¡SORPRESA SORPRESA! Dije que desaparecería pero... no he podido contenerme :33. Es un cap largo comparado con los demás para compensar mi ausencia. ^^

Vuestros reviews son geniales, de verdad lo digo ;D aunque empiezo a pensar que leéis el Fic por Bardiche xD

¿Tengo que seguir poniendo "MSLN no es..."? Porque creo que queda claro en los cinco caps anteriores...


"Lunes maldito"

Fate había dormido fatal, decir que había tenido pesadillas por culpa de los eventos de estos días pasados era poco. A su parecer era demasiado joven para sufrir semejantes sustos, es decir, desde que había conocido a Hayate, y para su desgracia le había dirigido la palabra aquel fatídico día en la azotea, toda su vida estaba patas arriba. Si echaba la mirada hacia atrás descubría para su sorpresa que había sido el objeto de: 1. La ira de la enana pelirroja, 2. El acoso inicial y chantaje emocional de Bardiche respecto a los gatitos, 3. Un pseudoatropello, 4. Maltrato y rapto en un orfanato, 5. Intento de secuestro por parte de un Cártel, 6. Obligada a ser madre soltera.

Cada día le ocurría algo, con lo feliz y tranquila que era antes su vida. Y por encima de todo era Lunes. Fate no era creyente, pero desde luego cada vez rezaba más a menudo para sobrevivir otro día.

Como siempre hacía desde que tenía memoria -diez minutos antes- Fate apagó la alarma en cuanto sonó y se volvió a dormir. La siguiente alarma volvió a sonar y Fate, acostumbrada como lo estaba a tener que lidiar con semejantes máquinas devoradoras de sueño, la lanzó contra la pared y la apagó. La tercera alarma era más complicada de apagar porque era un complejo mecanismo de poleas, tijeras, cuestas, giros y dominós al que debía adelantarse o haría sonar una escandalosa bocina que despertaría antes a los vecinos que a ella, pero aun así apagarla no fue ningún reto para ella y sus ganas de dormir.

Ya estaba cogiendo el sueño de nuevo cuando la cuarta alarma sonó, esta vez sí que no podía hacer nada por detenerla, pero aun así se sorprendió cuando la voz de su madre retumbó en sus oídos como el cañonazo que indica el inicio de una guerra. Fate brincó de la cama como una gacela siendo perseguida por un leopardo y, ante la mirada satisfecha y divertida de su madre, entró al baño a cambiarse. ¿Por qué no podía levantarse como una persona normal? Ella era buena persona, buena hija, buena amiga... ¿Cuánto más sufriría? Para su desgracia, de la ducha salía agua fría y al intentar escapar de aquel chorro helado y salir se enredó con la cortina, que repentinamente cobró vida y furiosamente intentó ahogarla como si llevara años planeando la venganza.

Cuando pudo librarse de aquel abrazo mortal y temblando se vistió, lo hizo mal por las prisas y los espasmos. Los calcetines no entraban. La corbata no se anudaba y su pelo era una maraña. Su madre volvió a gritarle que dejara de intentar dormirse en el baño, y si Fate hubiera estado de buen humor lo habría intentado, pero no. Era Lunes.

Fate desayunó rápidamente para evitar que cualquier otro aparato casero intentara matarla y apunto estuvo de atragantarse con los cereales. La leche ni se la bebió por temor a que estuviera agria y le diera una indigestión y salió de casa despidiéndose de su familia amorosamente en caso de caerse por una alcantarilla y ser devorada por los cocodrilos.

Milagrosamente llegó sin que ningún otro percance ocurriera.

Como siempre hacía cuando Fate llegaba al instituto, se quitaba los zapatos, sacaba una bolsa de la mochila, la colocaba en el suelo y abría la taquilla dejando que las cartas y regalos llenaran la bolsa sin apenas inmutarse, porque extrañamente el número de confesiones y de cartas había aumentado desde hacía un par de semanas, mientras el resto de personas miraban en su dirección. ¿Cuántas veces tenía que hacer lo mismo para que la gente se acostumbrara a ver que su taquilla estaba llena de todo tipo de cosas menos de las suyas? Aunque claro, Fate llevaba soportando esa situación desde el colegio por lo que se había habituado y había desarrollado una amplia tolerancia a todo aquello que significara ser expresivo o que mínimamente estuviera relacionado con el amor. Para ella no era tan raro recibir confesiones, ni regalos, ni cartas de amor, ni sobres malditos, ni chocolates de todo tipo de sabor y forma... Espera, ¿qué?

