Hola... primero que todo siento mucho la demora en todas mis historias... he tenido problemas técnicos que se escapan de mis manos, les agradezco mucho sus reviews, realmente son hermosos y capaces de hacer volar la imaginación, estoy tratando de mejorar y responderlos individualmente, pero en si puedo decir que todos me sacan un par de sonrisas!
Este fic esta dedicado principalmente a mi M.F.A LIBRA-ARKANA... a quien tengo un milenio esperando por el
y a Tepucihuatl-Shun por su incondicional amor a cierto Italiano exhibicionista!
y por supuesto con mucho cariño a Amaranth9,Shakary,Jabed ,Asalea19En Resumen soy un Heroe ,andromedaaiorossayita,Sol naciente que me dejan esos hermosisimos reviews se les quiereeee!
espero sea de su agrado!
¿Y quién se robó las galletas?
Ese día todo había salido a la perfección, las clases de Shion habían terminado gracias a una imprevista reunión con los aun caballeros dorados, por lo tanto, sin los tres mayores en las cercanías—ya que para los gemelos y el arquero los entrenamientos cada vez eran más severos—Mascara Mortal y sus dos contemporáneos habían trazado durante las aburridas lecciones, un plan para hurtar las preciadas galletas que el anciano patriarca solía darles en la hora de merienda con un delicioso vaso de leche. Así que, luego de unas horas calculando que todos estaban ocupados, el pequeño italiano se encontraba pisando los escalones del doceavo templo esperando al español y en busca de Afrodita, pero justo cuando los tres finalmente llegaban a la explanada bajo la enorme e imponente estatua de la diosa Athena, sus planes se fueron abajo, en las gradas, bajo la inmensa figura de mármol, los más chicos se recuperaban de una aparente carrera, entre risitas inocentes se sacudían sus ropas de entrenamientos llenas de migajas de al parecer galletas y pedacitos de algo que ya de cerca pudo cerciorarse que era vidrio, Ángelo entrecerró sus ojos.
—¡Bambinos!—exclamó y los pequeños dejaron casi de respirar mientras se giraban.
—x—
El cuarto templo estaba silencioso, casi como un cementerio, nadie jamás se imaginaria que en su interior se llevaba a cabo el más grande interrogatorio de toda la historia del santuario.
Ahora, con sus manitas tras la espalda y su barbilla alzada, el pequeño italiano de apenas ocho años caminaba de un lado a otro en su habitación, frente a él, en fila, las cuatro sillas del comedor y la de su escritorio, y sobre ellas, cinco de los seis más pequeños doraditos se tapaban—o lo intentaban—con sus manitas y bracitos, la fuerte luz de la lámpara que Shura y Afrodita sostenían sobre sus rostros.
—A ver—dijo Ángelo de repente y todos los más chicos trataron de buscarlo tras el cegador resplandor—tu… carnero—señaló al pequeño lemuriano quien respingó en su silla al escuchar nombrarlo, solo entrecerró sus ojos cuando la luz dio totalmente sobre su rostro— ¿Qué estabas haciendo el 27 de marzo de 1970?—el pelilila arrugo más su entrecejo—si se podía— uniendo casi sus puntos.
—Supongo que ¿nacer? Ange…
—Ha ha ha—mascara negó con su dedito interrumpiendo al pequeño carnero, al mismo tiempo y de repente apartando la luz y acercándose hasta pegar casi su nariz con la del lemuriano—Sherlock Mask para ti piccolo … anda dilo—Mu soltó un suspiro y negó con suavidad rodando sus ojos.
—Nacer… Sherlock Mask…—infló sus cachetes mientras cruzaba sus brazos.
—Bien bien—comentó el italiano de nuevo retomando la palabra mientras caminaba y garabateaba en una libreta— ¿Saben por qué…?
—Tengo calor…—interrumpió el hiperactivo escorpión mientras balanceaba sus pies con rapidez.
—Estoy aburrido…—se le unió el leoncito alborotando sus cabellos con euforia.
— ¡Gato y Bichejo no les he dado permiso de hablar!—Ángelo los calló anticipándose a la avalancha de quejas, Camus y Mu se retractaron de inmediato, luego con sus puños cerrados en sus costados y sus ojos chispeando reparó en el único que no se había quejado— ¡Shaka!... no es momento de meditar—grito al hindú que mantenía su posición de loto sobre la silla, el pequeño rubio solo abrió uno de sus ojos y soltando un suspiro bajó sus pies descalzos igualando a los demás.
—Bien…—continuó el pequeño cáncer luego de respirar una y otra vez para calmar su rabia—como les iba diciendo…
—Ángelo…—interrumpió el español apagando una lamparita—no deberíamos de…
—Sherlock Mask… mi querido Shura Watson…
—Bien… Sherlock…
—Oh ya basta—interrumpió esta vez el galo con un desespero enmarcado en su rostro—yo ya me voy… andando Milo.
—No señor—los detuvo Afrodita apagando también la lámpara que tenía en sus manos y abriendo sus brazos ante el francés—nadie puede retirarse hasta que encontremos a los culpables—Shura se le unió asintiendo con suavidad pasando el seguro a la puerta de madera.
