Disclaimer: One Piece y sus personajes pertenecen a Eiichiro Oda.


XIV
–Caminos de Bosque–

El cabello de Nami refulgía como el fuego bajo los rayos solares; eso él lo había notado en más de una ocasión. Incluso bajo la falsa luz de una ampolleta de medianoche o en esos lóbregos pasillos mal iluminados, parecían brillar y danzar con gracia propia sobre los hombros bonitos que sus manos sostenían con más fuerza de la necesaria.

Ahora, sin embargo, los cabellos naranjos eran opacados por el familiar color de la sangre. Y nunca antes ese color le resultó tan desagradable.

Primero fue la furia. Una furia irracional que le subió de las entrañas y que no se molestó en contener, redirigiéndola hacia el grupo de soldados mediocres ya desmembrados a la mitad que siquiera alcanzaron a gritar –e incluso rogar– cuando el capitán dio rienda suelta a sus instintos más sádicos y retorcidos. La algarabía no duró más de unos segundos antes de sumirse en un completo silencio.

—Nami, abre los ojos —en la suave voz masculina había una sutil nota trémula—. No te atrevas a desmayarte.

El dolor era lacerante en su cabeza. La vista se le nublaba amenazando con marcharse hacia los confines de la inconsciencia, pero la voz de Law se lo impedía con insistencia. Intentó llevarse una mano tambaleante hacia la fuente de dolor, pero otra mano más grande se lo impidió. Nami frunció las cejas, pero incluso realizar ese ínfimo movimiento la estremeció.

—No te toques.

—Estoy bien… —aunque ella misma fue consciente de que balbuceando aquello no sonaba tan bien como quisiera.

—No te desmayes —repitió él, zarandeándole un poco los hombros antes de soltarla por un breve instante.

Nami presionó los párpados con fuerza antes de abrirlos. Borroso como veía, vio a Law estaba sentado frente a ella quitándose rápidamente la sedosa corbata que terminó hecha un ovillo. Le tomó el rostro con suavidad, hizo una pausa para mirarle a los ojos en una advertencia muda, y luego Nami no pudo evitar cerrar nuevamente los ojos cuando el dolor pareció partirle la cabeza con tanta fuerza que de pronto se sintió más viva que nunca. Chilló y le arrojó un manotazo, pero Law no se inmutó.

—Quédate quieta —ordenó—. De momento esto es lo único que puedo hacer para detener la hemorragia.

Nami se mordió el labio, notando entonces que sentía el rostro humedecido. Abrió un ojo, observando horrorizada las manos ensangrentadas de Law.

—Toda esa sangre… ¿es mía?

El cirujano ignoró la pregunta retórica, observando con ojo médico el corte que comenzaba en la frente de la navegante y terminaba donde le nacía el flequillo. La zona craneana se caracteriza por sangrar con facilidad. No era demasiado grande, pero era profundo.

—La bala sólo alcanzó a rozarte, pero vas a necesitar puntos —explicó al cabo de unos segundos donde la herida volvía a sangrar con exageración—. Mantén esto aquí.

Nami obedeció, sujetando la corbata hecha ovillo sobre su herida. Law se revisó los bolsillos, se miró la camisa y la chaqueta y luego chistó la lengua con molestia. Nami arqueó una ceja, y antes de alcanzar a preguntar cuál era el problema, las manos del capitán se fueron al borde se su vestido.

—¡O-Oye! —le arrojó otro manotazo, alborotada—. ¡¿Qué crees que haces?!

Law tomó la prenda con ambas manos y la rompió hasta sacarle un tremendo trozo de tela. Si antes el vestido le llegaba hasta los tobillos, ahora probablemente no le cubriría ni las rodillas. Nami abrió los ojos, consternada.

—¡¿Sabes cuánto me costó este vestido?!

