"Family issues"
A veces Fate tenía sueños. Y quién no, pensaréis, desde luego es algo natural pero sus sueños no eran del todo normales... Aunque, ¿qué sueño lo es? Pero no se trata de eso, diablos, que el narrador se ponga filosófico es malo. Eran sueños escabrosos y oscuros, o mejor dicho, pesadillas en las que se despertaba empapada en sudor y con la respiración más agitada que un caballo al que le han hecho correr cien kilómetros en un día. Sólo le ocurría de vez en cuando, y no recordaba nada de lo que pasaba en su cabeza mientras dormía, sin embargo, al despertar, siempre se quedaba con la sensación de vacío en el pecho, como si le hubieran arrancado un pedazo de corazón y los latidos fueran más débiles, sordos. Sinceramente, cuando tenía esos sueños acababa sintiéndose emocionalmente entumecida y su cabeza chirriaba como un engranaje oxidado cuando intentaba recordar qué había soñado. A veces le llegaban retazos de algo, sensaciones o imágenes, pero tal y como llegaban se iban y su vida seguía sin más. Fin de la historia.
Ese día era uno de esos días e, inevitablemente, su estómago brincaba como una cabra drogada y sus manos temblaban levemente por nerviosismo o anticipación, como sea. Básicamente y para resumir todo este lío, os pregunto, ¿después de un sueño raro, os habéis despertado alguna vez con la terrible sensación de que algo malo va a ocurrir en el preciso momento en el que vuestro pie descalzo pise el frío suelo? ¿No? ¿Sí? Pues Fate juraba que se le caería el techo de la habitación en la cabeza nada más abriera un ojo, y por eso, aunque estaba despierta, no quería abrirlos. Por si acaso. Porque a lo mejor si los abría se encontraba la cara de un monstruo a centímetros de la suya, como en las películas de terror, y no le apetecía, la verdad. Sólo le faltaba escuchar otra respiración además de la suya.
Pero Fate no era cobarde ni supersticiosa, no, y por muchas vibraciones extrañas que su estómago le enviara en forma de señales de peligro, ella hacía vida normal. Resultaba curioso porque ella era incapaz de traducir esas sensaciones a un posible hecho futuro que pueda causarle daño, su madre, en cambio, era toda una artista en esto de la vibromancia estomacal. Una vez Fate tuvo unas ganas imperiosas de comprar helado a altas horas de la noche, porque así es ella, y cuando iba a salir por la puerta ya preparada para su atracón nocturno, Lindy, en forma de espectro, la detuvo con una expresión de lo más sombría para ser las 3 de la mañana de un fin de semana, y eso que llevaba una bata rosa algo vieja y con pelusillas, los rulos en el pelo y una mascarilla pastosa en la cara, típica escena que a Fate le hubiera hecho reír a carcajadas. Pero no. "He tenido una sensación rara, no salgas. Algo va a pasar en la tienda." Dijo. Y así, tal y como vino, cerró la puerta con llave, empujó a Fate hacia su cuarto como si no acabara de pronunciar una sentencia de muerte medio en trance, y se marchó a dormir.
Fate no durmió esa noche por temor a que su madre volviera a aparecer con esas fachas o peores, un cuchillo y una vela. Hasta creyó que era observada en mitad de la oscuridad y casi batió el record mundial de aguantar la respiración haciéndose la muerta. ¿Y se supone que no era cobarde? ¡Já! Fate odia el suspense. Fue algo terrible, pero lo peor fue que, a la mañana siguiente, la tienda donde había querido ir a comprar había sido asaltada por unos ladrones que, por si no tenían nada más que hacer a las tantas de la noche, le prendieron fuego al local.
Desde entonces la rubia no había vuelto a burlarse de las "sensaciones raras" que tenía su madre de vez en cuando, aunque luego se demostrara, por las horas que Lindy ocupaba el cuarto de baño, que eran gases, diarrea o la gripe. En cualquier caso, ella no tenía ni idea de cómo interpretarlas y, por lo tanto, las ignoraba o las achacaba al hambre. Por eso aquel día, a pesar de la molesta sensación de sus intestinos por el recordatorio de que pronto iría al parque de atracciones con Hayate y Nanoha, y de que era probable que ya hubiera un anuncio con las notas de los exámenes del día anterior, Fate se levantó y se dirigió a clase fingiendo total normalidad.
Como siempre, nada más llegar al instituto se dirigió hacia su taquilla que ya estaba abarrotada de artículos varios. El corazón de Fate se saltó un latido por el alivio de haber vuelto a la normalidad diaria. Hasta las cartas negras habían vuelto a aparecer, y su cotidiano y normal mensaje de acosador o admirador obsesionado la reconfortaban. Aunque, si Fate no hubiera estado tan en su mundo y hubiera tenido un mínimo de la curiosidad propia del ser humano, quizás se hubiera dado cuenta de que las cartas no contenían el mismo mensaje o de que el suelo frente a su taquilla había sido manipulado con alguna sustancia rarita. Así que, ignorando el sospechoso y, a sus ojos, insignificante "Te lo advertí", caminó con parsimonia, y entre sospechosos resbalones que casi le cuestan la dentadura más de una vez, hacia su clase.
Fate se preguntaba qué le depararía el día. Siempre existía la posibilidad de tener que llevar una mochila con objetos varios e indispensables para ir de aventura, ya ni ella misma se creía eso de que su vida era normal o de que ella no era más que otro ser humano buscando su camino en el mundo.
A todo esto, ¿qué se supone que hay que llevar al parque de atracciones que, aparentemente, pertenece a una compañera de clases millonaria? ¿Un parque de ricos es distinto de uno normal? ¿En vez de coches de choque hay Ferraris de choque? ¿La casa del terror será una mansión? ¿Las piscinas tendrán cascadas? Estaría bien saberlo, así no se sentiría más fuera de lugar de lo que se sentía ahora, suponiendo que siguiera siendo un humano normal, claro, porque en el fondo a Fate le daba lo mismo, sólo era una chica práctica y quería saber lo necesario.
"¿Fate?". Porque claro, podía encontrarse cualquier cosa yendo a un sitio junto a Hayate y Nanoha, es más, estaba segura de que pasaría algo terrible o como mínimo vergonzoso y que irremediablemente la involucraría a ella, como siempre. ¿No podía invitar a Bardiche? El mundo sería un lugar mejor si hubiera más animales como él y menos mapaches.
"¿Testarossa?". Tendría que informarse en profundidad de lo que debería llevar. Ropa de camuflaje, armamento variado, quizás spray de pimienta,... Sería un fin de semana bastante largo si, además, la invitación incluía quedarse allí durmiendo en uno de tantos hoteles. Lo bueno de todo esto, probablemente, es que ya que había entablado relación con las amigas de Nanoha ahora podría ver a los gatitos que Hayate había salvado a petición suya. Hacer amigos no era tan malo después de todo.
"¿Fate?". Ay por favor, ¿quién llama a estas horas de la mañana? ¿No ven que está entrando en clases? La rubia suspiró y se dio la vuelta para ver quién era la persona que ya la molestaba desde tan pronto, estaba dispuesta a darle un discurso sobre lo educado que es dejar que las personas caminen metidas en sus pensamientos en vez de ir a molestarles. ¿Acaso no tienen modales hoy en día?
