¿Hola? ¿Alguien por aquí?
Para quien siga interesado en seguir esta historia aun después de tanto tiempo inactiva: MUCHAS GRACIAS. Para quien se haya rendido con la historia porque la autora desapareció durante milenios: IGUALMENTE MUCHAS GRACIAS.
La verdad es que no tengo excusa pero si la queréis pues... digamos que ¿sufrí un bloqueo monumental y a partir de ahí surgió vida, obligaciones y responsabilidades fuera de la pantalla del ordenador que me han tenido bastante ocupada y los ratos libres que tenía me daba una brutal pereza releer la historia y continuarla? Pues algo así ha sido... Lo lamento.
DATO CASI IMPORTANTE: Ya que he resucitado y he sentado el culo a leer y escribir, sabed que HE EDITADO UN POCO LOS CAPÍTULOS 11 Y 12 porque, bueno, parecía que los había escrito un ladrillo.
Dicho esto... ahí va la continuación.
Fate POV
"Fin de semana: sábado a la luz de la luna"
Como con todo lo relacionado con cuestiones temporales y metafísicas, no importa lo que uno quiera detener el tiempo o las vidas que sacrificaría para reparar un error, no hay nada que te salve del día que no quieres que llegue. Y ese día para Fate era hoy.
En otro momento, a saber cuál, habría estado ansiosa como un bebé al que están a punto de amamantar, pero hoy no.
Fate Testarossa no es de las que se emocionan fácilmente, no, para nada, ella tiene un increíble control sobre sí misma, por lo que verla perder los nervios por algo es sumamente raro y extraordinario. Ella siempre actúa con esa calma tan relajante y cuidada, siempre tan responsable, tan maravillosa que...
"¡POR DIOS SANTO Y SU HIJO CRUCIFICADO NO HE PREPARADO LA MALETA!" Sí, ella era toda paz y tranquilidad. "¿¡QUÉ HORA ES, QUÉ HORA ES!?". Fate no enloquecía como otras personas, ella estaba por encima de todo eso. "¡MIERDA, ME HE DESPERTADO MEDIA HORA ANTES DE QUE SONARA LA MALDITA ALARMA, YA NO ME PUEDO DORMIR DE NUEVO!" Sí, ella era única en su especie.
"¡FATE TESTAROSSA HARLOWN, CÁLLATE AHORA MISMO SI NO QUIERES QUE TE DISPARE EN UN PIE! ¡Y APAGA TU MÓVIL, HA ESTADO SONANDO CONSTANTEMENTE CON MENSAJES!"
Ups.
Lindy se había despertado. Fate se calló e hizo lo que su amable madre le había pedido con diligencia y silencio. Conociéndola, su madre era capaz de ponerse a pegar tiros, y más cuando alguien perturbaba su sueño. La rubia no entendía cómo era posible que su madre fuera inspectora de policía y aun así durmiera sus mínimas 10 largas horas cuando ella era testigo de que se acostaba a las mil de la madrugada –porque habitualmente ella se quedaba hasta tarde jugando online y a veces coincidían en la cocina buscando algún picoteo nocturno– viendo programas de la teletienda o series que descargaba ilegalmente y de forma intermitente y con las que se obsesionaba hasta límites nada sanos. ¿Y aun así se quejaba si la despertaban? ¿Le dejaban llegar tarde el trabajo o qué? ¿No tenía responsabilidades ni cuentas que rendirle a sus Jefes? ¿Tenía Jefes? Espera Fate, estás siendo optimista, ¿acaso sabes si tu madre es realmente Inspectora de Policía o si tiene trabajo? En fin, volviendo a lo de que Lindy vivía bastante bien...
Una vez Fate fue despertada de la forma más dolorosa posible que hay, dejando de lado la tortura más sangrienta y atroz que se os pueda ocurrir o las cosquillas en los pies o en las costillas, porque su madre se había tirado encima suya, sin conciencia ni control, mientras chillaba como una energúmena. ¿Y por qué? Bueno, al parecer una cucaracha la perseguía por la casa y ni corta ni perezosa ella había huido hacia su cuarto encendiendo en el proceso todas las luces del hogar en una actitud muy americana y despilfarradora, y había saltado sobre ella como si fuera una cama elástica o la persiguiera un espíritu maligno.
Según Lindy, aquél bicho inmundo le había robado las llaves del coche y la perseguía por algún motivo diabólico que todavía no alcanzaba a descubrir, pero que haría pronto porque ella era una gran policía. Ciertamente, y para asombro de Fate, la cucaracha arrastraba hábilmente las llaves de su madre en su dirección como si la estuviera amenazando con un arma.
Si Fate pudiera entender a los insectos, hasta ahora sus habilidades lingüísticas sólo llegaban al nivel gatuno y a Hayate, estaba segura de que aquél bicho tenía las llaves única y exclusivamente para devolvérselas a su despistada madre que las había perdido en algún sitio. El lenguaje corporal del bicho así lo decía: "Soy amable y tengo familia, no me pisoteen con rabia y pánico mezclados porque tengo más miedo de vosotros que vosotros de mi". Pero no, ella sólo entendía con fluidez a los gatos. Así que su madre disparó al pobre ser y vació el cargador mientras aplastaba el cuerpo hipóxico de Fate, que rogaba porque su madre se bajara de sus pulmones y fuera a por el maldito insecticida en vez de ponerse a disparar como una histérica a un bicho en mitad de la noche. En su cuarto. Frente a ella. Con la posibilidad de matarla sin querer.
Fue una dura noche tanto para la cucaracha como para Fate, y ambas salieron apenas vivas. Curiosamente, se formó un tácito acuerdo entre ambas traumatizadas representantes de las especies: las cucarachas debían ocultarse de los seres humanos y no serían asesinadas ni amenazadas por su madre, al menos mientras Fate estuviera presente, y Fate distraería a su madre en caso de que una descuidada cucaracha estuviera a la vista, evitando así la matanza.
Fate desde entonces no había vuelto a ver ninguna cucaracha pululando por su casa, y como había luchado codo con codo con ese bicho, al que bautizó mentalmente como "Lola la Gorda" debido a su sorprendente tamaño, frente un malvado enemigo común –Lindy–, se había ganado su respeto como ser vivo. Aunque Fate era desconocedora de este hecho, claro, sin embargo, de vez en cuando si se le perdía algo por casa al día siguiente se lo encontraba mágicamente en su habitación, como si lo hubieran arrastrado hasta allí.
