Finalmente la puerta se abrió. Habían pasado ya varias horas. O tal vez eran sólo unos minutos, no lo sabían. Todo era confuso ahora. Sabían que había anochecido, la única luz en toda la casa era ahora la flamante llama que aún ardía en la cocina. Woody la miraba, hipnotizado, preguntándose si ese sería su destino.

Sid se acercó con una caja que colocó al otro lado de la mesa, junto al cereal derramado.

Regresó a la cocina y apagó el fuego, levantó a los juguetes y los llevó a donde antes había dejado la caja, los hizo a un lado mientras hurgaba en el interior de esta.

-que haces?...

-Cállate

Obedeció. Tenía miedo, pero se había resignado a su final. Nada de lo que hubiera en esa caja podían ser buenas noticias para ellos. Enojar a Sid aún más sería una terrible idea.

El chico tomó a Buzz y recuperó la tijera. El guardián espacial estaba confundido, con eso no podía hacerle mucho daño. Quedó aún más confundido cuando Sid cortó las cintas adhesivas que lo ataban, y la figura de acción cayó libre a la mesa. Comprobó su movilidad, perfecto. Miró a Woody, que estaba ahora lámpara de escritorio, sujeto con cinta a la mesa.

-Corre, Buzz. Corre! Lo alentó el vaquero. Buzz no se movió.

-ni lo pienses, Woody. No voy a dejarte atrás!

- Que conmovedor... - Se mofó Sid, inclinándose hacia Woody e inspeccionándolo con la mirada. Woody advirtió que, aunque el comentario era burlista, en su rostro no había expresión alguna.

El muchacho buscó algo dentro de la caja. Buzz aprovechó para colarse y tratar de liberar a Woody, pero fue detenido por una mano que lo levantó. -que crees que haces?- Lo dejó dentro de la caja, impidiéndole que le estorbara.

-Woody!- gritó Buzz, desde el fondo de la caja, tratando de escalar a la superficie al ver como Sid sacaba otro par de tijeras.

Woody estaba asustado. Acaso lo cortaría en

pedazos?... pero, por que había soltado a Buzz?

Sid estaba callado. No parecía el mismo niño de antes, que reía y gritaba mientras torturaba a sus víctimas. Ni siquiera parecía la misma persona que estaba por quemarlo vivo hace una hora.

Se veía sereno, concentrado. Que había cambiado? Como fuera, estaba a punto de matarlo.

Con las tijeras en mano, cortó un pequeño cojín que había sacado con anterioridad y vació el relleno sobre la mesa, junto a Woody. Los gritos de Buzz aún resonaban desde la caja. Sin entornó los ojos, y devolvió el muñeco al fondo con un leve empujón. De una caja pequeña sacó un par de pinzas y cuidadosamente colocó algo del relleno del cojín en el torso vacío del vaquero, el cual cosió rápidamente, de forma un poco tosca.

-Tu...?-

-yo te dije que cerraras la boca- Sid enfatizó apuntándolo con las tijeras, que volvió a guardar en la caja luego de liberar a Woody de su prisión pegajosa.

-Me reparaste?- Woody se incorporó con incredulidad, verificando que todo lo que debía estar en su interior permaneciera realmente allí.

Buzz finalmente logró salir de la caja sin que Sid lo regresara al fondo. También estaba confundido.

-No me hagas arrepentirme...

- Por que lo hiciste?...-

Sid suspiró.

- No es tu asunto. Déjame en paz...

- que no es mi asunto? Ibas a matarnos!

- Woody, mejor déjalo... vámonos...

-Sólo no quiero ser como el, de acuerdo?

-como quien?...

-Mi padre!- Woody y Buzz se callaron -Yo... Yo... Me acabo de dar cuenta. Les hacia a mis juguetes lo que mi padre me hacia a mi. Me sentia indefenso, quería sentirme en control y abuse de ello con lo único que era más indefenso que yo... - Sid no los miraba, se sentía avergonzado, sobretodo porque se estaba abriendo a contarle sus penas a unos juguetes.

-De saber que estaban vivos, no lo habría hecho...- bajó la cabeza. -Lo siento-

Todo quedó en silencio. El momento era algo que nunca imaginaron experimentar. Nadie creyó correcto decir nada por unos minutos, hasta que alguien rompió el silencio.

-También lo siento...- Se acercó al humano, que estaba sentado a un lado de la mesa, encargado y apoyado sobre sus piernas. Era como un gigante para ellos, pero en ese momento se veía tan frágil... -lamento que lo que hicimos te trajera tantos problemas... No te culpo por odiarnos.

-No los culpo a ustedes por odiarme a mi. Supongo que lo que pasó me lo merecía.

Los juguetes no creyeron correcto contestar. Porque la verdad es que estaban de acuerdo. Pero no iban a tentar a su suerte y arriesgarse a alterar de nuevo a quien podía dañarles fácilmente.

Sid se levantó y se dirigió a su habitación - Me voy a la cama... -Cerró la puerta y todo volvió a quedar en silencio, alumbrado únicamente por la lámpara de escritorio que el chico había dejado encendida.

-Espera a que le contemos a los demás...-