"¿Graciosa no-sé-qué?" Fate parpadeó confundida, había jurado que era la voz de Hayate quien la llamaba. ¿Se estaría volviendo loca? ¿Paranoica quizás? "En realidad es Gracia, pero no importa. La directora quiere verte." Fate volvió a pestañear confundida. ¿Gracia? Pues lo que ella había dicho, ¿no? Graciosa-algo. Un momento, ¿cómo que la directora quiere verla? ¿Qué está pasando? ¡Si aun no ha pisado el salón de clases! Carim debió de entender la confusión en la expresión de Fate porque con un suspiro le explicó más o menos la situación. "Es urgente, Fate. No sé qué ha pasado pero tu madre está de camino así que será mejor que vayas al despacho."
¿Lindy? ¿Qué narices está pasando? ¿Acaso ha hecho algo malo en lo que entraba en el instituto y llegaba a clases? ¿Ha matado a algún alumno mientras pensaba en no sé qué cosas y no se ha enterado? ¿Chrono está bien? "U-Uhm, vale, iré en seguida."
Esto no podía ser bueno.
Fate se fue hacia el despacho de la directora, que curiosamente estaba al lado del de la rectora y se conectaban por una puerta, algo extraño y más propio de un hotel que de una institución escolar, la verdad. Pero Fate no le dio demasiada importancia, estaba más pendiente de ver si había cabezas reducidas colgando de una estantería que de descifrar el porqué de una reforma arquitectónica tan insulsa como esa. Su madre ya había llegado y estaba cómodamente sentada en una de las sillas que había frente a un enorme e imponente escritorio, y en el escritorio estaba una mujer que Fate nunca había visto en su vida pero que bien podría ser entrenadora personal o una mercenaria.
Fate tragó seco.
Lentamente se dirigió hacia la otra silla que quedaba libre al lado de su madre que, por otro lado, no se había molestado en mirarla. Esto era grave. Fate sintió como una oleada de estrés y ansiedad le recorrían de pies a cabeza y acababan instalándose, curiosamente, en las manos formando un incipiente y cada vez más marcado temblor. Se sentó en la silla con la sensación clara de que era como ir a la horca o al patíbulo y cambió de postura varias veces intentando encontrar la comodidad y seguridad que sabía que no sentiría hasta que saliera de aquella sala. ¿Por qué su madre no la miraba? ¿Y por qué la directora parecía una mercenaria con coleta extra larga a punto de sacar una espada de debajo de la mesa? ¿Qué estaba haciendo ella allí si no le había dado tiempo de crear ningún tipo de caos por culpa de Hayate y sus ideas? ¿La iban a expulsar debido a incidentes anteriores?
La puerta se volvió a abrir y esta vez entró alguien que Fate no esperaba que vería en aquél momento ni situación, alguien que no tendría por qué estar ahí y cuyo propósito o conocimientos del problema eran desconocidos para ella, alguien que la miraba con tristeza y preocupación verdaderas, lo que alteró todavía más a Fate. ¿Qué narices hacía Vivio allí?
"Bien, ya que estamos todos aquí vamos a empezar." La voz que habló fue tan suave pero a la vez tan imponente que Fate, que seguía mirando a Vivio con cara de sorpresa y confusión, casi se rompe el cuello por la velocidad con la que se giró hacia la directora.
"Es una situación compleja, no voy a mentirles, pero creemos que hemos reaccionado a tiempo para investigar lo que está ocurriendo y ponerle fin." La directora paseó la mirada por la habitación y se detuvo en Fate, que ya estaba chorreando sudor mientras fingía una apariencia estoica. ¿A quién pretendes engañar Fate? Estás más aterrada que cuando fuiste a la casa de Nanoha. Pero es normal, no te preocupes, la directora es más aterradora que Momoko. ¿Había dicho antes que Fate odiaba el suspense y el terror? Lo llevaba un poquito mal.
"Testarossa, me gustaría preguntarle algo. ¿Se encuentra bien?" El resto de personas la miraron, y Fate descubrió que su madre estaba igual de preocupada que Vivio y que apenas contenía las lágrimas, quizás por eso no la había mirado antes. Esto. Era. Muy. Grave. Lindy pocas veces se ponía así. Fate dio un respingo ante la mención de su nombre, esto no era como esas veces en las que ella caminaba por ahí pensando en sus cosas y repentinamente alguien la llamaba o aparecía a su lado, no. Esta vez ella sabía que la iban a llamar y eso lo volvía todavía más tenso. "E-Eh, sí. Estoy perfectamente." Salvo por el hecho de que no sé qué está pasando ni por qué mi madre y Vivio tienen esa mirada de preocupación, como si me fuera a desvanecer o algo así."
"¿Le va bien en el Instituto? ¿Ha tenido problemas con algún alumno?" ¿Qué dice? ¿Perdón? Bueno, académicamente hablando no es que le fuera demasiado bien teniendo en cuenta que no estudió para los exámenes y que probablemente tendría que recuperar unas cuantas asignaturas, además de que era más que probable que tuviera un par de amonestaciones por aquello de no prestar atención en clases o de dormirse, por lo demás, ¿cómo va a tener problemas con nadie si ella no conoce a la mayoría de las personas con las que se cruza en la puerta? No tenía enemigos, o eso sabía ella, tampoco es que lo fueran anunciando por ahí tan alegremente, pero no. Ella no creía haberle hecho mal a nadie, así que problemas ninguno.
"Me va bien, gracias. No tengo problemas con los compañeros. ¿Esto de qué va, concretamente? ¿Por qué están mi madre y Vivio aquí?" Fate querida, intenta ser un poco más diplomática, ¿quieres? Estás hablando con la directora, no seas borde.
Fate vio cómo las tres cruzaban miradas y asentían con la cabeza, esto ya se estaba pasando de castaño oscuro. Parecía que la iban a juzgar culpable en vez de ser una reunión casi familiar. Una parte de Fate empezó a enfadarse por no saber qué estaba pasando ni qué tenía que ver con ella, a la vez que la otra parte se empeñaba en aparentar tranquilidad mientras sentía todo lo contrario a la calma y al sosiego.
"Fate, cariño, si te ha pasado algo en el instituto puedes decirlo. No pasa nada." ¿Qué? Esta vez fue Lindy quien intervino, le agarraba la mano con comprensión intentando transmitir algo parecido a la confianza y a la seguridad pero que para Fate fue como el temblor que da pie a un terremoto gigantesco. "Sí, Fate-mamá, puedes decir si te ha pasado algo malo, estamos aquí para ayudar." ¿Cómo dices niña?
Que Vivio hablara con relativa madurez y la apoyara era raro, muy raro. Pero no fue eso lo que detuvo el corazón de Fate por un segundo, sino el hecho de que la maldita mocosa la había llamado Fate-mamá delante de Lindy y de la directora, que inmediatamente la miraron pidiendo explicaciones de lo que la niña decía. Fate vio cómo la expresión de Lindy se modificaba y se transformaba en algo indescriptible mientras que la directora endurecía todavía más la expresión ya de por sí dura que tenía.
"Hija, ¿qué es eso de Fate-mamá?" La madre que me...
Fate miró a la niña queriendo crucificarla por ser tan charlatana y Vivio se tapó infantilmente la boca sabiendo que había metido la pata. Recuerda Fate, es una niña, claro que es infantil y bocazas. Recuerda también que no querías cargar con la muerte de un infante y que te sentirías muy mal por ello. Respira, te estás volviendo un poco agresiva, ¿no crees? Cuéntales la verdad, que Vivio está loca y dice más estupideces que un borracho intentando encontrarle sentido al hecho de estar borracho. Pero hazlo ya porque es evidente que tanto Lindy como la directora están pensando cosas que no deberían estar pensando de ti mientras repasan una y otra vez tu cuerpo en busca de a saber qué señales del embarazo y del parto. ¿En serio creen que eres su madre?