Así que, mientras su madre dejaba de gritarle improperios propios de un preso y se volvía a dormir y ella recordaba toda esta fantástica historia sobre Lindy disparando, chillando y asfixiándola en el proceso, Fate leía los mensajes de su móvil que eran, nada más y nada menos de Hayate, quien, después de burlarse de ella para obtener su buena dosis matutina de vergüenza ajena, reírse con los emoticonos, pasarse fotos mutuas de gatitos bebés preciosos y vídeos de "Top 10 de caídas dolorosas" con los que la rubia se tuvo que aguantar la risa y el dolor, le recordaba amablemente lo que tenía que llevarse al parque de atracciones, porque claro, el maldito mapache sabía que Fate se olvidaría de preparar nada.
Así que Fate cogió todo lo que Hayate le decía y más, por aquello de "y si...", y se preparó para ir a casa de la castaña, lugar de encuentro en el que había quedado con el mapache –porque por algún motivo ni Hayate ni Nanoha se creían que pudiera llegar a la estación por su cuenta y puntualmente– para ir juntitas y casi de la mano y dando brincos hacia el segundo punto de encuentro –que originalmente era el primero pero ante la desconfianza que Fate provocaba con las horas y las direcciones lo cambiaron–, en el que se juntarían con Nanoha y sus amigas ricachonas.
Era demasiado pronto para Fate para abrir su mente al mundo, y lo seguía siendo para soportar las tonterías de Hayate a esas horas en las que su sangre extranjera echaba de menos los horarios europeos, porque claro, en esta maldita ciudad de cuyo nombre no vale la pena acordarse –Uminari–, tenían la extraña costumbre de levantarse a las 4 de la mañana hasta para ir a comprar el pan, de paso aprovechar el día y las horas de sol para trabajar o estudiar o morir en clases extraescolares aparentemente voluntarias pero que no lo eran en absoluto, y traer el mugriento pan al anochecer. Porque sí, también tenían la costumbre de llegar a casa cuando el cielo está más oscuro que el alma de Hayate. Fate sospechaba que toda esta paranoia con la hora era la forma de decir que habían sido productivos durante el día o de, por lo menos, hacer el típico chiste de "He trabajado de sol a sol".
Cosa que a ella no le hacía ni puñetera gracia ni el chiste ni la hora.
Se tomaban muy a pecho eso de dormir justo las ocho horas, y lo divertido, por no decir estúpido, era que si dormían poco por lo que fuera (películas, series, asesinatos nocturnos de cucarachas gigantes), se lo recriminaban como si hubieran roto una regla social inquebrantable. Dormir poco para ellos tenía que ser casi tan malo como dormir de más, siempre en caso de que alguien se diera cuenta y te cazara con 8 horas y 2 minutos de sueño extra, evidentemente. Te tachaban de perezoso y vago como si esos minutos se los hubieras robado a alguien más. Pues ojalá pudiera robar tiempo de sueño, la verdad.
Y a Fate le estaba pasando algo de eso, quería fusionarse con su cama como buena semi-europea que era.
Cuando llegó junto a Hayate a la estación –le costó bastante llegar de no ser porque Lindy en un arrebato de buena voluntad decidió guiarla con el coche, sí, guiarla, que no transportarla, y pitarle cuando veía que su rubia y dormida hija se iba a perder o equivocar– y vio a Nanoha esperando tranquila y educadamente como toda buena niña que se precie, lo primero que hizo el cerebro de la rubia fue corto-circuitarse por lo brillante, magnífico y natural que Nanoha creaba de un simple gesto como el hecho de madrugar y esperar, cuando para ella era un martirio insoportable y a todas luces contra natura que la hacía menos humana de lo que ya era.
Y lo segundo que hizo su pastosa mente, después de volver a mantener activas las pocas funciones vitales de la rubia, fue soportar las frases de reprimenda que Nanoha le lanzaba. Porque evidentemente, y dado lo perfeccionista que era la muchacha, la cobriza se iba a fijar en sus ojeras, en su pelo alborotado y en su falta de abrigo para las horas que eran y el frío mortecino que hacía.
Sí, Fate estaba temblando como una hoja frente a un huracán.
Por suerte para Fate, ella tenía un cerebro privilegiado con voluntad propia que, como función primaria obligatoria, se dedicaba a ignorar las cosas molestas, aburridas, o estúpidas o pesadas o... o simplemente ignoraba todo según las circunstancias.
Era algo así como un botón de pagado. Una idea magnífica y útil que no sabía cuándo la había desarrollado pero que tenía. Aunque Fate, milagrosamente, tenía otro interruptor –a estas alturas pareciera que el cerebro de la rubia no eran nada más que botoncitos coloridos distribuidos en un panel de control polvoriento– que hacía que las personas molestas se callaran, aunque era una función premium de sí misma que no lograba controlar y que se daba en ocasiones excepcionales, como por ejemplo cuando tenía un sueño bestial y ya le estaban tocando las narices desde tan temprano con cosas de las que ella apenas se preocupaba.
"Fate, no deberías trasnochar. Es malo para la piel y la salud."
Ocasiones especiales como ahora. Con Nanoha. Que después de que Fate bostezara ruidosa e indecorosamente y sin molestarse en reprimir el enorme sueño que tenía, había sonreído distraídamente y por inercia motora a la cobriza, que se había callado inmediatamente después de ese gesto. Gesto que, inexplicablemente para el poco raciocinio de la rubia, dio lugar a sonrojos variados, boqueos de pez, y miradas furtivas por parte de Nanoha. Como un transeúnte que camina y se mira de reojo en un escaparate con vanidad esperando que nadie más aparte de sí mismo se dé cuenta de lo que está haciendo.
Sí, el segundo interruptor con función premium era ese, una sonrisa mitad bostezo interrumpido mitad gesto de "tengo los mofletes congelados, debo moverlos estúpidamente."
Después del extraño suceso en el que Nanoha repentinamente se empecinaba en imitar a un maniquí quemado al rojo vivo por el sol de la playa, todo el grupito de chicas se juntó y se metieron en la estación con una casi contagiosa alegría. Casi.
El trayecto en tren fue de lo más confortable, al menos así lo sintió Fate que, nada más sentarse y pillar postura en el asiento, se durmió babosamente como buena encantadora idiota que era.
Fate se despertó más tarde debido al dolor de cuello por la mala postura que tenía, aunque se dio cuenta de que alguna de las chicas le había puesto una chaqueta a modo de almohada para que no se le cayera la cabeza del sitio.
Los sonidos fueron llegando a su cerebro con repentina claridad, alguien estaba a su lado con el sonido del móvil a toda pastilla mientras veía lo que parecía ser una telenovela grabada en un escenario de lo más caluroso y asfixiante y los protagonistas gritaban que alguien había matado a otro alguien en un fuego provocado.
