El día había pasado deprisa. Bella había pasado la tarde leyendo poesía a esme. Su amiga se había sentido mal y no había podido leer y no quiso separarse de Bella cuando llegó la hora de marcharse.

—No sé por qué tienes que volver todas las noches —se quejó con un suspiro—. Podrías tener unos aposentos al lado de los míos y podríamos hablar todo el tiempo que quisiéramos.

—Sería fantástico —reconoció Bella—. Sin embargo, mi prima se alegrará de verme cuando vuelva.

—Tu prima… —Esme hizo un mohín de disgusto por la respuesta—. Pronto dejarás de verla tan a menudo porque estará en otra parte del palacio. El príncipe Jasper ya está en el palacio y la mandarán a su harén.

Bella se mordió la lengua. Quiso negar lo que había dicho Esme, pero no quiso disgustarla. Sin embargo, no pudo dejar de pensar en lo que había dicho su amiga y esa noche volvió al harén por los jardines. Siempre había sabido que eso pasaría algún día, pero después de la visita al bazar había esperado que pudieran escapar antes.

—Lady Bella… —Bella se quedó petrificada al oír la voz que le hablaba suavemente en inglés—. No os deis la vuelta. Nadie puede saber que estoy aquí o soy hombre muerto.

—¿Qué queréis? —preguntó ella con un hilo de voz—. ¿Cómo habéis entrado? Está prohibido.

—No hagáis preguntas. Lo sabréis todo cuando estéis a salvo. Mañana, al anochecer, tenéis que traer aquí a la señorita Rosalie. Más allá de la fuente y el macizo de adelfas hay una puerta muy pequeña que utilizan los jardineros. Estará abierta durante dos horas después de anochecer. Luego, volverán a cerrarla con candado para disimular por dónde habéis escapado. Si mañana no podéis, os haré llegar otro mensaje.

—¿Qué hay al otro lado de la puerta?

—Os estará esperando alguien que conoce los caminos secretos. Idos o llamaréis la atención.

—Gracias. Estaremos allí.

Bella resistió la tentación de volver la cabeza. Fuera quien fuese quien había ido a llevarle el mensaje, era un hombre muy valiente. Si lo descubrían, era casi seguro que lo matarían. El harén del califa estaba vedado para cualquiera que no fuesen los eunucos y el propio califa. ¿Sería un eunuco? Bella entró en el patio común que conectaba los jardines de Esme con las habitaciones más privadas. Estaba vacío, como casi siempre a esa hora. Muy pronto cerrarían con candado las puertas que daban a ese jardín. Tenían muy poco tiempo para escaparse. Estaba ansiosa de contarle a Rosalie que sólo tenía que esperar un día más para ser libre, pero consiguió dominar la emoción. Desvelarle el secreto demasiado pronto podía ser arriesgado. Esperaría hasta el último momento para susurrárselo cuando estuvieran en el jardín. Era el único sitio donde podían encontrar un rincón apartado y que no las oyeran.

—Has estado fuera todo el día —se quejó acusadoramente Rosaalie cuando entró en la estancia que compartían—. Me aburro mucho cuando no estás. Me gustaría ir contigo.

—A lo mejor lo haces pronto.

—¿Qué quieres decir?

—Preguntaré si puedes acompañarme durante la clase. ¿Te gustaría?

—Ah… —Rosalie sacudió la cabeza—. Estás enseñándoles inglés, ¿verdad? Yo he intentado mejorar mi francés, pero es muy difícil.

—¿Qué haces todo el día para entretenerte?

—Juego con el mono, bailo, me baño… —Rosalie bostezó—. Me gustaría pasear y montar a caballo como hacíamos antes. ¿A ti no?

—Sí, pero no desesperes. Pase lo que pase, no podemos perder la esperanza.

Bella deseó poder contarle la noticia, pero sabía que alguien podía estar observándolas y escuchándolas incluso en ese momento.

