^^ Hola!

Ya terminé los exámenes y con buena nota además, si es que soy genial. Graaaaacias por los ánimos, los comentarios, favs, y follows y si tenéis exámenes (Saya-chan) o estáis preparando algún proyecto os envío power, love and ghost hugs!


"El hurón"

Vivio se había enterado de la noticia, y evidentemente ya era algo de dominio público, más que nada porque ella había estado presente en todo el proceso.

Nanoha-mamá -ya se había aprendido su nombre y le encantaba llamarla así- y Fate-mamá estaban peleadas por culpa de la rubia. Vivio no sabía concretamente qué pasaba entre las dos, pero tampoco le ayudaría descubrirlo, sólo tenía que darles un pequeño empujón para que hicieran las paces. O eso pensaba ella, porque si ya el instituto sabía que las dos adolescentes estaban peleadas y ya corrían apuestas sobre quién ganaría -¿qué era una apuesta y por qué corrían? ¿alguien les perseguía?-, y conocían los intentos truncados de la rubia por hablar con la pelirroja puesto que tampoco había hecho nada por ocultarlos del mundo y evitar los cotilleos, al menos no sabían que Fate-mamá le iba a pedir una cita a Nanoha-mamá para que la perdonara.

Dato que ella sabía por Bardiche.

Bueno, al parecer Fate-mamá sí sabía cómo disculparse y ella no tendría que intervenir demasiado. Cabe destacar que Vivio es una gran niña que al haber vivido con monjas de pelo blanco, mirada fría y gesto de tener una piedra gigante en el zapato, día sí día también, sabía qué fibras tocar para ablandar a alguien y ganarse su corazón. También había aprendido a blasfemar sin que lo pareciera y a recitar versículos de la Biblia a modo de amenaza y maldición todo en uno.

Pero aunque hubiera estudiado la santa y sagrada Biblia, madre de todos los libros considerados tochos, pesados e incongruentes -sí, no era idiota y se había dado cuenta de la imposibilidad de crear el Universo en siete días cuando ella tardaba semanas en acabar un dibujo deforme de un perro- y la usara principalmente para llegar a objetos que estaban fuera del alcance físico de su pequeño cuerpo, no era religiosa. De hecho no creía en Dios, Jesús o El Señor. Y eso que las amorosas monjas habían intentado de todo.

Pero no, no podía ser. Ella no podía creer en ese tipo con sandalias, que inútilemente se había dejado matar para comprobar de la peor forma la capacidad de sufrimiento y perdón del ser humano para luego resucitar como si tal cosa, por una sencilla y lógica razón que cualquier niño de nueve años como ella podría razonar. Porque según él, su Fate-mamá y su Nanoha-mamá no podían criarla, educarla ni quererla, y por tanto tampoco podían ser una familia.

Y eso a Vivio no le gustaba, por la razón que fuera -con 9 años poco te importan las razones ilógicas, aun así son razones suficientes-. Así que cuando vio a Fate aparecer junto a Carim one-chan, con el pelo rubio y los ojos rojos como uno de los suyos, decidió que sería su hija, hecho que se reforzó todavía más cuando conoció a Nanoha-mamá y vio cómo las dos peleaban mientras otra persona extraña las grababa. Y es que aquél día Vivio entendió algo importante.

Esas dos no la aceptarían como hija a no ser que estuvieran juntas y pegadas con amor. Y ella quería que esas dos fueran sus madres sí o sí.

Aunque claro, ni siquiera sabía si eran amigas o no. De hecho poco sabía de las dos. Claro que la información provista por Bardiche era buena, pero ella necesitaba ver ciertas cosas en persona, como por ejemplo quiénes serían sus abuelos o tíos, donde vivía cada una, cómo era al ambiente familiar entre las dos partes, si tenían algún negocio oscuro que la pudiera perjudicar al ser la integrante más joven y probable heredera, qué puesto ocupaban cada una en la sociedad, si tenían apoyo social y buenas amistades que las protegieran cuando el mundo supiera que se iban a casar y a adoptarla -las monjas seguro que se oponían firmemente a una boda entre dos mujeres-, quién sería el que tomaría el papel de padre permisivo o no, si querían tener más hijos o ella sería la única,... y ese tipo de cosas con las que un niño huérfano sueña sobre su posible familia. Nada raro, en el fondo.

