Hello sweeties!
Gracias por los ánimos y gracias por leer y comentar. Creo que os he respondido a todos, y si no, lo siento de verdad, se me fue la olla. "Guest" gracias a vosotros también por comentar desde las sombras que produce el anonimato, sólo por eso me siento a tope de power.
Este cap no me parece que esté muy allá... diría que es de transición, pero bueno. Disfrutad.
"Cuando alguien como Fate pide perdón"
Aquél Lunes negro había acabado de la peor forma posible, claro que siempre pueden ocurrir cosas terribles y más impactantes que el hecho de hacer llorar alguien sin querer, pero ningún desastre natural azotó la ciudad de Uminari ese día y por tanto, el hecho de hacer llorar a alguien así como así, después de lo malo que había empezado de por sí el día, era algo terrible.
"¡¿CÓMO PUEDES DECIR QUE NO ME CONOCES?!"
Oír a aquella chica había sido algo demoledor, hablaba con tanto dolor y tristeza que aunque Fate no escuchara lo que decía porque la impresión y el miedo habían paralizado cualquier función salvo la de respirar y latir, podía sentir el dolor, la ira y la profunda decepción de la muchacha. No es como si nunca la hubieran gritado, Lindy lo hacía y Chrono también, hasta ella se gritaba y regañaba así misma pero no así. No de esta manera.
"¡¿ACASO NO SABES CÓMO ME LLAMO?!"
De hecho, un insulto dicho en voz baja jamás le había dolido tanto como ese, y Fate no sabía si era porque apenas la insultaban y cuando lo hacían su cerebro quedaba impactado, o era por cómo lo había hecho, con la voz desgarrada y resignada.
" ...Fate-chan, eres idiota."
Una y otra vez reproducía mentalmente los sucesos de ese Lunes desde que se había levantado por la mañana, a cámara lenta, a cámara rápida, hacia delante y hacia atrás. Intentando guardar en la memoria las pocas veces que había mirado a aquella chica siendo consciente de ella, pero no había manera, siempre se quedaba parada en la misma escena; la de la chica cabizbaja que aguantaba las lágrimas con los puños aflojados mientras ella la veía silenciosa, como lo haría una espectadora y no la protagonista.
Fate aun no olvidaba cómo aquella chica se marchaba llorando, y desde entonces Fate se había sentido tremendamente mal. Horriblemente mal. Patéticamente idiota. Se sentía como si le hubiera pisado el rabo a un cachorro, como si se hubiera escaqueado de ayudar a una abuelita con la compra, como si hubiera ignorado a un invidente que necesitaba ayuda, como si hubiera asustado hasta el llanto a un bebé o como si... como si hubiera hecho llorar a alguien que no lo merecía.
Una y otra vez recordaba lo mismo. Aquella chica llorando y huyendo de ella, dejándola atrás con cara de susto y con el corazón acongojado. Aunque debería dejar de referirse a ella como «esa chica» o «la heredera» o cualquier otro apodo que le hubiera puesto a la cobriza, porque ahora sabía cómo se llamaba. Nanoha Takamachi. Había rogado a Hayate que le dijera quién era y qué hacía, desde cuándo supuestamente se conocían y por qué no le había dicho nada sobre ella. Fate estaba aprovechando cada gota de conocimiento que la castaña pudiera tener sobre esa chica, Nanoha, que la pudiera ayudar a comprender por qué la había hecho llorar y por qué se sentía tan triste si su cabeza le decía que no era para tanto, que sólo era una chica sensible que no esperaba oír la verdad de esa manera. Pero Fate no quería hacerle caso a su mente, no cuando su pecho se sentía tan pesado y en su estómago se había mudado algún tipo de insecto que le hacía tener constante malestar e incomodidad.
Y la castaña estaba agobiada. Fate quería de repente saber demasiado sobre alguien y Hayate estaba abrumada ante tantas preguntas. No tenía por qué saber cuál era el día de la semana favorito de Nanoha, o qué color prefería para la ropa interior o si le gustaban los gatos callejeros que tenían un nombre falso y aparentemente podían escalar edificios y abrir puertas. En serio. Ni ella preguntaba esas cosas.
