Antes de nada gracias por los comentarios, los favs y los followers. Animan un montón :3
Segundo, en principio la historia sólo trata de Fate y su entorno, esa era mi idea, pero no descarto el NanoFate, el HayaFate o el FateXeveryone. No offense.
Si MSLN fuera mío... pero no lo es.
"La heroína"
No tenía por costumbre perder el tiempo pensando en complejas ideas ni en aquellas cosas que no podía controlar. Así que básicamente no pensaba. Era consciente de la existencia del libre albedrío y si algo tenía que ocurrir, ella bien sabía que ocurría tarde o temprano. Aunque cada vez estaba más convencida de que todo era culpa de Hayate.
Aquella mañana de Viernes todo había ido de perlas. El Sol salía por el Este... ¿el Este?, no no, era el Oeste. Seguro. Ay, por los oxidados clavos de Cristo, ¿por dónde salía el puñetero Sol? Da lo mismo. El Sol salió aquella mañana, los pájaros cantaban..., ella por una vez se levantaba a tiempo para no llegar tarde al instituto..., se había arreglado bien el uniforme..., podía desayunar cómodamente... y, por una vez, sintió que la vida le sonreía. Bardiche la acompañaba de camino a clase mientras charlaban sobre cómo el animal había salido de fiesta con sus compañeros de trabajo y habían acabado más perdidos por las calles que el billete de diez que te olvidas en los vaqueros. ¿Ser un delincuente era un trabajo? Quizás era un gángster y no lo sabía. Como fuera, era un duro golpe a la moral que un gato tuviera más vida social que ella, quizás tenía que conocer a más gente. Tomó nota mental.
No pudo seguir pensando demasiado sobre ello. Bardiche estaba bufando furioso, como si le hubieran robado la comida, y miraba fijamente hacia el otro lado de la calle. Fate lo miró sorprendida. Nunca había creído que Bardiche fuera miedoso, su pelo negro estaba totalmente erizado mientras abría la boca y enseñaba los colmillos. Fate miró hacia donde el gato gruñía desesperado, y vio a alguien de cabello cobrizo y totalmente desconocido corriendo hacia la carretera mientras perseguía a un pequeño animal. Tras aquella persona corría otra más mayor, un par de años más que ella, que gritaba cosas ininteligibles para la rubia. Y entonces se dio cuenta a lo que Bardiche reaccionaba.
Un coche se acercaba rápidamente y tanto el animal como aquella chica estaban ya en medio de la carretera, justo en la trayectoria del vehículo que parecía no aminorar. Un nuevo y agudo gruñido de Bardiche la puso en alerta y cuando quiso darse cuenta estaba corriendo a la desesperada intentando apartar a aquella chica y al bicho al que perseguía del asfalto, mientras el coche empezaba a pitar desquiciadamente al ver que no podría frenar a tiempo. El desastre se cernía sobre ellos. Fate jamás había sido tan consciente de su pulso ni de la tensión en su cuerpo, tampoco se dio cuenta del grito ahogado que pujaba por salir del pecho y le constreñía los pulmones, y tampoco se dio cuenta de que abrazaba fuertemente a la muchacha y al animal, y rodaba un par de metros mientras se arañaba y golpeaba antes de detenerse en el suelo como una croqueta y ver, con absoluta sorpresa y terror, que tanto ella como la chica cobriza y el extraño y amarillo pseudoanimal seguían con vida.
Bardiche corrió hacia donde se encontraba, visiblemente preocupado por su rubia y humana amiga, y mientras, la persona mayor, universitaria tal vez, que gritaba desde la distancia se teletransportaba hasta donde estaban y, después de comprobar que la otra muchacha se encontraba bien, aunque asustada, abrazaba a Fate como una boa constrictor en acción con complejo de oso amoroso.
