A la mañana siguiente, muy temprano, la puerta de la habitación se abrió.

Sid Phillips tenía ojeras y muy mal aspecto de no haber dormido lo suficiente la noche anterior.

Se dirigió directamente a la cocina, donde los restos de la cena de la noche anterior, a medio comer, estaban formando una asquerosa pasta en la mesa.

-Demonios...- Luego de limpiarlo y finalmente servirse otro tazón de cereal con leche fresca se sentó a comer. Escuchó un ruido detrás de él y volteó, viendo dos figuritas pequeñas moviéndose por el umbral.

-Agh!- exclamó Sid con sorpresa. -Maldita sea, dejen de hacer eso!

-Hacer que?- Preguntó Buzz.

-Eso, moverse por ahí. Saben que? Eso no debería pasar, es aterrador. Ustedes ni siquiera deberían estar aquí.- apenas le entendían, Sid hablaba con la boca llena, apuntándoles acusadoramente con la cuchara de vez en cuando. Lo que daba muño menos miedo que un cuchillo, y a Buzz le causaba gracia - Por que aún no se han ido?.

- No creas que no lo intentamos... pero vives como en un piso 80, no alcanzamos a abrir la puerta y ni siquiera sabemos en qué dirección es la casa de nuestra dueña.

-Pero... si sabemos exactamente como llegar allá desde el vertedero de basura.

Sid dudó un momento. -Insinúas que yo los ayude?.

-En realidad, te lo estoy pidiendo.

Sid lo miró con burla. Y en lugar de contestar, comió su cereal.

-Piénsalo, chico. Antes logremos volver, antes salimos de tu vida para siempre.

-A demás, tu nos trajiste aquí en primer lugar.

El chico pensó, pero no pudo rebatir aquel argumento. Decidió tragarse su orgullo antes de que discutir más hiciera evidente que había sido vencido por un par de juguetes y terminó de comer sin decir una palabra más. Se levanto e la mesa y desapareció de su vista.

Los juguetes estaban preguntándose qué pasaría ahora cuando Sid regresó, con un chaleco, gorra, lentes oscuros y una mochila, que dejó abierta junto a ellos.

-entren ahí...- los dos se miraron, dubitativos -Los llevaré a su casa...