Cuánto Tiempo tardaría en recibir un mensaje que le dijera cómo habían pensado rescatarlas? Con el paso de los días, Bella empezó a preguntarse si lo habría soñado.
Ya llevaban más de dos semanas en el harén y el recuerdo de la visita al bazar se había esfumado. De no ser por los colgantes que le había regalado lady Esme, podría haber pensado que todo había sido una fantasía. ¿Habría interpretado mal el mensaje que le dieron? ¿Por qué no había pasado nada?
Había pasado bastantes días en el palacio sin que hubiera pasado nada. Edward la devolvió al harén en silencio, sin dirigirle la palabra. Siguió recogiéndola todas las mañanas para llevarla a los aposentos de lady Esme después de la clase.
El tercer día después de la visita al bazar, cuando hubo terminado sus tareas por la mañana, la llevó a otra zona del palacio.
—¿No vamos a los aposentos de lady Esme?
—Todavía, no —contestó él—. Quiero enseñarte algo que espero que te guste.
La miró con curiosidad aunque no le dio ninguna pista y llegaron a lo que parecía un patio muy amplio. Le sorprendió ver que un lado daba a los establos, pero el otro estaba conectado con un edificio majestuoso a través de un jardín. Oyó los graznidos de los pájaros y supuso que la había llevado al aviario donde tenían encerrados a los halcones.
—¿Halcones? ¿Tienes aves de presa? ¿Son tuyos o del califa?
—Son míos —contestó él con una sonrisa—. He pensado que a lo mejor te gustaban. ¿Entramos?
Bella lo siguió. Estaba asombrada de ver que los pájaros tenían su propio palacio con azulejos en el suelo y pequeños jardines con árboles, estanques y comederos. Algunos pájaros estaba encadenados a las perchas, pero otros volaban en libertad. Atónita, vio que uno se dirigía hacia ellos y se posaba en el brazo de Edward . Él le acarició la cabeza y él pájaro lo agradeció con un sonido gutural.
—¿Me has echado de menos, milady? —preguntó él al ave—. Te he traído una visita. Es inglesa y la entenderás, ¿verdad?
—Le hablas como si fuera tu enamorada —comentó Bella con una punzada de celos inexplicable.
—¿No crees que la relación entre un halcón y su cuidador se parece a la de dos enamorados? —preguntó él entre risas—. ¿No sentías lo mismo con tus caballos y tus halcones?
—Los halcones eran de mi padre. No los trataba con tanto esplendor. Nunca había visto un ave de presa tan adiestrada.
Bella extendió la mano para acariciar la cabeza del pájaro, pero éste se volvió y le picó en la mano.
—¡Ay! —exclamó ella.
—Perdona a mi pequeña princesa —le pidió Edward . Él extendió el brazo para que el halcón volviera a su percha, le tomó la mano y la miró en silencio. Entonces, inclinó la cabeza y le lamió la herida.
—Creo que se curará y el mejor remedio es lamerla —le explicó él—. Lady Esme tendrá algo si te preocupa.
—No estoy…
Bella retiró la mano. Las entrañas le abrasaban y su mirada la estremecía por dentro. Por un instante, pensó que iba a abrazarla y besarla, pero ella recordó quién era y se apartó.
—Esme va a pensar que no voy a ir.
—Es verdad, te llevaré con ella. Lamento que te haya atacado el pájaro. Normalmente, no es arisca con los desconocidos.
—Creo que estaba celosa —dijo Bella —. Es hembra, ¿verdad?
Edward asintió con la cabeza y con los ojos clavados en ella.
—Bella, dime una cosa, si yo fuera tu amo, ¿estarías celosa de otra mujer?
—¡No! —ella se alejó fuera de su alcance con el pulso acelerado—. Si fueras mi prometido, quizá lo estuviera, pero nunca podría amar a mi amo. El amor, para ser sincero, tiene que ser libre.
—Es verdad, creo que tienes razón. Vamos, tenemos que irnos.
Bella lo siguió por el palacio. Estaba hecha un lío. No podía permitir que la sedujera con sus miradas, ni los pequeños privilegios que le otorgaba. Si el hombre del bazar había dicho la verdad, Rosalie y ella serían libres enseguida.
Edward se había quedado en silencio. Quizá lo hubiera ofendido otra vez. Miró su perfil con gesto serio y tuvo la sensación de haberlo perdido. Si lo hubiera conocido en Inglaterra, si renunciara a esa vida y las llevara a Inglaterra, quizá podría seguir el dictado de su corazón, que era confiar en él.
—Lady Esme no se encuentra bien esta mañana y os pide que la visitéis en sus aposentos antes de dar la clase a los niños. Por eso he venido antes hoy —Edward la miró cuando salía del harén—. Espero que mi llamada no os haya molestado.
—Me sorprendió que Mellina me dijera que estabas aquí, pero siempre me levanto temprano. Eso es lo que más me desespera de esta vida. Estaba acostumbrada a hacer algo de ejercicio por las mañanas. ¿Estás enfadado conmigo? ¿Te he ofendido? —le preguntó ella cuando él no dijo nada.