Pero aquel era un mal día, y todo podía pasar.

Entre toda aquella explosión de rosa, rojo y sus variantes más desconocidas, en forma de sobre o paquetes envueltos, resaltaba un sobre negro con su nombre escrito en letras blancas. Fate no era ciega y esa cosa oscura era tremendamente visible entre aquel mundo pasteloso que habitaba en su bolsa. Fate juraba que en aquél plástico desechable con asas existía un universo viviente de criaturas felices que vomitaban arcoiris, comían algodón de azúcar, daban saltitos de un lado a otro y dormían en nubes mulliditas y suaves.

Cualquiera que viera ese contraste y elección de colores sospecharía, pero la mente de Fate pasó totalmente por alto lo que ponía en aquella carta oscura porque no tenía idea de a qué se estaba refiriendo y llegó a la conclusión de que aquél oscuro sobre era una broma pesada, o que tenía algún tipo de error tipográfico o que era el inicio de un poema escrito por un admirador que realmente sabía cuál era su color favorito: el negro. Y, por tanto, no le dio más vueltas al tema. De hecho se olvidó tan rápido de él que cuando se encontró casualmente con Vivio -que curiosamente parecía estar esperándola a saber por qué- le entregó la bolsa con amor empapelado y chocolates, a lo que la niña reaccionó gritando "¡Fate-mamá gracias por los regalos!" mientras se abrazaba a sus piernas casi haciéndola caer, y la rubia se fue de allí metida en sus pensamientos como siempre.

Fate llegó tranquilamente a su clase y se sentó en su mesa, la que estaba atrás del todo y cerca de la ventana. Según ella, así pasaba más desapercibida entre las cabezas de los compañeros si tomabas como punto de referencia la pizarra, o eso pensaba, porque realmente la gente se rompía el cuello con tal de mirarla cuando el profesor la hacía levantarse y leer en voz alta, o cuando tenía que responder a alguna pregunta, o cuando se aburría y el profesor la regañaba y ella asentía comprensiva pero volvía a distraerse y a ganarse una reprimenda... Porque Fate creía fervientemente que los profesores la tomaban con ella a posta para desquitarse de algún tipo de trauma infantil o por culpa de Hayate, pero aunque así fuera aun no la habían castigado severamente o expulsado.

Según una de las muchas teorías de Hayate, que curiosamente tenían parte de verdad, a Fate no la expulsarían por temor a que el resto de alumnos repentinamente dejara de venir a clase durante el periodo que ella no estuviera.

Debido a esto, Fate sospechaba que Hayate usaba la precaria situación del instituto a nivel motivacional para aprovecharse y cargarle las culpas de sus idioteces y locuras.

"... y así es como las matrices hacen...". Claro que tampoco era culpa suya que el instituto no supiera atraer a los estudiantes y que el nivel de enseñanza fuera tan dispar entre algunos grados, aunque desde la entrada de la nueva rectora todo iba mejorando y parecía que aquel lugar se mantendría unos años más. "... y si usamos la derivada de...". No es que fuera malo, claro que no, de hecho en teoría era de los mejores, pero la gente por algún motivo que desconocía se distraía fácilmente -por mirar a Fate- o eran muy reactivos a determinadas situaciones -Fate en clase de gimnasia-, era como si hubiera un común denominador entre todos ellos -Fate- que les impedía desarrollarse como personas y aprovechar las enseñanzas.

