MSLN no es mío.
"Atletismo"
No sabía que Hayate formaba parte del club de Atletismo. Se preguntaba qué hacía una chica como ella ahí. No encajaba. Fate sabía que era como meter a un lobo en un gallinero. Como meter a un zorro en una conejera. Como meter a un mapache en... ¿Qué comían los mapaches? No lo sabía. Se hizo una nota mental para buscarlo luego.
Como sea. No encajaba.
Pero sabía que Hayate era rara. Y que algo interesante habría en el club como para que la castaña fuera todos los días religiosamente después de clase. Así que fue con ella, porque si algo llamaba la atención de Hayate más de dos minutos, quizá, y sólo quizá, también podría interesarle a ella. Como era de esperar no conocía a nadie y los pocos que se presentaban y temblaban como hojas ante ella, habían quedado rápidamente en el olvido. ¿Dónde se había metido Hayate?
La buscó. Escaneó con la mirada la zona que tenía a la vista y no la encontró. ¿Los mapaches se hacen invisibles? Fate estaba a punto de iniciar un intrincado debate interior sobre las cualidades físicas de los mapaches y la probable evolución de los mismos a lo largo de los años para lograr una mayor capacidad adaptativa en ambientes como los colegios e institutos cuando escuchó unos gritos.
Quizá los mapaches dominen el mundo.
Vio como una pelirroja enana corría detrás de alguien -Hayate- gritando insultos como si la vida le fuera en ello. Vio como la misma pelirroja se tropezaba y se estampaba dolorosamente contra el suelo. Y vio cómo volvía a levantarse todavía más furiosa y reiniciaba la persecución. ¿Esto era un entrenamiento? ¿Hayate hacía eso? ¿Correr o morir? No lo sabía pero su amiga tenía problemas. Hasta ella se daba cuenta de que el cabreo de la enana pelirroja era desmedido y peligroso. No iba a intervenir, ni hablar. Pero el pánico se adueñó de ella cuando vio a Hayate ir en su dirección mientras gritaba su nombre con una enorme sonrisa, y con la enana asesina detrás. La escena parecía que se reproducía a cámara lenta y la voz de Hayate sonaba distorsionada, hasta que Fate empezó a correr y todo volvió a la velocidad normal.
Corrió rápido.
Más rápido.
Casi no se veía los pies de lo rápido que iba. Sólo escuchaba la risa desquiciada de Hayate y su respiración entrecortada.
Cuando se detuvieron ambas sudaban y respiraban aparatosamente, y una vez recuperadas lo suficiente intercambiaron miradas. "¿Qué has hecho?". Preguntó silenciosamente con la mirada sin ganas de gastar más saliva. Porque no lo dudó un segundo, claro, era evidente que la castaña había hecho algo. Desde que la había conocido siempre era así. Hayate, entendiendo lo que quería decir, sonrió con descaro y mostró su móvil acompañado de una pose más propia de un jugador de tenis que acaba ganando el set que de una chica sudada, roja y que apenas podía tenerse en pie.
Fate miró con desconfianza el aparato. Y miró con más desconfianza a Hayate. "No habrás hecho algo indecente con eso, ¿no?". Si tuviera que definir a su castaña amiga, loca y pervertida serían los adjetivos ganadores, pero demonios, aunque nunca lo admitiera en alto se lo pasaba bien con ella. La sonrisa de Hayate se amplió todavía más ante la pregunta. Oh Dios. Sí lo había hecho. Fate se cruzó de brazos con la típica pose indignada del que sabe lo que dice y no espera réplica alguna del idiota al que va a regañar. "Hayate, me veo en la obligación de decirte que no es sano ni remotamente normal usar un teléfono móvil como juguete sexual, por muchos tipos de vibración que tengan. Sabía que eras algo pervertida pero no que llegaras a tales extremos con tal de satisf...". Se detuvo.
Estaba esperando la carcajada de Hayate junto con una frase ingeniosa o como mínimo hiriente. En cambio no escuchó nada.
Silencio.
Fate miró a su amiga, que estaba pálida y aterrorizada, y su amiga miró detrás de Fate. La rubia se dio la vuelta poco a poco, sabiendo que, por la cara de horror que ponía Hayate, como mínimo podría encontrarse una horda de zombies o de fans. Lo que ocurriera antes. Pero no. Sólo era la pelirroja enana.
Oh...
DIOS DIOS DIOS. LA ENANA SALVAJE HABÍA VUELTO.
"¡HAYATE CORRE!".
"¿Hayate...?".
"...".
Hayate se fue. Te ha abandonado, Fate.
"Es un mapache que puede hacerse invisible".
Sabes que no, siempre te digo que a su lado acabarás loca o muerta.
"No pensé que ocurriría tan pronto".
Deberías haber hecho el testamento.
"Tienes razón, ¿y si rezo?".
Ni lo intentes, a estas alturas Jesús sabe que no crees en él. Date la vuelta y enfrenta a la enana.
"...Ok".
Y Fate se dio la vuelta. Despacio. Con cuidado. Sabía que con los animales salvajes los movimientos repentinos eran más peligrosos que útiles. Y cuando la tuvo enfrente y la miró, frunció el ceño. Aquella enana salvaje era canija y la postura de los brazos en jarra junto con la expresión seria no hacían más que reforzar la imagen de niña malcriada, seguro que era de primaria. No entendía por qué había huído de ella, porque era ella ¿no?, antes parecía más mayor y bruta, sin querer buscó por el pasillo a la otra persona. Fate maldijo su mala memoria y la volvió a mirar. "¿Seguro que deberías estar a tu edad en el Instituto?".
Y así es como Fate acabó en el club de Atletismo. La enana salvaje, según descubrió después, era la Capitana del club y se llamaba Vita, y después de perseguirla de nuevo, atacarla y maldecirla hasta el fin de los días, la había arrastrado como un saco de patatas hasta el club, donde se encontraba Hayate charlando animadamente con varias chicas como si no pasara nada. Fate participaría en el club como penitencia por decirle enana a Vita, y correría en eventos importantes.
Aparentemente Hayate le había dicho a la enana salvaje que Fate corría rápido, cosa que la rubia no sabía, y había decidido meterla en el club proclamándose su mánager en el proceso. Si no fuera por el descuido de Fate -más bien error mortal- de dudar de la edad de Vita, algo sobre lo que la pelirroja era muy irascible, Fate habría sabido que querían reclutarla desde antes, como si de un secta se tratase, por el hecho de que movía a las masas.
Como consecuencia de ello, y sobre todo por culpa de Hayate, su popularidad aumentó. La pelirroja enana la odió más por ello. Y su castaña amiga sólo podía sonreír complacida a pesar de ser igualmente maltratada por la canija con mala leche.
Aquel día Fate despertó su instinto asesino a la vez de despertaba nuevas pasiones por la clase de gimnasia, y se estableció un nuevo récord de sangrados nasales en la enfermería gracias a la contribución fotográfica de Hayate. ¿En qué momento había sacado esas fotos tan vergonzosas de ella?
Si había algo bueno en el hecho de ser amiga de Hayate Yagami aun no lo había descubierto, pero que comprara su perdón con las ganancias de las fotos era un buen comienzo.
:3