Después de que Fate llamara a la policía -mamá Lindy- y a la ambulancia -amigos de mamá Lindy-, el asunto acabo resolviéndose. El conductor del coche iba hablando por el móvil y evidentemente excedía la velocidad permitida en una vía pública y cercana a colegios, Lindy se encargó de apretarle las tuercas mientras, de nuevo, a Fate le rompían un par de costillas al abrazarla con alivio y preocupación mezcladas.
Una vez resuelta la situación, curadas sus heridas -un par de quemaduras y arañazos como regalo de su heroicidad-, ser de nuevo abrazada bestialmente por aquellas personas desconocidas que sin reparos la toquetearon por todos lados mientras le daban decenas de cupones de descuento, y ser debidamente agradecida con la debida reverencia por las mismas personas a las que la rubia no esperaba volver a ver, ni a salvar, Fate se dirigió a clase junto a Bardiche, que todavía tenía el lomo algo erizado y no se despegaba de su lado. Llegaba tarde.
Aquel bonito Viernes apestaba, y encima se le había antojado un pastel porque la chica aquella olía a glaseado.
Por si fuera poco, la castaña había encontrado divertido, o medianamente interesante, empapelar los pasillos con fotos tamaño póster de Fate en situaciones en las que la rubia no recordaba haber estado, ni para las que había posado. Es más, Fate sospechaba que esas fotos eran algo antiguas a su amistad con la castaña, amistad que se estaba replanteando y no por primera vez. Según el mapache en una conversación posterior, era un experimento social que podía proporcionarle las claves para ser dueña y señora del instituto, aunque Fate no sabía qué relación podría haber entre unas fotos gigantes de ella misma y el profundo sentimiento dictatorial, y probablemente pervertido, de Hayate.
Pero la castaña estaba de buen humor, y eso a Fate le gustaba aunque le trajera problemas. Además del regaño por llegar tarde, aparentemente ser casi atropellada no era una justificación de peso a no ser que te arrastraras hasta la dirección del Instituto y los mismos profesores vieran tu último suspiro, se pasó gran parte de la mañana castigada porque los profesores creyeron apropiado penalizar su conducta, cuando no había sido ella quien había pegado los pósters. "Sólo un idiota firmaría la escena del crimen con su propio nombre o imagen", les dijo. Pero no hubo forma de hacerles cambiar de opinión. Así que mientras Hayate pasaba tranquilamente las horas, libre de sospecha, ella ayudaba al resto de clubes con sus tareas.
Aparentemente era el mejor castigo posible para una persona como ella, dijeron. ¿Como ella en qué sentido? ¿Inocente? ¿Heroica?
Pero no había nada que hacer. Antes de que sonara el timbre de la última hora de clase, el profesor se preocupó de recordarle reiteradamente a Fate lo que tenía que hacer para cumplir su castigo. "Testarossa-san, ¿ha entendido cuáles son sus deberes asignados hasta que cumpla su castigo?". La rubia le miró, claro que lo había entendido, hasta donde sabía era capaz de entender y hablar fluidamente japonés así como italiano. Era cierto que algunas veces en clase de caligrafía no prestaba atención pero no era su culpa si su mente, repentinamente, aportaba una justificación contundente y decidía que jamás usaría un quinto de las palabras que allí la estaban enseñando. Total, no es como si Bardiche le fuera a preguntar el significado de tal o cual kanji, si estaba en hiragana o en katakana, o qué pasaba con determinada partícula si se quitaba de en medio para hacer espacio al texto. Porque claro, según Fate, los textos japoneses tenían la mala costumbre de extenderse hasta el infinito para decir que un árbol era un árbol, y luego se sacaban de la manga una palabra, sílaba, o dibujito abstracto que resumía todo lo que había leído.