Pero veía la urgencia en el rostro de su amiga, y por algún motivo que Hayate aun no descubría, y no era por falta de motivación, Fate se preocupaba por alguien más que por sí misma. Por un lado era algo digno de ver y de grabar -aunque le ofendiera un poquito que la rubia no tuviera tanta consideración con ella- pero por otro era casi alarmante. Fate llevaba días comportándose más raro de lo normal.
La rubia le había preguntado a cuanta persona supiera quién era Nanoha, por la cobriza. Pocos se habían salvado del interrogatorio al que les sometía la rubia y del que obtenía respuestas nada satisfactorias, vamos hombre, no podía ser tan difícil saber cuál era la canción que Nanoha cantaba mientras se duchaba. Hasta Vivio había sido puesta contra las cuerdas con las preguntas de Fate, que en su ataque de locura y preocupación, había llegado a pensar que si la enana bicolor quería que Nanoha fuera su otra madre adoptiva era porque debía apreciarla y conocer su forma de ser de alguna forma, desde la manera de cocinar hasta la postura más cómoda en la que solía dormir la cobriza. Preguntas que Vivio había acabado respondiendo con imaginación porque era imposible que supiera tanto de Nanoha y porque estaba harta de que su Fate-mamá la acosara de esa forma, aunque si Fate había acudido a ella podría considerarse como una buena señal en su recién estrenada relación. Cuando Vivio no pudo soportar tanta atención repentina envió a Fate hacia el resto de niños del orfanato que enseguida gritaron "¡One-chan!" al verla y la persiguieron como si no hubiera ni mañana, ni fin.
Ni siquiera Bardiche se había escapado del tercer grado de la rubia. Claro que Bardiche sólo sabía de Nanoha que tenía una mascota horrenda y amarilla con forma de ratón espachurrado, pero que no llegaba a ser ni roedor ni salchicha podrida. Un ser que Bardiche consideraba un error de la fauna porque se creía mejor que los demás a pesar de que no era nada elegante ni tenía ningún tipo de habilidad que le hiciera, realmente, ser mejor o adaptarse a determinados ambientes. Por favor, era amarillo, sin garras, con los ojos enanos y se llamaba Yuuno. Ni un cuervo tocaría a semejante criatura.
Así que no pudo aclarar ninguna de las dudas de su humana amiga, y Fate no sacaba nada en claro de todo aquel lío.
Curiosamente, no era la primera vez que Fate hacía llorar a alguien y éste se iba corriendo, expelido por la vergüenza, el enfado o la tristeza, no. La verdad es que Fate había vivido eso mismo constantemente, desde que las confesiones llenaban su taquilla y desde que había llegado a ese sitio. Fate podría excusarse diciendo que la costumbre la había convertido en un ser frío y más racional que un matemático con menos emociones que una piedra, pero mentiría, y Fate no era de las que mienten. Desde luego la personalidad de Fate fue forjada hace mucho tiempo y era algo inamovible, a pesar de que la gente llorara a moco tendido delante de ella o se abrazara a ella buscando el consuelo que, evidentemente, un extraño al que te le acabas de confesar por capricho, no va a ofrecer.
El interior de Fate continuaba tan pacífico como siempre cuando eso ocurría, aunque sí que sentía cierta lástima por esas personas, tampoco es que fuera despiadada. Pero en esta ocasión no fue así, y Fate no sabía qué hacer con esa sensación de ahogo. ¿Así es como se sentían las personas normales cuando hacían algo mal y les regañaban? ¿Tanto sufrían? Definitivamente aquello no era humano. La rubia no podía evitar pensar que aquél Lunes pasado alguien o algo la había maldecido con algún tipo de conjuro raro o magia negra, lamentablamente para ella, no conocía a nadie con semejantes poderes que quisiera hacerle daño precisamente a ella. No, espera. Sí que lo había. Fate conocía a alguien con poderes maléficos. Alguien terrible y que le daba pavor nombrar -además tampoco sabía cómo se llamaba-. Era la madre de Nanoha.