Bella estaba muy nerviosa al día siguiente. Edward casi ni le dirigió la palabra cuando la recogió en el harén para llevarla a dar la clase. Sin embargo, cuando la dejó, le dirigió una mirada muy extraña, como si estuviera pidiéndole perdón por algo. Era imposible, tenía que ser una imaginación suya. Era orgulloso y arrogante y no tenía compasión. Se había equivocado al empezar a disfrutar con su compañía. Bella se negó a pensar que estaba mintiéndose, que, en realidad, había empezado a esperar con anhelo esos momentos que pasaban juntos todos los días. No echaría de menos su compañía. Cuando hubiera vuelto a su casa con sus perros y sus caballos, sería feliz. Reprimió implacablemente los recuerdos de las noches solitarias y eternas después de la muerte de su padre. Se negaba a reconocerse a sí misma que la vida allí le parecía más placentera de lo que había podido imaginarse.

Bella solía disfrutar enseñando a los niños, pero esa mañana no podía concentrarse. Sabía que le resultaría imposible pasar la tarde con Esme . Después de comer unos higos, albaricoques y queso con miel y dátiles, le preguntó a Esme si podía marcharse antes de lo habitual.

—Claro —contestó Esme con un brillo en los ojos—. Va a ser la última noche que tengas que marcharte porque lo he organizado para que tengas unos aposentos contiguos. Vete, Bella, querrás pasar unas horas con tu prima antes de que la lleven al harén del príncipe.

Bella la miró fijamente y con espanto.

—¿Qué queréis decir?

—No pude decírtelo. Esta noche entregarán a Rosalie al príncipe y sólo podrás verla en días especiales, cuando los harenes puedan mezclarse por alguna celebración.

—Rosalie va a…

Bella se sintió dominada por el pavor. Todos los planes para escapar quedarían en nada si se llevaban a Rosalie antes de esa noche.

—Gracias por decírmelo —siguió Bella —. Tengo que ir a verla inmediatamente.

—Perdona…

Bella no contestó. Estaba furiosa y su cabeza daba vueltas frenéticamente. Estaba más furiosa con Edward que con su amiga, porque había sabido lo que estaba pasando y se lo había ocultado. ¡No le extrañaba que hubiese tenido esa mirada de remordimiento! ¿Cómo había podido permitirlo sin decírselo? Era típico de esas personas. No tenían derecho a tratar a sus esclavos como si no tuvieran sentimientos. Seguramente, ya le habrían dicho a Rosalie lo que le esperaba y estaría angustiada. Bella entró apresuradamente en el patio del harén y preguntó a Fortunata dónde estaba Rosalie .

—La han entregado al príncipe —contestó ella con una sonrisa burlona—. Sigo siendo la favorita del califa. Están bañándola y preparándola. Puedes ir a verla si quieres.

Bella fue al baño. Rosalie estaba rodeada por varias mujeres. Estaban cepillándole el pelo y estaba claro que la habían bañado. También estaban frotándole los pies y las manos con aceites perfumados y había una túnica de seda roja con cuentas de oro preparada para ella.

—¡Bells ! —Rosalie se levantó de un salto, con lágrimas de angustia en los ojos—. Esta noche van a entregarme al príncipe.

—Lo sé. He venido a estar contigo.

Bela la abrazó y notó que temblaba.

—Ayúdame. Por favor, ayúdame. No sé qué hacer. Quiero morirme.

—Tranquila… —le susurró Bella—. Te ayudaré, pero tienes que hacer todo lo que te diga. No digas nada y sigue mis indicaciones. Rosalie se apartó y la miró. Bella arqueó las cejas y sonrió con desánimo.

—Te ayudaré.

Bella se lo dijo moviendo sólo los labios. Las dos habían aprendido a comunicarse así para que nadie pudiera oírlas. Le tomó la mano, se la apretó y se volvió hacia Mellina, quien estaba observándolas.

—Mi prima está nerviosa. Me quedaré con ella para ayudarla a vestirse y perfumarse. Se tranquilizará. A cambio, nos permitiréis pasar un rato solas para despedimos.

Bella notó que Rosalie daba un respingo y volvió a apretarle la mano. Su prima también se la apretó, pero no dijo nada.

—Tenemos que pintarle las manos y los pies —replicó Mellina mientras Marguerite volvía a sentarse en el taburete.

