Los personajes son de Meyer, la historia es de...al final les digo el nombre del autor
Lo siento porr no actualizar ayer, mi internet estaba muy feo y no pude actualizar. Pero... hoy hay cuatro capitulos ¡Yei! jeje
Bella estaba inclinada sobre su prima y mojándole la frente con agua fría cuando se abrió la puerta del camarote. Se dio la vuelta bruscamente y se asustó un poco al ver al hombre que las había comprado.
—¿Qué queréis? —le preguntó tajantemente y con el corazón acelerado. Él había dicho que las había comprado para el califa, pero verlo la ponía nerviosa. ¿Habría decidido quedarse a Rosalie para sí mismo?
—He venido a ver qué tal está vuestra prima —contestó él con el ceño fruncido al captar el recelo de ella—. No tenéis nada que temer de mí.
—Sigue mal. Tiene la piel caliente y está sudando.
—¿Le habéis dado la medicina?
—Sí. La alivió un momento, pero volvió a vomitar.
Él se acercó a la cama y puso una mano en la frente de Rosalie.
—La tiene caliente. Quizá deberíais frotarla con agua fría. He oído decir que es bueno para la fiebre. A lo mejor ha contraído alguna fiebre en vez de haber comido algo en mal estado. Me imagino que os tendrían presas antes de llegar a Argel.
—Sí. El olor era espantoso y el aire estaba viciado. ¡Vuestra gente tendrá que responder de muchas cosas, señor!
—Los corsarios no son mi gente —replicó Edward con una mirada sombría—. No sois las únicas que lo habéis pasado mal en sus manos. La vida será muy distinta allí a donde vais, tendréis todo lo mejor.
—No seremos libres.
—¿Erais verdaderamente libre en vuestro país, lady Bella? Si era así, sois una mujer muy especial. La mayoría de las mujeres inglesas que conocí estaban oprimidas por las normas de la sociedad y sus familias.
—¿Habéis estado en Inglaterra? ¿Sois inglés? ¿Por qué estáis aquí?
Ella entrecerró los ojos. Su piel estaba muy bronceada, pero sus facciones tenían algo que le hizo dudar.
—Hacéis muchas preguntas —contestó él mientras Rosalie dejaba escapar un quejido—. Os mezclaré otro remedio y me marcharé para que podáis lavarla.
—Gracias —Bella volvió a inclinarse sobre su prima y le pasó un paño mojado por la frente antes de acercarle la copa a los labios—. Bébetelo, querida. Te aliviará.
Rosalie se lo bebió y dejó caer la cabeza sobre las almohadas con los ojos cerrados.
—Tardaremos un día o dos en tocar puerto. A bordo del barco, podéis subir a cubierta cuando lo deseéis. Si saltáis por la borda, mis hombres os atraparán. Os pediría que no les hagáis perder el tiempo intentando escapar.
—Rosalie no sabe nadar —replicó Bella —. Yo habría intentado nadar hasta cuando nos capturaron los piratas, pero la habría dejado abandonada. No puedo abandonarla.
Él la miró a los ojos durante un instante y ella captó una expresión extraña en lo más profundo.
—Es posible que no podáis protegerla siempre. Es una mujer adulta y algún día tendrá que elegir por sí misma.
—Iba a España para encontrarse con un hombre que había pedido su mano, pero me rogó que la acompañara. Creo que tenía miedo de que la obligaran a casarse contra su voluntad, pero su padre la quiere mucho y habría dejado que eligiera. Ella estaba nerviosa y pensé que si la acompañaba podía viajar y ver mundo.
—Es posible que hayáis visto más del que queríais ver. El mundo es así, os guste o no.
Edward se dio la vuelta y se marchó.
Bella destapó a su prima, le lavó las extremidades una a una, le dio la vuelta, le levantó la túnica y le lavó la espalda. Luego, le lavó la cara y el cuello. Rosalie pareció sentirse mejor. Bella la observó un momento y luego fue a mirar por el ojo de buey. El cielo estaba oscuro, sólo resplandecían algunas estrellas. Suspiró y notó el escozor de las lágrimas, pero se las enjugó con impaciencia y fue a tumbarse al lado de su prima. Rosalie estaba dormida y ella estaba cansada… muy cansada.