Fate tampoco entendía cómo la gente podía ser tan irresponsable con sus estudios, vale que ella no sacaba las mejores notas de su clase -porque sólo se leía las cosas un par de veces- pero por lo menos prestaba la suficiente atención y sólo era regañada porque alguien -Hayate- hacía que el resto de personas, incluidas los profesores, la mirasen y descubrieran que había estado dormitando plácidamente. ¡Pero eso no significaba que no estuviera escuchando! Bien sabía que podía hacer dos cosas a la vez. Como ahora que estaba jugando al parchís en su mesa y de paso respiraba. "...Takamachi-san, ¿podría resolver este problema?". El ruido de una silla arrastrándose hacia atrás rápidamente fue como un rugido en medio del silencio. Fate se giró para buscar de dónde venía ese odioso ruido que la había hecho dar un salto en su asiento. Al parecer la chica de al lado había creído conveniente montar semejante circo para responder a una pregunta idiota. Un momento.

¿Desde cuándo había una mesa a su lado? ¿Desde cuándo esa mesa estaba ocupada por alguien? ¿Desde cuando Fate se daba cuenta de algo? Fate miró a la chica, el uniforme estaba perfectamente colocado, el peinado estaba impoluto y aunque un leve colorete se adueñaba de su cara, probablemente por la vergüenza de haber hecho semejante chirrido, Fate daba por hecho que respondería perfectamente a la pregunta. Las chicas como aquella nunca hacían nada mal y aunque la forma de levantarse hubiera sido desafortunada, al final respondió claramente y con acierto, ganándose la aprobación del profesor. Fate dejó de mirarla, desinteresada, sin embargo no pudo evitar sentir que la observaban con molestia. Como si hubiera hecho algo indebido cuando evidentemente no era así, bastante mal había empezado su día como para que le pasara algo más.

Eso fue durante la primera hora.

Durante la segunda hora de clase Fate se dedicó a hacer castillos con una baraja de cartas, y de nuevo aquella mirada molesta volvió a atravesarla de lado a lado. Fate se giró con cuidado de no tirar su palacio y buscó a aquella persona, por un segundo temió que fuera el profesor pero descubrió alegremente que éste estaba escribiendo en la pizarra y que tardaría en acabar. Con sospecha miró a Hayate pero su amiga estaba dormida en su escritorio mientras ocultaba un manga en el libro de Lengua. No parecía que nadie la estuviera mirando realmente.

Llegó la tercera hora y Fate había tenido la ingeniosa idea de entretenerse jugando con un pequeño circuito de un mini coche teledirigido. Otra vez aquella mirada intensa volvió a desconcentrarla de sus quehaceres. ¿Podría esa persona por favor dejar de molestarla? Estaba en mitad de una carrera importantísima y no quedaba mucho para llegar a la meta y ganar el campeonato. El profesor dijo su nombre, asustándola y haciéndola perder el control del coche que se estrelló contra el suelo, y la llamó a la pizarra para hacer un ejercicio práctico, Fate escuchó una pequeña risa al haber sido interrumpida para ir al frente y rápidamente se giró para descubrir al malvado que se atrevía a disfrutar de su desgracia, acababa de tener un accidente grave y su piloto estaba herido, por favor, un poco de consideración. Fate gruñó disconforme por no saber quién era esa persona y casi con violencia resolvió el ejercicio ante la mirada sorprendida del profesor que aseguraba que la chica estaba distraída y no sabría que hacer. Fate le devolvió la tiza al profesor con molestia, había sido interrumpida por una idiotez de ejercicio, quien no supiera cuál era la fórmula química del ADN merecía la ira de la enana pelirroja y las bromas de Hayate. Era evidente que era H2O.

Cuando se sentó de nuevo en su mesa había una nota doblada. No era por nada, pero viendo que su día estaba siendo de los peores en cuanto a objetos cotidianos que cobran vida y la atacaban, cogió el papel extraño y lo lanzó por la ventana sin consideración. Se sintió satisfecha y sonrió complacida, parecía que había evitado algo malo. No llevaba ni cinco minutos quieta cuando decidió iniciar otro juego, lamentablemente no había podido salvar al piloto y la carrera se había suspendido debido al desgraciado accidente. Esta vez amontonó los bolígrafos para formar una pila sobre la que equilibraría cosas.

