Bella, en brazos de su marido, apoyó la cara en su pecho, captó el olor a almizcle de su cuerpo y le lamió delicadamente el sabor salado de su piel. Él se estremeció y la abrazó con más fuerza acariciándole el trasero. Ella lo miró y vio que estaba sonriendo.

—¿Os he complacido, mi señor? —le preguntó con un susurro—. ¿Queréis que baile?

—Me has complacido más de lo que puedes imaginarte —contestó él con una voz ronca por el deseo—. No, no vas a bailar para mí, eres mi esposa, no mí odalisca. Nos hemos casado por el rito cristiano para complacer a tu hermano y cuando volvamos al palacio volveremos a casarnos para complacer a mi pueblo, pero, para mí, eres mi esposa desde la primera vez que me miraste con amor en los ojos.

—Estaremos casados por partida doble —Bella le acarició el pecho—. Cuando volvamos al palacio, ¿no estarás demasiado ocupado para dedicarme algo de tiempo? Cuando pasé semanas sin verte, pensé que te habías olvidado de mí.

—Nunca me olvidé de ti, ni siquiera cuando tuve que demostrarte que no podías ser tan irreflexiva, Bella. Sufrí tanto como tú por nuestra separación — Edward se puso serio—. Nunca quise hacerte daño, mi amor. ¿Podrás perdonarme alguna vez?

—Ya te he perdonado —susurró ella antes de besarlo. El beso de él hizo que ella se abrasara por dentro, que arqueara las caderas y que separara los muslos para que la acariciara.

—Te amo, te deseo, te necesito, mi querido Edward.

—Quiero que seas todo lo libre que puedas, mi amor, pero tienes que saber que allí no podrás hacer algunas cosas que haces aquí.

—Si puedo montar a caballo contigo cuando tengas tiempo, me conformo. Es posible que cuando Seth haya crecido tengamos tiempo para venir a Inglaterra y visitar a mi familia.

—Creo que Abdulla será un gran consejero para el príncipe y que dentro de unos años podremos viajar a Inglaterra y otros países. Creo sinceramente que no desea gobernar porque prefiere estudiar. Se inclina más hacia la enseñanza de la fe porque sé que es muy devoto, pero puede aconsejar a su hermanastro mientras él aprende.

—Eso es para el futuro. Creo que puedes hacer muchas cosas por tu pueblo, Edward. Estoy dispuesta a aceptar las limitaciones del palacio sí me permites ayudarte en lo que pueda.

—Tu trabajo en la enfermería no ha pasado desapercibido y he dado órdenes para que se creen las escuelas que propusiste. Encontraremos la forma de ayudar y servir a nuestro pueblo juntos, Bella.

—Entonces, estoy feliz de amar y ser amada.

—Mi adorada esposa…

Él la besó y ella sintió que el ardor de su deseo se abría paso entre sus muslos y entraba profundamente dentro de ella.

—Alá nos bendijo el día que me llevó al mercado de esclavos —siguió él— . Sin ti, mi vida habría estado tan vacía como las arenas del desierto.

Ella suspiró y se entregó en cuerpo y alma. Él la arrastró a un sitio muy, muy alejado. Sus cuerpos se movían en perfecta armonía, se buscaban, se encontraban y volvían a buscarse una y otra vez hasta alcanzar el placer inmenso que los dominó súbitamente con una oleada irresistible. Después, se quedaron abrazados, satisfechos y en paz porque no se necesitaban las palabras.

Llegamos al final de la historia!

La historia es de Anne Herries

y lleva por el nombre comprada para el harén. Próximamente la estaré convirtiendo en pdf y les pasaré la historia.

Muchísimas gracias a tod s los que me acompañaron en esta adaptación. Nos vemos la siguiente semaana con una nueva adaptación, les dejo el argumento aquí.

Edward Masen no podía dar crédito a sus ojos. ¿Qué estaba haciendo Bella en una sala de maternidad? Quería saber porque lo había abandonado hacía ocho meses. Un momento. ¿Ocho? ¿Era posible que estuviera allí porque había dado a luz un hijo suyo? Era verdad que hacía ocho meses se había despachado a gusto contra los niños, pero estaba dispuesto a cambiar. Seguía echando terriblemente de menos a Bella, y no pensaba dejar escapar esta oportunidad de recuperarla.

espero qué ojalá les guste y me acompañen en esa nueva adaptación.