—¡Me gusta! —exclamó Bella cuando las mujeres empezaron a pintar adornos en las manos y pies de Rosalie—. ¿Podrían hacérmelo también a mí?

Mellina dudó, pero sonrió.

—Puede que sea tu única ocasión. Sólo se hace en ocasiones especiales. Servine puede hacer los tuyos.

Bella se sentó en un taburete al lado de Rosalie, extendió las manos y pies y dejó escapar una exclamación de placer cuando Servine le hizo los mismos dibujos que a su prima. Las otras mujeres susurraban y se reían ligeramente, pero Bella no dejó de sonreír. Cada vez que las mujeres ponían algún aceite o perfume a Rosaalie , ella pedía que se lo pusieran también. Casi había llegado el momento de la cena cuando cubrieron a Rosalie con una vestimenta que la tapaba de los pies a la cabeza y con un velo que le cubría la cara.

—Ya esta preparada —anunció Mellina—. Podéis ir a vuestra habitación para esperar a que la llamen. Me ocuparé de que no os molesten hasta que llegue el momento de que tenga que marcharse.

—Vamos, Rosalie .

Bella la tomó de la mano y la llevó con un paso tranquilo hacia sus aposentos, aunque el corazón se le salía del pecho y quería correr. ¡No tenían tiempo! Una vez dentro de la pequeña habitación, cerró la puerta, puso delante una mesa de madera con incrustaciones de marfil, fue hasta una pieza de madera labrada que había en la pared y la cubrió con un trozo de tela. Rosalie abrió la boca para hablar, pero Bella sacudió la cabeza para que no lo hiciera. Se llevó un dedo a los labios y empezó a escribir en un trozo de pizarra que había llevado de sus clases.

«Cámbiate la ropa conmigo todo lo deprisa que puedas».

Rosalie la miró fijamente y empezó a desvestirse. Bella hizo lo mismo. Se vistió con la ropa de su prima y volvió a escribir en la pizarra.

«Detrás de la fuente del jardín de Esme hay un seto de adelfas y una puerta. Esta noche estará abierta entre el anochecer y las campanadas. Habrá alguien esperando. Tienes que ir deprisa. No hables con nadie. Si te preguntan algo, sigue andando hacia los aposentos de Esme y luego vuelve a la puerta. ¿Lo has entendido?».

Rosalie asintió con la cabeza, agarró a Bella del brazo y la miró fijamente.

—¿Cómo voy a escapar sin ti? —le preguntó moviendo los labios.

—Tienes que ir o será demasiado tarde. El príncipe no me querrá a mí — susurró Bella con un hilo de voz—. Dile a tu padre que esperaré otro mensaje.

—¿Has estado en contacto con mi padre? —preguntó Rosalie en voz más alta—. Perdón… —susurró tapándose la boca con una mano—. ¿Cuándo?

—Ayer, pero me dio miedo que nos oyeran. Tienes que irte, Rosalie. Mantén la cabeza agachada y la cara cubierta. El patio estará vacío porque todo el mundo está cenando.

—Pero tú… —Rosalie tenía lágrimas en los ojos y no quería marcharse—. ¿Por qué no puedes venir también?

—Vendrán a recogerte en cualquier momento. Si no estuvieras, te buscarían. Cuando salgas de aquí, tápate el pelo y la cara y finge estar llorando. Anda todo lo deprisa que puedas. Pensarán que he acudido a Esme para que me consuele.

Rosalie la abrazó con todas sus fuerzas.

—Temo por ti, mi mejor amiga. Te castigarán.

— Esme me quiere como a una hermana. No me tratarán con severidad. ¡Date prisa o llegarás tarde!

Rosaalie volvió a abrazarla y apartaron la mesa de la puerta. Se tapó la cara con las manos, empezó a sollozar y fue corriendo hacia el patio común. Bella se sentó, borró la pizarra y se sentó para esperar. Tenía la boca seca y las manos le temblaban. Rezó para que nadie preguntara nada a Rosalie . Rezó para que pudiera escapar. Ella podía aguantar cualquier cosa, pero su prima tenía que escapar.

la cosa see pone interesante, ¿no? Qué les pareció el capítulo?

Gracias pornsus comentarios, chicas