No pasaron ni diez minutos cuando un papel voló hacia ella y destruyó la pila de bolis haciéndolos caer y llamando la atención de la gente. Alguien se rió levemente, testigo del estropicio y Fate como pudo colocó el libro sobre aquel desastre y puso un gesto de lo más serio teniendo en cuenta la situación. Esa persona no paraba de molestarla. Aun así fue el foco de atención de la clase. Haciendo acopio de todo su autocontrol e ingenio hizo lo más lógico en ese tipo de situaciones, culpar a Hayate y desviar la atención de sí misma.

La castaña estaba dormida y como es natural fue regañada por actuar irresponsablemente e interrumpir la clase. Podría decirse que Fate sintió algo de remordimientos, luego recordó que se trataba de Hayate y se sintió bien de nuevo. Cuando todo volvió a la normalidad levantó el libro y buscó aquel papel, era otra nota doblada. Fate frunció el ceño con desconfianza, ¿no lo había tirado por la ventana? ¿La iba a atacar también? ¿Era algún tipo de complot entre objetos inanimados?

Sintiendo que no tenía otra opción y lamentándolo por los árboles que habían sufrido tal ultraje, volvió a lanzar el papel por la ventana, esta vez con más fuerza. Miraba cómo la nota volaba y caía contra el suelo cuando escuchó un bufido y aquella irritante mirada apareció otra vez. No pudo voltearse para averiguar quien era porque el timbre de almuerzo sonó y la sensación desapareció. Fate se olvidó y se dirigió como siempre hacía la azotea para comer. Allí arriba estaba sola y se sentó en la barandilla.

Escuchó un maullido a su espalda y vio a Bardiche acercarse y sentarse a su lado. Fate le miró por un segundo de más, obviando el hecho de cómo había llegado allí el animal si era evidente que la puerta sólo podía ser abierta por personas, y el gato enseguida le preguntó qué ocurría. Fate negó con la cabeza, por un momento pensó que Bardiche era parte del complot y que la iba a atacar, habiendo descubierto que su verdadero nombre era Alexander III de los Nogales y que vivía en un orfanato no era descabellado pensar que fuera una especie de espía a las órdenes de aquellas monjas interesadas, y más si consideraba que quizá aquél gato hacía escalada. Pero no podía ser porque él era parte de la TSAB y los gatos no eran traicioneros como los mapaches. Fate confiaba en él. "Te seguiré llamando Bardiche." Dijo. El gato se frotó el morro con una pata con gesto avergonzado por no haberle dicho su verdadero nombre, pero inmediatamente maulló y ronroneó conforme. Bardiche sonaba bien.

La puerta de la azotea se abrió y tanto Fate como el gato se giraron para mirar al intruso. Una chica estaba parada dudando si acercarse o no, finalmente tomó la decisión y se acercó a Fate. Se sentó al lado contrario que el gato, quedando Fate en medio de ambos. Por un momento el silencio se propagó mientras masticaban sus almuerzos y Bardiche bostezaba.

Fate estaba acostumbrada a que la gente se le acercara a pedir algo, parecía no importarles nada de ella salvo compartir brevemente su compañía e intercambiar algunas palabras o conseguir su atención para beneficio propio. Así que Fate no hablaba voluntariamente con nadie. No es que fuera desagradable con las personas, es sólo que no estaba interesada en formar parte de un grupo que sólo la buscaba por interés, además, según le habían notificado anteriormente, tenía la costumbre de hablar con absoluta sinceridad y sin capacidad para controlar lo que decía. Su madre decía que era demasiado honesta, Hayate decía que era demasiado honesta y los profesores decían que era demasiado honesta y, además, desconsiderada, cuando en realidad ella sólo decía la verdad.

No sabía cuándo dejó de interesarse en los demás pero desde entonces ignoraba su entorno, ayudaba cuando se lo pedían porque era buena persona pero le daba absolutamente igual todo aquello que no le afectara, y anteriormente pocas cosas le afectaban. Hasta que llegó Hayate y no le pidió nada, sólo se sentó, compartió el silencio y la llamó por su nombre para decirle lo que pensaba. Nada más.