Fate comenzó a hablar para aclarar las cosas. "Veréis,...".
"No es lo que estáis pensando, Fate-mamá sigue siendo una florecilla inocente ahí abajo. Lo que pasa es que Fate se va a convertir en mi madre una vez que se case con Nanoha-mamá y me adopten y me saquen del orfanato para poder ser una familia feliz, por eso la llamo Fate-mamá. Además tenemos un ojo igual, somos hermosas y tenemos el pelo rubio por lo que es innegable nuestra relación materno filial. Por otro lado ya lo hemos hablado y quiero que la madre de Nanoha sea mi abuela porque tiene una gran estabilidad emocional y económica, al igual que la abuela Lindy, que encima de todo es policía y puede procurarnos asesoramiento en caso de cometer alguna infracción de la Ley. Además de todo, ya tengo los papeles preparados para que, cuando se realice la boda o Fate-mamá y Nanoha-mamá sean mayores de edad puedan adoptarme sin más dilación; en todo caso también es posible que Lindy o Momoko puedan convertirse en mis tutoras para que en un futuro los trámites puedan acelerarse y ser definitivamente una familia y poder llamarme Vivio T. Harlown-Takamachi."
Silencio.
Más silencio.
Explosión cerebral por parte de Fate.
Reinicio temporal de las funciones emocionales básicas como sorpresa, ira y vergüenza.
Iniciando pensamientos relativamente coherentes en 3… 2...1...
NO. PUEDE. SER.
A la vez que el cerebro, el corazón de Fate se detuvo por fin, ya no podía aguantar más sobresaltos. Era demasiado joven para haber sufrido tanto como lo había hecho.
Vivio acabó su discurso con una enorme y brillante sonrisa capaz de iluminar la habitación más oscura. Fate había perdido el habla, el color y la vida nada más escuchar el inicio del discurso de la enana bicolor, ¿florecilla inocente ahí abajo? ¿Pero qué diablos? ¿Cómo se atrevía? La directora no se había inmutado en absoluto ante la palabrería bien formulada y coherente de la niña, y más bien parecía que escuchaba con atención y asentía con aprobación por los conocimientos de la cría. Y Lindy... ¿Lindy...?
"¡VOY A SER ABUELA POR FIN!"
Oh, Jesús...
La vida de Fate no podría haber empeorado más. Pasado el susto inicial junto con el silencio sepulcral en el que parecía que había cesado todo atisbo de vida, su madre estaba de lo más radiante, hasta parecía que había rejuvenecido un poco y todo por la noticia de ser abuela. Para ser totalmente sinceros, parecía que Lindy había omitido el resto de información salvo eso, ser abuela, aunque, técnicamente y dado que Vivio ya tenía cierta edad, podría decirse que Lindy ya se consideraba abuela, al menos extraoficialmente. Fate esperaba que también pasara por alto eso de que Vivio quería que se casara con apenas 17 años. Por Cristo, Fate esperaba que Lindy pasara por alto todo, incluyendo el hecho de que, si la boda se celebraba en contra de su voluntad, lo cual era más que probable viendo lo visto, se casaría con una mujer que era, ni más ni menos, la hija heredera de un cártel.
Bravo.
Pero Fate estaba exagerando, es decir, claro que podría darse la boda, pero la posibilidad existía porque también lo hacían su madre, ella y el resto de gente involucrada, por lo que si les eliminaba y se convertía en ermitaña se habría salvado. Vamos, que en el fondo Fate estaba segura de que estaba a salvo... ¿No?
Ya lo que le faltaba es que prepararan la boda, una boda para la que, por Dios y Satán, Fate no había dado el consentimiento y que, dado el sentido extremista y libertino de su madre, sería una explosión de color y extravagancia por todos sitios y estaría plagada de mafiosos aterradores parientes o clientes de la familia Takamachi. Diablos, si es que tampoco había dado el consentimiento para ser madre, eso era una invención de la maldita cría con complejo de casamentera y falta de apego familiar, pero como ella no tenía ni voz ni voto en lo que a su vida respecta pues ale, de perdidos al río.
Ya estaba pensando qué meter en las maletas para huir junto a Bardiche a un lugar más normal y olvidarse de todo este embrollo, y eso incluía amenazar de muerte a Hayate para que le proporcionara una nueva identidad, enterrar a Vivio, lobotomizar a los presentes para que olvidaran toda esta monumental locura y estupidez y huir. Huir como si la persiguieran veinte asesinos en serie y Momoko.
¡Maldición! ¿Por qué siempre le tienen que pasar estas cosas tan surrealistas a ella? ¿No hay más gente el mundo vulnerable a situaciones de película que siempre es ella la que lo acaba pasando mal mientras el mundo se divierte a su costa? Para desgracia de Fate, y tras el grito de su madre, vio cómo Lindy y Vivio se abrazaban como si no hubiera mañana mientras que, inesperadamente y con gesto de total calma y tranquilidad, la directora hacía fotos del momentazo que estaban viviendo y se estaba dando lugar en su despacho. Cualquiera diría que por sus habilidades de fotógrafa esta no era la primera vez que le pasaba algo así. Le recordaba a alguien con tanta cámara...
A partir de ahí, y a pesar del modo ausente que Fate había adoptado, todo fue una sucesión rápida de felicitaciones, llamadas de Lindy al orfanato y a la comisaría, maldiciones por parte de Chrono al enterarse de que iba a ser tío seguidas del rugido del motor que no indicaba otra cosa más que su hermano estaba de camino al instituto hecho una furia lacrimosa de felicidad indignada y...
"¿Momoko? Soy Lindy, la madre de Fate. Creo que tenemos que hablar de nuestras hijas." A la porra con todo, Fate estaba considerando seriamente la opción de encerrarse voluntariamente en un manicomio.
Fate lo veía todo como si fuera un espectador en el cine, como si este momento que, supuestamente, pertenecía a su "aquí y ahora" no fuera más que una escena cortada y pegada de la vida de otra persona. Definitivamente a la rubia no le podía ir peor el día, y lejos había quedado el motivo real por el que la habían llamado al despacho de la directora, o eso creía ella que ya había desconectado por completo del mundo real y se dedicaba a imaginar una vida tranquila en la pradera junto a una vaca lechera llamada Lorenza de la Mancha, o una vida llena de aventuras que sí que era lógico que tuviera porque, demonios, se estaba imaginando una vida que no viviría ni en mil años, claro que podía ser una aventurera en el espacio exterior. Pero con todo, Fate no vio que Vivio prestaba atención a los sobres negros que la directora tenía en su mesa, y que ésta guardó en una carpeta mientras le guiñaba con complicidad un ojo como diciendo "la investigación no ha hecho más que empezar, no te preocupes.", pero que para cualquiera menos para la enana podría haber sido un tic espontáneo o el ataque de un insecto volador.
Guiño que Vivio correspondió con una sonrisa. Oh sí, está claro que no ha hecho más que empezar. Para eso estaba la TSAB.