Fate sentía la boca pastosa y seca, además de notarse algo sudada. La calefacción estaba a tope.
"La bella durmiente se ha despertado, qué milagro. ¿Estás segura de que te has levantado por tu cuenta? Quizá alguien te haya besado mientras dormías como un tronco. Yo que tú revisaría a ver si tienes la ropa en orden, Fate."
Hayate.
Maldita idiota. Más le valía no haberle hecho nada mientras dormía, uno de los motivos por los que se había sentado al lado de Nanoha era porque, con seguridad, la cobriza impediría que Hayate le hiciera alguna broma de mal gusto. Aunque no había estado muy segura en confiarle la seguridad e integridad de su cuerpo a Nanoha sabiendo que tenía un carácter de mil demonios.
Se lo había jugado a cara o cruz, básicamente. Se podría haber sentado con las amigas de Nanoha que parecían medianamente normales o, al menos, el instinto que Fate había desarrollado gracias a los continuos arrebatos de locura de Hayate le decía que eran de fiar.
Pero no, sería raro que se sentara con ellas así de la nada. Es decir, sí, tenían pinta de ser agradables y buenas chicas, y ser majas y bla bla bla, pero no las conocía apenas, y no tenía ganas de empezar a conocerlas así tan rápido –Fate querida te vas el fin de semana con ellas, creo que es obligatorio que os conozcáis algo, ¿no? Por educación y esas cosas sociales que te faltan–.
Estaba agradecida porque la hubieran invitado al parque de atracciones, aunque le daba un poco igual –ella estaría contenta con la vida por evitar ir a la casa del terror a la que seguramente Hayate tenía pensado ir, y repetir–, y porque Suzuka hubiera acogido a los gatitos que Bardiche la obligó a tomar bajo su custodia como si fuera una especie de ONG para animales abandonados. ¿Por qué todo el mundo veía a Fate como una especie de madre Teresa capaz de acoger a cuanto ser viviente hubiera en el mundo en situación de pobreza? ¿No se deban cuenta de que no tenía tanto poder ni ganas de tener esa responsabilidad bajo su cargo por mucho que adorase a los felinos?
"Vamos Hayate, no seas así. Fate, tranquila, nadie te ha hecho nada mientras dormías, aunque parecía que lo estabas pasando algo mal. ¿Has tenido una pesadilla?"
¿Qué? Ah, cierto, que se estaba quejando sobre Hayate y sus tonterías. ¿Pesadilla? Miró a Nanoha con el ceño fruncido. No que ella recuerde, pero ella no solía recordar muchas de las cosas que le ocurrían así que tampoco era nada nuevo. Negó con la cabeza a la cobriza, que la miraba con gesto de preocupación.
"¿Estás segura? Estabas quejándote bastante y has dicho un nombre en voz alta. Alicia. ¿Lo recuerdas?" La mirada de Nanoha era insistente, como si no creyera que Fate no recordara nada de lo que había soñado, pero era la verdad.
Fate miró a Hayate con confusión buscando apoyo, la expresión de preocupación de Nanoha era un poco exagerada si se trataba de un sueño –además de que tanta preocupación repentina le venía grande–, y quizás el mapache pudiera quitarle esa expresión con algún comentario estúpido, pero la cara de Hayate no detallaba nada.
De repente el móvil de la castaña cortó todo proceso mental. El capítulo que estaba viendo continuaba sonando y rememorando en un eterno flashback lo que había ocurrido, al parecer una mujer llamada Alicia había fallecido en un incendio provocado por la envidiosa de su hermana y el resto de la familia se peleaba por la herencia, bienes y demás posesiones de la muchacha que además se había enamorado de uno de los mozos de cuadra y se había convertido en la deshonra de la familia. Así, todo de golpe. La madre gritaba desolada mientras en un arranque dramático montaba a caballo y se dirigía hacia el horizonte a ahogar su tremenda pena. Ahí acababa el episodio. En fin, un drama que no esperaba que Hayate disfrutara o entendiera. ¡Claro! Eso ha debido ser, el sonido del móvil se ha introducido en su sueño y por eso habrá dicho el nombre en alto como si lo estuviera viviendo ella. Tiene toda la lógica. Al final la culpa siempre es de Hayate y sus diversiones.
Lamentablemente, el cerebro de Fate no daba para mucha explicación teniendo en cuenta que se acababa de despertar, estaba dolorida por la postura, y se sentía acosada por las preguntas constantes de Nanoha. De repente, y para alivio de Fate y sorpresa del resto, un grito de inesperada alegría y sorpresa por parte de Suzuka interrumpió el interrogatorio de la cobriza y el razonamiento de Fate.
Bardiche había aparecido de la nada dentro del vagón y había aterrizado sobre pelimorada que, aparentemente familiar de la típica loca de los gatos, se había abalanzado a abrazarle, dando por terminada la partida de cartas que mantenía con Arisa, a quien de lejos se le notaba que iba perdiendo.
Fate no entendía qué hacía Bardiche allí, ni cómo sabía en qué vagón estaba o adónde se dirigía. Es más, no llegaba a entender cómo un gato podía orientarse por la estación de tren y pasear como quien no quiere la cosa por allí. Definitivamente ese gato era un mafioso que sobornaba a la gente, o un ninja, o todo a la vez. Pero ahí estaba el animal, con mochilita de viaje incluida.
Las habilidades demostradas por Bardiche eran dignas de ser tomadas en cuenta para un trabajo como el de ser agente del servicio secreto, sin duda, Fate no dejaba de sorprenderse y, si en un momento determinado descubría que el gato también podía hablar, que había tenido familia pero que habían sido asesinados y el abogado que contrató hizo un trato con el criminal, que esperó diez años en los que se forró de dinero y preparó concienzudamente la venganza, y que la llevó a cabo y se libró de toda condena, de verdad que se veía arrodillándose ante él como ser supremo. Eso sí que era ser un gato ejemplar.
Entre el asombro por descubrir a Bardiche en el vagón siendo sobeteado por Suzuka, y la suspicacia que la llevaba a pensar que no había motivos peligrosos que llevaran a Bardiche a vigilarla incluso cuando se iba de viaje el fin de semana y que, por tanto, su presencia no era necesaria, no hicieron más que encender sus alarmas. Algo pasaba.
Y no tardó mucho en descubrir qué era.
