Las canicas de Ángelo
Si en ese momento hubiese portado su armadura, el joven italiano ya hubiese hecho un hueco en el marmolado piso de su futuro templo, con sus manitas en su espalda el pequeño de ocho años caminaba de un lado a otro frente a los ojos de un ya fastidiado sueco que no hacía más que bufar, y es que el haber perdido sus más preciadas canicas en las manos del benjamín de la orden lo tenía con su humor alterado.
—Acepta de una vez por todas que perdiste con todas las de la ley, Mascara Mortal—soltó el pequeño pisciano.
Ángelo detuvo su paso y se acercó con su entrecejo fruncido haciendo que su mejor amigo se echara un par de pasos hacia atrás y se sonrojara de manera divertida mientras el otro le presionaba su frente con el índice—No rosita…—dijo entre dientes—recuperaré mis canicas a como dé lugar…—cruzó sus brazos sosteniendo con una mano el tabique de su nariz.
—Deberías escuchar al maestro Shion cuando está dando clase de geografía¿sabes?—reprochó recuperando su compostura—así no tendrías problemas en apostar, mira que perder ante Milo…—bufó mientras levantaba una ceja y acomodaba su ensortijado cabello turquesa—eres increíble Mascara pero…
La mano del italiano se levantó abruptamente interrumpiendo sus palabras y al mismo tiempo pidiendo silencio, sin previo aviso tomó a su amigo de la camisa llevándolo tras los pilares de cáncer, frente a ellos un par de doncellas comentaban entusiasmadas sobre una pequeña feria en el pueblo de Rodorio.
—Tienes que venir al pueblo Emelce…—comentaba con emoción una de ellas—hay una adivina que lee el futuro y ese tipo de cosas…
—No creo en esoterismo Malvie…
Las voces y risas de las chicas se perdían entre los muros grisáceos del enorme templo mientras una sonrisa se dibujaba en el rostro de Mascara Mortal—lo tengo…—dijo mientras caminaba con su amigo a rastras hasta los privados de cáncer.
—x—
—Esto no me parece gracioso Ángelo—reprochó indignado Afrodita mientras su amigo lo vestía como una bailarina traída de la india— ¿Por qué yo tengo que vestirme de mujer?
—Por qué pareces una niña—contestó entre carcajadas—vamos Afro… toma esto como un vale para sacarte de cualquier apuro.
—Como si me metiera en tantos problemas—murmuró soplando un rebelde mechón que caía sobre su rostro justo encima de su respingada nariz—¿Y cuál es el plan, señor ideas geniales?
—Veras—dijo Ángelo de brazos cruzados apreciando su creación mientras recorría en círculos al sueco—Milo camina con las canicas entre su ropa interior… como sabe que yo las quiero, no las deja en el templo, y aunque me las ganó legalmente, le dije que si las observaba fuera de su alcance me las dejaría y jamás se las iba a devolver…—explicó mientras entrecerraba sus ojos y acomodaba ahora un velo sobre la cabeza del sueco— ahora tú te harás pasar por una adivina y le dirás que te las muestre y listo…las tomare y saldré corriendo, ahora solo esperame cerca del pueblo, dile a Shura que te ayude a levantar una tienda y yo llevaré a Milo, cuando lleguemos solo actúa y le pides que te muestre las canicas—Afrodita asintió pesaroso y caminó recogiendo su vestido—que aún no estaba seguro ni de su procedencia, pero Mascara siempre se las ingeniaba para sacar cosas como Gadget de un sombrero, o en su caso del templo de cáncer.
—x—
En la explanada del octavo templo Milo jugaba con Camus—o por lo menos lo intentaba—una curiosa partida de ajedrez, donde el galo llevaba la delantera con tan solo cinco años.
— ¡Bambinos!—llamo el italiano haciéndolos respingar—¿Qué hacen?
—No viniste a quitarme MIS canicas ¿cierto?—cuestionó dudoso el pequeño griego.
—No… para nada—contestó Ángelo con inocencia mientras se sentaba en las gradas del templo junto a los niños—más bien quería invitarlos a venir conmigo a Rodorio y disfrutar de una feria…—contó con una sonrisa ganándose por completo la atención del pequeño escorpión.
Por su lado el francés con su usual desconfianza, recorría de arriba abajo su compañero de entrenamientosbuscando una buena razón para no acompañarlo, a sabiendas que aunque él dijera que no Milo jamás le haría caso y terminaría por seguir sus pasos, no paso mucho para que encontrara algo inusual en Ángelo¿Dónde estaba Afrodita?
— ¿Dónde está Afrodita?—preguntó el galo de brazos cruzados poniéndose de pie—siempre está contigo, son como el tiburón y la rémora—replicócon su aire intelectual—no pueden estar separados—levantó su mentón superioridad y cruzó sus brazos.
—He… pues, No puede venir… su maestro no lo deja… hoy—contestó el italiano tratando de no hacer algún cambio en su rostro y provocar más la desconfianza del galo, Ángelo nunca era tan cordial para saciar dudas—por eso te… los estoy—se corrigió— invitando.
—No iremos contigo a ningún lado…—resopló Camus el travieso flequillo que se acumulaba en su frente.