La versión desmejorada, traumatizada y moribunda de Fate salió de allí dando por acabada su jornada habitual de locuras, y durante el resto del día se dedicó a ignorar las tonterías de Hayate, la mirada de cachorrito de Vivio que le incitaba al crimen y al asesinato en vez de al perdón, y las repentinas sonrisas-que-te-dejan-ciego y llamadas de atención de Nanoha que no hacían más que recordarle todo lo que ya había soportado con su madre y Vivio. No, ella ahora sólo quería imaginar que viajaba a tierras lejanas con su vaca Lorenza y que, quizás, y sólo quizás, se convertía paulatinamente en una heroína rica y poderosa y el mundo no la molestaba.
Fate no recordaba la última vez que había pisado un parque de atracciones, y tampoco recordaba la última vez que había dormido en casa de alguien a quien tuviera la oportunidad o las ganas de llamar amigo. Aunque era relativo, si por ella fuera viviría de vez en cuando con Bardiche que era su mejor amigo, pero claro, el gato dormía en un orfanato o en callejones oscuros y con millones de cajas podridas y húmedas, y Fate no estaba segura de poder seguir el libertino y paupérrimo estilo de vida de su compañero gatuno. Para ser un mafioso educado y amable que cobra peajes en algunas calles no vivía muy bien, con eso se esfumaba el estereotipo generalizado de que los gángsters eran ricos, eso, o el dinero se esfumaba con algunos escandalosos vicios nada baratos. Quizá le adoptara, o como mínimo le permitiera vivir en su casa siempre y cuando Lindy no se enterara, si iba muy apurado hasta podría plantearse comprarle una casita con rascador y juguetes incluidos y llevársela al orfanato, aunque en ese caso sería inevitable que hubiera una lucha de poderes entre las facciones gatuna y humana por dicho palacete. ¿Qué niño huérfano no querría jugar con una casita de juguetes aunque fuera para un gato?
Así que, después del lío que se montó en el colegio cuando ocurrió el pequeño gran incidente que bien podría llamarse "abuela por sorpresa" o "mi vida es una sucesión de catastróficas y locas desdichas", cuando posteriormente Lindy se enteró de los planes de Fate para el fin de semana casi hace una mega fiesta. Es más, Fate la detuvo rápidamente porque sabía que su madre tenía la intención de hacer una enorme fiesta, tanto por tener amigas como por lo de ser abuela, hecho que a Fate ya ni le espantaba. Más bajo no podía caer.
Pero no era para tanto, ¿no? Es decir, Fate sólo iba a ir al parque de atracciones con cuatro chicas más a las que podría llamar amigas a largo plazo y que no eran malas personas, o eso parecía. De hecho, dormir en casa de las amigas de sus amigas no podía ser tan extraordinario como para que su madre pusiera el grito en el cielo y se alegrara más que cuando Chrono decidió estudiar para seguir sus pasos como Inspector de Policía.
Consiguió que Lindy se olvidara de hacer esa absurda fiesta por el simple hecho de que Fate tuviera amigas, porque si su madre se iba a poner así cada vez que Fate avanzara en la sociedad y madurara como ser humano hasta el punto de ser adulta, tener pareja y formar una familia con todas las de la ley –porque con Vivio ya no contaba para el tema familiar– … La rubia lo iba a tener difícil. Fate resopló con frustración. ¿Cómo podía tener una madre tan extravagante y loca cuando ella era una muchacha normal? Vale que Lindy no era su madre biológica y que, por tanto, no compartían genes, pero por Dios, no entendía cómo a pesar de haber sufrido su estricta educación y su maniático gusto por disfrazarla habían salido tan distintas. Hasta Chrono era un chico normal comparado con Lindy.
Hayate pasaba más por hija suya que Fate. La rubia diría que compartían la misma locura, y lo sabía porque de un momento a otro iba a tener que aguantar sus idioteces y payasadas a la vez, mientras Nanoha presenciaba aquello que probablemente sería una pesadilla para la rubia y un desastre inmenso. ¿Cómo narices había aceptado la maravillosa idea de presentarle a Lindy, a Nanoha y a Hayate para que así su madre pudiera estar tranquila –o más emocionada si cabe– por tener amigas? De hecho, ¿por qué las madres se empeñaban en querer conocer a los amigos de sus hijos? ¿Hay un manual materno que diga que es primordial para el desarrollo psicológico del niño el estar sometido a la vergüenza de unificar su ámbito social con el familiar?
Ah sí, Fate, ya sabes por qué has invitado a Nanoha a la mezcla explosiva que resulta de juntar a Lindy y a Hayate en una misma habitación. Porque según la enana bicolor, actualmente conocida como tu hija adoptada sin tu consentimiento y nieta salida de la nada, Nanoha sería su otra madre, y claro, Lindy quería ver a la futura familia y asociados. Y con asociados te refieres a Hayate , que no sabes por qué está en tu casa presenciando todo esto con cara de pervertida a quien le ha tocado el premio gordo.
Y razón no le faltaba al mapache.
Y así estaba el tema. Las cuatro estaban reunidas en el moderno salón de la casa de Fate, que no era otra cosa que un pisazo situado en uno de los edificios más altos y caros de la ciudad, de hecho era el piso más alto y la azotea era su jardín. Lindy estaba sentada en un sofá individual bebiendo el consabido té con hierbas que la caracterizaba, mientras que Fate estaba sentada en un enorme sofá frente a su madre y situada incómodamente entre Nanoha y Hayate, cuyo gesto anunciaba que estaba cerca de la muerte cerebral, porque Fate pensaba que estaba a punto de convertirse en un vegetal.
Por las caras podías ver perfectamente lo que estaban pensando cada una, Nanoha, por ejemplo, parpadeaba velozmente y con intermitencias debido a lo repentino que había sido todo y de vez en cuando miraba hacia Fate para que le explicara lo que estaba pasando. Porque no tenía ni idea de qué estaba haciendo en casa de Fate ya que había sido arrastrada por Hayate que, de paso, también arrastraba a Fate y las llevaba al hogar de la rubia entre gritos de júbilo y risas histéricas. Y Hayate ... estaba feliz, inmensamente feliz.
Fate no comprendía por qué Hayate parecía tan ansiosa de conocer a su madre. Anteriormente la había dicho que, como eran amigas, debería presentarle a Lindy y hacer su relación más oficial. Pero Fate no tenía ninguna prisa por presentar a ambas mujeres, de hecho ralentizaría el tiempo si pudiera para evitar su encuentro, pero eso ya no era posible. Por algún motivo, Hayate sabía dónde vivía exactamente y las había arrastrado hasta allí.
Parecía que Hayate podía saltarse ciertas leyes y controlar y saber cosas que no debería saber o controlar. Es como si pudiera decir que puede volar, y que, de hecho, pudiera hacerlo sólo por haberlo dicho. Definitivamente era una bruja, maldito mapache.
La situación no podría ser peor.
"Señora Lindy, mi tío Graham le manda saludos, dice que es usted la mejor policía que hay bajo su mando." Hayate rompió el incómodo silencio y llamó la atención de Lindy como quien no sabe que está jugando con la cola de un dragón.
Cuidado Hayate, los dragones se despiertan.
"¿Gil Graham, mi superior? ¡Oh, Dios mío! No sabía que la Hayate de la que Fate me hablaba era la sobrina de Graham, ahora todo cuadra. Es un placer conocerte por fin, tu tío me habla muchísimo y muy bien de ti." Dijo sonriendo cálidamente. Aunque si todo lo que me ha dicho Fate de ti es cierto no te quitaré el ojo el encima, por muy sobrina que seas de mi jefe, querida. Pensó distraídamente con un brillo fugaz en la mirada.