Law apenas le dirigió una mirada como respuesta, pero fue suficiente para hacerle notar que estaba molesto. Muy molesto. Sus cejas estaban más juntas que nunca y tenía una mueca en la boca que revelaba una mandíbula tensa. Nami lo observó en silencio, decidiendo morderse los labios para tragarse las quejas mientras el capitán le vendaba la cabeza con el bonito pedazo de tela azul; sus manos se movían rápidas pero precisas, aunque sin cuidar demasiado el causarle dolores extras.

Quitó su atención sobre él y sólo entonces descubrió el cuadro inerte a pocos metros de ellos que era obra innegable del cirujano. Ver cuerpos mutilados, ver tanta sangre entre partes humanas que apenas lograba identificar no era una cosa nueva cuando se compartía tiempo con el capitán, aunque no menos escalofriante, pero no fue la escena en sí lo que la sorprendió. Law usualmente no se molestaba en ensuciar su nodachi a menos que la situación fuera compleja o sencillamente quisiera causar un sufrimiento lento por diversión –como el desafortunado caso del Dr. Arthur–, sin embargo Law ahora estaba lejos de lucir divertido. Su expresión dura, sus movimientos bruscos y las víctimas tras él eran evidencia de una furia abrazadora que, ahora mismo frente a ella, parecía estar conteniendo.

Nami se sintió confundida. Sabía que su movimiento fue uno completamente imprudente y del todo descabellado, pero había valido la pena, ¿verdad? Al menos Law ahora estaba ileso, y ella sólo con un rasguño exagerado. Pudo haber sido peor.

—¿Estás enojado por mi culpa? —se atrevió a preguntar Nami—. Las balas eran de kairouseki, ¿sabes? Si no hubiese hecho lo que hice, probablemente ahora––

—¿Puedes levantarte? —le interrumpió como si no hubiese escuchado ni una de sus palabras—. Hemos perdido demasiado tiempo considerando que algo estallará dentro de unos minutos. Debemos encontrar a Desmond y largarnos de aquí.

La navegante abrió la boca para protestar atención a su pregunta groseramente ignorada, pero la cerró cuando Law le tomó los brazos para ayudarle a incorporarse. Sufrió un ligero mareo, la cabeza le dolía a horrores, pero lo omitió. Porque no era una damisela a la cual debían proteger, era una mujer orgullosa. Sí, muchas veces prefería sacar provecho de su condición femenina para salvarse el pellejo, pero si el otro estaba en apuros no podía quedarse de brazos cruzados. Llegó a la simple conclusión de que si Law estaba molesto con ella por haberlo protegido, entonces era un malagradecido. Se soltó de su agarre con un brusco movimiento, contagiada con el fastidio del capitán, y se arregló el ahora corto vestido a regañadientes.

Law la observó detenidamente y resopló, dirigiendo sus pasos hacia la puerta antes custodiada por uno de los soldados desmembrados.


Miró su reloj de pulsera por décima vez durante la última media hora y comenzó a impacientarse.

—Doctor Strauss… —habló casi con pesimismo—. ¿Conoce a Trafalgar Law?

Hizo la pregunta y ya no esperó respuesta, echándole al hombre las dichosas gotas en los ojos antes de volver a su lugar tras él. Las órdenes del señor Pávlov fueron claras: antes de medianoche debía tener respuestas a una extensa lista de preguntas. Claramente, aún no lograba pasar siquiera de la primera que constaba de una obvia respuesta, pero que sabía bien era parte del protocolo de un interrogatorio. Si aún no contestaba esa, nunca contestaría las más complejas y capciosas.

Gruñó por lo bajo, dedicándole nuevamente una mirada nerviosa al reloj. Tres minutos. Si no salía de ahí en tres minutos quedaría sepultado en ese recóndito cuartucho sin que nadie lo supiera más que su compañero tras la puerta que ninguno podía traspasar.