—Vamos Cam…—rogó el pequeño griego viendo de uno a otro—solo será un rato…
—No me parece seguro…
—Bah, dejalo Milo—dijo el italiano levantándose y sacudiendo su ropa.
Aun así luego de un par minutos y lloriqueos incesantes por parte del futuro octavo guardián, los tres pequeños bajaron al pueblo para disfrutar de la dichosa feria.
—x—
Afrodita caminaba de un lado a otro, de vez en cuando se tropezaba con la larga túnica que su amigo le había puesto encima y le tocaba retocarse el peinado tipo genio de la lámpara que su amigo le había hecho, de repente unos ruidos entre la maleza le llamaron la atención, era Ángelo y había logrado traer consigo no solo a Milo sino también al pequeño Camus, caminómás rápido rodeando la maleza hasta adentrarse a la pequeña tienda que con Shura había logrado levantar justo a un lado de la verdadera adivina, con una de las peceras que su maestro guardaba en el doceavo templo, algunas velas eincienso del sexto guardián—tomadas sin permiso— el lugar se veía realmente mí escuchar los pasos y voces cada vez más cerca el sueco salió a su encuentro.
—Hola pequeñines—habló afinando más su voz mientras revoloteaba un abanico sobre su rostro bajo el velo— ¿quieren que les adivines donde escon…?—la voz de Afro se vio interrumpida por un pisotón de Ángelo— ¿Dónde esconden sus caramelos?—sonrió dejando escapar una gruesa lagrima de sus celestes ojos—no me dejaste terminar—susurró entre dientes.
—Claro, claro… casi lo hechas a perder—murmuro el italiano—los pequeños se voltearon a ver un poco temerosos con el ceño fruncido, esa chica les era muy familiar—vamos enanos la hermosa…—tosió—adivina, puede adivinar todo de ustedes—sonrió aún más.
—Eso es imposible…—salió en su defensa el galo que comenzaba a notar algo raro en todo el asunto—Milo…! Milo!—pero Milo lo meditaba un poco o por lo menos eso aparentaba.
—Cam… quiero entrar—sonrió el pequeñín de aun cuatro años tomando la mano de su mejor amigo—quiero ver que tanto adivina de mi…—murmuró a su amigo—jamás adivinará que traigo canicas en vez de caramelos—el francés negó con lentitud la inocencia de su amigo mientras entraban a la tienda.
—x—
Un par de ohm parecidos a los de Shaka fueron el comienzo del ritual, luego la pecera se iluminaba gracias a una linterna escondida que Shura encendía y apagaba bajo la mesa, con sus delicadas manos el pequeño sueco acariciaba el cristal—veo…veo…—ambos niños observaban, uno más fascinado que otro—que tú te llamas Camus y eres francés…—dijo Afrodita tras un velo transparente, el galo arqueó ambas cejas—tienes un libro en tu bolsillo… Ohm—continuó el sueco cerrando sus ojos—y es de ciencias…—el francesito se volteó hacia su amigo.
— ¿Eso es cierto Cam?—Camus asintió—Increíble…—murmuro el griego aplaudiendo.
—Ahora tu…—lo señaló el sueco mientras con una mano sostenía su frente como observando una visión—veo…veo…
— ¿Qué vez? ¿Qué vez?—pregunto impaciente el escorpión.
—Unas cosas redondas que cuelgan en tus calzoncillos…—Ángelosonrió ante las palabras de su amigo—muéstramelas…
Milo enserio su rostro como ninguno, dio unos pasos hacia atrás y Camus se levantó de su asiento para acompañarlo.
— ¿De verdad quiere que se le mas muestre?—preguntó confundido con su nariz ligeramente arrugada.
—Si claro…—dijo Afrodita cruzando sus brazos.
—Pero es que me da pena…
—Que mocoso más… anda muéstramelas ya—hablo exasperado el de la onceaba casa.
—Bien…—contestó el escorpioncito levantando sus hombros, de un rápido movimiento se zafó el cinturón bajándose su pantalón y dejando al aire libre sus partes másíntimas y delicadas, Camus se golpeó con su palma abierta, Afrodita se sonrojo furioso y Ángelo se tuvo que salir para sujetarse su estómago, aunque estaba molesto por no obtener el resultado esperado, la ocurrencia de su joven compañero le había hecho el día.
— ¡Milo!—grito el sueco despojándose de su traje y brindándole una mirada de reproche al griego—por un carajo devuélvela las benditas canicas a Ángelo.
— ¡Afrodita!-chillaron ambos pequeños.
— ¡Jamás! Vámonos de aquí Cam…—corrió el griego junto al francés, ambos ahogando una sonora carcajada—lo siento Ángelo…—se escuchó al perderlos de vista.
Por otro lado estabanShura— que no pudo soportar más la extraordinaria escena— y Ángelo, ambos casi se orinaban, pero un pequeño piquete los hizo levantarse asustados, luego otro y otro más.
—No espera…—balbucearon al unísono el español y el italiano antes de perderse entre la gente.
—"ROSAS PIRAÑAAAA"—gritó el sueco furioso.
Finnnn
Gracias por leer…
Ayer estuve viendo dragón ball jajaja amo a Goku!