—Sólo vos sabéis la respuesta, milady —la mirada de Edward seguía siendo gélida—. ¿Debería estar enfadado? El hombre que habló con vos en el bazar no era un comerciante. Me gustaría que me dijerais la verdad. Si no, no podré confiar en vos. Había esperado poder tratarte mejor, Bella . Había pensado pedirle permiso al califa para llevarte a montar a caballo, sobre todo, porque me dijiste que era uno de tus entretenimientos favoritos en Inglaterra.
—Sí, era uno de mis mayores placeres.
—Estaba seguro de que podía confiar en ti. ¿Te gustaría ir a una partida de caza que estoy organizando? Me gusta cazar con mis halcones, como al califa y a Jasper. Creí que te parecería una forma agradable de pasar el tiempo.
—¿Por qué me lo cuentas si no vas a llevarme?
Bella estaba enojada porque la idea de que le permitieran montar a caballo era tan tentadora que aumentaba su sensación de pérdida. Se preguntó cómo sería su vida si Edward fuera su señor y no el califa. Él le había preguntado por qué no se había casado nunca y ella había contestado con sinceridad. ¿Por qué se lo había preguntado? El corazón se le aceleró. Si fuese la esposa de Edward… La idea era atractiva y se dio cuenta de que la plácida vida del harén estaba seduciéndola. ¿Por qué iba a tener que complacer a alguien para poder montar a caballo? ¡Tenía derecho a ir a donde quisiera!
—Creo que me gustaría —añadió ella.
—No te enojes, Bella —él sonrió de una forma extraña—. Sabes que la vida ya no será como era antes. ¿Por qué te resistes? ¿Por qué te resistes a mí cuando todo sería mucho más placentero si me permitieras mostrarte por qué vivo así?
Bella no le sonrió. Era el responsable de su reclusión. No la seduciría para que renunciara a escapar, aunque la vida como odalisca de él no sería muy espantosa.
—Lamento que creas que te he defraudado en algún sentido. Deberías saber que nunca abandonaré a mi prima ni haré nada que pueda disgustar a lady Esme.
—Es posible que no goces de la compañía de tu prima durante mucho tiempo —replicó él con un tono más lacerante del que solía emplear con ella—. El príncipe Jasper tuvo que ir a la capital para hacer algo para el sultán justo después de que llegáramos de Argel. Ha comunicado que volverá pronto, quizá, esta tarde.
Bella abrió los ojos con la boca seca y un vacío de inquietud en el estómago.
—¿Qué significa eso?
—Tu prima ha tenido tiempo para acostumbrarse a la vida en el harén — Edward frunció el ceño—. El príncipe la verá por primera vez esta noche. Si ella lo complace, se la entregarán.
—¡No! ¡No tiene derecho! —exclamó Bella dominada por la ira—. Ella ama a otro hombre. ¿Cómo va a sentir algo por un hombre que la obliga a entregar su honra? Lo odiará y yo te odiaré a ti por habernos traído aquí. Además, todavía está indispuesta.
—Al califa le han informado de que está bien y adaptándose a las otras mujeres.
—Mellina no lo entiende tan bien como yo. Mi prima sonríe, pero tiene el corazón partido. Nunca te perdonaré que nos hayas traído aquí.
Algo se crispó en el rostro de Edward y a Bella le pareció captar un destello de dolor en sus ojos, pero desapareció al instante.
—Por eso se os ha traído aquí —replicó él con frialdad—. No tengo capacidad para cambiar las cosas aunque quisiera.
Eso no era verdad del todo. Podría sacarla del harén cuando quisiera, pero había permitido que se quedara con su prima hasta el último momento.
—Podrías habernos ayudado —le reprochó Bella con amargura—. Podrías habernos llevado a algún sitio seguro y mi tío y mi hermano habrían pagado un rescate.
—Creía que no sabías qué ha pasado con tu tío —Edward la miró fijamente y la agarró de la muñeca como si su mano fuera una argolla de hierro—. No te dejes llevar por la ilusión de que van a rescatarte. No ha pasado nunca y no pasará, te lo aseguro. Es imposible escapar. Si alguien lo intenta, lo capturarán y recibirá un castigo. Yo no podría hacer nada para evitarlo.
—Una vez más, pido que podamos pagar un rescate. Te devolvería el precio que pagaste si nos dieras la oportunidad.
—Te prohíbo que vuelvas a hablar de este asunto. No se pagará ningún rescate ni escaparéis. Olvídate de ese disparate. No quiero ver cómo te castigan. No te gustaría el castigo que te infligirían.
Edward vaciló y le acarició levemente la mejilla. Bella sintió una descarga por dentro y se estremeció de los pies a la cabeza. Se apartó en contra de lo que el corazón y la cabeza estaban diciéndole. ¡Era el enemigo! En ocasiones, veía un hombre distinto, un hombre al que podría apreciar, quizá, incluso amar, pero siempre volvía a ser el hombre implacable que las había llevado allí.