Fate tembló al ver la expresión de su madre, si bien era sorprendente descubrir que Hayate y Lindy se conocían de forma indirecta, más sorprendente era que Hayate no hubiera reparado en la sonrisa de su madre y estuviera temblando como ella. Fate la miró de reojo intentando avisarle de que corría peligro, pero Hayate seguía sonriendo como una loca que acaba de esnifar crack. Al cuerno, pensó Fate, si su madre tiene a Hayate en la mira será por algo.
Su madre se giró entonces hacia Nanoha, a quien conocía de vista y por la pastelería, y abrió los ojos que hasta ahora había mantenido coquetamente cerrados. Era increíble como algunas personas hablan con los ojos cerrados con total normalidad mientras sonríen, ese gesto debía ser la versión 2.0 del "Me alegra muchííííísimo conocerte" que amplifica el sentimiento de agrado mientras reduce elegantemente el impacto y el susto que provocarían el acto de sonreírle a alguien de oreja a oreja por lo locamente feliz que estás, a la vez que mantienes una conversación.
Fate debía reconocer que su madre era experta usando esa técnica, aunque no la única. Momoko también sabía hacerlo.
"Nanoha, es un placer hablar contigo por fin, Fate me ha hablado mucho de ti." Mentira, pensó Fate. Tanto no te he hablado de ella y la conoces de cuando casi me atropellan y de la pastelería, no te hagas la loca Lindy.
"Nanoha Takamachi, es un placer conocerla por fin como corresponde Señora Testarossa."
Fate y Lindy se miraron disimuladamente y mantuvieron una conversación ocular de esas que sólo la familia más cercana sabe tener:
"¿Señora Testarossa? Fate..."
"A mí no me mires mamá, se ha equivocado ella."
"Ya pero, ¿te apellidas Fate Testarossa Harlown y me llama Testarossa?"
"Ya lo sé, pero ella es así, en el instituto todos me llaman Testarossa mayormente. No es culpa mía, al parecer es pegadizo."
"Cariño, TODO tu nombre es pegadizo. Fate T. Harlown podría ser el nombre de una marca de moda reconocida, de una escritora, de una empresa o de un nuevo cometa."
"Vale, vale, no sigas. Échale el discurso a ella."
"A partir de ahora que te llamen Harlown, ¿de acuerdo?"
"Sí, sí."
"Oh, no, no soy Testarossa, Nanoha, ese apellido es exclusivo de Fate desde que la adopté con 9 años cuando estaba en el orfanato. Chrono y yo somos Harlown, pero eres como de la familia así que puedes llamarme Lindy." Su madre habló con ese brillo de ojos que a Fate le daba tan mala espina a pesar de que la mujer estaba sonriendo cual bebé regordete al que le hacen carantoñas.
Y el tiempo se detuvo brevemente.
Hubo algo mágico en este momento, era algo sutil e insignificante, como una pequeña chispa, pero hasta las pequeñas chispas pueden provocar grandes incendios. Y, es que, aparentemente, Nanoha era inmune a la mirada de su madre cuando estaba molesta pero debía ser educada, y tanto Fate como Lindy se dieron cuenta. Un punto a su favor, pensó la rubia con asombro.
Nanoha, ajena al milagro que acaba de acontecer y que sería motivo de bronca hacia Fate en un futuro, se detuvo por un momento a pensar en lo que había escuchado. Fate era adoptada. Había estado en un orfanato. Es decir, o no tiene padres biológicos porque han fallecido o los tiene pero la abandonaron. En cualquier caso, cualquier niño de 9 años puede ser profundamente dañado a nivel emocional si sufre algo como eso. La pérdida de tus padres... Nanoha era incapaz siquiera de imaginar qué sentiría si no tuviera a nadie más en el mundo y se viera obligada a vivir con otros niños en las mismas condiciones. Ahora miraba a Fate con nuevos ojos, y entendía su distancia con el mundo, y ella se lo había reprochado como una estúpida porque se sentía ignorada. Y para empeorarlo todo, Vivio había sufrido lo mismo por parte sus padres y ella también rehuía la idea de ser madre tan pronto.
La cobriza, que al principio se había sorprendido por su desconocimiento sobre el apellido, miraba a Fate de reojo con culpabilidad al enterarse de que era adoptada, pero una parte de ella ahora estaba feliz por saber algo importante de Fate y por oír lo que Lindy había dicho sobre pertenecer a la familia. Siempre había querido ser mas cercana a Fate.
Fate sabía que era la típica frase de cortesía que se suele decir pero que aun así le hizo palidecer. ¿Parte de la familia? Es broma, ¿no? Si por Fate fuera hubiera soltado algo borde como alternativa a lo que su madre había dicho pero no, había que ser educados en vez de sinceros, lo que provocaba que te convirtieras en alguien como Lindy, que es una gran mujer, amable y cándida, divertida y tolerante pero, y es un importante pero, que da un miedo terrible cuando se enfada y en su cara sigue esa maldita sonrisa mientras tiene los ojos cerrados. El precio de ser más educada que sincera es convertirse en el Diablo, al parecer.
"Lo siento mucho, Lindy, no lo sabía. Siempre creí que la belleza de Fate la había heredado de usted, y tienen las dos la misma mirada amable." Aunque, ahora que Nanoha se fijaba con el detenimiento que surge del conocimiento de algo concreto, veía que ciertamente no existía parentesco físico entre ambas mujeres. Fate era rubia de ojos rojos y bastante alta, con rasgos marcados, pómulos altos y mandíbula fuerte, mientras que su madre era de tamaño medio, de complexión fina pero trabajada en gimnasio debido a su trabajo como inspectora, y de pelo verde aguamarina y ojos del mismo color que su pelo. Chrono era una copia física de su madre, salvo por la altura y la complexión ancha sacadas probablemente de su padre y el color de ojos y de pelo que eran más oscuros.
Nanoha hasta ahora no había caído en el poco parecido entre Fate y su hermano, y en verdad, algo en su interior le decía que no había estado interesada en saber más de la familia de Fate porque estaba demasiado centrada en la rubia.
Hayate, que hasta ahora parecía haberse desmayado de felicidad por el hecho de presenciar la interacción, había despertado y estaba que temblaba de emoción por lo que había dicho Nanoha sobre Lindy como lo haría un niño hiperactivo que ha comido una barbaridad de azúcar o está metido en las drogas excitantes.
Fate abrió la boca desmesuradamente y miró a la cobriza intentando adivinar qué ser extraño del averno la había suplantado, porque desde luego que la Nanoha que ella conocía no era tan aduladora. De hecho, Nanoha nunca piropeaba a nadie de forma directa, lo hacía indirectamente, como todo el mundo hace, es decir que si ella te miraba durante más de 5 segundos indicaba algo bueno, fuera lo que fuera, o eso decían en el instituto. Al parecer, las miradas de Nanoha tenían el mismo resultado que el espontáneo silbido de un conductor cuando ibas caminando por la calle. Y no hablemos si te sonríe...
Pero esto... esto era extraño y a Fate le daba miedo. De alguna forma, y por decirlo de alguna manera, era como si Nanoha estuviera jugando a un juego de seducción e indirectas y lectura entre líneas con su madre para ganarse su... ehh... ¿aprobación? mientras de paso a ella también le tocaban sus halagos, pero Fate no quería pensar eso y sus neuronas patinaban entre la sospecha, el pánico y la incertidumbre. ¿Pero en qué narices estaba pensando Nanoha halagando a su madre? Fate quiso hacer contacto visual con Hayate para ver si la castaña sabía qué narices ocurría con la cobriza, aunque existían escasas posibilidades tanto de hacer contacto visual como de conseguir información del mapache.