«Eres mía. Siempre me pertenecerás. Tu única escapatoria posible es la muerte. Te he reclamado y eres mía».
Bella se despertó temblando y mojada por el sudor. Nunca había tenido un sueño tan espantoso y se quedó con mucho miedo y la sensación de una pérdida tremenda. Se quedó un momento tumbada sin saber dónde estaba, hasta que todo fue encajando en su sitio y se dio cuenta de que estaba en un barco que la llevaba al palacio del califa, en algún sitio del imperio otomano. No le extrañó que el sueño hubiese sido tan espantoso, como el que soñó la noche anterior a marcharse de Inglaterra. Esa vez pudo recordar que era la prisionera del hombre que las había comprado, el mismo que había dicho esas palabras aterradoras. Edward, se había llamado a sí mismo. Tenía un cargo importante en el palacio del califa y las había comprado para el harén.
El farol se había apagado mientras estaba dormida y no podía encenderlo otra vez. Se levantó, dio la vuelta a la cama y tocó la frente de Rosalie . Ya no estaba caliente y parecía dormir tranquilamente. Descolgó el farol del gancho que había junto a la puerta, abrió dicha puerta y salió. Pudo ver una luz tenue junto a la escalera que llevaba a cubierta y se acercó para comprobar si el farol tenía mecha suficiente para volver a encenderlo.
—¿Qué estáis haciendo? Hay un vigía en cubierta si estabais pensando en escapar.
Bella se dio la vuelta y se estremeció al verlo con un caftán blanco, largo y amplio. ¡Era exactamente igual que en el sueño!
—Os dije que nunca abandonaría a Rosalie . Se me apagó el farol mientras estaba dormida e iba a intentar encenderlo.
—Veamos… —él tomó el farol, abrió la tapa de cristal y frunció el ceño—. No queda mecha. Tomad éste y yo repondré el otro —le entregó el farol que había estado colgado al lado de la escalera—. ¿Qué tal está vuestra prima? ¿Ha dado resultados la medicina?
—Sí, creo que sí. Está apaciblemente dormida.
Bella ya no tenía miedo. En el sueño, él había sido violento y apasionado, pero al verlo allí con lo que parecía un camisón a sus ojos ingleses, no le parecía más aterrador que su hermano.
—Habéis sido muy considerado al venir a interesaros, señor —siguió ella—. Os agradezco vuestra amabilidad.
—Sería un disparate perder mi inversión, ¿no os parece?
Sus palabras fueron como una bofetada. Por un instante, había sentido cierta proximidad a él, casi una familiaridad. Lo miró a la cara y el alma se le cayó a los pies al comprobar que estaba decidido a seguir con el plan que tenía preparado para Rosalie y ella. Sospechaba que él había sido inglés y caballero, pero, al parecer, había olvidado su pasado y sólo debía obediencia al califa. Había sido una necia al pensar que podía cambiar de opinión y llevarlas a Inglaterra.
Edward frunció el ceño al volver a su camarote. No sabía por qué se había despertado, pero creyó haber soñado algo que había olvidado hacía mucho tiempo. Al despertarse con un sobresalto, pensó inmediatamente en las dos mujeres inglesas y fue a buscarlas. Cuando vio a la de pelo oscuro, creyó que estaba intentando escapar y sintió una punzada de miedo en las entrañas. No sería capaz de lanzarse al mar y a una muerte segura. Notó algo raro por dentro al pensar eso, pero se disipó en cuanto ella le explicó lo del farol.