—Resignaos a lo que ha pasado y comprobaréis que podéis encontrar la felicidad aquí —siguió él—. Te lo aseguro, Bella, puede ser una vida placentera si la aceptas.
Ella bajó la mirada. ¿Se había delatado? ¿Sospechaba él que estaba pasando algo? ¿Haría algo para cerciorarse de que no saliera del harén? Tenía que escapar aunque sólo fuese por Rosalie .
—Me alegro de volver a verte, hijo mío —Carlisle abrazó a su hijo mayor—. ¿El sultán quedó satisfecho? ¿Cumpliste con tus obligaciones?
—Sí, padre —él príncipe Jasper sonrió al ver el orgullo en los ojos de su padre—. Él me habría retenido, pero le dije que me debía a ti. Tengo que aprender todo lo que puedas enseñarme para llegar a ser un gobernante tan sabio como tú.
—Me alegro de que hayas vuelto, Jasper.
El califa pareció satisfecho con la respuesta de su hijo. Algunos hijos estaban impacientes por ocupar el lugar de sus padres, pero Jasper sentía verdadero cariño por él y siempre buscaba su aprobación.
—Tengo una sorpresa para ti, hijo mío —siguió el califa—. Antes de que te marcharas prometí que encontraría una esposa para ti y creo que hemos encontrado la mujer que te merece de verdad.
—¿Una esposa? —los ojos de Jasper resplandecieron. Había tenido su harén durante dos años, pero una esposa era algo muy distinto—. ¿Es inglesa como mi madre? Me gustaría una mujer tan prudente y que me quisiera como ella a ti, padre.
—Es muy joven, pero aprende nuestras costumbres deprisa. Me han dado informes de ella y son buenos. Efectivamente, es inglesa y de buena familia, como lo era tu madre. Ven a verla. Está en el jardín con mis mujeres.
Jasper siguió a su padre hasta la ventana que daba al jardín del harén. Ningún otro hombre tenía ese privilegio, pero su padre era generoso y muchas veces le había permitido elegir cuando llevaban mujeres nuevas al palacio. Su padre tenía muchas mujeres en el harén, aunque mandaba llamar a muy pocas porque prefería pasar las noches con su esposa principal cuando se sentía bien.
—¿Cuál es? —preguntó Jasper al ver varias mujeres jugando y riendo en el jardín. Su padre se puso al lado de él y sonrió al ver unas mujeres que se salpicaban con el agua de la fuente.
—La que va de azul claro. Tiene el pelo largo y rubio y ojos azules, creo, porque no he estado tan cerca como para ver si son azules o verdes.
Jasper la miró mientras ella salpicaba al mono que había ido a curiosear. Se rió y miró hacia las ventanas cuando el mono trepó por una parra. Gracias a la celosía, ella no podía saber que estaban observándola y Jasper pudo ver su rostro con toda claridad.
—Es encantadora, joven y natural. Creo que será una buena esposa, padre. ¿Estás seguro de que es inglesa?
—Sí. Di instrucciones a Edward para que encontrara una inglesa hermosa e inteligente y te trajo a ésta. Hay otra que ayuda a cuidar a los niños. Es inteligente, pero no es tan hermosa. Creo que es la novia ideal para ti, hijo mío.
—Lo es —Jasper parecía complacido—. ¿Cuándo podrá organizarse la boda? ¿Tiene que aprender nuestra religión antes de casarse?
—Creo que es demasiado pronto. Todavía no está acostumbrada a nuestras costumbres. Creo que la boda podría ser pronto… quizá, mañana. Esta tarde tengo que reunirme con un hombre de las tribus de la montaña, pero mañana por la noche será la boda y al día siguiente la celebración.
—Mañana por la noche estaré casado —Jasper asintió con la cabeza—. Tengo que encontrar un regalo para ella, padre. Mañana iré a visitar a los comerciantes para ver si tienen algo que pueda gustarle.
—Hay muchas cosas de valor en mis cofres. Puedes elegir lo que quieras.
—A lo mejor, una joya —aceptó Jasper —. Sin embargo, estaba pensando en algo distinto. Al parecer, le gusta jugar con el mono. Le regalaré un animal de compañía para ella sola, para que no se entristezca por abandonar tu harén y sus amigas.
—La otra mujer es su amiga —le explicó Carlisle —. No es hermosa, pero a lo mejor quieres llevarla a tu harén para que acompañe a tu esposa. Sin embargo, te aconsejaría que esperaras un poco. Que tu esposa se acostumbre al matrimonio antes de que vuelvan a estar juntas. Hay que domar a las mujeres, hijo mío, pero hay que emplear un guante de terciopelo, no un látigo. Sobre todo, a las inglesas, que son obstinadas e indisciplinadas. Tu madre se resistió a mí durante mucho tiempo, pero acabé ganando.
—Seré paciente —prometió Jasper con una sonrisa—. Conseguiré que mi esposa me ame tanto como mi madre te amó a ti.
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