La historia de terror…

Un domingo a finales de octubre, un fuerte aguacero tenia a los futuros santitos acorralados en el templo de Cáncer, un estruendoso rayo había provocado un apagón y el maestro los había obligado a quedarse ahí junto a los tres más grandes, ya que los aun caballeros dorados regentes trataban de arreglar el problema en el salón principal.

Todos estaban reunidos bajo unas mantas y alrededor de unas velas que Saga había traído para la ocasión, tomaban un delicioso chocolate caliente cortesía de joven maestro de Ángelo y disfrutaban de historias de aventuras que el dorado les narraba.

Pero para el pequeño Mascara Mortal no había peor cosa que escuchar historias repetidas de las cuales ya se sabía el final, así que aprovechando que su maestro de repente fue llamado por Shion, se levantó del suelo y tomó su lugar.

—¿Quieren escuchar una historia de miedo?—preguntó con su inigualable acento.

Los más chicos se voltearon a ver y luego observaron a Saga otorgándole la última palabra.

—¿Es real?—preguntó un asustado escorpión arrimándose más a Camus.

—¿No tiene nada que ver con cabros sirena?—se unió curioso el hindú.

—Hay que cobardes… es solo una historia de terror…—dijo mientras dibujaba en su regordeta cara una cínica sonrisa, el escenario nada alentador de la luz de las velas y los rayos cayendo a los costados del marmolado lugar no ayudaban a la confianza de las mas chicos.

—Ángelo, recuerda que Shion dijo que no asustaras a los máspequeños…—sentenció Saga con una ceja levantada.

—Bien… Entonces no contaré nada—se cruzó de brazos el italiano mientras escuchaba murmurar a sus compañeros, luego esbozó una sonrisa cuando escucho su nombre en una voz casi temblorosa.

—Ángelo, si prometemos que no le diremos nada al maestro Shion…—dijo el carnerito con su sabana sobre su cabeza— ¿nos contarías algo de terror?

—¿Están seguros?—pregunto Aioros cargando a Aioria.

—Vamos… cuenta ya, acá estamos nosotros arquero—sonrió Kanon sentándose entre Milo y Camus.

—Bien…—dijo satisfecho el italiano mientras se acomodaba—esta es la historia del anterior caballero de cáncer...

—Un momento…—dijo Shaka levantando su manita—¿es real?...

— Si Shaka me la contó mi maestro ¿Me van a dejar contar sí o no?

—Ya Shaka, probablemente sea mentira…—replicó el galo tranquilizando al pequeño virgo—continua por favor.

—Bien... era una mañana de julio…

"Era una mañana de julio, el patriarca había mandado a llamar al caballero de cáncer, un joven griego de tez bronceada llamado Kryot, las estrellas habían hablado la noche anterior y habían preocupado al lemuriano, una aura maligna se asomaba sobre la casa del cangrejo dorado y no traía buenas noticias.

Con su caja de Pandora al hombro el joven había partido hacia Italia en busca del pequeño aprendiz, no tardó más de unos días y al regresar cargaba con un menor de no más de cuatro años, el niño tenía sus cabellos azulados y su rostro manchado de suciedad, se aferraba con dureza al hombro del joven caballero sin producir ningún ruido y con su vista fija en el vacío, sin perder el tiempo el chico fue revisado por Shion y los médicos del santuario yal no encontrar nada malo fue asignado directamente a su maestro.

Los días pasaban, pero el pequeño del cual no se sabía ni el nombre no daba signos de querer hablar, casi no comía y se refugiaba en la oscuridad del templo, Kryot estaba entre desesperado y acongojado, cuando el infante cumpliera los cinco años debían de comenzar el rudo entrenamiento y eso lo mantenía preocupado, esa mañana mientras preparaba el desayuno con la vaga esperanza que el menor compartiera con él en la mesa lo escucho reír, una risa fresca y contagiosa, se acercó sigiloso al cuarto del pequeño y cuando abrió la puerta este estaba ido con una gran sonrisa hacia la pared.

Pequeño…—el niño giró despacio y borró la sonrisa de su rostro—de que ríes…

Mamma…

El joven quedó sin habla por un momento, era su primera palabra, con una voz casi ahogada, como un susurro.

No pequeño… mamá no está aquí—dijo el joven en un perfecto italiano, mientras se agachaba y tomaba al niño con cuidado—vamos ¿quieres comer?

El pequeño se zafó de su mano y se refugió de nuevo en la esquina más oscura de su habitación, Kryot suspiró y decidió dejarlo solo, por lo menos había dicho una palabra, eso ya era una buena señal, salió del cuarto y se sentó en la cocina, al instante sintió el cosmos de su compañero de virgo adentrarse en su templo.

Buen día compañero—dijo un joven de piel morena.

Buen día Harlan de Virgo…

Te veo… preocupadoKryot…

Un poco, el pequeño no ha querido comer, y si lo hace coloca el plato en el piso como un animal, luego corre a su habitación y no sale en todo el día…

¿Será alguna secuela? ¿Dónde lo encontraste? …—el joven clavó sus ojos en los de su compañero.