Edward solía dormir bien, pero esa noche no pudo descansar e intentó convencerse de que no tenía nada que ver con las mujeres que había comprado. No eran las únicas que habían sufrido porque las habían comprado y vendido como esclavas. Era una costumbre aceptada en esa parte del mundo y muchas veces suponía una ventaja. Algunos amos eran crueles y trataban a los esclavos peor que a bestias de carga, pero otros no eran peores que los hombres con grandes propiedades en Inglaterra o Europa. Los trabajadores quizá no se consideraran esclavos, pero muchas veces no recibían un trato mejor. La justicia solía ser sumaria y brutal. Los hombres se pudrían y morían en las mazmorras de la reina y a muchos se les torturaba con hierros candentes o con el potro. El califa trataba con equidad a los esclavos y algunos podían ganarse la libertad con el tiempo. Muchos hombres y mujeres se vendían a sí mismos como esclavos antes de morir de hambre en las calles. El propio Edward había comprobado lo justo que podía ser a veces el sistema. Era un hombre adinerado que había ganado casi toda su fortuna importando y comerciando con productos de otras tierras. Él confiaba en que su capitán obedeciera sus órdenes y recompensaba esa obediencia. Quizá, algún día dejaría las tierras del norte para ampliar los límites de su imperio, pero, por el momento, se conformaba con vivir en el palacio y ser leal al califa.
Le debía todo al hombre que lo llamaba su hijo y quería a Carlisle como a un amigo benévolo. El príncipe Jassper , el hijo del califa, era su hermano en todos los sentidos menos en la sangre.
Edward se olvidó de cualquier posibilidad de ceder a las peticiones de lady Bella. Ir contra los deseos de su amigo y señor sería traicionar todas sus promesas y acabaría con la confianza que se había forjado entre los dos. Sería un necio si tiraba por la borda el trabajo de todos esos años. No obstante, mientras se ponía la ropa que le parecía más cómoda que la de un caballero inglés, mientras se ponía las calzas debajo de la túnica blanca y se ataba el fajín rojo alrededor de la cintura, no pudo borrar la mirada suplicante que había visto en aquellos ojos.
—¿Qué tal estás, querida? —le preguntó Bella a su prima cuando despertó y la miró desde las sábanas arrugadas—. Creo que la segunda medicina que te dio te ha sentado bien. Has dormido apaciblemente desde que la bebiste.
—Creí que todo era una pesadilla, pero no lo es, ¿verdad? —Rosalie se incorporó—. Somos esclavas, ¿verdad? Él dijo que pertenecemos al califa… — dejó escapar un sollozo de angustia—. ¿Qué vamos a hacer, Bells?
—Tenemos que sobrellevarlo lo mejor que podamos —contestó Bella tomándole una mano—. Quizá no sea tan espantoso como tememos. Edward dijo que el califa es un hombre mejor que el que intentó comprarnos. Dijo que tuvimos suerte de que él estuviera allí.
—¿Suerte por ser esclavas? —Rosalie se frotó los ojos con la mano—. Yo preferiría estar muerta.
—Piénsalo detenidamente. ¿De verdad preferirías estar muerta? Si vivimos, es posible que algún día nos rescaten. Es posible que encuentre a alguien que acepte un rescate por nosotras. Si morimos, nunca volveremos a ver a la gente que amamos.
Rosalie la miró en silencio.
—Creo… —sacudió la cabeza—. Pensarás que soy una necia, pero creo que estaba enamorándome del capitán Richardson y él de mí.
—No creo que seas una necia. Es joven y apuesto y, evidentemente, te apreciaba. Si hubieras tenido tiempo para conocerlo podrías haberlo amado, Rosalie .
—¿Crees que sigue vivo? ¿Lo habrán matado los piratas? ¿Y a mi padre? No creo que se rindieran fácilmente.
—No, estoy segura de que no porque intentaban darnos tiempo para escapar. Fue una pena que los piratas se dieran cuenta de lo que estaba pasando y mandaran a unos hombres para perseguimos —Bella se estremeció—. Si hubiéramos llegado a la costa, don Sebastián González nos habría ayudado.
—Ojalá no hubiera pedido mi mano —replicó Rosalie con un enojo repentino—. Si mi padre no se hubiera sentido halagado, seguiríamos en Inglaterra.