Aun así Fate se giró hacia ella. Para su desgracia, Hayate, ya cerca del coma, había pasado del temblor emocionante a una repentina pérdida de sangre nasal que podría rivalizar con alguna catarata famosa y caudalosa. Fate la miró con amplio desagrado y frunció levemente los labios en señal de enfado. Señor, dame fuerza porque la paciencia ya se me ha acabado con ella. A estas alturas lo poco que podía hacer Fate era empujarla sutilmente y con la dignidad de una reina para que se cayera del sofá y dejara de manchar la tapicería con su sangre pervertida.
Lindy, por otro lado, después de superar lo inesperado del halago bebía té con una cadencia más elevada para ganar tiempo, o porque tenía sed. Parecía que estaba aplicando el manual de interrogatorios, pero su madre no podía haber sido derrotada en su propio juego, ¿no? Era Lindy, y además era inspectora de policía. No... Seguro que estaba preparando el golpe de gracia.
"Gracias querida. Y bien..." Carraspeó Lindy enfrentando su mirada. "¿… Fate y tú vais a adoptar a Vivio?" Noooooooo, ¡mamá no me involucres a mí también! Pero Fate se dio cuenta tarde, como siempre, de que lo que se avecinaba era una sangría verbal entre ambas contendientes. Dos boxeadoras estaban a punto de golpearse sin saber por qué y ella estaba literalmente en el medio porque ninguna de las dos tenía pinta –por el motivo que fuera y que se escapaba del entendimiento de Fate– de seguir con la charla de forma cordial. ¿Qué había pasado para que la situación se pusiera tan seria? ¿Acaso era tan relevante lo que había dicho Vivio de la dichosa adopción? ¡Ella no había dicho aun su opinión! ¡No quería ser madre aun! Mierda, mierda, mierda. Y ahora parecía que Nanoha se estaba presentando con la intención de pedir su mano ante su madre. Joder.
"No. ¿Quiere usted que lo hagamos?" Preguntó Nanoha a bocajarro. ¡No! Vaquita Lorenza... Sálvame... ¿dónde estás?
"Bueno, sin duda quiero ser abuela y estoy abierta a las posibilidades. ¿Lo haríais?" ¡No lo haríamos! Demonios... Bardiche... por favor... escucha a tu humana amiga...
"Me parece magnífico que quiera a Vivio como nieta, pero que usted sea abuela no depende de mí sino de sus hijos." ¡Que noooooooooo! ¿Cuántas veces tengo que gritarlo mentalmente para que se me escuche? Por Dios Nanoha no digas eso, bastante tengo con sus disfraces. ¿Sabes lo duro que es despertarse sin recordar nada, mirarte al espejo y descubrir que tu madre te ha disfrazado de conejita playboy en mitad de la noche? No. Le. Hables. De. Nietos.
Lindy se quedó algo pensativa, Nanoha tenía razón, ella no pintaba nada ahí porque sus hijos eran Chrono y Fate y si quería nietos dependía de ellos. Aunque...
"También te podrías tú convertir en mi hija, y Vivio quiere que seas su madre..." Comentó casualmente. "... Además, hablé con Momoko y estaba encantada con la idea de juntar ambas familias, por algún motivo tu madre está encantada con Fate. ¿No te gustaría ser mi nuera?" Por primera vez Nanoha se quedó sin habla. ¿Había hablado Lindy con su madre? ¿Y ella estaba de acuerdo? ¿Qué? ¿Por qué? Ella quería estar cerca de Fate y conocerla más pero eso de ser madre no estaba dentro de sus planes todavía, mucho menos la boda, aunque tontamente hubiera coqueteado con la idea desde que Vivio lo dijo por primera vez en clase justo antes de la pelea que tuvieron ella y la rubia cabeza hueca. ¡Eso no significaba nada, todo el mundo fantasea! Así que… ¿de dónde venía todo esto?
Algo hizo clic en la cabeza de Nanoha.
Claro, Fate.
Nanoha desvió la mirada de Lindy para centrarse en Fate, que prácticamente estaba desmayada ocupando su sitio y el de Hayate , que por algún motivo que no le importaba yacía desangrándose en el suelo de la casa. A pesar del desafortunado y nada elegante reguero de babas y espuma que salía de la boca de una Fate en shock y de los ojos en blanco que le daban una apariencia más allá de lo cómico, Nanoha no pudo evitar sonreír cálidamente al mirarla y, en un acto desinteresado y casi impulsivo se acercó, ignorando la presencia de Lindy que, a la vez que aguantaba un inminente gritito de emoción contenida, observaba todo sin perderse ningún detalle, para limpiarle las babas con un pañuelo y colocarle un mechón de pelo salvaje que tapaba su visión.
Desde que la había salvado del atropello y desde que la conoció personalmente, su madre Momoko estaba prendada de la rubia como si fuera su primer amor, y su padre tampoco dejaba de hablar de ella y de preguntar cuándo volvería a visitarles para así enseñarla el arte del Judo de la familia Takamachi. De alguna forma Fate se había ganado a su familia sin esfuerzo alguno, como siempre hacía. Desde que la rubia llegó al instituto siempre había ocurrido lo mismo.
Ocurrió cuando Nanoha estaba en 2º de la ESO, era un día cualquiera y el curso había empezado hacía un par de semanas atrás. Ella estaba plenamente enfocada en atender, aprender y estudiar porque se acercaba el momento de tener que mirar al futuro y escoger aquello en lo que querías trabajar. La puerta de la clase se abrió y junto a la profesora apareció una niña rubia, alta para su edad y tan bonita que Nanoha tuvo que contener las ganas de pestañear para que, en caso de ser una alucinación, pudiera retener su imagen lo máximo posible. Aquella muchacha se presentó como Fate T. Harlown y su expresión estrujó el corazón de Nanoha de una forma tan fugaz y dolorosa que no quiso pararse a pensar qué narices le había pasado.
Ya desde el primer día Fate se hizo popular, aunque lo correcto sería decir que el instituto enloqueció. Nanoha, una chica madura para su edad, responsable y perfeccionista hasta niveles obsesivos se negó rotundamente a participar en la ola de admiración que el mundo le dispensaba a aquella chica. Ella no era ese tipo de persona. Pero eso no impidió que observara a la rubia de reojo. Era molesto ver cómo sus compañeros y compañeras de clases la rodeaban para obtener información de su vida personal, parecían buitres informativos. Pero el aluvión de preguntas típico del recreo no duró mucho, inesperadamente y contrario a la dulce apariencia de Fate, la rubia cortó todo intento de conocerla y desapareció tan rápido como vino, dejando en la estacada a los nuevos fans.
Todos los días se repetía la misma historia, Fate desaparecía evitando que la gente se relacionara con ella, y Nanoha se regodeaba con el fracaso de aquellos que le preguntaban interesados. Sorprendentemente, esa actitud distante y antisocial de Fate disparó todavía más los niveles de admiración y aunque el acoso inicial había cesado –habían comprendido que tenían que dejarle espacio por lo que cada vez que la veían detenían toda actividad para contemplarla incluso de lejos, contentándose con su visión– no dejaban de observarla.