Pero eso implicaría que la mujer la había maldecido días antes de que el desastre ocurriera y eso no podía ser a no ser que la mujer viera el futuro, pero si lo veía -cosa que Fate dudaba con fervor, porque estaba segura que ese don sólo estaba reservado a gente como Hayate- debería saber cómo se iba a arreglar todo. Sin embargo, Fate no iba a preguntarle aquella mujer sobre cómo arreglar las cosas con Nanoha, ni hablar. Eso sería como ir directamente a la horca, ponerte la soga y empujar la silla voluntariamente.
El tiempo seguía moviéndose y cada vez era más evidente que Fate no estaba bien. Bueno, nunca había estado bien del todo pero ahora se hacía más claro que era una situación que no podía manejar por sí sola. Su madre, Lindy, se había dado cuenta del comportamiento cada vez más silencioso de su hija y había querido hablar con ella. Lindy creía que sería alguna crisis adolescente como las que cualquier persona tenía a esa edad; algo sobre el colegio, compañeros de clase raros, hormonas alocadas que te hacen ser emocionalmente inconsistente, extraños sentimientos hacia extrañas personas, sexualidad de repente confusa, síndrome del corazón roto, primera borrachera y primera resaca, primer cigarro, primer beso, primer amor...
Sí. Lindy estaba preparada para enfrentar todas esas cosas como madre que era -de hecho, estaba lista para la charla de posturas sexuales y conductas de riesgo y tenía folletos sobre el tema- , siempre y cuando tuviera un hijo normal, pero Fate no era del todo normal. No en un sentido negativo, claro, sino en un sentido peculiar, novedoso y excepcional. Por eso, aunque Lindy se preparara mentalmente para enfrentar a su hija y ayudarla, en el fondo sabía que era inútil. Así que fue a su cuarto con lo puesto, respiró hondo y entró.
La charla fue breve y cuando salió de allí, Lindy juraba y perjuraba que Fate no era de este mundo. ¿Cómo podía ser alguien tan despistado y cabeza hueca? Ella era policía, era natural prestar atención a la gente y cuanto mejor te conocieras a ti mismo para descubrir tus limitaciones y habilidades mejor, pero Fate había llevado al límite eso del autoconocimiento y la instrospección. Tanto que la chica no era consciente de las implicaciones y consecuencias que tenían sus actos, y lo peor de todo respecto a las relaciones sociales, pensaba tanto las cosas que no encontraba la solución a los problemas, cuando era evidente que lo que tenía que hacer con aquella chica, Nanoha, era ir y pedirle perdón como una persona normal.
Aunque por lo que le había contado Fate, era una situación muy interesante. Su hija resultaba que tenía amigos, algo que siempre le había preocupado a Lindy porque la rubia parecía pasar todo el tiempo sola y eso nunca es bueno, y parecía que se divertía con ellos -aunque a esa tal Hayate habría que vigilarla-. Quizá investigara por su cuenta, todo con motivo de ser una madre preocupada por el bienestar social y emocional de su hija, claro, no porque quisiera cotillear la vida de Fate y descubrir por qué su niña del alma era tan endemoniadamente popular y despistada -le llegaban notificaciones de los profesores sobre la innata habilidad de Fate de mover a las masas en las que le pedían, POR FAVOR, que obligara a la rubia a ir a clase aun estando delirante de fiebre para que la asistencia global no se redujera a cero-.
Durante los siguientes días Fate intentó hacer caso a su madre y pedir disculpas a Nanoha, algo que había descubierto era una tarea extraordinariamente difícil puesto que la cobriza la evitaba como si fuera la peste negra o un vendedor de aspiradoras. Primero lo intentó en clase, en los cinco minutos de cambio entre asignatura y asignatura, se plantó delante de ella con determinación y valentía dispuesta a hablar pero al cabo de unos minutos Nanoha, por lo que había visto Fate desde que era consciente de su existencia, era muy, pero que muy cabezota, la ignoraba y se marchaba dejándola plantada en el sitio.