¿Por qué alguien como él tenía que hacer el trabajo sucio? Nunca se le dieron bien los interrogatorios. Aparentaba ser un hombre duro, pero no podía negar que le remordía la consciencia torturar de esa manera a uno de sus compañeros del laboratorio. Excompañero; el Dr. Strauss era un traidor innegable al resguardar la identidad de quien bien sabían quién era. Pocas veces cuestionaba las decisiones del señor Pávlov, pero arriesgar tantos años de investigación y prestigio sólo por un hombre evidentemente peligroso, hacía mella en su curiosidad.

—Doctor Strauss. Respóndame, por favor… ¿conoce a Trafalgar Law?

Tal como esperaba, Desmond, el destacado epidemiólogo del laboratorio de Baskerville, no abrió la boca ni aunque hubiese reformulado un poco la pregunta y cambiado su tono por uno incluso suplicante.

Ignoraba por completo quién demonios era realmente Trafalgar Law, sólo sabía que el señor Pávlov lo quería en sus manos –a él y a su acompañante femenina– cuanto antes. Vivo, por cierto; aquello lo enfatizó con brío. Por ningún motivo podían herirlo de gravedad.

Dos minutos. Si en dos minuto no le sacaba palabras al Dr. Strauss, estaría en serios problemas. Mucho le había costado llegar a ser la mano derecha de Iván Pávlov. Rehusándose a perder su confianza y a quedar sepultado en el olvido, se armó de valor y tomó las pinzas quirúrgicas, posicionándose junto al rehén. Si el estrés psicológico no era suficiente para quebrantar su voluntad, entonces un poco de dolor gatillaría al menos alguna reacción de su parte.

No, no era bueno interrogando ni torturando. Pero si para salvarse la vida y mantener su reputación debía mancharse las manos, lo haría.

—Doctor Strauss, lo preguntaré una última vez —dijo entonces—. ¿Conoce a Trafalgar Law?

Los ojos azules coartados a permanecer abiertos estaban clavados en el monitor de imágenes confusas. Sin embargo, cuando sus deseos de gloria y fama vencieron su humanidad, casi da un respingo cuando el rehén de pronto le miró a los ojos como si hubiese comprendido la amenaza implícita en sus palabras. Abrió la boca repetidas veces, como si el formular palabras claras constituyera un trabajo complejo.

—V-Ve…

—¿Doctor Strauss? —intentó persuadirlo, acercándose un poco a él para oírlo mejor. Desmond resopló con cansancio, tomó aire y finalmente –de manera arrastrada y mal pronunciada– dijo:

—…Vete a la mierda, Samuel —apenas lo balbuceó, pero la sonrisa satisfecha que se acomodó en sus labios secos fue suficiente para que el hombre perdiera la escasa paciencia.

—¡Maldito! ¡Me has estado escuchando todo éste tiempo! ¡¿Sabes lo que hará el señor Pávlov cuando––

Una fugaz ráfaga de aire serpenteante y filosa le rozó los cabellos enmudeciendo sus palabras de inmediato, destruyendo en aquel hálito el enorme monitor. Parpadeó confundido, y acto seguido un ruido estridente lo sobresaltó. Los ojos casi se le salen de las cuencas cuando la gruesa puerta metálica –capaz de contener explosiones y de aislar el ruido– voló por los aires y cayó atronadora a escasos metros de sus pies. El polvo se alzó parsimonioso nublándole la vista.

—Creí que las entradas escandalosas no eran lo tuyo —escuchó decir a una voz femenina.

—No lo son —le siguió una voz varonil—. Pero ya ha sido suficiente de jugar a ser civilizados.

Cuando vio el filo de una peculiar katana cortando el polvo y revelando las identidades de ambos intrusos, entró en pánico. Empuñó las pinzas quirúrgicas en un arrebato instintivo, pero no logró el resultado que mucho deseó obtener pues Trafalgar Law se quedó impávido en su lugar, evaluándolo durante unos momentos. Luego, una ceja se alzó en su rostro.

—Vaya… —murmuró Law con sorna, esbozando una sonrisa ladeada—. ¿No es acaso nuestro querido amigo el señor Samuel, el posadero de Cleyra?