En mitad del pasillo del vagón se había alzado una figura pequeña y gorda envuelta en abrigos y bufandas hasta las cejas a pesar del horrendo calor que hacía ahí dentro y que había obligado a Fate a quitarse la chaqueta a modo manta –supo que Hayate se la había puesto encima– y la fina sudadera que llevaba y de la cual se había quejado Nanoha, considerándola una prenda patética y cuya funcionalidad a la hora de retener el calor corporal era bastante limitada. La pequeña y oronda figura se acercaba a ellos con dubitativos e inestables pasos. Fate tenía un mal presentimiento y el grito de Hayate le dio la razón.
"¡Vivio! ¡Pequeño balón con patas! Pensé que no llegarías."
¿Qué?
El resto del grupo saludó a la niña con alegría, todas parecían estar al tanto de la futura presencia de la enana bicolor, todas salvo ella.
La niña fue quitándose la ropa con el cuidado propio que tienen los niños con la vestimenta, es decir, como si quisiera romperla y hacerla trapos, y se acercó saludando con soltura a las chicas, a las que parecía conocer de a saber dónde, cuándo, cómo y por qué.
"¡Fate-mamá, Nanoha-mamá!" Gritó lanzándose encima de ellas.
Por si el fin de semana no iba a ser bastante movidito, tenía que aparecer la enana de Vivio. Fate, no te vas a librar de hacer cosas familiares aunque no seáis familia. Todavía tenía clavado en la memoria el ridículo que hizo al dar el discursito ese en frente de Lindy, Hayate y Nanoha –quien milagrosamente no había comentado nada de lo expuesto ese día y tampoco había vuelto a desarrollar signos o síntomas de la extraña enfermedad del cangrejo–.
Sólo faltaba que apareciera el roedor asesino mascota de la cobriza, su equivalente odioso Yuuno el humano, la hermana loca de Nanoha, y Momoko. Rezaba para que sus temores no se volvieran realidad.
La voz mecánica del tren interrumpió sus pensamientos. Habían llegado a su destino.
La maldita casa del terror, ¿por qué tenían que entrar ahí? ¿Era algún tipo de ritual social eso de experimentar un miedo atroz de forma voluntaria? ¿No tenían otra forma de demostrar valentía o estupidez? Porque si se trataba de eso, Fate perfectamente podría enseñarles lo idiotas que eran jugando al ajedrez en vez de meterse en un sitio oscuro donde casi están a punto de matarte unos desconocidos a los que, para colmo, les pagan para asustar a la gente y que, además, pueden ser de verdad asesinos en serie en cubierto, o Momoko disfrazada, o Miyuki disfrazada, incluso podría estar el maldito roedor mascota de Nanoha.
Demonios.
Para darle más emoción a la historia, encima la casa del terror no era una casa, era una pedazo de mansión en la que probablemente te perderías y acabarías en un sótano lleno de armas y artilugios de tortura junto a seres humanos deformes y mutilados que estarían ahí como prueba de lo que les ocurre a aquellos que... hummm no sé,... ¡¿Entran en una puñetera casa de terror encantada a sabiendas de que no deberían entrar porque es peligroso?!
"¡POR TU CULPA ALICIA ESTÁ MUERTA! ¡HAS MATADO A MI VERDADERA HIJA!"
Por algún motivo tenía esa frase metida en la cabeza mientras deambulaban por uno de los pasillos. Malditas telenovelas y maldita Hayate que de repente se había esfumado y ya no estaba a su lado. Contra todo pronóstico se había quedado sola.
Cuando llegaron al parque de atracciones Fate no pudo hacer otra cosa más que alucinar, ¿este parque de atracciones tan inmenso pertenecía a una familia? ¿Concretamente a la familia de una de las chicas con las que iba? Jesucristo. Aunque no era tan sospechoso si te dabas cuenta de que esas mismas ricachonas eran amigas de Nanoha, cuya familia dirigía un cártel de droga y que seguramente eran mafiosos y yakuza todo a la vez, y que también eran amigas de Hayate que… bueno, era Hayate.
Las muchachas ricachonas guiaron el paso hasta una cabina de seguridad que parecía vacía y pasaron una tarjeta dorada que hizo que la valla de seguridad se abriera sin hacer ningún tipo de ruido. Al otro lado esperaban dos hombres vestidos de negro y con las típicas gafas y pinganillo que rápidamente comprobaron sus identidades y, con movimientos hábiles, repartieron las pulseras que permitían la entrada a cualquier local, atracción o tienda que estuviera y/o perteneciera al recinto del parque de atracciones y seguidamente las llevaron hasta un Cuddy con el que se desplazarían sin necesidad de caminar bajo el intenso sol de la mañana.
Una vez en el cochecito automático Hayate hizo gala de su tan inoportuno discurso "Madre mía chicas, sabía que erais ricas pero… wow. ¿Me dejáis ser vuestra tesorera cuando heredéis todo? Os haré un descuento enorme por mis servicios, Suzuka tú sabes bien cuáles son". A lo que la pelimorada sonrió con cierta fantasía y placer. Fate reaccionó por instinto y le dio un puntapié nada disimulado que se ganó las sonrisas del grupo, sin embargo, Hayate no era la única que podía ser inoportuna, al parecer una cría bicolor estaba prácticamente babeando y convulsionando por tener la suerte de vivir esta experiencia. Definitivamente ser hija de Fate-Mamá y de Nanoha-mamá era lo mejorcito que había podido imaginar nunca. Bardiche estaba también en su salsa, al parecer los hombres de negro –como ya les había bautizado Fate– no habían escatimado esfuerzos para contentar a sus jefas y le habían otorgado al animal un sitio privilegiado en el Cuddy que, lejos de parecerse al mítico cochecito de golf era más bien una pequeña limusina sin puertas o ventanas pero equipada con la más variada gama de alimentos y bebidas adolescentes. Definitivamente el gato mafioso estaba bastante conforme con los servicios ofertados, mejorables a su gusto, pero buenos en el fondo.
Cuando Fate quiso darse cuenta las chicas ya se había subido en el coche, Vivio y Hayate estaban en el medio preparando el equipo de grabación que retransmitiría las aventuras de ese fin de semana –ni que se fueran de vacaciones al caribe–, Arisa y Suzuka estaban en la parte de atrás del vehículo manteniendo una conversación relajada sobre lo que harían el fin de semana y lo divertido que sería tener momentos distendidos como estos y Fate… Fate estaba de repente a solas con Nanoha que desde hace un rato no había dicho nada. ¿La enfermedad del cangrejo había vuelto? ¿El mutismo era el nuevo síntoma?