Cuando eso no funcionó intentó ir tras ella y arrinconarla en el baño o en el pasillo, comportamiento por el que se ganó un tremendo grito avergonzado con el que le pitaron los oídos durante horas.
Pero Fate también era alguien cabezota cuando el tema le interesaba, y actualmente estaba en modo comando. Esa sensación anclada en su pecho de malestar e incomodidad se iría y haría las paces con Nanoha como se llamaba Fate Testarossa Harlown. Así que si la vía directa no funcionaba debería encontrar una vía indirecta, y cómo no, le pidió consejo a Hayate que parecía experta en cómo acosar a las personas sin que la denunciaran o le pusieran una orden de alejamiento. "Tienes que ser persistente Fate, es como cuando intentas conquistar al amor de tu vida. Debes decirle lo que sientes, si no poco a poco, a lo grande."
Y así lo hizo. Según Fate, por una vez un consejo de Hayate había servido de algo, claro que la castaña lo había hecho con la intención de hacer fotos y vídeos vergonzosos y echarse unas risas.
Fate primero intentó dejarle notas en la mesa, nada exagerado. Pero Nanoha las rompía. Intentó dejarle cartas en su casillero, que casualmente estaba al lado del suyo -maldita sea Fate no aprendes-, y Nanoha igualmente las tiraba. Intentó dejarle mensajes en su almuerzo o en los libros de texto, pero Nanoha los hacía desaparecer con algún tipo de poder maligno en su mirada.
Así que Fate se puso metas más grandes.
En clase de arte hizo un cuadro de Nanoha y ella abrazándose y haciendo alegremente las paces, cuadro que enseñó orgullosamente ante sus compañeros, que morían desangrados y pálidos al ver el interés de la rubia en la cobriza, y que Nanoha se encargó de destruir pintando cosas aleatoriamente sobre él.
También lo intentó montando una pancarta gigante en el gimnasio que mágicamente se prendió fuego por sí sola y hubo que despejar el lugar para que entraran los bomberos.
Fate usó a Bardiche como mensajero, y le hizo entregarle a Nanoha un ramo de flores con una nota en mitad de la calle. Y vio cómo Nanoha lo rompió, pisoteó y destruyó con furia para luego irse de allí como si no hubiera pasado nada. Ni que decir tiene que Bardiche se retiró como mensajero con la excusa de que era un trabajo muy peligroso para alguien como él. ¿Pero no era un gángster?
También intentó dejarle peluches y cosas cursis con mensajes de disculpa en Midoriya, pero esos mismos peluches acababan destripados y con la espuma saliéndose por cada puntada habida y por haber.
Incluso sobornó a Vivio para que fuera a verla a la tienda y le pidiera disculpas en su nombre, y eso que no estaba del todo de acuerdo al exponer a una niña con toda la vida por delante a la influencia de mafiosos señores de la droga, pero cualquier ayuda valía y si tenía que lanzar a la niña a los perros -aseguraba que los domaría de alguna forma-, lo hacía. Aunque la criatura se olvidó de su objetivo cuando Nanoha la invitó a comer pasteles y a charlar mientras bebían té. Maldita enana amante de los pasteles.
Diablos si hasta involucró a Carim en su lucha por hacer las paces con Nanoha. La rubia amablemente la ayudó y fue a hablar con la cobriza, pero fue en vano. Carim volvió negando con la cabeza mientras adornaba su gesto con una sonrisa triste y compasiva. De hecho parecía que cuanta más gente enviaba a hablar en su lugar más se enfadaba Nanoha y reforzaba su conducta evitativa. ¡Si había ido ella personalmente las primeras veces y tampoco había funcionado! ¿Es que acaso nada podía hacerle cambiar de opinión y perdonarla? Fate no podía aguantar mucho más.
