Bella dejó que su prima pasase delante y se dio la vuelta hasta que le dijo que ya estaba presentable. Bella también se tapó. Estaba preguntándose qué hacer cuando Mellina reapareció con unas mujeres que llevaban unas ropas de una tela tan fina que parecía transparente.

—Podéis elegir la que queráis —Mellina extendió las prendas por el banco y la hierba—. En el harén llevaréis los bombachos y la camisola. Si se os permite salir para complacer al califa, se os dará una ropa más adecuada.

Bella se quedó boquiabierta al ver la ropa que esperaban que llevara. Rosaalie parecía bastante interesada, como si la observara para elegir el color que más le gustaba.

—¿No hay algo más para mí? —preguntó Bella—. Lleváis una túnica. ¿No puedo llevar algo parecido?

Bella miró la túnica que cubría el cuerpo de Mellina y que era mucho más recatada que las prendas que les habían llevado.

—Sólo lo llevan las mujeres mayores —contestó Mellina—. No creo que quieras taparte. Tienes una figura bastante bonita, mucho más de lo que me había imaginado con la ropa que llevabas, pero si quieres llevar una túnica como la mía, puedes ponértela.

—Estaría más cómoda.

Bella vio que Rosalie había elegido los bombachos, una camisola muy liviana y una chaqueta bordada con borlas doradas justo encima de la cintura. Estaba dándole vueltas a cómo ponérselas cuando una chica muy joven llegó corriendo para ayudarla. Dejó escapar una risita y Rosalie se rió al darse cuenta de que estaba haciéndolo mal. Bella sonrió al comprobar que su prima ya no estaba aterrada. Por el momento, Rosalie estaba bastante tranquila porque casi todas las mujeres del harén parecían amables. Todavía no sabía que estaba destinada a ser un regalo para el hijo del califa y ella no iba a sacarla de la ignorancia mientras fuese posible.

Tenía que haber alguna manera de ponerse en contacto con el califa. Si pudiera hablar con él, quizá consiguiera convencerlo de que aceptara el pago de un rescate. ¿Volvería a ver a Edward ? Había llegado a pensar que por un instante se arrepintió de haberlas llevado allí y que estuvo tentado de ayudarlas. Al final le pareció comprensivo, pero debía de ser tan despiadado y bárbaro como su califa o nunca las habría llevado allí para ser unas esclavas toda su vida.

Edward estaba absorto en sus pensamientos mientras se alejaba del harén. Estaba profundamente alterado por lo que había hecho aunque no sabía el motivo. La mirada de lady Bella cuando se llevaron a su prima le había desgarrado el corazón. Si hubiera podido, las habría llamado otra vez para llevárselas a Inglaterra, pero cuando el príncipe Jasper llegó con sus hombres, supo que ya no podría hacerlo.

Había intentado sofocar su remordimiento intentando convencerse de que al comprarlas para el harén del califa las había salvado de un porvenir espantoso. Carlisle ya no era joven y pocas veces llamaba a una de sus odaliscas. Tenía una esposa favorita y pasaba con ella casi todo el tiempo. Lo más probable era que lady Bella pudiera encontrar su sitio y nunca tuviera que padecer por las atenciones del califa. Muchas mujeres eran felices viviendo en el harén, sobre todo, aquéllas con pocas esperanzas de casarse en su tierra. Le pareció que Bellan tendría veintimuchos años. Era atractiva, pero no hermosa. Como había afirmado tener una fortuna propia, debió de haber renunciado al matrimonio en algún momento. Se preguntó por qué y lamentó no haberle preguntado muchas cosas.

Había intentado mantenerse alejado de ella en el barco. En ese momento, supo que había intentado dar la espalda a los sentimientos que había despertado en él y su conciencia había empezado a atormentarlo más de lo que quería reconocer. Seguramente, podría concertar un rescate para Bella, pero ella había dejado claro que no se marcharía sin su prima y cuando el califa hubiera visto lo hermosa que era Rosalie, la reclamaría para ser la esposa de su hijo.