"... Testarossa-san, ¿está escuchando?". La rubia asintió mirándole se soslayo. Esa pregunta era ofensiva, no es como si estuviera pensando en cualquier cosa de buenas a primeras. Ella se consideraba una persona responsable y educada. Su madre siempre le había dicho que escuchar a los mayores era algo muy importante en su sociedad y que el respeto era un derecho humano. "...Bien, bien. Me alegra que se ofrezca voluntaria para vigilar a la señorita Testarossa, no dude en contactar con los profesores de guardia si necesita algo. Las veo mañana." Mañana, sí. Eso si Hayate no hacía una de las suyas y la involucraba directamente en alguna de sus ridículas bromas que la hacían estar castigada de forma cruel e injusta. "Testarossa-san, es un placer, me llamo...". Sí, sí, encantada. Aunque, si era sincera, su mañana había empezado mal desde que había pisado la calle.
"... Testarossa-san, hay que ir al club de arco... ". Asintió. Claro, allí que iba, podría hacer diana con la cara de la castaña. Aun no entendía cómo Hayate tenía esas locas ideas, es más, no entendía cómo era posible que no la hubieran expulsado a estas alturas de la vida, ni cómo su historial, porque Fate aseguraba a ciencia cierta que tenía uno inmenso y con símbolos de radiación y Biohazard además de una ristra de ajos y una cruz de plata, no era considerado material peligroso digno de guardarse en el Área 51.
"... Ahora tenemos que ayudar al club de natación... ". Está bien, dijo, el agua es buena, incluso a Bardiche le gusta. De hecho estaba considerando seriamente crear una organización en contra de Hayate, algo así como una ONG que ayudara a las víctimas de sus idioteces y que denunciara los abusos a los que su castaña amiga somete a la gente -a ella, sobretodo- con tal de llevar a cabo sus fechorías. Aunque quizás era más fácil empezar poco a poco y crear un club o asociación a nivel estudiantil que apoyara la magnífica idea de atar a Hayate a un cohete espacial.
"... El club de música necesita ayuda con los instrumentos, ¿podrías ayudarme a llevar este? Es pesado...". Nada de eso, ella podía llevarlo sola. ¡Ah claro! La música, que magnífica idea. Es probable que necesitara algún tipo de himno representativo de su causa que le ayudara a captar más adeptos y seguidores, al fin y al cabo la música era una estrategia básica del márketing. Una canción absurda y pegadiza es la que mejor se recuerda.
"... Fate-san hay que ir al club de arte y actuar como modelos..." ¿Arte? Claro, qué cabeza la suya. ¿Cómo no había pensado en un logo para su plan? ¡Era impensable! ¿Qué era mejor, una imagen clara de un mapache atado a una trampa? No, no, muy agresivo. ¿Un mapache con rayas de preso? No, tampoco. Las cebras podrían ofenderse. ¿Un antifaz con bigotes? ¡No! Por Dios, ella quería un logo no llamar a la versión andrajosa y barbuda de Batman. Quizá una imagen no era tan buena idea después de todo. A lo mejor una palabra o sigla.
"... Bien Fate-san, el club de atletismo es el último..." Ojalá la pelirroja enana no la vea, o finja no hacerlo. Deseaba tener a Bardiche a su lado, él sí sabría que era lo mejor para alcanzar a su objetivo y no ofender en el proceso al resto de inocentes animales, excepto a los delfines. No le gustaban. Que unos peces fueran tan listos daba miedo, mucho. Eran lo suficientemente listos como para dejar que les infravalorasen y les llamaran peces a pesar de ser mamíferos, y para colmo tenían la apariencia de un tiburón adicto a la marihuana. Siempre riendo de la nada, sin duda eran muy sospechosos. Hablando de peces, tenía hambre. ¿Qué hora era?
"... No sabía que este era tu club. Mejor, así ha sido más fácil ayudarles. Bueno Fate, ya hemos acabado." Fate pestañeó rápidamente, como si algo le hubiera entrado en el ojo. ¿Quién la llamaba? Miró alrededor, ¿qué hacía cerca de la pista de bateo? ¿Y Hayate? ¿Y Bardiche? En su afán por observar su entorno se dio de bruces con la mirada de otra persona. ¿Cuanto tiempo llevaba ahí esa chica? ¿También se hacía invisible? Fate entrecerró los ojos, no, esta chica no parecía un mapache.