En una de esas ocasiones en las que Fate estaba sola y no planeaba ninguna estrategia para hablar con Nanoha, Hayate la interceptó. Una cosa era ver cómo las primeras veces la rubia cometía idioteces que le hacían reír hasta tener agujetas y calambres, y otra ver cómo su amiga se deprimía y suspiraba por cada esquina. Claro que Hayate entendía lo que Nanoha sentía y pensaba, al fin y al cabo también era su amiga y ojos no le faltaban para ver por qué la cobriza estaba cabreada. De alguna forma Fate intuía eso porque era la única a la que no le había pedido que hablara con Nanoha en su nombre. Así que fue a hablar con ella, esta vez con un mínimo de seriedad.
"Fate." La rubia estaba sentada en un banco y tan metida estaba en sus pensamientos que ni se volteó, Hayate lo ignoró y se sentó a su lado. "Fate." Volvió a intentar. Esta vez sí recibió la atención debida. Hayate la observó con la luz del atardecer golpeando su rostro y era evidente que no dormía bien y que estaba cansada. La rubia siempre había tenido unos ojos tristes, hermosos y de un color vino nada común, pero tristes al fin y al cabo, sólo que esta vez la desazón parecía no tener fin en aquellos pozos borgoña y Hayate, por un momento, se sintió igual de triste al verla. Luego recordó que Fate era culpable por estar como estaba.
"...Hayate, ya no sé qué hacer. Me siento mal y no entiendo por qué." La castaña asintió ante la afirmación, era lógico después de todo. Fate nunca decía lo que pensaba ni pensaba lo que decía. Siempre era así, y esta vez no iba a ser distinto, aunque que tuviera remordimientos era un inicio, el problema es que Fate no sabía lo que había hecho mal. "He intentado de todo, incluso seguí tu consejo de querer conquistarla pero ella me ignora como si de verdad no existiera o rechaza todo lo que digo." La rubia estaba abatida y desanimada y Hayate casi lo sentía por ella, pero Nanoha sólo le estaba dando a probar de su propia medicina, algo de lo que Fate parecía no darse cuenta. Nanoha no estaba haciendo nada más que pasar de ella, mirarla como si no estuviera y oírla como si no la escuchara. Cosas que Fate hacía día sí día también con la gente porque andaba demasiado centrada en a saber qué ideas. Quizás fuera algo cruel hacerle eso a la rubia, después de todo ella era despistada por naturaleza, no es que se hiciera la loca con maldad. Pero Hayate no quería ahondar en los métodos educativos de Nanoha cuando ella misma había acosado y observado a la rubia desde lejos hasta que decidió que tenía información suficiente como para hablar con ella y hacerle ver que existía, que Hayate era real y que quería ser su amiga sin esperar nada a cambio.
"Te has esforzado mucho Fate, pero no es suficiente. Conquistar un corazón no es tan sencillo, mucho menos si se trata de Nanoha...". Tampoco fue fácil entablar una relación contigo, pensó resignada. Fate había prestado atención a cada palabra de su amiga, parecía que hablaba con la sabiduría del experimentado. Ella también había llegado a una conclusión similar, Nanoha era complicada y probablemente le traería más dolores de cabeza de los recomendados pero quería que la perdonara por haber hecho lo que hubiera hecho. "... lo que tienes que hacer..." Continuó la castaña "... es ir a su casa y hablar cara a cara con ella. Generalmente en un ambiente favorable para la otra persona es cuando mejores resultados se obtienen, aunque existen unas serie de normas y protocolos para conquistar el corazón de una chica."
Hayate seguía hablando sobre conquistar corazones figuradamente creyendo que Fate comprendería que estaba hablando de amor y no de ser perdonada, de hecho no había considerado aclararlo porque era evidente que estaba comparando la dificultad entre ambas tareas, sin intentar hacer creer a Fate que lo primero la llevaría a lo segundo, sobre todo con alguien tan cabezota como Nanoha... ¿Era necesario aclararlo?