Y ahora se encontraba de nuevo en aquella azotea, en una situación similar, con alguien que no era Hayate. Fate suspiró. No pudo evitar comparar situaciones y de repente se vio pensando en lo que tendría en la cabeza aquella muchacha. Estaba cansada. Aquella chica, sin decir una palabra, cogió un paquete y lo desenvolvió poniéndolo entre ambas. Fate miró de reojo lo que era por si de nuevo iba a ser atacada y necesitaba huir. En cambio sólo era un trozo de pastel. "Es para ti, Fate-chan."

Pocas veces le decían que algo era única y exclusivamente para ella, le ofrecían cosas claro, pero ninguna era de forma altruista. Siempre esperaban que ella les devolviera algo a cambio. Por lo que frunció el ceño.

Fate miró fijamente el pastel, ponderando si sería venenoso o no, y después se centró en la muchacha. Su expresión no demostraba nada ante los ojos de Fate, bien podría ser una delincuente fugitiva o una asesina en serie que ella ni se daría cuenta. Un maullido rompió el silencio y Bardiche se acercó al pastel. Fate se preguntaba si se arriesgaría a probarlo para ver si era peligroso o no, pero el animal sólo lo olió y volvió a maullar. "Está limpio. Puedes comer." Informó. Fate agradeció con un gesto y cogiendo los cubiertos que le ofrecían y probó un cacho. No pudo contener un suspiro de placer mientras lo saboreaba y cerraba los ojos. Estaba delicioso.

Aquella chica sonrió ampliamente y acarició al gato que ronroneó cómodamente. Terminaron de comer justo cuando el timbre volvió a sonar y se marcharon a clases. Las tres horas siguientes pasaron sin ningún incidente, Hayate seguía durmiendo y Fate únicamente dibujaba en el cuaderno, pero algo no dejaba de vibrar en su mente. Notaba que se le escapaba algo y que estaba punto de comprenderlo. Finalmente el timbre del fin de clase sonó y recogieron.

Estaban a punto de salir cuando una niña llegó agitada y gritaba llamando a alguien. "¡Fate-mamá!". La gente se quedó parada, sorprendidos por el grito, y Fate sintió como la sangre fluía fuera de su cuerpo, ¿por qué seguía llamándola así? La niña cambió la expresión a una de mala leche cuando vio como algunos se quedaban a cotillear y rápidamente les echó de allí.

Vivio observó a los presentes y entonces se fijó en algo en lo que sólo un niño podría fijarse y sobre lo que desgraciadamente hablaría sin contención. "Fate-mamá, ¿es ella tu novia? ¿Va a ser mi otra mamá?". Las miradas se centraron ahora en la chica a la que se refería Vivio, y Hayate, porque evidentemente no se iba a perder aquello que estuviera a punto de ocurrir y que involucraba a Fate, escupió una carcajada al reconocer a la chica y de paso sacaba el equipo de grabación y los focos. Fate por su parte frunció el ceño confundida y miró a la nombrada como miraría a un nuevo tipo de escarabajo pelotero. Era la del pastel.

La susodicha se sonrojó tanto por la pregunta de la niña como por el repentino escrutinio y miró a Fate de reojo intentando descifrar su expresión. Fate suspiró. "No es mi novia y nadie de las presentes es tu madre. No estarías en un orfanato de ser así." La declaración cayó pesadamente y cuando Vivio registró las palabras comenzó a llorar. La chica del pastel se lanzó hacia ella inmediatamente, con el objetivo de abrazarla y consolarla a la par que gritaba un recriminatorio "¡Fate-chan, ¿cómo puedes ser tan fría?!" ¿Fría? Ella no estaba siendo fría, era la verdad. Le estaba haciendo un favor a la niña, últimamente Fate se relacionaba sin querer con gente peligrosa.

Y mientras la rubia pensaba y la niña lloraba, Hayate lo grababa todo con profesionalidad. En cambio, mientras Vivio era abrazada por la chica sonrió viendo su oportunidad. "¿Entonces me adoptáis cuando os caséis?". La chica sonrió y volvió a sonrojarse pero esta vez miró de lleno a Fate con curiosidad por la respuesta.