Con esa idea en mente y con la información proporcionaba por su espía personal -que ya le había dicho que la organización contra los mapaches no era en verdad contra esos animales si no contra la castaña que siempre rondaba a la rubia y que era un peligro-, había elaborado un ingenioso plan digno de la primera misión secreta, encubierta y oficial de la TSAB: seguirlas y generar ciertas situaciones favorables para su relación -y para que la adopten-.

Y todo eso lo pensaba mientras estaba sentada en un columpio con Bardiche a su lado, comiendo un bombón de fresa mientras miraba con el ceño fruncido -expresión que había copiado de Fate y que era tremendamente adorable hasta para ella- y leía los dos sobres negros que había encontrado en la bolsa de papeles, cartas, chuches y chocolates que su Fate-mamá le había empezado a regalar cada vez que la veía. Dos sobres que repetían lo mismo de forma siniestra.

"Aléjate de ella"

Sí. Definitivamente la TSAB tenía trabajo que hacer y ella como coronel auto-asignada junto a su red de espionaje y asalto -los niños del orfanato eran buenos soldados- se encargaría de todo. Ella prepararía ambas misiones, protegería a Fate-mamá de la castaña rarita, descubriría de dónde salían esos sobres y uniría a su futura familia sin que Fate o alguien más se enterara de nada.

Algo sencillo porque Fate llevaba días pensando y elaborando diversas situaciones, estableciendo determinadas pautas de actuación y leyendo cuanto libro sobre citas tuviera a la vista como para que su cerebro explotara ante tanta información, pero claro, no había ningún libro que dijera cómo tener una cita con alguien con quien sólo quieres disculparte por ser idiota y con quien quieres tener una relación cordial y educada, quizás llamada amistad o compañerismo, pero no. Ese tipo de libros tan sumamente necesarios en situaciones como la suya no existían.

Así que viendo que los libros de autoayuda no le servían nada más que para dormirse leyéndolos, babearlos y rellenar los huecos de las letras, había decidido optar por lo antiguo: planear la cita perfecta paso por paso, pero como ella no tenía ni idea de esas cosas pensó en preguntarle a Chrono, sin embargo desechó la idea cuando fue consciente de lo que estaba pensando. ¿Preguntar a Chrono sobre citas? Con suerte había traído a alguna amiga a casa -y resultó que la amiga se había desmayado por una insolación y tuvieron que cuidarla-.

Y tampoco quería preguntarle nada a Lindy, seguro que investigaba los antecedentes familiares de Nanoha y descubría que eran una mafia que ayudaba a Hayate a financiar sus locuras o a lavar y blanquear dinero gracias a esos maravillosos pasteles. Y lo último que quería era que su madre se entrometiera en su vida, por lo que Fate estaba sola como siempre lo estuvo. Al fin y al cabo era alguien autosuficiente con la motivación necesaria y mínima como para llevar a término las cosas que se propusiera, por muy idiotas o sencillas que fueran.

Era curioso, porque antes vivía plácidamente y ahora todo eran problemas y desastres. Antes salía a la calle tranquilamente y ahora tenía seguridad gatuna pegada a los tobillos, una niña loca y solitaria que le hacía chantaje emocional y le ponía ojitos para que la acogiera y a Hayate en cada rincón con una maldita cámara en plan paparazzi-acosador-pervertido como si su vida fuera una especie de telenovela emocionante, por no hablar del repentino buen comportamiento que la enana pelirroja tenía con ella y que le daba más miedo y mal rollo que cuando la gruñía y gritaba sin motivo.