"Fate… ¿no estás nerviosa?". La dubitativa y débil voz de Nanoha llamó la atención de la rubia. ¿Desde cuándo doña perfecta hablaba con tanta inseguridad? ¿Y por qué iba a estar nerviosa? No tenía motivos, lo peor ya había pasado: había madrugado malamente y tendría que soportar la unión entre Vivio y Hayate para hacerle la vida imposible y grabarla y hacerle fotos como si fueran sus cámaras personales. Por si fuera poco tendría que tener cuidado de no mosquear de ninguna forma a Nanoha y tendría que ser más atenta con sus amigas ricachonas ya que les estaban haciendo el favorazo de haberlas invitado a este enorme parque. No. No tenía por qué estar nerviosa. Para nada.
"Bueno… diría que estoy algo emocionada por las atracciones pero no es la primera vez que me subo en una. Creo. ¿Acaso te asustan las alturas?" Fate parecía hasta empática, tal era su cansancio y el día sólo había empezado. Le extrañaba mucho que a alguien como a Nanoha le diera miedo algo en esta vida, teniendo la familia que tiene sería incluso un chiste. Por dios, vendes droga en forma de pasteles, la adrenalina es parte de tu día a día.
"No… no hablaba de las atracciones Fate." ¿No hablaba de las atracciones? ¿Entonces de qué narices hablaba? Nanoha estaba muy rara, más que de costumbre. La cobriza tenía la absurda manía de conversar mediante alusiones a cosas que Fate desconocía, por lo que la mayor parte del tiempo no tenía ni idea de lo que debía decir o responder y la cobriza acababa desesperándose y enfadándose con ella como si fuera culpa de la rubia la pésima comunicación que tenían. Definitivamente esta chica le traería muchos dolores.
Nanoha se mecía inquieta de un lado a otro como si tuviera algo que decir y no fuera capaz de hacerlo, no es que se moviera nerviosa por el hecho de que fueran a dormir todos juntos, pensaba la cobriza, –junto a Fate más bien, hecho que además la rubia desconocía porque lo habían hablado en el tren mientras ella dormitaba felizmente y recuperaba horas de sueño–, no, y Fate con su corto entendimiento a estas horas y alturas de la vida no iba a profundizar mucho en el porqué Nanoha estaba rara. Estaba preocupada por lo que pudiera ocurrir durante ese fin de semana como para centrarse en los nervios desconocidos de Nanoha, mientras que ella no fuera la causante mejor que mejor para su bienestar físico.
Las voces del resto de chicas que las esperaban en el coche no se hicieron esperar más y sin mucho más que decir tanto Nanoha como Fate se dirigieron hacia ellas. El día prometía ser bastante movido.
Y ahí se encontraba ahora, sola en una mansión encantada y llena de gente cuyo único objetivo y trabajo era asustar, precisamente, a la gente que se quedaba sola y desvalida. Gente como Fate. Hubiera preferido montar 10 veces seguidas en la montaña rusa apodada Dragón Rompehuesos –nombre que se debía al intenso traqueteo del vagón sobre las vigas de madera que hacían que se te dislocaran múltiples huesos y articulaciones y hasta que se te saltaran los empastes– que estar en la casa del terror. Casa a la que se había negado fervientemente a entrar y a la que, dada la insistencia de las otras chicas y de la posibilidad de no volver a ir nunca a aquel lugar, junto con la promesa de que nadie se iba a separar, acabaron convenciéndola a regañadientes. ¿Había dicho antes que Fate odiaba las cosas de terror y suspense? ¿No? Pues que quede constancia de que estaba al borde el infarto.
Lo peor de todo, y como suele suceder en entornos amenazantes y desconocidos en los que, además, hay una escasa o nula iluminación con la que te puedas orientar y sentir tranquila, Fate no dejaba de escuchar ruidos a cada instante y ya no estaba segura de si eran reales o si su alterada imaginación había tomado las riendas del asunto y había decidido provocarle arritmias constantes. Estaba acojonada.
Fate tranquilízate, no es como si fueran a aparecer ahora tus mayores miedos. No estás en una película de ciencia ficción donde el protagonista lleno de tatuajes tenga que meterse en un cubículo transparente en el que revive una y otra vez sus traumas y miedos y trata de superarlos. No. No estás en ninguna facción que divide a la sociedad en estratos sociales dependientes de la inteligencia, la humildad o la valentía. Tampoco es como si fueran a aparecer ahora Momoko y su loca y acosadora hija mayor.
"¿Fate?" O el padre de Nanoha intentando meterte en el negocio familiar forzadamente. O el hurón absurdo que tienen por mascota cuando en realidad es una persona capaz de cambiar su forma física y cuyo objetivo vital desde que pisó esa casa era devorarla.
"¿Fate estás ahí?" Tampoco es como si tu madre fuera a aparecer. Es decir, has sobrevivido a muchas situaciones intensas con esa mujer, muchos intentos de asfixia involuntaria y amenazas contra tu bienestar físico de los que has salido bastante bien parada. Ni siquiera has necesitado más de cinco psicólogos para superarlo, mujer, tú puedes con esto.
De repente un escurridizo sonido atrajo la escasa atención de Fate, era como algo acercándose hacia ella rápidamente y a ras de suelo. El tren de pensamiento de la rubia se detuvo y sólo quedaron sus funciones vitales básicas, entre las que se encontraban la respiración entrecortada, el creciente pánico y un instinto de protección bastante agresivo cortesía de las enseñanzas de Lindy sobre defensa personal. Algo se acercaba a ella cada vez más. Sin querer tuvo un déjà vu porque había vivido algo similar no hacía mucho tiempo. No podía ser que aquél pseudo roedor estuviera aquí, ¿no? ¿Bardiche no había eliminado esa amenaza?
Dios, dios, dios. Joder, joder, joder.
En un intento de valentía y repentina confianza iluminó el lugar con la linterna del móvil. Lo que vio no hizo más que aumentar el estado de pánico que ya de por sí poseía y lo peor es que aquel ruidito no dejaba de acercarse. Vio una sombra moverse a su izquierda y rápidamente enfocó con la luz, el ruido se había detenido y sólo escuchaba su trabajosa respiración y el retumbar en los oídos de su corazón. Hacía mucho rato que se había separado del grupo y para colmo ningún actor de esos se había dignado a acercarse aunque fuera para asustarla –así sabría que no estaba sola en un lugar oscuro y desconocido, además a un humano le podía noquear pero ¿a un espectro asesino? Já, ni ella era tan buena–. Fue entonces cuando lo vio, un ser se alzaba frente a ella y su sombra –porque era lo que más aterrada tenía a la rubia– alargada y voluminosa era monstruosa. Fate se levantó como pudo conteniendo el grito que amenazaba con dejar sordo a alguien y se lanzó a correr por donde primero se le ocurrió. Joder, joder, joder. Por primera vez había terminado el testamento y no lo llevaba encima en caso de muerte por ser comida de fantasma.
