa cadena de desgracias para Hinata. Tal vez si hubieran puesto un poco más de empeño en contrarrestar el fatídico destino.

Se quedó mirando fijamente el féretro. Una ligera llovizna comenzó a invadir, fría y constante, pequeña y helada. Kakashi sintió frío y veía el féretro, ahí dentro estaba Hinata. Frágil, dulce. Tenía ganas de estrecharla contra él aunque fuera por última vez. Sentía el rostro helado y observaba el féretro que estaba siendo bajado. Kurenai lloró y Hanabi se mantenía firme mirándolo todo. De pronto aquella pequeña llovizna se convirtió en una lluvia normal, y él seguía viendo el féretro, y la lluvia se vino más fuerte. El féretro era de madera clara y estaba cerrado, no se podía ver el rostro de la niña muerta. Qué bueno que llovía tan fuerte, así nadie podría decir que Hatake Kakashi estaba llorando sin poder detenerse, y el féretro llegó al final, hizo clack. En el féretro estaba la niña muerta, la de los ojos bonitos. Kakashi se vino abajo cayendo de rodillas. Estaba fuera de sí mismo.

Naruto se encaminó a él con rapidez para auxiliarlo y la boca de su alumno se movía pero él no escuchaba nada. Solo tenía ganas de llorar mucho. No supo el momento exacto en que de repente todo se puso negro, todo fue tragado por la oscuridad, su mundo, la última oportunidad de hacer algo bueno. Hinata era Sasuke, era Obito, era Itachi, era Rin. Todos sus seres queridos iban a morir. Cuando él apreciara a alguien esa persona tenía que ser asesinada porque él no podía ser feliz. Porque él debía ser castigado.

Estaba en el suelo, Ibiki y Naruto lo auxiliaban, lo tenían qué sacar de ahí. Las últimas imágenes que vio Kakashi fue la tierra maldita, las palas, el lodo, el féretro siendo sepultado bajo tierra, la niña de los lirios…

La niña muerta de los lirios…

—¡HINATAAAA! —gritó desesperado por zafarse pero Ibiki y Naruto lo detuvieron. Notablemente había entrado en una crisis.

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El reloj de pared marcó la una de la madrugada, pero la luna estaba más alta, debían ser como las tres. Koharu acomodó las manecillas con miedo. Desde hace días algo extraño pasaba en su mansión. Su servidumbre y guardias habían sido despedidos y en cambio le habían puesto vigilancia ANBU. Ahora ella misma tenía qué cuidarse, lavar sus ropas, cocinar su propia comida. No podía hacer mucho debido a su vejez, y vaya, también porque se había acostumbrado a que le hicieran todo. Pero hasta ella tenía buena memoria y recordaba bien haber puesto las cosas en un lugar en concreto y éstas cambiaban de lugar. Usaba una taza de té y la dejaba en la cocina, pero aparecía en su habitación, dejaba las pantuflas al lado de la cama pero aparecían en la sala. Y los relojes siempre cambiaban de hora. A veces marcaban las tres, luego las doce y finalmente las seis. Las horas estaban locas y misteriosas.

Ajustó el reloj y se fue a la cama.

Eran días duros. Tenía que ir a la sala de juicio casi todos los días para declarar. No duraba mucho porque se justificaba cansada y que padecía de presión alta, así que el juicio iba lento pero seguro. Koharu solo buscaba retrasarlo lo más posible. Alejar la resolución lo más que pudiera. Pero sabía que todo tiempo llega a su fin, que todo objetivo se cumple, que un día la verdad la alcanzaría.

Cerró los ojos pero tenía insomnio como todas las noches. Y de pronto, de reojo alcanzó a ver una sombra en una esquina que pasó rápido. Koharu emitió un sonido de susto y se levantó a la mitad sobre su cama. Ahí en el edredón había una pequeña hoja cuadrada con un kanji.

Gato.

—¿Qué rayos? —Frunció el ceño, preocupada. —¿Eres… la muerte? ¿Has venido por mí?