—¿Eh? ¿Quién? —Nami observó con escrutinio al hombre de expresión huraña—. ¡Oh, ya lo recuerdo! —exclamó entonces, apuntándolo con un dedo acusador—. ¡Es cierto, es el padre de Julia!

Samuel, el padre de Julia, gruñó por lo bajo retrocediendo un paso cuando el cirujano hizo lo opuesto en su dirección.

—¡Aléjate, bastardo! —bramó encolerizado, aunque su voz sonó temblorosa—. He visto lo que eres capaz de hacer, pero aquí no te servirá de nada. La mansión estallará en pedazos en menos de dos minutos, y nadie sabrá quién eres —amenazó, bajando el volumen de su discurso antes de añadir en un susurro—: Ni siquiera el señor Pávlov…

Law lo miró con gesto aburrido y luego desvió su atención hacia el monitor humeante tras el hombre, frunciendo el entrecejo al reparar en la peculiar silla de madera encarando a pocos centímetros el monitor. Una sombría figura yacía amordazada e inmovilizada contra la silla. La navegante se le adelantó un paso cuando descubrió lo mismo, pero Law le tomó el brazo para detenerla.

—Desmond —dijo él, ladeando la cabeza y alzando un poco la voz para que el aludido le escuchara—. ¿Puedes oírme?

Los segundos pasaron lentos y en silencio. Nami se mordió el labio temiéndose lo peor.

—¿Qué le has hecho…? —murmuró ella, volviendo sus ojos muy abiertos hacia el hombre corpulento. En su estado de alerta nervioso, Samuel logró soltar una carcajada arrogante.

—Está drogado, no será capaz de mover un músculo durante algunos días —explicó desdeñoso—. Aunque, quién sabe, luego de tantas horas suministrándole sustancias y atacando su sistema neurológico, tal vez nunca pueda volver a––

—Nami, ¿puedes encargarte de Desmond? —preguntó Law pasando de Samuel por completo, aunque sin romper el contacto visual con el hombre que luego de tan grosera interrupción se armó de valor para maldecirlo en un gruñido iracundo—. Me gustaría tener una palabra con el señor Samuel antes de escapar de éste lugar.

Law la miró por el rabillo del ojo y esperó hasta que Nami asintiera para soltarle el brazo. La navegante dio un paso tentativo antes de precipitarse en una rápida carrera hacia Desmond, observando al hombre que empuñaba unas pequeñas pinzas quirúrgicas. Pero Samuel, siendo un hombre sabio y precavido, no se movió de su lugar. Apenas la miró un par de veces sin bajar la guardia ante Law, quien como única advertencia acomodó el peso de la nodachi desenfundada sobre su hombro.

—Ahora, señor Samuel… —comenzó Law cuando vio que Nami no parecía tener problemas—. Dime, ¿qué es lo que pretende ocultar el señor Pávlov haciendo volar su propia mansión junto a su personal? Supongo que la orden de evacuación es exclusiva para ustedes sus monigotes.

—¿Q-Qué? —tartamudeó Samuel, desconcertado—. ¿Piensas interrogarme aquí, en éste lugar? ¿Ahora? ¡¿Estás loco?! ¡Acabo de decirte que la mansión va a estallar dentro de––

—Entonces no me hagas perder el tiempo —sentenció Law, cortando la distancia entre ambos—. Tienes menos de un minuto para responder.

—¿Y luego qué? —retrocedió receloso—. ¿Vas a dejarme escapar?

Law avanzó hacia él hasta que Samuel no pudo retroceder más cuando el muro abrazó su espalda temblorosa. En su expresión se leía el terror pero no la cobardía; tenía el coraje de no amainarse así como la sabiduría de no precipitarse contra el cirujano. No retrocedió cuando el filo de la nodachi le rozó el cuello sudado. Una infame sonrisa se acomodó en los labios de Law.

—¿Dejarte escapar? —el volumen de su voz fue bajo; avieso—. ¿Por qué haría algo como eso?