Aquél traqueteo comenzó de nuevo a acosarla como si no hubiera un mañana. Parecía que estaba siendo perseguida por aquél roedor amarillento e inmundo que nada más quería hincarle el diente. ¿Dónde estaba Bardiche cuando más le necesitaba? En la desenfrenada carrera el móvil acabó por salir volando de sus sudorosos y temblorosos dedos y la linterna que tanta protección le daba dejó de funcionar. El traqueteo aquél continuaba su incesante marcha hacia ella. A tientas se agachó para buscar frenéticamente el móvil e iluminar aunque fuera con la luz del salva pantallas. La luz era escasísima, y cuando quiso darse cuenta había algo delante de ella. Temerosa de dios, y rezándole a todos los dioses y organizaciones que conocía, se atrevió a iluminar a aquella cosa. Si era esta su última visión más valía saber qué la estaba siguiendo y produciendo tantas lesiones coronarias.
Lo que vio la dejó sin el habla que aun después de la carrera no había recuperado. "¿Lola la Gorda?" Sí. Aquel traqueteo no era otro que el golpeteo de las patitas regordetas de la cucaracha con la que una vez hizo un pacto de supervivencia estando en casa. Aquella vez que ambas casi mueren por culpa que Lindy.
El alma de Fate iba volviendo poco a poco a su cuerpo después de amenazar con independizarse de ella debido a los múltiples y continuos traumas soportados, y poco a poco ella misma iba relajándose. O sea que no era ningún ser del averno ni el insoportable roedor quien la perseguía sino la cucaracha de su casa que no sabía cómo carajos había llegado hasta ese sitio. Dios santo.
Había estado al límite del suicidio por estrangulamiento con la correa del móvil por una cucaracha. Por eso odiaba el suspense y el terror. Convertía a las personas decentes en amasijos de carne temblorosa. Pero algo en la cabeza de Fate no cuadraba, desde luego Lola la Gorda no tenía los ojos rojos como esa cucaracha, o eso intentaba recordar, no es que se hubiera hecho muy cercana con el insecto que vive de gratis en su casa. Esta cucaracha, además, parecía más grande. Y desde luego tenía un color gris que no concordaba con la idea que ella tenía de un insecto. Tampoco tenía alas ni caparazón. Y desde luego que nunca había visto una cucaracha con bigotes, pelo y cola alargada ni patas con uñas o colmillos. Fate, querida, ¿tú estás segura de que lo que estás observando es un insecto? ¿No te parece más un-…?
"¿Fate? ¡Fate estás aquí! ¡Llevo llamándote y buscándote un buen rato!" Nanoha apareció de repente haciendo gala de las habilidades de ninja probablemente aprendidas y transmitidas en su familia como tradición y parte del entrenamiento mafioso de su infancia. Si no fuera porque Fate ya estaba bastante expuesta al peligro y en ese punto de la vida en el que todo te da un poquito igual porque ya bastante has sufrido, hubiera llorado del susto por la inesperada presencia y de alegría por dejar de estar sola en un lugar tan tétrico.
Nanoha se acercó a ella con gesto preocupado, y ciertamente lo estaba. La rubia hacía mucho que se había separado del grupo a pesar de que debería estar con Hayate, la misma a la que encontró en una habitación ambientada con lo que parecía una sala de quirófano antigua con manchas de sangre y restos de carne falsa por todos lados, echándose unas partidas de póker con los actores disfrazados que precisamente deberían estar haciendo su trabajo y que huyeron ante la presencia de Nanoha como si era fuera el demonio. No es de extrañar que Fate se encontrara tan sumamente sola y no escuchara más que el sobrecogedor silencio. Después del rapapolvo tanto a su amiga que debería haber vigilado mejor a la rubia a sabiendas de lo mucho que le había costado entrar en la mansión, como a los trabajadores que no hacían nada de su trabajo, ella misma tomó la decisión de buscar a Fate. La encontró gracias a que escuchó a alguien correr con un haz de luz que se movía de arriba a abajo y supuso que su amiga se estaría echando la carrera de su vida.
Cuando la encontró, Fate estaba sentada en el suelo con expresión aterrada y al borde del llanto, los pelos descolocados y la respiración fatigada, iluminando lo que podía con la pantalla del móvil y mirando hacia algo cercano al suelo.
"Fate, ¿que estás hac-…?" Pero Nanoha no tuvo oportunidad de acabar la frase ni de seguir preocupándose por Fate. Y la rubia tampoco tuvo tiempo de responder o de disfrutar de la compañía salvadora. Aquel ser se dirigió velozmente hacia Nanoha que, desconcertada y pillada por sorpresa, solo tuvo una opción: gritar.
"¡AHHHHHHHHHGGG UNA RATA!".
Comiéndose un helado antes de la cena –helado merecido dado el intenso día– las chicas estaban dando un pequeño y nocturno paseo por las tiendas mientras se contaban las anécdotas más graciosas del día y rememoraban los ratos vividos en las atracciones. En especial, Hayate y Vivio estaban bastante interesadas en saber qué había ocurrido para que Fate llegara a la salida de la mansión de la manera en la que lo hizo.
"Entonces… ¿es por eso que has traído a Nanoha desmayada en brazos hasta la salida?". Dijo Hayate.
"Sí."
"Por una rata." Añadió Vivio.
"Sí."
"¿Y ya está? ¿No ha ocurrido nada más?"
"Sí."
"¿Y ese golpe en tu mejilla junto con el labio roto?"
"Sí."
"¿Fate-mamá?"
"Sí."
Hayate, Vivio y Bardiche caminaban al lado de una desventurada, traumatizada y muy desmejorada versión de Fate mientras que Arisa y Suzuka hablaban relajadamente con Nanoha que, sonrojada y no por quemaduras solares, de vez en cuando echaba la vista hacia ellos –hacia Fate, para variar–. Ante la monosilábica rubia se miraban desconcertados preguntándose lo que había pasado puesto que Nanoha tampoco había soltado prenda alguna y estaba más que claro que la rubia no tenía las neuronas adecuadas para hacerlo. Suerte que Hayate tenía acceso a las cámaras de vigilancia de la mansión del terror y podía buscar la secuencia concreta.