Carim Graciosa, alias Paladín Divino, parecía la más normal de la gente de su alrededor. Por favor, Jesús, hazme caso y bendícela y no permitas que nadie la lleve por el mal camino -Hayate- y la corrompa para hacer locuras e idioteces.

Pero ella no consideraba su vida una telenovela. O sí, bueno, si en las telenovelas el protagonista era amenazado por constantes peligros, admiradores, cámaras, espías... pues entonces lo era. Más motivo para que el Todopoderoso escuchara sus plegarias ¿no? En las películas y series lo milagros ocurren y el protagonista se salva.

En todo caso, hasta era bueno que su vida fuera una telenovela, la verdad es que sí, porque eso quería decir que lo que estaba haciendo iba por buen camino y que el plan de tener una cita saldría bien, porque en las series cómicas cuanto más estúpido pareciera algo mejores probabilidades de éxito tendría, evidentemente, aunque seguro que había momentos en los que se malinterpretaban sus intenciones para dar un giro dramático a la trama, pero el guionista de su vida no podía ser tan cruel después de haber hecho llorar a Nanoha -porque Fate ahora estaba convencidísima de que la culpa de que su vida estuviera patas arriba como lo estuvo su hermano al colgar de la terraza en una de sus tantas travesuras infantiles, era del escritor/a-. Por tanto, sí. Todo esto saldría bien y Nanoha la perdonaría, tenía sentido que así fuera.

O eso intentaba creer ahora que los nervios y el pánico la hacían temblar. Era el momento, invitaría a salir a Nanoha.

Respira Fate, respira.

No era tan raro, se decía. Eso le podía pasar a cualquiera, se decía. Era algo irrelevante. No tenía importancia. No se repetiría.

Cuando habló con Hayate estaba tan abrumada y cansada por todo, por no decir confundida porque por una vez se arrepentía de algo aunque no supiera exactamente de qué, que había acabado aceptando sus ideas como si ella no tuviera capacidad para razonar ni espíritu crítico y analítico. Tampoco había que ser un genio para ver que Hayate estaba diciendo tonterías Fate, tonterías que tú te tragaste sin respirar ni masticar.

Pero a pesar de todo Fate se decidió en aquél entonces, aunque no sabía cómo la decisión había durado tanto tiempo sin flaquear ni ser puesta en duda pero así fue, y ella no solía retractarse cuando se decidía. Y ahora se encontraba en otra de esas situaciones por las que la castaña pagaría y mataría por presenciar. Cuando eligió el día en el que llevar a cabo por fin su magnífica idea metida a la fuerza por factores externos y malvados -Hayate- salió de su casa dirección al Midoriya. Le costó mucho pero logró llegar a la puerta de los Takamachi sin morir en el intento, aunque su pretensión era entrar por la pastelería como la otra vez ya que era lo conocido hasta entonces. Pero todo esfuerzo se acababa ahí porque ahora venía lo peor.

Según ella estaba frente a la inmensa puerta de un inmenso castillo embrujado, encantando, maldito, derruido, construído sobre cinco cementerios indios, sobre los restos de tres Apocalipsis zombie, sobre la casa de Babayaga y sobre la colina de Manostijeras y seguro que eran vecinos de Freddy Kruguer y de Jason el de la motosierra. Vamos, lo normal. Fate como mínimo se esperaba que apareciera un grupo de cuervos y se posara en la valla o en el poste de la luz, y si no era eso, aseguraba que pasaría como si lo hubiera vivido cien veces, porque si no no era lógico que su corazón palpitara tan fuerte dentro de su pecho como queriendo escapar de esta situación, y sus manos se restregaran nerviosamente en busca de algún tipo de consuelo. Porque estar frente a la puerta de la casa de Nanoha no tendría que dar tanto miedo, ¿no?