A Samuel la respiración se le trabó en la garganta y un sudor frío le provocó escalofríos. Al cabo de unos segundos en silencio, donde lo único que se oía eran los movimientos apresurados de la navegante, tuvo la osadía de arrojarle al capitán una sonrisa torcida acompañada de una seca carcajada.

—Jódete, Trafalgar. Tú y tu mujerzuela pueden irse a la mierda —espetó con acidez—. No entiendo qué demonios es lo que el señor Pávlov ve en ti…

Los fríos ojos de Law se entornaron con molestia y Samuel no fue capaz de sostenerle la mirada. Sus ojos de hombre orgulloso cayeron al piso, angustiados.

—¿Quién eres tú? ¿Quién te crees que eres para arrebatarme todos estos años de esfuerzo? —murmuró—. Dicen que eres la pieza fundamental para finalizar el proyecto Dharma… ¿Qué puedes saber tú de––

Las palabras de Samuel fueron interrumpidas por un ruido suave, monótono y muy característico. El rostro se le puso pálido, y tanto Law como Nami, quien se mantenía en silencio pero escuchando el diálogo con atención, le miraron perplejos.

El Den Den Mushi sonó tres veces antes de que Law hablara.

—Contesta —ordenó, quitándole la nodachi del cuello e indicándole con la misma el bolsillo de su pantalón.

Samuel abrió la boca un par de veces, pero no dijo nada. Su mano se movió torpe, rebuscando en su bolsillo para extraer el pequeño caracol que cantaba con insistencia. Su mirada nerviosa se movió desde el aparato hacia Law repetidas veces antes de levantar el auricular. Se mantuvo en silencio hasta que finalmente la voz se oyó desde el otro lado del comunicador.

¿Samuel?

—S-Señor Pávlov…

¿Puedo saber por qué no te has reportado aún?

—Bueno… —Samuel frunció los labios, observando a Law con los ojos muy abiertos—. E-El procedimiento ha f-fallado, señor. El Dr. Strauss no––

El Dr. Strauss carece de importancia —interrumpió Pávlov—. ¿Trafalgar Law no ha hecho acto de presencia? Según informes de la unidad de represión, fue visto por última vez cerca del salón principal. Es imposible que haya escapado de la mansión; probablemente ya está en camino hacia––

—Me lo temía… —bufó Law, arrebatándole el aparato a Samuel—. El repentino ataque de los sabuesos y el capturar a Desmond… todo esto ha sido para atraernos hasta aquí, ¿me equivoco? Debo admitir que su habilidad para crear montajes me ha impresionado, señor Pávlov.

Del otro lado de la línea, Pávlov guardó silencio por unos segundos.

Señor Torao —respondió finalmente—, qué agradable es escucharlo sano y salvo. Veo que la conmoción que han provocado los sabuesos no bastó para aplacar su incredulidad. ¿No debería estar acaso en el salón principal intentando salvarse la vida?

—Creo que ya hemos tenido suficiente de fachadas y buenas formas —contrarió Law—. ¿Ahora qué? Estoy justo donde me querías.

Directo al grano, señor Torao; me agrada —rio el viejo fisiólogo—. Supongo que estás al tanto de que la mansión estallará dentro de… bueno, eso es relativo, ahora mismo la decisión está en mis manos; sólo debo pulsar un botón y todo allí será reducido a cenizas. ¿Qué opinas de eso, Trafalgar?

Law arqueó una ceja, mirando el Den Den Mushi y luego a Samuel, que permanecía estático contra la pared.

—…Pienso que debes de estar muy desesperado por ocultar ese proyecto que tienes entre manos.

¿Ocultar? ¡Es todo lo contrario! Gracias al proyecto Dharma ahora les hemos dado algo nuevo de qué hablar: una verdadera tragedia para el pueblo de Baskerville. Pero aún no está completo; tú y la señorita Nami, que supongo aún sigue a tu lado, son la prueba fehaciente de que el proyecto aún es defectuoso —explicó Pávlov—. ¿Qué piensas? ¿Te gustaría ver el último acto de ésta magnífica obra?