Confundida, Fate siguió mirando los alrededores. ¿A qué esperaba esa chica? La miró de nuevo. Tenía la mano extendida hacia ella. "... ha sido un placer." Fate no entendía nada. "¿Quién eres? ¿Un fan?" Le preguntó. Aquella chica abrió los ojos y contuvo el aire para después sonrojarse y temblar.
¿También tenía fiebre? ¿Hay algún tipo de epidemia que la persiga? Miau. Ah, hola Bardiche. Fate gesticuló un saludo con la cabeza hacia el animal y después frunció el ceño centrándose de nuevo en aquella persona, la chica estaba a punto de bajar con tristeza la mano cuando un grito repentino, junto con un maullido aterrorizado, hacia su dirección hicieron reaccionar a Fate. La rubia agarró la mano de aquella muchacha y sin pensarlo tiró hacia ella misma cayendo de espaldas, mientras protegía a la desconocida.
Una bola de béisbol atravesó la zona donde se encontraría su cabeza de no haber caído hacia atrás. ¿Acaso era el día de salvar a la gente? Deberían fijarse por dónde iban, ignorar el entorno era algo muy peligroso.
Bardiche maulló de nuevo, esta vez más tranquilo. "¿Todo bien?" Preguntó. Sí bueno, todo lo bien que se puede estar siendo aplastada por otra persona, gracias Bardiche por tu preocupación. Ambas se incorporaron y quedaron de rodillas, aquella desconocida no estaba segura de lo que había pasado hasta que uno de los chicos que entrenaban se acercó velozmente disculpándose con consternación por su mala puntería y error. Fate miró a Bardiche, estaba cansada. El gato le devolvió la mirada y maulló. "TSAB".
¿TSAB? Fate inclinó la cabeza con incomprensión, miró a aquella desconocida de nuevo y entonces comprendió lo que el gato quería decir. ¡TSAB! Fate sonrió ampliamente mientras le sostenía las manos a la desconocida y asentía varias veces dejando aun más descolocada a la muchacha. "Soy Fate Testarossa, ¿cómo te llamas?". Porque evidentemente Fate necesitaba saber el nombre de aquella persona, le había dado la clave, junto con Bardiche, de lo que pensaba anteriormente. ¿Acaso no buscaba unas siglas? Pues ya las tenía. T.S.A.B. Es decir: Special Bureau Against Tanukis.
"Me llamo Carim, Carim Gracia. Gracias por salvarme, Fate". La rubia sonrió de nuevo, el día había mejorado.
Y así fue cómo Fate estableció una nueva meta en su vida. Crear una organización, ONG, o Legión animalesca o humana, con las siglas TSAB por bandera y teniendo como representante a aquella chica, Graciosa no-sé-qué, que había surgido de la nada como si fuera algún tipo de aparición religiosa. Una nueva alianza se forjó y un nuevo intento de Hayate por obtener imágenes de Fate -o del cuerpo de Fate- en situaciones vergonzosas fue frustrado por Bardiche, que destruyó la cámara con la que la castaña había hecho fotos sacadas de contexto de Fate salvando a aquella chica. ¿Pero cómo se enteraba de todo?
Más tarde, mientras las dos se dirigían a casa junto a Bardiche, que alejaba sutilmente a la rubia de su amiga de la otra humana llena de arañazos, Fate recordó algo.
"Oye Hayate, tengo hambre y tengo cupones de comida".
"¿Sí? ¿De dónde son?"
"Un sitio llamado Midoriya."
Tanuki= mapache.
En otras palabras, TSAB: Departamento Especial Contra Mapaches.