Pero ahí estaba. Sola, frente a un pedazo de madera que la separaba de un más que posible infierno. Quién la mandaba estar allí, quién. Vamos Fate, tú puedes. Te has enfrentado a peores situaciones, como cuando cogiste dinero del monedero de Lindy creyendo que no se daría cuenta porque esa mujer estaba hasta las cejas de billetes y coger unos pocos no significarían nada y finalmente te pilló. Como cuando tú y Chrono creísteis que llevar a un animalillo desamparado y herido a vuestra casa pasaría desapercibido a ojos de Lindy y no fue así. Pobre caballo, al final se tuvo que ir.

Si habías sobrevivido a eso a esto también. Bien, allá vamos.

Fate cogió aire hasta que sintió como los pulmones colapsaban del esfuerzo y empezó a toser y a lagrimear. Venga hombre, ya ni respirar sabes. Otra vez, despacio. Inspira, expira. Relaja el cuerpo. Inspira, expira. Notas cómo las pulsaciones disminuyen y te encuentras más relajada. Inspira... ¿Fate? ¡No! ¡Fate no es momento de entrar en trance e ir al Nirvana! ¡Vamos mujer, despierta!

Sí, así. Bravo. Vuelve a la Tierra. Ahora sí estas respirando estupendamente, menos mal que no es una función vital voluntaria. Bien Fate, ahora sí que sí, es el momento. Tienes que llamar. Y así lo hizo, con valentía y determinación llamó al timbre de la casa como si no tuviera miedo de estar frente a la mafia quizás más poderosa de Uminari o de Japón. Y eso que ella no quería tener relación alguna con esta gente. Maldijo el día en que hizo llorar a Nanoha y descubrió que tenía la conciencia suficiente como para sentirse mal por ello.

Vale Fate, ahora concéntrate. Espera a que abran la puerta, entonces sonríes, te presentas, les encandilas con tu gran educación, no te secuestran ni te acosan, sales con Nanoha, la haces reír, lo pasáis bien, hacéis las paces y se acabó. Problema resuelto.

Pasaron 10 minutos y la puerta seguía sin abrirse. Volvió a llamar con confianza, seguro que no lo habían oído. Otros 10 minutos pasaron y allí nadie abría la puerta. ¿Acaso no había nadie? ¿A esas horas? ¿Un Viernes? Fate no lo podía creer, tanto nerviosismo y preparación para que a la hora de la verdad nadie atendiera a la puerta ni la hiciera caso. Esto tenía que ser algún tipo de castigo. El Karma había atacado inesperadamente y en el peor momento. ¡Ella había elegido este día precisamente porque sabía que estarían en casa! ¡Había seguido a Nanoha y visto cómo entraba en casa con un alegre saludo! ¡Tenía que haber alguien! Un momento. ¿Sabía que era ella y la estaba ignorando a propósito?

Fate volvió a llamar por tercera vez, en esta ocasión con molestia. Por muy ilegal que fuera su negocio no podían ser tan maleducados como para dejarla fuera esperando e ignoraran su presencia. Los minutos volvieron a pasar sin que nada ocurriera y Fate estaba a punto de acribillar a timbrazos la casa. ¿Pero será posible? ¡Cuánto descaro!

"¿Testarossa-san?".

Ella, que había ido allí con toda la buena intención de pedir disculpas. Ella, que había preparado minuciosamente el día para que Nanoha se olvidara de su enfado. "¿Fate-san?". Ella, que había tenido que tragarse libros absurdos y que se había esforzado para recordar cada nombre y cada palabra que la cobriza pudiera decir con tal de no volver a ver cómo la miraba con decepción y lágrimas en sus bonitos ojos. ¡Y la estaban ignorando! ¡A ella!