La sombra adquirió una figura curvilínea en la esquina y un par de ojos blancos iluminados por la luna la observó desde su lugar.

—No. Los viejos como tú duran muchos años. —Habló una voz lejana y que era detenida por algo seco.

—¿Entonces qué quieres? —Tembló bajo las cobijas y no había guardias a quienes llamar. Los ANBU estaban en el primer piso, y ella en el segundo, aunque gritara no la escucharían. Y aunque la escucharan tal vez no la ayudarían.

—Quiero que protejas a Hanabi de todo y de todos. Quiero que la protejas de ti misma. —La silueta avanzó entre las penumbras y la luz lunar iluminó una máscara de gato, de líneas rojo sangre y ojos negros.

—Eres tú, gata bastarda, ¿pero cómo? —murmuró más para sí misma sin dejar de temblar.

—Los gatos tienen 7 vidas, y ya me quitaron dos, según sé.

—Voy a denunciarte… no, yo misma te mataré. —Intentaba moverse aunque fuera un milímetro pero estaba totalmente petrificada del miedo. ¿Cómo era posible?

—¿Denunciarme… a mí? ¿A una muerta? —Se rio en tono bajo —. Hablo enserio, Koharu. Ya te dejé hacer tu movimiento, me querías fuera de Hanabi y el clan, me querías muerta y ahora lo estoy. Ahora yo te pido que dejes al clan Hyuga y a Hanabi en paz.

—¿Y si no qué? Ya todos saben mi pecado.

—Todos no. Los aldeanos y demás ninjas no. Pero algo más importante que tu reputación o tu vida Koharu. Tu familia. Tus hijos y tus nietos.

—Con ellos no te metas.

—Oh, y tú sí te metiste con mi familia, ¿eh? —De un parpadeo tenía a la sombra encima de ella con el filo de un kunai apretándole la garganta, la había empujado hasta acostarla de nuevo totalmente. Koharu gimió del susto al tener sobre sí misma a su pesadilla —. ¿Cuál es tu obsesión con los Hyuga? ¿Te enamoraste de alguno de ellos acaso? ¿De mi abuelo, Hayato? De… Hat-su-ne.

—¡Blasfema! —gritó, removiéndose.

—Oh-Oh, alguien descubrió el sucio secreto de Koharu —Se levantó ágilmente y caminó por el cuarto —. ¿Sabes? He comenzado a recordar mis días como Hatani. Las cosas que sabía, las personas que veía. En aquél entonces me llamaban Hyuga no Kage, lo hacían solo para que no traicionara al clan, tenían miedo. Tantas veces que le advertí a mi padre que veías a Hatsune de forma muy rara y todas y cada una de esas veces me abofeteó. Incluso Hatsu-chan se escandalizó cuando se lo dije y me dejó de hablar. Eras como un ángel para ellos. Pero yo, aunque no tenía byakugan, podía verte tal cuál eras.

—Basta. —Lloró la anciana cubriéndose el rostro.

—Y empezaste a tejer tus telarañas en el clan y de un parpadeo ya todos me vigilaban como si fuera una gran amenaza. Tal como lo hiciste con Hinata. Yo también tuve la culpa y mi descuido te benefició. Ataqué a mi propia hermana y me encerraron. Y así sin más ya tenías a una gemela Hyuga en tus manos. Solo le faltaba algo: el byakugan, los ojos blancos.

—Yo sé que no fui buena en el pasado… pero…

—No, Koharu, tú NO eres buena ni en el presente. Eres retorcida. Y si te atreves a tocar al clan Hyuga, o cualquier otro clan, no solo voy a contarlo todo, voy a venir todas las noches a las tres de la madrugada para platicar de nuestros días más oscuros.

Koharu lloriqueó como una niña asustada y se cubrió los ojos con las manos para no ver la sombra de la chica.

—Permitiste que Orochimaru experimentara conmigo con tal de tener a tu Hatsune. De todas formas el clan ya me había expulsado como traidora. Aun recuerdo cuando me dormí con mis ojos negros y desperté con unos ojos que no eran míos, eran blancos y tenían byakugan. ¿De quién eran esos ojos, Koharu? ¿A quién se los quitaron?