—Sí, pero yo estaba pensando en hacer un viaje…
—Nunca me habría marchado si hubiera sabido lo que podía pasar.
Bella se sentó en el borde de la cama.
—No tiene sentido arrepentirse, querida. Estamos aquí y tenemos que sobrellevarlo lo mejor que podamos.
—No entiendo que puedas estar tan tranquila.
—Llorar no servirá de nada. Voy a subir a cubierta a tomar el aire. ¿Por qué no te lavas y me acompañas? Hay alguna ropa limpia que puedes ponerte. El capitán Edward ha tenido la consideración de mandarnos agua y esa ropa, además de fruta. Las uvas están deliciosas.
—Quiero mi ropa… —Rosalie hizo una mueca.
—Algunas prendas son bastante bonitas. Yo he elegido el blanco otra vez porque he pensado que te gustaría el rosa —le explicó Bella—. Si no quieres venir, yo voy a subir a cubierta a tomar el aire.
—Entonces, ¿no estamos prisioneras?
—Podemos ir a cubierta. No hay escapatoria. Rosalie , Te perseguirían aunque te lanzaras al mar. Se sensata y espera a que lleguemos al palacio. Pediré hablar con el califa y a lo mejor él me escucha.
Bella dejó a su prima para que decidiera si quería levantarse o quedarse en la cama. Subió la escalerilla de hierro que llevaba a cubierta y vaciló al mirar alrededor. No había visto casi nada del barco corsario porque era de noche cuando las llevaron a bordo y luego las encerraron. Este barco se parecía mucho a un barco inglés, aunque la tripulación era árabe o, quizá, turca. La miraron, pero todos volvieron a sus tareas cuando el capitán se dirigió a ellos en un idioma que ella no entendió. Luego, se acercó a ella y la miró de una forma extraña.
—Deberíais haberos puesto el velo para cubriros el pelo, milady. Los hombres sienten curiosidad al veros descubierta.
—Disculpadme. No me he dado cuenta —Bella se sonrojó porque sabía para qué era el delicado pañuelo y no se lo había puesto intencionadamente—. Estaba admirando el barco. ¿Es vuestro?
—¿Por qué pensáis que puede ser mío?
—Porque no se parece al de los corsarios. Pensé que podía ser un barco inglés y que vos…
Edward no sonrió al mirarla a los ojos.
—Aunque fuese mío, no podría cambiar el rumbo para llevaros a vuestro país, lady Bella.
—¿Puedo preguntaros por qué debéis tanta lealtad al califa?
—Ha sido como un segundo padre para mí y su hijo es como un hermano pequeño.
—Entiendo.
—No lo creo, pero tampoco voy a discutir. ¿Os quedaréis tranquila si os prometo comentarle al califa vuestra propuesta de pagar un rescate?
—¿Lo haríais?
—Lo haría por vos —contestó Edward —. Me temo que no podré hacerlo por vuestra prima.
—Entonces, no puedo abandonarla. Por un instante, había visto un rayo de esperanza, pero se apagó en cuanto comprendió que aquélla era su última palabra sobre el asunto.
—Entonces, habéis hecho vuestra elección. Por favor, disfrutad del aire en cubierta siempre que queráis.
Él inclinó la cabeza y se alejó para hablar con la tripulación. Bella se mordió el labio al observarlo dando órdenes que los hombres obedecían sin rechistar. Estaba en su elemento, era un hombre poderoso. Sin embargo, ¿por qué era tan obstinado? ¿Por qué no aceptaba un rescate y las dejaba libres? Le había propuesto preguntarle al califa si aceptaría un rescate por ella, seguramente, porque no era lo bastante hermosa como para captar su atención, pero tendría que abandonar a Rosaalie . No la abandonaría. Si querían separarlas, se aferraría hasta que tuvieran que separarlas por la fuerza.
Gracias por sus comentarios y favoritos, esspero que les vaya gustamdo tanto como a mi.