Había una casa en medio de una pradera, cuando llegué solo había silencio y un hedor a mortandad, abrí la puerta y lo primero que me encontré fue un pedazo de carne, que hasta ese momento dudaba de su procedencia, al entrar el estómago casi se me sale por la nariz, el niño estaba en los regazos de su madre…

¿Pero por qué se te salía en estomago?

La mujer estaba muerta Harlan… tenía más de quince días de muerta y él estaba en sus regazos, dormido, por el piso había restos de cuerpos, sangre seca, armas de fuego, lo que ese pequeño vivió fue una pesadilla, no comprendo cómo pudo sobrevivir tantos días solo.

Se debió de alimentar con frutas secas que encontró en su casa…

No lo sé… pero hoy hace un rato lo escuche reír, y cuando lo llegue a ver me preguntó por su madre…

¿Y qué le dijiste?

Que su mamá no estaba aquí… ¿Qué más podía decirle?

Esa noche mientras preparaba la cena escuchó unos pasos, y cuando giró hacia su espalda ahí estaba el pequeño, asomando su rostro por el filo de la pared, el caballero se agachó y le ofreció una manzana.

Mamma…—susurro de nuevo.

No pequeño… ya te he dicho que mama no está aquí…

El niño tomó la manzana y corrió de nuevo hacia su habitación, kryot solo suspiró, esa noche durmió con la certeza que no dejaría pasar otro día sin obligarlo a hablar, pero no bien había conciliado el sueño cuando escucho de nuevo las risas, no hizo ruido y se escurrió de nuevo hasta la habitación, cuando abrió la puerta una sombra oscura mantenía al niño en el aire.

¿Quién eres?—gritó mientras con la punta de su dedo abría un portal a Yomotsu—alejate del niño… te lo repito.

!Mamma!—grito el pequeño.

Baja al niño… ¡te lo ordeno!—grito de nuevo.

La sombra desapareció y en su lugar quedo el pequeño solo.

¿Estás bien? ¿Te hizo daño?—el pequeño lo observaba de reojo, se soltó con furia y se dirigió a su mesa donde tenía unas crayolas y unos dibujos, al joven no le gustaba irrumpir en su habitación, él quería que el pequeño se sintieracómodo y tratara de comunicarse pos si mismo, pero al revisar los trazos del pequeño se horrorizó cuando vio que eran caras, y no solo eso, sino que en toda la pared habían algunos dibujos de sus compañeros que identificó por su nombre trazado con dificultad en la parte de abajo, lo más sorprendente era que el no sabía sus nombres y aun así… los había escrito bajo los dibujos.

¿Qué significa esto?

Mascara Mortal…—susurró el pequeño.

A la mañana siguiente el joven caballero se fue en busca del patriarca para hablar sobre el tema del pequeño, pero no lo quiso dejar solo, Jadar y Jadir los gemelos aprendices del tercer templo lo cuidarían por él, con la única condición de no molestarlo, o intentar hablarle.

Al gemelo menor, Jadir, le gustaban los niños, así que haciendo caso omiso de dejar solo al chico, se fue en busca del menor, y se encerró en su habitación a jugar con él, por lo menos intentar hablarle.

Oye…¿cómo te llamas?—pero el más chico lo ignoraba—te estoy hablando dime tu nombre pequeño… ¿no hablas griego?—el niño lo observó, dibujo una sonrisa y luego levantó la vista y…"

—Y ¡ahí estaba Mamma! sobre él con sus garras perforándole el cuello—dijo encendiendo una linterna bajo su barbilla y abriendo uno de sus brazos.

Un grito de terror salió de la boquita de los más chicos, los gemelos y el arquero tragaban grueso.

—Muy buena—sonrió Kanonahora más cerca de Saga—de verdad me asustasteÁngelo…

—A mí también…—dijo Aioros— ¿de dónde sacaste esa historia dices? me parece familiar…—medito el heleno.

— ¿Hubo un Mascara Mortal antes que tú?—interrogó Saga—Ángelo… no creo que…

—Ya se los dije mi maestro me la contó…

—Eso es una vil mentira Ángelo, es solo un cuento de fantasmas combinado con su historia personal—dijo el joven caballero de cáncer mientras encendía la luz y entraba al templo—ya hay luz pequeños… dentro de un rato sus maestros vendrán por ustedes.

—Pero… ¿Verdad que mammano existe Ángelo?—pregunto Mu sujeto de la mano de Shaka.

—No piccolos, es solo un cuento…—respondió a regañadientes luego de ver la mirada fulminante del gemelo mayor.

—Lo vez Shaka… vamos el maestro nos espera—sonrió Mu mientras jalaba a su amigo que veía a Ángelo despedirse con su manita.

Los demás suspiraron aliviados, la tormenta había pasado casi por completo y ahora cada uno se dirigía a su casa.

—Hora de dormir Ángelo—dijo su maestro desde la habitación una vez caída la noche—lavate los dientes y acuéstate ya.

—Si maestro… buenas noches—grito el italiano mientras se enjuagaba su boca, guardó su cepillo y se encaminó a su cama, se arropó y antes de cerrar sus ojos escuchó un ruido en su cuarto—buenas noches a ti también…mamma.

Fiiiiinn

Inspirado en la película Mama…