— ¿Culpables?—murmuro Shaka abriendo de golpe sus ojos.
—Pero nosotros no hemos hecho nada—grito Milo milagrosamente aun sentado pero a punto de hacer un fuerte berrinche—yo quiero irme.
Las enormes esmeraldas de Mu comenzaron a cristalizarse junto con las de Aioria y las turquesas del griego, Camus regresó a su silla y suspiró descansando su cabeza en una de sus manos, Shaka cerro sus ojos de nuevo, Shura y Afrodita voltearon a ver a su amigo con un gesto de preocupación en su rostro, si no hacían algo los alaridos de los más chicos atraerían a alguna doncella, y quien sabe que castigo les daría Shion si esos enanos los acusaban de secuestro, el italiano suspiró.
—Bien… ya no lloren Bambinos—se apuró—la razón por la que están aquí es porque las galletas de avena con las que nos premia el maestro Shion, desaparecieron…—apretó sus puñitos y los observó de uno a uno con furia—y yo sé que alguno de ustedes se las comió—todos negaron con rapidez y limpiaron sus mejillas de las traicioneras lagrimas que las manchaban.
— ¿Cómo sabes que fuimos nosotros?—pregunto el francés de brazos cruzados mientras arqueaba una de sus gruesas cejas— ¿tienes pruebas?—los demás observaban de uno a otro, los tres más grandes se voltearon a ver con complicidad— Pudo ser Kanon…—continuó poniéndose de pie y dando unos pasos hacia el italiano—él nos regaló un par de…—sintió las manos de Milo en su brazo—es por nuestro bien Milo…
—Pero Cam…—casi rogó el griego.
—Continua francés…—siseo Ángelo casi a punto de enojarse dándole una mirada furiosa al pequeño griego.
—Como les decía—Camus limpió su garganta y se sentó de nuevo—Kanon nos dio un par de galletas… seguro él las tiene—cerro sus ojos y cruzó sus brazos inflando su pecho.
—Buena historia…—habló el sueco mientras aplaudía—pero iremos a la escena del crimen y probaremos nuestra teoría—sonrió con cinismo—andando…
—x—
Ocho niños se escabulleron hasta el salón patriarcal, luego en silencio y casi de puntas pasaron frente a la sala de reuniones, donde sus maestros y los mayores aun discutían sin señales de querer terminar, por último y finalmente frente a ellos se dibujaron las puertas del despacho de su maestro y escena del crimen, donde ahora había un desastre de vidrio y aun algunas boronas.
Shura y Afrodita se tomaron la tarea de correr cinco pupitres y sentar a los más chicos, de nuevo Ángelo se posiciono frente a ellos esta vez sacando de una mochila un cabello de Mu, varios vidrios, las benditas canicas de Milo, unas semillas de Shaka y un cuaderno de Camus, todo en orden sobre el enorme escritorio del maestro, los más chicos abrieron sus ojos como plato y se observaron con curiosidad.
—Shura…—Ángelo llamo al español y este dio un paso al frente—diles a los enanos cual es nuestra teoría…—este asintió y saco de su bolsillo un largo papel.
—Bien…—el español se limpió la garganta y comenzó su lectura—luego de la última lección de esta mañana…—leyó con su marcado acento—Mu esperó que todos nos fuéramos—el lemuriano frunció su entrecejo y Shaka levantó sus hombros, Shura solo los observó y limpio su pecho para continuar—entonces Shaka… entró por sus semillas que el maestro le había conseguido para el jardín de sus salas gemelas y desconcentró a Mu que pensando que nadie lo vería estaba subido en la silla del maestro tratando de bajar el recipiente de vidrio lleno de galletas… dejando este mechón de camino—tomo los cabellos lilas y los mostro como evidencia.
— ¡Hey!… eso es…—se quejó el lemuriano.
—Silencio…—sentencio Ángelo—puedes continuar—Shura asintió.
—Como les decía…—reanudó el español—Mu estaba sobre la silla y cuando vio a Shaka se resbaló trayéndose el tarro lleno… entonces tuvo que repartirlas entre ellos dos…
— ¿Y cómo explicas lo de las canicas?—cuestionó el galo, siempre en defensa de su mejor amigo.
—No he terminado…—reafirmo el español rodando sus ojos—Milo recordó que el maestro había guardado sus canicas en la gaveta y entonces regresó, cuando vio todo el desastre Mu y Shaka tuvieron que darle galletas…—tomó aire mientras todos los más chicos se observaron de uno a otro—luego Camus volvió por su amigo y también le dieron galletas—el galo entrecerró sus ojos y negó con suavidad—entonces escucharon un ruido en la puerta y Mu los teles transportó hasta la salida del salón patriarcal dejando todo olvidado y tuvieron que correr hasta la explanada… y ahí los encontramos sacudiendo sus ropas y manos del resto de boronas—terminó guardando sus notas en el bolsillo de su pantalón.
—Gracias Shura—sonrió el pequeño italiano.