La sombra se sentó en el suelo con las piernas cruzadas. Se podía ver que llevaba unas botas de tacón grueso y alto.

—Ibas a visitarme y me llevabas regalos. Pero no contabas con que incluso un ser tan despreciable como Orochimaru tuviera sentimientos y me ayudó a escapar de ti y esa cárcel. Me dio una segunda oportunidad, reescribir mi historia como una Hyuga. No recuerdo muy bien cómo fue que pasó —Frunció el entrecejo intentando recordar —Solo sé que estaba Sandaime Hokage, Yondaime, Kushina… y yo era una bebé. Sí, yo era una bebé. No sé como lo hizo Orochimaru. Y me colocaron como la primogénita de Hiashi y Hatsu-chan. Y reescribí mi historia como Hinata —Entornó los ojos -apenas apreciables por las rendijas de la máscara de gato- hacia Koharu —. Hasta que tú volviste a arruinarlo todo. Tú, peste del concejo. Creo que incluso a Hinata le darías asco.

—Lo siento, lo siento… yo no quería ser así pero… no sé…

—Llorar no te servirá de nada. ¿Te gusta jugar al poder? Vamos a jugar entonces, Koharu. Pero ahora tú estás en la cárcel y yo estoy libre. El día que yo quería voy a contar tus secretos, y no vas a saber qué día será, simplemente todos se te quedarán viendo. El día que yo quiera voy a contar que eres… una…

—No lo digas… no…

—Eres una retorcida pederasta.

Al día siguiente los guardias encontraron a Koharu en la bañera, estaba en trance y se chupaba el dedo mirando fijamente algún punto en la pared, como si su vida dependiera de ello, meciéndose lentamente. No habló por casi un mes.

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A primera hora de la mañana llegó un pergamino en el departamento de Hatake Kakashi. El hombre con movimientos lentos tiró el mensaje sobre la mesa mientras se servía un poco de jugo. No tenía nada de hambre, pero él sabía que tenía qué comer o de lo contrario volvería a enfermarse. Una de las cosas más horribles de la vida era precisamente eso, tener que comer sin hambre, era obligarte a pasar un gran malestar por la garganta aunque lo detestes. Kakashi puso un panecillo en el tostador y después le puso jalea con actitud desganada. Comenzó a comer mientras leía. Era una nota breve en realidad.

"En casa de Tsunade-obasan a las 11 de la noche. U.N."

Un mensaje de Naruto.

¿Qué rayos podría necesitar Naruto tan de noche y en casa de Tsunade? Le parecía sumamente raro.

Ni siquiera se tomó la molestia de pensarlo. Se quedó en la cama todo el día. A la mañana siguiente despertó débil y se dio cuenta que la única comida del día anterior fue el jugo y el pan tostado, así que para mantenerse en pie tomó otro vaso de jugo y algo de arroz frío que no estaba seguro de que estuviera en buen estado.

Ya era de noche. Las horas se le pasaban lentas, como si las manecillas estuvieran congeladas para siempre, como si el tiempo hubiera estado atascado desde que Hinata fue ejecutada. Cerró los ojos con fuerza. Pensar en Hinata y su muerte le hacía querer dormir para siempre. Eran demasiadas muertes. Minato-sensei, su madre, Sakumo, Obito, Rin, Sasuke, Sakura y ahora Hinata. Estaba harto de la muerte, de ser ninja, harto de Konoha y su régimen. Quería terminar. Quería irse para siempre a un lugar donde no hubiera nada relacionado con los ninjas. ¿Por quién peleaba ahora? Por nadie. ¿Por quién alzaría su espada? Ya no estaba nadie a quién proteger.

Las cosas se arruinaron demasiado rápido. Toda su vida era una colección de errores.