Por cada palabra que soltaba el viejo, una nueva interrogante florecía. Tal como había dicho Samuel, Pávlov realmente parecía tener un interés exclusivo en él, y algo le decía que no se trataba de un interés similar al del Dr. Arthur Gottlieb, en el asilo de Marlett. Al contrario de Gottlieb, quien cayó fácilmente en trampas simples, Pávlov ahora le llevaba un paso adelante. Law se tomó su tiempo cuidadosamente antes de contestar.

Sin embargo cuando abrió la boca para hablar, Nami se le adelantó.

—¡No te atrevas a aceptar! —exclamó—. No sé qué planes tiene ese viejo loco, pero si pretende hacer volar ésta mansión junto a su propio personal, estoy segura de que su magnífica obra no tiene nada de espléndida. ¡Debemos largarnos de aquí y tratar a Desmond cuanto antes, está inconsciente!

¡Oh! Arisca y recelosa como una gata, señorita Nami —comentó Pávlov, evidentemente divertido—. De todas formas, Trafalgar, no esperaba que aceptaras de inmediato. Te daré todo el tiempo que necesites para evaluar tus opciones; que por cierto, no son demasiadas. En cuanto a la explosión, señorita Nami… —hizo una pequeña pausa, resoplando antes de continuar—: ...sería una verdadera lástima que no logren escapar con vida.

—Puedes esperar todo lo que quieras —expresó Law, manteniendo el contacto visual con la navegante—. Por lo demás, no tenemos planes de morir en éste lugar.

Los altos mandos dicen que el capitán de los Piratas Heart, el afamado Shichibukai, es un hombre indomable… —murmuró Pávlov—. Me gustaría poner a prueba esa tenacidad.

Siendo aquellas sus últimas palabras, la señal se perdió en el ruido constante de la estática que emitió el Den Den Mushi ahora dormido. Law lo observó un momento, aún con demasiadas interrogantes en mente, y justo en el momento en que le arrojó el aparato a Samuel, un ruido más fuerte y atronador obligó a todos en el estrecho lugar a cubrirse la cabeza y a encogerse en sí mismos cuando los muros, el suelo y el techo se sacudieron con violencia.

No era sólo una, se trataba de una seguidilla de explosiones en cadena. El techo comenzó a trizarse, soltando peligrosos trozos de concreto que caían en todas direcciones. Tras la puerta destruida, Law vio un hálito de fuego aproximándose a velocidad desde el pasillo, quemándolo todo a su paso.

Nami alzó la cabeza y cuando la luz incandescente le quemó los ojos, aferró el cuerpo inerte de Desmond contra sus brazos y cerró los ojos con fuerza a espera del calor abrazador. Pero en lugar de ello, sintió una mano cálida en su brazo, un tirón, y luego esa familiar sensación vertiginosa bailándole en el estómago.

El frío de la noche acarició su piel, y cuando abrió los ojos, Law estaba frente a ella sosteniéndole los brazos.

—¿Estás bien? —preguntó en un susurro, observándola de pie a cabeza—. ¿El fuego no te alcanzó?

Nami parpadeó confundida, paseando la mirada por los alrededores. Tras ellos, la mansión de Baskerville ardía en llamas. Los gritos se oían incluso desde allí. A su lado, Desmond estaba recostado contra la rueda de su carruaje.

Estamos afuera... con vida.

—S-Sí… creo que estoy bien —musitó—. Sólo algo conmocionada.

—Sube al carro, rápido —ordenó Law. Abrió la puerta del vehículo y tiró de sus brazos de manera suave pero demandante para que hiciera lo que le decía.

Apenas estuvo a bordo Nami rápidamente ayudó al capitán a subir a Desmond hasta dejarlo recostado en el asiento acolchado opuesto a ella. Law cerró la puerta y sólo entonces Nami reparó en la presencia de una cuarta persona junto al capitán.