La rubia tenía la boca abierta de sorpresa ante el descaro de aquella criatura, pero pronto la cerró al darse cuenta de algo aterrador. Aquella chica del pastel no era otra que la hija menor de la pastelera psicópata. Aquella que Fate juraba sólo era una impostora con el pelo teñido y lentillas contratada por la mujer del Midoriya que fingía ser su hija con tal de acercarse a ella y descubrir sus puntos débiles. Un escalofrío recorrió su espalda al recordar a la mujer adulta. Pero aunque Fate pensara que aquella chica era una especie de actriz, tenía que reconocer que había un parecido entre ambas. Aquella sonrisa amable y a la vez aterradora no podía fingirse y Fate aun no entendía cómo podía haber ignorado tal amenaza.

Fate estaba apunto de negar rotundamente que fuera a adoptarla, después de lo que acababa de descubrir era imperativo alejar a la niña impertinente de aquella chica y de su peligrosa familia, al fin y al cabo no quería ser responsable de la muerte o desaparición de un infante, cuando cayó en la cuenta de algo. "¿Cómo sabías que esta era mi clase?". Vivio se soltó del abrazo de la chica y se acercó adoptando una postura confidencial. "Alexander III me lo dijo. También sé lo de tu organización secreta en contra de los mapaches." El corazón de Fate se aceleró ante la información. Su organización había sido descubierta y estaba en peligro cualquier tipo de plan que tuviera planeado y que le hubiera a dicho a Bardiche, después de todo había resultado ser un chivato.

Vivio pareció notar la preocupación de Fate porque le tiró de la manga con el objetivo de que la volviera a escuchar y susurró. "No te preocupes Fate-mamá, Bardiche me lo ha dicho porque sabe que voy a unirme a tu causa, no te ha traicionado. No sé qué tipo de problema tienes con los mapaches pero eres mi mamá y te ayudaré a acabar con la amenaza."

Fate miró a la niña evaluándola, aunque Bardiche confiara en ella lo suficiente como para haberle dicho sobre la TSAB eso no significaba que ella también la aceptaba, desde luego para Fate aquella niña no tenía ningún tipo de valor, al fin y al cabo no era como Carim que tenía pinta de ser una especie de paladín con poderes divinos. Vivio se alejó y recobró su gesto infantil e inocente. "¿Entonces para cuando la boda?".

Hayate no cabía en sí de gozo, no sabía de qué se conocían esas dos pero desde luego esta grabación iba a valer oro. Esa niña tenía talento para avergonzar a los demás.

Fate volvió a la Tierra para mirar a la niña con el ceño fruncido. Pequeño diablo deja de querer relacionarme con la pastelera psicópata o te envío a ellos como soborno para que dejen de mandarle pasteles a mi madre. "¿Vivio-chan?". Preguntó la chica pastelera interrumpiendo sus pensamientos y atrayendo la atención de todos. "Fate-chan y yo no tenemos ese tipo de relación y por tanto no te podemos adoptar, pero podemos ser amigas ¿vale?". A Fate se le cayó la mandíbula. ¿Pero de qué narices habla? ¡Fate no la conocía! ¡No tenían relación! ¡Estaba loca! ¡Por Dios, que ella no tenía relación con un Cártel ni quería tenerla! Miró a Hayate en busca de ayuda pero la castaña estaba aguantando la risa a duras penas. Maldito mapache.

Nadie vio cómo Vivio sonreía maliciosamente.

Un momento.

Hayate dijo algo de conocer a una trabajadora de la pastelería. No parecía que se refiriera a la castaña universitaria o a la sádica madre. Debía ser aquella chica. Cuando Fate enlazó ideas quiso matar a la castaña, ¿por qué, de entre todas las personas del mundo, Hayate quería presentarle a la heredera de un imperio de droga y pasteles? ¿No sabía que su madre era policía? Esto había que cortarlo por lo sano. Cogió aire.

"Enana bicolor." Dijo con seriedad. Las presentes la observaron atentas y Fate continuó con calma, debía terminar con esta tontería. "No conozco a esta chica..." Dijo señalando a la Heredera. "... así que deja de decir que nos vamos a casar porque no es así. No tenemos ninguna relación." Muy bien Fate, eres un genio.