Se encontró caminando con Eclipse hacia la residencia Senju. Eran jardines amplios, verdes y con una naturaleza exótica, perteneciente a Shizune con sus plantas medicinales. Fue la misma joven quien lo recibió amablemente y lo condujo hacia la mansión indicada. Era una casa hermosa, el tipo de casa que a él le hubiera gustado tener cuando fuera un padre, con una buena esposa e hijos. Pero esos sueños ya estaban muertos. Pasaron por el recibidor, la sala, una serie de pasillos y después bajaron escalones a un piso subterráneo apenas visible por antorchas en las paredes.

—¿Tsunade piensa matarme o algo así? —inquirió un poco aburrido de tanto sigilo y misterio.

Shizune rio por lo bajo y le pidió paciencia. Eclipse corría ágil tras los pasos de Kakashi y en la oscuridad sus ojos negros se veían rojos debido al reflejo del fuego en las paredes. Caminaron un largo pasillo hecho de piedra. Para entonces Kakashi ya estaba fastidiado, pero entonces Shizune abrió la puerta de madera y dentro de la habitación estaban Naruto, Tsunade e Ibiki. El peliplata enarcó una ceja y los miró con cansancio.

—¿Alguien quiere explicarme qué demonios hago aquí? —Se le notaba. Estaba enojado, cansado y mantenía el rostro ceñudo, ya de por sí eso era una advertencia del peligro que podía resultar el mal humor de Kakashi.

Eclipse maulló fuertemente tras Kakashi y luego saltó corriendo ágilmente hacia la oscuridad. Allá donde la luz de las velas no alcanzaba a llegar. Hacia las tinieblas frías. Había una sombra alta.

—Eclipse ven acá. —Demandó Kakashi autoritario. Un miedo severo le invadió al pensar que también podía perder a la gatilla negra.

—Al parecer Naruto sí es un Hokage pensante. —exclamó Ibiki, sentado en un taburete.

—¡Oiga! —reclamó el rubio cruzado de brazos.

Kakashi los miró como si todos ellos fueran un estorbo.

—¡Díganme qué rayos quieren de mí! —exigió con gritos —, ¡Eclipse, te dije que vengas!

—Tranquilo. No le haré daño.

Kakashi abrió grandes los ojos y su boca se quedó entreabierta en una mueca de congelamiento y shock total.

—¿Qué demonios…? —Susurró débilmente.

Ahí en la oscuridad, Eclipse maullaba feliz. Se escuchó un paso en medio de todo ese silencio y vacío. Saliendo de entre las sombras, una persona medio alta con uniforme de ANBU, el cabello largo y expuesto delante de los hombros. Solo que había algo diferente. No había máscara. Era su rostro blanco, su rostro inocente que tanto ocultaba, sus labios con la cicatriz de un entrenamiento.

Él cayó de rodillas, frágil, triste, anonadado. No sentía fuerza en ninguno de sus músculos.

—Nosotros la protegimos. —explicó Tsunade al ver el estado de Kakashi —. Naruto no dejaría que Hinata fuese ejecutada, ni yo tampoco.

Era ella frente a él, y Eclipse entre sus brazos lamiéndole la piel. Sus ojos lilas al descubierto, sus pestañas largas, su pequeña nariz, la blancura y suavidad de su cara. El flequillo al frente.

—Y antes de que recrimines yo tampoco lo sabía hasta ayer. —dijo Ibiki.

—Aquellos que abandonan a sus camaradas son peor que escoria. —Naruto se aproximó a él —. No lo he olvidado, Kakashi-sensei. —Sonrió alegre de ver que algo de vida regresaba a su maestro y después abandonó la habitación. Tsunade fue con él y después Ibiki, quien al pasar por su lado le palmeó un hombro.

—Eres tú… —Su voz se escuchaba temblorosa y seguía de rodillas.

Dejó que Eclipse saltara de su regazo y caminó hacia él, se inclinó un poco, con sus manos tomó su rostro y le dio un beso tierno en la frente. Se arrodilló con él, mirándolo a los ojos.