— ¡Mentira!—resonó el francés poniéndose en pie—eso es una vil mentira Shura…
—Prueba lo contrario Camus ¿Por qué el cabello de Mu? ¿Y esas semillas?—el español se cruzó de brazos y agitó su pie.
—Bien… no se lo del cabello—dijo Camus poniéndose de pie nuevamente—pero mi libro fue confiscado por el maestro y admito que intentaba recobrarlo—se sonrojó de forma adorable—esperé un par de minutos pero antes de ingresar vi a Shura entrar corriendo, así que esperé de nuevo tras los pilares, luego entró Milo y Aioria y como nunca salieron y yo necesitaba mi cuaderno… pues yo entré y me encontré a Shaka, Milo y Aioria rejuntando vidrios y en el suelo estaba Mu casi inconsciente frotando su cabeza… yo les ayudé, porque seguro nos culparían de todo—Camus observó al italiano que observaba a Shura extrañamente nervioso y luego a él—escuchamos unas voces fuera de la puerta y escapamos por una salida que solo Mu conocía… y entonces luego nos encontraron en la explanada…
—Y como explicas las boronas en sus manos y ropas…—cuestiono el español levantando una ceja.
—Elemental mi querido Shura—habló con sarcasmo el galo—nos llenamos por que no había una escoba y si alguien llegaba culparían a Milo y Aioria… entonces recogimos las boronas con las manos.
—Ha… entonces fue Milo… buen intento francés—dijo el pisciano tomando la palabra y acercándose a Shura—primero se quedó escondido para recuperar sus feas canicas, pero cuando vio las galletas cambió de opinión, trato de bajarlas pero el bobo de Mu que había entrado junto a Shaka para que recuperara sus semillas recibió de lleno el recipiente en su cabezota… entonces para cuando chibi—Ganimedes…
—Camus—siseó el francés—me llamo Camus…
—Como sea…—hablo el sueco agitando sus manos y frunciendo el ceño—vio el desastre y le ayudo a Milo a recoger las galletas su libro cayó en el suelo… como usa esos pantalones tallados que marcan su anticuada ropa interior…
—Ya basta Afropez…
— ¡Cállate!...—grito el sueco—es la verdad… ¿no usas calzoncillos?... pareciera que usas mantillas—afrodita se cruzó de brazos y el galo bufo molesto con sus mejillas encendidas.
—Ya basta…—hablo el pequeño lemuriano—así no llegaremos a ningún lado… les contare mi versión de la historia… —todos lo observaron atentos.
"El maestro me pidió que recogiera los libros y los subiera al estante con mi telequinesis para que practicara mis técnicas, así que esperé que todos se fueran para recogerlos con tranquilidad, pero escuché un ruido en la puerta así que me escondí tras el escritorio, pensé que era Arles pero cuando me asome vi a Shura sobre la silla del maestro bajando las galletas—el español observo a sus dos amigos quien a su vez le regalaban miradas furiosas, dio un paso hacia atrás negando con suavidad—lo sorprendí y el tarro me cayó en la cabeza y luego en el suelo y se hizo añicos, no recuerdo más que ver a Shaka, Milo, Aioria y Camus ayudando a recoger el desastre pero entonces escuchamos otro ruido y salimos corriendo como dijo Cam…—Mu tomo aire y sonrió triunfante—dejando todas nuestras cosas olvidadas.
—Shura…—la voz de Ángelo acompañada de unos cuantos fuegos fatuos era aterrorizante—me mentiste…
—Nos mentiste…
—No… chicos… ¿Sherlock Mask?
Luego de esa terrible aclaración una avalancha de si, no, fuiste tú, yo no fui, fueron ellos, tengo hambre, quiero irme, alerto al anciano maestro que regresaba de la reunión y de paso facilito la huida del pequeño español, dejando a todos enfrascados en una discusión sin sentido.
— ¿Qué sucede aquí?— la voz del viejo los hizo detener al momento.
—x—
Los jardines tras el coliseo eran hermosos, un pequeño lago se concentraba en medio de un pequeño claro, ahí, descansando de un largo entrenamiento los tres mayores esperaban con ansias su pequeña encomienda, un movimiento de arbustos hizo que los gemelos y el griego voltearan con rapidez.
— ¿Nadie te vio?—Saga se levantó sacudiendo sus pantalones.
—No…—sonrió el pequeño con un paquete entre sus manos.
—Estamos orgullosos de ti Shura…—hablo Kanon sacando cuatro refrescos de una bolsa—ven siéntate con nosotros… compartamos el festín.
El español sonrió con una retorcida mueca.
—Tranquilo… Ángelo y Mu se lo merecen… siempre los he visto merodeando las galletas…—dijo Aioros alborotando los cortos cabellos del niño—y Aioria y Milo nos obligan a darles todas las que tenemos…
—Y Afro... por cómplice—sonrió Saga.
—Y el viejo también—hablo Kanon masticando con un visible placer cada bocado—por no darnos más desde que cumplimos diez—Aioros y su hermano asintieron.
—Ven cuéntanos como te fue con la teoría—Shura sonrió masticando las galletas.
Fiiinnnn
gracias por leer... continuaraaaaa