"¿Fate?". Fate casi rechinaba los dientes cuando sintió una mano en su hombro y un chillido se le escapó entre los labios. Seguro que habían oído sus pensamientos y venían a castigarla por ser mala persona y decir cosas crueles sobre personas a las que no conocía. Voy a morir, voy a morir, voy a morir. "¿Estás bien?". Fate dejó de rezar y de repetirse que debía haber hecho el maldito testamento desde que nació y abrió los ojos. Ningún demonio o monstruo se preocupaba pos sus víctimas. Se giró y descubrió quién era la persona que hablaba. Era la castaña universitaria. La hermana de Nanoha. "Ehhhh, sí. Estoy bien, gracias...". La miró con confusión. Maldición, no sabía su nombre. Había estado tan centrada en Nanoha que no se había planteado recordar el nombre de sus familiares directos. La chica pareció darse cuenta del problema por el gesto de Fate y se presentó. "Miyuki Takamachi. Es un placer volver a verte Fate-chan." Aquella chica sonrió ampliamente, era esa sonrisa que tanto asustaba a Fate a pesar de que fuera bonita, maravillosa y sustituyera al alumbrado del barrio. Ella sabía la verdad de lo que ocultaba esa sonrisa. Tragó seco. "S-sí, u-un placer." Un sonrojo acudió a ella debido al tartamudeo. ¿Por qué siempre tartamudeaba con esta familia como una niña en su primer día de clases?

De nuevo la chica se la quedó mirando. Iba vestida con un chándal y una camiseta corta remangada. Parecía que había estado concentrada haciendo ejercicio en alguna zona de la casa y por eso no había oído el timbre. Miyuki volvió a sonreír y repentinamente se lanzó a abrazarla como si fuera algún tipo de peluche gigante en rebajas. Rápidamente la rodeó con los brazos y pegó su cara a la suya. Fate se quedó estática y pálida en el sitio. ¿Qué narices hacía? ¿Por qué siempre la abrazaban? ¿Gritaba? ¿Corría? ¿Devolvía el abrazo fingidamente? "Awwww, Fate-chan es adorable. No sabía que venías pero no te preocupes, Nanoha no tardará en venir con unas compras. Mientras yo te haré toda la compañía necesaria hasta que regrese." ¿Cómo? ¿Que estaría sola con aquella y sudada desconocida que no paraba de frotarse contra ella como si fuera el rascador de un gato? No, no. Ni hablar. No quería estar a solas en esa gigantesca casa con una especie de ninja acompañándola. "Ven, entremos. Te pondré un té." El corazón de Fate se detuvo. ¿Entrar? ¿En serio? Ella no pensaba pisar esa casa, mucho menos probar la comida. ¿Beber té? Seguro que llevaba alguna droga paralizante o venenosa, Fate no te tomes ese brebaje del demonio, por el amor de Dios.

Sin quererlo y resistiéndose sutilmente, fue arrastrada por Miyuki al interior del hogar. Otra vez. ¿Acaso no podía invitarla a entrar civilizadamente que siempre la arrastraba y la encerraba para que no tuviera escapatoria como la vez que entró al Midoriya? La chica la sentó en un sofá y minutos después le trajo la bebida caliente. "Dame unos minutos para ducharme y cambiarme y enseguida vuelvo". Fate asintió con una seguridad y calma que no sentía. "Claro, sin problema." Por mí como si te quedas encerrada en el baño y te enredas con la cortina de la ducha como me pasó a mí. De hecho estaría más a salvo con mi cortina asesina que aquí, a solas contigo, pensó.

Ojalá Bardiche estuviera a su lado. Pero al menos estando sola no corría peligro. En teoría.

Ya que estaba ahí, Fate se detuvo a mirar el interior de la casa ya que la primera vez no tuvo apenas tiempo ni interés. La decoración era cálida y hogareña, había plantas y flores y estaba todo bien recogido y colocado. Cualquiera diría que allí viven cinco personas y que tenían suficiente dinero del narcotráfico como para alimentar a tres Áfricas y hacerle una operación de reducción de peso a todos los americanos. Un movimiento captado por el rabillo del ojo puso a Fate en alerta. No estaba sola. Y la hermana de Nanoha se había ido al segundo piso y había abierto la ducha. Dios, Dios, Dios.