Ajena a los intentos de interrogatorio y a las insospechadas habilidades de hacker de Hayate, Fate seguía sumida en lo que había pasado y es que la rubia aun no salía de su asombro. Lo que había sucedido y que todo el mundo estaba interesado en saber –la antigua y mentalmente sana Fate diría y aseguraría que alguien pagaría dinero por esa información– fue, en resumidas cuentas, una batalla de un sólo bando: el de Nanoha.
Fate estaba hablando con lo que al principio pensó que era su conocida cucaracha Lola la Gorda, pero que aparentemente no lo era. De repente Fate ajena a cualquier ruido se encuentra con Nanoha, o más bien la cobriza la encuentra a ella. Nanoha, que no sabía nada sobre el ser que acompañaba a la rubia se acerca con preocupación. Nanoha se detiene porque evidentemente no es ciega y algo no cuadra en lo que estaba observando. Nanoha observa momentáneamente al ser mientras parpadea rápidamente. Nanoha empalidece y grita. El ser, ahora catalogado apropiadamente como gigantesca rata se acerca a Nanoha. Nanoha grita todavía más y, como quien no quiere la cosa, puede que debido a sus habilidades como narcotraficante, amasadora de pan y horneadora de bollos, como ninja y como judoka, de repente lanza al ser por los aires, cayendo este encima de una Fate que, conmocionada por el miedo y alucinando por la situación, y con literalmente pocas luces porque recordemos que el pasillo estaba completamente oscuro, se levanta como una desquiciada y se dirige a trompicones hacia Nanoha mientras forcejea con el ya no tan apacible roedor. Nanoha, despavorida al ver que ambos se dirigen irremediablemente a ella como un tanque sin freno de mano, lanza un potente golpe al aire en un vano intento de crear una barrera de protección invisible o un hechizo expulsa demonios llamado "Starlight Breaker" que, como resultado, logra hacer contacto con la cara de Fate en vez de con el roedor que la estaba atacando.
La rata se descuelga de una Fate conmocionada, cuyos ojos empiezan a dar vueltas por el golpe. Nanoha grita el nombre de la rubia. Se hace el silencio durante unos segundos, momento en el que el cerebro de Fate se reincida tras el inesperado puñetazo. De repente un maullido lejano logra que la rata se marche con la mítica expresión de "volveré, esto no ha quedado aquí intrusas". Fate logra estabilizarse aunque no sabe qué ha ocurrido para que ya estén a salvo ni sabe porqué está saboreando sangre, su sangre y viendo chiribitas. Bardiche maúlla amenazadoramente desde la distancia mientras se acerca rápidamente a su rubia amiga que agradece como puede su tardía presencia y compañía.
"Lo siento camarada, estaba ocupado con un mapache. ¿Estás bien? Me alegro de haber llegado a tiempo.". Maúlla. Fate lo abraza y mira con cariño mientras él ronronea y le olfatea la cara justo donde tiene un incipiente moratón y herida sangrante. La verdad es que Fate no puede enfadarse con él por no haberla acompañado en ese terrible y oscuro periplo pero tenerle ahí ahora era tan reconfortante como encontrar el lado fresquito de la almohada en verano. Ambos amigos se relajan con la compañía mutua hasta que escuchan algo caer pesadamente a su lado. Es Nanoha que se ha desmayado. Fate rápidamente y como se lo permiten sus temblorosas piernas la coge en brazos y sigue la experta guía de Bardiche.
Conociéndole seguro que no tardan más de 15 minutos en encontrar la salida, pensaba Fate. Su gatuno amigo era confiable en estas situaciones por lo que sin dilación comenzó a caminar tras él. Un maullido alertó de que habían llegado, lo cual no era posible porque Fate sabía que había dado literalmente dos pasos, por lo que no podían haber llegado a ningún sitio aun. El siguiente maullido fue decisivo. "Arriba." Decía, y Fate, no entendiendo qué quería decir el gato con eso, optó por mirar hacia arriba por si era otra vez esa inmunda rata que les quería atacar desde las alturas. Nada más lejos de la verdad, lo que estaba contemplando no era un segundo ataque de la rata a la que mentalmente apodó como "la Flaca", era un cartel que en letras enormes e iluminadas decía "SALIDA DE LA MANSIÓN DEL TERROR. Gracias por su visita".
Y así es como Fate se enteró de que había estado a tan solo unos metros de lo que podía haber sido su salvación pasada, sin necesidad de ataques de roedores salvajes, o de personas salvajes –Nanoha–, y de cómo Hayate acabó haciéndose un pin del tamaño de un puño con la imagen de Nanoha dándole un poderoso izquierdazo en la cara a Fate.
Esa misma noche. 1.47 am.
En la habitación se encontraban durmiendo en una cama king size cuatro personas, dos animales –Hayate y Bardiche– y una niña entrometida. No sabía cómo habían llegado a la conclusión de dormir todos juntos el fin de semana pero daba lo mismo, Fate no tenía mucho sueño y según había visto nada más salir de la cama, el que fue su sitio fue rápidamente usurpado por varios pares de piernas y una zarpa. Y eso que la cama era lo suficientemente grande como para jugar al hockey.
"¿No tienes sueño?" Era Nanoha que de alguna forma había notado la presencia de alguien despierto en la habitación. Fate sospechaba que era un hábito aprendido del entrenamiento ninja que había tenido que experimentar y que le permitía a la cobriza estar en alerta casi constante para prevenir cualquier tipo de amenaza. Prevenir todo menos una rata, pensó.
"No acostumbro a dormir con tanta gente y me cuesta. Además, me duele al apoyarme." Fate se señaló con indiferencia y desganadamente el golpe propiciado por la cobriza, no es que fuera un dolor mortal pero debía reconocer que la muchacha pegaba muy fuerte, aunque a estas alturas debería de saberlo bien, en los recreativos acabó por establecer varios récords por fuerza y puntería y la rubia juraba y perjuraba que de cada aparato salía humo después de que la cobriza lo probara. Rezaba por no tener que experimentar algo como eso de nuevo. A partir de ahora debería tener más cuidado cuando Nanoha se enfadara, pedir asilo en alguna embajada o comisaría, por ejemplo.
"Lo siento mucho Fate, no sé cómo disculparme por ello. Me arrepiento completamente, fue totalmente sin querer y te prometo que te lo compensaré." Fate se la quedó mirando en silencio, con una mezcla de cansancio y dolor adormecido por un cóctel de analgéicos. Las dos estaban cerca de la ventana –súper ventanal más bien– por donde entraba una resplandeciente y blanca luz lunar y acariciaba las suaves y delicadas facciones de Nanoha, delineadas por el cobrizo y fulgurante pelo, embarcando su rostro de una forma que Fate no creería posible y que dotaba a sus ojos, ahora con expresión sumamente arrepentida y triste y que eran ya increíblemente azules, de un color celeste todavía más intenso. Algo en el interior de la rubia se removió con esa visión y de repente lo que menos le dolía eran el golpe o el labio roto. Sentía el pecho oprimido.