—Yo tampoco sabía el plan de Naruto. Cuando estaban por ejecutarme lo único que podía pensar era en Hanabi, pero vi que Hashimoto y Hisae estaban con ella, que estaría bien. Y luego pensé en ti. Me pregunté, ¿Kakashi va estar bien? —Con sus manos sostenía el rostro del hombre peliplata, observándolo, contemplándolo con lentitud, como si lo estuviera re-descubriendo, como si ahora sí se diese el tiempo de conocerlo. Le acariciaba las mejillas con sus pulgares.

Kakashi cerró los ojos y al hacerlo resbalaron un par de lágrimas al ver los ojos dulces de Hinata. No eran fríos, vacíos, como los de Obito o Sasuke. Eran un poco cálidos, como los de Rin, como los de la antigua Hinata, como si su sombra le hubiera dado un respiro.

—Yo te amo. —Logró decir el Hatake muy apenas mientras lloraba. Tenía demasiados sentimientos encontrados y no sabía qué hacer con ellos. Lo único que atinaba a hacer era llorar. Se dejó caer sobre el suelo, derrumbándose, la cabeza agachada.

—Lo sé. —Se aproximó a él tomando su cabeza en sus brazos, abrazándolo hacia ella. Apretó los labios, sentirlo contra su pecho le hizo que su corazón latiera demasiado rápido —. Perdona. Por todas las veces que fui mala contigo. Por todas las cosas que hice. No fue un camino fácil de recorrer. Cambié mucho. Tú siempre quisiste conservarme como yo era antes, quisiste ayudarme muchas veces. Lo siento, Kakashi, por hacerte daño.

—Solo dime que te quedarás conmigo para siempre. —Un poco más repuesto de la voz continuó, aún en los brazos de la sombra.

—Me quedaré contigo para siempre.

—Y que nunca más estaré solo.

—Nunca más estarás solo.

—Y que Eclipse también es mía.

—Eclipse también es tuya. —sonrió.

—Y que sí me quieres.

—Sí te amo.

Kakashi se separó asustado de ella con los ojos abiertos como platos al escucharla.

—¿Es verdad, Hinata? ¿No estás mintiendo?

—Una sombra nunca miente. Y menos si es la Hyuga no Kage.

Kakashi la observaba como si ella fuese un milagro. Había esperado tanto tiempo ese momento, tantos días, tantas decepciones, tanto estrés.

—Voy hacer un viaje. ¿Quieres venir conmigo? —Le ofreció extendiéndole la mano.

Kakashi se bajó la máscara y después abrió los brazos en señal afirmativa.

—¿Eso es un sí?

—Esto es un bésame.

No lo besó, más bien lo abrazó ahí en el suelo, rodeando su cuello.

—¿Qué va pasar con Hanabi?

—Ella estará bien, y yo tengo que intentar ponerme en orden. Estoy muy cansada de usar la máscara de gato y pretender que no me importa nada. —Se separó de él para después levantarse, Kakashi también lo hizo colocándose frente a ella para rodearle la cadera con un brazo mientras que con la otra mano le acariciaba el cabello largo, mirándola.

—Koharu será enjuiciada y tú no tendrías qué esconderte.

—Sería muy peligroso aparecer y dejar al Hokage como un manipulador, demasiado malo para el mandato de Naruto, además no quiero que Tsunade-sama salga implicada.

—Entonces vas a dejar las cosas como están. —Afirmó, ella dijo que sí con la cabeza.

—Creo que es lo mejor. —Aunque no usaba la máscara y estaba oficialmente muerta, Hinata aun guardaba cierta frialdad y seriedad en su rostro, por supuesto, Kakashi sabía que no podía ser la misma de la noche a la mañana. Le acomodó el cabello detrás de la oreja y luego le dio un beso en la frente.

—Te amo, Hinata, Hatani, o como sea que te llames.

Hinata sonrió ante tal ocurrencia.

—Hinata, soy Hinata.

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.

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Presente.

―Es una bonita noche. ―dijo Kakashi con los codos recargados sobre el barandal, ligeramente inclinado hacia adelante. Su acompañante no dijo nada. Kakashi volteó, sonriéndole levemente. Observó que la figura con el uniforme estándar de ANBU llevaba el cabello por encima de los hombros en un corte recto, y su cara estaba cubierta por una máscara de gato ―. Deberías decírselo a tus amigos, al equipo 8.