Aunque en aquella época habían interactuado levemente y con cosas del tipo "¿Me prestas un lápiz?", "Somos pareja en gimnasia", "Tenemos que entregar un trabajo juntas" Nanoha no entabló relación directa con Fate hasta que un día cualquiera, un chico desconocido casi la arrastró hacia un lugar solitario para hablar con ella. A pesar de que Nanoha conocía de vista al chico porque ayudaba en la biblioteca, no había hablado con él más de dos palabras. Ella por muy responsable y madura que fuera, era todavía una niña inocente que trataba de manejar sus emociones como buenamente puede hacerlo una cría con 12 años. Así que, a pesar de tener la sensación de estar haciendo algo indebido al dejarse arrastrar por el chico bibliotecario, se impusieron sus nervios preadolescentes y le siguió.
Aquél chico había estado cortejándola desde hacía tiempo, y le dejaba regalos y cartas empalagosas donde describía los numerosos y variados sentimientos que tenía por ella, algo que a Nanoha le venía de nuevas porque los chicos con los que se relacionaba de su clase se comportaban como burros idiotas, incapaces de ser amables y más de una vez le había tocado ponerlos en vereda. Por aquel entonces se ganó un bonito apodo.
Así que ahí estaba, en la parte de atrás del edificio y a solas con él, en parte temerosa y en parte curiosa por lo que pasaría. Él se le confesó después de unos cuantos minutos de nervioso y aburrido discurso sentimental.
"Nanoha, quiero que seas mi novia." Dijo. A lo que la pelirroja le contestó con una sonrisa triste y un movimiento de cabeza. "No."
Como ocurre siempre que le rompemos el corazón a alguien, la ira, la tristeza y la vergüenza de haber sido rechazados a pesar de haber mostrado nuestros sentimientos más profundos, aparecen para derrocar a la lógica y al sentido común. Y de este modo el chico intentó besar a Nanoha después de discutir sobre su respuesta.
Hubo un ligero forcejeo entre ellos dos que acabó con el chico en el suelo. Al fin y al cabo Nanoha había aprendido a defenderse gracias a su padre y al judo. El chico volvió a levantarse, pillando desprevenida a Nanoha, que no esperaba tener que continuar la lucha después de haberle derribado, pero cuando cerró los ojos por el susto de estar a punto de ser atacada escuchó un golpe seguido de un quejido y una voz que no habría esperado escuchar.
"Para ser alguien que trabaja en la biblioteca de ayudante es sorprendente que no entiendas el significado de la palabra "No", y que, no contento con ello, intentes sobrepasarte con una chica por una razón tan estúpida como qué, ¿un rechazo amoroso?"
Nanoha abrió los ojos con cautela y lo que vio aceleró más su corazón que la pelea previa. Era Fate, y nadie más, quien se encontraba frente al chico que, ahora sí, tenía un buen golpe en la mejilla y estaba quieto en el suelo.
"No es de tu incumbencia, Testarossa." Y Nanoha pensó más o menos lo mismo. Ella podía defenderse sola y no era propio de Fate meterse en asuntos ajenos, pero ahí estaba, defendiéndola. Y por un momento deseó que si fuera asunto de Fate, porque así tendría algún tipo de relación con ella.
"Es cierto, no lo es..." Dijo mientras Nanoha veía cómo se agachaba para ponerse a su altura. "... Pero lo será si no te vas de aquí en este instante con la promesa de que no la mirarás, no la hablarás, no pensarás en ella ni suspirarás cuando la veas. Te alejarás de ella si no quieres que cuente la verdad sobre ti y haga de tu vida un infierno del que no podrás escapar ni cambiándote de instituto." La sentencia de Fate tenía tanta frialdad y calma que por un momento Nanoha pensó que le golpearía si en ese instante no la hacía caso y se marchaba. Cosa que no tardó en cumplir.
El chico se marchó espantado, y una semana después se mudó por el trabajo de sus padres. Nanoha descubrió a través de una carta que la confesión había sido la última oportunidad de poder expresarle lo que sentía en persona. Aunque la reacción hubiera sido inesperada, pidió disculpas reiteradas por su comportamiento y dejó una dirección de contacto en caso de que Nanoha necesitara algo, que él estaría a su entera disposición.
Inmediatamente después de los hechos, Nanoha intentó agradecerle a Fate pero la rubia le quitó importancia y se fue de allí, dejándola sola y confundida. Sería algo que tendría pendiente para el futuro, pensó la cobriza. A partir de ese día empezó a dirigirle la palabra más a menudo y siempre que la rubia no desapareciera, hasta que empezaron un curso nuevo y se sentaron al lado, como ahora. Fate en la ventana y ella a su derecha.
Un año después de la "confesión" volvió a encontrarse con el chico, Yuuno, que le regaló un hurón como mascota y se disculpó reiteradamente por su horrible comportamiento, y desde entonces se volvieron muy buenos amigos.
Lindy carraspeó llamando la atención de Nanoha, que seguía mirando a Fate con expresión nostálgica, y la cobriza volvió al mundo real en el que le quitaba mechones de pelo a Fate de la cara y que impedían que siguiera mirándola con cara de bobalicona. ¿De qué estaban hablando? La conversación había quedado suspendida incómodamente, como si alguien hubiera apretado el botón de stop para ir a la nevera y coger una bebida que aliviara la tensión del momento. "Entonces, Nanoha…" Lindy estaba a punto de retomar la interesante conversación junto con la compostura –se secaba con un pañuelo la sangre de la nariz provocada por la bonita escena que había presenciado de las dos muchachas– cuando de repente y, sin previo aviso, Fate se levantó del sofá con una mirada decidida.
Al parecer había tenido una Epifanía mientras estaba inconsciente.
"¡Basta! No puedes preguntarle a Nanoha eso de que sea tu hija de pega o tu nuera sólo para ser abuela. No puedes obligarla a responder ni a aceptar la adopción de Vivio como un hecho porque te hayas encaprichado. Soy tu hija, por Dios, no puedes decidir sobre mi vida y mi futuro de esa manera."
Fate estaba repentinamente furiosa. Más que cuando la defendió de Yuuno aquél día hace tanto tiempo, observó Nanoha. Era como si un enchufe que aparentemente funciona bien de repente se incendia. Lindy se sorprendió por el arrebato de Fate, sólo estaba metiéndose un poco con sus amigas ahora que las tenía, ¿una madre no hace eso? Pero al parecer la rubia se lo había tomado bastante a pecho.
"Cariño..." Comenzó Lindy a modo de aplacar la ira de su hija.
"No insistas. Vivio dice que quiere que Nanoha y yo nos casemos para que así la podamos adoptar, pero es una niña que está en el orfanato y no tiene familia, entiendo que haga eso, pero no esperaba que tú como mi madre te unieras al juego y me avergonzaras también..."
"Fate..."
"No Nanoha, tú tampoco insistas. No sé qué pasa y creo que mayormente ha sido culpa de Hayate y de sus perversiones y de Vivio y sus locas ideas, ella me dijo que te intentara conquistar como si fueras el amor de mi vida para que me disculparas por ser idiota y haberte hecho daño con mi ignorancia, y por eso te invité a salir y acabé disfrutando mucho de aquel día…"
"Fate..." Siguió intentando la cobriza.
"Pero tener una cita genial contigo, acabar invitando a Vivio y a sus amigos, y extrañamente actuar como una bonita y encantadora familia no nos convierte en pareja, mucho menos en un matrimonio, aunque desde aquél día me haya estado fijando más en ti porque resulta que eres muy atractiva y extrañamente adorable para tu edad además de muy buena persona. ¡Eso no implica que nuestras familias deban unirse, por amor de Dios!" Mucho menos, pensaba, cuando resulta que eres heredara de un maldito cártel, tu hermana está obsesionada conmigo y tu madre me aterra.