"N-No te preocupes Na-Nanoha, sé que fue sin querer." La voz le salió algo rasposa y distraída, como si no prestara atención a lo que decía. Algo en Nanoha –o la propia medicación– atraía en esos momentos toda su atención, limitando el resto de acciones, y ella no era capaz de evitarlo.
Atenta como estaba incluso al más pequeño cambio en la visión que ahora mismo intentaba retener en su corta y poco entrenada memoria, no se perdió el momento en el que la cobriza sonrió con una alegría cegadora y que apretujó todavía más sus ya colapsados pulmones. Sin ser realmente consciente de sus actos y ante la intensa punzada en el pecho que en otros momentos podría haber atribuido a una muerte inminente o al incipiente y veloz desarrollo de una colonia de virus carnívoros en su cuerpo, la rubia suspiró contenidamente dejando escapar sin pretenderlo unas palabras que registraron unos oídos distintos de los suyos.
"...-stás preciosa."
Nanoha, que hasta entonces seguía sonriendo estúpidamente porque por primera vez Fate la había llamado por su nombre en voz alta aunque fuera entre adorables tartamudeos, poco a poco dejó de hacerlo, sorprendida por las inesperadas palabras que la rubia había dicho mientras la miraba con total seriedad y… ¿Admiración? ¿Sorpresa? ¿Era posible? ¿Fate Testarossa Harlown la estaba mirando a ella con intensidad y atención plena? Nanoha lo creía imposible, nunca en la vida habría imaginado que Fate pudiera mirar a nadie así, mucho menos a ella, y ni hablar de escucharle decir lo que la rubia había dicho. No. Seguramente la rubia estaba en su mundo como siempre –o la medicación y el golpe habían aletargado más su cerebro– y no la miraba directamente a ella, no.
Pero la mirada que Nanoha veía y sentía en Fate le hacía apartar todos esos pensamientos que abarrotaban su acelerada cabeza y únicamente le pedía que se hundiera en ella, con ella. Un escalofrío lento recorrió la espalda de la cobriza a pesar de la agradable temperatura de la habitación y una repentina ola calor subió desde el estómago vibrante de emoción hasta colocarse en sus mejillas, en sus ojeras, en todos los sitios. No había nada más. De repente la habitación desapareció y sólo estaban ellas dos, mirándose en silencio con la luz de la luna como tercera protagonista.
El cuerpo de Nanoha se movió por su cuenta, acercándose un poco más a Fate que se apoyaba con soltura en el enorme ventanal y la luz golpeaba su rostro, iluminando su rubia melena y sus increíbles y profundos ojos burdeos que, en ese momento y para ella, parecían dos faros atrayentes que la guiaban hacia la costa durante una oscura y terrible tormenta. Dos faros a los que su cuerpo no se había resistido nunca por mucho que lo negara. No sabía lo que estaba haciendo. No sabía si estaba bien o si estaba mal. No sabía ni su nombre ni la hora ni qué día era porque sólo había una palabra en su cabeza, una palabra que contenía todo lo que ella quería en ese momento. Todo lo que sus dilatadas pupilas querían absorber. Fate.
La rubia pareció escuchar el llamado interno de la cobriza porque sin pensarlo demasiado e imitando la acción de la cobriza se acercó más, reduciendo poco a poco la distancia de sus cuerpos. La conexión era absorbente y tan inevitable como el canto de una sirena. ¿Qué estaba pasando? Ellas no lo sabías pero quien estuviera alrededor o cerca de ellas en esos instantes seguramente se quedaría prendado por la visión, con el corazón apretado de expectación esperando que ese momento nunca se rompiera. Es por eso que Vivio, boquiabierta por la situación y con los pequeños puños agarrando fuertemente la sábana en un intento de contención, no se movió ni un milímetro. No era la primera vez que veía que una de sus dos futuras mamás se quedaba prendada mirando a la otra que no era consciente de nada. Lo había visto en Nanoha-mamá en varios momentos, y lo había visto en Fate-mamá durante la cita, en aquél momento en el que estaban en el puesto de la escopeta y Nanoha-mamá intentaba ganar un premio para sus amigos. Esta ocasión era la primera vez que ocurría de forma simultánea y esas dos conectaban mutuamente y, Vivio, por nada del mundo quería ser la responsable de cortar esa conexión.
Nanoha estaba todavía embelesada, nadando entre la confusión, el arrepentimiento y la emoción del momento, como si de un trance hipnótico se tratara, en el momento en el que alzó la mano para intentar acariciar con delicadeza la herida en el enrojecido e hinchado labio de Fate, cuando un ruido de algo pesado cayéndose al suelo y un murmullo de alguien quejándose en sueños cortaron el movimiento, destruyendo para siempre la burbuja en la que se encontraban. Todavía tenía la mano en el aire, cerca de la cara de Fate cuando ésta, pestañeando velozmente como tratando de acostumbrarse a la realidad de la que había estado alejada un momento, dejó torpemente su posición sin mediar una palabra y se acercó a la cama dispuesta a hacerse un hueco para poder dormir.
Fate no vio como Nanoha bajaba la mano que aun colgaba en el aire con un cúmulo de sensaciones y emociones como pesar, resignación y frustración entre otras. Y Nanoha no vio como la rubia se detenía al borde de la enorme cama dubitativamente durante unos segundos, sin saber si hacía lo correcto o no dejando a la muchacha así –o quedándose ella misma tan confundida como lo estaba–, para posteriormente sacudir la cabeza y agarrarse el oprimido pecho con sorpresa a la vez que se mordía el labio herido con rabia, incertidumbre y confusión por lo que había pasado, o lo que podría haber pasado. ¿Qué demonios había pasado y por qué y qué era esa sensación de desolación, de pérdida, que le atravesaba el cuerpo y la mente como la bala de una escopeta?
"Buenas noches." Susurró con debilidad antes de acostarse. La rubia en su estado no notó como la cobriza se metía en la gigantesca cama después de ella y se hacía un ovillo, y tampoco notó cómo una niña de ojos bicolor, brillantes en la semi penumbra por la ira contenida, seguía despierta esperando el momento para atar y torturar en sueños a la persona que yacía dormida en el suelo y que había roto el mágico e irrepetible momento a la luz de la luna.
Hayate.
Saludos ^^