Que él supiera, Jasper no sabía todavía cuáles eran los deseos de su padre. Había ido a verlo durante el viaje porque tenía curiosidad por saber su cometido y por qué había pasado tantas semanas lejos del palacio. Jasper quiso ver a las mujeres en cuanto se enteró de que las llevaba para el harén, pero cuando le dijo que tenía que esperar hasta que su padre lo permitiera, su impaciencia se aplacó.

—Mi padre suele dejarme que elija entre las mujeres nuevas —le confesó—. Edward, ¿son hermosas?

—Una, sí, la otra es una arpía —contestó Edward sin saber muy bien por qué etiquetaba a Bella con el calificativo que le había dado Seth. ¿Qué iba a hacer con las dos inglesas que había comprado en Argel? Frunció el ceño al darse cuenta de que su destino ya no dependía de él. Las había dejado en el harén y eso suponía el fin… desgraciadamente.

La mirada de Bella lo obsesionaría día y noche. No podía hacer gran cosa por su prima, pero quizá pudiera solucionar el porvenir de Bella con un poco de persuasión. Por el momento, tenía que ir a ver al califa, quien estaría deseando recibir noticias.

—Has acertado, Edward .

El califa Carlisle ben Ossaman se apartó de laa ventanuco que daba al jardín privado de su esposa principal. Estaba oculto a la vista de los demás en la sala donde recibía las visitas, pero le permitía ver claramente el baño. Había disfrutado con la visión de las dos mujeres jugando en el agua.

Era evidente que eran recatadas porque creían que nadie las observaba, algo imposible en el harén. Había orificios por todos lados para que pudiera observar a las mujeres sin que ellas lo supieran. Las mujeres lo acataban con disciplina y los eunucos también miraban algunas veces, aunque lo tenían prohibido y podían castigarlos. Las mujeres inglesas no sabían nada de esos orificios todavía y habían jugado con toda inocencia.

—Creo que a mi hijo le gustará el regalo. La prepararé para entregársela dentro de un par de días, cuando haya descansando y se haya acostumbrado a su nuevo entorno. Si le satisface lo que ve, se convertirá en su primera esposa.

—Ha estado muy enferma —comentó Edward sin saber por qué exageraba la verdad a un hombre que apreciaba y admiraba—. Quizá fuese conveniente darle un poco más de tiempo para que recupere toda su belleza. Además, debería aprender la fe de Jasper si va a convertirse en su esposa.

—Es verdad —Carlisle inclinó la cabeza—. Estaba pensando en mandar a Jasper a la corte del sultán durante un par de semanas. Creo que lo haré. La joven se adaptará al cabo de un tiempo, pero no hace falta que lo aprenda todo de golpe. Jasper le enseñará y si ella es todo lo que él quiere, entonces podrá convertirse a su fe.

—Pero ella no será su esposa legal si no acepta.

—Eres mejor servidor de Alá que yo —reconoció Carlisle —. Consultaré con el ulema. Creo que al principio bastará con que lo haga de palabra.

Edward comprendió que el destino de esa joven tan bella estaba decidido. Sería la esposa de su hijo o su odalisca y, probablemente, sería mejor que la ceremonia siguiera adelante aunque no fuese un matrimonio conforme a la ley. Sabía que Carlisle moldeaba la ley algunas veces para que se ajustara a sus deseos y discutir sólo lo enojaría.

—He comprado a la mujer mayor porque comentasteis que queríais una profesora para vuestros hijos. La señora Esme está embarazada y algunas veces se encuentra indispuesta. Podría ser un alivio para ella no tener tantas tareas con los niños.

—Esa mujer está demasiado delgada para ser una odalisca mía, aunque tiene atractivo, su pelo es de un color especial. ¿Es inteligente? ¿Podrá enseñar inglés a mis hijos?

—Sí, mi señor. Estoy seguro de que podrá hacerlo perfectamente. Creo que también habla francés y algunas palabras de árabe.

—¿Ha estudiado mucho…? —preguntó pensativamente Carlissle y Edward asintió con la cabeza—. Muy bien. Por el momento, la dejaré en tus manos. No es lo bastante hermosa para interesarme, pero puede servir como profesora. Pertenecerá al harén aunque no del todo. Mañana puedes llamarla y llevarla con los niños. Obsérvala y puedes organizarle la vida como mejor te parezca por el momento. Yo podré observar desde detrás de las celosías. Si lo hace bien, ocupará el lugar de Esme como profesora, al menos, hasta que mi esposa me dé otro hijo.