El silencio llenó la clase como una densa niebla y Fate vio cómo las distintas emociones chocaron entre sí haciendo más incómodo el momento. Vivio agachó la mirada con tristeza. Hayate casi tenía convulsiones de la risa -agradecía a Alá el estar ahí presente, le había conocido en Arabia y se llevaban bien- y aquella chica ocultó la mirada entre su flequillo.

La rubia tembló y sintió que un aura negra aparecía en la espalda de la chica. "...¿que no me conoces?". Habló, y el resto de las personas dieron un paso atrás, esa voz de ultratumba daba miedo. Hasta Hayate apagó los focos por temor a ver una procesión de espíritus. "...¿que no tenemos ninguna relación?". Fate tragó seco, estaba más asustada que cuando Lindy la vio dar un sorbo de su cerveza, y eso fue aterrador. Aquella chica levantó la mirada y en sus ojos se reflejaba el profundo cabreo que sentía, y se acercó a ella. De hecho si la ira tuviera un color Fate diría que sería el de aquella mirada. Jesús, ¿por qué siempre me olvido de hacer el testamento?

"¡Vamos a las mismas clases. Me siento a tu lado desde que empezó el curso. Te paras siempre en Midoriya a mirar por la ventana los pasteles mientras babeas. He almorzado hoy contigo. A veces te pido prestado un libro o un bolígrafo. Me has estado distrayendo con tus estúpidos juegos y te he lanzado notas para que parases. Me salvaste de ser atropellada! ¡POR DIOS PERO SI CONOZCO A TU HERMANO Y A TU MADRE!".

En este punto Fate se encontraba contra un escritorio, imposibilitada y atrapada mientras aquella chica le gritaba cosas que no entendía porque estaba demasiado aterrada para prestar atención a nada más salvo a esos ojos incandescentes, aunque pequeños recuerdos de lo que oía venían mágicamente a su mente. Vivio y Hayate se abrazaban como si fueran testigos del mayor crimen a punto de ser cometido. Como si Satán se hubiera presentado allí con su séquito de pecadores y demonios. Como si Lindy y la pastelera psicópata estuvieran enfadadas al mismo tiempo.

"¡¿CÓMO PUEDES DECIR QUE NO ME CONOCES?! ¡¿ACASO NO SABES CÓMO ME LLAMO?!". La chica dejó de gritar a un par de centímetros de Fate, que temblaba como una hoja y pestañeaba velozmente incapaz de articular palabra. De verdad que no sabia quién era, Fate sólo la reconocía de la pastelería cuando casi la secuestra aquella mujer. No sabía su nombre.

De nuevo hubo silencio y aquella chica la miró intensamente. Sus ojos habían alcanzado un nuevo tono de ira y su expresión era la del peor de los demonios enfadado. Claramente esperaba una respuesta. Cuando pasaron los segundos y no escuchó nada, la chica volvió a agachar la mirada mientras apretaba los puños. Y Fate se dio cuenta, con horror, de que la muchacha había llegado a la certera conclusión de que de verdad no sabía cómo se llamaba. Voy a morir.

En cambio, para sorpresa de todos, aflojó los puños y habló bajo. "... Fate-chan, eres idiota."

Fate, a pesar de la sensación de una muerte inminente, se dio cuenta de que la chica hablaba con la voz rota. A cámara lenta vio cómo se giraba y se alejaba a toda prisa de allí. De repente la imagen de aquella chica perfecta que se sentaba a su lado y con la que había comido pastel hacía unas horas apareció en su cabeza. Pero ya no era perfecta. Estaba llorando.

"Mierda." Pensó.


¡Se acabó! Lamento las faltas, lo he corregido por encima porque quería daros una sorpresilla actualizando xD

No me odiéis mucho por dejarlo en esta parte tan triste, no todo puede ser fiesta en el fic digo yo.

Y ya sí que sí, no actualizaré hasta la próxima semana probablemente, aunque intentaré avanzar el siguiente para no tardar mucho en subirlo cuando acabe los exámenes.

Kisses.