Miró discretamente por el lugar. No había muchos sitios donde una persona, ninja o no, pudiera esconderse sin ser notada. El té se estaba templando y el olor llenaba el salón. Había pastas en la mesa, pero ni loca las probaba. De nuevo algo se movió cerca del suelo. Fate contuvo el infantil impulso de subir los pies para que ninguna mano fantasmal la agarrara de las piernas.

Allí había algo vivo a parte de ella.

Varios minutos después de agónica quietud, escuchó cómo la ducha se detenía y se sintió aliviada de no volver a estar sola en aquel sitio con lo que sea que estuviera correteando por ahí y que le ponía los pelos de punta. Odiaba el suspense y el terror. Se estaba relajando un poco cuando una criatura salida de los avernos se lanzó contra su cuello en busca de carne que devorar. Fate sintió el ataque antes de poder verlo y esquivó relativamente al ser, que se quedó enganchado en su ropa, mientras un agudo grito escapaba de su garganta. ¡Definitivamente esa casa era un peligro y ella no saldría con vida de allí! Aquel bicho no la soltaba y Fate lo alejaba a manotazos, con los ojos cerrados, no queriendo ver a lo que se enfrentaba. Hasta donde sabía podía estar luchando contra un perro de tres cabezas. Miyuki bajó corriendo las escaleras ante el chillido asustado de Fate, que se revolvía en el sofá ante sus sorprendidos ojos.

Yuuno, la mascota de la familia Takamachi, estaba atacando furiosamente a Fate como si fuera su más acérrimo enemigo y la rubia, no sabiendo lo que hacía, se movía y pataleaba como podía. Miyuki saltó rápidamente en su ayuda, no era normal que Yuuno fuera agresivo, era el hurón más pacífico del mundo. El roedor correteaba por el cuerpo de Fate y por el sofá buscando algún tipo de punto estratégico por el que atacar a la rubia que consideraba instrusa.

Miyuki no lograba alcanzarlo y Fate se revolvía como loca intentando huir. A lo lejos se escuchó el ruido de las llaves encajar en la cerradura. Sin pensarlo ni un segundo Miyuki se lanzó a por el animal, sin importarle el hecho de que irremediablemente caería sobre Fate, pero no podía evitarlo. Tenía que detener a Yuuno.

Cuando por fin cogió al animal y pudo suspirar aliviada, el ruido de unas bolsas al caer al suelo atrajo su atención. Nanoha se encontraba en la entrada del salón, mirando boquiabierta y sonrojada la escena que se desarrollaba ante sus ojos. Miyuki se preguntaba por qué lucía tan sorprendida hasta que miró y se percató de la situación.

El silencio era demasiado incómodo.

Desde la perspectiva de Nanoha, ella estaba sobre Fate, mojada y con nada más que una toalla atada alrededor de su cuerpo y roja por el repentino esfuerzo al atrapar al hurón agresivo, mientras que Fate estaba casi desmayada en el sofá respirando entrecortadamente y con la ropa y el pelo descolocados debido al intenso ataque. Era evidente que Nanoha estaba malinterpretando la situación. Se le notaba en la cara que estaba pensando en algo pervertido. Lo mejor sería actuar con normalidad, pensó Miyuki, y hacerle entender que no era lo que lamentablemente parecía y que ella y Fate no habían hecho nada raro. Claro que Miyuki no se oponía a ese tipo de relaciones -y sus padres tampoco- pero actualmente no tenía intención de darle una charla a Nanoha sobre relaciones sexuales, porque evidentemente Nanoha estaba pensando en eso. Sin duda. El sonrojo y la respiración acelerada lo indicaban claramente, el problema era que la verdad resultaba increíble y ni ella misma se creería una palabra si hubiera encontrado a su hermana sobre Fate en una situación similar y le dijera que era culpa de Yuuno.