—¿Samuel…? —murmuró incrédula, observando la corta conversación que no logró oír tras las puertas.

El hombre se quedó allí, de pie y con expresión rendida, asintiendo repetidas veces a lo que fuera que Law le estaba diciendo. Cuando el cirujano subió de un salto al asiento del cochero y tiró de las riendas de los caballos, Samuel alzó la vista y le dirigió una débil sonrisa a Nami a través del pequeño ventanal antes de que el carruaje partiera en una apresurada carrera.

No era una sonrisa torcida ni desdeñosa. Era una derrotada, incluso condescendiente.

Nami se giró sobre su asiento para dedicarle una última mirada a la enorme mansión de Baskerville; sin embargo el simple movimiento le costó de pronto un punzante dolor de cabeza y un mareo nauseabundo. Se llevó una mano a la frente y palmeó el trozo de tela que de momento servía de torniquete, descubriendo por vez primera que su cabellera estaba humedecida por la propia sangre. La visión de su palma ensangrentada la estremeció, y la velocidad que imponía Law a los caballos provocaba sacudidas violentas en la carrosa y mareos extras en la navegante.

Recostado frente a ella, Desmond parecía dormir plácidamente, pero su expresión contraída, los labios partidos y los párpados hinchados evidenciaban su mal estado. Se limpió las manos en el vestido destrozado –en gran medida gracias a Law–, se inclinó un poco y le ordenó los cabellos castaños acomodándoselos tras las orejas. Sus cejas apenas se fruncieron ante el contacto.

El lamentable estado de Desmond no era más que una demostración de cuán lejos podía llegar Pávlov por obtener lo que quería. Incluso Samuel –quien finalmente parecía haberlo aceptado–, era sólo un peón en el tablero de Iván Pávlov, al igual que todas esas personas encerradas en su propia mansión. Pávlov no tenía reparos en utilizar y derrochar cuántas vidas quisiera por obtener lo que deseaba.

Todo eso sólo por Law.

Observó la espalda del capitán que agitaba las riendas una y otra vez contra el lomo de los caballos que no detenían el paso, y luego desvió sus ojos hacia los papeles que aún sujetaba su mano izquierda. Realmente deseó que allí estuvieran las respuestas.

Afuera, los solitarios caminos de bosque se volvieron sinuosos. La niebla parecía abrazar cada rincón del continente.

Cerró los ojos y apoyó la cabeza contra la puerta. Su conciencia se perdió en el bailoteo del carruaje y en el relajante trote de los caballos.


Notas muy largas que, por cada capítulo que pasa, las escribo aún más largas:

Ya, lo sé, otra vez me demoré un montón en actualizar, y yo también sigo muchos fics, así que sé lo que es tener que esperar tanto por un capítulo u_u. Pero como he dicho en más de una ocasión, no es que no quiera escribir más rápido ni que tenga planes de abandonar el fic, ¡todo lo contrario! Escribir me abstrae de la rutina y del ajetreo de la vida diaria; intento aprovechar esos cortos momentos de tiempo libre para hacerlo. El problema es que no soy muy buena organizándome, siempre ando haciendo las cosas a última hora XD. A lo que voy es que no, no piensen que disfruto haciéndoles esperar ni mucho menos que me perdí para no volver. Si hay algo a lo que puedo comprometerme por completo, es a escribir (sí, a eso y nada más XD)

En cuanto al capítulo… es del todo Law-referente, Nami no tuvo mucho protagonismo porque así lo quiso Pávlov (?). Finalmente tuvieron un pequeño encuentro con el malo malote que honestamente no sé si es el malo malote, pero así parece. Luego de tantas tragedias griegas, de hacerles corres de un lado a otro con perros raros persiguiéndoles, digamos que ahora se viene un pequeño hiatus para ellos que, claramente, no será menos importante para el desarrollo de la historia.