Fate escuchaba pacientemente, lo que decía Hayate parecía tener lógica aunque no estaba segura de poder aplicarlo en la realidad porque eso implicaría ir a la casa de la pastelera psicópata y ser acosada y retenida en contra de su voluntad como si fuera un animal exótico siendo evaluado antes de ponerle precio y venderle al mejor postor. Hayate siguió hablando y en algún punto de la conversación Fate se reenganchó "... en otras palabras, tienes que pedirle una cita." ¿Qué? ¿Una cita? ¿Eso no se hacía cuando salías con alguien del que estabas totalmente enamorado y con quien querías compartir tu vida? ¿También era válido para las amistades que no sabías que lo eran, pero que lo eran porque habías metido la pata hasta la ingle en un barrizal al decir que no lo eran y te habías dado cuenta, tarde, muy tarde y con mucha ayuda, de que en el fondo sí que lo eran?
Curiosamente Hayate siguió la línea de pensamiento de Fate y respondió a sus preguntas como si leyera las mentes -algo que aterró profundamente a Fate-, "Sí, también valen para las amistades." Hayate la miró y sonrió más que antes mientras levantaba un dedo a modo explicativo. "El truco de esto, y sobre todo con Nanoha, es que no puede rechazar un enfrentamiento directo. Es demasiado honesta y justa como para decir que no, y si dices que es una cita, aunque no lo sea, la pones irremediablemente en un compromiso emocional, y por tanto no podrá decir otra cosa más que sí." Aunque eso era relativo, pensaba Fate, después de todo había logrado esquivar e ignorar sus primeros intentos de disculpa como toda una experta.
Cuando Hayate terminó de hablar miró a Fate no creyendo lo que sus ojos veían, de verdad la rubia la estaba haciendo caso. Fate asentía conforme las palabras llegaban a sus oídos y eran registradas en su cerebro. Para asombro de Hayate, Fate parecía verle un lado lógico a toda aquella locura improvisada.
"De acuerdo." ¿De acuerdo? ¿Cómo que de acuerdo? ¿Acaso no se ha dado cuenta de que conquistar a alguien y lograr que te perdonen no son términos equivalentes ni mínimamente parecidos? No Hayate, es Fate, claro que no se ha dado cuenta de que estabas bromeando y de que sólo hablas de conquistar corazones como algo metafórico y no real. "Lo haré. Si es lo que tengo que hacer para que me perdone, entonces le pediré una cita. Gracias Hayate."
¿Qué? No ¡No! ¡Fate, para! Dios. Pero ya era tarde, Fate tenía esa mirada decidida que pocas veces se ve en alguien con las características y aptitudes de Fate. Hayate no quería que esto ocurriera, bueno, en parte, pero no. Con lo fácil que habría sido negarse a las locuras de Hayate, de verdad, no era tan complicado mirarla de vez en cuando como si estuviera loca y negarse a sus ideas, definitivamente eso la haría verse integrada en la sociedad, no como ahora que parecía que había incitado a alguien a tirarse desde un octavo piso sin paracaídas.
Debía detener a Fate porque invitar a Nanoha a una cita podría ser... ¿ser qué? ¿Interesante? ¿Maravilloso? ¿Divertido? Demonios Hayate deja de ser buena persona, encierra a tu conciencia y prepárate porque ver a Fate-la-tía-buena-del-Instituto y a Nanoha-demonio-blanco-Takamachi saliendo juntas va a ser lo mejor de tu corta vida.
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Este capítulo llevaba casi listo desde el sábado (milagrosamente estudiaba por el día y la inspiración llegaba de noche, no sé como sigo con vida). Y diréis: ¿Por qué no lo subiste y nos hiciste esperar? Y yo diré: La vida, señores. La vida.
QUE CONSTE QUE SIGO DE EXÁMENES Y YO AQUÍ. T-T