Viendo que la situación no mejoraría por sí sola, estaba a punto de hablar para aclarar lo que sea que se le estuviera pasando por la cabeza a Nanoha cuando un repentino y certero movimiento de Fate obligó a Miyuki a hacer un ruido nada apropiado de acuerdo a la situación, haciendo que, de paso, se sonrojara violentamente. La castaña de repente fue consciente de su relativa desnudez y se avergonzó todavía más.

Fate se incorporó como pudo al ver que estaba a salvo y que aquél bicho, fuera lo que fuera, había sido capturado. Ni que decir tiene que con todo el jaleo, el miedo, la sensación de muerte inminente y la lucha, no se había percatado de la presencia de Nanoha, ni de la situación en la que se encontraba, ni del ruido que había hecho la castaña por su culpa y que había hecho sonrojar a ambas hermanas hasta las orejas. Miró a Miyuki mientras una pequeña sonrisa de agradecimiento aparecía en su boca, porque literalmente le había salvado del ratón salvaje que sospechaba tenían por mascota y que, si tenía oportunidad, se lo daría de comer a Bardiche, y ésta le devolvía la mirada con sorpresa, sonrojo incluido, por haberse movido bajo su cuerpo como lo había hecho. ¿Acaso la enfermedad del cangrejo, como la había bautizado Fate y que hacía que las personas se pusieran rojas hasta niveles insalubres, la perseguía allí donde fuera?

Al menos Fate sabía que estaba sana y que el calor, el enrojecimiento y que el reciente cansancio se debían al esfuerzo de salvar el pellejo durante semejante guerra.

"Eso ha sido intenso." Dijo la rubia refiriéndose, lógicamente, a la persecución del animal sobre el sofá. Fate vio cómo los ojos de Miyuki se abrían todavía más hasta límites insospechados después de oír lo que había dicho, porque la castaña, al contrario que la rubia, sí era consciente de lo desafortunada que había sido la expresión de Fate en ese justo momento. Ahora sí que sería difícil de explicar la situación. Y Fate también vio cómo, sin moverse de su postura -porque por algún motivo la castaña seguía sobre ella mientras estrangulaba sin querer al ratón endemoniado, aunque se lo merecía- Miyuki se giraba hacia la entrada de la casa con la velocidad típica del que sabe que algo malo va a ocurrir. Fate frunció el ceño y siguió su mirada con curiosidad pues parecía conmocionada por algo, y entonces supo por qué.

Nanoha estaba allí. De pie. Mirándolas con una mezcla de emociones que iban desde la sorpresa, el nerviosismo y la vergüenza hasta el cabreo. Por algún motivo sintió un déjà vu, esto le sonaba de algo. Fate reconocía su mirada cuando se enfadaba. Y también reconocía lo que vendría a continuación al ver como Nanoha cerraba los puños y cogía aire. Diablos.

"¡FATE TESTAROSSA HARLOWN! ¡LIBERA A MI HERMANA DE TUS PERVERTIDAS MANOS Y VETE INMEDIATEMENTE DE MI CASA SI NO QUIERES MORIR!".

Y Fate lo hizo. En menos de lo que se tarda en pestañear salió de debajo de Miyuki, se levantó y salió de la casa corriendo como si la persiguiera de nuevo aquel bicho inmundo o como si fuera una ladrona a la fuga, y no se detuvo hasta que las piernas le ardían, los pulmones le escocían y el corazón se le salía del pecho. No sabía por qué se había vuelto a enfadar Nanoha, pero al parecer la cita tendría que esperar hasta que su instinto asesino cesara y Fate pudiera acercarse de nuevo a su casa o a la cobriza sin ser fulminada.

¿Pero qué había hecho ella ahora? Maldito hurón.


Buah, perdón por la tardanza. Aun así espero que os haya gustado.