"Caminos de bosque" es el título de una obra de un autor que recomiendo fervientemente. Aunque sin tanta similitud, quise hacer referencia a lo siguiente: "En el bosque hay caminos, por lo general medio ocultos por la maleza, que cesan bruscamente en lo no hollado. […] Cada uno de ellos sigue un trazado diferente, pero siempre dentro del mismo bosque. Muchas veces parece como si fueran iguales, pero es una mera apariencia […]". Divagaciones mías, ignórenme XD

Por último (aunque no tan último), tengo algo que pedirles. Estuve releyendo unos capítulos anteriores y me di cuenta de que tengo algunas faltas de ortografía bien feas, redundancias varias o errores de tipeo que no noté a pesar de que reviso los capítulos cuarenta veces antes de publicarlos u_u. ¿Alguien se animaría a betearme los próximos capítulos? ;D

Y bueno, como me da pena no responderle por PM a los anons, les respondo por aquí:

Panthera Kira: Doyle se revolcaría con odio en su tumba si leyera mi fic, mira las cosas que le hago a sus novelas XD, pero para una de sus fanáticas empedernidas ese es un cumplido hermoso, ¡me emocionaste! ;_; ¿Sabes cuántas veces escribo un párrafo, lo borro y lo vuelvo a escribir una y otra vez? Hay días en que no puedo avanzar ni dos líneas, y hay otros en que escribo página tras página como una bala. No es que odie mi escritura, pero si no logro que me provoque "algo", entonces lo considero malo y vuelvo a escribirlo de mil maneras hasta lograr lo que quiero. Es por eso que a veces digo "éste capítulo no me gusta", o "me gusta la primera parte", etc, porque siento que podría haber dado un poco más de mí por escribir algunas partes, aunque creo que eso ya es un problema de un auto-criticismo excesivo casi dañino, jé D:. Así que, para alguien que se maltrata con frecuencia, es muy gratificante recibir comentarios como los tuyos. Tal vez esos párrafos que me rompen la cabeza no son tan terribles como imagino (sin ánimos de sonar conformista, claramente XD). En fin, ¡te agradezco muchísimo el leer y comentar!, espero que te gusten los próximos capítulos ;D

lala: ¡No quiero matarte! :(, pero si es por Law y su virilidad, a todas nos está matando (?) jajaja. Gracias por comentar n_n

Trafalgar-Ki: Efectivamente, las balas eran de kairouseki. Desconozco si Law puede tratar con balas de ese tipo, pero supondremos que sí porque, bueno, es Law y él puede hacerlo todo (?), lástima que Nami no haya pensado lo mismo, jojo. Y reitero, NO, no lo abandonaré, estoy demasiado empotrada escribiendo esta historia como para pensar en abandonarla :B. Lamento haber demorado tanto… espero que no hayas muerto u_u.

mire: Lo mismo para ti, ¡siento muchísimo la tardanza!, espero hayas disfrutado éste capítulo ;D

zelda: Veo que si sigo así de lenta para escribir se me van a morir todas XD, tranquila, que me demoro en actualizar un poquito pero lo continúo :)

patriiaXD: Nami está bien, ¿lo ves? ;D Tiene un torniquete ordinario de momento, pero los cuidados de Law ya vendrán. *cof cof spoiler*

SuperLaw: ¡¿Te lo has leído 6 veces?! ¡Ni yo podría leérmelo tantas veces! XD Ahora me siento mal por hacerte esperar tanto ;w; Nami ya está cayendo por Law y ni cuenta se da… o tal vez sí… ya veremos :x

AllukaZoldyck00: Lo único que tengo planeado del fic es el final, así que como va la cosa, seguro que será muy largo y vendrán muuuchos momentos entre Nami y Law. Cariños para ti, Sosi ;D

Guest: más de 4 días, ya pasó más de una semana. Soy una autora lenta, perdóname u_u

Y eso, creo que no se me escapó nadie.

¡Muchísimas gracias por leer!
Con abrazos de oso panda, porque hace frío (sí, acá hace frío :c), para ustedes:
Merle.