La ANBU alzó el dedo índice hacia el aire y en la punta se colocó una mariposa blanca.

―Creo que ellos lo saben. ―La mariposa voló de repente hacia el cielo, perdiéndose en la oscuridad ―. No por nada son el mejor equipo de rastreo.

―Sí, creo que tienes razón. ―Aceptó volviendo su rostro hacia el paisaje. Unos pasos de botas gruesas se escucharon cerca y de pronto apareció un ninja de gabardina negra.

―Ya es hora, vámonos. ―dijo Ibiki empezando a caminar.

―Hai, Ibiki-taicho. ―La silueta femenina fue tras él. Kakashi suspiró con un semblante agradable y tranquilo, luego se reacomodó el ninjato que llevaba tras la espalda, definitivamente se había desacostumbrado a usar el uniforme ANBU. Caminó hacia sus compañeros con pasos flojos y las manos metidas en los bolsillos. Tenían una misión qué completar.

―Más rápido, no quiero que nos pesque el amanecer. ―Indicó el más alto.

―¿Y qué tiene de malo la luz? ―Se quejó Kakashi, poniendo sus brazos tras la nuca, caminando al lado de la chica.

Las tres figuras se perdieron entre la inmensa oscuridad la noche que todavía abrazaba Konoha.


Muchas gracias por leer esta historia que fue Ella y su oscuridad. He aquí el desenlace y la verdad, y la consumación de un "amor", jaja. Les prometí que sería KakaHina. Seguro que se están preguntando si el fic tendrá Epílogo y la respuesta es obviamente que no. Es broma, sí tendrá epílogo. Pues la verdad no sé ni qué poner, no pensé que llegaría tan lejos, jaja. Ne, sabía que terminaría este fic algún día, no tenía pruebas pero tampoco dudas. Es una prueba más de que SIEMPRE termino mis fics, aunque me tarde.

Del capítulo: En serio me sorprendió que nadie nadie nadie me comentó acerca de las pistas que fui dejando sobre Hatani, en fin, creo que pueden culpar a mis actualizaciones esporádicas.

Gracias a todas las personas que alguna vez dejaron review, que dieron Favs o Follows a la historia y a mí como su humilde autora. Muchas, muchas gracias. De verdad que ha sido uno de los KakaHina que más me ha gustado escribir porque es diferente, plagado de tragedias, conspiraciones, no es romance y está bien escribir cosas diferentes.

Amo a Kakashi. Amo a Ibiki, a Hashimoto y Hisae, ni duden que los incluya en algún otro fic. Por cierto éste es el segundo fic donde Hashimoto hace aparición, la primera fue en "Suave y áspero".

En fin, espero que les haya gustado el fic. Díganme qué cosas faltaron, si tienen dudas, que todo eso trataré de ponerlo en el epílogo.

Y no me voy sin antes agradecer a las bellas personas que comentaron el capítulo anterior, me refiero a:

yayapiu

Kislev

Konata811

Violetamonster

Muchas demasiadas gracias, chicas. ¡Las quiero! Y de verdad agradezco el review bonito porque realmente yo pensé que ni me dejarían comentarios y nada que ustedes lo hicieron y me inspiraron a seguir con el capítulo (insertar corazón gigante).

Y aprovechando el espacio quiero decirles que aun tengo hartas historias qué publicar, muchas de ellas KakaHina, pero un proyecto en especial que quiero desarrollar es un AkatsukixHinata que muy probable no lo ponga en fanfiction sino en wattpad, para entrenarme también en aquella plataforma y ser un poco más versátil en cuanto a contenido y páginas, porque ya me han dicho varias personas que les es más fácil leer allá.

Y ya pues sin más, cualquier duda, comentario, corrección lo pueden dejar en un review siempre y cuando se haga con respeto.

Nos vemos en el epílogo.

Adiós, bebés.

15/Marzo/2019