La rubia se sentó en el sofá exhausta y con los brazos y piernas cruzados en pose indignada pero satisfecha. Ya está, había detenido toda esa locura de ser familia. ¿A quién se le ocurre? Ni siquiera le gustaba Nanoha, como para plantearse el hecho de ser novias, no se imaginaba teniendo una relación con ella. O sea, sí, le caía bastante bien y sabía que podía confiar en ella, además era guapa, hábil e inteligente y amiga de Hayate, pero era una persona agresiva que constantemente le dirigía miradas de odio y muerte y que de un momento a otro cambiaba de humor y la golpeaba o la ignoraba agresivamente. De hecho, no se imaginaba teniendo una relación con nadie. Por la corona de Cristo, no sabía lo que comería mañana, como para saber si quería tener pareja. Ugh.
"Fate..." Esta vez fue la voz inesperada de Hayate, que seguía tumbada en el suelo pero esta vez boca arriba y con los brazos tras la cabeza en estado consciente y reflexivo. Una sonrisa divertida adornaba su expresión. "¿… Qué te hace pensar que cuando Lindy le ha preguntado a Nanoha si quería ser su nuera se estaba refiriendo al hecho de que vosotras estéis juntas? Podría casarse con Chrono."
El silencio que hubo tras esa declaración fue frío, húmedo y extrañamente pegajoso. La cabeza de Fate de repente hizo un sonoro clic, no había contemplado la posibilidad de que Nanoha y su hermano acabaran juntos porque… porque no. No tenía sentido, ¿no? ¿O acaso a Nanoha le gustaba su hermano y viceversa? De repente volteó su mirada hacia Nanoha, que estaba extrañamente cabizbaja y echando humo por las orejas, y los engranajes de su cerebro comenzaron a moverse con frenesí, ¿era eso posible? ¿Se gustaban esos dos? Lo desconocía pero la reacción de Nanoha era ciertamente muy sospechosa, y Fate se había vuelto una ferviente observadora de sus reacciones.
Si se paraba a pensar no sabía si a Nanoha la gustaba alguien o si salía ya con alguien, la verdad es que no se lo había planteado porque Fate no se planteaba muchas cosas. Sin embargo, la idea de que Nanoha saliera con alguien era… ¿qué era? ¿porqué no podía imaginar a Nanoha con novio? ¿Por qué le costaba tanto digerir esa posibilidad? Pero ¿y si a Nanoha la gustaba alguien? ¿Y si ese alguien resultaba ser el idiota de su hermano? Madre mía, eso significaría que serían cuñadas y familia y que adoptarían a Vivio y que tendrían que ver a la familia Takamachi y que ELLA, Fate, tendría que soportar los constantes abrazos de la madre psicópata y secuestradora, las sonrisas de aceptación y ansia del padre y del hermano que evidentemente la harían trabajar en su labotorio de crack y crema de vainilla y que estaría en peligro de extinción al ser expuesta a la hermana ninja-acosadora que, Fate no sabía cómo, era capaz de ocultar la habitación llena de fotografías suyas como si fuera un museo tétrico cuya entrada estaba restringida a dos personas sin contarse a ella misma –la ninja y Hayate–.
No podía ser. No. Hayate bromeaba, claramente. No. Nanoha no podía salir con su hermano. Además ella no podía haber dicho lo que había dicho porque por un lado parecía que estaba en contra de que esos dos se juntaran, no es que su vida estuviera en juego no, y por otro lado parecía una declaración suya. Já, como si eso fuera a pasar, claro, claro. Ella, Fate Testarossa Harlown sintiendo algo por alguien, dándose cuenta de lo que siente y declarándose.
Ante el persistente silencio, el peligroso color rojo radioactivo de Nanoha y la mirada perdida y confusa de Fate, Lindy no pudo contener la carcajada más tiempo. Al escuchar a Hayate y considerar lo que estaba pensando en esos momentos Fate, se puso inesperadamente colorada hasta niveles nada sanos, había metido la pata hasta el fondo y, avergonzada por sus locas hipótesis y por su estúpido discursito, volvió a mirar a Nanoha que seguía rematadamente colorada.
La cobriza tenía las mejillas ardientes como si se hubiera contagiado recientemente de la enfermedad del cangrejo que últimamente todos tienen en su presencia y no le mantenía la mirada, lo que hizo que Fate se hundiera aun más en la confusión. Ahora era plenamente consciente de que había declarado a los cuatro vientos que Nanoha le parecía atractiva, lo que podía entenderse de muchas formas. Ahora más que nunca deseaba estar con la vaca Lorenza en sus fantasías. ¿Por qué era tan idiota y sacaba conclusiones tan rápido? ¿Por qué era tan… ella?
Lindy y Hayate se seguían riendo a su costa. Su madre nunca pensó que burlarse de su hija frente a sus amigas sería tan divertido y revelador y con la satisfacción lograda decidió echarle un cable.
"Fate, cielo, era broma. No permitiría que tu hermano saliera con tu amiga, es demasiado para él y ya que no me dejaste preparar la fiesta al menos tenía pensado reírme un rato". Lindy sentía algo de pena por Fate dada su situación, tenía que hablar con Momoko y cancelar las demás bromas si quería que su hija se recuperara del potencial trauma. Al fin y al cabo, Fate, quien nunca había sentido interés en nadie como para relacionarse y tener amistades como una niña normal, acababa de hacer una confesión sobre Nanoha que, si bien no era nada del otro mundo para Lindy porque de lejos se veía que Nanoha era una chica guapa y un encanto de persona, sabía que para Fate sería un mazazo cuando se diera cuenta. Si es que lo hacía.
Un oportuno mensaje llegó a su móvil. Era la directora del colegio que quería hablar con ella a solas. "Bueno chicas, un placer conoceros, y lamento todo esto. Espero que mañana en el parque de atracciones os divirtáis. El trabajo me llama."
Lindy se fue, dándole un beso en la frente a Fate que todavía no recuperaba su color, dejándolas solas en la casa. Hayate, observando el ambiente que había entre Fate y Nanoha, decidió por el bien de ambas acabar ahí el tema e inmediatamente propuso jugar a la consola o ver alguna película que las hiciera olvidarse momentáneamente de lo que había pasado, porque Hayate entendía más o menos cómo pensaban y, porque las conocía, sabía que ahora mismo lo que necesitaban era una tregua.
Así que la tarde pasó sin más contratiempos y la incomodidad se dispersó como el humo gracias al mapache y sus tonterías. Era hora de despedirse y de preparar las cosas para el fin de semana de aventuras y adrenalina.
Cuando Fate cerró la puerta se dirigió a su cuarto y se acostó dispuesta a dormir y a hacer borrón y cuenta nueva, pero su mente todavía recordaba la vergüenza que había sentido antes, no porque hubiera dicho algo ridículo o gracioso, sino porque era todo lo contrario, lo había dicho en serio y parecía que se había confesado, pero ¿no había nada que confesar, no?
Lo peor es que pasaría el fin de semana fuera con Nanoha y Hayate entre otras, quien no tardaría en recordarle el incómodo y vergonzoso momento a cada instante.
"Bocazas." Se dijo a sí misma mientras se tapaba la cara con una almohada y sentía las orejas ardiendo.