—Se hará lo que deseáis, mi señor.

Carlisle lo miró.

—Creo que mereces un regalo. Me has servido bien. Podrías haberte escapado con el oro que te di. Muchos lo habrían hecho. ¿Por qué has vuelto? ¿Por qué sigues con nosotros? Adoptaste nuestra fe, lo sé, pero te cuesta aceptar algunas de nuestras costumbres, ¿verdad?

—Todas las culturas tienen costumbres y leyes, mi señor. Hay muchas cosas que me parecen inaceptables en el país donde nací.

—¿No has pensado en volver? Te puse a prueba, Edward , porque quería saber qué harías.

—¿Creísteis que os abandonaría?

—Me habría entristecido, pero habría sido la voluntad de Alá. Él te trajo de vuelta y ahora estoy más convencido de que mi proyecto es el acertado.

—Di mi palabra. Si alguna vez parto sin prometer volver, entonces sabréis que no lo haré —Edward frunció el ceño—. Sin embargo, no entiendo lo que queréis decir, mi señor. ¿A qué proyecto puedo servir?

—Todavía no ha llegado el momento. Al traer a la mujer acertada para Jasper, se ha cumplido la primera parte del plan, pero no ha concluido. Creo que lo tengo bien trazado, pero hay que hacerlo con cuidado. El futuro de mí familia depende de que pueda confiar en mi instinto.

—Lo que decís es muy enigmático, mi señor.

—Todo se sabrá cuando llegue el momento.

Carlisle bajó la cabeza con los ojos medio tapados por los párpados.

—¿No pides nada a cambio de los servicios prestados? —le preguntó el califa. Edward vaciló, pero negó con la cabeza. Si lo pidiera, podría entregarle a Bella como esposa u odalisca, pero no liberaría a su prima. Separarlas afligiría a la dos. Con el tiempo se acostumbrarían a su nueva vida y él podría pedir que le entregaran a la mayor de las dos. La devolvería a Inglaterra con su familia, como había pedido ella, y quizá sus ojos dejaran de obsesionarlo como habían hecho desde que la dejó en el harén. Podría hacerlo en ese momento, pero ella estaba bastante bien y lo odiaría por haberla separado de su prima.

—Por el momento, lo único que pido es tener el honor de serviros, mi señor. Es posible que algún día os pida algo relativo a la mayor de las inglesas, pero, por el momento, no pido nada.

—Creo que lo entiendo —Carlisle sonrió—. Tu compasión te honra, hijo mío. Tienen que estar juntas durante un tiempo. Eres prudente, Edward, y por eso valoro tanto tus servicios. Lamentaría que me dejaras, pero eres libre de marcharte si quieres.

—Sé que cuento con vuestro consentimiento —Edward inclinó la cabeza—. Tengo que hablar con los jenízaros. Esta mañana se nos ha informado de que todavía quedan algunos rebeldes en las montañas.

—Sí, lo sé. Por eso se empeñó Jasper en ir a encontrarse contigo, algo que me disgustó. Es joven e impulsivo, hay que disciplinarlo. Todavía no le diré nada sobre su matrimonio. Esos bandidos me preocupan porque sus incursiones son cada vez más audaces y algunos pueblos están pasándolo mal. Por el momento, están esperando una ocasión, pero creo que hay que mandar una patrulla que los devuelva al sitio de donde vinieron antes de que empiecen a atacar a los pueblos otra vez.

—Si lo deseáis, mandaré una patrulla para que investigue, mi señor.

—Tienes mi permiso para mandar una patrulla de exploradores.

Carlisle volvió a mirar por la celosía, pero se sintió desilusionado al ver que las mujeres se habían marchado. Dio unas palmadas y una sirvienta apareció al instante.

—Quiero que esta noche me traigan a Fortunata —le ordenó—. Que las mujeres empiecen a prepararla.

Lamento lo del capítulo anterior jeje Ua estamos bien con la historia jeje Nos vemos en la nochecita con otro cap